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domingo, 20 de marzo de 2011

Exitoso lanzamiento de OSCURA PALABRA

3/20/2011 12:15:00 p. m.

El poeta Renard Betancourt, prologuista del libro, al comienzo de la ceremonia inicial y única en Chile.

Tras treinta años de silencio poeta chileno se adueña de nuevo del entorno literario

Con un video enviado desde España, que viene siendo el primer documento que puede ver Chile del autor de “Oscura Palabra”, Oliver Welden, quien tras treinta años de silencio, sin dejar de ser un poeta mayor desde la década de los setenta, se lanzó en las dependencias del Palacio Rivera de Valparaíso este nuevo texto del poeta.
Roberto Bolaños, antes de morir dijo de él: “es uno de los extraordinarios que conocí desde mi etapa de adolescencia”.
Welden, nacido en 1946 y que en la actualidad radica en España y Suecia, simultáneamente, es uno de los expositores poéticos que más atrae a las nuevas generaciones, aquellos que muchas veces se vieron atrapados tras las vanguardias que en ocasiones no grafican entornos literarios.
Una de las atracciones que ha demandado este poeta chileno, es que por más de treinta años se mantuvo en silencio, un silencio que ningún literato hace, salvo quien se siente dueño de sus propias condiciones
Welden ha sido uno de esos casos., mantuvo el silencio de seis lustros y de repente arremete de nuevo en el concierto literario mundial. Ganador del Premio Feria del Libro de Nueva York en el 2007 y reconocido entre sus pares mundiales.
Se trata de un chileno que deja su país en 1975 tras la dictadura militar, sofocado por los entornos negros de esa época.
El lanzamiento del libro editado por Lom con prólogo de Renard Betancourt y otros escritos de Virginia Vidal y Carlos Amador Marchant, se realizó el pasado viernes 18 de marzo en las dependencias del Palacio Rrvera, bajo el patrocinio de ANFUCULTURA, sindicato del Consejo de la Cultura.
Welden en conversaciones con su homólogo Carlos Amador Marchant, autorizó este lanzamiento en Chile, siendo Valparaíso el primer lugar donde se lanza esta obra que encierra un tema de profundidad en cuanto a la dictadura militar, visto por un chileno desde el extranjero.
El encuentro se realizó con una excelente asistencia de público, quienes pudieron ver un video con la imagen exclusiva del poeta chileno, afincado en el extranjero desde hace treinta y seis años.
Welden es autor de los libros: “”Anhista”; “Perro del amor”, “Fábulas Ocultas”” y “Oscura Palabra”. Se le reconoce como uno de los autores más profundos de la Generación Dispersa.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Valparaíso: Lanzamiento del libro Oscura Palabra de Oliver Welden

3/16/2011 05:56:00 p. m.


La presentación estará a cargo
de Carlos Amador Marchant
Viernes 18 de marzo a las 19 horas
Sala Palacio Rivera
Serrano 543, segundo piso
Valparaíso
Patrocina
ANFUCULTURA





“Oscura palabra”
Poesía (1970-2006)
de Oliver Welden



Por Carlos Amador Marchant


Casi al finalizar el 2010, en consecuencia, ya en los inicios de este nuevo año (2011), “Oscura palabra” es el libro que Oliver Welden nos muestra para repensar a esta sociedad que nos atañe, que nos golpea, que a veces nos asfixia en tanto la recorremos y la observamos.

Habíamos esperado este libro por varios años. Lo habíamos conocido y nos había impactado por la minuciosidad del poeta en la conformación del trabajo, en la estructura, en la edificación de tanto pensamiento.
Ahora que lo tengo en mis manos por segunda vez (editada por LOM), porque la primera fue en una edición personal (confeccionada en forma artesanal), siento la misma emoción inicial, casi como que los poemas se ensamblaran en los rincones de este país llamado Chile, y a la vez nos dieran el alimento recordatorio de fieros momentos acaecidos en la década del 70.

Welden ha escrito, ha parido esa “oscura palabra” que llevaba apretujada cuando salió de este país, que la mantuvo por más de tres décadas y a la vez le produjo, le sedujo acometer un silencio prolongado, prolongadísimo, como quien pide tiempo para reflexionar por tan graves momentos, para al final hacerlos eternos y profundos, sensitivos , traspasando fronteras.

Estoy contento con la aparición de esta nueva obra de Oliver Welden, y no me queda más que abrazarlo desde la distancia, con la emoción y el sentimiento de un amigo.



El poeta por Virginia Vidal



viernes, 4 de marzo de 2011

Oscura palabra de Oliver Welden: Memoria desterrada y reescritura

3/04/2011 02:33:00 p. m.

