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sábado, 7 de julio de 2012

NICANOR PARRA Y LA POESÍA COLOQUIAL [por LAURA BROITMAN]

7/07/2012 05:38:00 p. m.




 NICANOR PARRA Y LA POESÍA COLOQUIAL
                 

                     Nicanor Parra (Chile, 1914) acaba de recibir el premio Cervantes en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).
              Es el creador de la "anti poesía" (Poemas y antipoemas, 1960) y esto significa una elección lingüística, una toma de partido que tiene que ver, sobre todo  con la coloquialidad. Parra tiene una forma de tratar el lenguaje de una manera sencilla, lo que no significa simplista, sino exenta de la parafernalia tradicional, metafórica. En su poesía se nota una intención literaria que se refiere mas a la manera de decir, que a la expresividad o la estilización.
 En toda su obra, Parra se juega por un lenguaje que  deja de lado las connotaciones propias del lenguaje poético cargado de significado y opta por una coloquialidad simple y directa.
   La comunicación se establece, entonces, de esa manera directa, sin los adornos lingüísticos, sin los estilismos tradicionalmente adjudicados a este tipo de lenguaje, transmitiendo, de esta manera, una elección literaria. Cual es esta elección? la del lenguaje, la del lenguaje poético que , descarnado, logra esa identificación, esa mirada irónica que llega, a veces, hasta el humor, como forma transgresora, contestataria, de la poesía.
     No es que Parra en su poesía no utilice todos los recursos del lenguaje poético, de hecho usa la metáfora, la laterización a través del lenguaje, etc., etc., no estamos hablando de una poesía ingenua, sino de una erudición que se manifiesta a través de esas opciones literarias que transforman esa imaginería en necesaria e imprescindible.
  La mezcla de poetizar lo cotidiano y cotidianizar lo poético, resulta en una manera familiar e identificatoria de hacer poesía.
 
  Como ejemplo van dos pequeños poemas tomados al azar. Son muchísimos y en todos ellos la coloquialidad, la transgresión y la ironía forman un todo característico de su poesía, que dan muestra irrefutable del merecimiento del premio (los premios) adjudicado.

                           LA MONTANA RUSA

            Durante medio siglo
            La poesía fue
            El paraíso del tonto solemne
            Hasta que vine yo
            Y me instale con mi montana rusa


           Suban, si les parece
           Claro que yo no respondo si bajan
           Echando sangre por boca y narices.

                                                    (De "Versos de salón", 1962)




                                         OJO CON EL EVANGELIO DE HOY

            Ojo con el evangelio de hoy
               El que habla no sabe
           El sabio chino se mantiene en silencio
           Mas de 3 sacudidas es pagina
           2 paralelas que se cortan siempre
           Constituyen matrimonio perfecto
           Rio que fluye contra su propia corriente
           no llegara jamás a feliz termino
           todo está permitido
           libertad absoluta de movimiento
           claro que sin salirse de la jaula
           2 + 2 no son 4
                               Fueron 4:
          Hoy no se sabe nada al respecto.

                                                                      (“Hojas de parra" 1985)

            Tanto en prosa como en poesía el uso de la metáfora se ha extendido, y, si bien, en la prosa es usada para clarificar conceptos, o sintetizar los elementos de la imaginación, es en poesía donde alcanza su mayor significado.
  Pero, que es lo que hace que algunas imágenes literarias sean vulgares, pretensiosas, aunque puedan de alguna manera, apelar al ingenio?
  Hay metáforas ricas que provocan  nuevas experiencias, que hacen referencia a hechos compartibles, globales. Pero la apelación a propiedades o características concretas acotan la metáfora haciéndola más pobre, porque no dan tanto juego a la imaginación  y a las posibilidades de relacionarse con otras cosas.
 Cuanto menos rica sea una metáfora, cuanto más limitada por las convenciones lingüísticas este , cuanto menos constituya una desviación de esas normas lingüísticas, menos interpretaciones generara, teniendo una sola como la más acertada, transformándola, entonces, en lugar común(aunque este lugar común pertenezca a una reducida comunidad cultural)
  Cuanto más una imagen sea critica y persona, mas fermental será y no se atara a un solo significado.
  Sobre todo , la metáfora tiene como función el placer estético. En la medida de que el placer que proporcione una imagen deje de estar en el terreno de la estética, cuanto más el placer que proporcione tenga su referencia en hechos extra estéticos, es decir, cuanto más la sonrisa cómplice que provoca remita a lo compartible por una comunidad en un nivel convencional, pecando de pretensioso o coyuntural, más alejado del placer que lo poético pueda proporcionar como hecho estético. Esto no quiere decir que el hecho estético de aleje de la "verdad" en cualquier terreno que esta se dirima. La verdad estética no hace concesiones a la pretensión, al snobismo o a lo políticamente correcto.
  La noción central es   la del significado que le da a la imagen el hablante, el significado que le da a las expresiones metafóricas utilizadas, que pueden coincidir o no con el significado convencional.
 En ese sentido de necesario y estéticamente placentero es que Parra utiliza la metáfora o la imagen poética en general. Ese es el punto de ruptura de la poesía coloquial de Parra.
 Ese es el por qué  de que esta poesía, utilizando los recursos que el lenguaje poético tiene a su disposición, se diferencia del resto.
  No es el único, afortunadamente, pero vale la pena saber distinguir entre conceptos, recursos, opciones estéticas, aparentemente similares pero cuya realización, cuya puesta en acto, marca las diferencias.

