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miércoles, 18 de julio de 2012

El interregno [por Andrés Olave]

7/18/2012 10:23:00 a. m.

El interregno

Habitamos el segundo interregno de la Literatura Chilena.  Hace siete años salió publicado póstumamente 2666 y desde entonces, hay un consenso que no hay una nueva estrella en el panorama de nuestras letras.  Atrás ha quedado el tiempo en que la obra de titanes como Manuel Rojas convivía con la de otros grandes como Droguett o con la del propio Donoso.  Eso es borrosa y lejana historia. Aquellos que tenemos cuarenta años o menos solo tenemos conciencia de los dos reyes: Donoso y Bolaño.  Escritores que estaban por encima de todos los otros, que crearon oleadas de discípulos: los donositos y los bolañitos, y que tienen su nombre asegurado en los libros de Lenguaje y Comunicación que nuestros descendientes estudiaran (y repudiaran) allá en el futuro.

Por supuesto, aspirantes al trono no faltan.  Más de alguno ha oído, bajo la falsa seguridad de cuatro paredes, decir a alguno de nuestros escritores: “yo seré el próximo Bolaño”. Tal declaración encierra a mi parecer un cierto fatalismo, pues de seguro que ni Manuel Rojas pensó: “seré el próximo Baldomero Lillo”, ni Bolaño alguna vez dijo: “seré el próximo Donoso”. Sospecho que pensar que la propia grandeza viene de la imitación o el remedo de otro escritor es acaso la mejor declaración solapada de la nulidad de un autor hacia su propia originalidad, a su capacidad de ser grande por sí mismo.

Si revisamos el primer interregno, desde la desaparición de Donoso en 1996 hasta la aparición de Los Detectives Salvajes (1998), transcurrieron apenas dos años.  Fue un interregno breve cuyo fin no se aceptó con facilidad.   La aparición de los Detectives Salvajes, recuerdo, fue recibida en esa época con incredulidad y una cierta molestia.   Era inconcebible que un poeta proletario sin nexos o contactos con el establishment nacional hubiese ganado uno de los premios literarios más importantes: el codiciado Herralde de Editorial Anagrama. 

Por lo mismo, hubo resistencia hacia el nuevo rey.   Hacia el Nuevo Amo de la Literatura Chilena (NALCH).  Por suerte, para esta minoría, Bolaño no tardó en dejar libre la vacante victima de una enfermedad hepática.  Ya nadie les podría volver a decir que su obra era siutica y mediocre, o no al menos, nadie que ellos consideraran con la suficiente autoridad.  La vacante del NALCH quedo libre de nuevo, aunque con la salvedad que ya nadie era capaz de subir los peldaños que conducen al trono con la facilidad que lo hubieran hecho simplemente desde la desaparición de Donoso. 

Eso, supongo, es lo que nos ha conducido a este largo interregno de siete años y contando.  Nuestros grandes autores revisan las 1126 páginas de 2666 y se vienen abajo.   Les gustaría decir que ya nadie publica esas grandes novelas y que con sus novelas de 180 páginas podrían ellos perfectamente ser coronados como nuevos reyes, pero al otro lado de la cordillera se siguen publicando obras monumentales[1] (como Los Soria de Alberto Laiseca o Los Living de Martín Caparros), y no, no es admisible, no son los tiempos, sino los propios autores los que no logran ponerse a la altura.

¿Cuánto durará este interregno finalmente?  ¿Cuándo aparecerá el nuevo NALCH?  Bolaño en 2666 pone en la boca de unos de sus personajes esta cita: “si apareciera un nuevo Kafka me echaría a temblar”.  Guardando las distancias, supongo que habrá que esperar con expectativa y atención solamente la aparición de nuestro nuevo rey, o acaso, acostumbrarse al pueblo de casas bajas, al pueblito pintoresco, conformista y tan pagado de sí mismo que ha sido desde entonces la Literatura Chilena.

