viernes, 15 de enero de 2010

Perro del Amor de Oliver Welden y la agonía como axioma vital por Daniel Rojas Pachas

1/15/2010 05:02:00 p. m.


Perro del Amor de Oliver Welden y la agonía como axioma vital.

Por Daniel Rojas Pachas

“Perro del Amor” es un poemario de culto dentro de la literatura chilena, su lenguaje rudo y desencantado, agónicamente sexual y abierto al desamparo más íntimo del ser, logra en su consecuente “parquedad de epitafio” como lo caracterizó en su momento Jorge Teillier, una profundidad extrema que con el correr de los años se ha macerado logrando en su comunión con el dolor, altas cuotas de expresividad.

Welden con su perro nos conmina a la soledad más personal sin ignorar el sufrimiento que implican las relaciones sociales. En “Cadáver con fruta” (primera parte del poemario) explora los lindes de la cordura y el abandono priorizando la idea de suicidio y vejez como una muerte lenta y eversiva. En “De un tiempo a estas partes” (sección media del libro) ata nuestras conciencias ante el desasosiego familiar y finalmente en “La Manzana del gusano” (último cuaderno del texto) deposita toda su desesperación y furia ante el fracaso de la comunión última con el otro.

Se prioriza de este modo una noción que a lo largo de todo el libro, gravita en torno al reconocimiento de la orfandad natural del hombre, agotando todas las posibilidades de interacción desde las más solipsistas hasta las que perciben en el clímax sexual, una condición previa a la languidez del espíritu que termina por asumir de modo abismal su incomunicación intrínseca.

Hay que destacar que el autor en la construcción de esta atmósfera de sincera asfixia y desgarro, gesta una voz peculiar y única para la poética del norte de Chile. Espacio ineludible al referirnos a Welden, pues su obra está íntimamente relacionada con el extremo desértico y fronterizo de esta región del mundo.

Esto de ningún modo le resta universalidad al libro y a la voz del poeta, todo lo contrario, su presencia marca un hito aún no superado en la continuidad creativa de estas latitudes.

La génesis de “Perro del Amor” es reveladora y digna de ser reseñada. El título se remonta a los setenta en el marco de los años previos al apagón cultural; fenómeno de fisura y supresión que traería la dictadura y que afectó de modo directo al autor y su generación.

Social y culturalmente numerosos proyectos fueron abortados, esto marcaría el sino y difusión de la obra y en paralelo el fin de Tebaida Poesía, revista editada entre el 68 y 73 por Welden y Alicia Galaz Vivar, compañera del escritor, fallecida en el 2003 y destacada escritora y académica de la ex universidad de Chile con sede en Arica.

Situados en aquel periodo de fertilidad previo al quiebre de lo que algunos han señalado como la época de oro de la poesía del norte grande y en específico de Arica, podemos captar la edición de importantes libros como GRRRR del grabador, editor independiente creador de libros Mimbre y poeta visual radicado en Antofagasta, Guillermo Deisler, otra obra imprescindible de aquella época es “Jaula grande para el animal hembra” de Alicia Galaz, y desde luego la que atendemos, Perro del Amor de 1970 y que aparece precedida por la obtención del premio nacional Luis Tello y por ende con un gran apoyo de la crítica que se prolongará positivamente con los años pese a su desafortunado destino, su desaparición de los anaqueles y bibliotecas. Pese a los avatares, Perro del Amor se vuelve un libro intertextualmente consultado por poetas. Así surge el carácter de leyenda del autor, al punto de gozar de una resonancia universal que por medio de la palabra libre y directa ha trascendido los pliegues de la memoria y las fronteras del imaginario.

Muchas historias se centran en torno a la obra, peregrinaciones erráticas coma la de Javier Campos y sus compañeros que cruzaron el desierto de Atacama en una odisea en pro de contactarse con el escritor, no hay que ignorar tampoco las señas y referencias de laureadas voces de la literatura latinoamericana contemporánea como Jorge Teillier, Roberto Bolaño Y Omar Lara que reconocen en Welden un referente ineludible.

Desde impensados rincones del mundo como Panamá, Argentina, España y Norteamérica recibimos noticias del autor. Carlos Marchant, Arturo Volantines y Rolando Gabrielli son algunos de los poetas que remarcan la importancia del autor, siendo Estados Unidos uno de los puntos clave para la difusión de la voz de Welden y Perro del Amor en las últimas décadas. Dave Oliphant, el mismo que tradujese a Lihn al inglés, nos entrega una cuidada y preciosa reedición bilingüe del libro la cual mantiene parte de la estética visual del texto primigenio al conservar las ilustraciones de Deisler. Esta versión se conoce con el nombre de Love Hound.

También es necesario mencionar en torno al estado del arte de Welden, que durante el incipiente discurrir de este nuevo siglo, la leyenda inubicable y sumida en un silencio de casi cuarenta años, reapareció durante el 2004 a través de Lar ediciones con el texto Fábulas Ocultas. Libro que inicia con una traducción libre hecha por Welden en torno a las ideas de Reiner María Rilke y que desde sus primeras páginas nos provee de un faro que nos ilustra al momento de reconstruir esos momentos escamoteados y pasos a ciegas que ante su voz, muchos lectores dimos.