                                                                                  LAURA BROITMAN
                                                                                                    

                        

                                           

                        
            

martes, 13 de diciembre de 2011

Después de Parra, ¿qué? [por Rolando Gabrielli]

12/13/2011 07:19:00 p. m.

Volvamos a la escena del crimen. Hace algunas dècadas debieron otorgarle el Premio Cervantes a Nicanor Parra. Los lauros tienen su historia. Borges no recibió el Nobel y debió compartir el Cervantes contra los reglamentos del propio certamen
. Su compañero de lauro, el poeta Gerardo Diego, pagó las consecuencias años después en 1984 cuando se encontró con el autor de Ficciones y éste lo ignorò. Borges soy Gerardo. Borges no contestó. Soy Gerardo Diego, insistió. Y Borges desde lo màs hondo del sarcasmo y la ironía borgeana le respondió. ¿Es Gerardo o es Diego? Cosas veredes, Sancho, en la tierra del Quijote.
Una anécdota en la ruleta de los premios que a veces consagran la mala leche de un jurado o su silencio feroz, que es la misma antesala de un supuesto olvido.
Parra decidió hace años esperar la gloria o el juicio final de la poesía chilena entre Cartagena e Isla Negra, en la plácida y benigna zona costera de Las Cruces. La primera gran contradicción de Parra frente a P.Neruda, fue gritar a los cuatro vientos: Viva la cordillera de los Andes/muera la cordillera de la costa, donde vivía el autor de las Residencias y ahora alli reside Nicanor, esperando ser el mejor poeta de Isla Negra. Ha reconocido pública y privadamente, que siempre Neruda fue un problema para él y que allí está el origen de la antipoesía. Todo esto y màs, es ya conocido y reiterativo, forma parte del repertorio parriano. Lo que no deja de sorprender es la obsesión por Neruda, es un verdadero longplay a lo largo de màs de medio siglo, y Parra tal vez desconozca que a Borges le sucedía lo mismo.
En Borges, la bitàcora que escribió su amigo Adolfo Bioy Casares, hay varias referencias al poeta chileno. La última es del 7 de marzo de 1984. Neruda ya había muerto hacía casi 11 años. "Veo a Borges, dice Bioy, en la televisiòn, en diálogo con Antonio Carrizo. Desafía a Carrizo a recordar un buen verso de Neruda." De paso censura a Quiroga, Arlt, la Mistral. Las referencias a Neruda son diversas y denotan, cuando menos, una curiosa ocupación por el quehacer poético del colega trasandino. Curiosamente Borges también dijo de Parra cuando le preguntaron por él, que nombre tan feo, como alguien se puede llamar así. Parra le dedica un poema irónico a Borges.
Quédate con tu borges .
él te ofrece el recuerdo de una flor amarilla
vista al anochecer
años antes que tú nacieras
interesante puchas qué interesante
en cambio yo no te prometo nada
ni dinero ni sexo ni poesía
un yogur es lo + que podría ofrecerte.
Poesía cotidiana, coloquial, popular, antipoesía, para algunos lenguaje simple, directo, una suerte de democratización del poema, pero recuerdo que Parra me decía que el creía en un hablante piscológico de cinco pisos. Y pienso que allì está su mejor poesía, aunque no se puede diseccionar a un poeta, su obra por parte como si se fuera a rellenar un pavo. Aunque es inevitable. Ahora que Parra lleva desde 1973 haciendo sombra con Neruda en solitario, su obra y todo lo que le rodea y que prácticamente ha quedado solo con la muerte de otro referente y adversario en su tiempo, Gonzalo Rojas, es muy poco lo que podemos esperar. Su discurso para el 23 de abril, puede ser una pieza antológica o un gran chiste. Me inclino, porque en medio de la humildad, y circunstancias fijará posiciones dentro de la poesía.
Se comenta que es el último grande, es probable, en la tradición chilena de la poesía innovadora y también del poeta tribuna, aunque Parra se ha retirado aparentemente, pero sus dardos están ahì.
Dice, Parra, que no escribe, que copia lo que dicen los niños, lo que lee en los muros y caminos, toma apunte sobre las voces que llegan a sus oídos endecasilábicos.
Gonzalo Millán, uno de los poetas más originales de Chile, desaparecido tempranamente, poeta mudo, según Enrique Lihn, dijo que no se puede escribir como habla la gente. En una entrevista del 2006 a Javier García del diario La Nación, (a menos de 50 días de su muerte) Millán se refiere al tema de la antipoesía al cual se le solía vincular: "–Creo que la antipoesía está rodeada de muchos mitos. Hay una visión de que las cosas ocurren en sucesión, pero cuando leía a Nicanor Parra, también leía a Pablo de Rokha. En general, me atraían las imágenes disonantes, no tanto el lenguaje coloquial. En ese tiempo me interesaba Armando Uribe más que Parra, porque en Uribe había un trabajo con el verso, y a través de él llegabas a Ezra Pound y Wallace Stevens. En cambio, la antipoesía se hace pasar por poesía espontánea, porque aunque Parra quiere que escribamos como hablamos, eso nunca se logra. La poesía no se encuentra tirada en la calle ni es inspiración, sino que se construye".
Millán ha sido indiscutiblemente un constructor tenaz de poesía, un poeta que asumió la palabra y la vida, y su ojo se detuvo espaciosamente en todo, con morosidad y la yema casi inflamada de sus dedos, habla de sus días azarosos, intermitentes frente a la página en blanco, sus eternos desvelos. En esa contra-corriente del trabajo con el lenguaje y distanciándose del facilismo poético, veo a Uribe, Rubio, Hahn, Silva Acevedo, Waldo Rojas, Welden, por citar a algunos muy conocidos, aunque màs atrás, Gonzalo Rojas, Lihn y Teillier, se clasifican en esta apuesta de "trabajar la poesía" como si todo estuviera escrito. Una labor de topos en una topografía difícil como es la geografía y escritura chilena, por su riqueza, complejidad y abundancia de poetas.
Parra trabajó en ese mismo orden, buscando, ensayo y error, escribiendo en el día a día, me consta, lo veía rascarse la cabeza frente a sus cuadernos cuadriculados, haciendo apuntes, rayando, verdaderas ecuaciones, explicándose a sí mismo como frente a un pizarrón, "por dónde va la cosa". El profesor Parra se preguntaba hacia dónde iba la poesía y su tarea era encontrarle la quinta pata al gato. Hace muchos años que Nicanor Parra puso sus cartas sobre la mesa. Ya no hay gato encerrado, como diría el propio antipoeta. Trazado dejò un camino, pero una ruta se bifurca en otros senderos y surgen nuevos caminos.

