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miércoles, 19 de marzo de 2014

Lanzamiento del libro de cuentos Manual de alteraciones de Felipe Valdivia Medina

3/19/2014 08:38:00 p. m.
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Lanzamiento del libro de cuentos "Manual de alteraciones", (RIL Editores), evento que se realizará el próximo jueves 27 de marzo, a las 19 horas, en la Sociedad de Escritores de Chile, ubicada en Almirante Simpson 7, Providencia, Santiago.

martes, 18 de marzo de 2014

La humanidad en fuga: INSTALACIONES DE LA MEMORIA, de Patricio Luco Torres y Verónica Zondek.

3/18/2014 09:08:00 p. m.



La humanidad en fuga: INSTALACIONES DE LA MEMORIA, de Patricio Luco Torres y Verónica Zondek.


Si bien una inquietud ética primordial recorre (como royéndolo) toda la historia del arte, son nuestros días -desde hace más de una centena de años- los que han puesto en el corazón de la posible justificación de la obra la pregunta sobre el sentido de la representación: precisamente desde que nuevas formas de reproducción sobrepasaban técnicamente a las anteriores. Uno de los efectos -entre los muchos que aún vivimos- muerde fuertemente, precisamente, el ya delgado y ultrasensible cuerpo del arte: ¿qué puede marcar la necesidad de una obra? La respuesta que nos resuena desde los bisontes en la piedra y los poemas épicos, casi anterior a las adjetivaciones propias de la especialización técnica de las artes, es el dejar memoria: pero ¿de qué se deja memoria: de sí mismo, de la experiencia vivida? ¿y cuán amplia es (¿¡o debe ser!?) esa experiencia?
Estas preguntas llegan hasta a doler al recorrer Instalaciones de la memoria (Valdivia: Alquimia, 2013), texto-lugar de cruce entre el impresionante registro fotográfico de Patricio Luco Torres (Santiago, 1960) de las salitreras abandonadas y la intervención literaria de Verónica Zondek (Santiago, 1953). La perspectiva sabe hacerse a través, haciéndonos sentir a los que contemplamos, situando marcos -orificios hechos en muros de piedra, ventanas, rejas-, como en un peep-show, como señala desde ya el texto que parece servir de presentación. Como resultado, nosotros mismos nos situamos en esa perspectiva, entregados al placer estético del derrumbe de todo un modo de existencia.
La ambigüedad ética del ejercicio no deja de inquietar, desde el momento en que ese abandono no está directamente marcado por la muerte violenta, sino por la violencia abierta y visible, paradójicamente enmascarada, de un sistema económico basado en la explotación irracional. La muerte violenta podríamos bien verla de lejos, compadecernos y horrorizarnos (siempre acaba siendo algo personal, que no compartiremos); sin embargo la violencia de todo un modo de producción debería tocarnos de un modo más misterioso: esencialmente todo nuestro modo de existencia puede bien pasar a ser ese abandono en el desierto (y eventualmente lo será, de seguro). Para no darnos cuenta de esta ruta hacia el desierto, el sistema social desarrolla ideologías, máscaras para que “no veamos”; y el riesgo de toda obra artística que se aboque a la crítica de ese sistema será, en consecuencia, llegar fácilmente a convertirse en otro enmascaramiento estético -que es el caso de gran parte del arte “comprometido” bajo la influencia del llamado “realismo social”.   
En Instalaciones de la memoria, la fotografía de Luco sabe encontrar el punto de crisis, habitar la herida, de la inquietud que he mencionado. Son varias las formas en que sabe escaparse de la pura estetización -que a estas alturas puede surgir fácilmente, “sola”, dada la sobresignificación del desierto en nuestra cultura estética, especialmente tras la poesía de Zurita-, siendo la más aparente de ellas el índice permanente de ese riesgo en los textos de Verónica Zondek. Más importante y sutil es cómo sabe llevar el foco a una imagen silente, que desplaza cualquier posible comentario de sí misma hacia aquel que la ve. Este silencio, que es un signo de interrogación esencial y que responde a la realidad concreta que desea representar, termina haciéndonos visible en su ausencia la huella humana, haciendo de la interrogación del vacío estético la puerta de entrada a una duda profunda sobre la realidad del hombre en relación con su historia social. Por ello, un signo como el de la muerte no nos lleva necesariamente a connotaciones de olvido, nostalgia y desaparición, sino que, antes, al corazón del sistema social: lo arbitrario y azaroso de la existencia del hombre ante el hecho de la producción moderna en su sentido más abstracto y ante su cara última, la cara del desecho inconsumible por los procesos de explotación, lo humano en su más radical desplazamiento. Ante estas muertes -de un modo de existencia, de un mundo, al fin de cuentas-, la fotografía resulta ser, al contrario de la ideología, una máscara para ver, para hacer visible, y la persistente ausencia se hace un agudísimo punctum, surgido desde el objeto solo despojado de toda utilidad que, por otro lado, logra resistirse a volverse materia sin más, sin la determinación de la elaboración humana.
Hay que destacar la excelente factura del libro, que sabe establecer la amalgama entre imagen y escritura de una forma sencilla y lucida -si bien hay un encuadre gris en la página que podría haberse hecho más pequeño. Como cumbre de un ejercicio, más que intelectual, de una profunda emoción e intuición, Instalaciones de la memoria parece llamarnos a definiciones profundas en nuestra posición ética con respecto a nuestros propios modos de existencia; presentar una obra de tal fuerza, sugerencia y situación es uno más en la cadena de logros de Editorial Alquimia. 


 Carlos Henrickson

http://henricksonbajofuego.blogspot.com/

domingo, 29 de diciembre de 2013

SOBRE SITUACIÓN DE CALLE DE RENÉ SILVA CATALÁN [Por Alberto Gonzales Zamora]

12/29/2013 11:01:00 p. m.
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RESEÑA PLAQUETTE SITUACIÓN DE CALLE DE RENÉ SILVA CATALÁN - EDITORIAL ANDESGRAUND, 16 PÁGINAS, 2013

Por Alberto Gonzales Zamora


Cada vez son más las voces que se sublevan a la dictadura de las grandes editoriales que, a menudo, terminan empujando a la buena literatura hacia los confines de la marginalidad. Es ahí, desde la frontera de lo underground, que vienen surgiendo las nuevas voces de la poesía latinoamericana que tienen un discurso político y social, tan temido por el establishment literario. Una de esas voces es la del poeta chileno René Silva Catalán, quién bajo el sello editorial Andesgraund, acaba de publicar su más reciente trabajo: “Situación de Calle”, que nos atrapa por su discurso poético o debo decir antipoético, emulando al gran Nicanor Parra.

