jueves, 4 de marzo de 2010

Estrenamos el número XV de la Santísima Trinidad Edición febrero del 2010

3/04/2010 08:57:00 a. m.

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Estrenamos el número XV de la Santísima Trinidad

Edición febrero del 2010

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Autores presentes en esta edición


Eduardo Farías Alderete

- Camanchaca, cuando la niebla cubre el alma.

- Al margen del cuerpo de Florencia Smiths. La materialización de una polisemia.

Daniel Rojas Pachas

- Todo cae por su propio peso: A propósito de ciertas lecturas aberrantes de escritor a escritor.

-Revista Antítesis: Fuga de lo presente como gesto de actualidad.

Rolando Gabrielli

-Bolaño vs Bolaño

-De la tradición de Oliver Welden

Dennis Páez

-Notas para una aproximación a la poesía de Humberto Díaz Casanueva

Rodrigo Ramos Bañados

-Dios bendijo a la aristrocacia chilena.

Nelida Baros

-Anda libre en el surco: Premio Lagar

Carlos Amador Marchant.

-Iquique y el vals de los recuerdos.




miércoles, 3 de marzo de 2010

Capítulo 1 de la novela Kalule (ficción sobre un terremoto en el norte de Chile)

3/03/2010 01:49:00 p. m.

Autor: Rodrigo Ramos Bañados.
Fuente: Escritores desde el límite.

1.


Maremoto espectacular. Tremendo.
De esa manera etiquetó Masaaki Oka al video de la catástrofe en el Youtube. Después de 12 horas, el video quedó entre los más destacados del día.
Estos fueron los cinco primeros comentarios que hicieron murmurar Masaaki desde su habitación en un hotel de Miraflores, en Lima. Después de leerlos, mordisqueó el trozo de pizza Hut.



Lusitanus :

FINALMENTE alguém também usa a palavra MAREMOTO que é o Português de Tsunami.... agora só por causa do grande maremoto na indonesia chamam tsunami a tudo,o Maremoto ocasiona uma onda oceânica a que os japoneses puseram o nome de Tsunami.

Shamgelo:

la naturaleza es unica e impredescible!saludos desde Quito_ecuador, les invito a visitar mi canal!!!

Pipiseba:


Putos!!!


CaioOczez


Fim do mundo Não ! coisas de natureza !


Peruano

Mueranse rotos mugrosos ¡Viva Perú, carajo!


Vekita 2183:

North of Chile.... 8.5 Richter







Tembló fuerte en toda la zona, pero allí donde las casas casi colgaban desde los cerros hacia el mar fue terremoto, el peor. Peor que mil bombas de Hiroshima.
Luego el pánico.
Una enorme nube gris de polvo en suspensión cubrió lo que llamaban el hoyo o la cuchara pues si uno miraba desde la plaza hacia el horizonte, el mar le ganaba al cielo. Dentro eran distinguibles sollozos, gritos, quebradizas de vidrio, zumbidos eléctricos y ladridos que se cruzaban con el chillido de las alarmas automáticas de autos y explosiones parecidas a petardos de Año Nuevo.

Otros escucharon el ruido a motor ahogado que expelía la Termoeléctrica entre las 15 horas y las 16 horas cuando quemaba el aire. Otros aferrados a árboles contemplaron nerviosos desde la plaza como la municipalidad de cartón se venía abajo.

Las casas se torcían como serpentinas y se desplomaban una a una como en cámara lenta.
En un minuto desapareció la vecina, el amigo, la conversación, la tía, las luz, el cuñado, el agua, el primo, las poblaciones, las madres, los hijos, los sueños, la electricidad, la dignidad, la vergüenza, el pueblo y el futuro.
Era la 13.20 de la tarde bajo un potente sol de verano cuando se torció el rumbo de las cosas.
El periodismo no se hizo problemas, encogió aquel momento y lo denominó como infierno y habló de mega: megaterremoto y megatsunami. Después el resto de Chile siguió el show del terremoto por televisión.


Cuando apenas la tierra dejó de temblar los sobrevivientes de inmediato huyeron hacia los cerros. Parecían hormigas. Otros lo hicieron en sus autos por la cuesta Barriles que llevaba al interior, a la carretera Panamericana que cruzaba el desierto.
En la entrada de la cuesta se generó una obvia congestión vehicular. Media hora de espera o más. Cundió el pánico. El sentido común descartó el camino costero aunque no faltó el desesperado. El terremoto, en tanto, desprendió peñascos desde los cerros que fueron a dar hacia la cuesta. Lo peor lo sacó un camión pequeño. Uno le dio de lleno y tumbó hacia un costado. Todos querían salvar el pellejo, razón para no imaginar lo que sucedió al interior del camión. El conductor murió desangrado tras agonizar varias horas.

Dramas como ése armaban el rompecabezas de la catástrofe.


Otros ayudaron a familiares, vecinos o amigos a salir desde las enredaderas de escombros.
Otros apagaron el fuego.
Otros se apostaron fuera de sus casas derrumbadas como soldados.
Otros sollozaron inmóviles por algún cadáver o por la impotencia de no saber qué mierda hacer con éste.
Otros se descargaron contra los celulares.
Otros robaron.
Otros vociferaron discursos apocalípticos en la plaza.
Otros violaron.
Otros se fotografiaron para el Facebook.
Otros se fugaron.
Otros cargaron los cadáveres hacia el cerro amarrados sobre un colchón. Otros, en la desesperación, se los llevaron en auto. Otros los amarraron a lo que quedaba de sus casas. Otros cargaron lavadoras y televisores al cerro. Otros entregaron los cadáveres al mar como si lanzaran algún animal.
Otros se amarraron a los postes de alumbrado.