miércoles, 9 de junio de 2010

El Príncipe de la antipoesía

6/09/2010 07:34:00 a. m.

Principe_de_la_Antipoes_a.JPG

ESCRITO POR ROLANDO GABRIELLI

En unas horas el jurado internacional fallará en Oviedo, España, el Premio Príncipe Asturias de las Letras. Han quedado sólo tres candidatos, Nicanor Parra, Amin Maalouf y Ana María Matute, a un lauro que ya lo obtuvieron--- Susan Sontag, Juan Rulfo, Arthur Muller, Günter Grass, Doris Lessing, Mario Vargas Llosa, Gonzalo Rojas, José Emilio Pacheco, Amos Oz, Augusto Monterroso, Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Francisco Umbral, Margaret Atwood, entre otros escritores, que también han ganado el Premio Cervantes y el Nobel.

Un jurado de 20 escritores, críticos y académicos tendrán la responsabilidad de premiar lo universal y lo nuevo de una obra que supera todas las fronteras y se afinca en la renovación del género y la lengua.

José Saramago, Harold Bloom, John Le Carre, el director de la Real Academia Española, Víctor de la Concha, Javier Marías, Arturo Pérez Reverte, la decana de Humanidades de la Universidad de Harvard, Diana Sorensen y Elena Poniatowska, tienen en sus manos, entre otros, esta difícil decisión de premiar a una cuentista española, a un narrador francófono de origen árabe o a un poeta chileno, que ha renovado la poesía en idioma español.

La deuda con Nicanor Parra y su poesía para el idioma español es del tamaño de la muralla china, y así lo comprendió tardíamente la editora catalana Carmen Balcells, quien acaba de editar una antología sobre la antipoesía parriana bajo el título: Parranda larga. Buen título, Parra cumple 96 años el 5 de septiembre y Harold Bloom dijo que ya hace 20 años debieron darle el Premio Nobel.

Es poco leído en España y menos entendido, aunque es el único que ha renovado la lengua de Cervantes después de Darío y Neruda, en poesía, un género cada día más sospechoso en el siglo XXI. Conspira contra Parra, quien influyó en Beatniks, tomó el relevo de Neruda desde su propia perspectiva, el "descuido, olvido y el desconocimiento que se tiene aún en España de su poseía, no en América, ni Estados Unidos, inclusive en Francia, Inglaterra, Rusia" Altamente sospechosa esta página en blanco parriana que recién comienza a escribirse en España. Parra nos habla y alerta hace muchos años sobre este mundo kafkiano en descomposición, desintegración, alienado y que se desintegra a pedazos.

Amin Maalouf, por su vínculo con la religión y la diversidad de culturas, puede ser uno de los favoritos de alguno de los jurados e inclinar la balanza a su favor, por la "moda temática".