Desde el inicio, los versos de Silva Catalán nos transportan con un lenguaje coloquial pero consciente del ritmo poético, a su barrio natal de Santiago (El Bosque y San Bernardo), del cual se proclama “cónsul vitalicio”.

Esta esquina con acento cantado                                       me elige
cónsul vitalicio                            para sus despachos de matinales
una vez a la semana                                                         hijo ilustre
de la reja hacia afuera.

En "Situación de Calle", el sujeto poético dialoga consigo mismo y mezcla elementos de la poesía realista y recursos estilísticos propios de la cultura masiva para describir su percepción del mundo, retratando una ciudad irreal, oficial, de “pastores sin rebaño” que le gritan al pueblo los domingos “no importa si juega la roja de Alexis”.

Esta es la república leída en una lectura
con mensajes perdidos       en el bolsillo
abultando las boletas

Con esa costumbre de usar enagua                sábados y festivos
hasta tocarle la canilla                            en el culto del pastor
con nombre                                            de un teniente gringo.

En el poema “Mis vecinas”, el  discurso político se hace más evidente criticando con tono de humor a la sociedad consumista y mediática y a sus nuevos protagonistas, quienes “se pasean con acento de teleserie en el Mall y vuelven con el cambio justo, a su comedia familiar”



Yo las miro desde acá
con la letra cursiva

algunas                           buenas madres otras
Cleopatras en sueños                         de otros
huelen a perfume                           de su jefa.


"Situación de Calle" nos presenta varias voces que emergen desde la marginalidad del barrio, del exilio y de la cárcel, en donde “no hay amigos/ ni rayo de sol aferrándose a los barrotes de un rincón donde antes hubo dientes”. También desde las epístolas de un soldado anónimo, abandonado a su suerte, que se comunica con su lejana madre, a quien le narra su aciago destino y el de sus amigos.

Querida madre estas líneas para que sepas       estoy bien gracias
a Jehová mamita no le cuentes                    que Miguel y Lorenzo
están heridos o muertos        en el palco Andes de la camanchaca
han faltado esta tarde                               a la cuenta del rancho

De los chicos de la población El Esfuerzo no queda ninguno solo yo
todo a quien conozco ha muerto                 como marraqueta fresca
para la fatiga de la sal.  

En algunos pasajes, encontramos también elementos contraculturales como el hard rock y la música vernacular, que aportan nuevos modos expresivos a la poesía que se nutre de una diversidad de voces y estilos.

Sólo se oye el riff de su banjo       que no suena a Black Sabbath
Ni a taller básico de guitarra gratuito de un folklorista sin rima
Mandando a las tinieblas                       el cañonazo de las doce.

La poesía de Silva Catalán es una poesía arraigada en el barrio que se nutre de varias voces y estilos, forzando a veces el límite de lo poético, para elaborar un discurso que ya es habitual en la poesía under. Un discurso que no es ajeno a la realidad social y al devenir de la literatura de su país.


Alberto Gonzales Zamora. Lima, 1978. Trabaja en gestión cultural desde hace algunos años. Ha publicado crónicas y reseñas de libros para diarios y revistas de Lima y provincias. Actualmente se dedica a la docencia y a la redacción de la página web: www.prensacritica.pe. Está preparando un libro de relatos y poemas que serán publicados el año 2014.

sábado, 3 de agosto de 2013

TALLER DE EDICIÓN CINOSARGO Y MUESTRA EDITORIAL EN ARICA

8/03/2013 06:20:00 p. m.
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TALLER DE EDICIÓN CINOSARGO Y MUESTRA EDITORIAL EN ARICA
Del 26 de agosto al 9 de septiembre y del 29 de septiembre al 4 de octubre
LUNES, MIÉRCOLES Y VIERNES A PARTIR DEL 26 DE AGOSTO
A LAS 19:30 HASTA LAS 21:30
Estéticas y formatos 
-Diseño y tipografías 
-Maquetación y uso de software
-Aspectos legales de la edición
-Distribución editorial
-Invitados nacionales e internacionales
-Mesas de trabajo y charlas con editores
-Itinerancias de editoriales invitadas

INSCRIPCIONES GRATUITAS HASTA EL 20 DE AGOSTO
35 CUPOS DISPONIBLES 
COMUNICARSE AL MAIL CARROLLERA@HOTMAIL.COM
AL FONO 98566401 O INSCRIBIRSE EN LAS DEPENDENCIAS
DEL CONSEJO DE CULTURA DE ARICA Y PARINACOTA
SAN MARTÍN 384 EN HORARIO DE OFICINA

jueves, 1 de agosto de 2013

Presentación de Namazu de Rodrigo Ramos Bañados (Ediciones Narrativa Punto Aparte)

8/01/2013 04:03:00 p. m.
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Presentación de Namazu de Rodrigo Ramos Bañados (Ediciones Narrativa Punto Aparte)
Presentan: Eduardo Farías Alderete y Macerla Küpfer, editora.
Biblioteca Viva de Antofagasta- Viernes 16 de agosto a las 19:00 horas.

lunes, 1 de julio de 2013

DAS KAPITAL LANZA LIBRO DEL POETA CAMILO BRODSKY

7/01/2013 04:21:00 p. m.



Comunicado de Prensa 0/23

 Santiago de Chile, 27 de junio de 2013


DAS KAPITAL LANZA LIBRO
DEL POETA CAMILO BRODSKY




La noche del zelota (Premio Mejor obra inédita 2011, del CNCA), del poeta Camilo Brodsky es el nuevo título que lanzará Das Kapital Ediciones como parte de su Colección de Poesía.

El libro será presentado este viernes 5 de julio, desde las 20 hrs. en el resto-art UVA (Irarrázaval 3469). Presentarán el libro Martín Figueroa y Jaime Pinos.




Camilo Brodsky (Santiago, 1974)

En 2006 publica Las puntas de las cosas (Ed. Cuarto Propio).
En 2010 obtiene el Premio Municipal de Literatura de Santiago, mención poesía, con Whitechapel, publicado en 2009 por Das Kapital Ediciones.
En 2011 recibe el Premio a Mejor Obra Inédita del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, mención poesía, por La noche del zelota.
 ...