Sólo pareció seguro seguir a los ancianos. Aquellos sobrevivientes del terremoto y maremoto de 1952 parecían preparados a pesar de las burlas de sus familiares. Guardaron velas, linternas como Biblias y aspirinas. Cosas de viejos, les dijeron.
Estos vieron o escucharon sobre la aparición de aquel mismo pez del terremoto y maremoto de 1952. En aquella ocasión a éste le llamaron kalule, el pez maldito.


Siguió la lengua de mar.


Por semanas la imagen del mar tragándose a la ciudad fue lo más buscado en Youtube.
En el lugar y en el momento indicado. Eso respondieron los jóvenes del video que acompañaron al japonés. No fueron los únicos contentos con el desastre.
La casi una hora de grabación exhibió al mar desprendiendo hileras de casas. Muchas cayeron una sobra otra como efecto dominó, entre ellas la peluquería del viejo Kubota. La otra parte del video que dio la vuelta al mundo fue el rescate por un helicóptero desde la copa de un árbol de la plaza de los dos niños colombianos. Uno tenía siete años y el otro nueve.
La catástrofe fue entre Navidad y Año Nuevo, un sábado cerca de las 12.45 horas con todo el calor de un día de verano y cuando la mayoría se aprestaba almorzar. Se respiraba ambiente festivo en el pueblo, especialmente por las competencias entre las poblaciones por levantar, con desechos y madera, el mejor mono para quemar a las 00 horas del uno de enero.
El otro que celebró fue el científico japonés Hiromu Nakata. Con el terremoto recuperó su prestigio perdido.


martes, 2 de marzo de 2010

INVITACIÓN LANZAMIENTO DEL LIBRO MIL MANERAS DE AMAR

3/02/2010 09:17:00 a. m.

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MIL MANERAS DE AMAR

Por
Arturo Volantines


La poesía rehúye a los fuertes de ambiciones, a los rabiosos y ansiosos de poder, especialmente a los políticos palaciegos. Cuando más exitosos parecieran los gobiernos y los Estados más lejos se ubica la poesía.

Definitivamente este poder y la poesía tienen mala convivencia. El poder institucional puede empezar a articularse en la intemperie y vertebrarse a través de los clanes, sectas y partidos políticos; pero, cuando se adueña del poder, los poetas son los primeros enviados a los ghettos. Los Estados autoconformes se alejan de la creación y la creatividad, ya que buscan casi siempre la cristalización de la eterna juventud y construir un Estado que dure mil años. Claro, al poco andar éstos terminan derrumbándose o, a lo menos, convirtiéndose en un festín nerónico.

Por ello, las políticas culturales del Estado de Chile y del CNCA. son un puente y son un claro en el bosque latinoamericano, porque al financiar y difundir el arte apuestan a su propia sobrevivencia. Es un puente; sin embargo, difícil, pero estimulante, ya que encaminan fórmulas refrescantes y fluidas que pueden resolver nudos destructivos, y servir profundamente al arte y al pueblo.

Cuando la verdadera poesía pasea por el poder político se incomoda, le sale urticaria y alergia nerviosa; se exila debajo de los puentes, como algunos personajes que andan con el “Marqués de Villa Rica” o como los desterrados de la Revolución Constituyente .

Por esto mismo, la poesía se aviene con los pulgosos; se apega bien a los pobres, anda en la ciénaga; siempre revolviéndola en la revolución; siempre “es soldado y es amante” ; anda desnuda debajo de las estrellas por más que el mismo poeta quiera vestirla de retórica y privilegios; anda, definitivamente, con los más necesitados y anda, también, con los “bandidos y vagabundos” ; y es absolutamente generosa con los que no tienen nada y quieren darlo todo.

Por ello, “Mil formas de amar” es una volada desde el alma; es la volada desde la poesía que se pone de pie aunque no tenga piernas; y, aunque sea muda, habla desde el corazón, y se puede escuchar como el viento acompaña al árbol; ésta es la poesía que se echa a volar haciendo del destino del poeta algo más que cáscara y cacareo.

Marco Antonio nos deja entrar a su intimidad, a su visión poética, a su luminoso corazón y nos ofrece una vendimia, donde el amor, la desilusión y la reflexión poética cabalgan por la página en blanco en busca de una respuesta a su destello. Su poesía descansa en un arco que va desde ese amor que pareciera que no se concreta, pero que estremece. En cada caída se levanta: Un gesto aquí, una sonrisa allá; la imagen de esa mujer que lo despierta y despierta su poesía. Se trata de un navegante que vuelve sobre el tema, como el albatros vuelve a sumergirse en el mar.

Marco Antonio desafía las fórmulas poéticas para decir su decir; para construir un diálogo directo, y no caer sólo en el garlito de este buen decir a cuestas de disfrazar lo que el destino le indica.
Marco Antonio avanza desde la poesía del amor que martilla y canta en su corazón, porque las razones del amor son muchísimas. Pero, Marco Antonio avanza hacia otros temas aventurándose en un discurso propio. Creo, firmemente que la poesía y el arte parten del corazón cuando hay corpus que transmitir, y que se puede colgar en aire como si fuera una nube a punto de llover.

La poesía no puede estar comprometida con la nada sino con los avatares del hombre que “…si todavía respira/ debe inventar unas piernas,/ unos brazos, un corazón,/ para luchar por el mundo” . Por ello, a los eruditos y académicos se le hace imposible entrar a la obra, porque no es el negocio, ya que el negocio de ellos es cobrar; un cobrar tan externo que sacan una pistola como los nazi para analizar una obra o como ese funcionario de la Biblioteca Nacional que lo fui a buscar para que fuera jurado de un concurso de poesía, y lo primero que me preguntó es cuánto pagaba.
Esta poesía es un testimonio de vida contra la muerte, contra los imposibles; es desabrocharse de un cerro de imposiciones que al cuerpo se le ha impuesto, pero de allí nace libre y cobra vida como un tejido eléctrico por las palabras. Esta poesía nos da señales que no todo está perdido, y que todavía la humanidad tiene una oportunidad. Esta poesía impone un derecho a la vida.