Sin embargo, volviendo a Perro del Amor, podemos señalar que aquel libro de alma adolescente, sonido y furia plural, goza de un talante de delirio. Fruta codiciada por poetas jóvenes en busca de iluminación y que hasta hoy preguntan e indagan royendo las páginas de la historia como quien casca un hueso que permita esnifar la huella del legado del poeta. Ejemplar es el caso de los pasillos y cátedras de literatura de lo que hoy es la Universidad de Tarapacá en Arica, en esos edificios un rastro se sobrepone a la fisura y olvido que generó el violento tránsito que tomó de golpe a nuestro país.

El mordisco que la palabra de Welden hizo a nuestra realidad se impone y discurre como una imagen mítica que resuena en versos potentes como el que transcribo a continuación y que sirve como introducción para desarrollar un análisis al poemario de modo integral.

Las moscas ocultan el corazón

porque el corazón es una magnífica bosta (Axioma Vital)

Perro del Amor divido en tres cuerpos, cadáver con fruta, de un tiempo a estas partes y la manzana del gusano, cada una con una temática propia, mantiene sin embargo campos semánticos en común que se repiten y fomentan una asociación como estructuras independientes que definen de distintas maneras la agonía vital, biológica y existencial del hombre.

El punto que une los tres cuerpos es una concepción de mundo entendida como sufrimiento, Agon/ lucha. Allí el ser navega en la búsqueda y síntesis de sí mismo. El dolor parece ser en la obra de Welden lo único real y auténtico que queda para nuestra especie.

Cadáver con fruta, primera parte del libro compuesta por los poemas Credenciales, Advertencia, Axioma Vital, Sobremesa, Vaivenes, La fiesta y Superhombre, coquetea con la muerte y soledad presentándonos retratos de vidas situadas en un profundo abandono. Estas intrahistorias colapsan colgadas, pendientes como cuadros que delatan el suicidio y desahucio en amas de casa, ancianos y oficinistas. Gente común que libra su desencanto ante la existencia con las únicas armas que su devenir le ha permitido, lo cual no implica que estos cadáveres o enfermos terminales ostenten un mensaje trivial. Su decir perentorio y profundo vislumbra épicas miserias que han sido llevadas con un estoicismo mudo y que ante el agotamiento y el hartazgo del calendario y la superficial cotidianidad, tan dañina, tan punzante, persiguen resolver en la horca.

Fulano de Tal, de infeliz memoria,

acogido al desencanto y criado en la impostura,

(…)

Mientras se sube a la silla

y al cuello ajusta la soga.

Similar a la dupla de Beckett que espera a Godot, todo se vuelve en la vida de estas voces una dilatada pelea contra la nada, un tira y afloja contra algo que se desconoce y anhela y que ante la inminencia de su absurdo e inutilidad, sobreviene la amenaza de poner fin a la espera con la aparente sencillez y carácter categórico de la autoeliminación. La diferencia con la obra del irlandés está en que aquí la rama no se quiebra como un recurso de último segundo por tanto, la llamada de auxilio no llega jamás acrecentando con desnudez aquel grito dirigido al vacio que Welden irá aumentando en decibeles en sus poemas

Credenciales remata.

(…)

En alguna parte de la casa

el teléfono que llama, brevemente,

demasiado tarde. (Credenciales)

Otro texto de cadáver con fruta, advertencia, denota el cruel desamparo al mostrarnos como un hombre dialoga en vida con estériles objetos, seres acompañados en su inercia por sonidos pétreos y notas cargadas de nostalgia. La vida que antaño detento, un recuerdo y que hoy sólo es una emulación pobre de lo que puede significar para el ser humano la calidez y compañía y su trato con la alteridad. Anti-climáticamente el texto concluye en una mayor ausencia

Al cajón le ajustaron las manillas por dentro

para que esa mañana

se condujera solo al cementerio (Advertencia)

El poema Sobremesa repite la idea del ser colgado, amarrado entre días oscuros de una rutina preñada de muebles viejos y ruinosos como restos de una guerra, a la manera de Millán y con una economía del lenguaje, Welden edifica un apocalipsis doméstico desde la perspectiva de la mujer sepultada por utensilios y trastes que pusieron precio y determinación a su vida.

La fiesta y el superhombre en cambio llevan el desamparo domestico a los límites de la vejez, se expone el abandono de las fuerzas y la languidez del cuerpo a través de lo escatológico que juega un rol preponderante: diarreas, incontinencia, falta de control en las extremidades y el deterioro de la memoria, señales que rebanan y emasculan en estos casos al macho.

De este lado siempre estamos vivos,

con diarreas ocasionales, suaves úlceras abiertas,

la arteriosclerosis hasta en los testículos (El superhombre)

Un símbolo poderoso que vale la pena destacar es el mar como fondo abisal, como imagen del eterno retorno, las olas y en general el vaivén de los líquidos grafican un proceso tedioso, el regreso a uno mismo al punto de llevar al hablante hasta el contacto con su liquido amniótico y su desplazada biología. Una y otra vez como un ahogo necesario vemos en los versos de esta parte del libro imágenes como:

Mi vómito se arrastra remando cama abajo (La fiesta)

(…)

Pero estimo necesario esperar todavía

el amaino de la resaca

para amarrar mi cuerpo

a la roca semisumergida,

cerrar los ojos y abrir la boca

y esperar, nuevamente,

a que suba del todo la marea. (Vaivenes)

Por último cadáver con fruta pondera la noción de ocultamiento como parte de del axioma vital que determina la generalidad del libro, un corazón podrido que los hombres ostentamos. Motor depredado por moscas que ocultan su real materialidad.