Contraportada:

Pablo Rosenzvaig: ¿Qué nombres se le aparecen al zelota cuando llega la noche y debe cumplir con ese nuevo desarraigo entre la noche y el día? ¿Sueña? Si es así, ¿con qué lo hace? Si el sueño ya es en sí mismo una nave de los locos, ¿cómo lidiar con ese origen en eterno movimiento? ¿Cuáles son los nombres propios si lo propio es una eterna construcción? ¿Cuál es la verdad del zelota si en su carnet sale la fecha del desarraigo? ¿Tendrá razón el zelota cuando sabe que todas las otras verdades con las que pelea también son ficciones?
La noche del zelota es un libro compuesto de retazos, de nombres queriendo recordarse, nombrados en el olvido del decir del lapsus. Es un libro que sabe que Vito Corleone se apellidaba Andolini cuando se bajó del barco.
Es de esos libros que saben que la única forma de contar una verdad está más en el entre lo que se dice, que en el qué se dice.
No es un libro de poesía porque la poesía suene bien, sino porque el desarraigo no tiene más coherencia que la del intento de arraigarse aunque sea en la palabra. Esa palabra que va de lapsus en lapsus buscando un hogar donde tener un verdadero sentido, pero que termina siendo justamente ese no-lugar tanto en la palabra como en el mundo.
Es así como el desarraigo se transforma en ese Ello y ese Yo que siempre ha sido. Vuelve a ser eso que los padres llaman “edad del pavo” en la adolescencia de sus hijos. Repite nuevamente ese cuerpo que portamos mucho más que ese que creemos que somos.
En el fondo, el desarraigo es la idea de que no hay manera de acercarse a la verdad sin hacerla turbulenta, y al mismo tiempo saber que la tierra del zelota es parecida a la nave de los locos. El desarraigo dejó de ser un momento pasajero cuando nuestros antepasados se dieron cuenta de que no existe la tierra prometida ni la torre de Babel.
Por lo tanto, el desarraigo es también ese lugar desde el cual al zelota también se le viene la noche. Y el zelota sabe que esa luna no es ni la de los poetas, ni la del astrónomo, ni la de los colonizadores. La noche del zelota es la historia con insomnio.

Consultas:

daskapitalediciones@gmail.com



viernes, 5 de octubre de 2012

EL PARAISO DESALOJADO DE FANTASMAS [por René Silva Catalán]

10/05/2012 01:32:00 p. m.


EL PARAISO DESALOJADO DE FANTASMAS

Al emprender la lectura en este poemario, los fantasmas que lo residen van siendo desalojados, aunque aquellos continúen tocando con su nariz gaseosa la puerta de entrada en cada texto, se les observa desde la distancia, su intento a cruzar otra vez, ahora con libertad y licencia otorgada, por quien realmente lo habita, su autora.
En este paraíso abunda la imagen costera, tal vez a manera de vivencia personal de Margarita Bustos y sus años de residencia en la ciudad puerto de Valparaíso, la sal deja su cuño en el léxico de su texto.
Quizás esta costa, esta espuma y este gustillo a infinitud, es un recordatorio mecánico al estado fetal tiempo atrás en el vientre materno, a un paraíso que maldecido o no, pronto la autora se enfrasca en la búsqueda de santiguarlo; pero existe una máscara inmaterial, que no la deja saber cuál o que fantasma puede ser, con esa careta con la mueca de juguete viejo, que bien trata de resolver.
Pero no hay estado de locura y desesperación en el hablante, sino el ejercicio de mirarse hacia adentro y hacia atrás, hacia la mujer que lucha y denuncia con la palabra y deshabita esos “yo”, esos espectros como bien dice Margarita Bustos, resulta ser su preocupación poética en este libro.
Miscelánea de poesía tradicional y metafísica (Raúl Anguita, Rosamel del Valle, por lo tanto a Humberto Díaza Casanueva), también simbólica, donde lo turbio de una relación pasajera se  transforma en amor, el dolor en gozo, la nada en todo, el insomnio en poesía.
Sin lugar a dudas Alejandra Pizarnik ha influenciado a la autora, no al libro en su construcción o lenguaje, sino a los estados de euforia y rechazo, que de vez en cuando asoman, pero allí está el legado poético del libro, una imagen, un lugar común bien trabajado y corregido, pulcritud en la lectura, prudencia y tranquilidad en el pleamar del imaginario.
Por eso esta salida, este freno a la locura fantasmal que logra reducir la autora en cada verso, es salir a la abundancia del océano, a la pesca artesanal del sosiego, a las redes de la imaginación, a sus realidades, a ese mar que tranquilo no nos baña, al (a) mar de Silvina Ocampo, escritora argentina, que con su narrativa creativa y rígido lenguaje, ha influenciado el verso largo y conciso en la escritura del poemario, una huella digital en la escritura de Margarita Bustos, hoy poco visto en las poetas jóvenes.
Esta ausencia y/o desdoblamiento del lenguaje en el poemario, expresa que la palabra, se puede multiplicar en sus connotaciones, sus significantes se transmutan a cada instante, lo que logra un texto con buenos recursos fonéticos, sintácticos y semánticos.
La reiteración permanente y a veces sobrecargada de imágenes costeras y marinas, sus ecos y silencios, solo obedecen a la cosmovisión del hablante fracturado que intenta re – construirse en este Maldito Paraíso, ejercicio escritural y creativo que intenta la autora, en un libro corto pero intenso.
Margarita Bustos, transforma el libro, su fantasma, en un solo poema,  intimista y dividido intencionalmente en breves flash, con espacios de mutismo y de cavilación casi filosófica, la siguiente página y la siguiente, a una distancia muy corta de alcanzar lo críptico, a manera de coincidencia o tal vez de amistad poética y de reconocimiento a Ximena Rivera, poeta porteña y autora del prólogo de este paraíso, con quien me imagino comparte lecturas y gustos poéticos.
Sin duda Margarita Bustos es la culpable de evocar otra vez a sus fantasmas, los obliga a su vuelta y cito “Maldigo el paraíso que cuando se presenta/no dura lo que una estrella fugaz/al fin le tuve entre mis brazos/aquí esta y se va/y sé que no podre volver a verle JAMAS” , fragmento de la canción de Luis Eduardo Auté “Volver a verte”, que inspira el titulo de este poemario.
Sin duda este paraíso, femenino y masculino el mismo ser, valor de uno es el otro y el otro es uno, los ecos de la memoria, el recuerdo evocado, su brevedad en el texto pero con fuerza, vínculo entre imagen y lectura, lo que deja se repite y presenta una y otra vez, por eso Maldigo este paraíso, porque se instala y no deshabita, la idea de la autora es echarlo abajo, construir otro sobre los mismos cimientos, las mismas voces que no sabemos de donde vienen, un paraíso con pecado, real y con deseos carnales, un paraíso al que no se le deben desamarrar las anclas.