Marco Antonio no es sólo un poeta detenido en lo amoroso sino también se preocupa del destino de los otros, del miedo y del dolor que percibe y del claroscuro de la vida. Esta poesía busca ser un espejo, donde el poeta dialoga con el otro que es el mismo; un diálogo para comprenderse a sí mismo y para aclararse y saber encontrarse, tal vez con la aceptación del destino particular del poeta. Esta poesía completa lo que falta al poeta, a lo menos es el complemento para sentirse íntegro y, fundamentalmente, es su respiración, porque a pesar de los tremendos desafíos, apuesta en la vida y no en el cementerio.


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Marco Antonio nació en la ciudad de La Serena, Región de Coquimbo, el 17 de mayo de 1983. Producto de una grave complicación durante el parto sufrió una parálisis cerebral que afectó parte de su sistema motriz, impidiéndole caminar. A los dos años y medio ingresó al “Centro de Evaluación, Diagnóstico e Intervención Infantil”(CEDIN.), y paralelamente al “Centro de Rehabilitación Infantil”; ambos lugares claves para su desarrollo personal. Antes de los ocho años y gracias a significativos avances en su rehabilitación, entró a kinder en el Colegio José Gaspar Marín. Fue en ese lugar, en séptimo básico y bajo la tutela de su profesora de castellano, Manuela Rojas, descubrió sus dotes artísticas, en especial en el área de las Letras y la Poesía. Poco después, a raíz de un concurso poético de la comuna se incorpora a las actividades públicas de la literatura regional. Hizo sus estudios en el bicentenario Liceo Gregorio Cordovez de La Serena. Participa activamente en revistas literarias, recitales y acciones de arte. Gracias al apoyo del programa “Creando Chile en mi Barrio” del Consejo de la Cultura y las Artes y “Quiero mi Barrio” del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Marco Antonio publicó su primer libro llamado “Esperanza de Amor”(2008). Es miembro de la Sociedad de Creación y Acciones Literarias de la Región de Coquimbo (SALC.).



lunes, 1 de marzo de 2010

SÓLO RADRIGÁN

3/01/2010 08:42:00 a. m.





