Mostrando entradas con la etiqueta poesía joven. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía joven. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de julio de 2009

Video de Conversaciones con el MAL I: En el natalicio de Pablo Neruda 11/07/09

7/17/2009 09:53:00 a. m.
Video de Conversaciones con el MAL I: En el natalicio de Pablo Neruda 11/07/09

Participan Cinosargo (Daniel Rojas Pachas), Palabra escrita (José Martínez Fernández), Sech (Bellamín Silva / Gastón Herrera), Rapsodas (Luis Araya), CEA (Erna Aros), Vertizonte (Rodolfo Khan) y grupo MAL (Dios Pérez)



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 1 de 9



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 2 de 9




Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 3 de 9



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 4 de 9



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 5 de 9



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 6 de 9



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 7 de 9



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 8 de 9



Conversaciones con el MAL I: Pablo Neruda parte 9 de 9

jueves, 16 de julio de 2009

El legado de José Donoso a las nuevas generaciones chilenas

7/16/2009 06:49:00 a. m.
El legado de José Donoso a las nuevas generaciones chilenas

Carlos Franz

Conocí a José Donoso hace casi un cuarto de siglo, en abril de 1977. Él vivía en España y fue a Santiago por unos pocos días para dar una conferencia en el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura. Me acerqué a pedirle un autógrafo en mi aportillado ejemplar de Coronación. Aproveché de contarle que yo también quería ser escritor. Y que me encontraba ahogado en Chile, sofocado por la estrechez del país en dictadura, le mencioné que quería irme a viajar para recoger experiencia que luego me sirviera como material literario... Me preguntó que edad tenía. Se la dije: 18 años. Me quedó mirando con sus ojitos celestes, incrustados al fondo de los gruesos lentes ópticos. Esos ojos de escritor iluminados por una perpetua curiosidad. Finalmente, se encogió de hombros y me dijo:

-Yo tenía casi tu edad cuando me fui de mi casa por primera vez. Me fui a Punta Arenas en busca de aventuras literarias. Trabajé en una estancia ganadera. Y me aburrí como ostra... Lo único que recuerdo de esa estadía fue que leí en las tardes, muerto de frío, los primeros volúmenes de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Leer es lo que le sirve a un escritor -terminó diciéndome- mucho más que viajar...

Me quedé perplejo. Había buscado un consejo y me daban el paradojal garrotazo en la cabeza de los maestros zen. Donoso, que se había pasado media vida fuera de Chile, itinerando por el mundo, me decía que no me moviera de mi silla de lector. ¡Qué diablos quería decir!

Pero el tiempo ha transcurrido. Han pasado ya 23 años, él murió. Yo he viajado, y he leído. Y de a poco he ido entendiendo que Donoso quería decirme algo más profundo y menos arbitrario de lo que aparentaba su consejo. Quería decirme que si yo deseaba ser un escritor artista, daba lo mismo que viajara o me quedara. No podía prever ni planear, no podía dirigir mi experiencia en busca de una biografía útil, pues el arte no se deja amaestrar y surge donde menos se lo piensa. Surge de la vida chata y la imaginación febril de las hermanas Brontë, por ejemplo; o del escritorio de abogado de Franz Kafka; o de la consulta de médico de Ferdinand Celine. El arte no se programa, ni se elige, lo único que se puede hacer es esperarlo con los ojos abiertos. Y si mientras tanto amenaza matarnos el tedio, leer mucho, leer, vivir leyendo.

Esta anécdota inicial, con toda su ambigüedad y ambivalencia tan donosianas, quizá ilustra algo de la relación de José Donoso con los dos tópicos que trataré a continuación: su legado estético y la manera en que él traspasó ese legado a la generación emergente chilena.

El legado de Donoso a la generación emergente puede examinarse desde dos grandes perspectivas, a mi juicio. Una, es la del vehículo que Donoso empleó para trasmitir ese legado. Este vehículo fue el contacto directo con varios escritores de la generación emergente, principalmente durante la década de los 80 cuando funcionó su taller literario en Santiago. Y la otra perspectiva es el análisis del contenido estético de ese legado, que más adelante intentaré.

Quizá no sea ocioso aclarar que mi mirada a esas dos perspectivas, no es la de un académico o un crítico, sino la de un escritor que estuvo y está sujeto a aquella influencia de Donoso como miembro de esa generación.

Pero antes de analizar esas dos perspectivas, me parece imprescindible describir a grandes rasgos, siquiera, cual es esa generación emergente chilena, en la cual iba a ejercerse la influencia de Donoso.


La generación emergente


El más completo trabajo crítico hasta el momento sobre la nueva narrativa chilena, que yo conozca, es la obra del profesor Rodrigo Cánovas: «La novela chilena: el abordaje de los huérfanos» (Cánovas, 1997). En su trabajo, Cánovas distingue básicamente tres categorías dentro de la generación emergente de narradores, que menciono a continuación:

Hay una corriente denominada como de imaginación publicitaria. Narradores en general muy jóvenes que recogen el logo cultural norteamericano de la sociedad de consumo, algunos en forma paródica, otros sin crítica ni mediación. Lo pescan directamente del satélite, podríamos decir, para hacer una literatura signada por la recepción del rock, la hamburguesa y el mall, en la clase media latinoamericana recién nacida al teleconsumo. Sus representantes más interesantes y destacados en Chile, que se dieron a conocer sobre todo con una antología latinoamericana de su tendencia llamada Mac Ondo, son Alberto Fuguet y Sergio Gómez.

Hay una segunda corriente, marcada por una imaginación que este crítico ha llamado folletinesca. Es decir, relatos que desde subgéneros como el rosa, el policial o la historia de aventuras, hacen la propuesta latinoamericana de una narrativa al servicio de segmentos de lectores claramente determinados. Un cierto relato de aventuras y de serie negra, representado por Luis Sepúlveda, o una literatura de identificación emocional generalmente seguida por un público femenino, como la que difunde con gran popularidad Marcela Serrano, son las tendencias más conocidas.

Por último, hay una tercera variante, que se ha llamado de imaginación poética. De lírica no tiene nada, pero se afinca predominantemente en el lenguaje y dialoga con las tradiciones literarias, en especial europeas. En esta imaginación, en Chile, podríamos ubicar las propuestas vanguardistas de una Diamela Eltit, las paródicas de Jaime Collyer, las neonaturalistas de Arturo Fontaine, las existenciales de Gonzalo Contreras. Y también el trabajo más reciente de Alberto Fuguet, como es la novela Tinta roja.