viernes, 4 de mayo de 2012

La odisea de las palomas [por Gonzalo Robles Fantini]

5/04/2012 06:43:00 a. m.
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La odisea de las palomas

Astrid Fugellie es una destacada poeta chilena, de larga y reconocida trayectoria, que comenzó publicando en su ciudad natal, Punta Arenas. En “La Generación de las Palomas”, editado por primera vez por La Trastienda en octubre de 2005, aborda la historia personal y colectiva de la generación a la cual pertenece, haciendo una revisión muy íntima tanto de su biografía como de los hechos históricos que marcaron a una serie de escritores, poetas, y personas en general que compartieron vivencias muchas veces traumáticas, pero que dejaron huella en la literatura nacional y que, de un modo u otro, determinaron el curso de la historia de Chile y de Astrid en particular, donde no escapan, en palabras de Raúl Zurita, “las grandes representaciones”, como los tópicos de cultura, política, economía y todos los hitos que hoy nos definen como país.

Este libro está estructurado en 21 testimonios, como breves capítulos de pocos poemas cada uno. Cada testimonio es precedido por elegidos versos, que siempre contienen una enumeración poética, y a la vez son presagio del testimonio que antecede, como una suerte de inventario de sentido que se desarrollará en los versos siguientes.

Cada poema, que inicia en una página par, cuenta con un verso introductorio al pié de la página impar, que destaca por la fuerza y carácter sucinto, la mayor de las veces una unidad poética en sí misma, de gran ingenio y originalidad.

La fuerza de los poemas de Fugellie- tal como advierte Raúl Zurita- radican en una poética original y sencilla, sin alteraciones abruptas en el tono del hablante lírico, de gran concisión semántica, con figuras retóricas que, más que apelar a y imágenes llamativas que se sucedan en contraste al interior del poema, funcionan desde una mirada muy subjetiva, un punto de vista particular que orienta las narraciones o descripciones, lo cual establece un sistema de significados coherente tanto al testimonio en particular como a la obra completa, tal como apunta el Premio Nacional de Literatura en el prólogo, esa “cara oculta del mundo que no había sido antes revelada”.

Al leer los primeros poemas de “La Generación de las Palomas” ya se advierte su fuerza poética, y se descubren aciertos que explican esa potencia de versos concisos y sucintos: el hábil uso de la intertextualidad, además de los cuidadosos juegos de palabras, en los cuales dialoga la hablante lírica con discursos propios de la Naturaleza y las tradiciones populares chilenas. Sucede así en “La violentada”, poema en el cual el discurso de Astrid establece un puente con el mito de “La Noche de San Juan”, más específicamente con la leyenda que presagia el riesgo de una epifanía diabólica al pie de la higuera la noche del 23 de junio, justo a medianoche, donde la tradición popular invita a buscar la flor de este árbol. Los elementos señalados, además de la temperatura de esa noche (atribuida la más alta del año) y el sulfato de magnesia (también llamado sal de la higuera), constituyen metáforas sobre la temática del ultraje, en este caso más que sexual de carácter ontológico.

Pero no sólo de elementos naturales y de la mitología popular chilena se nutre la poesía de Fugellie; figuras circenses y urbanas, del Chile burocrático y fiscal, que hoy pierden terreno ante la privatización mercantilista del país, se conjugan para crear imágenes desoladoras y a la vez holísticas, como en el poema “La tierra”, en el cual el discurso se torna más universal, menos vernáculo. La potencia semántica de elementos contrapuestos articulados de forma tan concisa, como los versos “empleados taciturnos repletos/ de bailarinas”, ilustran, independiente de si se pueda catalogar este enunciado en la figura del oxímoron, una visión del mundo bizarra y caótica.

En el excelente prólogo del autor de “Anteparaíso”, se advierte al lector que esta obra muestra “los itinerarios de una travesía que es al mismo tiempo una génesis”. Pues bien, avanzadas las primeras páginas del libro nos enteramos que el Primer Testimonio alude a la génesis, más ontológica que biológica, mientras el segundo aborda el tema de la infancia. Una entrañable nostalgia barniza los poemas de este capítulo, en donde la autora trata tópicos como la irreversibilidad del paso del tiempo, las raíces familiares que construyen un estadio de la niñez inmutable en algunos aspectos, la zona de los recuerdos como un espacio fundacional, sabio y mágico, y una visión personal del hábitat originario de Astrid, Punta Arenas, en “Ciudad natal”.

Sorprende la certera descripción del ambiente psicológico de la capital magallánica, con sus casas “arrimadas/ a otras casas”, “paralelas a la ansiedad del cielo”, en un entorno lluvioso en el cual deambulan perros vagos y prostitutas, y las casas caen con la solidaridad de las trabajadoras sexuales.

Esta travesía también va revelando otros aciertos formales de la obra poética, tales como el buen empleo de la reiteración o figura de la anáfora, la cual da vigor a la idea de encierro y carácter sombrío metafísico del alma humana, ante la irrupción de seres ajenos que remecen las certezas vitales en el poema “El intruso”, que constituye el Tercer Testimonio. Se trata de un ultraje irrevocable, de una cripta que cierra para siempre toda posibilidad de resurrección emocional.

El viaje continúa y no puede omitir esta Generación los hechos luctuosos y traumáticos que debieron enfrentar por el quiebre de la institucionalidad democrática, y toda la avalancha de muerte y destrucción que trajo consigo. Pero no es, en ningún caso, un macro discurso homogeneizador de este proceso histórico, sino un testimonio íntimo, privado y subjetivo, que sin embargo logra ser, en virtud del acierto expresivo de las emociones en esta obra poética, perfectamente representativo de toda la generación y de la Historia con mayúscula. Tal como afirmara Jorge Luis Borges, “en una muerte están todas las muertes del mundo, en un día están todos los días de la humanidad”.

