
viernes, 13 de julio de 2012
Encuentro chileno de editoriales independientes latinoamericanas: ( 17 – 20 de octubre de 2012 )

domingo, 7 de marzo de 2010
Señales de Ruta documental del Poeta Juan Luis Martínez
sábado, 17 de octubre de 2009
Martes 13 de sorpresa!!!!
Martes 13 de sorpresa!!!!!
Rolando Gabrielli
Dicen que en Internet todo es posible. Es probable, pero también ocurre el olvido y desencuentro. Y desde Málaga, la tierra de Pablo Ruiz Picasso, me llega esta grata noticia del poeta y amigo Oliver Welden, "mi traductor oficial". Este poema, que como le comento en un correo me había olvidado y él me había envía esta traducción para mi pasado cumpleaños. Pero el ciberesapcio nos tiene reservado sorpresas que nadie puede imaginar. Nunca llegó el texto. Afortunadamente, casi 8 meses después, un Martes 13, día de suerte, Oliver volvió a insistir para dicha de nuestros internautas y lectores. Llega la misiva en un mes especial: a fines de octubre el blog cumple cuatro años ininterrumpidos. Quiero invitar a leer la poesía de Oliver Welden, Perro del Amor; Fábulas ocultas y Oscura palabra.
Querido Rolando: Para mí ha sido una grata comprobación de tu eterna amistad el haberme incluido en tu "poema maldito" que considero muy original y tal vez premonitorio. Muchas Gracias. Te re-envío un correo que te envié para tu pasado cumpleaños donde incluyo una traducción de tu 'carruaje', pues no sé si lo recibiste. Un abrazo, como siempre, tu amigo Oliver.
Mi querido Rolando: En este febrero 22 te deseo un feliz día Piscis. Aquí, en Málaga, España, ya es pasada la medianoche y, por lo tanto, el día 22, día de tu cumpleaños. Sé que en Panamá serán unas seis horas menos. Celebra bien tus 62 años, mi buen amigo.
En ese carruaje
En ese carruaje
va mi sombra,
el triste caballo andaluz
la tira
como un hilo oscuro,
deshaciéndose
en la luz
In That Carriage
In that carriage
my shadow rides,
the sad Andalusian
horsepulls it like
a dark thread,
coming undonein
the light
La foto que te adjunto la tomé en Córdoba el año pasado. El caballo parece triste y no puede ser más andaluz.
Poema maldito
Cuando muera Parra,
Gonzalo Rojas, Oscar Hanh, Efraín Barquero,
Manuel Silva Acevedo y Armando Uribe Arce,
me van a necesitar.
Chile será un gran desierto
junto al mar,
la cordillera nevada picoteda
por cóndores hambrientos.
Las piedras seguirán siendo mudas,
me van a necesitar.
Floridor Pérez,
un cuento en el camino,
Omar Lara, Oliver Welden, Waldo Rojas,
en sus paraísos perdidos.
Miguel Arteche, qué se habrá hecho,
Pepe Cuevas, un crucigrama en Valparaíso.
Los poetas jóvenes no encontrarán
el hilo, el santuario de la aguja
en el pajar de Chile,
me van a necesitar.
El diablo me devolverá el poncho,
bien arrastrado el sagrado manto
de la palabra.
Y yo, seguiré siendo
el poema.
Rolando Gabrielli©2009
http://rolandogabrielli.blogspot.com/
sábado, 2 de mayo de 2009
IRA Y AMOR: LA HISTORIA DE LA POESIA FRENTE AL SIGLO XXI

"IRA Y AMOR:
Conferencia dictada por el Sr. RAUL ZURITA CANESSA, Premio
Nacional de Literatura 2000, el 09 de noviembre de 2001.
Encantado de compartir en esta ciudad maravillosa, donde está el desierto y el Pacífico; dos escenarios, el mar y el desierto que, en cierto sentido, sintetizan y representan, como nada, aquello que se ha dado en llamar el alma humana. Yo, desde acá, puedo mirarlos y observar el color de sus rostros y, al mismo tiempo, ver toda la gama de ocre del desierto de Atacama, de los cerros; es impresionante darse cuenta de que el color de nuestras caras, que los distintos tonos de nuestros rostros, de los rostros que veo ahora son, exactamente, los mismos tonos del desierto; y que, de una u otra forma, el desierto es ese escenario sobre el cual se tienden nuestros rostros imaginarios, grabando nuestros gestos, nuestros "ticks", nuestros ademanes, de la forma que, probablemente, los hombres siempre han querido que se grabasen; es decir, para siempre. Toda la gama de nuestros "ticks", de nuestros gestos, el color de nuestra piel, está grabada para siempre en el desierto de Atacama, por eso me alegra estar acá hoy.
El tema es "Ira y amor: la historia de la poesía frente al siglo XXI". Quiero partir con un poema; poema del poeta italiano Giussepe Ungaretti, nacido hacia finales del 1800, al que le tocó estar como soldado en
San Martino del Carzo
De todas estas casas no ha quedado, ni siquiera,
unos jirones de muro;
de tantos a los que amaba no ha quedado, ni siquiera,
eso;
pero en el corazón, ninguna cruz falta,
mi corazón, es el país más desvastado.
De pronto, nos ubicamos con tres mil años de historia, con una sucesión casi ininterrumpida de matanza, de guerra, de tragedia, de invasión, de saqueo, de campos de concentración, de desplazamiento, de éxodo, con la intuición de que este instante, este comienzo del siglo XXI, este umbral que se nos abre, va a ser, para los tiempos futuros, otra colección más de cruces inscritas sobre el corazón. El corazón al que se refiere, primero, Ungaretti, es el corazón humano, en general; un corazón que, prácticamente, no tiene tiempo; es el mismo de hace diez mil años, es el mismo de hoy día y, probablemente, será el mismo corazón de aquel ser que contemple los últimos atardeceres y, al mismo tiempo, es mi corazón; o sea, es el corazón de cada uno de nosotros, en particular. Mi corazón es el país más desvastado, en el corazón humano ninguna cruz falta; mi corazón es el país arrasado, mi corazón sufre todas las ruinas, todos los destierros, todos los desastres, todas las invasiones, todos los bombardeos, todo el dolor.
Y, de pronto, volvemos, y volvemos hacia el primer verso de la historia de occidente; el primer verso escrito del primer poema; ese primer poema es
Todos los que estamos acá, yo y cada uno de ustedes, de pronto frente a esta historia pareciera que no somos sino sobrevivientes, y que cada uno de nosotros es el sobreviviente de una larga cadena, de una larga sucesión de catástrofes, a la cual nuestros padres, los padres de nuestros padres, los padres de nuestros padres, de una u otra forma han logrado sortear, por eso estamos acá y por eso cada uno está acá. Entonces, la historia es la historia sobreviviente de un río interminable de muertos, que terminan en cada uno de nosotros, tal como nosotros terminaremos en los que nos siguen.