El jurado puede dar un voto salomónico, premiar al franco libanés turco con Parra, o simplemente decantarse por la española Matute. En diversas notas divulgadas por la red en los últimos 7 u 8 años, y algunas recientemente en los Blogs del diario El País, he comentado la obra de Parra y lo he propuesto para el Cervantes, un premio que le calza como a pocos por ser un renovador de la lengua. La cocina de los premios es compleja, no todos conocen los ingredientes de cada autor como debiera ser, los gustos y objetivos son tan personales. En las notas que he leído al voleo en las última 10 horas, Parra no asomaba caso como candidato, alguien sacó su As de Oro de la manga. Este premio es un honor para el idioma español, la poesía, Chile y el mundo hispano. Roberto Bolaño es deudor reconocido de la obra de Parra y Nicanor agradecido que lo haya puesto en valor el notable narrador chileno.


http://rolandogabrielli.blogspot.com/



jueves, 29 de abril de 2010

Parricidio presidencial

4/29/2010 07:33:00 a. m.


No leen a Nicanor en Chile,
y en España, lo publican
a los 95 años
cuando ya se evaporan las palabras
y los crisantemos recorren tumbas ajenas.
Oye, la muerte se pregunta si esto es cierto,
hay trenes que nunca se detienen.
Muchos no saben
si está vivo o muerto,
y si no murió, me pregunto,
en el terremoto de Chillán
que hundió la ciudad bajo los muertos,
ni en el de Concepción del 2010,
cuando el eje de la tierra giró
en el año del bicentenario,
¿por qué su Excelencia
lo baja a la tierra humilde y soleada,
como si la poesía muriera
a deshora,
por omisión,
o antes de tiempo,
de olvido?
Su antipoesía negra oscura violeta,
atraviesa la geografìa del poema
copulando entre las rosas
con su polen al viento.

Rolando Gabrielli©2010


Del epilogar

El Presidente de Chile, Sebastián Piñera “mató” esta semana al poeta Nicanor Parra y citó a Robinson Crusoe, el novelesco personaje de Daniel Defoe, como si hubiese sido un hombre de carne y hueso.

Se trata de los más recientes “lapsus” del mandatario, que comienza a aparecer con cada vez mayor frecuencia en medios electrónicos o redes sociales como protagonista de metidas de pata que lo convierten en blanco de bromas.

Este viernes, al inaugurar una feria literaria con motivo del Día del Libro, Piñera dio por muerto a Nicanor Parra, el creador de la ‘Antipoesía’, que a sus 95 años sigue vivo en el pueblo costero de Las Cruces y de quien acaba de salir a la venta esta semana la antología “Parranda Larga”.

“Podrán encontrar en esta feria lo mejor de nuestra literatura, lo mejor de nuestra creatividad, lo mejor de nuestro talento, partiendo por nuestros Premios Nobel, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, siguiendo con nuestros premios Cervantes como es el caso de Gonzalo Rojas y mi amigo Jorge Edwards que está presente con nosotros”, dijo Piñera en su alocución.

“También algunos que ya nos dejaron, como es el caso de Vicente Huidobro, Pablo de Rokha o un gran antipoeta, como es Nicanor Parra”, añadió.
Agencia Efe de España

http://rolandogabrielli.blogspot.com/



jueves, 26 de marzo de 2009

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA DE NICANOR PARRA

3/26/2009 06:39:00 p. m.

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA DE NICANOR PARRA por Enrique Lihn

(En la revista Anales de la Universidad de Chile,
año CIX, números 83-84, 1951)

El autor de este estudio limita su trabajo a la última etapa de la poesía de Nicanor Parra, representada en la selección por poemas como "Soliloquio del individuo", "Los vicios del mundo moderno", "La víbora". Sus puntos de vista no son válidos para los restantes poemas sino en la medida en que éstos constituyen la expresión de una personalidad excepcionalmente no contaminada por escuelas literarias. En la selección adjunta han sido incluidos con el objeto de que el lector tenga una visión lo más completa posible de la personalidad aquí parcialmente soslayada.

Un poeta es un ser que vive pensamientos y piensa vida. Lo asume todo pasivamente y lo expresa todo a través de la actitud propia del creador. Su vocación es, pues, en algún grado, trágica: experimenta en carne propia lo que el común de los mortales se limita a enunciar como mera consecuencia de una proposición dada, toda disminución o aumento de su patrimonio humano.

El hombre no se distingue radicalmente de las demás especies vivas sino en virtud de su libre albedrío. Sin libertad no hay moralidad. Ambos conceptos son correlativos, reconocer la validez de uno en detrimento del otro, signfica negarles toda realidad. Al elegir, el hombre se sitúa matemáticamente, quiéralo o no, en el lugar que le corresponde como tal. Se transforma en un ser moral. Pasa de objeto a sujeto, de determinado a determinante. No importa lo que haya elegido. Basta que haya elegido. Puede, por ejemplo, decidirse por la negación de la libertad, vale decir por el escepticismo respeto a toda norma de validez universal, por la inmoralidad, etc.