Oliver_Welden.JPG


Oscura palabra de Oliver Welden:

Memoria desterrada y reescritura


Sergio Infante

Universidad de Estocolmo

Oscura palabra (Santiago de Chile: Editorial LOM, 2010)

Foto: Eugenia Concha (Malmö, Suecia, 2006)

La poesía de Oliver Welden (Santiago de Chile, 1946) tarda en dejarse ver pero, cuando aparece, la singularidad y el brillo compensan la espera. Welden empieza a escribir en su época de liceano, y es ya un estudiante universitario al momento de publicar su primer libro, Anhista, en Santiago, el año 1965. Este dato lo sitúa en la promoción de poetas chilenos que se dan a conocer en fechas cercanas a la segunda mitad de los años sesenta: Omar Lara, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, por mencionar a algunos; jóvenes a los que el golpe militar y la dictadura obligarán a cambiar de rumbo, modificar sus proyectos literarios y toda clase de proyectos, pasar a la condición de sobrevivientes, olvidarse un poco del marbete de “la nueva poesía chilena” pues serán reetiquetados por los estudiosos como la generación dispersa o de la diáspora. Conviene recordar, de paso, que antes de que este desbande suceda, la mayoría de estos jóvenes llevaba una vida intensa, llena de actividades culturales y políticas: las reuniones, los mítines, los estudios o el trabajo, la participación en fructíferas jornadas literarias en las ciudades más importantes del país, la escritura. Por esos años nacieron varias revistas que refrescaron la actividad poética: Trilce, en Valdivia, que aún se mantiene en pie, Arúspice, en Concepción, Tebaida, en Antofagasta; de esta última Oliver Welden fue fundador y redactor. En 1970, aparece en Antofagasta, el segundo libro de este poeta, Perro del amor, que gana el premio Luis Tello, otorgado por la Sociedad de Escritores de Chile y que convierte la obra de Welden en uno de los referentes de su generación. Entonces al poco andar llega el 11 de septiembre de 1973, la dictadura militar con su violenta oscuridad; también llega el trazo oscuro, aunque en otro sentido, que dejan las diásporas. El poeta se exilia en los Estados Unidos, la tierra de su padre, pasan muchos los años, la dictadura de Pinochet se termina, las visitas del poeta a Chile son esporádicas. Más tarde, la viudez y un cambio en el destino lo llevarán vivir indistintamente en Suecia y en España. Ningún sitio ha logrado reemplazar el país natal. Este, por lo demás, ya no puede ser el que fue un día, hay un desencuentro del tiempo y la geografía, el país natal solo se acerca a la certeza en la imaginación y la memoria, sostenido por nostalgias cada vez más ambiguas, contradictorias, rituales, siempre imprescindibles. Los exilios prolongados no se acaban con un decreto de amnistía o con la vuelta de la democracia, quedan en la existencia como una marca indeleble. Durante este largo periodo, la poesía de Welden, en cuanto a publicación, fue mínima, limitada a alguna revista, hasta la aparición del libro Fábulas Ocultas (Concepción, 2006), en LAR, editorial que el poeta Omar Lara dirige con notable perseverancia. La espera de Oscura Palabra. Poesía 1970-2006 ha sido menos prolongada, se edita en Santiago en el 2010, bajo el sello de LOM. Invito a leer esta obra.

Los riesgos que corre un escritor de alguna manera son sus virtudes, la apuesta se consigue plenamente cuando se logra crear no solamente un texto distinto sino que también un nuevo tipo de lector. Los riesgos que se advierten a primera vista en Oscura palabra son dos. El primero tiene que ver con la elección del tema, en este caso la memoria reciente de Chile y los chilenos, según la mirada del poeta desterrado o de su hablante que lo representa en el texto, que percibe, vive y revive unos hechos transcurridos entre los años 1970 y 2006, tal lo señala el subtítulo del libro; este lapso es la poesía y lo vivido. Época marcada por una serie de acontecimientos que, siguiendo Oscura palabra, podrían resumirse de la manera siguiente: a) Triunfo de la Unidad Popular y gobierno de Salvador Allende, los sueños esperanzados y la sedición reaccionaria; b) golpe de Estado y dictadura de Pinochet, represión, resistencia, exilio; c) la vida con posterioridad a la dictadura, los regresos. Cabe agregar que todo lo anterior, al evocarse, ocurre en un escenario que se ha vuelto fantasmagórico. También debe decirse que, a primera vista, la novedad del poemario no se encuentra precisamente en el tema, este es más que recurrente en nuestra literatura de las últimas décadas. ¿Cómo decir algo nuevo de algo tan profusamente tratado? Oliver Welden es muy consciente de que los temas, en literatura, jamás se agotan, por muy copiosa que sea su presencia en un periodo determinado. Los temas no se agotan, lo que de algún modo caduca, por uso y desgaste, son las formas de expresarlos, el lenguaje. Por eso el poeta se atreve a volver a contar y cantar sobre cosas en el fondo ya sabidas pero no dichas como él las dirá y ese decir distinto es que las hará únicas e irrepetibles; entra, así, en el segundo riesgo, el de la renovación formal.