Esta historia, tal como la plantea este primer verso, el verso de la furia, el poema de la ira, que inicia Occidente, nos marca en esta continuidad de una desesperada sobrevivencia y que, más aún, en una tierra y en países de desaparecidos, eso se hace más fuerte y más evidente. Por supuesto, de más está decir que cada uno de los desaparecidos pudimos haber sido alguno de nosotros. En un país de desaparecidos, todos lo demás somos sobrevivientes, pero en un país marcado por los campos de concentración, por las invasiones, por los saqueos, por las hambrunas; o sea, por la violencia incesante ejercida por unos seres humanos sobre otros seres humanos, los padres de nuestros padres fueron sobrevivientes; y aquí estamos, en esta especie de milagro de estar vivo, en esta especie de asombro increíble de que nosotros sorteamos, de una u otra forma, todas estas vallas increíbles, todas estas barreras increíbles.
Por otro lado, paralelamente a esto, también, una sensación sorprendente de que cada uno de nosotros es el producto de otra larga historia paralela, que es la historia de la solidaridad. De una u otra forma, dos seres en un día o en una noche inmemorial, pero que está, también, en el fondo de cada uno de nosotros, inició con un abrazo una cadena que no se detendría, que nada podría detener, y por eso nosotros también estamos acá, porque estar vivo significa la solidaridad de innumerables otros seres que también están vivos. Nadie puede vivir solo, nadie puede sobrevivir solo; el solo hecho de vivir significa que hay millones de millones, de millones de seres humanos que, calladamente, anónimamente, sin que nosotros ni siquiera nos diésemos cuenta, nos ayudaron a ser, precisamente, seres humanos y poder juntarnos, hoy día, en este auditorio de
El solo hecho de que nos juntemos acá, a esta hora, en esta ciudad y en esta Universidad, en realidad representa un milagro casi imposible; las posibilidades de que nosotros fuésemos exactamente los que somos en este minuto, en este instante, eran demasiado remotas, era como un dado de mil millones de caras, de diez elevado a ocho, por lo menos, en el cual salió, exactamente, la única cara posible, que somos nosotros aquí, y no nosotros en un sentido general, sino que yo soy yo aquí, y no el poeta Fernando Pérez, y ustedes son ustedes; y, además, estamos juntos, lo que es increíble y era muy poco probable en esta cadena de sucesos dentro de nuestra cadena de catástrofes.
La poesía ha sido el intento más desgarrador, más sublime y más frustrado por construir, desde este lado de las palabras humanas, una piedad tal, una compasión tan grande que le preserve, a los seres humanos que vienen, de sufrir los horrores y las tragedias que esos mismos poemas debieron cantar y deben seguir cantando. Solamente, para que nunca más dos adolescentes, víctimas de la locura y de la demencia de una lucha absurda y estúpida, tengan que morir de amor, es porque se escribió Romeo y Julieta; sin embargo, el año 1992, sobre un puente en la ciudad de Sarajevo, una fotografía recorre todos los diarios del mundo y todos los noticiarios de televisión: es la fotografía de dos adolescentes abrazados sobre un puente a la salida de Sarajevo, de un musulmán y de una adolescente croata, que mueren abrazados mientras tratan de arrancar de la ciudad dividida en dos bandos, absolutamente irreconciliables, que se están matando unos con otros; esos dos adolescentes pertenecían, cada uno, a uno de esos bandos que estaban destrozándose, y quisieron huir, arrancar, salir de esto por amor, y fueron muertos por amor; fueron muertos por su amor en nombre del odio.
A los poetas de todas las épocas, de todos los tiempos, les ha correspondido el tremendo y terrible papel de seguir gritando amor, amor, amor, en un mundo donde lo único que pareciera prevalecer es el odio, y continuar gritando amor a costa de las ruinas de sus propias vidas; a costa de una infinidad de acumulación de escombros, de desechos, de cosas que se rompen, de pasiones inútiles. Cuatro siglos después de que se escribiera
Vemos, nuevamente, esa especie de vértigo, casi de abismo, de hombres, seres humanos que se hacen pedazos, que se rompen, que se quiebran enteros, que se matan por ilusiones, por espejismos, por cosas que no son, por sueños; y vemos, nuevamente, que al poema le correspondió, también, nombrar la palabra amor, y decir amor, amor, amor, pero decirlo por sobre una cantidad infinita de ruinas, de ciudades hechas pedazos, de hombres rotos enteros, de corazones destrozados, y que las misma palabras, las palabras que empleamos, el lenguaje, está cansado de tener que nombrar tantas y tantas tragedias, y por eso, agoniza la lengua humana.
Este largo periplo, iniciado con el poema de
Tanto sueño contigo, que pierdes tu realidad,
¿habrá tiempo, todavía, de alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?;
tanto sueño contigo, que mis brazos, habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
tal vez ya no sabrían adaptarse al contorno de tu cuerpo,
y frente a la existencia real de aquello que me gobierna
y me obsesiona desde hace días y años,
seguramente me transformaré en sombra, balance sentimental.
Tanto sueño contigo, tanto hablé, caminé, anduve,
me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma,
que ya no me queda sino ser fantasma entre los fantasmas
y siempre ser más sombra que la sombra que siempre pasea,
alegremente, por el cuadrante solar de tu vida.
(Robert Desnos, poeta francés del siglo XX, nacido el año 1900, muerto el
año 1945 en los campos de concentración alemanes)
Lo abismante, lo absolutamente incomprensible, es que los mismos seres humanos que son capaces de construir o de concebir cosas con una belleza tal como la belleza de ese poema, sean, también, los mismos seres humanos que, al lado, quinientos metros más allá, están construyendo campos de exterminio, están arrojando bombas, están matando gente; es el mismo movimiento.
Este poeta francés, que junto a otros fue uno de los grandes protagonistas del movimiento surrealista, alcanzó a ser liberado de un campo de exterminio en Checoslovaquia y fue reconocido por un estudiante checo, que era un tipo adicto al surrealismo, y le encontró, entre los harapos a este hombre que ya era un esqueleto, un pequeño papelito con un poema escrito, entonces el hombre murió a las tres horas de ser liberado. El poema que le encontró decía:
Tanto sueño contigo,
que ya no me queda nada de ti,
sino ser fantasma entre los fantasmas,
sino ser sombra entre las sombras,
ser la sombra, esa sombra que se pasea,
y se paseará siempre, por tu vida llena de sol.
Lo único que hizo ese hombre, y por eso atravesó el horror humano, la noche humana, la crueldad humana, fue porque corrigió un poema de amor, lo acortó un poco, le quitó algunas palabras. Porque existen esas cosas, porque ese hombre resucitó por tres horas y se le apareció, literalmente, a un estudiante; y se le apareció de la misma forma impresionante y sorprendente con que, de ser cierto, María Magdalena pudo presenciar el hecho absolutamente inaudito, increíble, no probable, de que el ser que ella amaba, había resucitado. Este poeta francés sobrevivió a la noche humana para entregar un poema de amor. Desde ese momento, todos los que podemos leer o escuchar este poema, somos una vida llena de sol, y ese poema es la sombra que se pasea y se pasea siempre por nuestras vidas. Por el sólo hecho de estar vivos, nuestras vidas están llenas de sol, pero esas vidas están cruzadas por cientos y miles de sombras, de seres que no pudieron dejar otro testimonio, precisamente, que el de ser sombras de infinitas víctimas que no sobrevivieron, que no alcanzaron a tender la mano, que no alcanzaron a tener una mano que recogiera esa mano que se extendía.