SÓLO RADRIGÁN

Escribe Carlos Amador Marchant


Soñé que había un mundo distinto donde se podía hablar y entender, donde las casas ya no tenían enrejados y las separaciones entre unas y otras se perdían en medio del viento. Sueño ineludible después de visitar algunas ciudades y pasar por suburbios, por aquellos sitios donde a veces nos desconocemos, como suele suceder en los animales, que en ocasiones no distinguen a sus cercanos y agreden.
Soñar con un mundo distinto es utópico. Muchos soñadores, muchos líderes, han muerto por querer llevar a la práctica sus ideas, ideas de prácticas impracticables en el mundo de hoy. La pregunta es si en algún momento lo utópico puede ser practicable y lo practicable deje de estar en los poros del hombre.
Miles creen que no hay otra vida después de la nuestra. Otros dicen que la hay y que todo vuelve en una constante repetición. Si nada se sabe, creo, es mejor no opinar con tanta firmeza.
Los suburbios, en consecuencia, donde se encuentran los desamparados, los que a veces no están ni siquiera en los esquemas y anales, es decir, los que representan a los seres CERO y que han venido al mundo a decir nada, es probable, sin embargo, que lo digan todo en momentos en que llegan al estado mental subyacente.
Asco produce ver a esos seres que duermen en las calles, que se fabrican camas malolientes, donde el sebo carcome los rincones, donde al verlos el mundo te parece visto a la inversa. En Valparaíso, al encaminarme al trabajo, muy temprano por las mañanas los veo salir como cuando los animales, como cuando en mis días de antaño, en las crianzas de conejos de mi padre, salieran de sus cuevas. Hay veces, incluso, que la fuerza pública no haya qué hacer con ellos, porque han ido tantas veces a los calabozos que ya no pueden.
Y son cientos, y son miles.
Pero qué ha pasado con ellos que no han cuajado en esta sociedad. Es una pregunta socio política, socio cultural, antropológica y hasta ontológica.
Estamos hablando de nosotros mismos, porque los millones de seres en este planeta somos uno solo. Estamos hablando de mirarnos minuciosamente en el entorno hasta decir cosas para afuera.
Por esta razón Eva y el Huinca, me trajeron a meditaciones que deben hacerse miles de personas en nuestra sociedad mundial.
Es probable que en la década de los ochenta, cuando en Chile dictadura militar, cuando en el mundo miserias similares, estos dos personajes, que en el dramaturgo chileno Juan Radrigán, emergían súbitos para reclamarle al mundo clemencia, nadie se fijó en sus presencias. Me atrevo a decir que ahora tampoco.
Pero Radrigán emergía (emerge) con sus personajes para hacernos, para hacernos, esa es la palabra, ni siquiera para meditar, sencillamente para hacernos.
Y ellos, esos locos, esos locos, que en medio de sus sueños querían transmitir al mundo algo nuevo, mientras el alcohol circulaba por las venas, mientras esos locos querían una casa, mientras se agazapaban, dándose bofetadas y palabras y palabras, que la coja, que el hediondo, que nadie te quiere, que anda a la calle y te pillan, que irás al calabozo, que los pacos, mientras el mundo seguía su curso, que quiero que me conozcan, que tengo antecedentes, que mire estos papeles mugrosos de lo que fui, que a fin de cuentas son mis papeles, pero mire, esto fui, esto y usted me cree ¿verdad?, que esto fui que esto soy, que nada me detendrá, que esto soy, que el mundo debe conocerme, pero ya no me conoce, que fui hijo de rico y ahora soy nada, que mire como estoy, que me pudro, que me pudro, que me pudro.
Terminalmente Eva y el Huinca se amaban. Tal vez esto nunca existió. Pero en el entorno quedan sus vidas, la miseria entrelazada, el no tener pan, sino el olor a alcohol y vicio como desahogo mundano. Yo no creo en eso.
Más bien, la verdad, he creído en Juan Radrigán.
Lo conocí el 2002, en momentos en que mi voz estaba exigua, interrumpida por el ruido de los poetas porteños, por sus noches, por sus palabras.
Radrigán desarrollaba en Valparaíso un proyecto que consistía en talleres con culminación de una obra teatral. Al evento, que duró más de un mes, asistieron cerca de una decena de hombres y mujeres repartidos entre actores y poetas. La idea central de esos encuentros fue la improvisación de algunos actores sobre el escenario, mientras el resto hacia anotaciones para dramaturgia. Al paso de los días, Juan revisó mis escritos y se interesó por aquella que sería mi segunda obra para teatro (inédita aún) denominada “Seis ojos en lipiria”.
Como sabía de mis preferencias barquerianas, un día me obsequió las obras completas del Premio Nacional Efraín Barquero. En Santiago nos encontramos dos veces más, en uno de esos viajes dialogamos también junto a su hija Flavia, también dramaturga. Juan Radrigán es un hombre querendón, sencillo, que se entrega a quienes aprecia. Es sin duda, unos de los dramaturgos chilenos de gran altura.
“El loco y la triste”, estrenada hace treinta años, nos trae precisamente la vida de los marginados, los mismos que en Chile viven en casas abandonadas o debajo de puentes.
Ella, una prostituta a mal traer y llena de ilusiones. Él, un alcohólico a punto de reventar con su cirrosis. Radrigán sitúa a estos dos personajes en una sola escenografía, el interior de una casa en ruinas, en derrumbe, erradicada, y en donde afloran diálogos que tienen que ver con la vida de los desamparados, de los que no tienen más que esperar la muerte. El Huinca busca precisamente eso, un lugar donde morir, una calle donde entregarse al fin de sus días. Y hasta lo había elegido en sus momentos de sobriedad.
Ambos están muertos en vida. Con un pasado donde las calles ya no los reciben. La fetidez de él, la cojera de ella. Se insultan, garabatean, hacen de los minutos una masacre, más allá de la masacre de sus días. El Huinca le dice a ella que en la otra vida tendrá de todo, todo lo que no tuvo en ésta, le habla de cómo es la otra existencia, de la paz, de las casas distintas. Ella siempre lo escucha pero no le cree. Más tarde en medio de la depresión, del alcohol, terminan simulando un casamiento, se unen en medio de los muebles viejos, de las tablas, de la hediondez. Hacen de la cloaca algo bello. Parecen amarse en medio de la soledad. Este amor dura poco. Los camiones, las máquinas de demolición se acercan a la casa en ruinas. Entran, comienzan a escarbar, derrumban todo. Ellos están adentro y junto a las tablas y cachureos, son aplastados por las pesadas máquinas y el ruido. Los desamparados, sencillamente, partieron de esta vida sin dejar rastros.
Juan Radrigán expone estas existencias como propias. No hay detalle de esos seres que se le escapen, pareciera que él estuviese con ellos. Es la genialidad de este autor.
Al comienzo de esta crónica hice referencia a algunas visiones de Valparaíso, de gente que duerme a la intemperie en pleno centro de la ciudad. Malolientes seres que ya nadie los acepta, que caminan sin rumbos, que se exponen como los animales en desmedro. Y tienen nombres y tienen pasados. Saben, al mismo tiempo, que vinieron a este infierno con la misión de irse transformados en infierno.
Son la Eva y el Huinca, los personajes de Radrigán, los que emergen en cada espacio de este Chile, de este planeta. Y nadie sabe si vinieron al mundo. Sólo los carcome el silencio, las hojas de cuadernos sin registros.


domingo, 28 de febrero de 2010

Notas para una aproximación a la poesía de Humberto Díaz Casanueva

2/28/2010 10:06:00 a. m.

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Dennis Páez M. 16/12/09

(…) no escribo para agradar sino para explorar.

La experiencia poética me interesa como un modo

de transparentar la existencia humana (…)”

H.D.C

Abordar uno de los premios nacionales tal vez más poco explorados no es tarea fácil.

Un cúmulo de obras, tachadas de herméticas por una crítica que no se ha logrado hacer cargo de magna reliquia que nos herenció el poeta nacional, dan cuenta de que no es un autor transparente, evidente, fácil, o tal vez claro y comprensible de buenas a primeras. Por el contrario, Díaz-Casanueva, de una envidiable formación en filosofía, entre las cuales se encuentran en su currícula más de unas cuentas clases con el filósofo alemán Martín Heidegger, es un poeta que aun permanece en el sombrío pantano de nuestra literatura nacional. Sombrío pantano del cual nadie ha logrado rescatarlo eficazmente, a excepción sólo de unos cuantos artículos que tal vez no develan detalles propios de su escritura, y que no han logrado atraer a lectores comunes de poesía, fuera de sus fieles seguidores, en su mayoría poetas, que van tras las pistas de códigos encriptados en las páginas de sus variados libros.

Si bien la obra de Díaz-Casanueva empieza a gestarse paralelamente a la decadencia del romanticismo y las tendencias modernistas precedentes, instauradas en la literatura nacional con plumas como la de Pezoa Veliz o Magallanes Moure, también coinciden sus inicios en la escena literaria con la oleada vanguardista que desde la segunda década del siglo XX en adelante no cesará de remecer las letras nacionales, con propuestas que cada vez más irían en búsqueda de una renovación en la tradición, instaurando nuevas formas poéticas que tendrían pleno desarrollo con el Neruda de Residencia, con el Huidobro de Altazor, con el de Rokha de los Gemidos, y más tarde con La Mandrágora y todos sus secuaces, quienes levantarían la bandera de Bretón en estas tierras hasta los extremos del llamado surrealismo negro.