Welden se juega el todo por el todo en el tratamiento de la forma, en hallar el lenguaje, lo que además tiene una incidencia en la adscripción genérica, a la cual me referiré más adelante. La obra se ha ido diseñando con una propuesta poética muy clara, planteada en el poema dedicatoria “Para Jonathan, mi hijo” donde podemos leer: “Esta oscura palabra hacia el final de mi vida escrita/ con el pecado original del idioma y de la memoria mía/y la de tantos otros voraces y desterrados. / […] Oscura palabra de la cual me hablaron tantas voces, tantos años. / […] Oscura palabra que en silencio apuntaba el andamio del pasado/ y la arquitectura fantasma de todo lo vivido” (s/n). El título de la obra aparece aquí anafóricamente y se indica lo que el lector después podrá inferir a lo largo del libro como el conjuro y la coherencia de una voluntad poética que se expresa en unos versos realizados con paciencia de buen artesano. Paciencia que es análoga a la que se exige del lector, porque si simplemente se hojea el libro desconcertará encontrar, en un texto que por convención el destinatario supondrá lírico, una presencia hiperbólica de la palabra ajena: Un prólogo de Renard Betancourt, una presentación Virginia Vidal, un epílogo de Carlos Amador Marchant, trece epígrafes para la totalidad del libro, además de los tantos otros epígrafes que encabezan la mayoría de los poemas, en varios casos más de uno por poema. El horizonte de expectativas del lector habitual de poesía empieza a ser cuestionado, surge la pregunta: ¿No quedará eclipsada la voz del yo lírico al ser intervenida por tantas otras voces? Una pregunta totalmente legítima a la que el texto sabe responder: “Yo soy el narrador ficticio y lírico hablante y por ende digo/ que el autor buscó lo que era suyo por herencia” (36). Ser narrador ficticio y hablante lírico a la vez implica la no pureza del género. La presencia de lo épico entremezclada con lo lírico viene marcada con fuerza, ya que los dos primeros epígrafes están tomados del Cantar de mío Cid y de La Araucana, dos poemas épicos de nuestra lengua, además, en este caso, indicadores temáticos: el destierro y el país perdido, pero también, de algún modo, el enunciado y la enunciación. En este sentido, conviene subrayar que en el título Oscura palabra no opera un calificativo que se pueda oponer a una palabra clara, el adjetivo antepuesto oscura señala una condición inherente a la palabra y en este caso acentuada por sus condiciones de enunciación: el destierro y las deshoras. Una palabra en la que, como se aprecia en la cita del poema al hijo, la memoria tiene una importancia crucial.

Maurice Halbwachs, antes de ser deportado y muerto en el campo de concentración de Buchenwald, en 1945, dejó unos apuntes sobre el proceso de la memoria que prácticamente han venido a convertirse en la base para el estudio moderno de la materia. Descubiertos en 1950, esos escritos plantean que la memoria es un proceso que va siempre de lo colectivo a lo individual, siempre recordamos con los otros. Sería lato detenerse en explicar esta idea, baste decir que un planteamiento muy semejante subyace en el proceso constructivo de la memoria desterrada, que, por añadidura, es el eje temático que atraviesa Oscura palabra. Eje al cual se subordinan todos los otros temas, tan recurrentes en la literatura producida por chilenos en las últimas décadas. Eje que justamente permite una mirada renovadora sobre estos temas tan visitados. El exceso en el uso de los epígrafes, algo muy consciente y propio de una voluntad constructiva, marca la presencia de la memoria colectiva que permitirá el recuerdo individual. Estos epígrafes si bien son mayoritariamente literarios, también tienen su origen en otro tipo de discursos y de registros; más de una frase cruel y chabacana del tirano Pinochet puede encontrarse entre ellos. Lo interesante es que muchas veces no se limitan a su función epigráfica sino que penetran el poema mediante una técnica que combina el collage con la puesta en abismo, como puede apreciarse con mucha claridad en el poema “Mosaico y escombro: los pálidos muros del palacio” (26-28) donde las mismas voces de los epígrafes, de Salvador Allende, Patricio Manns, Violeta Parra y Pablo Neruda, se refractan y fragmentan en el cuerpo del poema, mezclándose además con el lema del escudo nacional, con un verso del Cantar de mío Cid, con otro de La canción de Yungay, con un informe inglés que detalla el armamento y las fuerzas utilizadas en el ataque a la Moneda, etc. En los poemas estas voces del otro no necesariamente se captan desde textos escritos, a lo leído antes de escrito o reescrito se suma con mucha vehemencia lo escuchado: “esta será la últim oportunid en que me pued dirigir/ a ustedes la fuerz aére ha bombardead las torres/ de radi Por ales y radio Corpora ción llegó volando/ el cuervo sobre mi suelo soldados de chile miren/ cómo nos hablan de libertad […] (27).

Desde mi experiencia de exiliado, me atrevo a decir que se han escogido textos escuchados innumerables veces a lo largo de muchos años, oídos como si hicieran parte de un ritual insoslayable, del conjuro que despierta la memoria y la lleva a una tierra de espectros, fantasmal ella misma: “Producto soy de la memoria de mi tierra natal” (69). Y cuando el desterrado, en los regresos reales, pisa esa tierra, la memoria se encarga de llenarla de almas en pena, de dolorosos recuerdos, como si en ese país el trauma colectivo, lo no resuelto, impidiera que tiempo y espacio se volvieran a reencontrar: “y el fondo de la tierra es un jardín de muertos/ y en ella la muerte multiplica su olvido” (64). No en vano el libro se publica “En homenaje a/ Ariel Dantón Santibáñez Estay (1948), /poeta de Chile, /secuestrado en 1973 y 1974,/torturado en Villa Grimaldi, /desaparecido en 1974/ asesinado” (s/n).