Partiendo del hecho elemental de que todo ser humano, todo hombre y toda mujer vivos sobre la tierra, todos, incluso el más despreciable, incluso el más asesino, incluso Pinochet y el tipo de Alto Hospicio y el "Mamo" Contreras, incluso ellos, tienen derecho a exigir amor, todo ser humano pide amor por la simple razón, aunque no tenga absolutamente ningún mérito para exigirlo, de que se va a morir; y todo ser humano que pide amor, lo pide frente a la muerte, lo pide frente al hecho de que se está muriendo. Todo ser humano que dice: "Amame, abrázame", lo dice porque se está muriendo, y ese abrazo que pide es el gesto de su permanencia, es el gesto de su sobrevivencia.
En un poema absolutamente conmocionante, uno de los pocos poemas conmocionantes que este hombre escribió, me refiero a Borges, porque contra la creencia, Borges escribió muy pocos poemas conmocionantes, pero uno es éste, se llama "Con qué puedo abrazarte", y termina más o menos así:
Con qué puedo abrazarte,
te ofrezco estrechas calles, ocasos desesperados,
la luna de los suburbios carcomida;
te ofrezco noticias sobre ti misma,
auténticas y sorprendentes nuevas acerca de ti misma;
te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal,
te ofrezco mi oscuridad, mi soledad,
el hambre de mi corazón;
estoy tratando de seducirte con el peligro,
con la incertidumbre, con la derrota.
Ese poema, de ese ser que habla en ese poema, es el ser que habla, en realidad, en todos los poemas; hombre, mujer que, realmente, en un momento dado, pide ser abrazado y pide que le den, al menos, la posibilidad de dar un abrazo. No tiene absolutamente nada que ofrecer, salvo su oscuridad, salvo su soledad, salvo el hambre de su corazón, salvo el peligro, salvo la incertidumbre, salvo la derrota y, sin embargo, eso ya es demasiado. Y ya es demasiado porque somos sobrevivientes y el poder ofrecer algo, aunque ese algo no sea más que nuestra propia miseria, ya es demasiado, ya es milagroso.
Por eso, esta historia humana, estos dos mil ochocientos años, son el escenario de pasiones infinitamente contrastadas, de derechos que se exigen desde el martirio, de abusos absolutamente injustificables, de sufrimientos innecesarios y, en todo caso, de una cosa que siempre hermanará a la muerte y al amor. Porque somos seres mortales, porque nos vamos a morir, por esa sola razón podemos pedir amor y pedimos amor. Si fuéramos inmortales, si no nos muriésemos nunca, no necesitaríamos del amor, porque tendríamos la infinidad del tiempo por delante para ser todos los otros seres del universo y hacernos uno con ellos; por el contrario, se dice que una vida sin amor es una muerte en vida.
La poesía tiene el curioso privilegio, y bastante aterrador, por lo demás, de habernos dicho, y para siempre, que el amor y la muerte son dos términos casi sinónimos, y que uno no puede existir sin el otro; y por eso los seres humanos inventaron esa increíble parábola de unir el sufrimiento con el amor infinito, que es la parábola de la cruz; y, por eso, inventaron, también, esa otra increíble parábola de que era posible atravesar la noche y emerger al día, solamente para que el ser que nos amaba pudiese ser testigo de nuestra existencia. Lo impresionante es que cada uno de nosotros, que todos los seres humanos sobre la tierra, atraviesan la noche y resucitan al nuevo día, y la poesía es el recordatorio de que esas grandes parábolas, la parábola de Cristo, o ese testimonio absolutamente impresionante e increíble de Robert Desnos, en realidad somos cada uno de nosotros mismos en cada uno de los instantes de nuestras vidas. Que todos los seres humanos, finalmente, van a dormir, un rato que sea; que todos, o casi todos, en algún momento dado de sus vidas, hablan solos, y en las noches ensayan diálogos increíbles donde las barreras de la muerte o de la distancia, dejan de ser obstáculos infranqueables, y que todos los seres humanos, incluso los más desesperados, se confiesan en las noches y se absuelven, al menos, hasta el próximo día, y que en el simple hecho de acostarnos y levantarnos todos los días, en ese simple y cotidiano hecho diario están contenidas todas las parábolas del universo, todas las religiones, todos los poemas, todas las etnias, todas las creencias, todas las filosofías que, precariamente, nos podamos haber inventado.
Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras,
así de breve fue nuestro largo viaje,
pero ya no necesito los transbordos, de los asientos reservados,
de las trampas, de los oprobios de quien cree
que lo que vemos es la realidad;
del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras,
contigo las bajé, y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos,
sino porque sabía que de ambos, las únicas pupilas verdaderas,
aunque muy empañadas, eran las tuyas,
siempre será más verdadero mi amor que lo que yo vea.
También ése es un poema de entre guerras, de otro italiano, de dos tipos que arrancan y el tipo recuerda cómo arrancaba, los transbordos, los asientos reservados, las trampas, el temor de estar huyendo en una tierra ocupada, en una tierra enemiga. Y ya no está la otra persona, "así de breve fue nuestro largo viaje", pero ya pasó, ya no necesito esas cosas, "del brazo tuyo he bajado, por lo menos, un millón de escaleras, contigo las bajé, y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos, sino porque sabía que de ambos, las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas, eran las tuyas".
Entre Homero y este poema; entre Homero y este poema de Desnos, entre Homero y este poema de Borges, surgió la patrística, los evangelios, las imágenes de la cruz, Platón,
Al comienzo de
Repito la idea central, la poesía ha sido esa gran piedad que ha querido preservar a los seres humanos que vienen, de las desgracias que esos mismos poemas han debido narrar, contar y cantar. Siempre las desgracias parece que están por delante de nosotros, y siempre pareciera, también, que hay una nueva locura, una nueva demencia que romperá todas las providencias que tomemos y nos arroje, de nuevo, al abismo, al vacío, a la violencia y a la muerte. Pero, el solo hecho de que existan estos pequeños artefactos, estos pequeños objetos hechos con palabras que están a punto de morir, probablemente nos estén diciendo que, con todo, haya un nuevo comienzo, y que es posible que toda esta cantidad de poemas, de poetas, no sean sino el preludio, los que le están preparando el camino a un nuevo Homero que ha de venir, a un nuevo tipo impresionante, a un nuevo artista gigantesco, que por todos nosotros dé cuenta de esta época absolutamente demencial en la que estamos viviendo, y en la que nos correspondió vivir; y, al mismo tiempo, sea capaz, también, de inventarnos un nuevo comienzo.