La generación emergente a la que me referiré es fundamentalmente la englobada por esta última imaginación. Tendencia que dentro del país se conoce como Nueva Narrativa chilena y que es en la cual, a mi juicio, se registra más directamente la influencia de Donoso. Influencia que, como he dicho, se ejerció sobre todo mediante el taller literario que fundó al retornar a Chile. Y que se materializó en una poética de la escritura artística promovida en aquel taller.

Básicamente, quienes integramos esa tendencia somos quienes crecimos en el exilio interior, y nos hicimos narradores dentro del país, bajo la dictadura de Pinochet. Autores de alrededor de 40 años, poco más o menos, que surgimos a la luz pública con el retorno de la democracia a Chile, hace ya una década, y varios de los cuales pasamos por el taller de José Donoso. Entre los que más tarde destacarían quiero mencionar a Jaime Collyer, Arturo Fontaine, Gonzalo Contreras, Roberto Brodsky, Alberto Fuguet, Sonia Montecino, Marco Antonio de la Parra, Darío Oses, Sergio Marras, y varios otros que sería largo mencionar.

Es precisamente ese Taller Literario, como vehículo que empleó José Donoso para hacer llegar su legado a la generación emergente chilena, lo que constituye aquella primera perspectiva de análisis que mencioné al comienzo. Y por eso vale la pena recordar la génesis y funcionamiento de aquel taller.



El nacimiento del taller


Cuando Donoso vuelve definitivamente a Chile, en 1980, decide iniciar un taller para escritores, pensando probablemente en los que había dirigido en el Writers Program de la Universidad de Iowa, años antes. Para esos efectos consigue que una ONG muy activa en el período, la Academia de Humanismo Cristiano, dependiente del Arzobispado de Santiago, patrocine y financie ese taller. De este modo, Donoso consiguió dos importantes efectos: ponerse al amparo de una de las pocas instituciones chilenas capaces de resistir la penetración de la dictadura, como era la Iglesia Católica; y, segundo efecto muy inusual en este tipo de cursos, el taller era totalmente gratuito, con lo que la selección a él se fundaba exclusivamente en méritos literarios.

La convocatoria se hizo mediante un aviso en los diarios. Un pequeño aviso clasificado comercial que decía algo así como: «Escritor José Donoso ha vuelto al país e iniciará taller literario. Vacantes limitadas. Interesados en postular deben llamar al...». Parecía el aviso de un médico notificando a su distinguida clientela que ha vuelto al pueblo y reabrirá su consulta.

Por mi parte, postulé con un breve texto de ficción y el escasísimo currículum literario de mis 21 años. Estaba seguro que no podría quedar seleccionado. Se me ocurría que todos los narradores chilenos harían fila para entrar y naturalmente un perfecto desconocido, con sólo unos cuentos dispersos en revistas de circulación clandestina, no tendría la menor oportunidad. Para mi sorpresa, unas semanas después recibí una llamada del propio Donoso avisándome que me presentara en su casa... Me había seleccionado junto a otros 7 escritores para integrar su grupo inicial con el cual trabajaría durante cuatro años. Recuerdo la emoción de ese instante como si fuera hoy.

Para imaginar lo que esa oportunidad significaba, para un joven aspirante a narrador, y así entender mejor lo que pudo ser la influencia de Donoso sobre la generación emergente, hay que recordar lo que era el Chile de entonces. El Chile dictatorial, aislado, donde a duras penas sobrevivían algunas librerías y prácticamente ninguna editorial. Un país en el cual la censura previa a los libros imperaría por decreto durante casi diez años, hasta marzo de 1983. Un país el cual jamás visitaban los grandes maestros del boom latinoamericano, omitiéndonos en sus giras, castigándonos por parejo a todos sus habitantes, por culpa del dictador. En esa época, entonces, acercarse a nuestro novelista internacional más famoso, entrar en su casa, era como ganarse un premio mayor, como si de pronto me hubiera llamado la fortuna diciéndome que el sueño de ser escritor era posible...

En los siguientes diez años, durante toda la década del ochenta, sólo interrumpido por esporádicos viajes de Donoso al exterior, pasaron por ese taller literario y estuvieron en su órbita de influencia durante mayor o menor tiempo, más de cuarenta escritores.



Una típica sesión de taller


El taller funcionaba en la calle Galvarino Gallardo del barrio de Providencia -en efecto, se ve una mano «providencial» en todo aquello-, los martes de 6 a 8 de la tarde. Llegábamos de a uno desde diferentes puntos de la ciudad, nos identificábamos a través del citófono y subíamos hasta el estudio en la buhardilla. En el ambiente de delación y sospecha que se vivía en el Chile de aquella época, cualquiera habría dicho que parecíamos una célula de conspiradores. Y en cierto modo lo éramos: practicábamos un tipo de resistencia que el poder no podía detectar y que sin embargo lo refutaba. El taller funcionaba como si la dictadura no existiera. Creo que puede haber sido el único lugar privado en Santiago, donde se juntaban más de dos personas sin ponerse a hablar de inmediato sobre las urgencias dolorosas de la política de entonces. Se hablaba de literatura; se leía a autores imposible menos subversivos o comprometidos: Henry James, Marcel Proust. Este ejercicio semanal de resistencia pasiva, literaria y espiritual, a la Historia que nos había tocado, creo que nos marcó a fondo a varios de nosotros. El poder podía ser discutido en nuestro terreno y con nuestras armas, nuestra victoria sería llevar a la excelencia el acto mismo de escribir. Como dijera en aquella misma época el poeta Enrique Lihn : porque escribí, porque escribí estoy vivo...

En ese taller, le celebramos un cumpleaños a Pepe Donoso. Le armamos una «coronación» con otros siete u ocho alumnos. Le cantamos happy birthday y le pusimos una coronita de fantasía. Los nueve encerrados en aquella buhardilla brindando en vasos de papel. Esa fue la fiesta de cumpleaños de José Donoso el 82 u 83. Luego nos desbandamos antes de las doce de la noche, a la rápida, pues había toque de queda y estado de sitio en Chile.