Esta tabla de posibilidades y valores es menos elástica cuando quien elige es un poeta. "La poesía, anota Tristan Tzara, es, ante todo, antes de llegar a ser un poema, un sentimiento, una cualidad de las cosas, una condición de la existencia". La realidad interior y exterior se necesitan para sintetizarse en la palabra creadora para constituirse en una realidad de verdad. La una, desprendida de la otra, no es sino un fantasma frente a otro fantasma. El poeta elige, pues, el más difícil de los caminos. Debe romper el círculo de la conciencia, usar de la libertad para perderla, e intentar a todo trance, a través de la expriencia inmediata, recuperar el mundo objetivo. Quiere, en su pura idealidad y materialidad, que su espíritu, como dice Scheller proponiendo una definición de este concepto, sea determinado por las cosas mismas. Su suerte es la de un hombre que regresa a su más hondo bien, impreciso y lejano.

En este regreso inserto yo la poesía de Parra. Su actitud es la de un hombre que recupera trabajosamente un mundo al cual se siente íntimamente unido y desgarrado. Ha dejado tras sí el reino de sus propios fines, pero no está seguro de llegar a ninguna parte. De aquí sus freceuentes recaídas en un escepticismo que se deleita triste y morbosamente consigo mismo. Es el humor negro, una suerte de empequeñecimiento que linda con lo ridículo, que hace reír mientras más se ensaña con lo que toca. Es curioso observar cómo este poeta se acerca a la realidad. De pronto parece situarse en ella de lleno, aceptarla y comprenderla en toda su extensión. Describe el mundo y lo ordena de acuerdo a una rigurosa concepción moral. Lo fustiga con el latigo de su elocuencia. Lo pone frente a su propia imagen para que se averguence de sí mismo. Todo esto parece muy claro en "Los vicios del mundo moderno". Sólo que, en mi intención de mostrarles a ustedes el aspecto problematico de la posición de Parra: su intento de recuperar un conocimiento objetivo de las cosas, un orden que no provenga únicamente de sí mismo, me he remitido por varias razones al "Soliloquio del individuo", poema que analizaré más adelante.

Por de pronto, "Los vicios del mundo moderno" es la obra más madura de Nicanor Parra. Con ella culmina un proceso que, por razones de claridad, resulta preferible presenciar durante su desarrollo, allí donde se muestre menos irreductible. "Los vicios del mundo moderno", es una vasta tela en que se manifiestan todos los recursos de su autor. Nicanor Parra sustenta una estética que lo coloca al margen de nuestra tradición literaria. "La función del idioma, ha dicho, es para mí la de un simple vehículo y la materia con que opero la encuentro en la vida diaria". Reivindica así una adecuación rigurosa entre la experiencia y la expresión. Pero la experiencia para él consiste en una toma de contacto con el mundo objetivo y no la mera constatación de sus estados íntimos. Relativiza el sujeto a la luz del objeto e intenta superar su antagonismo situándose, por momentos, en un plano sobreindividual. Desde allí se siente capaz de juzgar a los hombres, a partir de una imagen de lo que es el hombre, de lo que debe ser. Suspende la necesaria relatividad de todo juicio, relatividad a que nos ha llevado nuestra caída en la existencialidad, en la libertad y gratuidad de nuestra conciencia, para remitirnos a un tribunal en que el bien y el mal son categorías inamovibles de una conciencia trascendente. El se siente invadido por esta conciencia que le traspasa parte de su dignidad. Pero duda en todo moemento de ser infalible. Moraliza sin convicción ninguna, y cuando hace una pintura crítica del mundo moderno, introduce en ella elementos destinados a restarle toda seriedad. Lo mismo sucede cuando, de súbito, aparentemente sin solución de continuidad, empieza a enumerar los vicios que han llevado al mundo a su descalabro. En esta numeración se pierde el tono ético, sobrio y riguroso con la intromisión de elementos desconcertantes. Entre la primera y la tercera parte del poema, la lista de los vicios -que implican virtudes- es como una torre de Babel; no llega al cielo porque la unidad de su proyecto se descompone en la multiplicidad. Todo esto es, naturalmente, de una gran calidad poética. Pero, ¿se proponía el autor nada más que conseguir esa calidad para su obra? Valéry afirmaba que la poesía era para él un medio de transformarse. No escribía por el mero placer de hacerlo. Tampoco Parra profesa un culto exagerado por la creación que se basta a sí misma. El arte por el arte lo deja, más que a todos nosotros que ya hemos superado esa posición absurda, completamente frío. Les propongo a ustedes una respuesta. El poeta de "Los vicios del mundo moderno" aspiraba verdaderamente a juzgar este mundo en que nos debatimos. Era una empresa descabellada y terminó por reírse de ella a falta de otra salida. El ser del hombre se le desvaneció tan pronto como creyera revelarlo. Había venido a profetizar el advenimiento de un orden trascendente; alrededor suyo se reunieron los ciudadanos del mundo y él quiso hablar como lo hicieron sus grandes predecesores. Homero, Arquíloco, Jenófanes, no sólo eran poetas. Legislaban, imponían un orden y profetizaban, llegado el caso, el advenimiento de un orden superior. Pero Nicanor Parra es un poeta contemporáneo. Cambió su proyecto (acaso este cambio y el proyecto constituyan una sola cosa) para entregarse a un juego, por lo demás muy necesario. Pintar el mundo tal cual es, y no como debiera ser.

