jueves, 5 de marzo de 2009

Mujer, Frontera y Delito por Diamela Eltit

3/05/2009 09:24:00 p. m.

Mujer, Frontera y Delito

El crimen pasional cometido por mujeres ha recobrado actualidad con la publicación de un libro y de programas de televisión sobre el caso Ema Pinto; y recientemente la directora Jacqueline Roumeau ha anunciado un nuevo montaje teatral inspirado en los caos de Gabriela Lehman, María Carolina Geel y la misma Ema Pinto. En este ensayo, la autora analiza el texto publicado en 1956 por Geel, "Cárcel de Mujeres"

por Diamela Eltit

La pasión, como uno de los territorios en los que se confrontan los límites humanos, constituye una constante tras la que se articulan los materiales privilegiados del arte y particularmente de la literatura. La escritura que narra el drama sentimental inexplicable, artero, incontrolable ha sido magistralmente abordada en las obras principales que conforman el trazado de la literatura occidental. Ya con Edipo Rey y su irreversible sino trágico nos recorre la amplia gama de transgresiones familiares pensables y posibles, y desde allí se puede registrar la emergencia del sujeto en crisis -siempre ajeno y culpable a la vez- que se configuró como un espacio extremo al que podía arribar el relato literario.
... Precisamente por el poder simbólico que porta la literatura es que la última transgresión posible, como es la acción criminal, ha podido traspasar la barrera del legítimo horror que provoca una determinada realidad sin mediaciones, para reponerse en otra vertiente de legibilidad que otorga la ficción literaria, porque nos permite atisbar la parte dramática en la que se articula una determinada poética de las emociones.
... El sujeto femenino históricamente signado y consignado por la cultura como el sujeto de la pasión por excelencia, debido a la distancia con que la misma cultura la separó del pensamiento científico y de la conciencia racionalista del mundo, ha sido protagonista de innumerables secuencias pasionales, ligadas mayoritariamente al suicidio. Por otra parte, un número considerable de obras narrativas escritas por mujeres ha optado por hacer de su centro narrativo la sentimentalidad y allí el destino fatal de un amor imposibilitado de consolidarse.
... Quiero detenerme en un libro que se cierra sobre un único universo: mujer y delito. Cárcel de mujeres, publicado en 1956 por Editorial Zig-Zag en Santiago, es una obra de género incierto. A medio camino entre el testimonio, la autobiografía y la ficción, recoge la experiencia carcelaria de María Carolina Geel, escritora, mientras purga su condena por haber asesinado a su amante en el salón de té de un lujoso hotel santiaguino de la época. Este crimen pasó a formar parte de la historia de la crónica roja chilena por la espectacularidad pública con que se llevó a cabo y, muy especialmente, porque incriminaba a una renombrada escritora nacional. Con la publicación de Cárcel de mujeres, el delito cometido por María Carolina Geel alcanzó un nuevo formato y puso a su autora en el espacio mediador de la literatura, vale decir, el crimen se resguardó tras el prestigio editorial que le otorgaba el objeto libro, publicado por la editorial de mayor prestigio de su tiempo.

Un prólogo peculiar

Se trata, sin lugar a dudas, de un libro particular en varios sentidos. En primer término, habría que detenerse en el prólogo realizado por un influyente crítico chileno que ejerciera su labor desde el diario más poderoso y conservador del país, El Mercurio. Hernán Díaz Arrieta -Alone- alcanzó un enorme poder cultural desde la tribuna de El Mercurio, ya canonizando o desautorizando obras literarias, hasta transformarse en un juicio imprescindible a la hora de establecer jerarquías y valoraciones en el transcurrir de la literatura nacinal. Este es el mismo crítico que se encarga de prologar el libro Cárcel de mujeres y su gesto excede el mero trabajo de presentación para establecerse, en cierto modo, como protector o defensor no sólo de los materiales que el libro va a contener, sino especialmente avalando a su autora María Carolina Geel para reponerla en el estatuto de escritora, volviendo ambiguo y ficcional su acto criminal.
... Una lectura atenta a este prólogo, escrito en la década de 1950, por un crítico filiado al pensamiento conservador, va revelando la fascinación que a éste le produce la conexión entre crimen, escritura y cárcel. Subliminando el espacio carcelario, Alone vislumbra la reclusión como el sitio idílico para la producción literaria, cuando compara la situación de Geel con la de Oscar Wilde o Cervantes. Desde estas referencias, el crítico incita a la narradora reclusa a escribir, amparándose en ejemplos extraídos de la alta cultura europea: "Escriba, cuente, diga simplemente cuanto sepa; porque, aunque se trate de usted misma, usted no lo sabe todo".

... Apelando a un tono no exento de dramatismo, Alone se hace parte de la épica de María Carolina Geel en la cárcel y a su vez su propia épica radica en que esta escritora reclusa produzca un texto que recoja el "privilegio" de escribir en la cárcel, privilegio que corresponde al espacio ensoñado por Alone, así como su deseo de impulsar una obra carcelaria. De hecho, según el prólogo de Alone, él es el receptor primero de las páginas informes que luego van a dar origen al libro, libro dictado por el deseo de Aone o bien el libro como resultado de un pacto cultural entre el crítico y la escritora, para soslayar así la sanción social que provocara la transgresión misma del crimen.
... A medio camino entre la disquisición filosófica y la disposición de conceptos provenientes de la sicología, la presentación de Alone se empeña en aludir a la pluralidad que porta el sujeto, a ese remanente fatal e imprevisible que se aloja en uno de sus resquicios y que lo vuelve irresponsable de sus actos. En ese lugar de irresponsabilidad y de misterio ontológico ubica Alone a María Carolina Geel.
... Alone alude a un cierto "sonambulismo" (como lo tenue, lo ensoñado) que atraviesa al texto y a la vez, paradójicamente, le otorga al libro Cárcel de mujeres una lógica que estaría reñida con el caos de la locura criminal. Este prólogo excede la presentación tradicional en la medida que el crítico se pone en varios lugares a la vez. Desde la filosofía llega a la sicología hasta erigirse como el propulsor del texto mismo, un libro híbrido, escrito por el pedido epistolar de Alone, quien "convence" a la autora de la necesariedad de redimirse y así redimir el crimen por la escritura.
... Insiste el escritor del prólogo en que María Carolina Geel al asesinar al amante, en realidad se ocasionó su propia muerte, pues se retrotrajo hacia un lugar indeterminado de "senderos irreales, desprendida, entre calle y casas de fantasmagorías". Y entonces es a él a quien le corresponde actuar porque "los que permanecen vivos tienen esa obligación de tender la mano a quienes van hundiéndose, sin ánimo ya ni deseo de remontar el aire para respirar". Pero por la posición del prólogo que forma parte concretamente del libro, el crítico es un participante de la cárcel de mujeres, se introduce en el espacio del delito y de lo convencional femenino, ya como poder masculino o bien como una palabra sentimentalizada que lo transforma, en el interior del libro, en un femenino más.
El poder de la escritura
... Luego, aparece la voz híbrida de la naradora, una voz que rehúsa darse un nombre y que se va a abocar a dos tareas: por una parte a describir a las mujeres internas de la cárcel y, por otra, en una aguda tarea diferenciadora, a ubicarse a sí misma como aquella atrapada desde siempre en el interior de la cárcel de su propia mente.
... El libro no pasa por el espacio previsible de la confesión y el arrepentimiento para llegar al perdón por su falta. De hecho el texto evade de manera sistemática la palabra "asesinato". Se trata más bien de instalar el poder de la escritura como arma y estrategia para obtener un determinado salvamento social.
... La voz de la protagonista del relato va a revelar su carácter letrado en el interior de uno de los espacios más frecuentados por el sujeto subordinado, como es el espacio carcelario que congrega a las delincuentes comunes. Contra la arreflexividad con la que convencionalmente se define lo lumpen, en cuanto a zona de pulsiones y de rencores, surge esta voz dotada de saberes, de éticas y estéticas, para organizar así una interioridad violentamente diversa a los seres que pueblan su entorno.
... La diferencia, desde luego, radica en la escritura, en el poder total que le otorga el construir un sujeto que se dota de una subjetividad plena, mientras escribe a las otras desde una mirada externa y premeditadamente superficial. Así, la protagonista se organiza dualmente no sólo en cuanto narradora del relato, sino además por la distancia conceptual que la separa del resto de las asiladas: un microespacio recorrido por rateras, prostitutas, alcohólicas, cuyo hacer o mal hacer es idéntico a su ser, puesto que de cada personaje se extrae una identidad burda y tosca que la va ratificando en un lugar social fijo y subordinado.