Sin que soñáramos imaginarlo, eso fue en parte el origen cuasi clandestino y privadísimo, de lo que después se llamaría la Nueva Narrativa chilena.

Una típica sesión de taller se desarrollaba más o menos como sigue. Cada martes se leían en voz alta dos cuentos, previamente repartidos en fotocopias la semana anterior para que cada cual los trajera ya leídos. Los participantes nos sentábamos en círculo desordenadamente, sobre una chaisse longue de terciopelo rojo donde «el maestro» solía dormir la siesta diaria o sobre cojines en el suelo. Donoso ocupaba siempre un sillón de mimbre típicamente chileno con un gran respaldar que le daba una cierta apariencia de pavo real con la cola desplegada. Aunque su actitud no podía ser menos de la de un pavo de real. Hablaba poco y rara vez hacía afirmaciones tajantes, más bien planteaba dudas, abría preguntas. Balbuceaba perplejidades. Nos dejaba hablar, expresar por turnos nuestras opiniones sobre el respectivo cuento y de pronto interrumpía pidiendo que alguien desarrollara más un punto. No era raro que aprovechándonos de este laissez faire alguno de nosotros rebatiéramos sus escasas afirmaciones; y no era infrecuente que Donoso reculara y reformulara su opinión al calor de ese debate. Con los años he llegado a creer que este método socrático y paradojal de hacer taller, puede haberlo derivado Donoso, en parte, de sus muchas horas de sicoanálisis. Horas donde el analista calla, escucha, formula preguntas, y sugiere rutas para la propia reflexión, para el autodescubrimiento. Claro que la gran diferencia con un analista es que Donoso no cobraba por sus sesiones.

Al final de cada lectura de nuestros cuentos Donoso solía hacer un resumen de sus impresiones y formulaba su propia opinión sobre el texto, guiándose en parte por sus notas de lectura -escritas al dorso de su respectiva copia- y en parte por lo que acababa de oír. Una típica opinión suya es esta que recuerdo a propósito de un cuento mío que no le gustó demasiado. Después de desmontar sus defectos durante un cuarto de hora, concluyó diciéndome, «pero tal vez no importan tanto los defectos, porque se nota que la historia te duele, que te produce retortijones de guata». E hizo el gesto de sobarse la prominente panza con una de sus manazas blancas... Este es el tipo de cosas que a un escritor joven, por lo menos a mí, se nos quedaban grabadas: lo importante son los retortijones. Lo importante es que la historia no sea un mero ejercicio formal de habilidad o estilo sino que esté conectada a capas profundas en la siquis del escritor, a zonas de desajuste de la personalidad o como veremos más delante a lo que Donoso llamaba, zonas de «fisura».

Ese comentario de Donoso sobre los retortijones en mi cuento, así aislado, puede parecer insignificante. Pero a lo largo de cuatro años de taller fue uniéndose a muchas otras pequeñas y grandes observaciones, hasta conformar lo que podríamos llamar una poética donosiana de la escritura narrativa.

Porque la juzgo clave como legado directo en los miembros de aquel taller, e indirecto en otros escritores de la generación emergente, voy a resumir a grandes rasgos esa poética de la ficción artística, que Donoso trajo a Chile a comienzos de los ochenta.



El legado: una poética de la escritura artística


Autonomía de la ficción

El postulado básico de la poética donosiana, en el taller, era la autonomía de la ficción. La idea de que la novela es una realidad paralela e independiente de la realidad; autocontextuada, si se me permite la paradoja. O como dijo el propio Donoso en su prólogo a la novela El Astillero de Juan Carlos Onetti (Onetti, 1971, p. 13):

... los fantasmas de ese libro tan admirado: «... iluminan algo que no queda fuera del relato, sino dentro de él, que no señala verdades y significados situados exteriormente a la novela, sino en su transcurso, en la experiencia de leerla y dejarse envolver por esa otra realidad ficticia paralela a la realidad y que por ser paralela, jamás la toca».

Lo otro

Esa autonomía a ultranza de la ficción, que Donoso predicaba en su taller, no se cerraba sin embargo en si misma, sino que se cumplía mediante otra idea muy cara a este autor: la narrativa como una invitación al lector a internarse en lo otro. Noción de otredad que formula en su ensayo Historia personal del boom (Donoso, 1987, p. 18) con estas palabras: «la novela más que cualquier otra forma, moviliza a los seres a cumplir la fantasía, rara vez lograda, de ser lo que no son».

La Fisura

A su vez, esta pasión por la otredad arrancaba de una noción muy donosiana, la idea de Fisura, que ya mencionara antes. Es decir, que el escritor, y el artista en general es un ser marcado por un defecto, por un desajuste profundo en su personalidad, por una fisura; y que es precisamente esta fisura lo que le permite esa visión oblicua sobre la realidad, esencial a la mirada artística. En su libro memorialístico Conjeturas sobre la memoria de mi tribu (Donoso, 1996, p. 17), Donoso expresa: «desde el inicio me di cuenta que todo consistía en la herencia de una fisura, una pifia que destruía la perfección superficial de toda visión...». Para Donoso esa «fisura» era antes que nada una experiencia personal, expresada en una sensación de desajuste social y sicológico, que lo empujaba precisamente a dudar de la realidad dada, y escribir buscándole su revés, su otredad.

Creo que la idea de fisura tal como la exponía Donoso en sus comentarios de taller resultaba particularmente atractiva para jóvenes profundamente fisurados, separados de nuestra realidad, como éramos los aspirantes a escritores en el Chile de Pinochet. La irracionalidad circundante nos impelía a buscar sus claves en nuestra propia irracionalidad, pasando a través de esa fisura, de esa imperfección nuestra.