Sin embargo, el poeta pese a encontrarse rodeado por estas tendencias, asume un cariño y un aprecio intenso (e inmenso) hacia los románticos alemanes, y a decir verdad, hacia toda la cultura germánica. Serán autores como Rilke, Hölderlin, Goethe, Trakl y Novalis los que lo cautivarán en todo su esplendor. Además, claro está, de la influencia que poseen en la gestación de su obra las lecturas de Nietzsche y Heidegger, dos pensadores que dejarán una sutil presencia perceptible en algunos textos del basto legado del galardonado con el premio nacional en 1971 y a los que nos remitimos brevemente en las líneas siguientes.

De Nietzsche el poeta nos dirá que su primer gran libro leído comprensivamente, y que lo cautivo por completo, fue El origen de la tragedia. Y es posible rastrear en su obra alguna de las ideas del pensador, como los conceptos de lo Apolíneo y lo Dionisíaco. En la extensión de su poesía, se aprecia una pugna entre estos dos polos, en los que inevitablemente resulta dominante Dionisios, de manifiesto con un lenguaje invadido por lo confuso, la deformidad, el caos, la noche, las pasiones en su máxima revolución, lo instintivo exacerbado, todo ello permeado por lo inconsciente, lo irracional, la negación del logos en general:

“si muevo la mano alrededor de mi alma encuentro una luz ciega

una zanja llena de hojas escritas

costumbres y creencias, muñecas nudosas, esplendores

nocturnos, fundición de ídolos.”

De Heidegger la influencia es distinta. Ya no es una lectura, sino que son clases o seminarios a los que asistió Humberto, y más aun, las clases sobre poesía en las que Heidegger se abocó a filosofar sobre Hölderlin con mayor entusiasmo, y que por estos días llegan por medio del FCE en una edición titulada Arte y Poesía.

En razón de lo anterior, hay ciertos conceptos heideggerianos como el da sein, el llamado ser ahí, el ser para la muerte, o simplemente el ser, en su total desnudez, que se ven de cierto modo involucrados en el entramado textual creado por Casanueva. Dichos conceptos pareciesen despertar sentido en la lectura del poeta si leemos en sus textos insitencias sobre la temática de la existencia. Bástenos leer la pregunta que inicia uno de los poemas del libro La estatua de sal y la afirmación con la que culmina el mismo verso para entender cómo nos lo manifiesta:

Qué soy para vosotros? un moribundo? Yo no sé lo que soy,

Yo os ofrezco un poco de luna desfallecida en el desierto,

Una sal bañada por mis ojos que cae sin cesar

Y un canto callado.

Esta insistencia en la búsqueda del ser, saber quién soy, qué soy, porqué soy, pregunta existencial que pareciese reiterativa, adquiere nuevas dimensiones al interior de los versos del poeta cuando la óptica se configura en razón de una exploración ciega, exploración a obscuras, entre sombras, trampas del lenguaje, prejuicios y vicios del idioma que nos obligan en reiterados momentos a creer o admitir que somos tal o cual ente o ser. En un breve texto titulado Poesía, escrito en Alemania en 1934, el poeta declara:

Es bello y heroico asistir a las batallas del ser, rehuir todo libertinaje y facilidad y aceptar el cilicio.

De este modo, Díaz-Casanueva, evadiendo todo ello, vierte al interior de sus versos el suspenso, posiciona la sospecha de no tener claridad ni plena consciencia de su ser, aunque sí de las acciones que puede lograr realizar tal ser. En el mismo poema, versos más abajo se lee:

Yo desnudo la sombra dentro de vosotros que es tumba

Y os dejo en el cuerpo un incendio lejano.

Al interior del citado poema canto II del libro la estatua de sal, se nos reiteran incesantes los imperativos. El hablante poético manda: aceptad, apartad, dejad, cerrad.

Desde esta óptica, la posición que adquiere el poeta es la de un supremo omnisciente, quien ordena, manda y exige, y al cual jamás percibimos frontalmente, jamás reconocemos quien es, sino que sigue siendo una incógnita, perpetuamente un otro para nosotros.

Ahora bien, en su obra el poeta es claro o es oscuro, pero a medias jamás. Así en uno de sus últimos libros publicados, titulado El niño de Robben Island, deja ver con claridad las ideas que pretende desarrollar en el poema, mostrando a la vez toda esa faceta humana que durante tantos años le significó ser embajador, defender los derechos humanos y la segregación racial. En dicho texto, el poeta no encripta el significado, sino por el contrario, manifiesta explícitamente y con claridad expresiva todo lo que pretende decir en relación con la segregación de los niños africanos. Tal vez éste texto pueda ser el único en el que predomina el carácter apolíneo sobre el dionisiaco como se expreso líneas atrás. Por medio de un solo poema extenso, desglosa el origen de la diferencia que se establece entre blancos y negros, pintándonos imágenes que destilan una fría y desinteresada labor de las naciones, las cuales, en intento de imponerse sobre otras en beneficio propio para la obtención de materias primas, arrasan a la vez con una comunidad, con un cúmulo de personas a quienes se les extirpa toda noción de derechos que puedan tener, abusando moralmente de todo sus ser derruido por la imposición de otra cultura.