El texto avanza, poema a poema, configurando un discurso sobre nuestra memoria reciente que va de la experiencia compartida a una ya más personal, esto se nota porque el tema del desterrado va cobrando importancia y porque la técnica del collage se atenúa y hasta desaparece, lo que en ningún caso significa que se agote el diálogo intertextual, simplemente se muestra menos en la superficie del poema. Si se mira Oscura palabra con una visión de conjunto o como si fuera un único y extenso poema, cuestión perfectamente posible debido a la gran coherencia discursiva que atraviesa el libro, se advierte que a medida que nos vamos acercando al final la presencia del hablante y de su condición de desterrado se intensifica, hay una lucha por hacer del país fantasmagórico un cuerpo tangible, como puede verse en el poema “Las entrañas de un lugar de nacimiento” ahí encontramos: “entre la quinta y sexta costillas –o quinto espacio intercostal–,/ es decir, los espacios marítimos de las islas australes y el estrecho de Magallanes,/ en una línea con el punto medio de la clavícula izquierda” (77-78). ¿Se consuma esta unión, tan cercana a la unión mística, entre el desterrado y el país? Seguramente por instantes: “Oh país, la sombra larga, el fin del mundo, / como la mujer que amas y que no te ama:/faro apagado de súbito” (75). Lo que si está claro es que el poeta lo intenta hasta el final, es lo que le da sentido a su vida.

Como es natural, lo lírico ocupa un lugar destacado cuando la voz del hablante se vuelve hacia su circunstancia personal y toca aspectos más íntimos. Sin embargo, la cuestión del género de esta obra es más compleja. Como una gran parte de las obras que se escriben actualmente, los géneros se entremezclan y sus límites se hacen borrosos. Aquí lo lírico se entrelaza con lo épico; comulgamos con la emoción del instante, pero también, y con mucha fuerza, advertimos que transcurre aquí el relato de una historia colectiva e individual, un devenir. Una historia que, por lo cercana, debe más a la memoria reciente que a la historiografía, de manera que el género memorialístico entra en el juego. Se recuerda y se construye el recuerdo batallando contra el olvido, condición necesaria a la hora de los balances que se hacen y deben hacerse: “con el perdón de la culpa nada queda/y así todo forma parte natural del olvido” (74).

No es ajena a todo lo que aquí se ha dicho la posibilidad de inferir en Oscura palabra no solo una poética, sino que también una ética para la vida, nacida de una vida entre el destierro y lo perdido. Quizá en el fondo esto sea lo que permite que, al volver sobre temas tan recurrentes, se pueda lograr aquello que planteara Octavio Paz, que las cosas se dijeran como si se nombraran por primera vez; es decir, la poesía.

Estocolmo, Marzo 2011



miércoles, 24 de febrero de 2010

De la tradición de Oliver Welden

2/24/2010 01:16:00 p. m.

De la tradición de Oliver Welden

Rolando Gabrielli




El poeta Oliver Welden, desde Màlaga, cumple con su ritual para estas fechas en que febrero, es natalicio y el esplendor del verano tropicical. Desde Màlaga, su tercera patria en estos exilios de dos siglos, Welden me convierte por unos instantes en poeta bilingue y traducido a la lengua del singular y enigmàtico Shakespeare, rey de los poetas y dramaturgos britànicos.
Llega su misiva electrònica, amical, lacònica, precisa, en la simple tradiciòn de la amistad y las palabras. Amistad, un viejo ejercicio que practicàbamos por allà en los años sesenta en la antigua capitanìa de Chile, la fèrtil provincia que se nos escurriò como sal entre los dedos, de Norte a Sur y en toda la cardinalidad de sus puntos.
Gracias Oliver, las fechas, son las fechas, para llegar y partir. Brindemos por uno màs, en el azar de los tiempos, por esta vieja amistad a prueba de olvidos. Salud a tu poesìa, a tus dìas españoles, màs bien andaluces. Y que el tiempo nos siga agarrando confesados, ya confesos en la poesìa.
Mis mejores deseos,
Rolando
DOS POEMAS DE ROLANDO GABRIELLI
EN TRADUCCIÓN DE OLIVER WELDEN


Un cisne

Un cisne
aun después de muerto
siempre
será un cisne


A Swan

A swan
even after death
will always
remain a swan


Frutos del mar

Frutos del mar,
frutos de la tierra,
tú y yo,
somos
peces de un mismo barro.


Fruits of the Ocean

Fruits of the ocean,
fruits of the earth,
you and I,
are
fishes of the same mire.