A fin de cuentas, estamos ante pura biología, una bosta o pedazo de estiércol que nos mueve y duerme en nuestro interior y el hombre como proyección de aquel músculo recubre su posibilidad de ser con una coraza dura e impenetrable, un cáncer solitario hecho de trabajos, objetos y horarios que nos reifican.

La segunda sección del libro, titulada De un tiempo a estas partes compuesta por cinco poemas, Fotografía, Statu quo, Reincidencia, Las presas son y La muerte en boca de alguien, enfrenta la agonía desde otra perspectiva. Se trata del dolor y orfandad de aquel que en compañía se siente en un mayor abandono. De la frustración que este sentimiento provoca emerge la violencia al interior de la familia, en algunos casos ella resulta explosiva y en otros pasiva. Hay dos textos que nos sirven para graficar claramente la crisis en el seno de la civilización y sus gregarias instituciones.

En fotografía Welden juega con la iconicidad de la rabia implosiva albergada en el fuero del hablante, una especie de sino de odio y represión que se carga producto de un pasado de abuso y maltrato generado en el infante por parte de quienes mayor seguridad y cariño le debieron garantizar.

Lo que nunca nadie fue en mi familia

y todo lo que rechazaron (…)

lo tengo aquí en mí protegido

con la fuerza esa que tuvo mi padre

la noche que golpeo a mi madre

embarazada de mi hermana menor (Fotografía)

El otro texto la muerte en boca de alguien directamente nos habla de un retrato, un retablo de la familia y el juego de las apariencias. Todo lo que uno espera y no es, pulido ante el filtro que realiza el ojo ajeno, en este caso el del camarógrafo y el de aquellos futuros destinatarios de la imagen. Apreciamos un minuto congelado de pretensiones que el autor satiriza, describiendo con sorna las antípodas de cada miembro, niños en calma, padres unidos, para concluir con una sentencia que recuerda el popular adagio: No hay muerto malo.

Tuviéramos que reunirnos de nuevo de esa manera

Alguna tarde en estos años, nos encontraríamos

Con más de un cadáver peinándose para la pose

(La muerte en boca de alguien)

Reincidencia en cambio se adentra en otro sentimiento familiar de soledad y abandono el cual podemos entroncar con el eterno retorno que Welden ya dibujó en los primeros poemas del libro. En esta parte a diferencia de cadáver con fruta, la redundancia y reiteración ineludible se da en torno a las castas, como diría Márquez, como la condena de una estirpe llamada a la extinción y al olvido.

Y regreso para conocer a mi abuela:

mi abuela tuvo a mi madre, mi madre me tuvo a mí.

yo comencé a esperar sentado a que me llamasen, luego

me puse de pie, ahora

voy hacia allá pero no encuentro a nadie. (Reincidencia)

El autor además no elude el uso de la ironía en sus trabajos, el poema las presas son muestra un patético caso, la depredación del hombre sobre otras especies que por medio de un cotidiano mural la cena y preparación de un pollo nos evidencia la crueldad y separación del cuidado materno, la orfandad como una humorada familiar; síntoma de insensibilización.

Se rompe el huevo y sale el pollo dando píos

de infinita imbecilidad, tambaleándose por el nido,

(…)

Mamá dónde estás?

Alguien conto la historia al almuerzo.

Se rieron todos, se rieron mucho

Me reí yo, con la cazuela en la boca y pregunté:

La mamá, dónde está?

Por último el inconsciente y la represión infantil que presentara fotografía encuentra su entronización en el poema statu quo, en el cual se promueve la idea de no repetir los errores del pasado, enfrentar el símbolo y lo sagrado de ciertos ídolos e instituciones en este caso las imágenes paternas de las cuales se rehúye con tal de no regresar a su pasiva genética.

Vuelve a mí la terrible angustia

de la infancia, esa timidez

conocida, y es preciso que no me mueva

para no caer,

como mi padre y mi madre,

como tanto ídolo roto de esos años. (Statu quo)

Finalmente el último cuaderno del Perro del Amor, La manzana del gusano, compuesta por poemas como bitácora, autobiografía, sacrificio, aquelarre, Justina velocísima, la forma más rugosa del amor, los 28 días del árbol, el dorso de la mano, las intenciones, el apóstata y me hubiera gustado quedarme aquí, trabaja la noción agónica central pero atendiendo a las relaciones interpersonales. El dolor en estos casos sobreviene no tan sólo producto de la ruptura sino debido al encuentro y lo que implica, la imposibilidad de sintetizarse y hacerse uno con el otro. El autor aquí expande la idea inicial, pues si en cadáver con fruta vemos la degradación del núcleo humano, su corazón y los móviles que finalmente lo encierran y consumen como una suma de insectos carniceros, en la manzana del gusano comprendemos los remanentes de esa fruta, de ese núcleo también intervenido por seres carroñeros, gusanos que se alimentan del amor y sus aspiraciones. Por ende las relaciones que nos expone Welden, nacen con un germen de caducidad, son una forma de proyectar el desasosiego y la compañía en tal medida no soluciona el desarraigo, el ser sigue invadido y domesticado producto de su soledad y al final parearse sólo consigue acrecentar el desazón, suma dos y sucesivas soledades en cada intento de vinculación con el otro.