Andrés Olave


[1] Por supuesto no es necesario que una gran obra tenga tantas páginas.  El guardián en el centeno de Salinger tiene algo más de 250 páginas.  Es su resonancia general como gran obra la que en realidad lo avala.  Por supuesto, esto tampoco ha sucedido últimamente con ningún libro de un autor chileno.

lunes, 9 de julio de 2012

Elías Canetti se queda abajo de la Feria del Libro de Guadalajara [por Andrés Olave]

7/09/2012 02:39:00 p. m.



Elías Canetti se queda abajo de la Feria del Libro de Guadalajara.


¿Están enamorados del arte que llevan dentro
o están enamorados de ustedes mismos en el arte?
STANISLAVSKI


Los últimos días hemos sido testigos de la encarnizada protesta de buena parte de lo escritores y editores nacionales, por un seudo canon que una o dos personas estipularon, allá en las alturas, para conformar la lista de escritores que deberán asistir este año como invitados a la Feria del Libro de Guadalajara (FIL). 

Por supuesto, este hecho trajo ira, peleas, discusiones e insultos varios.   Más que sumarme al conflicto, quiero mencionar cierta nota al margen, una perspectiva parecida a lo que hacen los cristianos cuando se preguntan “what would Jesus do?”, y que para nuestro gremio debería trasladarse a: ¿qué hubiera dicho Elías Canetti?

Leyendo sus apuntes, encontré la siguiente cita: “hablar con los otros conduce a las más siniestras amarguras.  Violados por las innumerables palabras con que los asaltamos, van perdiendo paulatinamente su existencia como seres independientes.  Una forma de homicidio lento, una de las cosas más terrible que puede ocurrir entre los hombres.  Es como si le apretásemos el gaznate a alguien, pero hicieran falta años para que su actividad respiratoria cesara del todo.  Podemos ser más inocentes escribiendo.”

A lo que voy es que probablemente el ambiente literario nacional por una buena temporada se verá enrarecido a raíz de esta polémica de la FIL.  Ellos, no sólo jode la vida de todos los que se sintieron fuera, sino también modifica nuestra perspectiva general de lo que debe o no debe tener a su disposición un artista, en este caso, un viaje con todos los gastos pagados al dorado México.

No me parece que una instancia de difusión, a saber la FIL, deba opacar o superponerse a la preocupación esencial del autor por su obra.  Esto, que a primera vista parece lógico, tiene un oscuro correlativo en la realidad, donde es la propia atención (y concentración) de los artistas nacionales la que está secuestrada a raíz de la feria y su polémica.  Ciertamente hay una tremenda injusticia y una lucha pendiente y bajo tales circunstancias ¿quien puede sentarse a escribir de forma tranquila?

En ese sentido, me parece que un autor, cualquier autor, debería en algún momento de su vida plantearse la cuestión seriamente: ¿se vive para el arte, o para disfrutar las dadivas del arte?  Por qué si es lo segundo, creo que muchos se han equivocado de carrera, han hecho una elección equivocada.  El arte, por regla general, exige mucho más de lo que da, y a veces, no da nada a cambio de todo.  

Las palabras, los discursos, las proclamas sobre la FIL durante las próximas semanas inundaran nuestro cotidiano vivir.  ¿Cómo no confundirse entonces?  ¿Cómo no llegar a creer que este 2012 lo más importante, menos que escribir, es ir a Guadalajara a comer tacos, beber tequila, conversar con los pares y tener una que otra aventura?

El problema está instalado.   La lucha se hará, sin importar lo que uno piense.   Acaso, no queda otra que echarle una mirada a las palabras de Jim Dodge: “quédense en casa y trabajen”, apagar el internet y esperar que las aguas se calmen y vuelva a reinar en la Literatura Chilena la paz, o algo parecido a la paz, su remedo o imitación.

Andrés Olave



  

   

jueves, 5 de julio de 2012

Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra [por Andrés Olave]

7/05/2012 05:58:00 p. m.


Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra.


La narrativa Zambreana ya todos la conocemos: hay una pérdida y un personaje dándole vueltas a la pérdida.  En este caso, es una amiga de la infancia (en La vida privada de los árboles era una novia, en Bonsai, otra novia). Ahora, por largas páginas Zambra nos habla de una chica que perdió de vista cuando era niño, y como para poner algo más, nos habla de la familia de esa chica.  La pérdida, por supuesto, ocurre porque la chica se cambia de casa (algo sumamente traumático), y el protagonista sufre porque la echa de menos y porque no es muy bueno para conocer nuevas chicas.   Moraleja: hay que tratar de hacer nuevos amigos, aunque cueste.   Punto.