Mi Querido Rolando: Parece que esto se hace tradición. Aquí van dos traducciones de tus poemas para tu cumpleaños. Apio verde tu llu (un día antes). Oliver.

http://rolandogabrielli.blogspot.com/



viernes, 15 de enero de 2010

Perro del Amor de Oliver Welden y la agonía como axioma vital por Daniel Rojas Pachas

1/15/2010 05:02:00 p. m.


Perro del Amor de Oliver Welden y la agonía como axioma vital.

Por Daniel Rojas Pachas

“Perro del Amor” es un poemario de culto dentro de la literatura chilena, su lenguaje rudo y desencantado, agónicamente sexual y abierto al desamparo más íntimo del ser, logra en su consecuente “parquedad de epitafio” como lo caracterizó en su momento Jorge Teillier, una profundidad extrema que con el correr de los años se ha macerado logrando en su comunión con el dolor, altas cuotas de expresividad.

Welden con su perro nos conmina a la soledad más personal sin ignorar el sufrimiento que implican las relaciones sociales. En “Cadáver con fruta” (primera parte del poemario) explora los lindes de la cordura y el abandono priorizando la idea de suicidio y vejez como una muerte lenta y eversiva. En “De un tiempo a estas partes” (sección media del libro) ata nuestras conciencias ante el desasosiego familiar y finalmente en “La Manzana del gusano” (último cuaderno del texto) deposita toda su desesperación y furia ante el fracaso de la comunión última con el otro.

Se prioriza de este modo una noción que a lo largo de todo el libro, gravita en torno al reconocimiento de la orfandad natural del hombre, agotando todas las posibilidades de interacción desde las más solipsistas hasta las que perciben en el clímax sexual, una condición previa a la languidez del espíritu que termina por asumir de modo abismal su incomunicación intrínseca.

Hay que destacar que el autor en la construcción de esta atmósfera de sincera asfixia y desgarro, gesta una voz peculiar y única para la poética del norte de Chile. Espacio ineludible al referirnos a Welden, pues su obra está íntimamente relacionada con el extremo desértico y fronterizo de esta región del mundo.

Esto de ningún modo le resta universalidad al libro y a la voz del poeta, todo lo contrario, su presencia marca un hito aún no superado en la continuidad creativa de estas latitudes.

La génesis de “Perro del Amor” es reveladora y digna de ser reseñada. El título se remonta a los setenta en el marco de los años previos al apagón cultural; fenómeno de fisura y supresión que traería la dictadura y que afectó de modo directo al autor y su generación.

Social y culturalmente numerosos proyectos fueron abortados, esto marcaría el sino y difusión de la obra y en paralelo el fin de Tebaida Poesía, revista editada entre el 68 y 73 por Welden y Alicia Galaz Vivar, compañera del escritor, fallecida en el 2003 y destacada escritora y académica de la ex universidad de Chile con sede en Arica.

Situados en aquel periodo de fertilidad previo al quiebre de lo que algunos han señalado como la época de oro de la poesía del norte grande y en específico de Arica, podemos captar la edición de importantes libros como GRRRR del grabador, editor independiente creador de libros Mimbre y poeta visual radicado en Antofagasta, Guillermo Deisler, otra obra imprescindible de aquella época es “Jaula grande para el animal hembra” de Alicia Galaz, y desde luego la que atendemos, Perro del Amor de 1970 y que aparece precedida por la obtención del premio nacional Luis Tello y por ende con un gran apoyo de la crítica que se prolongará positivamente con los años pese a su desafortunado destino, su desaparición de los anaqueles y bibliotecas. Pese a los avatares, Perro del Amor se vuelve un libro intertextualmente consultado por poetas. Así surge el carácter de leyenda del autor, al punto de gozar de una resonancia universal que por medio de la palabra libre y directa ha trascendido los pliegues de la memoria y las fronteras del imaginario.

Muchas historias se centran en torno a la obra, peregrinaciones erráticas coma la de Javier Campos y sus compañeros que cruzaron el desierto de Atacama en una odisea en pro de contactarse con el escritor, no hay que ignorar tampoco las señas y referencias de laureadas voces de la literatura latinoamericana contemporánea como Jorge Teillier, Roberto Bolaño Y Omar Lara que reconocen en Welden un referente ineludible.

Desde impensados rincones del mundo como Panamá, Argentina, España y Norteamérica recibimos noticias del autor. Carlos Marchant, Arturo Volantines y Rolando Gabrielli son algunos de los poetas que remarcan la importancia del autor, siendo Estados Unidos uno de los puntos clave para la difusión de la voz de Welden y Perro del Amor en las últimas décadas. Dave Oliphant, el mismo que tradujese a Lihn al inglés, nos entrega una cuidada y preciosa reedición bilingüe del libro la cual mantiene parte de la estética visual del texto primigenio al conservar las ilustraciones de Deisler. Esta versión se conoce con el nombre de Love Hound.

También es necesario mencionar en torno al estado del arte de Welden, que durante el incipiente discurrir de este nuevo siglo, la leyenda inubicable y sumida en un silencio de casi cuarenta años, reapareció durante el 2004 a través de Lar ediciones con el texto Fábulas Ocultas. Libro que inicia con una traducción libre hecha por Welden en torno a las ideas de Reiner María Rilke y que desde sus primeras páginas nos provee de un faro que nos ilustra al momento de reconstruir esos momentos escamoteados y pasos a ciegas que ante su voz, muchos lectores dimos.