Identidad entre formas y temas

En cuanto al clásico dilema entre formas y temas, la posición estética de Donoso era un esfuerzo de síntesis paradójica: una forma que era a la vez su tema. Una típica frase suya en el ejercicio de taller era ésta: «Materia y forma: que la greda y la mano que la modela lleguen a ser una y la misma cosa» (Fontaine, 1997). O como lo dice en su Historia personal del boom«Inventar un idioma, una forma, con el fin de efectuar el acto de hechicería de hacer una literatura que no aclare nada, que no explique, sino que sea ella misma pregunta y respuesta, indagación y resultado, verdugo y víctima, disfraz y disfrazado». (Donoso, 1987, p. 40):

Pensar en la página

Autonomía de la ficción, conocimiento de lo otro, fisura e identidad entre la forma y el fondo... Todos estos conceptos expuestos por Donoso en su taller parecerían indicar -en forma equívoca- que nos estaba inculcando una noción dionisíaca del escritor artista, como un ser puramente intuitivo. Y sin embargo, Donoso nos hacía saber sesión a sesión que él era ferviente partidario de las arquitecturas, de las tramas, de los argumentos de extrema precisión intelectual. ¿Cómo llamar irracionales, sin abuso, a En busca del Tiempo Perdido, a El Sonido y la Furia, a Ulises? Sí, no cabe duda que el narrador artista no sólo intuye, también elabora, piensa, nos decía. Pero el suyo es un pensar que se da en la página.

Comentando el gran impacto que significó para él, la lectura de La región más transparente, Donoso afirmaba, siempre en su Historia personal del boom (Donoso, 1987, p. 42) que Carlos Fuentes intenta allí una síntesis intelectual de México, pero «... síntesis hecha, no como hasta ahora, antes de que el escritor se pusiera a escribir, sino sobre la inmediatez de la página misma».

Encarnación de lo contemporáneo

El proyecto de autonomía para la ficción, de un escritor artista, o su esteticismo, parecerían a primera vista incompatibles con el abordaje a lo contemporáneo, que usualmente se hace a través de sus temas y sus hechos.

Sin embargo, Donoso afirmaba en su taller que el escritor artista a menudo es quien mejor capta el espíritu de su época. Donoso mismo era un escritor interesado en el mundo y en el presente. Lo fascinaban esas brevísimas metáforas del presente que son los gustos, las modas. Es más, quería una obra que fuera ella misma gusto, tendencia.

¿Cómo resolvía Donoso, entonces, esta relación dramática del escritor artista que pretende autonomía total, incluso de su época, y al mismo tiempo desea lo contemporáneo?

Donoso nos sugería en el taller que el dilema puede resolverse mediante la idea de encarnación de lo contemporáneo. Lo actual debe encarnarse en una obra del mismo modo, agrego yo, que las modas encarnan, visten y trasvisten -no formulan-, el espíritu de una época.

Cito al Donoso de Historia personal del boom (Donoso, 1987, p. 89): «Ciertamente, una de las experiencias más emocionantes que puede proporcionar una obra de arte es que encarne lo contemporáneo, no que lo formule».

Lector ideal

A su vez, Donoso nos sugería en su taller que aquellas encarnaciones de lo contemporáneo, en la novela artística, van dirigidas a un lector también muy contemporáneo, pero ideal.

Veamos cómo formulaba el punto. En una entrevista que le hice en 1994, me decía (Franz, 1994): «Quiero ser visible, quiero ser accesible. Yo no escribo para los críticos, sigo queriendo que me lea el lector sensible e inteligente en un avión a China». Y en su Historia personal del boom (Donoso, 1987, p. 69), nos dice: «El lector común en Hispanoamérica era ahora más sofisticado».

Lo que aquí importa es que ese viajero en el avión era un lector indeterminado, anónimo, sin rostro, edad, sexo, ni clase social precisa. Y que cuando Donoso mencionaba al público latinoamericano, aludía al «lector común»; una categoría abstracta, ideal. Seguramente, el lector en el cual pensaba Donoso es aquel ser sin rostro pero al cual conocemos íntimamente; ese que somos nosotros mismos, los escritores, cuando leemos. Aquel de los versos de Baudelaire: «Tú, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano».

Donoso solía recordarnos en el taller esta distinción fundamental que hizo André Gide: «Hay obras que crean a su público y hay obras que son creadas por su público». El lector ideal, en definitiva, es el público inventado por la propia obra literaria, es decir, quienes descubren que necesitaban el libro sólo en el momento de leerlo.

He bosquejado sumariamante los conceptos que según mi memoria y experiencia constituyeron el meollo del legado estético que José Donoso nos hizo en su taller y que se expandió a través de sus contactos con otros autores de la generación emergente. Para resumir, éstos fueron: Autonomía de la ficción; búsqueda de lo otro; fisura; pensar en la página; identidad entre forma y tema; encarnación de lo contemporáneo; lector ideal.




Pero una poética en tensión


Sin embargo, para hacer las cosas más complicadas, más ambiguas, más donosianas en suma, debo decir desde ya que Donoso no era completamente fiel a la poética que predicaba en su taller y que he resumido anteriormente. En realidad, esta era una poética en tensión. Había una fisura entre su discurso y su práctica por la que se colaba una perplejidad adicional para los miembros de la generación emergente que estábamos en su órbita de influencia.

Lo que ocurría es que el Donoso que encontramos en el taller, a su retorno a Chile, en 1980, era uno que venía experimentando una gradual mutación en sus posiciones estéticas de los años sesenta y setenta. Esta mutación lo llevaría de la etapa que la crítica (Hugo Achugar) ha llamado de irrealización hacia una de realización, de mayor contacto con la realidad, o de menos autonomía de la ficción para usar los términos antes expuestos.

En mi opinión, el hecho decisivo en este progresivo viraje fue el golpe militar de 1973, en Chile. A partir de entonces, y particularmente desde su retorno a Santiago en plena dictadura, Donoso va a experimentar una creciente tensión expresiva derivada de las urgencias políticas de la realidad chilena y latinoamericana que se empiezan a trasladar al primer plano de sus obras siguientes. Tensión que nos trasmitió en el taller y que por lo tanto también constituye parte de su legado. Un legado ambivalente, ambiguo, como ya he dicho.

Esta tensión estética de Donoso significa una evolución desde su poética elaborada durante los sesenta y setenta hacia nuevas posturas que van a incluir el posmodernismo y un realismo de cuño más tradicional, por oposición al cierto vanguardismo de la etapa anterior.

Aunque la segunda etapa, la de realización, comenzaría con Casa de Campo, para los efectos de su legado a la generación emergente chilena, me parece a mí que esa fase está representada sobre todo por La desesperanza, su novela de 1986, o sea escrita precisamente en mitad de la década durante la cual nos hizo taller.

