Mostrando entradas con la etiqueta atacama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta atacama. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de diciembre de 2010

miércoles, 2 de junio de 2010

En el Centenario de Mario Bahamonde: ATACAMA en Pampinos y Salitreros

6/02/2010 08:45:00 a. m.

texto_origenal_mecaescrito_de_Pampinos_y_Salitreros.jpg

En el Centenario de Mario Bahamonde


ATACAMA

en Pampinos y Salitreros


Autor: Arturo Volantines.

El texto “Pampino y Salitreros, desarrollo del proletariado en el Norte” de Mario Bahamonde, se publicó, sólo con el nombre “Pampinos y Salitreros”, en el número 46 de la colección “Nosotros los chilenos”, el 26 de julio de 1973, por la editorial Quimantú; o sea, a días del Golpe de Estado. Tampoco aparece en esta primera y única edición, el anexo que tiene la edición mecanoescrita llamado la “nómina casi completa de las oficina de Tarapacá, el Toco, Antofagasta, El Boquete, Aguas Blancas y Taltal”.

Este texto es demostrativo de dos cualidades fundamentales de Mario Bahamonde: su talento escritural como creador y como investigador del ser nortino. También, viene a demostrar la importancia de los atacameños en el dominio del desierto.

No sólo fueron fundamentales los atacameños, Santiago Zavala, Chango López, Diego de Almeyda, José Antonio “Manco” Moreno, José Santos Ossa, Telésforo Mandiola, Salvador Reyes (padre), José María Sayago; sino, también, una saga de intelectuales que habían formado una fortaleza intelectual y laica, y que avanzó hacia el sur hasta el valle de Elqui y notablemente hacia el desierto. Mario Bahamonde, dice: “Copiapó fue cuna de la rebeldía nortina. Rebeldía de los mineros contra la oligarquía latifundista gobernante, y rebeldía del pirquinero, del cateador, del laborero y del apir en contra del propietario y sus capataces. Gran parte del primer periodismo que aparece en los puertos salitreros a fines del siglo pasado tiene este sello copiapino.// En 1869 Juan Nicolás Mujica fundó en Copiapó La Igualdad; diez años antes había sido el secretario personal de Don Pedro León Gallo en su Revolución Constituyente de 1859. Rómulo Mandiola, otro constituyente, fundó en 1870, El Rojo, también en Copiapó. Y casi conjuntamente con la campaña de la Guerra del Salitre avanzó este periodismo hacia las calicheras y sus puertos.// En 1879 Ramón Segundo Arancibia, hijo del poeta constituyente que peleó junto a Don Pedro León Gallo en Los Loros, fundó en Tocopilla El Zurriago. Y en 1880 Jerónimo Peralta Flores, otro copiapino, fundó El Salitrero, en Taltal”.

Pampinos y Salitreros es un notable texto para recorrer la mayor gesta de la conquista, dominio y desarrollo del Norte Grande. Mario Bahamonde expone en este texto importantes materias que denomina: “Los aventureros de la sed; Los soñadores de la sal; Los puertos del salitre; El negocio de los salitreros; Los negociados; Imagen morena del pampino; Los hombres de la lucha; Las fichas pampinas; La lucha obrera; Recuerdos inútiles”.

Es también la huella de la clase trabajadora en el norte; la gesta de los periódicos populares y obreros; el quehacer de las sociedades de socorros mutuos; la huella de sangre y luchas de los obreros pampinos; y es luminoso respecto a la gesta de Luis Emilio Recabarren.

Este libro, además, busca y logra apuntar hacia el ser del “nortino”; afirmar su existencia, a pesar que dice, que “para el resto del país este concepto diferencial no resulte muy claro”; y cuestiona, fundamentalmente, que los nortinos seamos hijos de los diaguitas, atacameños, quechua o aymara; se queja que la “tradición se perdió”, y que más bien serían españoles los que se quedaron. Señala entonces que la verdadera “nortinidad” deviene de la aventura que comenzó con la minería: “Y, por mejor decir, en la minería copiapina”. Y, luego va más allá cuando señala: “El nortino fue minero hasta 1879, cuando el desarrollo vertiginoso de la industria del salitre transformó la fisonomía regional y con ello cambió el modo de ser de sus hombres”. Son absolutamente discutibles estas apreciaciones de Mario Bahamonde, pero el texto es un referente para tocar el tema; hubo momentos de ese momento de la Dictadura que tocar el tema ya era un aporte; y aquí tenemos una visión inteligente, abierta, cargada de amor por el norte. Se trata de una obra escrita por un genuino nortino; una obra relevante para conocer el verdadero ser de la patria atacameña.

Particularmente, me resulta importantísima la obra y las largas conversaciones con Mario Bahamonde en Antofagasta a finales de los `70, para perspectivar la grandeza e importancia de Copiapó en la historia de América Latina. Si consideramos los escritos de Mario Bahamonde con información de primera mano, como por ejemplo su introducción en la “Antología de la Poesía Nortina”; en sus textos, “El Caudillo de Copiapó” y “Diccionario de voces del norte de Chile” y en otros artículos, no hay duda que él tiene una importancia capital para la historiografía de Copiapó. Mario Bahamonde tempranamente vio y develó esta importancia; claro que no es gratuita; está formada en la admiración por este terruño, y la valentía y sacrificio de los hombres de Atacama.

Indudablemente Copiapó le debe un homenaje; no sólo en el nombre de una calle, sino una institución que estudie su obra.

Portada_de_Pampinos_y_Salitreros.jpg



lunes, 27 de abril de 2009

EL SUEÑO MÁS GRANDE SOÑADO POR UN ATACAMEÑO

4/27/2009 07:00:00 a. m.