Creo que, en resumen, es un poco eso: la ira, el amor y la poesía frente al siglo XXI.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Poemas inéditos de Héctor Hernández Montecinos del libro NGC 224

Acusamos recibo de un adelanto del nuevo libro del poeta Héctor Hernández Montecinos, presentamos una muestra de la obra, poemas escritos y una serie de colages en papel.
ALTERACIÓN Y ALTERIDAD
Compadre:
bájese los pantalones
apúnteme. aciérteme en el paisaje fallando. yo pondré luego una pastilla debajo de la lengua.
me apuntó pero no me miraba. no era mi pecho frente a él. apuntaba a nuestro pasado antes de estar juntos. un hilo de sangre cae. en la comisura de los labios. la pastilla me dan ganas de ser él.
y luego ella
y la vida juntos
compadre:
bájese los pantalones (con todos sus significados). hágame sentir huérfano matando al padre y a la madre. dentro de mí. autor y autoridad: mátalos
entra
sale
dispárame en el ojo. en la sensación de observarte. cloro y estilo dirían por ahí. blanca inhalación de mente. todo huele como una voz en dos partes. en dos días. hoy escribo por casualidad. desperté con los tornillos en la cabeza.
la nominación. equivocarse en el momento más oportuno. no sé cómo se llama este arte. ni mi conciencia.
hoy desperté con las sábanas quebradas
el aliento a iglesia
y el cabello muerto
los ojos envician. él abajo. yo adentro. devenir y pulsión son una amalgama de necesidad. ya no leer. el cerebro es vicioso. una herida que llama a besarse. minerales en la garganta. desde la nariz todo es caer. desde los ojos todo es reescritura.
abuso
locura
extensión de la piel (papel)
halo de sangre
todo se mueve
en silencio.

Me obligo y escribo
para no perderme el momento de las heridas
sobre el libro de los desórdenes,
que destruye páginas en mi cráneo
metiéndole aire a la acrobacia
de tirarse al vacío
con un lápiz entre sus dedos
aunque la noche y su hondura
sean una estrategia para la ruptura
que significa acarrear palabras
y alejarse a terminar un patio de piedra
donde uno y otro se leen
en la extrañeza de lo propio y lo ajeno,
como los rubíes y la sangre.
Lectura de dos ojos
de dos manos
en dos creo más que en mí
dos hemisferios norte y sur del deseo;
el poema es soledad
pero nunca está solo,
los músculos de la necesidad se ejercitan
sin que uno se dé cuenta,
cualquier dolor es la excusa
para un dolor mayor que se nos estaba olvidando.
Cerrar el libro y declinar
para que la muerte resuelva todo
bajando la velocidad de los líquidos
que gotean por una escalera
ubicada entre mi cerebro y mi autoría.
El papel es un temperamento
de una velocidad desconocida,
salir de aquí o quedarse con él
renunciando a todo lo que tenga nombre
porque las palabras son una trinchera
agazapada en la incertidumbre.
Permutación: país o casa
¿para qué definir?
Lo que se habla tiene toxinas
y moribundo es todo lo que se ha dicho,
lo que hay entre tú y yo
es un viaje por el lado equivocado
de todo lo que significa esconderse.
Se mira lo que se quiere
y se observa lo que se necesita
¿me ves aquí?

EL CANTO DE LAS CALAVERAS
Una lágrima de un muerto más otra
de un pájaro: así nacen los ríos en el cielo.
Los ríos:
llenos de aire. Las lágrimas de un muerto:
sin ninguna pendiente. Fría y horizontal.
Muchos ríos son un país
verde y blanco como flores y libros
que nacen en el fondo del mar.
Un poeta vende violines por vanidad
pero los violines son de cactus
y el desierto está lleno de ellos.
Mira: esos hombres esperan que de las carreteras
se vayan las moscas y las piedras
para hacer un templo
lleno de mendigos y sardinas en cuatro patas
con zapatos feos.
Entran los vasallos y las damas
transformados en palomas y palindromas,
sonríen ante la fotografía
del canto de una calavera.
Garganta seca: sin palabras
pedacitos de va, astillas de ob
sílabas enteras pero impares: el viento.
Dijo: los muertos son de piedra
como sus lágrimas en el fondo del río.
Dicen: nunca se detiene
el polvo,
piedra y río muertos.
Parecen vacas las que beben
leche de ese hígado
que duele como chile con rencor. Pero uno
siempre derrama, problemas de pulso.
Síntesis: dos muchachos se sacan
la máscara, marinero y náufrago,
como una reescritura
que terminará hundiéndose igual ¡cuidado!
Un par de estrellas negras desaparecen
en la noche y los borrachos del cabaret
son su coro.
jueves, 26 de febrero de 2009
Trenzas por María Luisa Bombal
Porque día tras día los orgullosos humanos que ahora somos tendemos a desprendemos de nuestro limbo inicial, es que las mujeres no cuidan ni aprecian ya de sus trenzas.
Positivas, ignoran al desprenderse de éstas, ponen atajo a las mágicas corrientes que brotan del corazón mismo de la Tierra.
Porque la cabellera de la mujer arranca desde lo más profundo y misterioso: desde allí donde nace y tiembla la primera burbuja; que es desde allí que se desenvuelve, lucha y crece entre muchas y enmarañadas fuerzas, hasta la superficie de lo vegetal,del aire y hasta las frentes privilegiadas que ella eligiera.
¡Las oscuras y lustrosas trenzas de Isolde, princesa de Irlanda, no absorbieron acaso esa primera burbuja en tanto sus labios bebieran la primera gota de aquel filtro encantado!
¿No fue acaso a lo largo de esas trenzas que las raíces de aquel filtro escurriéronse veloces hacía su humano destino? Porque quién ha de dudar jamás de que cabellera alguna gozara de tal rumor de fuentes subterráneas, de un tal suspirar de brisas y de hojas. Rumor y suspirar que en esas noches suyas de amor y luna Tristán destrenzaba a fin de escuchar extasiado el canto lejano, persistente y secreto.... el canto natural de aquella cabellera.
y sé, y debo decirlo, que hasta cuando Isolde dormía, su cabellera seguía alentando entreabierta, ya sea en la almohada del castillo de Tintajel, ya sea en los trigos del destierro..., y florecía de flores extrañas que ella arrancara atemorizada a cada amanecer.
Y las rubias trenzas de Melisanda, más largas que su mismo cuerpo delicado.
Trenzas que al inclinarse prudentes un atardecer de otoño, descolgáronse torreón abajo, sobre los hombros fuertes del propio hermano del rey..., su marido.
Melisanda, grita Pelleas espantado. Luego, estremecido y dejando por fin hablar su corazón... Melisanda, murmura..., tus trenzas, tus trenzas que al fin puedo tocar, besar, envolverme en ellas.
Por respuesta, sólo un suspiro desde lo alto del torreón. Las trenzas habían ya confesado sin saberlo esa -verdad tímida y ardiente, que su dueña llevaba tan bien escondida dentro de su corazón.
¡Y por qué no recordar ahora las trenzas de nuestra dulce María, de Jorge Isaacs! Trenzas segadas y envueltas en el delantal azul con que ella regara su pequeño rincón de jardín.