Sin embargo, volviendo a Perro del Amor, podemos señalar que aquel libro de alma adolescente, sonido y furia plural, goza de un talante de delirio. Fruta codiciada por poetas jóvenes en busca de iluminación y que hasta hoy preguntan e indagan royendo las páginas de la historia como quien casca un hueso que permita esnifar la huella del legado del poeta. Ejemplar es el caso de los pasillos y cátedras de literatura de lo que hoy es la Universidad de Tarapacá en Arica, en esos edificios un rastro se sobrepone a la fisura y olvido que generó el violento tránsito que tomó de golpe a nuestro país.

El mordisco que la palabra de Welden hizo a nuestra realidad se impone y discurre como una imagen mítica que resuena en versos potentes como el que transcribo a continuación y que sirve como introducción para desarrollar un análisis al poemario de modo integral.

Las moscas ocultan el corazón

porque el corazón es una magnífica bosta (Axioma Vital)

Perro del Amor divido en tres cuerpos, cadáver con fruta, de un tiempo a estas partes y la manzana del gusano, cada una con una temática propia, mantiene sin embargo campos semánticos en común que se repiten y fomentan una asociación como estructuras independientes que definen de distintas maneras la agonía vital, biológica y existencial del hombre.

El punto que une los tres cuerpos es una concepción de mundo entendida como sufrimiento, Agon/ lucha. Allí el ser navega en la búsqueda y síntesis de sí mismo. El dolor parece ser en la obra de Welden lo único real y auténtico que queda para nuestra especie.

Cadáver con fruta, primera parte del libro compuesta por los poemas Credenciales, Advertencia, Axioma Vital, Sobremesa, Vaivenes, La fiesta y Superhombre, coquetea con la muerte y soledad presentándonos retratos de vidas situadas en un profundo abandono. Estas intrahistorias colapsan colgadas, pendientes como cuadros que delatan el suicidio y desahucio en amas de casa, ancianos y oficinistas. Gente común que libra su desencanto ante la existencia con las únicas armas que su devenir le ha permitido, lo cual no implica que estos cadáveres o enfermos terminales ostenten un mensaje trivial. Su decir perentorio y profundo vislumbra épicas miserias que han sido llevadas con un estoicismo mudo y que ante el agotamiento y el hartazgo del calendario y la superficial cotidianidad, tan dañina, tan punzante, persiguen resolver en la horca.

Fulano de Tal, de infeliz memoria,

acogido al desencanto y criado en la impostura,

(…)

Mientras se sube a la silla

y al cuello ajusta la soga.

Similar a la dupla de Beckett que espera a Godot, todo se vuelve en la vida de estas voces una dilatada pelea contra la nada, un tira y afloja contra algo que se desconoce y anhela y que ante la inminencia de su absurdo e inutilidad, sobreviene la amenaza de poner fin a la espera con la aparente sencillez y carácter categórico de la autoeliminación. La diferencia con la obra del irlandés está en que aquí la rama no se quiebra como un recurso de último segundo por tanto, la llamada de auxilio no llega jamás acrecentando con desnudez aquel grito dirigido al vacio que Welden irá aumentando en decibeles en sus poemas

Credenciales remata.

(…)

En alguna parte de la casa

el teléfono que llama, brevemente,

demasiado tarde. (Credenciales)

Otro texto de cadáver con fruta, advertencia, denota el cruel desamparo al mostrarnos como un hombre dialoga en vida con estériles objetos, seres acompañados en su inercia por sonidos pétreos y notas cargadas de nostalgia. La vida que antaño detento, un recuerdo y que hoy sólo es una emulación pobre de lo que puede significar para el ser humano la calidez y compañía y su trato con la alteridad. Anti-climáticamente el texto concluye en una mayor ausencia

Al cajón le ajustaron las manillas por dentro

para que esa mañana

se condujera solo al cementerio (Advertencia)

El poema Sobremesa repite la idea del ser colgado, amarrado entre días oscuros de una rutina preñada de muebles viejos y ruinosos como restos de una guerra, a la manera de Millán y con una economía del lenguaje, Welden edifica un apocalipsis doméstico desde la perspectiva de la mujer sepultada por utensilios y trastes que pusieron precio y determinación a su vida.

La fiesta y el superhombre en cambio llevan el desamparo domestico a los límites de la vejez, se expone el abandono de las fuerzas y la languidez del cuerpo a través de lo escatológico que juega un rol preponderante: diarreas, incontinencia, falta de control en las extremidades y el deterioro de la memoria, señales que rebanan y emasculan en estos casos al macho.