La ficción del convento

Pero más allá de las estrategias textuales, la cárcel constituye un lugar de iniciación para la narradora. Iniciación múltiple y compleja, pues la protagonista, escindida, experimenta la cárcel como material de escritura, a partir de su observación de las demás, y por su posición social -ella está en una sección especial del reclusorio, el pensionado- puede escoger, a su vez, la autoexclusión que le permite aislarse de la convivecia diaria con las otras prisioneras. Habita así en una especie de cárcel dentro de la cárcel y este juego de reclusiones le permite una ficción del encierro que resulta más afín a la experiencia conventual que a la relidad carcelaria.
... No obstante, es a partir de esta ficción del convento donde se permuta la cárcel por el claustro. Un claustro desde donde atisba el mundo degradado de las mujeres de la cárcel. Una degradación que pasa a formar parte de su propio proceso de expiación, que consiste en la obligación a observar este universo impuro e imperfecto que le recuerda la dimensión del delito que la lleva a esta experiencia.
... No es la reclusión el síntoma que provoca más angustia en la narradora, sino tener que coexistir, aun en la distancia, con las otras desde sí misma, las delincuentes que, anecdotizadas y caricaturizadas por la narradora, se vuelven figuras monstruosas no en tanto representantes del "mal", en el sentido más sagrado del término, sino por el carácter de inferioridad psíquica y social que la escritura va demarcando.
... De esta manera se establece con fuerza la óptica burguesa centrada en el clasismo y en la calidad de una determinada interioridad. El femenino que la obra construye radica en la sensibilidad extrema, en la extrema discreción y aun en la inteligencia de ir asumiendo el nuevo contexto precisamente para construir la integridad del propio texto. La cuota de horror que le provocan los nuevos saberes que la cárcel va entregando es vivida con serenidad y hasta comprensión de los nuevos hábitos. Una fina ironía recorre la escritura cuando describe a las otras, donde la gran paradoja parece ser el drama de enfrentarse, aun en su oblicuidad, a seres dotados de una moral rudimentaria. La gran épica que atraviesa el libro es entonces el castigo de permanecer junto a lo más excedencial que convoca el sujeto femenino.
... El alter ego de la narradora lo va a constituir la figura de la monja, pues el reclusorio es manejado por la congregación religiosa del Buen Pastor. Las monjas son descritas como "mujeres que deben acorazar sus pudores y la finura de sus costumbres, de raigambre aristocrática, frente a las otras, para cuya gran mayoría no hay más ley que la violencia,ni más principio que el deseo".
... Dentro de este grupo de religiosas, la narradora encuentra su paridad en la madre Anunciación, quien intenta introducir a la protagonista en el amor a Cristo. Pero, más allá de la imposibilidad de un encuentro con Dios, porque es agnóstica, la protagonista ve en la monja un "espíritu" semejante al suyo en tanto víctima de las otras mujeres de la cárcel. La protagonista se detiene en el sacrificio de la monja -donde lo sacrificado es el halo aristocrático- para donarlo al servicio "sin tregua con seres que la vida situó exactamente en el cabo opuesto de los mandatos morales".
... De esta manera, se configura una alianza entre la reclusa y la monja. La monja en la cárcel tiene una doble función: se presenta como la redentora moral a través del catolicismo, pero también es la encargada de que se cumplan las leyes penitenciarias. Desde un doble poder sagrado y civil, la monja encarna la ley de Dios y los códigos de justicia cuando se convierte en la carcelera. Así la monja, subordinada al poder masculino, se hace la representante de ese poder ante el universo de mujeres que caen bajo su estricta vigilancia. La protagonista se alía a esa figura subordinada a los poderes centrales, pero que aun en su subordinación se erige en la figura dominante del espacio de la cárcel.
... De esta manera, la protagonista se territorializa junto a la monja y esta ubicación no está conectada con la religiosidad, puesto que no es creyente, sino más bien se trata de una idéntica relación con el poder que es el de la clase. En ese sentido, su formación dentro de la más estricta cultura burguesa le permite organizarse detrás de una actitud que bordea el misticismo cuando opta por aislarse en su propio claustro del pensamiento. Pero esta mísica que atraviesa el libro -su doble retiro de la cárcel a la ficción del claustro- mantiene fuertes nexos con lo profano.

Un panóptico

La protagonista, doble o triplemente aislada, conserva sin embargo una visión controladora sobre los sujetos femeninos que pueblan la cárcel. Su mirada se transforma en un panóptico (siguiendo el pensamiento de Michel Foucault en su obra Vigilar y castigar) cuando su mirada se hace un foco poderoso y omnipotente que observa los cuerpos prisioneros incesantemente sin que a su vez sea vista por nadie. Una visión que controla, clasifica y captura los cuerpos de las mujeres para repenalizarlos en un juicio permanente que se produce dentro del recinto.
... La simetría de la mirada le permite lo que la ley no le permite: juzgar sin ser juzgada. Su cuerpo no circula, se confina como haría una novicia, para observar como si estuviese detrás de una tupida reja las formas que caracterizan a la mujer de la cárcel. Esta mujer carcelaria va a transformarse en su material de escritura, en el texto que legitima la penuria de la cárcel. Quebrando el estatuto tradicional, no es la carcelera la figura estigmatizada a lo largo del relato, sino la de sus compañeras delincuentes, no por la dimensión de sus delitos, sino por la degradación psíquica y moral que las recorre de acuerdo con la mirada censora y persecutoria de la narradora.

Pudor y represión

... Desde luego, esta degradación está ligada a la sexualidad, una sexualidad que constituye la real iniciación de la protagonista en la cárcel. La homosexualidad recorre los cuerpos de las prisioneras y sumerge a la protagonista en la angustia de este nuevo saber. A pesar de que entiende el lesbianismo no como una opción, sino en tanto perversión que otorga una especie de sobrevivencia afectiva frente a la realidad carcelaria, la narradora establece un sello moral, como cuando después de escuchar una conversación erótica entre dos reclusas reflexiona: "Oprimí con violecia mis manos contra mis oídos... Por qué en el mundo hay sujetos que se ponen a sufrir por lo que a otros les es connatural".
... No quiere oír pero escucha, no quiere ver pero se estructura en la mirada. Más allá de lo que el texto explicita, existe en la protagonista una aguda curiosidad, un afán por enterarse de todo lo que ocurre en el penal, siempre resguardada de la mirada de las otras. Pero los nuevos saberes corresponden mayoritariamente a la esfera de la transgresión sexual con los modelos dominantes. Una sexualidad que a la protagonista la hiere por descarnada y que se transforma en el terror a la sexualidad propia : "... de súbito me llegó el golpe que me hirío a lo largo de toda mi vida: la mujer relataba un hecho sexual".
... Pudor y represión se funden en el relato para dar origen a la conjetura acerca de la homosexualidad latente de la protagonista. Efectivamente, cuando atisba, escucha, supone palabras o actos sexuales, la protagonista, de manera evasiva, muestra el recorrido de su propio deseo escondido detrás de su deseo manifiesto de "timidez, huida de la vulgaridad, temor del hombre, anhelo de un aticismo que no hallé jamás. Soledad".
... Es el temor al hombre y a la vulgaridad (la del hombre) lo que la lleva a refugiarse en el terreno pagano de la cárcel de mujeres, como si para llegar al espacio puramente femenino hubiera requerido del crimen como corte radical. Una cárcel signada y consignada por la evidencia explícita de la pulsión lésbica que al escribirse, al darle un nombre, se constituye en una forma de consumación. Pero darle nombre y forma implica a su vez degradar su propio deseo, dejar fluir la materia lésbica a partir del cuerpo otro de sí misma, a esa parte suya que el crítico, Alone, señala sabiamente: "aunque se trate de usted misma, usted no lo sabe todo".
... La homosexualidad va a ser la licencia que la cárcel permite una vez que las normativas sociales ya están transgredidas. Desde el centro mismo de la práctica homosexual, la narradora evoca al hombre que la llevó hasta el crimen. De manera reiterada, la protagonista insiste en la necesidad de aislamiento con la vida cotidiana que requirió a lo largo de su vida, y cómo el amante era el único nexo que le permitía una comunicación con el afuera. Pero la necesidad de aislarse no se debe a la timidez o al misticismo, sino que radica en que el afuera o la realidad es vista como un mundo mediocre, una realidad apenas soportada porque su transcurso carece de elegancia y de profundidad. El amante entonces forma parte de esa mediocridad, se hace el representante del afuera, se constituye en el hilo conector con la vida y de esa manera ella se sostiene en él, con la franja de mensoprecio que rodea a lo que se considera débil: "... y yo, sin percatarme, puse ilusión en la legitimidad de la ilusión de él, es decir, de esa inferioridad suya que en cierta forma lo hacía superior al mundo demoniáco de la inteligencia".

