
miércoles, 23 de marzo de 2011
martes, 16 de febrero de 2010
Juventud Centenaria de Pablo de Rokha
viernes, 26 de junio de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
WITOLD GOMBROWICZ Y PABLO DE ROKHA
JUAN CARLOS GÓMEZ GOMBROWICZIDAS
Gombrowicz despreciaba la utilización de la metáfora, y tenía reparos para la actitud romántica y para la mismísima poesía, a pesar de que él no estaba tan lejos de aquello que despreciaba. Es justamente la metáfora la que lo separa de Bruno Schulz.
En la medida que Gombrowicz lo conoció fue descubriendo que su prosa era demasiado metafórica y que no podía hacerse cargo del mundo pues no era capaz de asimilarlo. Elaboró una forma profunda pero estrecha y no pudo salir de esa problemática limitada porque su estilo y sus concepciones no eran originales, seguía las huellas de Kafka a quien lo unía la sangre semita. Si bien se mostraba creativo en más de un punto, las metáforas y la visión del mundo del checo que fecundó su universo, le pusieron límites a su alcance en el mundo a pesar de que era admirado en Francia e Inglaterra.
La impotencia ante la realidad caracteriza de manera contundente el estilo y la postura de los poetas, pero el hombre que huye de la realidad no encuentra apoyo en nada y se convierte en un juguete de los elementos. La metáfora privada de cualquier freno se desencadenó hasta tal punto que hoy en los versos no hay más que metáforas.
Esta postura religiosa también ha hecho estragos en la prosa, la eminencia y la grandeza de obras como “Ulises” se realiza en el vacío, son libros que nos resultan lejanos, inaccesibles y fríos puesto que fueron escritos con el pensamiento puesto en el arte y no en el lector. Es una prosa nacida del mismo espíritu que ilumina a los poetas y, por su esencia, es una prosa poética.
“A medida que iba creciendo me volvía cada vez más peligroso. Mis composiciones de polaco eran las mejores y eso me salvaba, en otras materias era un ignorante y un holgazán (...)”
“Un día, nuestro profesor Cieplinski nos mandó escribir una redacción sobre Slowacki, uno de los tres poetas profetas. Harto ya de tanto incienso dedicado al poeta profeta, decidí para variar, fastidiarlo un poco (...) El profesor Cieplinski me puso un cero y me amenazó con enviar el trabajo al ministerio. Yo le pregunté por qué obligaba a los alumnos a ser hipócritas (....) En ‘Ferdydurke’ encontraréis una descripción de las clases de polaco y de latín, así como del cuerpo de profesores, esas escenas delirantes nacían entonces en mi cerebro, en el séptimo grado, mientras naufragaba en las conferencias dulcemente conmovedoras del profesor Cieplinski –por lo demás una buena persona– sobre nuestros poetas profetas o cuando contemplaba con horror la figura maltrecha y grotesca de nuestro profesor de latín”
En un pasaje de “Ferdydurke” Gombrowicz se burla de la metáfora, de la poesía y del romanticismo polacos sacando a la superficie el verdadero espíritu de unos versos que le escriben a la Colegiala.
“Los horizontes estallan como botellas/ La mancha verde crece hacia el cielo/ Me traslado de nuevo a la sombra de los pinos/ desde allí/ Tomo el último trago insaciable/ De mi primavera cotidiana”
En la traducción de Pepe el poema pasa de la versión romántica y metafórica a la versión erótica y realista.
“Los muslos, los muslos, los muslos/ Los muslos, los muslos, los muslos, los muslos/ El muslo/ Los muslos, los muslos, los muslos”
“Contra los poetas” es un ensayo belicoso que le nació a Gombrowicz de la irritación que le habían producido los poetas de Varsovia, su poeticidad convencional lo tenía harto, pero la rabia lo obligó a ventilar todo el problema de escribir versos. A parte de la alteración que se produjo en el público presente y del bastonazo que le quiso pegar el viejo poeta, se desató una batalla tremebunda en la prensa.
Gombrowicz no podía esperar que los signos de interrogación que le había puesto a la poesía, al romanticismo y a la metáfora fueran a ser enriquecidos por los periodistas. Su razonamiento antipoético merecía un análisis bien hecho, no se lo podía despachar en cinco minutos con cuatro garabatos, su idea era nueva y estaba basada en un sentimiento auténtico.