De este lado siempre estamos vivos,

con diarreas ocasionales, suaves úlceras abiertas,

la arteriosclerosis hasta en los testículos (El superhombre)

Un símbolo poderoso que vale la pena destacar es el mar como fondo abisal, como imagen del eterno retorno, las olas y en general el vaivén de los líquidos grafican un proceso tedioso, el regreso a uno mismo al punto de llevar al hablante hasta el contacto con su liquido amniótico y su desplazada biología. Una y otra vez como un ahogo necesario vemos en los versos de esta parte del libro imágenes como:

Mi vómito se arrastra remando cama abajo (La fiesta)

(…)

Pero estimo necesario esperar todavía

el amaino de la resaca

para amarrar mi cuerpo

a la roca semisumergida,

cerrar los ojos y abrir la boca

y esperar, nuevamente,

a que suba del todo la marea. (Vaivenes)

Por último cadáver con fruta pondera la noción de ocultamiento como parte de del axioma vital que determina la generalidad del libro, un corazón podrido que los hombres ostentamos. Motor depredado por moscas que ocultan su real materialidad.

A fin de cuentas, estamos ante pura biología, una bosta o pedazo de estiércol que nos mueve y duerme en nuestro interior y el hombre como proyección de aquel músculo recubre su posibilidad de ser con una coraza dura e impenetrable, un cáncer solitario hecho de trabajos, objetos y horarios que nos reifican.

La segunda sección del libro, titulada De un tiempo a estas partes compuesta por cinco poemas, Fotografía, Statu quo, Reincidencia, Las presas son y La muerte en boca de alguien, enfrenta la agonía desde otra perspectiva. Se trata del dolor y orfandad de aquel que en compañía se siente en un mayor abandono. De la frustración que este sentimiento provoca emerge la violencia al interior de la familia, en algunos casos ella resulta explosiva y en otros pasiva. Hay dos textos que nos sirven para graficar claramente la crisis en el seno de la civilización y sus gregarias instituciones.

En fotografía Welden juega con la iconicidad de la rabia implosiva albergada en el fuero del hablante, una especie de sino de odio y represión que se carga producto de un pasado de abuso y maltrato generado en el infante por parte de quienes mayor seguridad y cariño le debieron garantizar.

Lo que nunca nadie fue en mi familia

y todo lo que rechazaron (…)

lo tengo aquí en mí protegido

con la fuerza esa que tuvo mi padre

la noche que golpeo a mi madre

embarazada de mi hermana menor (Fotografía)

El otro texto la muerte en boca de alguien directamente nos habla de un retrato, un retablo de la familia y el juego de las apariencias. Todo lo que uno espera y no es, pulido ante el filtro que realiza el ojo ajeno, en este caso el del camarógrafo y el de aquellos futuros destinatarios de la imagen. Apreciamos un minuto congelado de pretensiones que el autor satiriza, describiendo con sorna las antípodas de cada miembro, niños en calma, padres unidos, para concluir con una sentencia que recuerda el popular adagio: No hay muerto malo.

Tuviéramos que reunirnos de nuevo de esa manera

Alguna tarde en estos años, nos encontraríamos

Con más de un cadáver peinándose para la pose

(La muerte en boca de alguien)

Reincidencia en cambio se adentra en otro sentimiento familiar de soledad y abandono el cual podemos entroncar con el eterno retorno que Welden ya dibujó en los primeros poemas del libro. En esta parte a diferencia de cadáver con fruta, la redundancia y reiteración ineludible se da en torno a las castas, como diría Márquez, como la condena de una estirpe llamada a la extinción y al olvido.

Y regreso para conocer a mi abuela:

mi abuela tuvo a mi madre, mi madre me tuvo a mí.

yo comencé a esperar sentado a que me llamasen, luego

me puse de pie, ahora

voy hacia allá pero no encuentro a nadie. (Reincidencia)

El autor además no elude el uso de la ironía en sus trabajos, el poema las presas son muestra un patético caso, la depredación del hombre sobre otras especies que por medio de un cotidiano mural la cena y preparación de un pollo nos evidencia la crueldad y separación del cuidado materno, la orfandad como una humorada familiar; síntoma de insensibilización.

Se rompe el huevo y sale el pollo dando píos

de infinita imbecilidad, tambaleándose por el nido,

(…)

Mamá dónde estás?

Alguien conto la historia al almuerzo.

Se rieron todos, se rieron mucho

Me reí yo, con la cazuela en la boca y pregunté:

La mamá, dónde está?

Por último el inconsciente y la represión infantil que presentara fotografía encuentra su entronización en el poema statu quo, en el cual se promueve la idea de no repetir los errores del pasado, enfrentar el símbolo y lo sagrado de ciertos ídolos e instituciones en este caso las imágenes paternas de las cuales se rehúye con tal de no regresar a su pasiva genética.