Para culminar, esperamos que este limitado e inacabado introito sea de utilidad a quienes se interesan por la obra poética del autor nacional. Hemos de esperar de igual forma, que la crítica deje de lado Réquiem, poema archicitado del autor, y comience a indagar en otros textos del poeta, de igual y tal vez mayor calidad poética como aquel. Nosotros nos limitamos en este estrecho texto a referir mínimos aspectos de la obra del poeta, esperando incitar a la aproximación a quienes parecen estar distantes de leer al autor de La hija vertiginosa. A aquellos ya iniciados en su lectura, esperamos estas notas sean una razón más para seguir urgetiando entre símbolos de una poesía que tenemos para bastante tiempo más hasta develar la avasalladora presencia de signos y lenguajes, códigos de una realidad en permanente búsqueda que a lo mismo nos invita: iniciar el recorrido o la búsqueda de la búsqueda iniciada por Díaz-Casanueva en su poesía.

Referencias:

-Díaz-Casanueva, Humberto. El niño de Robben Island. Ediciones Manieristas. Santiago de Chile. 1985.

- Díaz-Casanueva, Humberto Antología poética. Santiago de Chile. Editorial Universitaria. 1970.



viernes, 26 de febrero de 2010

Todo cae por su propio peso: A propósito de ciertas lecturas aberrantes de escritor a escritor.

2/26/2010 11:04:00 a. m.

“Todo cae por su propio peso”. A propósito de ciertas lecturas aberrantes de escritor a escritor.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado originalmente en papel en Revista Vomitiva -La Serena

y en el Archivo Bolaño.


El presente artículo sin ánimo de polemizar o constituirse en una apología de Bolaño y sus obras, de modo más específico 2666, voz y escritura que habla por sí sola, además como diría un amigo -aquí todos somos grandecitos y cada cual puede defenderse solo- nace a raíz de la lectura de un texto publicado por Raúl Zurita allá por enero del 2008 en el periódico literario Carajo en su novena edición.

En el artículo titulado “2666 de Roberto Bolaño. Un asunto irresuelto” el autor de Purgatorio lanza unas aventuradas opiniones acerca de la novela mamut del desaparecido escritor, mismas que a la fecha, si consideramos el año de publicación del artículo en cuestión “2008” y todo lo que se ha dicho a esta altura con respecto a la novelística de Bolaño, nos lleva a preguntar ¿Qué acaso no hay temas más pertinentes que tocar? Desde luego, algunos pueden y tienen todo el derecho de pensar que la discusión en torno a aquellas opiniones del premio nacional ya fueron zanjadas por ende es válido considerar la siguiente redacción de mi autoría como fútil e inoficiosa; de cualquier modo a favor de ella y pese al desfase de mi recepción y respuesta ante la lectura invectiva que Zurita hace de 2666 se puede mentar entre otras variables dignas de atender, el que no hayan existido, exceptuando una postdata de Carlos Almonte, respuestas contundentes al respecto y por otra parte, hay que prepararse ante la batahola de artículos como éste de Zurita que surgirán frente a la reciente publicación de otro anticipado título póstumo de Bolaño “el Tercer Reich” que ya fue lanzado en España y que se haya pronto a anexar América a su conquista a través de la conocida cadena editorial Anagrama, misma que ha publicado la mayoría de títulos conocidos de Bolaño y que de seguro se hará cargo de los que quedan por aparecer.

Este peculiar fenómeno e inusual moda, circunstancial a la escritura y su calidad, aunque claro, regularmente va en desmedro de ella pues no es el creador ya quien tiene la última palabra sobre su obra sino los editores y sus intereses, mantiene una importante relación no sólo con el texto de Zurita sino con el estado del arte de la narrativa latinoamericana y chilena y desde luego importa a la situación del libro como objeto dentro de las sociedades actuales y el tratamiento general que estas dan al arte. Recordemos que Bolaño pensó entregar originalmente 2666 como cinco novelas interdependientes, ligadas por vasos comunicantes como Archimboldi, la vida y obra de éste ficticio escritor europeo y claro, Santa Teresa, trasunto de Ciudad Juárez. Interesante hubiese sido ver cuán diferente pudo ser el destino de la obra, su recepción critica, la distribución, el juego de las expectativas, el precio de los libros, su impacto y quizá lo más importante, la interacción de los destinatarios entre cada parte mas allá de la linealidad a la que nos somete el mamotreto preparado por Echevarría. Hoy todo lo expuesto se podría argumentar a cabalidad en torno al Tercer Reich o los textos recientes de Donoso y los que de seguro vendrán de Salinger, pero ese factor no se cuestiona o considera en lo absoluto en el articulo del ex miembro de CADA lo cual es injusto ante una aseveración como la que usa para abrir su comentario acerca de 2666, marcando de inmediato la tónica y talante que desarrollará en extenso a la manera de aquellos emperadores romanos dirimiendo la vida de sus esclavos en una justa de circo: 2666 me intriga, y no porque sea una obra maestra, por el contrario, es una novela convencional que tiene un problema grave y sin solución intermedia: o le sobraron 800 páginas o le faltaron 800 páginas.

La pose de crítico demoledor y antojadizo no escatima en artillería y de modo caprichoso pone en tela de juicio la calidad autoral de Bolaño, sobre todo la de su poesía, tal como demuestra la siguiente cita: Su transacción fue un triunfo personal pero, más que eso, es el triunfo de la economía: era finalmente lo suficientemente bueno como para que tuviera que transar. Tampoco se trataba de que se dedicase a escribir poemas, para eso Bolaño era tan poco dotado como Cortázar, Faulkner y Joyce.