De este modo, el Cuarto Testimonio habla del sentimiento fúnebre que acompaña desde el origen, de cómo hombres y mujeres signados por estas trágicas circunstancias políticas “murieron a la vida”. La dolida ironía invierte estos elementos en el poema “Las hermanas”, donde “plantar una cruz en la tierra era/ un acto de amor”. La memoria y el testimonio del dolor y sacrificio son rescatados, así como la resistencia y el temple ante tales adversas fuerzas de carácter siniestro, pues es también obra del amor “aceptar que nos renieguen,/ nos castiguen, nos inculpen, nos celdillen a ambas”, invirtiendo al final la dirección espacial a la que apunta al inicio del poema, al consignar un aborto ontológico, pues en vez de nacer y crecer como plantas, las hermanas amanecen “como dos gemelas nocturnas/ aspadas al suelo”.

Continuando la temática, el Quinto Testimonio también rinde honores a las víctimas de este dolor eterno, pues “la muerte jamás muere”, aquella herida de origen político y de traumática perpetuación en el alma humana. La estremecedora paradoja del sufrimiento gozoso, de la muerte que parece ser “un verdadero chocolate”, es expresada en el poema “El cadáver”, un sentido tributo a un ser querido trágicamente fallecido, pero cuyo encanto en la memoria produce la alquimia emocional en la poeta, esa cohabitación de tristeza y dulzura.

Resulta, asimismo, de una belleza escalofriante el poema “Tortura”, pues la poética es estéticamente muy bella y bien lograda, mas el contenido es fielmente representativo de la desgarradora experiencia opresora, donde los cuerpos son colgados al cielo raso por los brazos y los hombres son apretados hasta convertirse en hongos abiertos, en medio de la impunidad que imperaba en las casa de tortura, verdaderos “templos/ oscuros”.

El periplo existencial de “La Generación de las Palomas” vuelve a recalar en la urbe de origen. El Sexto Testimonio incluye una prosa poética con singulares significaciones sobre la austral Punta Arenas. Más que una paradoja, “Juan y la ciudad” revela una ambivalencia vital, aquella de pertenecer a la ciudad natal y, pese a abandonar su residencia (como el estadio de la trayectoria del héroe en el cual emprende rumbo fuera de su comarca originaria o “lo que ocurre después de la aldea”), siempre continúa habitándola, en una unidad espacial subjetiva atada a las raíces emocionales atávicas.

Esta ubicuidad sentimental emparenta a Astrid con el poeta griego Constantino Cavafis en su célebre poema “La ciudad”. Pero si bien este hablante lírico le confiesa a un interlocutor que jamás podrá salir de la ciudad natal, a pesar de viajar geográficamente, con un sino trágico similar al que experimentara Enrique Lihn quien clamaba nunca salió del horroroso Santiago, en Fugellie los lazos con la tierra que la vio nacer están unidos con el “pegamento definitivo” del primer amor.

Destacan las sugerentes y gráficas imágenes poéticas de este texto, donde a la hablante lírica “a pocos pasos de la muerte, la memoria se revitaliza y el corazón de Juan y el fruto del calafate y el dedo del subastado patagón, reaparecen como media naranja desde el mar para luego, como una naranjaentera, ponerse en la montaña”. Además de la idea de la unidad geográfica en virtud del primer amor, las imágenes hacen clara referencia a la expoliación de los onas, y al posterior destino de residencia de la poeta en los valles centrales chilenos.

Esta obra testimonial sigue su trayecto, una ruta emocional en la cual se aprecian distintos estadios subjetivos, pero representativos de toda una generación. Es importante señalar que cada testimonio funciona sobre la base de una mitología particular y a la cual Astrid desmitifica con la precisión poética de versos sentidos y estéticamente bellos. Jorge Teillier afirmó que “…la poesía (es) creación del mito, de un espacio y tiempo que trascienden lo cotidiano, utilizando lo cotidiano”. Por cierto, la poesía de “La Generación…” crea diversos mitos a partir de lo cotidiano, y es justamente una de sus mayores virtudes estéticas, pero a la vez desmitifica nociones conceptuales de extendida asimilación por grandes grupos humanos, en el sentido más racional del término.

La virtud a la cual se alude es el empleo de imágenes que construyen una mitología poética a partir de elementos cotidianos, muchas veces pedestres, pero que trascienden en su expresión estética. Es esta habilidad una constante en la poesía de Astrid Fugellie.

De esta forma, la poeta desmitifica conceptualmente, y con la inclusión de elementos más emotivos e íntimos que técnicos, el sistema económico neoliberal y su correlato discursivo de la globalización en el Testimonio Post In Humano. Los poemas “La cueca de los sistemas”, “Globalización” y “De la democracia y sus sistemas de autorregulación” abordan esta temática que, sin duda, marcó a esta generación, testigo en carne propia de la muerte de las utopías y el advenimiento, o imposición, del frío y cínico escenario económico y social que hoy impera.

Otros tópicos continúan esta letanía, este desplazarse por las emociones fundamentales que marcan hitos en la biografía. En Del Testimonio Abatido, es la nostalgia del amor extraviado en la incomunicación del lenguaje, “por ese sueño imposible de las palabras”, dejando en evidencia sus limitaciones. En el Séptimo Testimonio, en tanto, podría decirse que es una elegía a “los inmortales del fracaso”. Seres marginales, incorrectos, esperpénticos, miserables de alma, bizarros, de los cuales la autora no se excluye, y componen el grueso de la sociedad, o al menos de la Generación de las Palomas, verdaderas “masas poderosas” y anónimas. Evidentemente, esta condición es producto del daño que les ha sido infligido.

En efecto, estas heridas marcan una condicionante en toda la obra. En estos cantos que nos dicen “que somos hijos de la muerte”, en palabras de Zurita, los tópicos fúnebres y los fantasmas abundan, en un nivel epistémico del discurso, donde tampoco está ausente la muerte de la poesía, como en el poema “Luna”, dedicado al mexicano Octavio Paz, o bien el refugio a la angustia en la palabra, tal como sucede en “De Matilde y Rigoberto”.

Son versos que también insisten en la desazón de la pérdida, de la partida del ser amado, su muerte, la evasión a la cual se acude instintivamente en estos casos, sea en el olvido que jamás se consigue, sea en las siempre estériles explicaciones posteriores de la pérdida.