Nicanor Parra rehuye a todo trance el tono profético. Un profeta es un hombre de orden. Viene al mundo a sustituir el caos por la forma y la estructura de todas las formas posibles. Cree en el hombre y en su posibilidad de alcanzar un fin sin el tono profético, pero no puede dejar de sentirse invadido por él algunas veces. Su sentido de la realidad le inserta un tono ético a su obra, un velado carácter de auténtica solidaridad con cierta poesía normativa, propia de los grandes poetas griegos, por ejemplo, y en general, de todos aquellos que asisten al nacimiento de su pueblo, en medio de la alegria, de la juventud y el trabajo constructivo. No en vano fue influido, según palabras suyas, por Walt Whitman, en el amanecer de su poesía. Se vio obigado a desechar esa influencia obedeciendo el más grande de los imperativos que todavía conserva su frescura inicial: conociéndose a sí mismo, descubrió la dirección en que debía proseguir su obra. Pero la profecía, la certeza y el anhelo de un orden permanente, no sometido a los vaivenes del capricho y del azar, duermen en ella y despiertan transmutados por una ironía cruel, melancólica.

Hay poemas de Nicanor Parra que parecen la sátira de su propio proyecto, en el cual se hubiesen formulado apreciaciones claras y distintas sobre el significado y el destino del hombre. A mayor universalidad menor veracidad, parece haberse dicho en último instante. No se puede hablar en general: es peligroso y falso. Hay que atenerse al mínimun, a uno mismo, a lo que nos sucede día a día en nuestra búsqueda incansable de cualquier asidero.

Recordemos a este respecto el "Soliloquio del individuo", poema en el que se ponen de manifiesto muchas de las virtudes y vicios formales, de cuyo riguroso equilibrio han surgido las mejores obras del autor.

Lo primero que se pone de manifieto en este poema es su tono, por decirlo así, elegíaco. No encuentro otras palabras para expresar cabalmente lo que quiero. Pero tengo entendido que la elegía es una forma poética nacida en y para la comunidad, sea cual sea el mensaje de que es vehículo. El poeta va a hablarnos, no de su intimidad ni de su enfrentamiento con un poder que nos sobrepase y al que le sea posible encararse por un privlegio exclusivo. Adopta la primera persona, pero en ella debemos sentirnos proyectados y revelados a nosotros mismos por una conciencia que, si no es diferente a la nuestra por su contenido, lo es en cambio por su mayor lucidez receptiva y expresiva. El tono arcaico, pedregoso del poema, sus repeticiones continuas destinadas a fijarse en nuestra memoria, la repetición de ciertas palabras, que dan así la impresión de ser recién creadas, las vacilaciones y, en fin, el tema tratado, todo ello nos indica que nos encontramos frente a una manifestación de tipo colectivo, que se nos va a hablar de lo que a todos nos atañe por parejo.

Es, como dije, la primera impresión. Pronto advertimos que el poeta nos la ha provocado deliberadamente para luego irla reduciendo a su contraria y lograr mediante este juego una de sus composiciones más características. Podría decirse que en ella se narra la historia de la humanidad. Pero el requisito indispensable para que haya historia es el de que la iniciativa, la acción particular, nazcan del seno de una comunidad dispuesta a hacerla suya; una comunidad, es decir, un grupo de individuos unidos por intereses, valores y fines comunes y objetivos.

Ahora bien, esta unión sólo se logra y se mantiene mientras los valores que la sustentan pertenezcan a una esfera sobrehumana. Al hombre le es negado el usufructo de la infabilidad. Nada de lo que siente, piensa y produce, una vez sometido a la revisión de la crítica y del tiempo, parece destinado a sobrevivirle.Y como es incapaz de ello, resulta insuficiente para aunar el esfuerzo de generaciones sucesivas. Si los valores, si los fines que sirven de acicate a la acción, se tornan vulnerables, la historia pierde su carácter de tal. A ella le es indispensable cierta continuidad. Es, antes que nada, un desarrollo, la ordenación progresiva de todos los medios hacia un fin. De aquí que, sin el apoyo de una creencia que se sobreponga a su temporalidad, de un destino impuesto desde fuera, la historia amenace en convertirse en una serie de tentativas más o menos parciales condenadas, por ello, a la derrota y al olvido.

Es lo que sucede a lo largo del "Soliloquio del individuo". En apariencia la soledad que de éste se desprende es la soledad involuntaria, accidental, y al mismo tiempo profundamente necesaria de la vida intrauterina. Su receso señalará el principio de una integración con el mundo, integración que se hará consciente de sí desde que el individuo sorprenda la inutilidad de sus esfuerzos individuales.

Después traté de cambiarme a otra roca
Allí también grabé figuras
Grabé un río, búfalos
Grabé una serpiente
(1)
Yo soy el individuo
Pero no, me aburrí de las cosas que hacía
El fuego me molestaba
Quería ver más.