Trenzas picoteadas de mariposas secas y de recuerdos con las que Efraín durmiera bajo la almohada su larga noche de congoja.
Trenzas muertas, aunque testamento vivo que lo obligara a seguir viviendo, aunque más no fuera para recordarla.
La octava mujer de Barba Azul... ¿La habéis olvidado? Y de cómo su extravagante y severo marido al emprender inesperado viaje copiara a su traviesa esposa las llaves de acceso a todas las estancias de la suntuosa y vasta mansión, salvo prohibiéndole hacer uso de aquella diminuta y mohosa que llevara a la última pieza de un abandonado y desalfombrado corredor.
De más está explicar que durante esa bien venida ausencia marital, en medio de tanta diversión, amigas reidoras y airosos festejantes, el juego que más la intrigara y tentara, fuera el único juego prohibido. El de introducir en la correspondiente cerradura la misteriosa llavecilla de aquel íntimo cuarto abandonado.
Muy sabido es que tanto en las mujeres como en los gatos, la curiosidad siempre triunfó sobre toda otra pasión. Así, pues, cuando al regreso intempestivo de su amo y señor, la esposa desobediente hubo de hacerle temblorosa entrega del manojo de llaves, entre éstas, aunque maliciosamente disimulada, el temible caballero la descubrió no sólo mohosa..., sino además tinta en sangre.
-Vos, señora, me habéis traicionado -rugió-; no le queda otro destino que ir a reunirse con sus tristes amigas al final del corredor.
Dicho esto, desenvainó su espada...
¿Y a qué viene este cuento que conocemos desde nuestra más tierna infancia, se están preguntando ustedes? En nada tiene que ver con trenza alguna...
-¡Sí que la tiene! -respondo con fuerza-. No comprenden ustedes que no fue la pequeñísima tregua que el indignado marido concediera a su inconsciente esposa, a fin de que orara por última vez; ni tampoco fueran los ayes ni llamados que Ana aterrorizada lanzara desde la torre pidiendo auxilio, para su hermana.
Y ni siquiera el cabalgar desaforado y caprichoso que en esos momentos dos guerreros emprendían de visita hacia el castillo.
No, nada de todo aquello fue lo que la salvara.
Fueron sus trenzas y nada más que sus complicadamente peinadas en ciento y más sedosas y caprichosas culebras, las que cuando el implacable marido la echara brutalmente a sus pies, a fin de cumplir su cometido, las que frenaron y entrabaron sus dedos criminales, enrredándose a sí mismo en desesperada madeja a lo largo del filo de su espada, obstinándose en proteger esa nuca delicada hasta la irrupción providencial de los dos dichos guerreros, también hermanos muy queridos, previamente invitados por nuestra pobre curiosa.
Así, pues, no en vano durante dieciocho inocentes y alegres abriles, esa muchacha que fuera luego la insensata castellana y última mujer de Barba Azul, cepillara cantando ésa su cabellera, comunicándole vigor y hermosura.
"Era muy pálida, así como las mujeres que tienen la cabellera muy larga, describe Balzac a una de sus enigmáticas heroínas.
Y no era un capricho verbal.
Porque Balzac hubo sin duda alguna de intuir desde siempre esa correspondencia íntima que suele establecerse entre los seres y el hondo misterio de la Tierra.
Y aquí estoy para comprobar e ilustrar esa afición suya con el extraño acontecimiento presenciado y vivido no muchos años ha, por tantos de nosotros.
¡A qué dar nombres ni lugares! Quienes lo conocen, lo saben; los demás, bien pueden adivinarlos.
Dos hermanas.
Final de una larga, brillante, poderosa familia, aunque siempre acosada por escondidas pasiones, muertes inesperadas, suicidios.
La hermana mayor, marchita ya desde muy joven, recortase el pelo, vistió poncho de vicuña, y a pesar de las afligidas protestas de sus mundanos padres, retiróse al inmenso fundo del sur, que ella misma se dedicara a administrar con mano de hierro. Los campesinos refinados no tardaron en llamarla la Amazona. Era terca pero justa. Fea pero de porte atrayente y sonrisa generosa. Solterona... nadie sabe por que.
La menor, por el contrario, era viuda por su propia voluntad de mujer herida en el orgullo de su corazón. Era bella en extremo, aunque igualmente frágil de salud.
También ella vivía sola, pero en la antigua mansión de la familia en la ciudad. Tenía una voz suave, ojos castaños tranquilos, pero la trenza roja que apretaba en peinado alrededor de su pequeña cabeza, arrojaba violentos fulgores sobre su tez pálida.
Sí. era una mujer dulce y terrible. Se enamoraba y amaba perdidamente.
Todo empezó en el fundo esa noche de otoño, en la cual el guardabosque bajara a la hondonada gritando: "¡Incendio! "
Hacía rato, sin embargo, que con la frente pegada a los cristales de su ventana, la Amazona observaba intrigada, aquel precoz purpúreo amanecer, despuntando allá arriba, dentro de los cerros de la propiedad..., con su calma de siempre dio órdenes al personal de las casas, pidió su caballo y se encaminó hacia el incendio, en compañía de sus mayordomos.
Entretanto, en la ciudad, la hermana menor, de vuelta de un baile, yacía sobre la alfombra del salón, presa de un súbito desmayo.
Sus festejantes dos, sus servidores dormidos y ella por primera vez sumergida, abandonada en la sombra de los candelabros que hubiera empezado a apagar. Cual si mal cómplice, aquella ráfaga de viento helado, ahora soplando y estremeciendo los cortinajes de los altos balcones, entreabriéndolos para ir a instalarse sobre la frente, hombros y pechos descubiertos de la indefensa.
En el fundo del sur la Amazona y su séquito ascendían cuestas, adentrándose en el bosque y sus incendios. Otro soplo, éste ardiente y acre, barría en contra de ellos bandadas de hojas chamuscadas, de pájaros enceguecidos y de nidos inflamados.
Sabiéndose vencida de antemano. ¡Quién lograría y de qué manera retener la furia de esa llamarada!
La Amazona permanecía sentada en el tronco de un árbol muerto y caído ha muchos años, resignada estoicamente al espectáculo de la catástrofe, con la tétrica dignidad con que un magnate ultrajado asiste al saqueo y destrucción de sus bienes.
El bosque ardía sin ruido, y ante la Amazona impasible los árboles caían uno a uno silenciosamente y ella contemplaba como en sueño encenderse, enegrecerse y desmoronarse galería por galería las columnas silvestres de aquella catedral familiar..., pemitiéndose recordar, pensar y sufrir por primera vez...
Ese enorme avellano consumiéndose..., ¿no era bajo su avalancha de secos frutos que sus hermanos y niñeras se reunían para saborear el picnic codiciado?
Y tras aquel gigantesco tronco..., árbol cuyo nombre olvido, venía a esconderse después de sus fechorías..., y aquellas pobrecitas callampas temblorosas, que bajo el cedro arrancaran u hollaran sin piedad..., y aquel eucalipto del que se abrazara -jovencita- llorando estúpidamente al comprender y sentir la desilusión primera, esa pena que no confesó nunca, esa pena que la incitara a cortarse el pelo, convertirse en la Amazona y resolverse a no amar de amor nunca..., nunca...