Sin embargo, en Formas de Volver a Casa hay una subtrama harto más interesante, una pregunta que Zambra nunca menciona pero a la que incesantemente le busca una respuesta, a saber: ¿quién chucha son mis lectores?   Zambra no para de darle vueltas al asunto durante buena parte del libro, un misterio al cual no logra encontrar solución.   Si es un escritor, un escritor reconocido y que supuestamente alguien lee, entonces ¿quién es ese alguien?

 Hay una escena donde va a la clínica y el doctor se declara ferviente admirador.  “No he leído los libros porque no tengo tiempo, pero los he comprado”.   Algo es algo parece pensar Zambra.   Va a la casa de sus padres, quienes tienen sus libros, pero tampoco se los comentan.  Están más interesados en hablar de Alejandra Costamagna, autora que Zambra desprecia, pero que a la vez secretamente envidia (ella ha atrapado al lector que hay oculto dentro de sus padres, cosa que él no ha podido).   En otra ocasión le pide a una de sus novias que lea un manuscrito, pero esta no le hace mucho caso.  Por esto, Zambra sufre.

Hay más escenas de esta índole: una mujer en el avión que no lo conoce (otra puñalada al ego),  una conversación con otro escritor que es interrumpida por los pelotazos de unos niños que juegan cerca (más humillaciones), una mujer que lo recibe en su casa y lo trata de imbecil, etc, etc. 

El masoquismo a estas alturas es evidente.  Zambra se regodea en él.  A la vez que nos habla que tiene dinero, que trabaja poco o nada, que vive en La Reina, parece tener que pagar dichos privilegios con el hecho de sentirse un completo desconocido, un escritor de éxito casi inexplicable.  Esa turbación que sufre el autor es la que el libro trasmite continuamente y no la historia de la seudo familia de exiliados.  O como el propio Zambra dice:

Y el dolor era un libro interminable
Que alguna vez hojeamos por si acaso
Salían nuestros nombres al final

El problema, claro, está en que el libro pese a su brevedad se hace interminable.  Zambra y su dolor salen durante todas las paginas, una especie de pareja inquebrantable, un dolor que se profundiza a cada momento, dolor espiritual que posiblemente tendría una correcta solución si el protagonista bajara alguna vez de su limbo y recibiera un poco de dolor físico. 

Andrés Olave

lunes, 20 de febrero de 2012

El escritor burgués [por Andrés Olave]

2/20/2012 08:29:00 p. m.



El escritor burgués

«Los únicos escritores viables» dice Bolaño en 2666 «son los que provienen del lumpen y de la aristocracia. El escritor proletario y el escritor burgués, son sólo figuras decorativas» leí el otro día y me quede pensando. Dando por descontado a escritores proletariados en estas cumbres del neoliberalismo que habitamos, no puedo negar que efectivamente gran parte de los escritores que conozco pertenecen a la burguesía. Escritores siempre preocupados por tener la mesa correctamente servida, y que suelen mostrarse incapaces de imaginar una literatura diferente a aquella que les de las utilidades necesarias para mantener el nivel de vida en el que nacieron y en el que posiblemente quieren morir. En ese sentido, el escritor burgués parece siempre atento a una escritura que elogie la sociedad de la que él es parte y en la que tan cómodo se siente, por lo que su obra parece condenada, de antemano, a cumplir la función de mostrar y aceptar el mundo que lo rodea. Así, el escritor burgués parece demasiado alejado de aquellos escritores que no tienen nada (los lumpen) o que lo tienen todo (los aristócratas) y donde la escritura se convierte en una apuesta a ciegas, que reniega de la propia cuna y que busca ir más allá de las fronteras de lo convencional, en un viaje incomprensible y enigmático en el cual, tras una jornada llena de peligros y dificultades, se pueda al fin arribar a los mares lejanos, donde vive siempre, secreta y obstinada, la verdadera literatura.

Andrés Olave