


Notas publicadas en la prensa, relacionado con el XV Encuentro Internacional de Escritores realizado en el Desierto de Atacama.



Notas publicadas en la prensa, relacionado con el XV Encuentro Internacional de Escritores realizado en el Desierto de Atacama.

En el Centenario de Mario Bahamonde
ATACAMA
en Pampinos y Salitreros
Autor: Arturo Volantines.
Este texto es demostrativo de dos cualidades fundamentales de Mario Bahamonde: su talento escritural como creador y como investigador del ser nortino. También, viene a demostrar la importancia de los atacameños en el dominio del desierto.
No sólo fueron fundamentales los atacameños, Santiago Zavala, Chango López, Diego de Almeyda, José Antonio “Manco” Moreno, José Santos Ossa, Telésforo Mandiola, Salvador Reyes (padre), José María Sayago; sino, también, una saga de intelectuales que habían formado una fortaleza intelectual y laica, y que avanzó hacia el sur hasta el valle de Elqui y notablemente hacia el desierto. Mario Bahamonde, dice: “Copiapó fue cuna de la rebeldía nortina. Rebeldía de los mineros contra la oligarquía latifundista gobernante, y rebeldía del pirquinero, del cateador, del laborero y del apir en contra del propietario y sus capataces. Gran parte del primer periodismo que aparece en los puertos salitreros a fines del siglo pasado tiene este sello copiapino.// En 1869 Juan Nicolás Mujica fundó en Copiapó
Pampinos y Salitreros es un notable texto para recorrer la mayor gesta de la conquista, dominio y desarrollo del Norte Grande. Mario Bahamonde expone en este texto importantes materias que denomina: “Los aventureros de la sed; Los soñadores de la sal; Los puertos del salitre; El negocio de los salitreros; Los negociados; Imagen morena del pampino; Los hombres de la lucha; Las fichas pampinas; La lucha obrera; Recuerdos inútiles”.
Es también la huella de la clase trabajadora en el norte; la gesta de los periódicos populares y obreros; el quehacer de las sociedades de socorros mutuos; la huella de sangre y luchas de los obreros pampinos; y es luminoso respecto a la gesta de Luis Emilio Recabarren.
Este libro, además, busca y logra apuntar hacia el ser del “nortino”; afirmar su existencia, a pesar que dice, que “para el resto del país este concepto diferencial no resulte muy claro”; y cuestiona, fundamentalmente, que los nortinos seamos hijos de los diaguitas, atacameños, quechua o aymara; se queja que la “tradición se perdió”, y que más bien serían españoles los que se quedaron. Señala entonces que la verdadera “nortinidad” deviene de la aventura que comenzó con la minería: “Y, por mejor decir, en la minería copiapina”. Y, luego va más allá cuando señala: “El nortino fue minero hasta 1879, cuando el desarrollo vertiginoso de la industria del salitre transformó la fisonomía regional y con ello cambió el modo de ser de sus hombres”. Son absolutamente discutibles estas apreciaciones de Mario Bahamonde, pero el texto es un referente para tocar el tema; hubo momentos de ese momento de
Particularmente, me resulta importantísima la obra y las largas conversaciones con Mario Bahamonde en Antofagasta a finales de los `70, para perspectivar la grandeza e importancia de Copiapó en la historia de América Latina. Si consideramos los escritos de Mario Bahamonde con información de primera mano, como por ejemplo su introducción en la “Antología de
Indudablemente Copiapó le debe un homenaje; no sólo en el nombre de una calle, sino una institución que estudie su obra.


EL SUEÑO MÁS GRANDE
SOÑADO POR UN ATACAMEÑO
REFERIDO A
Por Arturo Volantines
No hay duda que el sueño más soñado por Atacama ha sido ganar la Batalla de Cerro Grande. Por el sureste de La Serena, en torno al Cerro Grande, formó el Ejército Constituyente. De izquierda a derecha, en las murallas de las tierras de Aguirre, el Regimiento n°1 de Copiapó, Los Zuavos de Chañarcillo,
Ese memorable día, al amanecer del
Fue nuestro Waterloo. En el entusiasmo de ganar se les cedió los faldeos del Cerro Grande a las tropas de Gobierno. Pareciera ser que las ventajas de tan afiatada revolución llevaron a la confianza destructiva. Más que perder; no se supo ganar. Así, como la cultura de las batallas fue esencial en los triunfos de Alejandro, pareciera que el Estado Mayor revolucionario no conocía Waterloo.
Tampoco se pensó en el factor de la traición, que siempre ha estado presente en la historia de Atacama hasta el día de hoy. Siempre el traidor aparece desde mismo intestino, como ayer y como hoy. Como en Cerro Grande, al traidor lo condena el pasado. Quiero decir, que si el traidor perteneció dedicadamente a un sector, tiende éste a regresar a esa trinchera. Pasa, por ejemplo, con los que estuvieron a favor o en contra del Gobierno de Allende. No podemos culpar sólo a la traición de la derrota de Cerro Grande. Pero, claro, la batalla tuvo un sólo y fatal pestañeo de parte del Ejército Constituyente, y eso fue cuando fallaron las armas. Esto lo reconoce, el General de División e Inspector General del Ejército de Chile, Don Francisco Javier Díaz(
Otro factor, fue la actitud de Pedro León Gallo de no repetir el ataque con corvos de
La actitud de Pedro León Gallo de evitar muertes se sostuvo hasta el final de
Tal vez, también gravitó en él, la negación de plegarse de los revolucionarios capitalinos.
Durante 5 horas de combate, el Ejército Constituyente mantuvo fuerte ventaja. Las tropas de Gobierno no tenían capacidad de movimiento y eran envueltos por los revolucionarios. Así, se mantuvo el combate, con notoria ventaja para los revolucionarios. Los distintos asaltos, tantos del Buin como del Séptimo de Línea fueron rechazados. Varias veces el ejército de Gobierno estuvo a punto del desbande. Sólo que en algún momento, Vidaurre vio que el centro revolucionario se debilitaba por la falta de fuego, y aprovechó, en pocos minutos, de fusilar la oficialidad revolucionaria. Allí, cayeron los oficiales constituyentes: Manuel María Aldunate, Samuel Claro, Guillermo Parker y varios más. Quirico Romero, uno de los más cercano a Gallo cayó fusilado de pié.
Tal vez, como Napoleón, el General Gallo, confió que la batalla de todas maneras se iba a ganar, y que no le era necesario usar el corvo. La ventaja que mantuvo durante toda la batalla, la perdió en un pequeño momento. Ahí, Vidaurre se alzó con el triunfo, sino la historia de Atacama indudablemente sería otra.
A pesar de la derrota, se quebró para siempre en Chile,
A partir de esta revolución, el norte atacameño se reconoce a sí mismo, con características propias; toma una primera conciencia de su distinción en el mundo.
Y, el sueño más grande soñado por un atacameño —el sueño de Pedro León Gallo— quedó como una semilla.