Allá en la ciudad despuntaba el alba, sobre la alfombra del cuerpo inerte de la hermana -la que se atrevió siempre a amar-, hundiéndose por leves espasmos en aquello que llaman la muerte..., pero como nadie sabía, no se encontró a nadie que pudiera intervenir a tiempo para rescatar a esa roja trenza que persistía aún tras su loca noche de baile.
Y de pronto, allá abajo en el fundo, fue el derrumbe final, el éxodo de los valerosos caballos que volvían con el pelaje y crines erizados, salvando ellos a sus jinetes semiasfixiados.
Del manso bosque en ruinas empezaron a brotar enormes lenguas de humo, tantas y tan derechas como árboles se habían erguido en el mismo sitio.
Durante un breve instante, aquel fantasma de bosque osciló y vivió frente a su dueña y servidores que lloraban. Ella no.
Luego escombros, cenizas y silencio.
Cuando en la ciudad vinieron a cerrar los balcones y levantaron a la muy frágil para extenderla sobre el lecho, tratando vanamente de reanimarla, de abrigarla, ya era tarde.
El médico aseguró que había agonizado la noche entera.
Pero el bosque hubo de agonizar y morir junto con ella y su cabellera, cuyas raíces eran las mismas.
Las verdes enredaderas que se enroscan a los árboles, las dulces algas a sus rocas, son cabelleras desmadejadas, son la palabra, el venir y aletear de la naturaleza; son su alegría y melancolía, son su expresión por medio de la cual la naturaleza infiltra confusamente su magia y saber a los seres.
Y es por eso que las mujeres de ahora al desprenderse de sus trenzas han perdido su fuerza adivina y no tienen premoniciones ni goces absurdos ni poder magnético.
Y sus sueños no son ahora sino una triste marca que trae y retrae imágenes cansadas o alguna que otra doméstica pesadilla.
miércoles, 25 de febrero de 2009
POEMAS DE GLADYS GONZÁLEZ: GRAN AVENIDA

Acusamos recibo de la obra GRAN AVENIDA de la escritora Gladys González, de esta, presentamos una selección.
GRAN AVENIDA
GLADYS GONZÁLEZ
"Los seres buenos se hacen mejores con el dolor;
los malos nos hacemos peores."
Gabriela Mistral
I
Paraderos
Paraíso
Aquí no hay glamour
ni bares franceses para escritores
sólo rotiserías con cabezas de cerdo
zapatos de segunda
cajas de clavos. martillos. alambres y sierras
guerras entre carnicerías vecinas y asados pobres
este no es el paraíso ni el anteparaíso
El territorio del corazón
Bajaba del colectivo
y miraba tu calle
desde Gran Avenida
hasta Santa Rosa
caminaba
alrededor de tu casa
marcando el territorio del corazón
como un perro
te esperaba
en las escaleras del metro
por si ibas a trabajar
en la mañana
o si regresabas
para almorzar
después
vino la noche
y Aretha Franklin
el ron con cocacola
y el whisky en los bares
las llamadas telefónicas
entre fiesta y fiesta
los viajes en taxi en la madrugada
para ir a buscarte borracho
a los paraderos
vinieron el descontrol
los baños públicos
las peleas
las esposas y las antiguas amantes
el viaje a Argentina
los perros muertos
los almuerzos en el mercado
y los poemas
todas las noches
te busco
sentada en las cunetas
donde vas a beber
te espero en el bar
hasta que se hace de día
y apareces
con un librito
en la gabardina
un librito
en el que está dibujado
mi corazón
Barquitos de papel
Veo la pobreza de mi barrio
las calles inundadas
llenas de barquitos de papel
que los niños recortan
Veo la pobreza de mi barrio
barquitos de papel
naufragando como lucecitas
en el barro
Me dice
Me dice que escribía en boletas
y papelitos de cigarros
mientras ella
se iba al baño
a mirarlo por la ventana
Me dice que ella es su muerte
y que no quiere morir todavía
porque la muerte
es mujer fatal
Me dice que ella es su crisantemo
y le recita haikus
en el cerro San Cristóbal
mientras los animales
se vuelven histéricos con la lluvia
Él recoge las mejores cartas
y las guarda en su libro de budismo
recitando mal a Girondo
mientras ella
se aleja
con sus senos de magnolia
volando
sobre la ciudad
La chica más linda
La chica más linda de la fiesta
tiene una bolsa plástica en la cabeza
marcas de tinta en los dedos
sus huellas digitales
en toda la ciudad
Un paradero
En Gran Avenida
hay un paradero
y una chica
que lo habita
su corazón está oxidado
como las vigas de metal
que sostienen la estructura
por tantas historias
tatuadas en forma violenta
sobre la superficie
en Gran Avenida
hay un paradero
aún más triste
y una chica que lo habita
un paradero que ha visto todo
y que se convierte
en el esperadero silencioso
de la persistencia
Cicatriz
El lado salvaje del amor,
muchacho,
me lo llevo
en este último viaje
junto a un toque de morfina
y con la sensación
de ser una eterna cicatriz
que vaga por la ciudad
Taxi
Tú y yo
en un taxi
mudos
cada uno en un extremo
el pelo mojado
y el viento
entrando por la ventana
esparciendo las cenizas del cigarrillo
mudos
sin excusas
para dejar
de volver a hacerlo
Doméstica
Esta primavera
he comenzado a hacer mi cama
todas las mañanas
después de levantarme
Busco domesticarme con pequeños rituales
lavar platos
pagar cuentas
hacer el desayuno
............. almuerzo
............. once
............. y cena
Busco la manera perfecta
de arreglar mi cabello
y de hacer aeróbicos
en el gimnasio
todo
para verte desde lejos
y engañarme
con que mi vida
ya no se escribe
hacia abajo
que ya no es
un verso largo
y menos un poema
"Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato
en el mismo bolsillo donde llevo esta vida
que ilustrará las biografías."
Julio Cortázar
II
El tatuaje de la última batalla
Pavimento
Toda yo alambrada
recogida por los muslos
la carne floreciendo por las púas
la planta de los pies deshaciéndose
y sellando la tragedia en el pavimento
como una marca de sol
Pedacitos de muerte
Esta noche
no intercambiamos jeringas
ni besos
nos declaramos la intensidad en el rostro
nos guardamos la sangre salvaje
para no contagiarnos desde el amor
Estampada
Sigo estampada
como un pedazo de género barato
como un muestrario de dolores
que se vende apilado
al aire libre
recordando las historias
que han pasado por esta tela
los dedos que han delineado
cada figura del grabado
tomo las tijeras
saco trozos para pegarlos en mi libreta
intercalo las palabras
con el tejido
para coser vestidos
tengo vestidos de calle
tengo vestidos de fiesta
tengo vestidos de cama
tengo vestidos
estampados en batallas
que no se han terminado de escribir
Lamiendo las paredes
Camino en las noches
por mi departamento
lamiendo las paredes
para sentir el sabor de la violencia
que dejaste la última vez
masturbándome despacio
sin placer
con el corazón amarrado
a un costado
por el desprecio
Publicado originalmente en Revista Cinosargo
viernes, 13 de febrero de 2009
Hacia una interpretación Lihn-güística de Disparan en la noche

DISPARAN EN LA NOCHE
Los anónimos de siempre disparan en la noche
a la que no se puede entrar de la que no se puede salir
coto de caza y placer de las hienas
Los leones mismos se pervertirían si tuvieran como ellas la exclusividad de la selva.