Y es en esta cohabitación cotidiana de la muerte que se manifiestan sentimientos aún presentes hacia quienes ya nos han dejado, aquellos que nos hirieron en el amor y cuyos fantasmas nos acompañan en los recuerdos más sutiles y comunes; o bien a esos sufridos en vida, como el poeta Jorge Teillier, sin descanso ni mientras respiraba ni tras fallecer por esta permanente agresión y tendencia a enrostrar sus pecados por parte de la sociedad, sin permitirle siquiera reposo al dolor. Tal como dice el poeta Zurita, su sólo recuerdo es una crítica al mundo. Mas como telón de fondo, un aire mortal que todo lo envuelve y contra lo cual, como sabemos, nadie puede vencer.

Pero en la conciencia de la fugacidad de la vida, y la inexorable arremetida de la muerte, hay remansos tranquilos ante este riesgo por el cual se cuentan los días. Es el sentimiento de ensoñación hacia “El inquebrantable”, en el Testimonio Once, donde el encanto es la reciedumbre. O bien aparece la opción de enfrentar estos riesgos, como la hablante lírica que se interna en el sótano lúgubre, cuya puerta nunca más abre, en “La aventura”, y también el deseo de desentrañar aquel misterio del sentido más profundo de la muerte de seres queridos, como sucede en “La pausa”.

En Del Testimonio Alegre, Astrid nos regala unos maravillosos versos dedicados al querido antipoeta Nicanor Parra, quien “ríe y llora de las farsas del circo”, y cuyo poema es precedido `por un verso a “bufones brillantes de tan rara alegría”.

Y en la misma senda Astrid prosigue, ahora con un Testimonial sobre precisamente el oficio de los poetas, a través de la exposición de testimonios personales creados a partir de las emociones que le inspiraron la vida y obra de dos grandes vates nacionales: Pablo Neruda y Enrique Lihn. En el caso del Premio Nobel, la vida como ensayo, un borrador literario de la existencia que, finalmente, termina sin pena ni gloria. En el caso del autor de “La pieza oscura”, una actitud vital desafiante y valiente, visceral hasta los delirios, un relámpago arrojado que, pese al talento, es enjaulado y le conduce al absurdo.  Ambos testimonios culminan en el sentido de la nada, y el segundo caso también es una crítica al mundo.

El tópico mortuorio se intensifica en el Testimonio Doce, donde se presenta un sentimiento trágico de la vida, cual sino fatal que está en lo más primigenio de la dinastía misma de la hablante lírica, pues incluso previo al parto las mujeres están muertas y traen al mundo a hijas muertas, y la noción de deceso omnipresente se perpetúa a través de las generaciones.

Hay un poema de réquiem la madre, mas no de lamento de su partida, sino de convivencia en la profundización del dolor. Y estas muertes sucesivas son provocadas por el miedo, el descontento y la frustración, “miedo a ser obligadas a nacer vivas en medio de esta casa de adobe y tierra”. Entonces, la muerte es más que un destino, es la actitud vital de rechazo al mundo.

En las postrimerías de este viaje, en el Testimonio Trece, aparece la figura del padre. Podría definirse el poema “El creador” como una elegía, canto a la tristeza y lamento. Hay alusiones a una vida luctuosa y sacrificada, así como acerca de lo nocivo de la modernidad deshumanizadora: “Hay computadoras pastando/ en los enfermos”. Ahora, si bien hay una alusión explícita al tema divino en el verso que precede al poema “Romance del Dios muerto”, (la brillante ironía “Y Dios exclamó: -¡Necesito un psiquiatra!”), también puede ser leído como un lamento a la memoria del padre. Destaca el empleo de neologismos inventados por la autora (“cruzluto”, “Elvaciado”).

El fin de la travesía se acerca y, entonces, el Testimonio Catorce narra la muerte del linaje, de parientes que abandonaron la vida, sobre la cual Astrid sostiene que es un completo desengaño, y tanto la inocencia como la lozanía son ilusiones que la tumba revela en su irrealidad.

El penúltimo testimonio es un grito de rabia en contra de la sociedad y de la vida, con una desazón por las estrechas condiciones que brindó el mundo a una generación que terminó diezmada, tras un tortuoso vía crucis a lo largo de su existencia. “Esta es la profecía/ del ninguneado”, dice el poema introductorio, y anuncia las circunstancias de la “muerte de los / derechos”. Hay una frustración por la precariedad de la existencia, un sentimiento profundo de incomprensión e indignación al injusto rechazo social y al menosprecio, con el tema fúnebre siempre presente: “Los muertos son nuestros amigos”.

Asimismo, se crítica certeramente la falsedad social, el exitismo y los discursos de los medios de comunicación social, incluyendo la televisión, al hombre caído en “los dramas mediáticos”. La fustigación es a la sociedad entera, pues “el Sistema obliga a vender esa mixturagrasa”. En medio de esta desolación, se expresa una herida por el Dios ausente, en la cual se rinde tributo al poeta César Vallejo, quien, como se recuerde, nació un día en que Dios estaba enfermo.

En estos últimos trancos del viaje una desesperación inunda a la hablante lírica: ver su mundo destruido y, a la vez, ser una madre que observa a “sus muertos llenándose de vida”. En el poema “Alargando” Astrid reflexiona sobre el sentido de la existencia, cuando la vida no es más que cargar incansablemente la propia cruz, en el absurdo de habitar “en condiciones de perros anochecidos”, sin una respuesta a los misterios trascendentes, como el sentido vital y la existencia de Dios, y pese a todo con la constante humana de que “prolongamos nuestro suicidio”.

Es esta finitud inexorable de la existencia, la cual no es un paraíso y ni siquiera un lugar digno, la que se cuestiona la poeta, en la tozudez humana de “alargar” la vida, sabiendo que “la muerte está en pleno parto”. No es casualidad entonces que el poema esté dedicado a Samuel Beckett, el dramaturgo irlandés que nos manifestara lo absurda de esta espera, de esta esperanza en definitiva, en la obra justamente llamada “Esperando a Godot”.

El testimonio final, el Diez y Seis, viene introducido por una sorpresiva revelación. Tal como puede suponerse, en efecto, el último de los capítulos de la travesía habla de la muerte de esta Generación de las Palomas, y del término de la narración, del fin de la palabra enunciadora. Mas en un poemario donde la muerte cohabita con cada etapa de la vida y durante el relato de su trayecto, sorpresivamente la noción del deceso de la generación y de la poesía adquiere un sentido distinto.”Aún no acabas de narrarte paloma/ vieja:/ Éste es el encabezamiento/ Este es el milagro”.