Vuelve a mí la terrible angustia

de la infancia, esa timidez

conocida, y es preciso que no me mueva

para no caer,

como mi padre y mi madre,

como tanto ídolo roto de esos años. (Statu quo)

Finalmente el último cuaderno del Perro del Amor, La manzana del gusano, compuesta por poemas como bitácora, autobiografía, sacrificio, aquelarre, Justina velocísima, la forma más rugosa del amor, los 28 días del árbol, el dorso de la mano, las intenciones, el apóstata y me hubiera gustado quedarme aquí, trabaja la noción agónica central pero atendiendo a las relaciones interpersonales. El dolor en estos casos sobreviene no tan sólo producto de la ruptura sino debido al encuentro y lo que implica, la imposibilidad de sintetizarse y hacerse uno con el otro. El autor aquí expande la idea inicial, pues si en cadáver con fruta vemos la degradación del núcleo humano, su corazón y los móviles que finalmente lo encierran y consumen como una suma de insectos carniceros, en la manzana del gusano comprendemos los remanentes de esa fruta, de ese núcleo también intervenido por seres carroñeros, gusanos que se alimentan del amor y sus aspiraciones. Por ende las relaciones que nos expone Welden, nacen con un germen de caducidad, son una forma de proyectar el desasosiego y la compañía en tal medida no soluciona el desarraigo, el ser sigue invadido y domesticado producto de su soledad y al final parearse sólo consigue acrecentar el desazón, suma dos y sucesivas soledades en cada intento de vinculación con el otro.

De cualquier modo, esto lejos de ser una visión pesimista y moral, nos demuestra que la ética de Welden es con la palabra, con su propuesta estética y la manera que tiene de detallar los senderos artificiales que han encerrado al hombre en un camino extenso y sin regreso que desemboca por muchos atajos y desvíos que se tomen, en la confrontación misma del abandono al que hemos sido arrojados y el cual alimentamos con nuestra agonía diaria.

En bitácora dice:

Amo la coronta de la manzana comida por ti,

dejada en el cenicero, entre mis colillas,

(…) como para que yo simplemente los mire

y recuerde que donde ahora estas no es lejos,

pero que nunca conoceré el camino.

Y en autobiografía remata:

Noches de insomnio y las más

de locura gravitando

en torno a tu presencia

siempre viajera pero

no eres culpable ni

yo lo soy

así es que sigamos en lo mismo:

huyendo

y persiguiéndonos con palabras.

Welden muestra en este poema como las rutas del hombre siempre rozan desde lo biológico las trampas de lo inmaterial. La abstracción como una cárcel, como un escudo que oculta la esencia real que es tan solo somática y no desesperadamente metafísica. Por ende usamos aquellos instrumentos de nuestra lógica para la negación y la palabra aparece como una superstición como un paliativo para el dolor y un amuleto, recordatorio de aquella agonía, una carta del pasado que será leída en otro contexto tal como aparece en los poemas iniciales advertencia o credenciales, lo cual refleja el eterno circulo de perpetrarnos, trascender en nuestras creaciones y conceptos para luego ser guillotinados por la insustancialidad del mecanismo y su incapacidad para explicar, para resumir una vida y sus necesidades.

Una canción de boda compuesta de aire inmóvil

de tierra seca, para darte una nueva dimensión

de amor, deposito en un embudo de papel

por la cerradura de la puerta de tu casa, mientras

me vuelvo viejo regresando a mi polvo y a mi noche.

(Me hubiera gustado quedarme aquí)

Estas voces además nos presentan formas peculiares de aproximarse a la inmensidad que representa la mente y cuerpo femenino, su calor e incertidumbre. Hay junto a las formas tradicionales que podemos vincular al lirismo más tradicional y a los ámbitos oníricos de la poesía vanguardista, un elemento propio y característico de la poesía de Welden que llama la atención y que podemos reconocer en la escatología, desgarro y ámbito hedonista que se comunica con los flujos y la carne primariamente. Por ejemplo en aquelarre nos dice:

Tu llamamiento es lupino: acudo a la carnada

tendida de tus senos y arrojo mi hocico

como gubia dislocada en tu blandura feroz. (Aquelarre)

En sacrificio añade:

Ahora que los dioses

han desechado la sangre mía

por la leche de tus senos (Sacrificio)

Y finalmente el onanismo y la autocomplacencia, Welden la vincula a una forma suprema de estimación y nostalgia desafiando las expectativas del lector y las miradas canónicas y limitadas del amor. Esa admiración que se puede tener ante el objeto del deseo.

En la forma más rugosa del amor dice:

Resto soy de una terrible masturbación

(…) y quise entonces vaciarme enteramente

(…) prolongue mi acto más y más

lo más que pude y comencé a recordar

tantas cosas de otro tiempo:

que no voy a enumerar aquí ni en ninguna otra parte…

Welden en definitiva consigue plasmar en este libro de veintitrés poemas, un compendio de la existencia como lucha, la vida como dolor, y explora en tres dimensiones diversas pero conectadas, el sufrimiento personal y desde allí la relación que cada hombre y mujer tiene con los otros, la familia y su pareja, desarrollando las implicancias y efectos con una visceralidad perentoria libre de retoricas no sólo en la elección de los cuadros sino en el manejo del lenguaje lo cual da un carácter propositivo a la obra y a la relación del texto con su lector pues más que aleccionarlo o intervenir en su forma de pensar la realidad con la soberbia de grandilocuentes versos, busca la exuberancia en la parquedad dejando las cicatrices de una mordida directa a la sensibilidad.

Autor: Daniel Rojas Pachas.