Suenan esos disparos como algodón en los oídos
empapados de nuestra sordera son el éter que nos trae la noche
y henos aquí tendidos en nuestros lechos de operaciones
Mañana habrá muertos, eso es todo
Mejor que se guarden la noticia
Por sus prontuarios no los conoceréis.
Un coto de caza del tamaño del país
Para que no haya que darle explicaciones a nadie.
Se descansa en la prohibición de entrar en la zona de peligro
El corazón, órgano del miedo, funciona bien bajo las balas del éter
Dormir en paz, ya que no lo hacen los muertos.
Estas líneas fueron escritas
Con el canto de la goma de borrar.
Autor: Enrique Lihn
Disparan en la noche es un poema que encontramos en el libro Pena de extrañamiento, poemario que dentro del grueso de la obra de Lihn abarca 10 tumultuosos años en la política y orden social de Chile. Esta obra nace además en un periodo en que el autor -a sus 50 años- goza de una extensa experiencia como viajero, hombre y habitante del mundo, creador capaz de desplegar una voz dueña de códigos y visiones que desde su particularidad, dialécticamente alteran y cuestionan su entorno local y global
Como poema “Disparan en la noche” podemos ubicarlo en la línea más descarnada y social de la poética de Lihn, pues el texto, limpio en apariencia de juegos retóricos y hermetismos tanto conceptuales como en su diseño –más no por ello carente de humor negro, descreimiento y una ironía auto reflexiva que alcanza su cenit en el remate del poema: Estas líneas fueron escritas / Con el canto de la goma de borrar. -nos evoca y conecta directamente con un referente extratextual, las sociedades latinoamericanas de la segunda mitad del siglo veinte: Se ha montado aquí una gran maquinaria. / La Maquinaria del Ocultamiento de la Verdad en el Perú. (Estación de los desamparados) y en específico, se pasa revista a los años 70 en Chile con su peculiar estructura de poder, orden social edificado bajo una jerarquía logo céntrica y discurso vertical que ampara la violencia y anonimato como herramientas de control y sumisión. Toques de queda, tortura, exilio y escuadrones como fuerzas públicas de represión en un estado de emergencia generalizado.
El modelo de poder se nos hace accesible de manera crítica -gracias a la poesía- más allá de la memoria individual (recuerdos de los que vivieron esos años) y colectiva (la historia con sus grandes discursos y testimonios presentes en los libros y medios de comunicación) La obra de Lihn –y la poesía en general- pretende y consigue, incluso por encima de los deseos explícitos del autor, constituir gracias a su mensaje una situación comunicativa especial que trasciende tiempo y espacio, confrontado la visión creativa de quien da uso y nueva forma a la palabra ante la percepción de todos sus hipotéticos receptores; los que al entrar en contacto con el texto, pueden, dados sus prejuicios, condicionamientos, mayor o menor criterio y apertura de mente y asertividad, coincidir o discrepar en distintos grados con lo que se busca transmitir.
En el caso particular del poema “Disparan en la noche” , su mensaje; fuera de lo literal con su tema y motivos ligados a un cronotopo familiar para los chilenos y aquellos continentales que han vivido, siguen viviendo o sufren las consecuencias de sistemas de represión y su mutación a favor de la economía y las relaciones internacionales demuestra ser altamente connotativo pues nos informa además de aquella situación puntual de un periodo y sus avatares, con respecto a las corrientes estéticas imperantes, toda la tradición cultural y la ruptura que con su quehacer literario el creador promueve al instaurar una proyección de carácter progresista, visionaria o en su defecto una mirada retaguardista, conservadora e intertextual -se citan o se contravienen verdades en un mundo verosímil que el hablante integra- . Esto por lo demás afecta tanto a una recepción entre contemporáneos que pueden gozar de lecturas afines como a la interacción con aquellos destinatarios que reciben la obra años, incluso siglos después, revisitando la gran gama de voces y sentidos que surgen desde lo explícito para llegar a lo polisémico, desde lo referencial directo a lo imaginativo y ficcional.
La poesía constituye en este caso otra forma de acceder a los hechos. Una vía abierta y rizomática; definida por los filosofos Deleuze y Guattari como: un método para ejercer la resistencia contra un modelo jerárquico, que traduce en términos epistemológicos una estructura social opresiva, y que el poeta, de paso por este mundo, como actor y comunicador pone en manos de sus eventuales lectores sin intervenir su juicio y discreción. La poesía, dada su ambigüedad y subversión del lenguaje, (una de las mayores certezas a la cual está sujeto el hombre) en lugar de imponer una verdad a modo de conceptos fuertes que sustentan una cultura, cosmovisión y superestructura social, propone una multiplicidad de lecturas, que validas o no y más o menos directas en su decir; se actualizan y descubren en el diálogo que confronta pragmáticamente visiones posibles. En este caso las de Lihn y todos los que acceden a su poesía.
Aclarado esto, lo que a continuación se plantea como análisis semántico de los versos que componen la obra, es una de tantas posibles lecturas. Para este redactor, Lihn nos muestra a través de “Disparan en la noche” un mundo de terror, una sociedad en donde sólo una verdad importa, la del más fuerte y su legitimado derecho a actuar con violencia y sin necesidad de exponer un rostro, nombre o argumento: Los anónimos de siempre disparan en la noche
Gracias a este verso inicial, nos queda claro el panorama que impera dentro del espacio del hablante. La condición apócrifa y subrepticia que rige el actuar de los tiradores, está modificada por el adverbio “siempre” lo cual deja en evidencia una seña de identidad dentro su peculiar condición y proceder. Ellos siempre ocuparan ese rol de verdugos. Se remarca una idea de constancia pues son los mismos, aún cuando no sepamos a ciencia cierta quienes son y cual es su nombre y rostro. Por tanto están legitimados en su anonimato y el único argumento que necesitan es el de sus balas que cruzan la noche cerrada a la que no se puede entrar de la que no se puede salir
El toque de queda, el dominio de las fronteras, el silenciamiento y autoritarismo en los medios de comunicación además de la imposibilidad de reunión así como el control de los espacios públicos, son parte de sus prerrogativas. Ellos ponen los candados y peajes en este espacio demarcado que es su territorio de caza, allí se alimentan, allí reinan y gozan de privilegios coto de caza y placer de las hienas / Los leones mismos se pervertirían si tuvieran como ellas la exclusividad de la selva. El poema con este verso que clausura la primera estrofa; destaca la exclusividad excluyente de seres carroñeros que actúan impunes y de forma unilateral, a lo largo de todo el país en un coto, un espacio en el cual se erigen como el depredador supremo. Un coto de caza del tamaño del país / Para que no haya que darle explicaciones a nadie.