De cualquier modo, esto lejos de ser una visión pesimista y moral, nos demuestra que la ética de Welden es con la palabra, con su propuesta estética y la manera que tiene de detallar los senderos artificiales que han encerrado al hombre en un camino extenso y sin regreso que desemboca por muchos atajos y desvíos que se tomen, en la confrontación misma del abandono al que hemos sido arrojados y el cual alimentamos con nuestra agonía diaria.

En bitácora dice:

Amo la coronta de la manzana comida por ti,

dejada en el cenicero, entre mis colillas,

(…) como para que yo simplemente los mire

y recuerde que donde ahora estas no es lejos,

pero que nunca conoceré el camino.

Y en autobiografía remata:

Noches de insomnio y las más

de locura gravitando

en torno a tu presencia

siempre viajera pero

no eres culpable ni

yo lo soy

así es que sigamos en lo mismo:

huyendo

y persiguiéndonos con palabras.

Welden muestra en este poema como las rutas del hombre siempre rozan desde lo biológico las trampas de lo inmaterial. La abstracción como una cárcel, como un escudo que oculta la esencia real que es tan solo somática y no desesperadamente metafísica. Por ende usamos aquellos instrumentos de nuestra lógica para la negación y la palabra aparece como una superstición como un paliativo para el dolor y un amuleto, recordatorio de aquella agonía, una carta del pasado que será leída en otro contexto tal como aparece en los poemas iniciales advertencia o credenciales, lo cual refleja el eterno circulo de perpetrarnos, trascender en nuestras creaciones y conceptos para luego ser guillotinados por la insustancialidad del mecanismo y su incapacidad para explicar, para resumir una vida y sus necesidades.

Una canción de boda compuesta de aire inmóvil

de tierra seca, para darte una nueva dimensión

de amor, deposito en un embudo de papel

por la cerradura de la puerta de tu casa, mientras

me vuelvo viejo regresando a mi polvo y a mi noche.

(Me hubiera gustado quedarme aquí)

Estas voces además nos presentan formas peculiares de aproximarse a la inmensidad que representa la mente y cuerpo femenino, su calor e incertidumbre. Hay junto a las formas tradicionales que podemos vincular al lirismo más tradicional y a los ámbitos oníricos de la poesía vanguardista, un elemento propio y característico de la poesía de Welden que llama la atención y que podemos reconocer en la escatología, desgarro y ámbito hedonista que se comunica con los flujos y la carne primariamente. Por ejemplo en aquelarre nos dice:

Tu llamamiento es lupino: acudo a la carnada

tendida de tus senos y arrojo mi hocico

como gubia dislocada en tu blandura feroz. (Aquelarre)

En sacrificio añade:

Ahora que los dioses

han desechado la sangre mía

por la leche de tus senos (Sacrificio)

Y finalmente el onanismo y la autocomplacencia, Welden la vincula a una forma suprema de estimación y nostalgia desafiando las expectativas del lector y las miradas canónicas y limitadas del amor. Esa admiración que se puede tener ante el objeto del deseo.

En la forma más rugosa del amor dice:

Resto soy de una terrible masturbación

(…) y quise entonces vaciarme enteramente

(…) prolongue mi acto más y más

lo más que pude y comencé a recordar

tantas cosas de otro tiempo:

que no voy a enumerar aquí ni en ninguna otra parte…

Welden en definitiva consigue plasmar en este libro de veintitrés poemas, un compendio de la existencia como lucha, la vida como dolor, y explora en tres dimensiones diversas pero conectadas, el sufrimiento personal y desde allí la relación que cada hombre y mujer tiene con los otros, la familia y su pareja, desarrollando las implicancias y efectos con una visceralidad perentoria libre de retoricas no sólo en la elección de los cuadros sino en el manejo del lenguaje lo cual da un carácter propositivo a la obra y a la relación del texto con su lector pues más que aleccionarlo o intervenir en su forma de pensar la realidad con la soberbia de grandilocuentes versos, busca la exuberancia en la parquedad dejando las cicatrices de una mordida directa a la sensibilidad.

Autor: Daniel Rojas Pachas.



jueves, 14 de enero de 2010

AÑO 24 D.C (DESPUÉS DE CLARK) por Tito Manfred Van Battenburg

1/14/2010 07:43:00 p. m.


El día que leí Superhéroe descubrí que no estaba tan solo en la ruta 5 Sur, en aquel Vía Crucis camino a ser ungido como la Gran Vergüenza de la Poesía Chilena. De tan rabiosamente fraterno que me sentí, le arranqué una página imaginaria al libro de Gonzalo, la tomé como quien toma una hoja de gillette y procedí a dibujar a lo largo de las venas de mi brazo izquierdo un río hambriento de vida, pero aun más de muerte, porque la muerte es el sinónimo desprestigiado de la eternidad, porque la muerte es la página arrancada de los textos escolares para que los chicos que no lloran, no se enteren que después de todo nos parecemos tanto los unos a los otros, que después de todo habitamos juntos el territorio común de la orfandad, que después de todo no somos más que una lluvia de niños estelares precipitándose como Hansel y Gretel en el corazón del Bosque del Abandono, no sin antes iluminar los cielos terribles de este Chile descariñado tan semejante a los infiernos y tan necesitado de redención... Muy a lo lejos, se escucha a un coro de niños mudos cantar desde sus animitas: “¡Es un pájaro, es un avión...!”.