Gombrowicz tenía clavada una espina con la poesía de Neruda. Cuando algún joven despistado se le presentaba como admirador de Neruda y de sus “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, Gombrowicz se retorcía en la silla, no podía soportar la presencia del cuerpo viejo y corrompido de Neruda al lado de ese canto al amor. Neruda era un bardo comunista que tenía mucha suerte, Gombrowicz en cambio era un burgués instalado en el capitalismo que vivía apenas mejor que un obrero. El cantor del proletariado, censor de la explotación del hombre, se revolcaba en millones largos gracias precisamente a su melopea revolucionaria recitada a los cuatro vientos.
“No hay mejor cosa que ser un poeta rojo en el podrido Occidente: se goza de una fama universal, también detrás del ‘telón de hierro’, se gana un montón de dinero y encima todos los placeres de ese capitalismo podrido están a mano. Sin hablar de que una situación casi oficial te convierte en una especie de embajador o ministro”
Con esta complexión abigarrada de metáfora, de romanticismo y de poesía Gombrowicz se las tiene que ver con Pablo de Rokha.
“He aprovechado la ocasión para ponerme a hojear de nuevo ‘El proceso’ y compararlo con la versión escénica de Gide. Pero tampoco esta vez he logrado leer debidamente este libro; me deslumbra el sol de la metáfora genial que atraviesa las nubes del Talmud, pero leerlo página a página, no, eso supera mis fuerzas. Algún día se sabrá por qué tanto grandes artistas han escrito en nuestro siglo tantas obras ilegibles. Y por qué arte de magia esos libros ilegibles y no leídos han pesado sobre nuestro siglo y son famosos. A veces tengo la sensación de que entre nosotros los escritores existe un absurdo que distorsiona toda nuestra actividad, y del cual no sabemos defendernos, pues es siempre anónimo (...)”
“Un contertulio del café Rex me muestra la edición de la obras completas del poeta chileno Pablo de Rokha, un volumen del tamaño de un maletín. Dentro del maletín veo cuatro fotos del autor y tres de la mujer del autor (también poeta), luego un página reproducida del manuscrito, la introducción del autor, en la que este dice que ‘al pueblo chileno ofrezco estos poemas’ (o algo por el estilo) y muchos añadidos más. Saltándome decenas de páginas leo: ‘Claman los rostros asesinos su triángulo pálido/ El sol poderosamente clamante en el sistema solar, carro de basura lleno de relámpagos/ La tormenta bélica, en medio del huracán cotidiano, transmite el trueno del ocaso...’ (...)”
“Es un gran poeta, me dice el contertulio. Con ese enorme volumen en la falda, con ese gigantesco objeto..., la grandeza material de la cosa me aplastaba como una bota (...)”
“Además sabía que a cualquier cosa que le dijera de las que quería decir, él contestaría que no entendía la poesía, que no había penetrado en el alma chilena, que no sentía la metáfora o que no percibía la vibración soterrada de la palabra (...)”
“Me fui a casa cargado con aquel bulto, lo deposité en un rincón y al cabo de unos días tuve que recogerlo y devolverlo, y cuando por fin me libré de ese enorme bulto, todavía tuve que balbucear algunas palabras que se fundieron en el cosmos con todas las demás palabras balbuceadas en otras ocasiones parecidas por otros maleteros, para asegurar al maestro de Rokha gloria eterna en las alturas, amén”
martes, 10 de marzo de 2009
Pablo de Rokha treinta años después Por Naín Nómez

Por Naín Nómez
Resulta un lugar común señalar la marginalidad que tuvo la obra literaria y poética de Pablo de Rokha en la tradición literaria chilena. Nacido en 1894 en el oscuro pueblo de Licantén, provincia de Curicó, el poeta asumió desde sus inicios allá por 1916 con sus Versos de infancia publicados en la famosa antología Selva Lírica de Molina y Segura, el destino del relegado, del maldito, del extraño, del desaforado, del que escribe fuera del canon. De sus 38 libros autopublicados en su mayoría y desaparecidos de bibliotecas y librerías, queda un testimonio de vida y escritura enfrentados a una realidad cultural provinciana, que no supo ver las rupturas estéticas y epistemológicas que proponía el poeta. Las tragedias familiares (muerte de su mujer-musa Winétt de un cáncer en 1951, muerte de su hijo Carlos en 1962, suicidio de su hijo Pablo y de algunos de sus mejores amigos como Joaquín Edwards Bello), y su propio suicidio un 1 de septiembre de 1968, sólo vinieron a complementar un periplo de desmesuras incomprendidas y represiones históricas que ponen en cuestión no sólo lo que se entiende por una tradición cultural, sino el destino mismo de sus representantes.