Justamente el milagro consiste en entender la vida como una farsa, “un enredo del que nadie vivo escapa”. La hablante lírica ríe ante el anuncio inminente de la muerte, porque entiende muy bien que la vida es una existencia de muerte, un luto vital, donde todas esas frustraciones y dolores impidieron la existencia plena,  digna de llamarse con propiedad “vida”. Es similar entonces a la concepción existencialista de la vida que pregonara a mediados del siglo XX Albert Camus, con su consecuente correlato de los muertos en vida.

Además, Astrid anuncia negarse a escribir su epitafio, tal como la hablante lírica le anuncia a la paloma vieja que aún no acaba de narrarse. El poder creador de la palabra continúa.

Asimismo, la muerte es entendida como la ausencia de aquel mundanal y caótico ruido existencial que oscurece la vida. Pero justamente, en esta vida sacrificada y bulliciosa, no hay lugar para hablar del silencio, entendido como descanso en paz. El último verso aclara el trauma e incomprensión de esta larga y violenta travesía: “¡Ay paloma!- dime- ¿Quién te hirió?”.
 
Gonzalo Robles Fantini


Biografía

Gonzalo Robles Fantini nació en Santiago de Chile el 18 de febrero de 1975. Estudió Periodismo en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. En el año 2003 participó en el Taller de Narrativa de Poli Délano, impartido en la Sociedad de Escritores de Chile.  Sus gustos literarios son la narrativa y poesía, principalmente chilenos, pero también las crónicas del Nuevo Periodismo y la teoría literaria. Otros de sus intereses son el cine y la crítica cinematográfica

jueves, 2 de diciembre de 2010

YO TAMBIÉN LO LEÍ [Cecilia Castillo]

12/02/2010 07:44:00 a. m.

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YO TAMBIÉN LO LEÍ

Cecilia Castillo

De la abundante producción literaria del poeta iquiqueño Alberto Carrizo, el libro que prefiero es, lejos,

El Horizonte y su Estallido.

La historia de este poemario es una historia romántica (en el mejor sentido de lo romántico). Fue impreso en 1972 en la Editorial Santa María de Tacna. Trae un comentario de Gonzalo Drago, muy pertinente y por supuesto con la plusvalía que le dan las ilustraciones de ese gran artista, apenas reconocido en nuestro país, Guillermo Deisler.

A fines de los 60s, plena efervescencia de idealismos, esperanza en un mañana luminoso, con la justicia y la igualdad como metas, Alberto Carrizo Olivares también escribe acerca de la matanza de la Escuela Santa María (tema del que tanto se habló en 2007 pero no sé cuánto se leyó).

Este es el poema:

21 DE DICIEMBRE DE 1907

A los mártires de la

Escuela “Santa María”

de Iquique.

Sábado cúspide

sobre la que dormita

fatiga,

sábado

día de tregua;

la sonrisa es una tristeza distinta

pero es sonrisa.

Sábado.

Quince horas y treinta:

la tarde es una tranquila mesa

y una taza de té con limón;

los hijos son moléculas de azúcar,

endulzan los días,

hora de tregua.

Quince horas y treinta.

Sábado, quince horas y treinta:

tres ráfagas, voracidad del odio

para la multitud petrificada;

tres cargas amenazando voces; apretados dientes,

vientres secos, espaldas duras, partidas cejas,

llagas rotas disecándose en segundos;

muerte muerte muerte para la clase obrera:

descansa la vida, la muerte trabaja aquel sábado

la muerte y el llanto apagado de mujeres y niños.

Sábado:

hoja desparramada con su noticia negra;

sólo trece palabras:

-“un peso vale un pan y sólo

ganamos tres pesos”.

¿Qué comeremos mañana?”

Trece palabras

y treinta mil cuerpos cubriendo

con cantos de hambre

cansada de ser tanta hambre,

las calles de Iquique;

cada carreta

es un largo quejido sin rueda

atando la muerte a su madera;

Sábado:

¡día de tregua!

y entierran en un subterráneo

de escuela inocente

a tantos caídos.

Quince horas y treinta:

la tarde es una taza quebrada.

Sábado

quince horas y treinta.

Trece palabras.

Treinta mil cuerpos huyendo.

¿Quién se atreve a contar a los muertos?

“Santa María” : ruega por ellos

y su pedazo de pan

en esta hora

de

muerte.

En primera lectura me llama la atención el cómo en este texto sólo las víctimas están presentes en su condición de seres humanos: “mujeres y niños”, “voces”, “apretados dientes”, “espaldas duras”, “llagas rotas”. Aparentemente son más especie humana que individuos: multitud petrificada, caídos, treinta mil cuerpos. Pero, cuidado, que no despersonalizados (no puedo evitar pensar en “Masa” de César Vallejo); multitud ¿puede ser uno?

Mi interpelación al texto es ¿dónde están los verdugos? porque no se mencionan de manera explícita. No obstante las referencias:

Tres cargas ametrallando voces

Tres ráfagas, voracidad del odio

sugieren el sentir del hablante y el contenido de la narración. ¿No están porque no merecen ser considerados humanos? ¿No están porque asquean? ¿Porque merecen desprecio?

Recordemos que hay documentos que prueban que la matanza de los obreros no fue una situación fortuita ni provocada por las víctimas ni la reacción repentina de algún oficial, sino un hecho planificado y previsto por autoridades locales y nacionales.

Esto que actualmente puede ser puesto en duda por quienes para todo buscan consenso, en la época en que se escribió este poemario era un hecho conocido y aceptado en Iquique.

Pero quiero decir que no logro separar al hablante del poeta en todo este libro, puesto que conozco su sensibilidad y su trayectoria de hombre político antes de 1973. No puedo dudar de su íntimo dolor y su intención de denuncia social.

Su verbo me comunica más dolor que odio. Más tristeza que impotencia:

“cada carreta

es un largo quejido sin rueda

atando la muerte a su madera;”

Uno de los poemas de este libro se titula “Pero de todos modos el hombre amaba”, que es como decir “pero la vida continúa”.