"A esta certeza negativa, me aburrí de las cosas que hacía", opone otra, aún no formulada expresamente. El Individuo manifiesta un deseo: "Quería ver más". En su realización desciende a "un valle regado por un río", y "Allí encontré lo que necesitaba". "Encontré un pueblo salvaje", "Una tribu". Encuentra, en una palabra, a sus semejantes. Descubre entre los actos de éstos y los suyos cierta correlatividad. "Vi que allí se hacían algunas cosas". "Figuras grabadas en las rocas". "Hacían fuego, TAMBIEN hacían fuego". De ahí en adelante puede sentirse corroborando y comprometido a una aventura común: la historia. Sus semejantes lo rodean. Están deseosos de incorporarle a esa aventura sobreindividual. Deben cerciorarse de que su origen no es diferente al del extranjero. "Me preguntaron que de dónde venía". Pero el Individuo vacila. "Contesté que sí, que no tenía planes determinados". "Contesté que no, que de ahí en adelante". Demasiado consciente de su gratuidad, se niega el deseo y el derecho a contraer un vínculo que lo colocaría al margen de sí mismo. La asociación nacida en y para la historia necesita, se apoya en ese vínculo. Empezamos a comprender que la soledad, la libertad del hombre para "inventar sus propios fines", tiene la irreductibilidad de lo cualitativo que, en este caso, no es posible reducirla, a partir de un mero deseo de objetividad. De ahí que el individuo persista en mantenerla no obstante esta persistencia le sea dolorosa.

Tomé un trozo de piedra que encontré en un río
Y empecé a trabajar con ella
Empecé a pulirla
De ella hice una parte de mi propia vida.
Yo soy el Individuo.

El contenido de este concepto pierde de aquí en adelante su universalidad. Todo carácter humanístico le es sucesivamente arrebatado. Al Individuo que ahora habla sin ser un pequeño Dios ni un profeta, tampoco se le puede encasillar como perteneciente a una especie. Tampoco es un hombre en el sentido que los humanistas le dan a esta palabra. Los problemas que se plantea son "falsos problemas": "Preguntas estúpidas se me venían a la cabeza".

Pero si ha aceptado el yugo de una existencia solitaria, de un destino atrozmente personal, no puede dejar de lamentarlo.

Aquí vengo yo, dije entonces:
¿Habéis visto por aquí una tribu
Un pueblo salvaje que hace fuego?

Su obsesión de integrarse a la sociedad y a la historia es continua. A cada paso siente la necesidad de elevarse a un plano sobreindividual, inaccesible a su conciencia, desde el cual se propongan al hombre valores y fines incorruptibles.

De este modo me desplacé hacia el Oeste
Acompañado por otros seres
O más bien solo.

El no quiere "inventar" esos valores y esos fines. Si ha de contraer una alianza con los demás, ella debe sellarse a base de objetivos reales, necesarios. Sobre las ruinas del reino de Dios el hombre no puede construir su propio reino. Quiere ver para creer. Se diferencia en esto de sus semejantes. "Para ver hay que creer, me decían". Ser determinado por la "verdad" y no determinarla. Conocer lo absouto a través de una relaión inmediata, no mediatizarlo, situándolo en su conciencia, entregándolo a sus mecanismos cognoscitivos. O todo o nada. O el absoluto o la relativiad más absoluta. O el hombre o los hombres. O la historia o las historias.

Así, él es el peregrino en la tierra.

Crucé las fronteras
Y permanecí fijo en una especie de nicho.
En una barca que navegó cuarenta días
Cuarenta noches.

Hay aquí una alusión a cierta escena bíblica que todos conocemos. Fracasado su intento de situarse en el mundo, de comprenderlo y comprenderse en realación a él, éste es olvidado por el Individuo. Pierde su discontinuidad en la continuidad de las aguas que lo esfuman. Pero el Individuo se salva de este diluvios a cambio de permanecer en "una especie de nicho". De él se salva sólo lo más transitorio, lo que la muerte hace suyo a cada instante: su destino individual, su soledad y su libertad efímeras e injustificables.

El resto del poema nos habla de nuevos y fracasados intentos de integración con el mundo y la historia. Ellas se repiten a manera de ciclos cada vez más amplios y complejos.

Debía producir
Produje ciencias, verdades inmutables.

(Todas estas verdades, como se ve más adelante, son todo menos inmutables).

Instituciones religiosas pasaban de moda.

Después de una breve lucha con ese poder que le es imposible descifrar, con ese absoluto inaccesible a su conciencia, lucha durante la cual el Individuo se entrega a una producción sin objeto, para contrarrestar la producción divina cuya finalidad se le escapa, sobreviene la crisis final:

Alguien segregaba planetas
Arboles segregaba
Pero yo segregaba herramientas
Muebles, útiles de escritorio.

Es el primer momento de la crisis. Y luego:

Después me dediqué mejor a viajar
A practicar idiomas
A practicar a practicar idiomas
Idiomas.

Nicanor Parra no hace mucho regresó de Inglaterra. Lo llevó allá la necesidad de completar sus estudios. El objeto de su viaje, pudo haber sido todo lo importante que se quiera. Pero hay veces en que la dificultad de los medios hace que se pierdan de vista los fines. Entonces los medios se convierten en fines y somos absorbidos por un problema insignificante: practicar idiomas. Esta pequeña obsesión, acaso sufrida personalmente, ha sido utilizada por el poeta para simbolizar el estancamiento de su personaje. Este ha claudicado en su afán de escapar a su destino unipersonal.