Pablo de Rokha perteneció a un grupo de productores literarios (Neruda, Huidobro, Mistral, Pezoa Véliz), que vivió directamente la contradicción de una modernidad transferida desde Europa a las élites continentales, ligada al progreso desde el siglo XIX, pero también es una marginalidad anunciada estrepitosamente con la estética modernista y reforzada por el tremendismo fragmentario y la crítica a ultranza de los vanguardismos. Frente a un nudo representado y vivido desde un progreso cientificista y tecnológico, que se constituyó cada vez más en un mito altisonante que desgarraba a la sociedad en dos concepciones irreductibles, los poetas buscaron sus orígenes en lo estético y trataron de refundar la historia desde el lenguaje. En este sentido, los discursos rokhianos se instalan en las antípodas candentes de su época, al nuclearse en un discurso movible, caótico y cambiante que buscaba articular vida y escritura, totalidad y sujeto, acción y pensamiento, emoción y razón. Este carácter oscilatorio y "a-rracional" de sus proposiciones discursivas, impidió que la obra de Pablo de Rokha pudiera ser analizada de una manera convincente por una crítica apegada a la funcionalidad de la tradición impresionista. Positiva y formalista, cuyo canon era europeo y cuya base estética se apoyaba en géneros establecidos: la lírica, la épica o la dramática.
El poeta que nació con el nombre de Carlos Díaz Loyola, fue uno de los precursores de la vanguardia chilena e hispanoamericana. Entre 1916 y 1930 desarrolló una escritura, que a pesar de la influencia de románticos y modernistas, se corrobora con atisbos del simbolismo francés, las reflexiones anarquistas tamizadas por el voluntarismo de la filosofía de Schopenhauer y el mesianismo nietzcheano, a lo que se puede agregar su experiencia de la vida ligada a la zona central del país con sus mitos nacionalistas y rurales. En los textos más relevantes de esos años -Los gemidos (1922), U 1926, Sudamérica (1927) o Escritura de Raimundo Contreras (1929)-, se conforman las formas escriturales y los contenidos que reaparecen como obsesiones permanentes en toda la producción rokhiana: la desmesura y exageración de discursos y temas, la visión degradada de la historia humana, la necesidad de una ruptura discursiva para enfrentar la misión suprahumana del vate todavía romántico y maldito, el carácter dialógico de las formas literarias incluyendo los géneros marginales como la diatriba, el discurso político y el testimonio y también discursos orales y épicos.
En el segundo periódo que se despliega entre 1930 y 1950, se desenvuelve el tono épico ratificado por un compromiso político con los republicanos españoles y el comunismo de la Unión Sovietica. Escribe poemas, artículos de opinión, ataca a los "enemigos del pueblo" y pretende convertirse en el gran poeta popular de su época. A partir de 1939 y frente al "ninguneo" de la crítica oficial, inicia su propia revista, Multitud, impresa en gran formato con letras rojas y negras, impregnada del altisonante y batallador estilo rokhiano. En el efervecente clima del Frente Popular de los años 30 y 40, la producción literaria del poeta se integra vitalmente a su vida privada y a sus acciones, todo lo cual conforma una suma cuya finalidad es la búsqueda de la igualdad social, y una sociedad más justa. Desde Jesucristo (1933) hasta Arenga sobre el arte(1944), la obra rokhiana se abre por un lado a los cantos de trinchera, mientras por otro incorpora acontecimientos, personajes y lenguajes populares que buscan crear un mito de lo nacional-popular, que tendrá características únicas en la poesía chilena del siglo. Un ejemplo notable de este tipo es el poema "Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile". Si bien la etapa de creación que va de 1950 a 1968, repite en lo fundamental los temas y formas discursivas anteriores del poeta, también va delineando algunas obsesiones ligadas a las angustias de sus últimos días. Elegías como Fuego negro (1953) dedicada a Winétt o cantos doloridos dedicados a sí mismo, como "Canto del macho anciano" de 1961, darán la tónica a un momento en que el poeta siente que la sociedad lo aísla, que su obra no es comprendida y que el Mito Colectivo que quiso plasmar en sus poemas, culmina a veces en un canto desesperado teñido por el dolor y la muerte.
