sábado, 6 de marzo de 2010

Para la sed de la muerte (Poemas inéditos de Ulises Varsovia)



Para la sed de la muerte

Selección (1979. Inédito)


Para la sed de la muerte

Escribo para la sed de la muerte

que acerca hacia mí sus temblorosos labios.

Ella me busca en mi propio interior,

la siento echar sus redes en mis noches,

y sueño con náufragos que forcejean.

Un poco el hombre son sus palabras,

y las palabras que arranco a mi vida

yo sé que no existen, se han muerto.

Murieron inmoladas por mi vida.

Todos los días la muerte revisa mi cuarto,

remueve, olfatea rincones y estantes,

se inclina implacable en mi viejo cuaderno,

y una por una devora las letras cautivas.

Ay, si mañana perdiera el sentido

de la poesía,

si de pronto sus claves secretas

me fueran para siempre extrañas,

¿qué podría ofrecer a la sed de la muerte?

Escribo con sangre para sus labios.

Escribo con furia de fiera acosada:

detrás de las huellas de mis palabras

escucho acercarse su olfato felino.

Moriría si mañana equivocara los rumbos.

Escribo para la sed de la muerte.



Ruidos del mar

El mar otra vez estrellando sus olas

contra el origen del sueño,

espantando con ruidos de espumas disueltas

el suave sopor de la noche.

Hay en su larga insistencia mensajes,

una voz repitiendo apotegmas

que quiere mi mente arrancar de su cárcel.

Este mismo sonido ancestral

estremeció el corazón del ser primitivo.

Tal vez en la edad del rayo,

en la edad de los dioses originales,

un hombre escuchó la conducta nocturna del mar

y veló las altas mareas conjeturando.

Pudo ser el lamento de niños ahogados,

o la cólera adusta de un dios ofendido

que aullando exigía tributos rituales.

Pudo ser simplemente un arcano,

un tenaz testimonio que nadie comprende,

algo que nos llama desde no sé dónde.

Y allí se quedaron las olas gimiendo,

hacienda crujir su alfabeto sonoro,

por miles de años indescifradas.

Hoy me repite su larga canción y vigilo:

mi sueño no puede aplacar su exigencia,

y continúo las luchas del ser primitivo.



La realidad de las cosas

La realidad de las cosas me envuelve

y no puedo cogerla.

Hay algo en mí que rechaza,

algo detiene o perturba las claves

que emanan del mundo y en mí se extravían.

Con mi corazón palpo volúmenes,

toco el transcurso del agua o del tiempo,

y extraigo un rumor inaccessible,

un agitado temblor de alas o labios

que asume temblando mi tenso instrumento.

Sé que a la tierra ha venido el reinado,

la monarquía del ojo que capta

el sutil movimiento,

las relaciones moleculares de la materia.

Pero yo veo más allá de lo medible,

en las lindes finales de la muerte y lo viviente.

La edad acumulada de la tierra,

el prístino aliento del mundo recién inaugurado,

el trajín de los pasos desnudos del hombre

depositando en el tiempo su heroica instancia.

Y no puedo coger, sin embargo,

los numeros que salen del átomo ciego,

la exacta dimension donde el espacio

será capturado por la arquitectura,

el origen de la lluvia y sus procesos.

Llevo en mi interior velocidades muertas.

La realidad de las cosas me envuelve

y no puedo cogerla.



Árbol de invierno

La lluvia su ruido atroz

anoche sobre los techos,

su lucha por alcanzarme,

su inmensa pasion antigua

por arrancarme del sueño,

su deseo de amor torrencial

haciendo vibrar mis vegetales cuerdas.

Obscuras reminiscencias

saltaron desde la lluvia a mi lecho.

En la aurora soy un árbol que camina

despojado en la rapiña del otoño.

Huyendo sin dirección mis raíces

se aproximan al imperio de la lluvia.

Una mano dice adiós a la distancia.

La titánica lucha del viento

acomete mi cuerpo desnudo,

sopla con furia en mis últimas hojas

desordenando mis resistencias.

En su amor desmesuradamente hostil,

en sus besos terribles que muerden,

detuvo mi vida sus pasos para siempre.

Ahora llegó de repente en la noche

su voz malherida a buscarme.

En la aurora hay una mano que me llama.

Soy un árbol detenido en el invierno.

Cazador de sonidos

Un relámpago venga a mi mente

y trastorne los hilos de la inteligencia,

rompa, desgarre sus fibras,

y arroje a un infierno de llamas

la pura medida de luz y equilibrio.

En el centro de un gran torbellino

de ideas convulsionadas,

al fondo de las desorientaciones,

perdido en las selvas espesas del alma

donde el número y la forma se extravían,

oh misteriosa palabra en tinieblas,

adoro tu sombría claridad irreductible,

tu ritmo arrancado al proceso invisible

de los crecimientos naturales.