Como se recordará, La desesperanza es una novela sui generis dentro de la trayectoria tan sui generis de Donoso. Se trata de una obra política en la que se entrecruzan los temas y motivos donosianos, formando una curiosa pieza de esperpento sociológico. Una especie de neorrealismo esperpéntico, en la que los personajes del subsuelo moral chileno se codean con los del hampa política. Lo importante acá es que al escribir esta novela Donoso renuncia, o mejor dicho relativiza, varios de los postulados de su poética tal como los enseñaba en su taller. Por de pronto, la autonomía de la ficción es relativa puesto que se trata de una novela con un claro objetivo político: retratar y denunciar el trasfondo perverso de la dictadura chilena. Del mismo modo, el lector ya no es el ideal sino que la novela buscaba impactar y conmover a los lectores concretos de ese momento, proporcionándoles una herramienta ideológica de resistencia en la contienda política. Asimismo, la propuesta estética no consiste exactamente en el conocimiento de lo otro, sino en el reconocimiento de una identidad colectiva, ejemplificada en la gran marcha de protesta con la que se cierra el volumen. Por último, la obra no esta escrita desde la fisura, sino más bien desde la integración del autor al gran bando de las víctimas y los resistentes. Y así podría seguir mostrando como Donoso en esta obra, y varias otras de esa época, es infiel a los postulados básicos de su poética; lo que equivale a decir que fue fiel a sí mismo y a su continua búsqueda creativa.

Fue en dicha inflexión de una irrealización a una realización donde encontramos a Donoso cuando vuelve a Chile, y fundó su taller. Y será esta influencia mezclada, ambigua, esencialmente donosiana, la que influirá en la generación emergente que pasó por él.

A mi juicio, Collyer, Contreras, Fontaine, Fuguet, de la Parra, y yo mismo intentaremos una narrativa cuyos supuestos, su base, es la búsqueda del objetivo estético moderno como lo delineara Donoso en su poética (autonomía de la ficción, etc.), pero abandonando el extremismo formalista que lo caracterizó en los setenta, y trasladando la experimentación al terreno de lo sicológico, o sicológico histórico (la siquis afectada por la historia).

Al respecto, quisiera terminar recordando una de las típicas frases poderosamente ambiguas que le oí a Donoso más de una vez en su taller. Una frase que quizá sea expresiva de todas esas tensiones entre censura y creatividad que vivimos tanto él como sus alumnos en aquella época: «No hallo las horas de que termine esta dictadura para poder escribir de nuevo una novela sicológica».


Bibliografía

  • Cánovas, Rodrigo, 1997. «La novela chilena: el abordaje de los huérfanos», Santiago, Editorial Universidad Católica de Chile.
  • Donoso, José, 1987. «Historia personal del boom», Santiago, Editorial Andrés Bello.
  • Donoso, José, 1996. «Conjeturas sobre la memoria de mi tribu», Santiago, Editorial Alfaguara.
  • Fontaine, Arturo, 1997. «Donoso en su taller», Madrid, Revista Letra Internacional, N.° 52.
  • Franz, Carlos, Agosto 1994. «José Donoso, mortal», México, Revista Nexos.
  • Onetti, Juan Carlos, 1971. «El Astillero». Prólogo de José Donoso. Barcelona, Editorial Salvat.

lunes, 13 de julio de 2009

Conversaciones de Cinosargo y MAL con el poeta Rodolfo Khan

7/13/2009 02:34:00 p. m.

Imagen del comedor del poeta (Una figura de la mujer araña, vino y anotaciones de su trabajo poético+ciencia+deporte ¿?)

La siguiente es una entrevista al poeta Rodolfo Khan, escritor radicado en Arica desde hace años, en realidad, más que una entrevista, es una conversación en torno a la figura y obra del interesantísimo escritor, hay además lecturas de su poesía y sus perspectivas como creador.

En la charla participaron Daniel Rojas Pachas de Cinosargo, Eduardo Ignacio de MAL y José Martínez Fernández de Palabra escrita.











sábado, 11 de julio de 2009

Algunas luces sobre El Paseo Ahumada y su autor Enrique Lihn

7/11/2009 07:53:00 a. m.

Algunas luces sobre El Paseo Ahumada y su autor Enrique Lihn

Artículo publicado originalmente en "Asimetría", n° 1, enero de 1986, Barcelona, España, pp. 73-77, revista dirigida por Javier Lentini (1929-1995), fundador y Director de esta publicación y anteriormente de "Hora de poesía" (1979-1995), cuyas páginas acogieron amplia y regularmente a autores latinoamericanos. Lentini fue poeta, traductor, editor y médico. En su obra, traducida al francés y al italiano, destacan los títulos "Poesía espacial", "Trilogía prohibida" y "Museo de exorcismos", "La sal y otros poemas" (Antología poética 1973-1975). De reciente edición por Ediciones Ígitur, "Poemas en homenaje". Amigo y admirador confeso de Enrique Lihn, Lentini solicitó expresamente a Waldo Rojas el presente artículo de presentación de la edición facsimilar de "El Paseo Ahumada", publicada en tirada aparte en el número inaugural de su revista.

Creador de una corriente profundamente renovadora de las tradiciones de lengua poética en Chile y bastante más allá de las fronteras de la América latina, corriente sin embargo ajena a las vehemencias prosélitas y a los aspavientos del vanguardismo, Enrique Lihn es hoy día una figura indiscutible de la literatura contemporánea en lengua española. Nació en Santiago de Chile en 1929; ligado por formación y convicciones a la universidad, ese puente espiritual con el mundo tendido en ese "arrinconado núcleo del mundo hispanoamericano", la escritura literaria de Lihn ha sido vertida desde su primer poemario, en 1949, en una serie de volúmenes de aparición discontinua y de circulación estrecha, poco o nada difundidos en España. Dos muestras de módica entidad, Algunos poemas, 1972, y Por fuerza mayor, 1974, debidas al ya desaparecido sello Ocnos, han precedido la reedición de La Pieza Oscura (Madrid, LAR, 1984), obra considerada desde su aparición en 1963 como el momento de madurez y de mayor acuidad de su cometido estético, a la vez que jalón inaugural en el desarrollo de la poesía chilena moderna.