El día que leí Superhéroe volví a recordar que si nos sentimos y nos sabemos tan brutalmente solos, es porque desde que nuestros ingenuos padres nos obsequiaron el Silabario Hispanoamericano con una bala adentro, sabemos que el lenguaje no es más que la fallida forma que hemos encontrado para maquillar burdamente los moretones que nos autoinfringimos golpeándonos contra las paredes de una habitación a oscuras cada vez que nos sacude la resignación y nos damos cuenta que nuestros poemas, tan horribles, torpes y breves, nos convierten en los bastardos más indeseables del orfanato y en los eternos perdedores de buen corazón que jamás se quedarán con la reina del baile de graduación de la prepa, porque las películas no se cansan de mentirnos, pero yo ya me cansé de creerles. Gonzalo también. Y tú. Y ella. Y los demás. Después de todo, qué es la Novela Nacional sino el testimonio salvajemente sincero de que nunca nadie nos quiso ni nos querrá en este país en llamas. Ni siquiera Abril y sus mil reencarnaciones y sus diez mil metamorfosis. No nos quiso, no nos querrá. No nos quiso, no nos querrá. Como una puñalada certera, no nos quiso, no nos querrá. Y pensar que me rebauticé Mayo para estar más cerca de ella.

El día que leí Superhéroe sentí un sordo temblor bajo la piel y corrí a la biblioteca municipal a revisar en las enciclopedias históricas si acaso la Gran Historia de Chile había sufrido algún cambio, si acaso alguna mentira había sido enmendada como se corrigen los malos poemas; muy por el contrario, se mantuvo indiferente e imperturbable frente a la lluvia de meteoritos que Clark o Gonzalo o [póngale nombre al niño] disparaba por los ojos con la furia y el coraje de saberse tan solo y tan acompañado en esa soledad. No, la Gran Historia de Chile siguió siendo la misma de siempre, con todos sus muertos (muertos), con todos sus criminales (libres), con todo el Pacífico ensangrentado bañando y borroneando las oscuras arenas de nuestra historia. Pero, por favor, que alguien me responda quién mierda podría querer desperdiciar su tiempo reescribiendo una novela que en realidad siempre nos ha sido tan ajena. A los guachos como nosotros sólo nos interesa conocer la pequeña historia del país del desencanto (sí, así, en chiquitito, sin mayúsculas ni estridencias) y la pequeña anécdota del cabro chico que se creyó superhéroe y que vimos elevarse hasta las estrellas con el corazón como única turbina, para luego precipitarse contra el asfalto de la carretera que une Smallville con San Fernando.

La noche que terminé de leer Superhéroe arranqué sus páginas y construí una casa en que cupiésemos todos.



miércoles, 13 de enero de 2010

Presentación libro Aire Quemado de Gladys González

1/13/2010 02:47:00 p. m.
Presentación libro Aire Quemado de Gladys González

Patricia Espinosa H.

Docente Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile

7 de enero, 2010

Como en una road movie desarticulada, una cinta ennegrecida que retuerce el lugar del outsider, una mujer realiza un viaje maldito, plagado de soledad, rabia, miedo e impotencia apostando finalmente por el desafío que implica la sobrevivencia. Aire Quemado (Edit. Calabaza del Diablo, 2009) es un volumen de dieciséis poemas que nos hablan de la destrucción de la memoria y del cuerpo, de un viaje feroz hacia un infierno, donde aun es posible encontrar un ticket de regreso.

No quiero desviar mi lectura de la inscripción del yo que articula esta escritura, generada e instalada en un cuerpo signado por lo femenino; una voz que nos habla desde un género pero que no por ello manifiesta querer pertenecer a ese género sometido a la devastación. Una voz, un cuerpo situado en medio de la catástrofe, se devela destrozada, torturada y atemorizada ante este proceso de desmembramiento. El ejercicio de la violencia, ha tatuado su cuerpo encarcelado en una ciudad estandarizada. Espacios, lugares, territorios que "se queman al cruzar la frontera"; es decir, la salida es posible e implica la destrucción del referente, de la memoria, del pasado. En el presente tormentoso, la marcación del tiempo que pasó retumba como una temible ironía y a la vez constatación: "ya no tengo edad/ para ser rebelde". La desobediencia ha quedado atrás, pero el "ya no tengo edad" es una imposición que viene de afuera; es la norma social que se filtra y le dice: ya no es tiempo, marcando el desfase, la vejez que pretende domesticar a la sujeto que no ceja en su indocilidad: "Soy el poema más cruel de esta habitación". El cuerpo convertido en texto, en poesía, una poesía cruel y enclaustrada en la materialidad del espacio físico. Es aquí donde surge la subversión, el desacato a perder la rebeldía de la juventud.