Si se quiere hacer un sucinto de sus aportes fundamentales a la tradición poética chilena e hispanoamericana, éstos no son pocos. Textos surrealistas como Suramérica del 27, integraciones del cubismo y del futurismo en U y Satanás, el carácter suprapoético de lo nacional-popular como categoría de un arquetipo en la "Epopeya", "Campeonato de rayuela", "Rotología del poroto", el intento histórico de unir lo singular con lo universal en la mixtura de épica y lírica, el uso de formas de escrituras híbridas e impuras que van desde la diatriba y el panfleto hasta las formas epopéyicas, etc. Pablo de Rokha se salta los géneros de la tradición europea y construye un texto complejo, caótico, fragmentado, multidisciplinario y contradictorio, cuya estética representa una nueva realidad, siempre en plasmación. Su escritura es como una herida siempre abierta, manchada, contaminada, cicratizada y vuelta a abrir, desde la cual manan tanto las diatribas como los cantos de amor, los odios y los encantos, los rojos violentos de la sangre como los venenos de la oscuridad.
Fue nuestro padre violento como solía decir Humberto Díaz Casanueva, fue también un blasfemo como dijo cierto crítico, pero por sobre todo un gran poeta desmesurado, de esos bardos de la tribu que son los testigos dolorosos de su época, que pagan la escritura con la muerte. Treinta años después de su holocausto, lo recordamos como el vanguardista utópico, como el patriarca mesiánico, como el militante incansable, como el terrible y torrencial maldecidor que nos dejó la utopía aferrada a la memoria para que no olvidemos.
Rocinante ; noviembre de 1998.
sábado, 21 de febrero de 2009
Poesía de Boris Calderón
PRESIENTO DESDE EL SUEÑO LA ORACIÓN DE LAS CULEBRAS
Dioses de las sombras, huid a vuestras guaridas,
Ha nacido una orquídea en el patíbulo
En sigma, mil serpientes devoraban las estrellas
Furiosos homosexuales se ocultan en las iglesias
Y el sol se ha hundido para siempre en los volcanes
¿Sabéis acaso, príncipes abyectos,
Qué fatídica música enigma mis orgías,
Y qué cítara de infierno aviva las hogueras?
No, no lo sabéis, desventurados.
La fiesta se pudrió en vuestras ojeras
¿Qué suerte de escorpiones nos posee
Si ha caído el último fantasma
Y un planeta de oro gira en torno nuestro?
Amada, tú persignas mis carnes cada noche
Con un látigo de víboras.
Tú me embriagas con el vino que guardas en tus ojos.
Ángeles diabólicos copulan en el fuego y bailan.
¡Ay! Tus labios me maldicen, ¡oh! Siniestra.
Me amapolan tus pupilas
El lirio te diadema en piedra mi Princesa-Cobra.
En la oquedad de la noche
Sólo se oye la oración de las culebras.
Es el sueño…
ME ESPERAS EN LA NOCHE VERDE
De DORMIDOS pozos sépticos, vengo desde el fondo,
Asaltado de piojos y de lacras en la noche verde.
Tú me esperas hundida en el pantano
Con los ojos cerrados, maldiciendo.
Amarrada a mis designios.
El clamor de tu boca convulsiona las estrellas
Y se triza el cielo con tu aliento oscuro.
Soberana silenciosa
Te avasalla mi falo como un lirio de espanto,
Te doblego encima de las tumbas
Y nuestro orgasmo de murciélagos cubre el universo.
Hermosa mía, el oro de tu cabellera
Cae encima de tu frente como una paloma en el océano.
¿Hasta dónde desbordas tus corolas
En la noche aterrada?
¿Quién violenta tu tálamo de mármol?
En al alba tus manos se pueblan de pelos y de anémonas,
El odio te brota por los ojos y la boca
Y lloras de placer sobre la Biblia.
Huye, Desbocada,
Antes que el espanto ilumine nuestro crimen.
MAGNOLIAS NEGRAS
Madre, voy a hablarte de ella,
Quiero derribar el sombrío muro de tu sueño
en esta noche
Para hablarte con la voz de un ciego
Que levanta sus brazos en medio de la luz.
Porque estás conmigo en esta hora
En que un sombrío río de nomeolvides atraviesa las piedras
Y me deja en las órbitas dos cristales opacos.
-La noche se hizo paloma para cubrir la frente
de mi amada muerta-
He aquí la sombra que humedece la voz,
La angustia sorda que escarba los huesos,
Como una perra leprosa comiéndose a sus hijos.
Ya puedo caer, ahora,
He perdido las manos que buscaba, la encendida greda,
tal vez todo,
Porque miro a la muerte como a la más amada.
La encontré en un bosque de asfodelos azules
Donde hacía veinte siglos me esperaba, con sus ojos velados
Como dos alondras dormidas en un pozo.