Desde entonces y hasta sus últimos poemas publicados, la escritura de Lihn manifiesta en su carácter orgánico la sostenida arquitectura de una postulación original indiscutible dirigida a las formas tanto como al sentido radical de esas formas, en la situación particular, espacio-temporal, del acto mismo de escribir: "trabajar con la muerte / codo a codo, robarle unos cuantos secretos".

Su poesía, que se prolonga inevitablemente en la prosa de sus tres novelas de peculiar factura, es a menudo indisociable de la producción crítica y teórica de este autor aguijado por la búsqueda de lucidez en las fronteras encubiertas de la relación del individuo con el mundo. En los poemas de Lihn toma cuerpo implícitamente, como una estructura más de la coherencia poemática, una constante reflexión sobre el acto de escribir considerado como zona de irrupción en la historia de una conciencia subjetiva. Relación de la escritura con la existencia, su poesía aspira a fundarse como el lenguaje de aquella tensión, y toma pie en el terreno inestable de todos los cuestionamientos, animado de todas las indocilidades, vórtice o punto vertiginoso en donde se revela la inanidad de los discursos que pretenden sostener la realidad.

El Paseo Ahumada cabe, en la tipología de los poemas de Lihn, dentro de la categoría de sus textos de alto grado referencial, apegados, si no entretejidos, a la trama del acontecimiento y la circunstancia. No se trata, sin embargo, de una "poesía de circunstancia" en el sentido restringido de apertura "poética" del texto hacia la actualidad y los acontecimientos señeros, o sea, de una simple glosa edificante o emocional con apoyo en la experiencia compartida con un cierto contexto comunitario. El correlato textual de El Paseo Ahumada es ya una alegoría. Él existe con independencia de todo poema en tanto que espacio real en la toponimia urbana; pero existe también como sinécdoque o contenido simbólico en la conciencia de los santiaguinos que a diario lo frecuentan en tanto que usuarios y en tanto que ingredientes de su realidad. Algo similar ocurre con el poema de Lihn sobre las Ramblas de Barcelona (1): un sitio más o menos emblemático se textualiza al ser objeto de una cierta mediación discursiva cruzada por niveles de lenguaje muy heterogéneos que acotan dicho sitio simultáneamente; desde ya el nivel de la lengua particular de un poeta, enseguida el de los modos retóricos que identifican la lengua literaria, o la de la prensa, o la de las instituciones, además del nivel de los sesgos, guiños y giros de un repertorio coloquial en donde se conjugan contradictoriamente las exigencias de dos pulsiones instintivas: el prurito irreverente y la conservación de la integridad física. Lenguaje, pues, este último, hecho de disimulos y eufemismos. Esos niveles de lenguaje refractan la percepción inmediata de la experiencia vívida, re-semantizándola en otros planos, desamarrándola de las circunstancias de origen, haciendo de ella un revelador en profundidad de la condición de un pueblo, de un país.

Texto complejo en sus articulaciones significativas, inseparable quizás de su consumo en vivo, El Paseo Ahumada remite, tanto por su textualidad como por su soporte material vuelto él mismo un significante (calidad del papel, formato, tipografía, etc.), a dos dimensiones por lo menos, allí concluyentes. Una, la de la memoria reciente o historia inmediata: la calle Ahumada remodelada en pomposo paseo peatonal. La otra, inserta ya en la memoria cultural, representada por la tradición intermitente de la Lira Popular.

Antigua calle de bancos y de comercios prestigiosos, calle de la Catedral y de la Plaza de Armas, arteria dorsal del "centro" urbano, con sus aglomeraciones humanas y sus atochamientos automovilísticos, el abigarramiento social y el smog sofocador, la calle Ahumada fue un lugar de encuentros y arena de ajetreos de la mundanidad capitalina. Su nombre evoca, dicho sea de paso, la persona de un rector de la dieciochesca Universidad de San Felipe, visto por sus contemporáneos como el hombre más docto de la América española. Su transmutación en paseo peatonal según modelo supuesto venido de las grandes urbes occidentales, es una de aquellas realizaciones mediocremente pretenciosas en materia de Grandes Trabajos de Interés Público que suelen emprender las dictaduras en búsqueda de prestigio o a manera de exorcismo. Reemplazo, de hecho, de una entidad viva que en la memoria colectiva connotaba el sentido de la "libre circulación", por un simulacro artificioso a imagen del margen de movimiento que el nuevo orden impone o permite a sus sujetos. En ese decorado de un insoslayable rastacuerismo monumental, "El Pingüino" es la figura emblemática y encarnación semi-vidente del pueblo chileno bajo la tiranía. Personaje patético en su desproveimiento y en la tenacidad de su sobrevivencia picaresca, él ejerce allí, como el oficiante de un rito ignoto, su comercio mendicante, en tolerada semi-clandestinidad. Es en ese protagonista e interlocutor retórico del hablante lírico del poema que el poeta se reencarna y reconoce. Como él y desde esa ontología minusválida, el poeta es transfigurado en testigo, espectador, actor, víctima propiciatoria de otra descomunal puesta en escena, en otra escala mayusculada, sangrientamente artificiosa: la de los "juegos naturales", cara sombría de los "fuegos artificiales".

Menos aparente para un lector desprevenido, la referencia a la Lira Popular calza naturalmente con el correlato precitado. Hoja impresa de circulación exclusivamente callejera, la Lira Popular. Nació hacia comienzos del siglo anónimamente y como por generación espontánea o excrescencia del mundo populoso de la ciudad capital. Fruto del ingenio popular y nada ajena a la picaresca de la sobrevivencia, ella estaba destinada en principio a un público apenas letrado y esposaba los pliegues de su espíritu y gustos. Precursora ignorada de la prensa de sensación, la Lira informaba en versainas más o menos rengueantes sobre el acontecer más bullente de en la superficie de la actualidad: crímenes sonados, desastres naturales, accidentes nefandos, inmoralidades públicas, etc. Y ello pulsando con mano romanceril todas las cuerdas del alma popular, desde la chispa ingeniosa y las astucias verbales descomedidas hasta la irrisión irónica rayana en la insurgencia, pasando, claro está, por sensiblerías varias y otras complacencias populistas. Discontinua en sus apariciones o desapariciones, la Lira conoció paternidades tan múltiples como efímeras, ritmadas por los sobresaltos del acontecer, las veleidades de la opinión pública o la cambiante salud de la democracia. En su forma original desapareció con el desarrollo del periodismo de masas; documento de época, es hoy día un botín preciado de coleccionistas y filólogos. Pero su modelo ha vuelto a servir en ulteriores oportunidades, durante coyunturas especiales, en beneficio de la causa de publicistas o editores ya menos populares que buscaban así conmutar un medio popular, él mismo también de nueva fisionomía, a propósito de cuestiones candentes de orden público o político. En su presentación exterior, El Paseo Ahumada es un pastiche voluntario de dicha hoja popular y apela sin duda a sus implicaciones culturales.