Faltó considerar aquí lo poético que dentro de su prosa es Bolaño, a la manera de Woolf, Rulfo y el mismo Joyce, además fuera de lo discursivo el logro de la obra en juicio y su ambiciosa propuesta está en la solución que da a su trama y 2666 a diferencia de Los Detectives Salvajes, la cual no busca repetir, se construye más que en la polifonía y fragmentación en la unidad transversal que otorga la atmósfera y estética del mal que en un sentido apocalíptico desborda las pesadillas que signan a todos sus hablantes y la memoria universal, mixturando genocidios y conflictos bélicos con actos de violencia a veces aislados y otras tantas veces sólo caprichosos o ideológicos, como es el caso del arte y sus -ismos, Las Panteras Negras representadas por Barry Seaman, el Cine Snuff, una pelea de box arreglada o un pueblo pauperizado lleno de pescadores víctimas de cáncer a la piel, sobrepasando en tal medida cualquier ejercicio de racionalidad y escepticismo, allí reside a fin de cuentas la poesía en su sentido extenso, como creación pura y abarcadora, por tanto insubstancial es la distinción entre lírica, drama y narrativa, manida lucha y separación entre géneros que Zurita arguye de esta forma, El nudo central es que su dilucidación jamás será posible dentro del mercado, o sea, dentro de la novela. (…) ¿Por qué haberle inventado una dudosa trama de novela negra a algo que es artísticamente más fuerte que eso, que es en realidad infinitamente más fuerte que eso? ¿Por qué no haber dejado desnudos los informes clínicos de las muertes? Haberle posiblemente agregado un párrafo de una belleza, de una belleza literaria límite, dura, esplendorosa, al principio o al final. (…) era imposible que lo hiciese porque escribirlo así es algo que le competía a la poesía. Luego remata su texto añadiendo: Un autor o autora de novelas si no es un fabricante de mercancías es simplemente una mala o un mal escritor. Lo demás queridos amigos, es simplemente poesía. De esta manera Zurita precisa que ciertas atmósferas pueden desarrollarse mejor bajo ciertos discursos y diseños, sobre todo cuando no duda en acusar a la novela de ser un nicho de mercado en arriendo, lo cual torna la discusión y los argumentos como un enojoso juego de artificio pues en el mismo sentido vale la pena discutir la poesía hoy en Chile y Latinoamérica, cuna desmedida y edificio ocupa o terreno de invasión para cualquier impúber estilizado que escribe verticalmente en su blog y hace caligramas en un fotolog.

Por ello la crítica no da la talla al señalar el fracaso de la Parte de los crímenes al elegir como recurso la novela negra, la crónica periodística y la descripción forense y en tal sentido no alcanzar la magnitud de lo sublime arruinando la belleza de un tema pues este ya no podrá volver a ser abordado. Si pensamos lo que decía Borges, “siempre estamos condenados a leer y escribir las mismas historias”, como aceptar una opinión tan peregrina como esta de Zurita: (…) era imposible que lo hiciese porque escribirlo así es algo que le competía a la poesía. Pero el problema concreto es que la poesía no lo hizo. Y si lo hiciera ya no podría poner los informes como los puso Bolaño y por lo tanto, ya no lo hizo y no tiene remedio. Esa fue la genialidad y la fuerza de "La parte de los crímenes", los informes y el nombre del basural, y ya no se puede hacer otra vez, y no por un problema de "propiedad intelectual" o de obscenidades de ese tipo, sino porque su poder artístico radica también en su primera vez. Entonces piensen, que sentido tendrían los diálogos y coqueteos que él realizó con la obra de Dante o luego con Kurosawa si ellos ya lo dijeron o si antes, todo lo plasmado por otros “maestros” ya estaba en el Ramayana o El Gilgamesh y luego en Kafka y Proust.

En todo caso, dichos como estos sólo tienen un valor secundario, anecdótico y que solo hay que tocarlos de modo tangencial y cuando sea exclusivamente necesario, vale más priorizar ciertos temas del artículo del autor de Anteparaíso que se pueden rescatar, los que sin embargo, al igual que aquellos que penetran en el ámbito de la opinión personal sobre el valor del escritor y su integridad más que al argumento y critica, se deben aterrizar y pasarlos por un tamiz que los libere y dote del valor de fondo que se proponían y pudieron tener. Algunos de estos apartados desarrollados a medias por Zurita son por ejemplo la ya mencionada disyuntiva realidad ficción y el peso que la primera tiene en relación a un tema no menor e irresoluto como la grotesca ola de femicidios en Ciudad Juárez (leitmotiv en la ficticia Santa Teresa) y como el arte, no digo que este sea el caso, puede tender a trivializar o ser un espejo superficial de lo que se pretende representar. Tal como diría Avelar: El problema para el sujeto testimoniante se complica en tanto que el sólo hecho de incluir lo vivido en una secuencia temporal y narrarlo, supone de por sí una traición a la experiencia. La inconmensurable distancia que media entre ésta y su relato implica una profunda resistencia a la metáfora: la pérdida no puede traducirse en lenguaje y mucho menos cuenta con un auditorio capaz de traducir estas palabras en algo visible y/o tangible. De cualquier modo a riesgo de sonar majadero la banalización de los medios y entre ellos la novela, no excluye a la poesía, dotándola de una sacramentalidad a prueba de fuego.

Pero no excluyamos por ello un tema de interés y que pudo aprovechar Zurita en su artículo y que sutilmente llego a rozar, se trata de la critica a las editoriales y su manipulación, sobre todo en el tema difusión y la creación de una imagen, esa tarea que inunda las micros con pancartas, genera artículos en las revistas de las aerolíneas y ampara la creación de consabidos slogans que tienden a agrupar autores por temáticas, droga, sexo, contracultura y reducirlos a una colección colorida para lectores adolescentes o trasnochados admiradores de las vanguardias y su rupturismo, así en la estantería de Herralde podemos ver casi en una mismo nivel El Almuerzo Desnudo y alguna obra de Bayly, a Navokov junto a Cueto entre otros pares inimaginables, y como obviar las citas de afiche hollywoodense “la mejor obra de los últimos 30 años” o “un carpetazo a…”, esos cuestionamientos Zurita apenas los atisba, uno debe intuirlos o sacarlos a sablazos del artículo pues se pierde en una diatriba política que apunta a las multinacionales lo cual recuerda los ilustrados discursos que Chávez dirigía a Mr Danger cito textual: El costo también fue alto: el de ser el "mejor novelista de su generación". Qué duda cabe, pero todo aquello que es "lo mejor de su generación" contiene algo siniestro, en realidad es la forma más grosera del menosprecio (¿fue Dante el mejor poeta de su generación?), y cuando el merchandising califica así a un creador recuerda el típico trato de los patrones de fundo a sus peones favoritos.