Al corazón de tus letras dementes

que giran sin orden en el infinito,

a tus rutas de tránsito ciego

voy con mis manos desnudas tactando,

acechando tus felinos movimientos,

pleno de ardientes poderes que luchan

contra el orden implacable de la muerte.

Voy cazador de sonidos confusos

armando una trama de voces dispersas,

y mi dolor de tenaz sacerdote

oficia en la más abismal soledad

un rito de tenaces tentativas.

Y casi consigo seguir existiendo,

casi detengo en su vuelo impalpable

la insigne armonía, el conjuro.

Pero regresan mis manos vencidas

desde las profundidades,

no pudo mi mente encontrarse anulada,

desnuda de idiomas terrestres

en el tránsito abstruso de los apotegmas.

Muero, pues, de miseria verbal,

agonizo de hermosas canciones

que vagan sin rumbo en la amada tiniebla,

donde bajó trepidando mi vida

y no pudo coger las recónditas claves.

Ahora que venga la muerte a mi boca,.

No soy digno de amar la Palabra.

Soy esclavo de la ley y el equilibrio.


Rito otoñal

Una mañana de otoño me encierra

en su aliento, su densa humedad

donde tiritan de frío las hojas.

Siento caer a la tierra láminas muertas,

delgados tributos que entrega el follaje

para seguir existiendo.

Al pie de los árboles pego mi oido,

y escucho, escucho el tic-tac de la muerte,

su paso de danza ritual

extendida en el gran escenario silvestre.

Cuántas veces rodé en la hojarasca,

cubrí de amarillas insignias mi cuerpo,

besé enloquecido los mustios despojos

en un deseo salvaje por destruirme.

En un deseo de paz vegetal, de raíces,

desnudo de besos debajo del cielo,

cuando a la tierra acudí en holocausto

y el otoño no quiso llevarme.

Esta mañana de nuevo regreso,

acudo otra vez a mi patria en ofrenda,

y las hojas me miran sin entenderme.

Es que tal vez soy la muerte que pasa,

es que tal vez voy danzando en el bosque

y a mi paso la tierra recobra sus hijas.

Es que tal vez soy el gran victimario.

Ay, yo no sé lo que soy en la niebla,

yo no sé dónde están mis raíces,

yo no sé qué camino tomar

para cumplir con mi ciclo y dormirme.

Por eso esta fría mañana de otoño

que encierra mi vida en su gris envoltura,

he querido escribir estas líneas,

he querido buscarme por dentro.


Ulises Varsovia

Nací el 2 de julio de 1949 en Valparaíso, cuyo mar y sus tempestades marcaron definitivamente mi persona y mi poesía.

Estudié varias asignaturas humanísticas, y trabajé en tres universidades, tanto en historia como en historia del arte, al mismo tiempo que escribía poesía. En 1985 salí a doctorarme a Alemania, y como mi mujer es suiza, pude trabajar y quedar-me en San Gallen, ciudad en cuya universidad hago un par de lecciones.

He publicado 28 títulos de poesía, cinco de ellos en Chile, y tres dedicados a

Valparaíso, el último: Hermanía: La Hermandad de la Orilla, en Apostrophes

de Santiago (www.apos.cl). El libro más antiguo que he publicado es Jinetes

Nocturnos, de 1974, pero tengo otros inéditos más antiguos. En 1972 publiqué

un cuadernillo, Sueños de Amor, que circuló sólo entre amigos.

Me han publicado más de 70 revistas de literatura de todo el mundo, en varios idiomas, y repetidas veces, y estoy en numerosas páginas web.

En agosto del año 2006 salió a la luz en Sevilla, España, mi libro de poemas Anunciación. Ángeles y Espadas, publicado por la Asociación Cultural Myr-tos. Esta misma entidad acaba de publicar mi Antología Esencial y Otros Poe- mas (1974-2005), que incluye dos poemas de cada poemario publicado, es decir, 52 poemas "esenciales", y tres poemas de 12 libros inéditos, lo que hace un total de 88 poemas. Lo último mío aparecido es Vientos de Letras, también antológi-co, en colaboración con el poeta andaluz Alexis R. , editado por Myrtos.

De los 28 poemarios publicados, sobresalen Jinetes Nocturnos, de 1974/75 ,

Tus náufragos, Chile, de 1993, Capitanía del Viento , de 1994 , El Transe-

únte de Barcelona , de 1997, Madre Oceánica, Valparaíso, de 1999 , Mega-lítica, de 2000, Ebriedad , de 2003, y la Antología Esencial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...