Un móvil difuso

... La inferioridad del amante, no inteligente, posiblemente no de clase, es tolerada mientras se respete el pacto que los convoca. Pero el pacto se rompe, cuando el amante, casado, queda viudo y, según la narradora, la solicita en matrimonio al que ella se niega, una vez más movilizada por "la espantosa miseria moral que el matrimonio logra infiltrar en los seres". A pesar de reconocer que el amante se iba a casar con una mujer joven, hecho que según la protagonista ignoraba, su relato descarta como movil este crucial acontecimiento, como si la pasión y los celos formaran parte de la indignidad del mundo al cual se rehúsa a sumarse.
... Cuando se niega a reconocer los celos como motivación del crimen -porque se vería envuelta en la órbita del conocido y común crimen pasional- las razones se vuelven ambiguas, difusas. Y en el interior de esta ambigüedad se teje la posibilidad de la fatalidad del destino, de un algo ya predeterminado y del cual los dos serían participantes. Entonces, el crimen se trataría de un acto compartido entre víctima y victimario, ya presagiado desde el encuentro cuando él la acompaña a comprar una pistola, hecho que marca el inicio de la relación entre ambos.
... La pistola triangula la relación; él elige acompañarla en su búsqueda para comprar un arma entre 400 hombres que trabajan con ella. Este hecho augural, teñido de elementos mágicos, va a formar parte del convencimiento de que el amante es el agente de su propia muerte, que ella no hace sino obedecer su deseo y en ese sentido es que se invierten los papeles, pues la frágil barrera entre víctima y victimarios se vuelve intercambiable. Pese a que no se concreta la primera compra, aunque en esa primera salida no se cumple el objetivo de la pistola, si da origen a una relación amorosa entre ellos en donde la pistola va a ser diferida para otro momento, cuando, sin razones aparentes, más que una vaga, buscada ruptura, se precipita el instante del disparo y junto con el disparo se concretiza el deseo antiguo de reclusión de la protagonista, ese deseo de pasar inadvertida.
... Pero para hacerlo, paradójicamente, necesita del escándalo y de la publicidad, requiere enfrentarse al juicio que le resulta siempre mediocre de los demás, para escribir en la cárcel el texto de la otra reclusa, de aquella movilizada por pasiones descontroladas y así borrar el descontrol propio, su propia pulsión criminal, esa masa de sentimientos humanos que no es capaz de reconocer que la habitan, ni menos de integrarlos balanceadamente a su estructura.
... Entonces, Cárcel de mujeres es el resultado de una experiencia radical, pero es también una operación desinada a escamotear las aristas que la narradora decide sortear. Sin embargo, la escritura como una práctica que se caracteriza por la ambigüedad que portan sus signos deja entrever, con relativa facilidad, las fragilidades en la construcción del relato que emprende. Allí se filtra la dirección de un ojo voyerista que, en el centro de la descalificación, deja transcurrir la dimensión del deseo del encuentro con esa mujer que le resulta despreciable porque, quizás, es su propio deseo homosexual lo que desprecia y por eso se encarniza no en la legitimidad de la diferencia, sino en el relato de una obstinada desigualdad. Esta política -digamos- reacconaria de la mirada se hace análoga a un determinado manejo de la memoria. Una memoria que está imposibilitada de reconocerse en el abandono y los celos como causa del crimen para politizar estas causas en tanto causa histórica femenina y develarlas como productos de una tecnología sabia y monotonamente inoculada por los sistemas dominantes. En cambio, la narradora más bien utiliza una vaga filosofía para enaltecerse y evadirse así del estallido de la pasión a la que la conduce su historizado, histerizado crimen pasional.



Del libro "Emergencias: escritos, sobre literatura, arte y política". Planeta/Ariel, 2000. María Carolina Geel es el seudónimo de Georgina Silva Jiménez, autora además de "Huida", 1961, "José o el Pequeño Arquitecto", (1956); "Soñaba y Amaba el Adolescente Perces" (1949). "Cárcel de Mujeres" ha sido recientemente reeditado por Editorial Cuarto Propio. La autora cita en el texto la tercera edición de Zig-Zag, de 1956.
en Artes y Letras de El Mercurio 9 de julio 2000.



miércoles, 4 de marzo de 2009

Germán Marín: Sacando viruta

3/04/2009 10:56:00 p. m.

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Sacando viruta
Cuento

Garmán Marín (Tomado de Historias de Mentes)