Pedro Le99n Gallo.jpg


EL SUEÑO MÁS GRANDE

SOÑADO POR UN ATACAMEÑO

REFERIDO A LA BATALLA DE CERRO GRANDE,

29 DE ABRIL DE 1859.


Por Arturo Volantines


No hay duda que el sueño más soñado por Atacama ha sido ganar la Batalla de Cerro Grande. Por el sureste de La Serena, en torno al Cerro Grande, formó el Ejército Constituyente. De izquierda a derecha, en las murallas de las tierras de Aguirre, el Regimiento n°1 de Copiapó, Los Zuavos de Chañarcillo, La Legión Huasquina, el Segundo de Línea de Copiapó, Los Cívicos de Copiapó y el Primero de Coquimbo. Al frente, formaba el ejército de Gobierno: mucho más numeroso y con mejores armas. Pedro Pablo Muñoz ocupaba Ovalle y Balbino Comella ocupaba Illapel.

Ese memorable día, al amanecer del 29 de abril de 1859, el Ejército Constituyente, —encabezado por Pedro León Gallo, Ramón Arancibia y el Comandante del Coquimbo, Ignacio Alfonso— atacó al ejército del Gobierno, cortando a esas tropas en dos y tomando algunos prisioneros. Recién a las 7 ½ de la mañana pudo el General, Juan Vidaurre recomponer sus fuerzas. Parecía que la batalla se ganaba.

Fue nuestro Waterloo. En el entusiasmo de ganar se les cedió los faldeos del Cerro Grande a las tropas de Gobierno. Pareciera ser que las ventajas de tan afiatada revolución llevaron a la confianza destructiva. Más que perder; no se supo ganar. Así, como la cultura de las batallas fue esencial en los triunfos de Alejandro, pareciera que el Estado Mayor revolucionario no conocía Waterloo.

Tampoco se pensó en el factor de la traición, que siempre ha estado presente en la historia de Atacama hasta el día de hoy. Siempre el traidor aparece desde mismo intestino, como ayer y como hoy. Como en Cerro Grande, al traidor lo condena el pasado. Quiero decir, que si el traidor perteneció dedicadamente a un sector, tiende éste a regresar a esa trinchera. Pasa, por ejemplo, con los que estuvieron a favor o en contra del Gobierno de Allende. No podemos culpar sólo a la traición de la derrota de Cerro Grande. Pero, claro, la batalla tuvo un sólo y fatal pestañeo de parte del Ejército Constituyente, y eso fue cuando fallaron las armas. Esto lo reconoce, el General de División e Inspector General del Ejército de Chile, Don Francisco Javier Díaz(La Guerra Civil de 1859, Relación Histórica Militar; Imprenta de la Fuerza Aérea de Chile, 1947, Stgo. de Chile.).

La Batalla de Cerro Grande tuvo dos factores más que fueron gravitantes y están relacionados con el armamento. La calidad de las armas del Gobierno era muy superior. El ingenio de Anselmo Carabantes fue notable en la construcción de las armas Constituyentes; pero, también, eran, en cierta forma, armas artesanales, que rápidamente fueron quedando inútiles en la contienda.

Otro factor, fue la actitud de Pedro León Gallo de no repetir el ataque con corvos de la Quebrada de Los Loros. Los corvos permanecieron quietos, y cuando Ramón Arancibia, por cuenta suya, cargó con un puñado de atacameños, ya era demasiado tarde.

La actitud de Pedro León Gallo de evitar muertes se sostuvo hasta el final de la Guerra. Por lo mismo, cuando una parte del Ejército Constituyente sobreviviente, atrincherado adentro de la ciudad de La Serena, encabezado por Elías Marconi, le propuso volver a la carga, Pedro León Gallo se negó rotundamente e, incluso, su actitud frente a la capitulación fue coherente; a pesar que parte del ejército se mantenía intacto en Atacama. Pedro León Gallo siempre fue valiente y mesurado.

Tal vez, también gravitó en él, la negación de plegarse de los revolucionarios capitalinos.

Durante 5 horas de combate, el Ejército Constituyente mantuvo fuerte ventaja. Las tropas de Gobierno no tenían capacidad de movimiento y eran envueltos por los revolucionarios. Así, se mantuvo el combate, con notoria ventaja para los revolucionarios. Los distintos asaltos, tantos del Buin como del Séptimo de Línea fueron rechazados. Varias veces el ejército de Gobierno estuvo a punto del desbande. Sólo que en algún momento, Vidaurre vio que el centro revolucionario se debilitaba por la falta de fuego, y aprovechó, en pocos minutos, de fusilar la oficialidad revolucionaria. Allí, cayeron los oficiales constituyentes: Manuel María Aldunate, Samuel Claro, Guillermo Parker y varios más. Quirico Romero, uno de los más cercano a Gallo cayó fusilado de pié.

Tal vez, como Napoleón, el General Gallo, confió que la batalla de todas maneras se iba a ganar, y que no le era necesario usar el corvo. La ventaja que mantuvo durante toda la batalla, la perdió en un pequeño momento. Ahí, Vidaurre se alzó con el triunfo, sino la historia de Atacama indudablemente sería otra.

A pesar de la derrota, se quebró para siempre en Chile, la Nación de una sola mirada; nació la visión de otra forma de organizarse y de organizar el Estado.

A partir de esta revolución, el norte atacameño se reconoce a sí mismo, con características propias; toma una primera conciencia de su distinción en el mundo.

Y, el sueño más grande soñado por un atacameño —el sueño de Pedro León Gallo— quedó como una semilla.