-¡Era más hermosa que una isla de pájaros!-
La miré, me alcé iluminado sobre las piedras
Hasta sentir en la boca el tormentoso cauce de su risa
Y fue tan fría mi lámpara nocturna…
¡Ay! Te he llamado esta noche en que nada tengo y estoy solo
Como un niño muerto en un campanario abandonado.
Aquí estoy de pie sobre los cataclismos y la furia
Aullando -fiera enceguecida en los abismos-
¡Ah! Desesperado.
Y se abren, estallan mis alaridos en su corazón,
Como la carcajada de un loco en la tumba de su amante.
Te he llamado para darte todo esto… Madre,
Pero no llores, ya nada tengo y estoy solo, y hace hoy
Doscientos continentes
Que la tierra la besa y me la roba.
BAJORRELIEVE
“Me llamo Boris Calderón, aunque ahora ya no existo…”
Este soy yo. Sí, este soy yo. ¿Pero seré yo este hombre
Que parece más el fantasma de un hombre,
El fantasma mutilado de un hombre?
Recién la noche cae aquí en mi frente,
Cae hecha pedazos al fondo de mis ojos.
Alguien se despide de mí, llorando,
Se aleja. Sale desde mí con desvaído gesto,
Con actitud de suicidarse súbitamente
Envuelto en una espesa niebla.
Sin embargo, no sé quién es, no sé quién era,
No sé nada, no sé si era yo mismo, la sombra de mí,
Lo que quedó de mi sombra después que naufragó
En las aguas de mi corazón cierta noche.
Será ese espectro que a veces habla conmigo, como si fuera yo,
Como si quisiera ser yo más bien, para ser otro,
Alguien que esté lejos de sí mismo,
Otro que no pueda saber nada de mí, que esta frente a esta sombra.
Sí, eso puedo recordarlo apenas. Alguna vez,
En otra vida, o en otra muerte quizá, de tantas,
Lo contemplé trazado con gruesos caracteres en el muro:
“Me llamo Boris Calderón, aunque ahora ya no existo…”
¿Y qué es esto, qué significa todo esto, qué importa esto,
Me pregunto, si el hombre anda a tientas maldiciendo,
Llorando fatalmente en busca de sí mismo?
Nadie me vio llorar en medio de la turba entonces,
¿Quién osaría decir, que sabe si he blasfemado entonces,
Si soy el hereje santo, el creyente condenado,
O ese a quién han desterrado del cielo por creer en Dios?
Porque nadie se asomó a este abismo que llevo en mi interior
Como la marca a fuego lento y doloroso, el animal
Cuyos trozos se reparten los cuatreros antes de matarlo.
Todos aquellos que pasaron a mi lado sin reconocerme,
Sin mirarme siquiera, para saber quien era,
Me robaron de las manos un poco de alegría, todos
Se llevaron algo de la riqueza que había en mí para ella
Y la tiraron luego como un vaso de sangre descompuesta.
Por eso ya no puedo darles nada, a ti mujer, a ellos,
Que no sea dolor, que no sea tristeza o soledad,
Vestigios de este hombre que soy yo, que era yo,
De este hombre que pude ser yo algún día
Si hubieras tú llegado en ese tiempo.
Pero nadie estuvo cerca de mío, si no fue para herirme,
Para arrancarme alguna flor que para ti guardaba.
Ahora todos me huyen, me evitan, se apartan, entre sí,
Como de la peste.
La noche cae, cae la noche, palidece, envuelve,
Pero no sé quién soy, quién era, quien no llegaré a ser,
Si alguna vez lloraba sobre tu pecho a solas,
Cuando no tuve ni una flor para ofrecerte.
viernes, 23 de enero de 2009
Los Gemidos de Yanquilandia por Pablo de Rokha

El primer libro del poeta chileno Carlos Ignacio Díaz Loyola mejor conocido como Pablo de Rokha, se titula Gemidos y data de 1922, antes de esta obra, el autor había publicado su poesía en revistas y folletines, entre los cuales se destacan versos de infancia de 1916, antología hecha para Selva Lírica y luego el folletín del diablo de 1920 en revista Claridad, hay otras publicaciones como Sátira, pequeño libro de 1918, empero lo importante de todos estos títulos radica en su carácter, pues pese a tratarse de obras núbiles, pertenecientes a una primera etapa de decantación de la voz del autor, ya el lector puede apreciar la forma que tiene De Rokha para entender la realidad y plantearse frente al mundo como creador e integridad que sostiene una fuerte convicción vitalista.