..... Esa mañana esperaba tranquilo la jornada en casa, al margen de las preocupaciones de la calle, dispuesto a continuar la novela que, casi a diario, escribía sin apuro de forma manuscrita. Una cuartilla al término de trabajo me dejaba satisfecho, aunque la cantidad no era excesiva, lo cual distaba de preocuparme pues más que nada me interesaba el proceso, la generación misma de inventar. El brillo del verano todavía estaba presente tras la ventana, pero si observaba el cielo con alguna detención, se advertía para mi desánimo como empezaba, siendo aún mediados de marzo, a formarse una densa niebla de esmog, cada vez más extensa, que persistía durante meses. Recordaba que el contorno nunca me había influido, ni siquiera cuando paraba en Buenos Aires en unas melancólicas piezas de hotel cuyas vistas daban casi siempre a patios interiores. No obstante hoy ese estado de ánimo era distinto debido quizás a la edad. En cualquier caso, gozaba todavía esa mañana de la posibilidad de contemplar los árboles de las casas vecinas, cargados de unas hojas que, frente al próximo cambio de estación, resultaban cada vez menos verdes y tiernas. Sin embargo, resplandecían bajo el sol, translúcidas aún. Esos momentos antes de sentarme a trabajar me provocaban cierta inquietud pues, a pesar de acmpañarme el deseo de retomar la escritura, algo extraño, torvo, me susurraba que dentro de un instante comprobaría que las palabras se habían secado en mí. No tendría nada más que decir, echado a este lado estéril de la vida, si es que alguna vez había poseído aquel don. El silencio que me rodeaba solo era interrumpido apagadamente por el ruido que venía del edificio en construcción a la vuelta de casa, en la cale Matilde Salamanca, pues acostumbrado desde meses a escuchar esos golpes monocordes y grises no hacía caso de ellos, como tampoco de la música populachera de una radio que, más o menos a esa hora, sintonizaba alguien del barrio. En fin. Empero respiraba satisfecho ese día a mitad de mañana, libre de todo compromiso laboral, sin obigación de salir a aturdirme, donde sentía cada vez con más fuerza el rechazo que me causaba Santiago. Evitaba incluso los cafés que me resultaban familiares ya que, aparte de considerarlos tediosos, de mal servicio al cliente, me topaba con unos grupillos de la movida que prefería eludir pues, al tanto de sus vidas, repetían las mismas monsergas. En consecuencia era mejor seguir de largo a casa, donde nadie me provocaría la ansiedad de preguntarme algo, de invadirme con su presencia inoportuna. El llamado telefónico interrumpió el soliloquio en que estaba sumido frente a la ventana y, a decir verdad, no solo representó cortarme el hilo de aquel momento de introspección sino que condujo principalmente a crearme un desordenado ovillo que, como se verá, no desenredé a través de las semanas. Todo se debió a una ligereza mía motivada por el imprevisto de ese llamado telefónico que nadie me obligaba a contestar. El representante de la Editorial Alfaguara, un señor Sandoval de quien no sabía nada, me expresó luego de las formalidades, quizá con algo de timidez, el interés de que participara en una antología literaria en preparación, dedicada por lo que entendí a ilustrar diversas enfermedades mentales. Fue así como pensé en los casos de Nietzsche, de Artaud, en un repaso a los mitos que admiraba. Me habló de una fobia social que podía desarrollar, agregándome que, para una mejor información acerca de esta, tomara contacto con el doctor Patricio Olivos mientras yo decía cómo no, claro, sin atreverme a dar una respuesta negativa, él me documentaría ampliamente en una charla en su consultorio. En seguida se refirió cada vez más seguro de sí mismo, a causa tal vez de mi retracción, luego de señalarme los honorarios por derecho de autor, que debía entregar el cuento hacia el 30 del mes siguiente. Le queda tiempo me acotó la persona, de quien conocía solo la voz, pero que, a través del diálogo, empezaba a imaginar su persona. Cuando colgué el teléfono advertí que, aparte de haber dicho que sí contra mi voluntad, deseoso de ponerle término a la conversación, sentía en la boca una sequedad como si hubiera cruzado el desierto. Había asumido un compromiso que podía llevar a un desenlace humillante, a una página en blanco digamos, porque nunca había escrito por encargo acerca de un tema determinado. Tranquilo como estaba esa mañana de marzo, dispuesto a proseguir en la escritura de la novela, de pronto había sido conducido a algo ajeno, distante, que me exponía por el pedido a un juicio personal. Bajo el propósito de superar la interrupción indeseada, abrí el cuaderno escolar de líneas cuadriculadas donde pacientemente, aislado del mundo en un pequeño departamento, pergueñaba de a poco el original titulado Cartago de manera provisoria. Tras intentar engancharme en este, después de consumir un segundo o tercer cigarrillo, advertí que la molestia se colaba en mi inetrior y que, no obstante el propósito de rechazarla, se adhería pegajosamente al recordarme el cometido a efectuar. Siempre he sido un tanto obsesivo al grado de que, mientras pensaba en dicha persona desconocida, empecé a construir un retrato de esta, gravitante como ya se observará. Está demás que lo esboce en el marco de una fotorafía pues, aparte del ceño entrejunto que imaginé en el posible rostro de aquel señor Sandoval, semejante por su anonimato al de cualquier mortal que divisara por la calle, exhibía un gesto desdeñoso fácil también de encontrar frente a uno en la vida diaria, debido a lo cual esos rasgos inventados me hacían identificarlo, pero, a la vez, volver conjeturable su imagen, tornadiza en la otra punta de la línea telefónica, como fue agregarle por momentos una tibia sonrisa que veía amarilla. Ahora bien. Molesto conmigo mismo bajo el efecto de la interrupción, la mañana transcurrió lentamente frente a la ventana, prosiguiendo hasta donde podía con el original de la novela al escurrirse lo que pretendía fijar, aunque esto no era una novedad. A veces me sucedía en unos raros desplazamientos. El mal sabor del imprevisto se diluyó durante el día hasta solo constituir algo así como un hilo de tabaco en los labios que despedí sin darme cuenta. A esa jornada en casa vino la siguiente, dedicada afuera a diversos trajines algunos postergados, entre los cuales, si hago memoria, debía asistir a última hora a un acto social ineludible organizado por una sociedad de beneficiencia, lleno de gente el salón de fiesta del que salí ahogado escapando a la primera. Dichas reuniones, formadas de pequeños grupos, me hacen daño, pues aunque reconozca a algunos invitados me siento intimidado, evitando acercarme. Fue así como quedó atrás el llamado del señor Sandoval al olvidarme por completo de él, arrinconándolo en la oscuridad a medida que pasaban los días, envuelto en la preocupación de mis cosas cuyos altibajos me resultaban sabidos, aun cuando a diferencia del lapso de la semana anterior, la vida tendía ahora, no sé por qué, a transcurrir de un modo más fácil, incluso más placentero, debido tal vez a la presencia de Mónica. Había regresado a Chile hacía poco tiempo y, alojada en casa de una prima, me juntaba con ella llevándola a visitar, gracias a las tardes aún gratas, levemente tibias y rosadas, los viejos lugares de antaño tales como el Parque Cousiño. La ciudad le resultaba casi desconocida al volver después de treinta años y prefería, como me indicara, caminar por donde latían los recuerdos de su adolescencia, pues el otro Santiago, modificado o desarrollado durante esta ausencia, la hacía sentirse extranjera. Mónica me agregaría que los años pasados en Bélgica sin acontecimientos, en blanco de pronto, le parecían robados de su vida. A esta altura de los hechos cabe destacar que cierta noche, luego de ir a dejar a Mónica, tuve un sueño digamos más bien ridículo, aunque a la vez inquietante, que, entre otros aspectos, me trajo la posible imagen del señor Sandoval, quien estaba bajo el dintel de una puerta que daba aparentemente a cierto patio de colegio, custodiado desde arriba por unas garitas de vigilantes. Yo permanecía en una larga cola a la espera de entrar a clases. Más que sorprenderme la austera presencia de este, dedicado como inspector a controlar el orden, me llamaba la atención aparecer confundido en medio del grupo de escolares, a mi vuelta al colegio según deducía de la escena que soñaba. Seguido por esa mirada acusadora a la que rehuía, avanzaba paso a paso encadenado por la vergüenza, pues regresar a ese comienzo de la vida significaba muchas cosas, entre otras la impostura mantenida como adulto y no digamos como escritor. El patio desolado cubierto de grava, semejante al que llamaban La Siberia en el Internado Barros Arana, donde había sido alumno, se divisaba envuelto en la niebla de un día de invierno, emanado al parecer de muchos años atrás. Fue un alivio despertar de esa angustia, volver a mí mismo sin el peso del fracaso, en que junto con sentirme un anciano irremediable en esa fila de colegiales me sentía ridículo, casi obsceno, ya que no podía contener cierto temblor que acusaban las manos. El aspecto que la pesadilla dejaría como recuerdo era la intranquilidad de haber asomado la figura de aquel señor Sandoval, a quien yo considerara desterrado de mis preocupaciones. Ahora a la luz del día tenía presente otra vez, sino la persistencia de su mirada en la helada galería del patio, al menos la voz por el teléfono que, sin decir mucho, había logrado comprometerme en algo que estaba lejos de los propósitos que me guiaban. Él constituía el prójimo desconocido al que no deseaba acercarme. Puestas así las cosas me di cuenta de que, si algo debía escribir para sacarme de encima la molestia del encargo, podía ser el relato de aquel sueño tenido hacía pocas noches a fin de demostrar, de cara al tema del libro, que a mí también me zumbaba algo. Redacté el texto con mayores o menores detalles y le puse como título Sacando viruta, expresión acerca de quien arranca. Sobre todo me preocupé de reseñar el secreto, obvio cuando desperté, entre la mirada acusatoria del señor Sandoval y la confusión que me embargaba, dispuesto a desaparecer de la fila que avanzaba de manera irremediable hacia la puerta. Dudoso del resultado literario, abandoné las cuartillas en un cajón del escritorio, dispuesto a olvidarme de estas ya que, como además pensaba, solo eran cristalizaciones de un mal sueño, residuos de una noche dejada a la zaga. Como advertía cada mañana a través de la ventana, adonde dirigía mi mirada para constatar el giro de la rueda de la vida, el otoño avanzaba en una progresiva opacidad asomando los primeros grises de la extinción. Sin embargo, no había podido hasta ese instante borrar de la mente a quien me llamara por teléfono, preocupado de la incapacidad de zafarme de él, pastoso como sentía su recuerdo a pesar de las semanas, pronto a cumplirse el plazo que había determinado para que entregara el dichoso cuento. Seguro de que este tal cual quedara no llegaría a sus manos, decidí escribir algo más amplio que por caso recogiera la vigilia existente hasta ahí pues, aun cuando deseara hacerlo invisible, aquel señor Sandoval proseguía siendo real y, en los próximos días, debería conocerlo en persona en su oficina. No me sería fácil luego de todo lo ocurrido.



Santiago, 27 de abril de 2001




martes, 3 de marzo de 2009

Balance de las lecturas y diálogo poético: La noche de las letras sagradas.

3/03/2009 03:13:00 p. m.