En otro orden de referencias indispensables, no es difícil descubrir en la presentación tipográfica de los textos interiores del Paseo, una evocación del Quebrantahuesos, obra colectiva y happening gráfico debido a Jodorowsky, Nicanor Parra y el mismo Lihn. Especie de diario mural expuesto diariamente en un muro de un café céntrico de Santiago, confeccionado con la técnica del collage a partir de titulares, fotos y fragmentos de prensa, El Quebrantahuesos fue hacia los años 50 un tipo de humorada intelectual nada inocente, versión local y energuménica de similares juegos surrealistas y patafísicos europeos. Hoy en día la historia literaria chilena mejor informada se acuerda en ver allí el terreno de ensayo de los primeros escarceos de la anti-poesía chilena.

El Paseo Ahumada de Lihn es, pues, la otra cara del lugar conocido en Santiago como el Paseo Ahumada, y que debió ser para los militares gobernantes la cara presentable del milagro económico chileno, si no la contrapartida publicitaria del costo social de la epopeya instauradora del nuevo orden: un canto celebratorio, en suma, de la gesta militar. El poema de Lihn, trabajo poético de zapa, socava en su fundamento discursivo esa realidad: "canto particular", anti-épica de un mundo degradado, lastrado de lobregueces insidiosas y de mal encubierta sordidez. Es la épica pedestre del paseo peatonal, ese retablo ostentatorio de un milagro sin maravillas.

Waldo Rojas
París, julio de 1985

nota _______
1. "Apología y condenación de las Ramblas", en Antología de la poesía hispanoamericana (1915-1980), se lección y estudio preliminar de Jorge Rodríguez Padrón, Espasa-Calpe, Selecciones Austral, Madrid, 1984. Del mismo autor, una presentación aguda y eficaz de los rasgos dominantes de la obra de E. Lihn, en "La obra poética de Enrique Lihn: notas de acceso, Hora de Poesía n° 16/17, Julio-Octubre (sin año), p. 107-108.



viernes, 10 de julio de 2009

ACTA DE RESULTADOS PREMIO LAGAR CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA GABRIELA MISTRAL MENCIONES ENSAYO

7/10/2009 11:03:00 a. m.


DESCARGAR ACTA DE PREMIACIÓN LAGAR.pdf


ACTA DE RESULTADOS

PREMIO LAGAR

CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA GABRIELA MISTRAL

MENCIONES ENSAYO Y POESÍA


En La Serena, a 10 de Julio de 2009, damos a conocer a la comunidad los resultados del Concurso Nacional de Literatura, en Homenaje a Gabriela Mistral, en el ámbito de Ensayo y de Poesía, PREMIO LAGAR, convocado el día 16 de enero, con la Presencia de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet Jeria, por la Sociedad de Creación y Acciones Literarias Región de Coquimbo (SALC.), con el Patrocinio del CNCA. Región de Coquimbo y el Financiamiento del Gobierno Regional de la Región de Coquimbo.

La comisión organizadora de este certamen estuvo constituida por los escritores Alicia Mondaca, Dina Moreno, Oriana Mondaca y Arturo Volantines, en calidad de Ministro de fe.

Como Sociedad de Creación y Acciones Literarias, agradecemos la oportunidad que el CNCA, región de Coquimbo, que dirige don Pablo Nicolai nos dio, de organizar y dirigir este tributo a Gabriela Mistral, y al Gobierno Regional, en la persona del Intendente Regional, don Ricardo Cifuentes y de los Consejeros Regionales, que con su financiamiento hicieron posible esta iniciativa.

Señalamos también nuestra inmensa gratitud a los jurados del Concurso Premio Lagar, por su arduo y cuidadoso trabajo de selección de las ganadoras entre las más de seiscientas obras participantes. De una amplia gama de alternativas elegimos para esta labor a estos profesionales de connotada experticia literaria, rigurosidad y probidad.

El Jurado del Concurso Premio Lagar, nombrado por acuerdo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de la Región de Coquimbo y la Sociedad de Creación y Acciones Literarias estuvo integrado en cada una de las áreas por los siguientes escritores:


GÉNERO ENSAYO:

  • Jaime Quezada, en calidad de presidente del jurado

Escritor y presidente de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral

  • Fernando Moraga

Escritor y periodista de la Región de Coquimbo

  • José Casas

Escritor, sociólogo y académico de la U. Nacional San Juan, Argentina


GÉNERO POESÍA

  • Elvira Hernández, en calidad de presidenta del jurado

Destacada escritora, primerísima figura femenina de la neo-vanguardia literaria chilena

  • Juan García Ro

Escritor, poeta y premio regional de Literatura 2005

  • Daniel Rojas Pachas

Poeta y Profesor de literatura de la U.T.A, director de Revista Cinosargo, Perú


El acta de resultados emitida por los cada uno de los jurados es la que se adjunta a continuación.

ROCIO ALCAYAGA MONDACA

SECRETARIA EJECUTIVA

CONCURSO PREMIO LAGAR




ACTA DE RESULTADOS

GÉNERO ENSAYO

PREMIO LAGAR

Concurso Nacional de Literatura Gabriela Mistral

El Jurado del “Premio Lagar”, género de Ensayo, integrado por los académicos y escritores José Casas (San Juan, República Argentina), Fernando Moraga (La Serena, Chile) y Jaime Quezada (Santiago, Chile) ha acordado, y de acuerdo a sus respectivos listados de selección, listados nominación de preferencias y listados de votación final, otorgar el Premio Lagar y Menciones Honrosas a los siguientes trabajos ensayísticos:


MENCIONES (en igual mérito)

(Diploma de honor)

El Jurado estima y recomienda, en mérito e importancia de los trabajos ensayísticos que se mencionan y a las características propias del Concurso, otorgar en esta oportunidad cuatro (4) Menciones Honrosas:


Mención

Folio 184

Título: El país de la infancia.