En sus poemas iniciáticos reconocemos parte de su formación religiosa y su lectura febril de la biblia en el seminario conciliar de San Pelayo del cual fue expulsado en 1911 por su acercamiento a códices blasfematorios, vertiente pagana alimentada por las páginas de Voltaire y la voz de los poetas románticos europeos, en especial los filósofos voluntaristas alemanes que tanto influirían en su cosmovisión, luego aparecerían de manera prominente las ideas anarquistas expandiéndose en sus versos la crítica antiimperialista y el tema social, y es en este último apartado, el social, que no podemos obviar como elemento gravitante de la educación sentimental de Pablo de Rokha, su larga convivencia y cercanía con el campo chileno. Nacido en Licantén en 1894 sus primeros pasos antes de partir a Santiago, los dio en Talca y Curicó en los bordes cordilleranos acompañando a su padre, una figura fuerte que también lo marcaría en su proceder como hombre y poeta. La vida rural, el aire libre, lo trascendental de la naturaleza plagada de paisajes, ruidos y fuerzas que conviven con el hombre, forjador de costumbres, tatuarían su infancia y adolescencia, llegando cada imagen y símbolo rescatado de esos primeros e impresionables años, a elevar esta realidad y sus personajes a la calidad épica de macrocosmos y protohombres respectivamente.
En la fabulación Rokhiana, vemos el mundo rural como una mitología mundana de figuras heroicas, a veces satanizadas, sufridas y abnegadas pero siempre epónimas, fundadoras de una identidad, de un accionar con el cual el amigo piedra (apodo con el cual llegó a ser conocido el poeta) comulga en un sentido Whitmaniano. De Rokha asume el rol de gigante patriarcal bíblico y cósmico, esto se aprecia transversalmente en la obra reseñada, Los Gemidos, pero con especial énfasis en los cantos, podríamos decir uno y dos del poemario, Balada de Pablo de Rokha y Epitafio en la Tumba de Juan el Carpintero.
Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, democrática, trágica, y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló conmigo en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir, los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone al fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naciéndome (Balada de Pablo de Rokha)
Las sencillas gentes honestas del pueblo veíanle al atardecer explicado a sus hijos el valor funeral de las cosas del mundo; anochecido ya, cantaba ingenuamente junto a la tumba del rorro, -- un olor a virutas de álamo o quillay, maqui, litre, boldo y peumos geniales perfumaba el ambiente rústico de la casa, su mujer sonreía; no claudicó jamás, y así fue su existencia, así fue su existencia. (Epitafio en la Tumba de Juan el Carpintero.)
Esa idea panteísta de ultravalorización del cuerpo y las raíces con el universo, es la que se opone como fuerza dinámica, como furia desatada a un mundo artificial y mecánico, alienante y de relaciones tipográficas, frió y a la moda. En el poema Edison (La vida práctica) parte del canto a Yanquilandia, el hablante creado por De Rokha, acribilla los principios tecnocráticos de relacionalidad que rigen a la cultura americana a principios del siglo XX, mismos que se proyectan hasta nuestros días como una ideología empresarial del consumo y control.
Nacimientos por teléfono, defunciones por teléfono, matrimonios por teléfono, toda la epopeya, toda por teléfono, enamorarse radiotelegráficamente, vivir y morir en aeroplano, cien, doscientos klmtrs. sobre el nivel de los viejos valores humanos, los viejos valores humanos, existir a maquina, conocer a maquina, recordar a maquina, ver a maquina, a máquina, el espectáculo gris de los ángulos (…)
Podemos apreciar como todas las dimensiones del hombre, desde el nacimiento a la muerte, sus valores, lo más abstracto de su ser hasta las actividades primarias, laburo y economía, la epopeya completa de existir y las principales instituciones de una comunidad, el matrimonio y el ejercicio básico de los sentidos, están atravesados por adjetivos que reflejan una visión sistematizada y atomizante del ser humano y su comunicación.
(…)mesurar los fenómenos sentimentales, intelectuales, sensacionales, adoptando el sistema métrico-decimal como unidad inicial, como unidad inicial y el dolar como fin, casarse por sport, matarse por sport hacer reclamé a los pechos divinos de las niñas y a1 vientre de la viuda, ir cinematografiándose a lo largo de las tristezas diarias convertido yo, el hombre, yo, el hombre, yo, el hombre convertido en errantes panoramas efímeros, panoramas efímeros y temas azules.. (--País de LOS DIVORCIOS! . ! . . ) (Edison)
El gigante imperio en esa medida es representado por sus falsos profetas con sus respectivos recetarios de éxito, Woodrow Wilson, Rockefeller y P. Morgan son algunas de las personalidades que De Rokha resemantiza como significantes de un mundo degradado. Entes que proclaman su verdad desde una aparatosa tribuna de barro y grandes orgullos de cemento y metal, coliseos, puentes, milagros de la arquitectura que sumados aplastan al hombre común con su retórica sofista y millones en dólares acuñados por la potestad del sello y burocrático papel.