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El pasado sábado 28 de febrero se realizó en la Casa del Arte, Baquedano esquina con Sotomayor, un recital poético y diálogo en torno a temas que conciernen a los escritores de la región. La actividad fue motivada por el grupo literario MAL y La revista Digital Cinosargo. Afortunada o desafortunadamente titulada para algunos, La noche de las Letras Sagradas, la actividad contó además, en materia de difusión nacional, con el apoyo del movimiento Descentalización Poética. El objetivo de la reunión era generar un espacio de lectura y diálogo en torno a las propuestas de los autores independientes y agrupaciones literarias del norte grande, específicamente enfocado en la producción poética de la XV región.

La actividad pretendía establecer una comunicación abierta y fluida que comprometiese activamente al público y a los mismos creadores, interviniendo su percepción con respecto al proceso escritural y la comunicación que establecen con el texto, consigo mismos y sus eventuales lectores.

Además de lo estrictamente creativo y la muestra, presente a través de la hora y media de lectura en que más de 20 autores entregaron una breve exposición de sus trabajos con dos o tres poemas por declamador, la conversación se extendió desde las veinte horas hasta cerca de las veintitrés treinta, arguyendo como principales tópicos, la proyección de sus letras, el legado posible de cada una de sus creaciones, el tema de difusión, las consabidas diferencias, expectativas u oposición con la capital, y la falta de interés o distanciamiento de las políticas locales frente al quehacer literario y desde luego, la creciente e inminente necesidad de una editorial.

En definitiva la velada tuvo como principal logro congregar a una variada generación de escritores, desde poetas que bordean los veinte años hasta escritores que superan los sesenta, asimismo se destaca el que estos pudieran en algunos casos conocerse y confrontar voces. Que aquellos que han desarrollado un trabajo por años se reconozcan ante creadores noveles, que con mayor o menor consecuencia y compromiso, han asumido la literatura desde una dirección diametralmente opuesta. Lo primero que salta a la vista, independiente de la edad y las invocadas trayectorias, es la diferencia de estilo, prolijidad en los trabajos, nivel de autocrítica, experimentación y la consciencia de riesgo en lo creativo, necesaria para una apertura tanto en lo que concierne a la exploración y edificación de una voz como a la posibilidad de afrontar los cambios en materia de producción editorial, publicación y difusión, afectada hoy en día por los medios de masas y digitales.

Lo que queda en claro es una noción agonal y de abierta ruptura.


Pues la muestra propuso lecturas, visiones e inquietudes disímiles, lo cual es provechoso y saludable como diagnostico del estado de salud de la literatura en nuestras fronteras. Ello, en la medida que se nota ante cierta línea de producción, considerada por algunos agotada, un salto y necesidad de desterritorializar la poesía, abandonar ciertos feudos seguros y arcaizantes, tanto en la forma como diseño textual, esta última parte es la que más se extraña pues en lugar de reflexionar y analizar el proceso y las estrategias del autor, se siguen invocando a las musas, a la poesía como instrumento del bien común y la cantaleta de denuncia y reprobación moral, como si la poesía acabase en el yo y la mera sensibilidad.

Lo que indefectiblemente en la instancia final del debate, derivo a las acostumbradas preguntas retóricas acerca del ¿por qué se escribe?, relativización de cualquier objetivo a corto plazo y a las usuales polarizaciones y sectarismos que son necesarios de superar para lograr fundamentalmente, un progreso en cuanto a gestión y giro en la percepción que se tiene en nuestra ciudad con respecto a la poesía, especialmente por parte de los jóvenes lectores o lectores en formación; si es que en verdad, podemos convenir, que hay una percepción real de la existencia de una literatura local.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en Trinidad de las cuatro esquinas


lunes, 2 de marzo de 2009

Monumental cobertura de los medios a encuentro poético la noche de las letras sagradas

3/02/2009 09:43:00 p. m.

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Nota original de la Estrella de Ariaka que goza de algunas peculiaridades, pues no es la primera actividad organizada por MAL y Cinosargo en la ciudad. En cuanto al número de lecturas, esta fue mayor a 20 y con un abismo de diferencias en cuanto a estilo, riesgo en las propuestas, prolijidad de los textos, etc (subiremos los videos a la brevedad), y aunque sí existió una brecha generacional bastante marcada entre los participes, no hubo tanto amor como señala la nota, sino algo de tensión, diálogo, debate, ensimismamiento, abulia, un par de alusiones a la autofelación, risas, su cuota de Neruda llanto, sangre... En cuanto a los temas de las obras, faltó señalar la crisis en la exportación de aceitunas de Azapa, el proyecto de parque acuático de Sankán, los patos yecos, al lapicera bic de lady becerra y los poemas cinéfilos dedicados al programa de nuestro querido y exquisito cine Colón. Finalmente el cierre del artículo suena como al aludido plan maestro que alguien propuso, de construir un nuevo Matarangui e irnos via marítima a Santiago, recitando en conjunto y tomados de la mano las coplas de Jorge Manrique.


domingo, 1 de marzo de 2009

Hacia una interpretación Lihn-güística de: Entre Caín y Abel

3/01/2009 11:42:00 p. m.

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El cuento entre Caín y Abel publicado en la colección La República Independiente de Miranda" editada por Sudamericana en el año 89 nos presenta como posible lectura, una historia o más bien un testimonio emanado del interior de una mente atiborrada, profusa y lúcidamente crítica cuyo discurso está compuesto por una serie de intertextos cruzados que procuran generar dentro de la unidad del relato, gracias a sus estrategias transtextuales, recursos polifónicos (multiplicidad de voces) e ironía, una condición de descreimiento, fragmentación, y desacralización del mito en general. En otras palabras, el autor, valiéndose del lenguaje busca desde la propia literatura y narrativa (dos de los mayores mitos humanos) combatir, la noción de totalidad, integración y autonomía idéntica a si misma, que todo texto pueda tener.

Para comprender esto de mejor manera, vale la pena señalar lo que Barthes entiende por intertexto:

La intertextualidad en la que está inserto todo texto, ya que él mismo es el entretexto de otro texto, no debe confundirse con ningún origen del texto: buscar las 'fuentes', las 'influencias' de una obra es satisfacer el mito de la filiación, las citas que forman un texto son anónimas, ilocalizables y, no obstante, ya leídas antes: son citas sin entrecomillado. (El susurro del lenguaje. "De la obra al texto")

Esta noción del teórico francés debemos relacionarla además con la concepción que en su teoría, tiene el sujeto, visto también como un texto, como realidad atravesada por una multiplicidad de discursos, los cuales se confrontarán en la interpretación, con las voces no menos disímiles que subyacen en el relato: (...) yo no es un sujeto inocente, anterior al texto, que lo use luego como un objeto por desmontar o un lugar por investir Ese 'yo' que se aproxima al texto es ya una pluralidad de otros textos, de códigos infinitos, o más exactamente perdidos (cuyo origen se pierde).

Esto sin duda afecta al fenómeno mismo de lectura-escritura, pues no estamos ante textos como códices irrestrictos y cerrados sino ante verdaderos mundos posibles y complejos que se actualizarán de acuerdo a un proceso que tiene una variedad de filtros y cristalizaciones, lo cual no es menor pues refuerza la tarea activa del lector y hace imposible apelar a un criterio tajante que por autoridad, sustente una mejor lectura o teoría. Barthes agrega al respecto que el valor de una lectura está por verse. Por su parte Lihn, como sujeto ultra-consciente, como intelectual que combate sus propios razonamientos y su rol como creador, debatiendo en sus páginas el proceso de escribir y asimismo el poder ambiguo y tantas veces reduccionista de la palabra. Se pregunta: ¿Cómo esta afecta su identidad y la de los otros?, ¿Cómo se desdobla su persona y cómo cada texto, poema o narración, en su calidad de ficción crónica testimonial, dialécticamente atrapa una porción de vida, un lugar, una imagen, y a su vez nos re-escribe, desterritorializa o diluye? Al respecto, Roberto Bolaño en un artículo titulado “Unas pocas palabras para Enrique Lihn” señaló sobre su compañero escritor y su voz; lo siguiente:

Esa voz, sin embargo, no sale del infierno, ni de las profecías milenaristas, ni siquiera de un ego profético, sino que es la voz del ciudadano ilustrado, un ciudadano que espera llegar a la modernidad o que es resignadamente moderno.