La juventud es parte de la mitología capitalista; solo el cuerpo joven, sano y robusto será capaz de convertirse en un dispositivo dispuesto u obligado a ser usado, explotado, violentado en sus derechos hasta ser desechado. El cuerpo carcomido, el excedente del capitalismo, se convierte en poesía cruel y nos sitúa en el ámbito de una estética que revierte el paradigma de la belleza y funcionalidad del género poético. La poesía cruel o el arte de la crueldad es el arma que permitirá la sobrevivencia a pesar de la miseria y la soledad; la poesía se vuelve así, un instrumento para develar las condiciones materiales de esta voz; es allí en ese cuerpo, en esa palabra, donde se ha instalado la perversidad de un sistema de poder excluyente e implacable: "he vivido en casas vacías/ con el techo partido por la mitad/ sin tener dinero/ para comer/ para lavar la ropa/ y conseguir un trabajo/ de medio tiempo/ en un centro comercial/ o en un supermercado". La falta de dinero y de trabajo, remarca la exclusión; sin embargo en medio de la devastación, el cuerpo resiste textualizado, convertido en escritura; una letra que desfallece, que se desangra a la par que: "se delatan los signos de tortura/ en el rostro". Esos signos de tortura inscritos en el rostro amoratado, la cabeza rota, la boca que sangra, constituyen la sintaxis de este cuerpo golpeado pero aún de pie, con "los ojos perdidos/ el rostro blanco/ resplandeciente/ entre los reflectores/ de los automóviles".

El cuerpo mujer funciona como depósito de la violencia material y simbólica; lo femenino es un cuerpo de mujer sometido a la escopofilia del poder masculino y el poder del capital. Gladis, construye escenas que deforman el territorio corporal femenino en busca de su anulación y desaparición. Pero esta sujeto/cuerpo no desfallece y nos dice: "decoro/ lo que pueda verse herido/ bajo las luces/ como una perfecta/ y experimentada/ zurcidora". La voz lírica ornamenta las huellas, las somete al camuflaje "bajo las luces"; es decir, bajo la mirada de lo que se denomina razón iluminista. Su palabra opera como una parodia de aquella lógica y a la vez una denuncia. Desde el lugar de la fractura –al modo de una costurera- remendará su cuerpo.

Este intento de reconstrucción, resulta fundamental en el transcurso ideológico del texto. El cuerpo roto, la mujer rota, acudiendo a la vieja y siempre vigente Simone de Beauvoir, es su propio territorio y la propia hablante será la encargada de rearmarse. La soledad emerge de manera total en este volumen; una soledad patentizada en el cuerpo femenino que asume la violencia y la desautoriza. Nuevamente rebeldía, nuevamente desacato al abandono, al horror de la posible muerte, mediante un sí mismo que no intenta diluir las fronteras entre la intimidad y el exterior. El cuerpo envejecido, desgastado dice: "mi corazón/ tiene setenta años/ y ya no puede ser/ una niña suicida". La vejez niega la muerte, el suicidio pudo ser épico, sólo una niña pudo suicidarse y obedecer al discurso capitalista. La derrota ahora es asumida pero al mismo tiempo emerge el discurso de la sobrevivencia cuando la hablante se dice así misma: "no te quiero muerta/ no te quiero/ golpeada/ con la mandíbula rota/ desfigurándote el rostro".

De acuerdo a Louis Althusser: “la ideología es una representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones materiales de existencia [que] tiene por función la constitución de los individuos en sujetos concretos”1. Ideológicamente la sujeto que articula esta poesía, asume la materialidad de su existencia desde un lugar menor; en un borde del sistema dominante. Considerando la noción de género desde un punto de vista ideológico, en tanto construcción cultural hegemónica masculino activo/femenino pasivo, podríamos afirmar que la sujeto mujer que nos presenta este volumen, aparece determinada por una ideología de género en la cual su cuerpo es un objeto. Un territorio para la puesta en práctica de la violencia, del ejercicio del poder en última instancia. Los golpes en el cuerpo de la mujer configuran una sobre escritura, ya que ese cuerpo ya ha sido escrito por la discursividad masculina, cada signo de la violencia estampado en el cuerpo de la hablante, al modo de un territorio de guerra, es un subrayado del menoscabo con que el poder asimila al género femenino2.

La discursividad de la mujer constituye así, una práctica de la diferencia dentro del territorio del disciplinamiento; negándose a la ley que impone la destrucción, la sujeto se dice: "no te quiero muerta/ no te quiero/ tirada en la calle/ con la ropa interior en las rodillas", " no te quiero muerta/ no te quiero/ con la boca llena de agua/ los perros/ rasgándote los ojos/ en un canal/ hasta que tu cuerpo desaparezca/ por tiras/ entre los bares/ de esta ciudad". La negación a la muerte marca un punto de inflexión importante en este poemario. Es necesario el desdoblamiento de la voz para que se instale el deseo de sobrevivencia y la negación al cuerpo asesinado. Un cuerpo que pudo convertirse en el efecto colosal del proyecto de disolución de la forma, del cuerpo mujer.