A la imagen de Norteamérica imperial se le opone una gran figura como representante de la verdadera cultura y saber nacional de ese país, los principios trascendentales de Emerson y la vida en los bosques de Thoreau, padre de la objeción de conciencia, se sintetizan en los pasos enarbolados de un gigante digno de ser laureado, Whitman no es un hombre o simple poeta, es una energía del universo reconocida por seres vivos e inertes, por rocas, excremento, hormigas, elefantes y cuerpos celestes como un hermano, como un padre, como una voz inmemorial y el poeta nacional al seguir sus pasos, busca esa amalgama legendaria y democrática con el cosmos.
Como un Dios que edificase poemas a bofetadas mentales, Walt Whitman está sentado, está sentado sobre la majestad de la vida con el entendimiento del coraz6n en Yanquilandia, la pierna derecha en Pekín y la pierna izquierda en Berlín, todo el cuerpo sobre TODO el mundo, jugando poker con los muertos sobre el tapete azul de lo infinito, platicando con las estrellas y oyendo, oyendo, oyendo los ruidos cóncavos y trascendentales de la época, (…)
Le dicen las hormigas: salud Walt Whitman!... los honestos elefantes extensos: cómo estás hermano? y las tortugas, los sapos, el Rey de las Españas, los mendigos, los parlamentarios, las vacas, el Presidente, los caballos, los obispos, los cocheros, la luna, los excrementos le dicen, le dicen golpeándole la espalda: hermano Walt Whitman, Walt Whitman, Walt Whitman eres NUESTRO hermano, NUESTRO hermano Walt Whitman. (…) (Walt Whitman)
Por aquel afán de constituir una voz totalizante e integradora, capaz de fundar una identidad y cultura en la palabra, se debe reconocer a De Rokha con sus Gemidos como padre de la poesía chilena, inaugurador de una voz única tal como lo fueran Vallejo en Perú con Trilce, Maple Arce en México como fundador del estridentísimo con su obra Andamios Interiores o Girondo en Argentina con XX poemas. Pues la utopía que se plasma en su decir no se agota como una quimera desembarazada del hombre y su dolor, no es un escapismo, sino una confrontación con el acto prodigioso de existir y luchar la vida, como dice el autor, aún cuando se conciba todo intento como un fracaso anticipado.
La Batalla de la vida va perdida desde la cuna sin embargo lo heroico es ganarla.
Y en esa lucha de ideas, en esa dialéctica de la poesía como arma y hogar, como cuna y tumba, se gestan juicios contradictorios y severos hacia la universalidad humana en su plenitud, por tanto los líderes de Yanquilandia no son la excepción, los presidentes y empresarios y sus ciudadelas del capital como Chicago, son grandes moles sustentadas por una filosofía bursátil y carnívora.
Situado en la estupenda, la, estupenda tribuna mercantil de Washington, predominando sobre Ias vagas colinas del Derecho de ayer y sus tabladillos intercontinentales, mirando hacia ninguna, ninguna, ninguna- parte Woodrow Wilson lee la biblia a los pueblos modernos. *** Y sus tristes mentiras suenan como las músicas anacrónicas del barrio, rurales, otoñales, dominicales y la voz lluviosa de los muertos en las trágicas tardes trágicas de la época. (Woodrow Wilson)
El comportamiento eversivo se resume en el proceder de la bolsa de comercio, los clubs y cines repletos de hombres y mujeres carentes de vísceras, sintéticos sportmans, dandys y bailarinas de foxtrot, atrapados por la pantalla grande y el encandilamiento voraz de sus vestimentas y ademanes que dirigen su accionar hacia este tercer mundo necesitado de discursos y mitos, bailes y señoritos falsificados que venden al crédito y con los más altos intereses, una identidad.