Enrique Lihn asume con integridad su condición de ser pensante, ello lo lleva a cuestionar hasta el hartazgo y con un pesimismo no de fatalidad, sino de urgente lucidez, su época, el mundo, su propia existencia; la realidad en su completa dimensión. Lihn es por antonomasia, un gran desmitificador. Ello lo ubica en una posición inusual en las letras de América y sobre todo en Chile, al punto que incluso hoy; resulta una figura de capital extrañeza frente al ordinario interés de los escribidores que ponderan como feudo seguro y sustentador de su formula, el exponer y destilar vivencias, lugares y personajes. Un imperar de tópicos y comunes asentamientos por encima de siquiera una ligerísima exploración e inmersión en los avatares del mismo acto creativo. Suerte de obsesión meta-literaria que en lo absoluto se sustrae de la vida de forma burguesa y auto contemplativa sino que por el contrario, somete al universo en su completitud, bajo una óptica cínica conjugando con hondura diseño, trama y diégesis en un verdadero desafió al lector y por sobre todo, como un reto para el creador y su quehacer cual último interprete y decodificador de lo que se entiende por verdad. Así lo demuestra el cuento “Entre Caín y Abel”, cruzando toda superficialidad y petrificación.

En el relato, Lihn alude no sólo a la historia clásica de fratricidio sino también a otras parábolas, narraciones interconectadas como la que atañe a la expulsión y exilio del paraíso. En concreto, al génesis y nacimiento posterior de la utopía, concepto platónico y símbolo de un lugar idílico que la mente humana enarbola desde la caída de Adán y Eva.

Vivo a empavorecida distancia de las ruinas del paraíso. Este se convirtió, obvio es decirlo, en el lugar que no hay.

El autor chileno se refiere al surgimiento del ideal, Arcadia que hasta el día de hoy, el hombre sostiene hacia aquel espacio que no existe, el no lugar que nos persigue en los más secretos anhelos y febriles delirios producto de la razón. Pues la causa directa y recriminada por el mismo narrador a sus padres, es la tentación sufrida por los llamados progenitores de la especie y que les condujo indefectiblemente a morder del árbol de la ciencia. En definitiva, la pérdida de la pureza en Adán y Eva; creó la “muerte” esa nada que tanto inquieta al autor, y a la cual suele robar ciertos secretos con su oficio de escritor, en cuanto a Caín, al atentar este contra su hermano dio sustento al crimen.

El primer párrafo del texto exalta literalmente estos correlatos del alejamiento de la gracia y perfección divina, de esta forma y apoyado en el título, la narración nos contextualiza nos remite a los mitos bíblicos: Desde que mis padres inventaron la muerte y yo el crimen, no ha pasado una eternidad: ha pasado, en poco tiempo, cientos de años Sin embargo, rápidamente Lihn da rienda a su juego de desmitificación al plantearnos la atmósfera en que verdaderamente discurre la historia y discurso de Caín, no cualquier Caín sino Caín González de la Sota cuyo espacio vital es propio de un hombre moderno, ligado en gran medida a los cuestionamientos de un intelectual errabundo y cosmopolita de paso por los Estados Unidos. La alusión a calles, universidades y el empleo de ciertos extranjerismos, nos remontan a la poesía que el autor presenta en A Partir de Manhattan y otros libros de su autoría como Pena de extrañamiento.

A la re-interpretación de los mitos hay que agregar, aún dentro de la esfera familiar del personaje, la relación afectiva que sostiene con sus progenitores, nexo que se orienta en un sentido Edípico. Lihn congrega un nuevo mito al erotizar la figura de la madre. Eva aparece como un idilio frustrado que se libra a través del amor carnal, autodestructivo e imposible frente a la imagen del padre que funge como símbolo estigmatizante y estigmatizado que remite a ausencia y degradación. Fácilmente se puede afirmar que los códigos propios de Lihn, poeta de paso, ultra-consciente y sumamente crítico, se suman a la condición de decadencia del personaje, con las desviaciones y requerimientos, que ha edificado en una personalidad a fin de enfrentar el esqueleto temático y motivos ulteriores que los antiguos relatos proveen.

De la especial ecuación emerge bajo una satírica mirada; la alusión a un sistema de vida degradado y autodestructivo: prostitutas, depresión, quiebra monetaria, vida disipada que en un sentido dionisiaco y en abierto contraste se entrelaza complementando aquellos parajes y momentos de la escritura, propios de los textos fundacionales.

(…) yo era un becario de la Universidad de Columbia. Aprendía el inglés, me distraía de mi desesperación frecuentando, con una Biblia en el bolsillo, los bares y prostíbulos, si así pueden llamarse a esas sucursales en el Village de Sodoma y Gomorra, en las cuales existe un margen de gratuidad, hasta de inocencia.

La oposición es evidente, Sodoma y Gomorra y lo que estos nombres comprenden connotativamente se mezcla con el estilo de vida de esta versión de Caín; sus costumbres y las calles perdidas y periféricas que recorre en la ciudad o en los extramuros del paraíso como declara para luego, tras aludir una vez más a la inocencia perdida, achacar a sus padres el jamás haber gozado de aquel espacio de sueño, pues él, es propio de una segunda generación, la de los exiliados.

(…)perdí ese misterio, ese espectáculo. Ella me habría impedido disfrutarlo, dócil a la voluntad (ahora rota o nula) del agonizante que me había arrojado a un exilio en segundo grado: no ya del Paraíso sino de sus extramuros. Y al trabajo.

Esta condición de víctima o producto del fin de todo esplendor lo hace formar parte consciente de una generación que vive asumiendo la razón como descreimiento. Una mente que analiza y está al tanto del fracaso que ha sufrido el proyecto ilustrado en todas sus aristas.

No hice mi master en Nueva York, perdí el doctorado, la Academia. Desistí, por quiebra moral, de los negocios: Importadora de Frutos Tropicales de Caín y Abel and Company. Me fui empobreciendo hasta la miseria, acepté el werfare. Envejezco de una manera ruin. No he publicado nunca un libro. Mis hijos no quieren saber nada de mí.

Con certeros ribetes postmodernos esta re-escritura que Lihn hace de Caín, revisa a través de un cínico discurrir el proyecto racionalista, la otra gran utopía, el sueño de Rosseau y su evidente caída.

Se supone que el arrepentimiento y la tentación me han enloquecido. Que mi existencia es un suicidio diferido y consumado a la vez, de día en día.

A fin de cerrar su discurso, el texto presenta dos afirmaciones que nos envuelven a todos como parte de la misma trágica broma, como parte intrínseca de un mundo en decadencia. Pese a cualquier tipo de evasión o negativa que pretendamos oponer, formamos parte del decurso de Caín, de su escritura de la realidad.

Es así pero de otra manera. En alguna parte soy una celebridad; he escrito libros que todos leen sin saberlo, impresos en el aire. Sin embargo bajo la misma premisa y antes de concluir, esta consciencia vuelve a la escritura señalando el proceso como un aliciente inevitable, destaca la atadura del lenguaje y la historia humana, frente a la indefinible y absurda locura de existir Me retiene en esta ciudad -la de mi ruina- contra el amor fulminante una elaborada forma de la muerte: el despreciable pero invicto decurso y discurso de la literatura.

Finalmente el relato sintetiza la intención de Lihn por contradecir el principio totalizador e integral de los proyectos y discursos de corte mítico estableciendo vasos comunicantes con uno de los maestros de la ironía intertexual y del palimpsesto a nivel universal, con la frase: A la manera de Borges.

Pues no por casualidad se alude en la historia al escritor argentino maestro del palimpsesto, Borges produce su literatura de modo hipertextual, como “una red potencialmente infinita de conexiones”. Según escribe Jaime Alazraki en su ensayo “El texto como palimpsesto. Lectura intertextual de Borges”, las obras de Borges funcionan como espejo que invierte o revierte historias ya contadas. Para Borges escribir es releer un texto anterior, es reescribirlo.