Sin embargo hay unos puntos altos en la reseña, creo que el poeta busco dar en el clavo al criticar a los lectores promedio de Bolaño y en general de toda la llamada mafia amarilla, caricaturizándolos del siguiente modo: Roberto Bolaño al optar por la novela optó por una transacción. Es decir: optó por no llevar las cosas a sus límites, por autolimitarse como artista, pero, a cambio, pudo decirles al menos algo a los lectores que decidió no perder. Se trata de un tipo de lector registrado en los manuales básicos de los estudios de mercado: literatoso, intelectualoso, eterno aspirante frustrado a ser Arthur Rimbaud. Lo trágico es que termina por echarse no sólo al bolsillo a los lectores de Bolaño sino a los de Auster, Sada, Fadanelli, Pauls, Piglia, Pedro Juan Gutiérrez, Rey Rosa, Puig, Bukowski, Faulkner y a los mismos autores que no tienen al final la culpa de quienes operan o lucran con el destino de sus obras o más aún, quienes las actualizan, ya sea en concordancia a lo que se proponía el texto o acorde al uso aberrante que cada cual puede dar a una obra al interpretarla, sobre todo si lo mismo dicho más arriba sobre la distinción de géneros opera aquí, si optamos por caricaturizar al lector de poesía como Zambra lo hace magistralmente en un texto titulado “Contra los Poetas”, pensemos sino en todos los huérfanos suicidas arroja versos que deliran buscando en Pizarnik a su madre-amante y en el transgresor de turno a un gurú a seguir, a su progenitor dispuesto a escribirle un prólogo que le abra el Olimpo.

Como cierre atiendo lo más importante a lo que nos puede llevar a reflexionar el texto original de Zurita, la técnica narrativa del autor y no tanto por presencia y detalle en el artículo sino porque la escamotea por completo a través de una abusiva y reduccionista comparación con Finnegans Wake, cito: pero ¿el más "revolucionario" autor de los últimos tiempos? ¿Y un lector de Joyce? ¿Y que conocía bien el Finnegans Wake? ¿Y en una novela de la ambición artística de 2666? No, allí hubo un problema económico; es evidente que si la obra hubiese sido construida en base a una lengua que incorporara el alemán, inglés, mexicano y ruso, concreta, materialmente, como tal vez lo habría hecho un artista radical, habría significado mínimos lectores o, en el peor de los casos, pasar a la categoría de "demente" Pasando por alto ese parangón innecesario se hace importante no eludir la debida mención a la ironía intertextual la metatextualidad, el doble código y el diseño del narrador y voces que se entrecruzan y que Bolaño detenta pues ahí está su herencia, no en una alucinada y mal entendida pretensión del autor de Los Detectives Salvajes por romper la literatura y la comunicación creando una antinovela o el experimento último de la narrativa latinoamericana, esa es una responsabilidad que el mismo creador jamás se puso encima y que en todo caso ya lo han intentado otros como Calvino, Perec, Beckett y muchos más. Bolaño sin negar la admiración a estos proyectos edifica su propuesta al menos en 2666 y en muchos otros de sus textos conforme a fines distintos, a favor de la novela buscando ser hiperbólico y dialogante, aglutina información y hace que el lector se disperse en una búsqueda incesante de fuentes como si se paseara por una hiper-biblioteca o fuese absorbido por el Aleph.

En lugar de tender a la mudez, busca la sobrecarga y eso se aprecia además en su poesía, en un paseo por la literatura o los neochilenos, no va contra la literatura y sus bordes y si eso se busca en el autor, quizá el proyecto más cercano a tal intención sea Amberes, una de las más alucinadas de sus prosas y que podría con esfuerzo entrar a cuestionarse bajo ese prisma mientras que 2666 y las otras obras buscan ampliar la idea de el escritor-lector con un soporte semiótico en el contenido y cuestionando en lo posible los simulacros de esta hiperrealidad llena de espectros y máscaras, y que otros como Zambra en Bonsái o recientemente Zuñiga en Camanchaca están explotando conscientes, agregando a su lectura de la realidad, maneras de los sistemas de masa, la inmediatez y fugacidad de la comunicación y la potencia que para algunos tiene una frase en el Twitter, un mensaje de texto, post de blog o estado de facebook en relación a la memoria personal y colectiva y la percepción de lo verosímil, lo cual Bolaño puso en el tapete de la narrativa acercando un público lector y escritor a los abismos de la cotidianeidad, siendo accesible en su quehacer pero no ingenuo o fácil al punto de ser calificado de espíritu decimonónico, pues bajo la superficie subyacen los rasgos de una postmodernidad tan cara a la literatura de hoy (incluida la llamada neo-vanguardia) que ha buscado y seguirá construyendo desde las ruinas de la sobreexplotación y el maniqueísmo, sus estrategias, mismas que no podemos medir como profesor de liceo a la luz del Quijote, La Divina Comedia o el mero siglo de Oro u otros proyectos que son parte de nuestra propia obsesión y autocomplacencia, sino epocalmente, e ahí su aporte y el de aquellos que apuntan a una cuarta dimensión pero sin atarse al retoricismo abstracto de esferas opacas pues como dijo el mismo Bolaño en su discurso de Viena a propósito del artefacto de Parra referido a los poetas de Chile, todo cae por su propio peso, no sé si se entenderá el término caer por su propio peso, imaginaos una estatua hecha de mierda que se hunde lentamente en el desierto, bueno, eso es caer por su propio peso. Lo demás queridos amigos, es simplemente literatura.