Luego manifiesta un deseo impracticable: "Mejor es, tal vez, que vuelva a ese valle", "A esa roca que me sirvió de hogar", "Y empiece a grabar denuevo", "De atrás para adelante, grabar", "El mundo al revés", "Pero no, la vida no tiene sentido".

Se insinúa aquí y se rechaza simultáneamente, la necesidad de reivindicar el pasado del hombre. Pero es imposible volver al punto de partida por dos razones. Primero. Porque la historia no puede ser considerada como un conjunto de cristalizaciones, independienes entre sí. Mas que condicionarse, se desprenden unas de otras, en una suerte de proceso genético-causal. De ahí que el presente, como una nueva céula, conserva del pasado justamente lo que de éste puede sobrevivir. Y en segundo lugar, porque si fuese posible retrotraer la historia a su origen, nos veríamos obigados a revivirla, punto por punto; es decir, a aceptar de nuevo lo que nos hemos visto obligado a rechazar.

"Si el hombre, dice Parra, llega a tener éxito en su afán de destruir el Universo, lo más probable es que Dios vuelva a crearlo de nuevo".

Si la vida no tiene sentido actualmente ello significa que nunca lo ha tenido, que nunca podrá tenerlo. De ello es consciente el poeta cuando se niega a rehacer su vida de atrás para adelante y adoptar una actitud romántica, de nostalgia por el pasado.

Cabe aquí hacer una aclaración. Más arriba hemos dicho que el poeta en general, y en particular Nicanor Parra, se propone, como medio de obtener un saber objetivo del mundo, una suerte de regreso a la realidad. Ello no significa que nieguen al conocimiento su raíz fenoménica, que intenten revalidar puntos de vida históricamente separados.

Se ve aquí el peligro de establecer paralelos entre dos disciplinas tan diferentes como son la filosofía y la poesía. El poeta, en la actualidad, no desconoce los resultados a que han llegado los modernos investigadores para revalidar, desde más certeros puntos de vista, el realismo crítico. Su misión, sin embargo, no es la de sustentar una posibilidad o una certeza mediante un juego de razonamientos más o menos válidos. Dijimos que él vive sus pensamientos. Con ello quisimos significar hasta qué punto en él se entrelazan la acción y la contemplación. Si postula un regreso a la realidad, lo hace en el terreno de la realidad. Lo posible y lo necesario son para él uno y lo mismo. Piensa dogmáticamente y vive críticamente la caída o la exaltación de sus dogmas. De ahí que él no intente demostar una intuición, sino expresarla; siempre que ella sea lo suficientemente significativa como para rechazar todo atisbo de duda. Con la duda empieza la filosofía y muere la poesía.

"Soliloquio del individuo" pertenece a una especie de composiciones que apenas se mantiene en equilibrio entre el abismo del pensamiento y el de la creación poética. Hay en ella demasiadas preguntas no contestadas y apenas formuladas, pero cuya acción corrosiva se insinúa en su organismo. La he citado antes como una de aquellas obras de Parra en que se manifiesta el elemento contradictoro del autor. Es un documento de su tragedia consistente en ir a la realidad y en volver de ella con las manos vacías. Un fracaso así no puede repetirse muchas veces. Al cabo el poeta se tornaría reflexivo, postergando indefinidamente el impulso creador que es, en esencia, afirmación.

Ello no sucede gracias a que este impulso es en Parra demasiado fuerte. Su autonomía respecto al mundo, su libertad para hacer de él una interpretación personal y crear sus dioses y sus fines sin la participación de nada ni de nadie no ha extirpado en él la esperanza de que esos dioses y esos fines sean el patrimonio de todos los hombres, algo más que meras posibilidades. Asi, pasea por el mundo, pregunta, contesta, solicita. El amor, que es el móvil de la poesía, pues, participa e influye en su doble carácter: acción y contemplación, aparecen en la obra de Nicanor Parra revestidos de un tono metafísico. Salvo raras excepciones, en que es suscitado por un ser determinado -ningún poeta, a veces desgraciadamente, puede rehuir cierto tipo de sentimiento accidental-, salvo raras excepciones, repito, la mujer en la obra de Parra y el impulso afectivo de que es causante, son como salidas que se abren hacia lo absoluto por una parte y hacia una realidad ordenada a partir de lo absoluto, por la otra. El poeta se niega a reconocerlo y presenta sus trabajos como la más fiel expresión de experiencias insignificantes. Leyéndolos no se puede sino recordar a Kafka, el gran encubridor, el gran maestro.

(1): En el volumen de Nascimento los versos de este poema tienen otro régimen de puntuación. Además, cabe indicar, este verso no aparece en la primera edición del libro. (Germán Marín)


El circo en llamas: una crítica de la vida. Enrique Lihn
Edición de Germán Marín
Santiago. Lom