Las historias (hipotextos) que Lihn conecta y nos plantea desde otra óptica, no pierden su hondura, la profundidad del sentir que originalmente proponen, al contrario alcanzan nuevas cuotas gracias al hipertexto, el cual arroja nuevas luces, nuevas lecturas que amplían el sentido o en algunos casos lo restringen para conveniencia del creador y el diálogo y caminos a los que pretende orientar a su posible receptor. Volviendo a Borges, nos queda más clara la noción de re-escritura si observamos como señala, Mariel Ortolono la siguiente cita: En la prosa Los cuatro ciclos de El Oro de los tigres Borges afirma que la literatura narra eternamente las mismas cuatro historias: la historia de una guerra inútil_ la Ilíada_ , la historia de un regreso _la Odisea_ , la historia de una búsqueda condenada al fracaso_ la de Jasón y el Vellocino o la de los caballeros de Arturo que buscan el Grial en vano; por último, la historia del sacrificio de un dios_ Odín sacrificado a Odín; Cristo, sacrificado por los romanos, El mismo a Sí mismo, reflexiona Borges. El germen de todas las historias reside en esas cuatro historias y la literatura no hace más que re-contarlas, reformularlas, transmutar sus motivos, sus valores, pero, en esencia, siguen siendo las mismas.

En base al cuento de Lihn podemos plantear que el hombre en sus grandes discursos e historias, y en sus acciones orientadas por esos grandes mitos, aparece cautivo, entre Caín y Abel, entre la razón y la inocencia, descreído, absorto en el eterno retorno que todos los hijo de la razón, exiliados del paraíso cumplen al asesinar a su arquetipo fraterno de inocencia. Todos llamados a matar a su Abel al ser contaminados por el lenguaje y sus laberintos, por la conciencia y la re-escritura del mismo mal hasta el infinito. Como dice el narrador, estoy cautivo en… las murallas de adentro y de afuera (…) páginas de un libro de blasfemias que se escribe y reescribe como un palimpsesto, noche y noche.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en:Revista Cinosargo



sábado, 28 de febrero de 2009

Cerramos nuestra edición de Febrero 2009 con 215 notas

2/28/2009 06:30:00 p. m.

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notas

Fallece historiador clave de Atacama Oriel Álvarez Gómez (1923-2009) (leer)

Carta de apoyo al poeta Andrés Morales por Thomás Harris (leer)

libro de relatos Que suenen las olas (leer)

Convocatoria Internacional de Poesía Antología de Poesía 2009 - Perú (leer)

Espacio en la red dedicado integramente a la obra de Enrique Lihn (leer)

PERÚ LLAMADO A RENDIR CUENTAS A LA POESÍA HISPANOAMERICANA (leer)

COLOQUIO INTERNACIONAL DE CRÍTICA LITERARIA TOMÁS G. ESCAJADILLO (leer)

LOS POETAS DE CURICÒ EN ACCIÒN (leer)

II Taller de Periodismo Literario (Crónica) (leer)

Invitación Conglomerado Cultural Lambayeque - Perú (leer)

II° Concierto de Verano de la Orquesta de Cámara de Arica Parinacota (leer)

Presentación del libro Patrimonio Cultural Indígena Norte Semiárido de Chile (leer)

Este viernes, 27 de febrero, sigue el ciclo Los Desconocidos de Siempre (leer)

Cerramos nuestra edición de Enero del 2009 con 260 notas (leer)

Códex 10 de Eduard Pascual en Roca editorial (leer)

Estrenamos el segundo número de la revista La Santísima trinidad de las cuatro esquinas. (leer)

Estrenamos nuestra segunda edición especial de poesía Enero del 2009 (leer)

Novedades en La Santísima Trinidad de las Cuatro Esquinas (leer)

PRESENTACION DEL LIBRO DE ALBERTO PAUCAR (leer)

Convocatoria Revista de Literatura Tinta Expresa 4 (leer)

Poesía Chilena en La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas. (leer)

Plumas y Tablas III (leer)

RECOMENDAMOS REVISTA SOL NEGRO NÚMERO 3 (leer)

Chilenos en la feria del libro de la Habana por Alejandro Lavquén (leer)

Estrenamos el noveno número de Cinosargo edición VIII de Enero del 2009 (leer)

Lectura Poética en Arica La Noche de las letras sagradas (leer)

cine

REVIEW Crepúsculo (Twilight) (leer)

Documental sobre José María Arguedas. (leer)

Videos sobre el boom de la literatura latinoamericana (leer)

Documental sobre César Vallejo (leer)

autores

WITOLD GOMBROWICZ, RAFAEL CIPPOLINI Y MARCELO DAMIANI (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y ARTHUR SANDAUER (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y CECILIA BENEDIT DE DEBENEDETTI (leer)

NUEVE POEMAS EN TREN DE PORFELIUS. (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y MIHÁLY DÉS (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, INGEBORG BACHMANN Y GÜNTER GRASS (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y MARTIN BUBER (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, LUCIEN GOLDMANN Y JORGE LAVELLI (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y MANUEL GÁLVEZ (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y GUSTAVO LEGUIZAMÓN (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y JÓZEF PILSUDSKI (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y MARCELINA ANTONINA KOTKOWSKA (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y FRIEDRICH WILHELM NIETZSCHE (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y NÉSTOR TIRRI (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, MILITA MOLINA Y NICOLÁS ROSA (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y TAMARA KAMENSZAIN (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y ARTHUR SCHOPENHAUER (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y EDMUND HUSSERL (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, ANDERS BODEGARD Y PETER LANDELIUS (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y JORGE DI PAOLA (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, BOHDAN ZADURA Y JACOBO MUCHNIK (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y JAN ONUFRY GOMBROWICZ (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y GEORG WILHELM FRIEDRICH HEGEL (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, GUILLERMO SCHAVELZON Y ALBERTO DÍAZ (leer)

WITOLD GOMBROWICZ Y IMMANUEL KANT (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, GERMÁN GARCÍA Y PABLO CHACÓN (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, WILLIAM SHAKESPEARE Y JOHANN WOLFGANG VON GOETHE (leer)

WITOLD GOMBROWICZ, MERCEDES GÜIRALDES Y BEATRIZ DE MOURA (leer)

Poemas de Stephan Mallarmé (leer)

ENTRE EL CLAVEL Y LA ESPADA DE RAFAEL ALBERTI (leer)

LA POESÌA DE ALDO MAZZUCCHELLI. (leer)

MANZANAS Y CEREMONIAS DE EDMUNDO HERRERA. (leer)

PORNOGRAFÌA DE GUERRA DE MARCELO VALDÈS. (leer)

LA POESÌA DE MARCELA SALDAÑO (leer)

Poemas de Emilio Adolfo Westphalen (leer)

LOS IMPOSIBLES DE SYLVIA ROJAS PASTENE (leer)

Leigh Brackett - La épica en la ciencia ficción (leer)

POEMA A LA NOCHE DE VITEZSLAV NEZVAL (leer)

BOLAÑO: UN PASEO POR LA LITERATURA (leer)

LA POESÍA DETIENE EL TIEMPO (leer)

La invención del mundo por Alan Pauls (leer)

NIEVE DE ENRIQUE LIHN (leer)

LAS PUERTAS DE CHINA DE EFRAIN BARQUERO (leer)

RESPONSO A MARILYN MONROE DE MARIO POBLETE OYARZUN (leer)

SOLO DE JAIME HUENÙN.(leer)

Poemas de Waldo Rojas (leer)

Poesía Lírica Griega. (leer)

Poemas de Winétt De Rokha (leer)

Entretejidos discursivo en Travesias, de Miguel Fajardo Korea (leer)

LA POESÌA DE SYLVIA PLATH.(leer)

LUDOVICOS O LA ARISTOCRACIA DEL ESPÌRITU DE MARCELO RIOSECO. (leer)

BLUE JEANS DE DELIA DOMINGUEZ (leer)

CATACLISMO EN LOS OJOS DE ENRIQUE GOMEZ CORREA (leer)

SECRETA PIEL DE PILAR ARRATIA (leer)

LA POESÌA DE MALÚ URRIOLA. (leer)

LA POESÌA ES MI LENGUA DE GONZALO ROJAS. (leer)

CANTO PRIMERO DE TEÓFILO CID (leer)

SOR JUANA INÈS DE LA CRUZ. (leer)

AUTORRETRATO DE NICANOR PARRA (leer)

EL ESCRITOR JOAQUÌN EDWARDS BELLO. (leer)

ESCRIBIR DE MATÌAS RIVAS (leer)

LOS NEOCHILENOS (leer)

Parra, perdón y olvido (leer)

Un hombre ha muerto de muerte natural (leer)