Cuando Gladys dice: "todo huele a miedo y silencio/ nos miramos a los ojos/ y no encontramos nada/ que sirva para construir una advertencia/ aún menos/ los escombros de esta noche", me parece que su poesía enfatiza la representación de lo social que diluye el futuro. Aún así, en medio del más pleno de los desamparos, señala: "porque cuando no se tuvo nada que perder/sólo queda la costumbre/de mirar más allá de la supervivencia/ con ojos profundos/ como si algo mejor fuera a llegar". Esperar, se vuelve un infinitivo asimilado con la costumbre, vaciado de contenido, porque el presente es el hoy de la supervivencia. No hay más. Quiero cerrar este texto con la primera estrofa del poema "Manual de Instrucciones" que dice así: " ya no tengo edad/ para ser rebelde/ ninguno/ de los que está acá/ tiene edad para serlo". La juventud ligada a la rebeldía es una construcción capitalista. La rebeldía para el sistema suena a interrupción, porque luego llegará la gran costumbre, la domesticación, el acomodo. La escritura de Gladys González, es pura rebeldía. Apelando a la transferencia, nuestro país, puede espejearse en la imagen de esta mujer que nos expone la poeta, un territorio donde se intenta naturalizar el horror y arrastrarnos al individualismo conformista, dentro de un escenario moldeado por el horror neoliberal, mientras una izquierda entregada a los pactos celebra su fatua entrada al sistema. Y tal como ocurre en el poema "Escenarios", nos quedamos perplejas/perplejos como en una: "película [que] da vueltas/ una y otra vez/ en una habitación/ en la que se prenden/ y apagan las luces/ una y otra vez/ en un perfecto nocturno". La película da vueltas y creemos que se prenderá la luz, pero no, las cúpulas juegan al prende y apaga, para enceguecernos y hacer creer que nuestro voto vale, por aquello del valor simbólico, porque hay que parar a Piñera y darle una nueva oportunidad a la Concertación. Pero aún nos queda el ánimo de decir no, porque como advierte Gladys en el poema "Adiestramiento": "todas las ciudades/ se queman/ al cruzar la frontera". Comprender qué fronteras se hace necesario cruzar y qué incendios provocar, parece ser la tarea más urgente del presente para que el gesto rebelde no desaparezca.



martes, 12 de enero de 2010

GRAMMA DE ROJAS PACHAS o El juego de las cadencias por Eduardo Jeraldo Farias Alderete

1/12/2010 09:20:00 a. m.


Gramma, la palabra, más que palabra para algunos, verbo. En “Decurso” el hablante lírico a modo de introducción nos ilustra su sentido de “domar” el difícil arte de la poesía, sorprendiendo seguramente a más de un lector en el sentido de “divorciarse” abiertamente de las personas y las épocas, elementos fundamentales en gran parte de las obras poéticas. Pero realmente lo que Rojas Pachas nos dice es similar al viejo adagio jurídico “lo que no está en el expediente no existe en el mundo”, el texto es un mundo con márgenes impuestos; los creados por el autor y los recreados por el lector.
Así nos adentramos en una vorágine de imágenes que se alimenta por si solas, envolviéndonos en un ritmo rápido un juego de sinestesia cautivante “Ecos” es la primera bofetada, las reglas del juego se habían expuesto en “Decurso”, casi una bondad del Yo lírico en abrirnos la puerta y prevenirnos.
El silencio contraponiendo, hermanando, convirtiéndose en un ruido de motor constante, aquellos que vivimos en ciudades sabemos que el silencio como tal no existe lo asimilamos a un ruido de motor, en el fondo una realidad contrapuesta y embriagante.
Pronto nos viene al encuentro la realidad fatídica, entiéndase como parte de un destino el Fado, lo fatal, rompen la estructura frases, pareciéndonos extrañamente familiares ubicadas cada una en un lugar para estremecernos más que ilustrarnos.
Arriba pronto la cadencia de las imágenes, no sin continuar desgarrando algo, en el fondo, en el segundo plano, en la tela que reproduce el lector mientras sus ojos pasean, adentrándose paulatinamente en el texto.
En “LiminHable” si el lector tiene el acierto de obedecer los espacios entre los versos, los signos usados para el ritmo, se encontrara abiertamente en un despoblado donde la “gramma” como palabra se enfrenta al silencio triunfantemente, lo cotidiano nos casa a la realidad del poema.
Luego volvemos a ser víctimas de la vorágine a identificarnos con nuestra materialidad irreductible y esa mirada de “materialismo” no el filosófico, sino el concreto, el real de vernos carne, sangre, huesos.
Debo decir que enfrentar un texto poético sin puntuación, es una odisea de ritmos, o acoges el ritmo de lectura que siempre tienes como lector o entregarse de lleno al ritmo impuesto por la sílaba, la palabra, ahora domina todo, la visión, nuestra capacidad de sostenernos ante un texto sin tropezarnos, la sucesión de elementos enumerados sin coma en un extenuante ritmo nos adentra, nos empuja sin reparos en la atmósfera que el poeta crea.
Sin embargo, aún distamos del vórtice, insisto en el respeto a los espacios que germinan, se acortan se extienden y comprimen en cada poema como unidad, así avanzamos hasta “Trans”, entonces “el ojo del huracán” que nos apacigua es “Sintaxis”, una reflexión entre cadencia de comas y puntos suspensivos de nuestras existencias, un espejo, siempre y cuando deseemos observarnos en el.

Hablar de “Comunicado” es como relatar el final de una película que se nos recomienda y estamos ávidos de verla, querido lector, mi semejante, sólo te resta buscar y leer.

