domingo, 28 de marzo de 2010

Poemas de David Santos Arrieta

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Borges en mis poemas.


Sobre el dejar de escribir.


Es nada más que la urgencia de todos los toros de la plaza nunca vista

Después comulgo un epitafio en la tumba del dios inmortal

Ahí veo un espejo

Un ruido

Los cascabeles que anuncian la marcha ciega del veneno


Un relámpago se apura y vuelvo temeroso el rostro

Una diadema se oculta en todas las sombras

En ellas se mueve un hombre inalcanzable


En él

El reflejo

El eco

La ceguera y el buen dormir


Morir en ratos hipnóticos para ya no distinguir


¿estoy despierto?

¿estoy vivo?


Fluir entre las sombras en corridas que son letras

Más aún

Bombear la polvadera y quedarse con el poema adentro

Como quien junta restos para hacer abono.-





Sobre escribir con fecha.


Apaciento ovejas desde una esfera traslucida que me eleva

Miro por el cristal que es mi nuevo mundo

El otro ya lo quebré

Y saltó hecho suicida como una granada madura al suelo


Las sombras colgaron sus teléfonos

Los loros de siempre se posan sobre sus cables

Las almohadas secas ya, respiran ningún sudor

El estuche del tiempo yace con sus mandíbulas enmohecidas


Apaciento ovejas como quien siembra papa

O quien cotiza en la calle

O enciende verdades frente a las palomas presidenciables


Miro fuera del cristal también al volverme hombre

Lobo del hombre soy

También la trampa en el bosque

El arquero

Los disfraces

Y los suicidas sabios que no lo lograron


Las sombras se desploman y me abrazan

Los loros de siempre ya se han ido a ser atalaya de quizás qué poemas

Qué poetas, qué escritores

Las almohadas secas ya, respiran nuestro sudor

El estuche del tiempo guarda lo que en él hemos ahorrado


Todo en una esfera y desde ella y fuera de ella

Como quien se apiada de su propio ángel de la guarda

Como quien se apiada de sí mismo

Un sábado en la mañana

Un marzo cualquiera

Con la literatura llamando desde el bosque

Estoy.-



Sobre un cuento de Borges.


Para olvidar hay que dar vueltas sobre una escalera puesta en la nada

Alcanzar la floración de propios dichos en las quimeras del alcohol

Llorar

Solo

Sin saber por qué


Escribir la memoria en la orilla de una playa nunca visitada

Saber que el mar no borra nada, sólo se lo come, sólo se lo come

Después en cada ola un acierto

Una bofetada en la mirada del destiempo

Arena en la toalla y sin parar, beber los restos del alcohol en la sangre

Así mismito como recuperar el aliento al tragar la mucosidad de las narices arañadas

Escribir la memoria en la orilla de una playa nunca visitada

Divagar como al decir que las playas no tienen orillas

Que las sobredosis nos corrieron el espanto

Que sin bocinas las auroras eran despedidas, porque todo se va


Para olvidar hay que escuchar harta música

Temerle al silencio y no tener vergüenza de decirlo

Buscar perros en la calle como quien busca colillas de cigarro para un tabacazo

Como quien busca amigos que sean libros dispuestos a ser leídos en otras ediciones

No preocuparse ni de las princesas ni de las fianzas


Escribir la memoria en una desdicha similar a la punta de la reja

Escribir sobre los ladridos que jamás soportan rejas

Cincelar los propios callos desdibujando la escritura del dios puesta en aquellos,

Comer calendarios y calendarios y calendarios

Cagar reyes y reyes y reyes

Personas dispuestas a ser ídolos

El ego por sobre todo


Sin razón por aquí por allá andar asombrado

Cansarse de mirar, caminar con los ojos cerrados

Después con los oídos cerrados

Después con el ano cerrado y todos los orificios restantes

Caminar

No dejar de hacerlo

Hasta que se gaste eso que algunos llaman ego


Después sentarse

Olvidar de una

A ratos

Porque somos mares que comemos lo escrito en la orilla de la playa

También el que escribe esa memoria

También olas

También ritmo

También vaivén

También el mareo y todo eso que nos provoca la literatura

También la inexistencia de esa orilla

Que por tal es el dios


Para olvidar hay que entenderse abierto de polo en polo

No irse ni para allá ni para acá

Juntar todas las colas y armar un pito de antología

Rodearse de humo y cachaza


Cachaza y macoña

Cachaza y macoña

Cachaza y macoña

Cachaza y macoña

Cachaza y macoña


Calor en toda esa unión que somos

Los chacras hechos ruinas refrescadas por la brisa del mar que somos

Ruinas refrescadas en la inconciencia


Escribir la memoria en la orilla de una playa inexistente

Volviendo en olas que se distancian de polo a polo

Entre las ruinas y las que se quedan

En esas intenciones, entre extenderse y no morir, olvidar

Al menos en esa ilusión de la orilla

Porque sabemos que la orilla no existe

Que la cachaza después se mea

Que vuelve al mar

Que las escrituras que borramos se calcan en las cicatrices de los que se caen entre las rocas

Que la escritura del dios permanece.-




Sobre lo que contamos y no contamos.


A la larga sabrás de una bruma que somete a mis ojos

De una flor de lis que crece y se alista a saltar cuando logran enceguecerme

De cientos de ritmos anidados en cada latir

De una falta de aire que provocó todo esto

De una lucha incansable entre dos mortales, una lucha a muerte

Una verdadera


La lucha

La muerte


A la larga sabrás de las esquirlas, de los zumbidos, de los surcos

De un año nuevo que pasé en Pirque

De las canciones de protesta que escuchaba en ese entonces

De una marcha

De una peregrinación

De una sorpresa de un azar y de una responsabilidad

De una lucha a muerte entre dos mortales


De la parte del fruto que no se debe comer

De las formas inusuales en que poema se vuelve vida.-




Florecer al fin del verano.


Las notas de un dios con el refrigerador a cuestas
las cajitas azules de las pastillas azules en el piso junto a los escombros
un televisor gigante cayendo para aplastarnos
mis propios huesos trizándose y yo
impávido
desorientado en mi propio silencio

no soy

...sólo los huesos trizados que ahora se abren
y florezco

sin saber como

las imágenes que seré
un mono con chaqueta roja y capucha
las tiritas de un cumpleaños que no se celebró
un montón de aloe veras con sus raíces al aire
el cemento comiéndose el tiempo acumulado sobre él

sus dientes son como los míos
puedo caminar aún en la marea
manchar como si fuese mantel
incendiar como si fuese caída
escupir como si fuese una pregunta
huir como si fuese valiente

en un momento puedo floreciendo caminar manchar incendiar escupir huir como si fuese dios cargando un refrigerador.-




David Santos Arrieta

Monte Patria, IV región

Nacido en Santiago en 1979, actualmente vive en Monte Patria, IV región, con su mujer. Él tiene treinta y usa frenillos. Es Psicopedagogo y escribe. Ha publicado el libro de poemas Mirándome a los Ojos (2005), Mirando el tiempo con ojos de cristal (2006), proyecto FONDART de fotografía patrimonial, y el texto poético Ay, Sí (2006) autoeditado en Lagartija Ediciones, editorial emergente de su creación.-


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