Seudónimo: Elquina

Nombre: Ehurodice de Jesús Rivera Oyarce

Ciudad: Vicuña


Mención

Folio 250

Título: Gabriela, el paisaje verdadero.

Seudónimo: Capablanca

Nombre: Fernando Miranda Beltrán

Ciudad: Ñuñoa, Santiago


Mención

Folio 417

Título: Un cielo de tinta viva

Seudónimo: Úrsulo Buenaventura

Nombre: Rodrigo Iván Silva Améstica

Ciudad: Puente Alto, Santiago


Mención

Folio 302

Título: Vosotras/os también matadla. Ensayo dirigido a la nueva generación de lectores.

Seudónimo: Reinaldo Asís.

Nombre: Héctor Véliz Gatica

Ciudad: La Serena.



PREMIO JOVEN

CATEGORÍA ENSAYO MENOR DE 18 AÑOS

(Diploma de honor, Estatuilla Premio Lagar y $500.000)

Folio 497

Título: Naturaleza de una región.

Seudónimo: Dmitri

Nombre: Fabián Figueroa Jaramillo

Ciudad: Valdivia


PREMIOS


Tercer Lugar

(Diploma de honor, Estatuilla Premio Lagar y $300.000)

Folio 579

Título: El Valle de Elqui como microcosmos. Algunas ideas sobre identidad desde la poética mistraliana.

Seudónimo: Rosa de Alejandría

Nombre: Cecilia del Carmen Pérez Matus

Ciudad: Osorno


Segundo Lugar

(Diploma de honor, Estatuilla Premio Lagar y $500.000)

Folio 308

Título: Nadie es profeta en su tierra o Gabriela Mistral la ilustre desconocida del Valle de Elqui.

Seudónimo: Pedro Álvarez

Nombre: Cristian Geisse Navarro

Ciudad: Vicuña


Primer Lugar

(Diploma de honor, Estatuilla Premio Lagar y $1.000.000)

Folio 574

Título: La identidad inabarcable.

Seudónimo: Mistraliano del sur

Nombre: Iván Carrasco Muñoz

Ciudad: Valdivia


Jurado:

José Casas (San Juan, Rep. Argentina)

Fernando Moraga (La Serena, Chile)

Jaime Quezada (Santiago, Chile)

5. julio. 2009




ACTA DE RESULTADOS

GÉNERO POESÍA

PREMIO LAGAR

Concurso Nacional de Literatura Gabriela Mistral

El Jurado ha coincidido - por diversas razones – establecer una especial MENCIÓN REGIONAL, otorgado a tres textos que desarrollan una poesía ligada a algunas regiones del país y, que considera, debe llamar la atención:


TERCERA MENCIÓN REGIONAL

(Diploma de honor)

Folio Nº 85

Título: Por las entrañas del Huasco

Seudónimo: Eva Costa

Nombre: Alicia Magdalena Tapia Pizarro

Ciudad: Freirina


SEGUNDA MENCIÓN REGIONAL

(Diploma de honor)

Folio Nº 443

Título: Cuna de Piedra

Seudónimo: Arnaldo Livares

Nombre: Guillermo Díaz Céspedes

Ciudad: Copiapó


PRIMERA MENCIÓN REGIONAL

(Diploma de honor)

Folio Nº 93

Título: Memoranda

Seudónimo: Federico José Xamist

Nombre: Federico Aguirre Romero

Ciudad: Atenas, Grecia


EL Jurado, en la categoría MENCIÓN, y en votación por mayoría, ha acordado distinguir cuatro textos por la configuración particular que alcanzan cada una de esas propuestas poéticas:


MENCIÓN JOVEN

(Diploma de honor)

Folio Nº 438

Título: Lidia

Seudónimo: A. Domela

Nombre: David Alejandro Inostroza Álvarez

Ciudad: La Florida, Santiago


TERCERA MENCIÓN

(Diploma de honor)

Folio Nº 49

Título: Bocamuerte

Seudónimo: Fernando Montt

Nombre: Aldo Fernando González Vilches

Ciudad: Renca, Santiago


SEGUNDA MENCIÓN

(Diploma de honor)

Folio Nº 122

Título: Abecedario

Seudónimo: Jofré Rueca

Nombre: José Pablo Jofré Jofré

Ciudad: Pedro Aguirre Cerda, Santiago


PRIMERA MENCIÓN

(Diploma de honor)

Folio Nº 517

Título: Los habitantes del fuego

Seudónimo: Fernando Navarro Geisse

Nombre: Cristian Geisse Navarro

Ciudad: Vicuña


El Jurado del “Premio Lagar”, género en Poesía, en votación final y por mayoría, ha decidido distinguir en la categoría de PREMIOS a los siguientes textos, por considerarlos los mejores exponentes en su género en cuanto a forma poética, imaginario y arte del lenguaje, exhibidos en sus propuestas.


PREMIO JOVEN

(Diploma de honor, estatuilla Premio Lagar y $500.000)

Folio Nº 278

Título: Bicicleta a vapor

Seudónimo: Elizabeth Boim

Nombre: Camila Marcela Mardones Vergara

Ciudad: Puerto Montt


TERCER LUGAR

(Diploma de honor, estatuilla Premio Lagar y $300.000)

Folio Nº 374

Título: El curioso caso de don Chico Malilla

Seudónimo: Oscar Petrel

Nombre: Oscar Orlando Burgos Belmar

Ciudad: Valparaíso


SEGUNDO LUGAR

(Diploma de honor, estatuilla Premio Lagar y $500.000)

Folio Nº 289

Título: Chicha Mundial

Seudónimo: Colorado

Nombre: Rolando Andrés Martínez Trabucco

Ciudad: La Serena


PRIMER LUGAR

(Diploma de honor, estatuilla Premio Lagar y $1.000.000)

Folio Nº 372

Título: Colonos

Seudónimo: Lautaro Freire

Nombre: Leonardo Sanhueza

Ciudad: Providencia, Santiago


Jurado:

Elvira Hernández (Santiago, Chile)

Daniel Rojas Pachas (Lima, Perú)

Juan García Ro (Vallenar, Chile)

8 de julio, 2009