Las cadencias entregadas por Rojas Pachas sorprenden , juegan con los sentidos, lo que nos va sembrando de pensamientos, de visiones que aparentemente “triviales” nos entregan una cosmovisión estremecedora, firme, acerada, el manejo del ritmo nos guía a un mundo crepuscular, a un cerrar y abrir de ojos en que descubrimos escenas que no esperábamos entrever.

Un Poemario altamente recomendable.


Autor: Eduardo Jeraldo Farias Alderete

Consultar parte del libro en este vínculo





lunes, 11 de enero de 2010

Alto Hospicio (por Eduardo Farias Alderete)

1/11/2010 09:51:00 p. m.


En alto hospicio, la novela de Rodrigo Ramos, se conjugan la cotidianidad , en los diversos escenarios, cibercafés, residenciales, y calles, que de alguna forma u otra están en nuestro subconsciente, se han ganado su lugar , por último a raíz de historias infundadas , rumores y visitas esporádicas, de aquellos que se sienten ajenos a esa escenografía escogida por ramos. La deshumanización, latente, está al alcance de la mano, es cosa de observar con más acuciosidad, y dar con la conclusión que de algún modo el desierto junto con la miseria calan en el espíritu, enrareciendo las relaciones interpersonales. Y por último el descenso al infierno, ya que no hay mayor infierno que aquel lugar donde el mal se consagra como normalidad.En este caso es un infierno privado, el de un protagonista que confiesa uno a uno sus crímenes y faltas , en donde el desierto urbanizado existe como atmósfera sólo para resaltar aún más lo descarnado de las emociones expuestas, casi un insectario, diríamos , plumavit blanca y bichos atravesados por pulcros alfileres. En sus líneas no evitamos enfrentarnos a nuestras oscuras visiones, a sentimientos en pugna, a poner en tela de juicio, en más de una ocasión, nuestra moralidad y cómoda forma de vida.Sin embargo no debemos ver con demasiada moralidad el texto en sí, el escritor con fluidez nos lleva por ese itinerario de miserias y culpas, sin volverse ni tedioso ni agazapado en juicios, que obstaculizarían , la actuación del protagonista, su infierno privado que extrañamente es público a través de ese virtual modo de ver las cosas , un blog, aquí la jugada es brillante, nace hasta en el más racional de los lectores , aquella duda, si el que escribe es o no es material participe en los crímenes de Alto Hospicio, ese es el mayor logro del autor, además de enrostrarnos todo el horror de esa realidad… el blog lo dice, y para muchos, “si lo dice el blog, debe ser verdad”, suena a exageración, pero el tráfico de información de la red crea esa fantasía.Las referencias constantes en el texto, afirma el andamiaje total de la novela, el cine con esas escenas más que familiares y los perfiles de asesinos en serie, tema que a muchos más de alguna vez ha interesado, apuntan directamente al morbo de cada uno y lo pone el en juego, por lo mismo mientras se lee y releen las páginas de esta obra formamos parte de ella, hemos estado en esos escenarios y en aquellas noches con hedor a bestiario. En algunos, y no es de extrañar germinará una conmiseración con el protagonista.Novela bien lograda, sólida, un lenguaje que nos familiariza con todo el contexto, equilibrada, en cuanto al relato, es recomendable leerla dos veces , disfrutarla, sopesarla en sus diversas aristas.



domingo, 10 de enero de 2010

Estrenamos el número XIII de la Santísima y cumplimos un año de existencia.

1/10/2010 12:55:00 p. m.


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INICIAMOS ESTA EDICIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD...

...celebrando nuestro primer año de vida. El recorrido ha sido arduo y nos ha llevado por diversas sendas del quehacer literario nacional, hemos entrado en contacto con autores consagrados a través de su lectura y hemos iniciado diálogo con las nuevas voces que abren con sus obras, camino a lo largo de todo el país.

Definitivamente hemos aprendido mucho con este proyecto que inicio como la inquietud de cuatro amigos por reseñar todas las aristas de la producción escritural chilena y aunque hoy, a un año de dar vida a este hijo de Cinosargo, sólo quedamos de forma consecuente dos de los fundadores, Daniel Rojas Pachas y quien suscribe, podemos sin embargo regocijarnos al saber que la Santísima tiene fuerza suficiente para mantenerse pese a las ausencias y ha ido creciendo en otras direcciones.

Hemos conseguido una docena de ejemplares y un público así como colaboradores en constante interacción, todos atentos a la difusión y estudio del edificio cultural de la nación. Por ello buscamos mantenernos firmes en la tarea de seguir colaborando con nuestra propuesta y trabajo, a fin de difundir un poco más la literatura dentro de Chile y hacia el extranjero ponderando la riqueza de quienes dan forma y esencia a nuestra identidad literaria con sus quiebres y expansiones.

La Santísima de esta manera se ha ido consagrando con independencia y humildad, ganando su espacio y sumando esfuerzo al rol que ya cumple y ocupa Cinosargo dentro del norte del país y en realidad dentro de Chile y el mundo, con puro trabajo, dedicación y sincero amor por la literatura.


...ESPERAMOS DISFRUTEN!!!!!!!!!!!!!!!!
LA SANTÍSIMA, SIEMPRE DEDICADA A LA LITERATURA NACIONAL...

VIOLETA FERNÁNDEZ.
26/ 12/09


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