Capital: 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 de dólares. ¿Quiere usted, quiere ud. Transatlánticos, momias, feto, hombres, momias, fetos, hombres, dinamos, ferrocarriles, tractores, camiones, motores, rameras, gusanos, automóviles, yodosalina, catedráticos, vacas Holstein o Dirham, sabiduría en inyecciones hipodérmicas, honradez a la cocotte, arte puro, arte embotellado por nosotros en las botellas mahometanas del tipo Alah, presidentes especiales, especiales, especiales para Sudamérica, o cualquiera otra maquina, animal, manufactura, cosa por el estilo?... escriba a : U.S.A. Company, U.S.A., pidiendo catálogos, pidiendo catálogos, pidiendo catálogos. (U.S.A. Company)
Con la muestra de estos poemas del libro Los Gemidos y en específico del canto a Yanquilandia, vemos como se inaugura lo que será su potente y fructífera creación que supera la cuarentena de libros, podemos además percibir ya en ese entonces, los ribetes extremos de un autor polémico, abismado por lecturas anticanónicas lo cual lo hacia diverso a sus pares en su talante, convicción de enfrentar la realidad y ánimo creativo.
Ideológico y contestario las profundas convicciones de Pablo de Rokha lo opusieron a la crítica no preparada para comprender y respetar su trabajo en la diversidad de su propuesta, tal como ocurrió con otros adelantados en Chile, Juan Emar por ejemplo. La reticencia del medio hasta el día de hoy, incapaz de aceptar o desplegar estudios adecuados a una obra de tal magnitud son prueba irrefutable de la incomprensión e indiferencia, sin embargo algo se ha avanzado por el esfuerzo de estudiosos como Nain Nomez o ediciones como la reciente publicación de El Valle Pierde su Atmósfera de Editorial Cuarto Propio, dedicada a la figura de la gran poeta y esposa de Pablo de Rokha, Luisa Anabalón Sanders, también conocida como Winett de Rokha. Musa inspiradora del autor y fuente de su más descarnada ternura.
Filosofando caminas sobre las tumbas del planeta Reíste a los tres días de nacer, dulcemente de nacer, porque ya eras madre de lo creado y abuela de los muertos. Paz, sonora canción nacida de un tajo hecho en la tierra, sin héroes o niños divinos antes de ayer. Y manas sangre de árbol-árbol con olor a surcos llenos de simiente. Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces. E iluminas el camino hacia el hombre distante. Desengañada te crees y tus días son cuentos para niños. (Epitalamio)
La obra del poeta por tanto, podemos calificarla a grandes rasgos como una trabajo post-vanguardista, aún cuando contextualmente el poeta se haya inmerso en el boom y decadencia de los grandes -ismos, lo que brilla con preeminencia en sus páginas es la presencia de recursos antipoéticos, híbridos e hiperbólicos que se debaten entre una visión mítica, totalizadora y metafísica de la realidad, del ser como parte del todo universal y en esa medida como consciencia comunicante del cosmos a través del lenguaje, del canto poético constituido por una intertextualidad mesiánica y parabólica con el génesis y otras figuras como el culto ditirámbico a Dionisio, para luego figurarse ambivalente y contradictoria como una razón descreída, fatal, al tanto de su precariedad y el dolor de enfrentar el fracaso como una posibilidad irreductible lo cual nutre su expresión con elementos grotescos, carnavalescos de glotonería y escatología, rompiendo con una concepción unitaleral de belleza y lirismo, optando por el balbuceo, la fragmentación y la vertiente erosionada de la palabra como prosa que revela en su fluir de ideas. conectadas por la reiteración y solidaridad del hablante, una razón escindida y cruzada por una disparidad de voces que se van superponiendo como un gran muro profético y expresivo que hace de lo popular un universo y lo cósmico un sentir y proceder.
En conclusión Los Gemidos y cada canto que compone su necesidad irremediable, intrínseca y fatal de hacer poesía con el azar de los sucesos, como quien respira, bebe o anda, hacen del poemario la primera pieza madura y monumental del autor, su carácter totalizador se aprecia no sólo en el volumen del texto sobre las trescientas páginas sino por la cantidad de temas que abarca desde un profético y mesiánico yo que vidente se debate entre su naturaleza cósmica y panteísta como fuerza egregia de la naturaleza hasta su capacidad fértil de fundar la realidad por medio de la palabra y confrontar la mundanidad y sentir precario de un ser condenado a ser devorado por la nada que sin miedo y en su ley, tal como Juan el Carpintero vivió setenta y tres años sobre la tierra amando su oficio con la honorabilidad del hombre decente, juzgando a peones y canallas, hombres y sociedades, según el ejercicio y consagración de su espíritu.
Autor: Daniel Rojas Pachas
Publicado en: Cinosargo
viernes, 2 de enero de 2009
Una nueva selección de libros sobre y de Poesía Chilena
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Carmen Berenguer: Bobby Sands desfallece en el muro