En otros, la mayoría, su palabra es testigo de lo sufrido y vivido:

“ para que nadie confunda

con un antojo de los hombres

los desamparados cementerios de madera

y sus cruces con el largo exacto

de un gemido,

allí están los ripios:

altiplanicies del dolor petrificado

mesetas donde podría encontrarse

el remoto origen de una lágrima,

tumbas del pasado,

tortas del único pan que consumieron

los obreros

cuando tuvo el horizonte su estallido..”

porque es también intérprete de una vida que no alcanzó a ser la suya pero que está presente en el Iquique de los 60s:

“Salgo a buscar

a explicarme donde las salitreras

donde quedaron;

salgo a buscar en el desierto…”

En una época en que las vivencias del obrero pampino todavía no eran frivolizadas en una telenovela o en alguna literatura:

“Me ahogan las sacudidas

de la ventisca en el magro pimiento

veo cabezas de niños

inmóviles….”



miércoles, 1 de diciembre de 2010

COMENTARIOS DEL LIBRO La patria Asignada

12/01/2010 10:41:00 p. m.

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COMENTARIOS DEL LIBRO La patria Asignada

El abuso y la “Patria Asignada”, extraño símil de este hermoso y terrible poema que se abre como la herida larga que atraviesa los cuerpos (cuerpitos) abusados y obligados al silencio por la amenaza -de quien ultraja- o por la propia vergüenza. “Le pedí a un dios un lugar en el mundo donde quedarme/ un lugar donde poder hacer de la vida la vida/ y recibí una larga y angosta faja de tierra en el ano”. Valentía de la voz que al fin nombra la herida y da el grito de dolor minimizado tanto tiempo por estadísticas y medios. Expuesto en palabras ese atentado salvaje, no hay pena comparable al daño: “…pude haber sido un árbol/pude haber sido/ pero fui lo que fui/un doloroso derrumbe pálido de espanto”.

SOLEDAD FARIÑA (Poeta chilena)

No es el potito embarrado de Luchín, no es el piececito de Lucila, Se lo fornica el padrastro al entenado en los cortitos años de pupilo, Lo deja a poto pelado en el cancionero de Mamas y Papas, al pobre cabrito Poblacional no lo vejaron en el ano, le conculcaron el derecho a vivir en la virginidad, Depredado por la rapiña, ocupado el muchachito por otro cuerpo, Vida rota, menstruante, un sacramento confesional en la pintura del desgarro, Dios no le ladra como un perro, es un catequista de la penuria, duele echar un vistazo a este juego de niños, la leche no era purita, ni era el arroz con leche, el caballito blanco no se lo llevó de aquí, abusaron del niñito en el subsuelo de Made in Chile, Pero el niño absorto frota con la uña mugrecitas de tierra y humedad, No ha nacido una criatura de diez días en el pesebre de la patria asignada.

BRUNO VIDAL(Poeta chileno)

Dijimos, a propósito de los primeros textos de Víctor Munita Fritis – Pensión Completa y Otros Poemas – editorial Cuarto Propio, año 2008, que aguardaríamos su segundo libro en el entendido que se le exigiría más al poeta. Notábamos allí el germen de un lenguaje renovador para las letras atacameñas. Esta Patria Asignada, comienza a visibilizar aquello, el poemario avanza sin complejo por los desquiciamientos sociales, quizás atávicos, pero que el pudor regional negaba. Desde el desierto de Atacama también gritan los malqueridos.

FERNANDO RIVERA LUTZ (Poeta y artista visual chileno)

"¡Del libro completo, que decir! Poemas conmovedores. Un desgarro del alma. Mi historia, otras historias, demasiadas historias, en el largo camino del dolor infante. Raquel grita por sus hijos asesinados y el niño huye mientras Herodes lo busca. Dolió leer los poemas. Lo hice y firme con el llanto recuerdo que era también mi historia. Es noche, vuelven los perfumes, el aliento, palabras, me quiebro y levanto. Hay que ser mujer materna – ese dolor, parte el cuerpo- para sentir y describir lo que maravillosamente plasmas en estos poemas. Ya no son tuyos, cuando pasen de mano en mano, estaré para decir algo más y levantar la voz, para que otros y otras, trasformen silencios en vida y vida en abundancia." "Las palabras bien dichas – mejor si son diáfana- Estas tienen todos los ingredientes, nada falta. Las palabras se hacen grito profético de denuncia y anuncio. Un gran conjunto de poemas. Bien escrito. Audaces. Deben como el pan estar en todas las mesas. Los poemas de este libro se hacen necesarios."

CARLOS ERNESTO SÁNCHEZ (Poeta chileno)

Con intriga leí las páginas de este poemario, y pude con la primera impresión (fuerte, dura, real) adentrarme en un sentimiento nunca antes producido en mi ser, unas imágenes tan siniestras pero tan humanas se apoderaban de mi, mientras el autor se deshojaba en su texto, la textura de su texto fue tan áspera y cruda, ni la más pulidora edición podrá quitar lo verdaderamente bello de esos versos: La verdad cruda de la realidad que queremos ignorar, esa que no es pura felicidad, esa que no es pasar de una página a otra sin más, sus versos son una muestra de la posibilidad poética de develar las distintas dimensiones del ser, desde las más puras y claras hasta las mas indignas y oscuras, todas con la misma calidad de pene/trarnos…Yo quería saber estudiando estética que era lo bello y que era lo feo, y algún autor entre palabras dijo que lo bello era la afirmación de la vida y lo feo su negación más rotunda, entonces en estos versos pruebo que no es aquello tan cierto, pues esos versos ofrecen una visión de personas que niegan, que quieren negar su existencia, pero se hace más real que cualquier otra que vemos, pues lo bello no necesariamente es “bonito” o “agradable”, sino es aquello que nos asombra y nos sucumbe hacia algo más, hacia un reconocimiento de nosotros mismos, de lo trascendente de nuestro ser, ya sea mostrando lo bueno o lo brutalmente cierto de lo humanos que somos, La patria asignada es un poemario que en cada una de sus partes nos impone una realidad que negamos pero que existe y nos lleva a un mundo donde las palabras mismas no son lo que importa, ni las imágenes que nos muestran, es el modo en que nos excentra cada uno de sus poemas hasta el centro mismo de nuestro ser y [nos ] re-flexionamos la belleza de esa descripción lírica eterna. Sus invocaciones, sus peticiones, sus quejas, sus enojos, todos esos versos para decirnos lo perverso de nuestra naturaleza, pero con la belleza de la verdad de las palabras aun detrás de metáforas, símiles o casi crucigramas…

DANIELA GONZÁLEZ TAYLOR

Filosofía y Letras en el Instituto Superior de Estudios Teológicos ISET de la Universidad Católica Boliviana Cochabamba, Bolivia.


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