miércoles, 18 de marzo de 2009

Poemas inéditos de Héctor Hernández Montecinos del libro NGC 224

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Acusamos recibo de un adelanto del nuevo libro del poeta Héctor Hernández Montecinos, presentamos una muestra de la obra, poemas escritos y una serie de colages en papel.


ALTERACIÓN Y ALTERIDAD

Compadre:

bájese los pantalones

apúnteme. aciérteme en el paisaje fallando. yo pondré luego una pastilla debajo de la lengua.

me apuntó pero no me miraba. no era mi pecho frente a él. apuntaba a nuestro pasado antes de estar juntos. un hilo de sangre cae. en la comisura de los labios. la pastilla me dan ganas de ser él.

y luego ella

y la vida juntos

compadre:

bájese los pantalones (con todos sus significados). hágame sentir huérfano matando al padre y a la madre. dentro de mí. autor y autoridad: mátalos

entra

sale

dispárame en el ojo. en la sensación de observarte. cloro y estilo dirían por ahí. blanca inhalación de mente. todo huele como una voz en dos partes. en dos días. hoy escribo por casualidad. desperté con los tornillos en la cabeza.

la nominación. equivocarse en el momento más oportuno. no sé cómo se llama este arte. ni mi conciencia.

hoy desperté con las sábanas quebradas

el aliento a iglesia

y el cabello muerto

los ojos envician. él abajo. yo adentro. devenir y pulsión son una amalgama de necesidad. ya no leer. el cerebro es vicioso. una herida que llama a besarse. minerales en la garganta. desde la nariz todo es caer. desde los ojos todo es reescritura.

abuso

locura

extensión de la piel (papel)

halo de sangre

todo se mueve

en silencio.


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AUTORIZADO A LA INVISIBILIDAD



Me obligo y escribo
para no perderme el momento de las heridas
sobre el libro de los desórdenes,
que destruye páginas en mi cráneo
metiéndole aire a la acrobacia
de tirarse al vacío
con un lápiz entre sus dedos
aunque la noche y su hondura
sean una estrategia para la ruptura
que significa acarrear palabras
y alejarse a terminar un patio de piedra
donde uno y otro se leen
en la extrañeza de lo propio y lo ajeno,
como los rubíes y la sangre.

Lectura de dos ojos
de dos manos
en dos creo más que en mí
dos hemisferios norte y sur del deseo;
el poema es soledad
pero nunca está solo,
los músculos de la necesidad se ejercitan
sin que uno se dé cuenta,
cualquier dolor es la excusa
para un dolor mayor que se nos estaba olvidando.

Cerrar el libro y declinar
para que la muerte resuelva todo
bajando la velocidad de los líquidos
que gotean por una escalera
ubicada entre mi cerebro y mi autoría.

El papel es un temperamento
de una velocidad desconocida,
salir de aquí o quedarse con él
renunciando a todo lo que tenga nombre
porque las palabras son una trinchera
agazapada en la incertidumbre.

Permutación: país o casa
¿para qué definir?

Lo que se habla tiene toxinas
y moribundo es todo lo que se ha dicho,
lo que hay entre tú y yo
es un viaje por el lado equivocado
de todo lo que significa esconderse.

Se mira lo que se quiere
y se observa lo que se necesita
¿me ves aquí?


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EL CANTO DE LAS CALAVERAS


Una lágrima de un muerto más otra

de un pájaro: así nacen los ríos en el cielo.

Los ríos:

llenos de aire. Las lágrimas de un muerto:

sin ninguna pendiente. Fría y horizontal.

Muchos ríos son un país

verde y blanco como flores y libros

que nacen en el fondo del mar.

Un poeta vende violines por vanidad

pero los violines son de cactus

y el desierto está lleno de ellos.

Mira: esos hombres esperan que de las carreteras

se vayan las moscas y las piedras

para hacer un templo

lleno de mendigos y sardinas en cuatro patas

con zapatos feos.

Entran los vasallos y las damas

transformados en palomas y palindromas,

sonríen ante la fotografía

del canto de una calavera.

Garganta seca: sin palabras

pedacitos de va, astillas de ob

sílabas enteras pero impares: el viento.

Dijo: los muertos son de piedra

como sus lágrimas en el fondo del río.

Dicen: nunca se detiene

el polvo,

piedra y río muertos.

Parecen vacas las que beben

leche de ese hígado

que duele como chile con rencor. Pero uno

siempre derrama, problemas de pulso.

Síntesis: dos muchachos se sacan

la máscara, marinero y náufrago,

como una reescritura

que terminará hundiéndose igual ¡cuidado!

Un par de estrellas negras desaparecen

en la noche y los borrachos del cabaret

son su coro.



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