Lihn en este poema, a diferencia de lo que serán sus textos de Por fuerza mayor (1975) va de cara al conflicto y es extremadamente explícito para plantear la barbarie de la civilización y su proceder decadente; no trafica ideas sino que las arroja de cuajo al rostro de los vigilantes; es una diferencia con lo que el mismo haría después como descentramiento y forma de combatir la censura. Hay que destacar si, que muchos autores durante ese periodo y en los años que vendrían también se valieron del hermetismo y subversión del lenguaje para exponer por un lado, la completa disociación que se sentía frente a la legitimidad del contexto, su valor como realidad a la par que encubrían sus mensajes, me refiero específicamente a parte de la obra de Giaconi, Maqueira, Cociña y Zurita, creadores de gran riqueza estética que optaron por bordear desde la periferia la situación productiva y receptiva del país; asumiendo un juego de máscaras deformes y grotescas, maquillaje esperpéntico y complejidad formal que hacen reflejo del sistema, al ocultar, gracias a la limitación que tiene la mirada imperante para acceder a códigos más complejos y semióticos
De cualquier modo la abstracción no es la opción Lihneana en “Disparan en la noche”, el autor opta más bien por hacer del cien por ciento de la obra un mecanismo de denuncia que en su contenido y diseño, está afectado por el mundo en que se vive. Desde el título nos descubre la llaga y cada verso y sema remite al acto vil de atacar desde el anonimato, desaparecer y borrar a otros como objetos o frases que se pueden tachar en un palimpsesto demencial que reescribe desde el presente el pasado para así dominar el futuro: y henos aquí tendidos en nuestros lechos de operaciones / Mañana habrá muertos, eso es todo / Mejor que se guarden la noticia / Por sus prontuarios no los conoceréis.
La psicopatía y terror social generan el contexto idóneo para que torturadores y verdugos como cirujanos de un sistema y sus fines se explayen de manera que cada disparo y desaparición se torna algo habitual, asumido como parte de una atmósfera en que la falta de luz, (siempre oscura, de noche) umbría condición que también podemos entender como falta de información y conocimiento, es un anuncio del pavor; el arribo del telón en que teatralmente se monta una caravana de muerte y masacre. El hablante al exponer la situación comparando al país con una mesa de operaciones, y henos aquí tendidos en nuestros lechos de operaciones implica el mecanismo en que se realiza la disección del orden social que extirpa sin mayor cuestionamiento vidas como carcinomas. Más allá del duelo y la aflicción, que la voz poética pudiese tener, señala, Mañana habrá muertos, eso es todo, a manera de desazón e indiferencia, remarca con “eso es todo” la habituación al modelo que con sus bisturís opera los cuerpos, las mentes y la memoria, pues todo esta destinado al imperecedero olvido, a la resignada edición que se hace de la historia, pues los testimonios, las actas, los vestigios de la existencia de cada ser y de la vida en sociedad, también serán operados para volver todo una ilusión Por sus prontuarios no los conoceréis, en este mismo sentido, el remate del poema es perentorio Estas líneas fueron escritas / Con el canto de la goma de borrar.
Todo lo que Lihn no oculta en su invectiva al mundo que le toco vivir como intelectual latinoamericano y Chileno, paradójicamente cierra la pieza con un toque de ironía magistral que echa por los suelos las expectativas del lector, algo similar a los finales ambiguos en los cuentos de Borges, de modo que el poema por entero, se torna una digresión anfibológica que esta sometida a las leyes del sistema; la maquinaria de manipulación de la verdad que el mismo autor menciona en su poemario estación de los desamparados al pensar en el Perú. El texto “Disparan en la noche” como producto cultural inserto en el sistema; resabio del pasado, al igual que el resto de creaciones del hombre, literatura, historia, prensa, ciencia y tratados; pasará por el filtro de quienes redactan los grandes hitos de nuestro tiempo, de modo que su manifiesto de subversión pese a estar escrito de forma directa y explicita está redactado con el canto de la goma de borrar, la postal enviada desde el infierno en tal caso puede no llegar a destino y si arriba, cuánto de lo que nos llega puede haber variado en el camino, el poeta siembra la duda frente a la veracidad de los dichos de su hablante, todo testimonio en tal caso está indefectiblemente viciado e intervenido, siempre se dirá más o menos de lo que se pretende y se leerá incluso más o menos de lo que se anhela, el descreimiento como pesimismo crítico y autoconsciente no resta de cualquier modo valor a la pieza, por el contrario, eleva su pertinencia y le da urgencia y dramática prestancia, pues refuerza como idea central todo lo que el poema ya expusiera frente a la libertad en todos sus sentidos. El mismo hablante está sometido a ese juego de operaciones y extirpamientos, y la cicatriz queda expuesta, la pregunta es entonces: De todas las cicatrices que tenemos o que percibimos en nuestra historia como grietas de la llamada verdad, cuántas de ellas han sido maquilladas u operadas, por tanto el poema al estar intervenido deja no sólo un estigma material, sino que penetra como una duda recalcitrante en nuestras mentes, quizá el único espacio en que las máquinas de tortura y la goma de borrar no pueden entrar sino queremos. Allí germina la riqueza metafísica del autor.
El sentir contrario a esta resistencia voluntaria que promueve un pensamiento crítico capaz de repeler la concientización y acatamiento reverencial de cualquier sistema y sus mecanismos; conlleva al conformismo y evasión: Se descansa en la prohibición de entrar en la zona de peligro / El corazón, órgano del miedo, funciona bien bajo las balas del éter / Dormir en paz, ya que no lo hacen los muertos. Se asumen los roles dispuestos en el tablero, y el único consuelo es la muerte o la ignorancia, desconocimiento y falta de opinión, de voz y representatividad, ser un ente servil; condicionado como los perros de Pavlov a dormir ante la fusta y el disparo hecho esencia natural de la noche. Dormir en la falta de memoria y represión colectiva que se autoflagela y agradece como al padre nuestro el no morder del árbol de la ciencia y ser un cordero dispuesto al asado.
La lectura en conclusión, demuestra la imposibilidad de eliminar del todo la carga ideológica implícita y explicita sin embargo la poesía como mecanismo especial de gatillar los recuerdos y comunicar un mundo que puede ser ajeno o remoto para los vendrán, o familiar para los del presente en cuanto a ciertas actitudes de dominación que subyacen frente a la aplicación de mecanismos más sutiles (un simple cambio de contexto actores y mecanismos pero no cierre de los fines absolutos), se presenta por medio de la palabra libre para ser interpretado, dialogado y discutido, fragmentos fugaces del devenir que Lihn en el transito desarraigado que es la vida, escribió robando algunos secretos a la muerte y al canto de la goma de borrar; podríamos añadir.
Autor: Daniel Rojas Pachas.
Publicado en: La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.
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