César Bandin Ron Cherokee (2005) (leer)

poesía

SEDUCCIÓN (leer)

Luis Pardo - Poemas cinéfilos (leer)

EL PAIS FEO (leer)

Poemas de Juan Pomponio (leer)

Poemas de Yamilka Noa. (leer)

Poemas de Inés de Vergara (leer)

Fragmento de Ríos y Altares de Carlos Enrique Cartolano (leer)

Poemas de Enrique Verasteguí (leer)

Poemas Ana Montrosis (leer)

LimiNHable por Daniel Rojas Pachas (leer)

Víctor Sampayo: Pasos furtivos (leer)

LA NOCHE CAE DETRÁS DEL CEMENTERIO (leer)

FRAGMENTOS DE LA RESISTENCIA DE LA CENIZA DE LUIS GUERRA (leer)

La poesía de Patricia lagos (leer)

Epigramas por Omar Elvir. (leer)

Moyano: LA MOSCA GIGANTE (leer)

Poemas de Ulises Varsovia (leer)

Poemas inéditos de Ana Montrosis Last Body 2009 (lea)

Poemas de Last body de Ana Montrosis (leer)

Poemas de Ana Patricia Moya (leer)

LA HECHICERA (leer)

DAMACIDAD (leer)

Poemas de Mario Aguilar Benítez (leer)

Poesía de Yamila Grego (Español-Catalán) (leer)

Picnic en el Central Park poesía de Leo Lobos (leer)

POEMAS DE GLADYS GONZÁLEZ GRAN AVENIDA (leer)

Poemas de Edgar Artaud el Zerorrealista enmascarado (leer)

Poesía de Jorge Alejandro Vargas Prado (Cusco, 1987) (leer)

Quasar por Victor Ibarra Chávez (leer)

Comic, arte visual, teatro y pintura

narrativa.

LA VIDA ES UN TABLERO DE AJEDREZ (leer)

CARRERAS DE CABALLOS. (leer)

La mosca (leer)

El colombre (leer)

Wash Jones (leer)

La pata de mono (leer)

La petición por Jules Renard (leer)

La maquilladora (leer)

CIRUGÍA PSÍQUICA DE EXTIRPACIÓN (leer)

Sortilegio de otoño (leer)

EL HOTEL MAC QUICE (leer)

LOS TRES NOMBRES DE GODOFREDO (leer)

Pena de muerte de Georges Simenon (leer)

LA LUCHA DE LA FAMILIA GONZÁLEZ POR UN MUNDO MEJOR (leer)

La prueba de amor (leer)

NO ME LLAMEN por Nelson Gómez León (leer)

Excesos por Mauricio Wacquez (leer)

La chica más guapa de la ciudad Por Charles Bukowski (leer)

Santa Clo va a La Cuchilla por Abelardo Díaz Alfaro (leer)

Julio Ramón Ribeyro Mar afuera (leer)

Wakefield de Nathaniel Hawthorne (leer)

Cuento En busca de Félix Kuro por Cristián Berrios (leer)

Un golpe a la puerta del Cortijo (leer)

Microcuentos de Pedro de Miguel (leer)

Eveline por James Joyce (leer)

Zaidena: LA PIBA (leer)

Un sueño para Mariana (leer)

RICARDO PILGIA DESAGRAVIO (leer)

Woolf: La duquesa y el joyero (leer)

Woolf: Lunes o martes (leer)

Barry Gifford Dos cuentos de Wyoming (leer)

El blanco y el negro por Voltaire (leer)

Fast Food (leer)

El burlado por Jack London (leer)

LO PERDIDO por Javiera Ugalde Alfaro (leer)

La entrega (de El cuchillo del mendigo) Rodrigo Rey Rosa (leer)

Puñetazo (leer)

Filosofía y pensamiento.

Rog la lucha en la ciudad (leer)

Qué es la crítica Suspensión y recomposición en las máquinas textuales y sociales (leer)

Sobre Carl Jung (leer)

DETECTIVES (leer)

Nuevos movimientos globales. Tiempos de reflujo y sedimentación (leer)

LA CARCAJADA DE NIETZSCHE (leer)

Ensayos y crónicas de nuestros autores.

Daniel Rojas Pachas

Anverso Literario Alto Hospicio publicada por Editorial Quimantú (leer)

La Santísima Trinidad de las 4 esquinas

Rojas: Enrique Lihn y su decir poético. (leer)

E. Díaz: Murciélaga de Verónica Quense (leer)

Rojas P: Hacia una interpretación Lihn-güística de Disparan en la noche (leer)

Rojas Pachas: Hacia una interpretación Lihn-güística de De un intelectual a una muchacha de pueblo (leer)

José Martínez Fernández

FERIA LIBRERA DE LA UNIVERDAD MAYOR UN INTENTO INCOMPLETO (leer)

NANA GUTIÉRREZ LA MAYOR POETA EN LA HISTORIA DE ARICA (leer)

ESPECULACIÓN EDITORIAL ATENTA CONTRA LA EDUCACIÓN (leer)

RICARDO FLORES MAGÓN ESCRITOR Y PRECURSOR DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA (leer)

DÍAZ MIRÓN GRAN POETA Y HOMBRE DE ARMAS TOMAR (leer)

JUAN LARREA POETA DE LA ESPAÑA DEL SIGLO VEINTE (leer)

EL CAMINO PARA HACER MI POESÍA (leer)

HA LEÍDO EL MEJOR DOCUMENTO SOBRE PRISIÓN POLÍTICA EN CHILE (leer)

DOMINGO GÓMEZ ROJAS EL POETA Y EL LIBERTARIO (leer)

ÓSCAR CASTRO POETA, NOVELISTA, CUENTISTA (leer)

LAS CONTROVERSIALES ANTOLOGÍAS POÉTICAS (leer)

CONVERSANDO CON EL CONDUCTOR DEL MAYOR MOVIMIENTO DE POETAS DEL MUNDO (leer)

UN EXTRAORDINARIO SONETO DE ANTONIO MACHADO (leer)

EL EROTISMO EN UN POEMA DE GONZALO MILLÁN (leer)

Arturo Volantines

EN EL MUDO CORAZON DEL BOSQUE (leer)

PERRO DEL AMOR (leer)

POESÍA DE ALTA SEGURIDAD (leer)

Lenguaje Deisleriano por Alicia Galaz Vivar (leer)

Luna llena, corazón encendido (leer)

ALICIA GALAZ Y LAS REVISTAS CHILENAS DE POESIA (leer)

GRRR! (leer)

RELATOS DE ERNA AROS PENSA (leer)

DECLARACIÓN RESPECTO A LA VISTA DE LA PRESIDENTA A CUBA (leer)

Wilfredo Carrizales

PELEA DE PERROS (leer)

EL ÁNGEL CON ESPADA (leer)

NUEVAS INTROMISIONES (leer)

MUTACIONES FUERON/SERÍAN SOMBRAS(leer)

MILLAS DE VIDAS (leer)

AQUEL ESCRITOR (leer)

ANOTACIONES DE FEBRERO (leer)

DOS CUENTOS por Wilfredo Carrizales (leer)

Ignacio Cardenal

San Valentin (leer)

Ecos Actuales Latinoamericanos en Dostoievski (leer)

La Rosa del Conocimiento (leer)

LA GESTA DEL TRAIDOR (leer)

Rolando Gabrielli

El Poeta Obama es mejor lector (leer)

Cosas Sueltas (leer)

De Manos (leer)

Marietta Morales

LOS ESCRITORES TENEMOS DERECHO A DEFENSAR NUESTRA VIDA PRIVADA. (leer)

LA ESCRITORA MARÌA ELENA GERTNER. (leer)

Invitados

Palabras para Julio por Danner González-Bravo (leer)

Sobre un ojo llamado cacería de Marcela Saldaño por Carlos Henrickson (leer)

ROBO, GENIALIDAD, CREATIVIDAD Por César Valdebenito (leer)

EDICIONES ANTERIORES

EDICIÓN DE MAYO 50 NOTAS: (leer)

EDICIÓN DE JUNIO 192 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE JULIO 285 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE AGOSTO 269 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE SEPT. 250 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE OCTUBRE 173 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE NOVIEMB. 160 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE DIC. 217 NOTAS (leer)

EDICIÓN DE ENERO 2009 - 260 NOTAS (leer)