domingo, 30 de diciembre de 2012

2° Concurso Literario Manuel Rojas: palabras del roto sudaca


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2° Concurso Literario Manuel Rojas, "palabras del roto sudaca"


Invitamos a todos los vecinos y vecinas de Santiago y la Región Metropolitana, a participar en la segunda versión del Concurso Literario Manuel Rojas "Palabras del Roto Sudaca".

Esta iniciativa del Centro Cultural Manuel Rojas junto a Letras de Yungay, se enmarca en la ya tradicional celebración del Festival del Roto del Barrio Yungay. Está destinada a todos los habitantes de la REGIÓN METROPOLITANA que compartan el cariño por la vida de barrio, que deseen y promuevan una forma de habitar la ciudad más humana y solidaria, donde la integración y la diversidad sean un valor fundamental. Esta iniciativa es entonces, una invitación a todos quienes compartan el ánimo de trabajar por ello, desde las organizaciones barriales, desde la educación popular, desde el rescate de la memoria y el patrimonio, o desde la creación artística, la literatura social, la conciencia crítica.

Este concurso no discrimina a nacidos en Chile o en cualquier otro país. El Barrio Yungay, con su histórica Plaza del Roto, alberga y acoge hoy a miles de ciudadanos de todo el mundo, pero principalmente de nuestra Sudamérica. Es por eso que esta nueva convocatoria se realiza bajo ése concepto de hermandad y convivencia. El Roto Chileno, es ahora, un Roto Sudaca. Y a recoger esa palabra es el llamado.

Bases completas en


1. Pueden participar todas las personas que vivan dentro de la REGIÓN METROPOLITANA, acreditándolo a través de la entrega de los siguientes datos: teléfono fijo y domicilio.

2. Las obras participantes deberán totalmente inéditas, no habiendo sido dadas a conocer ni a través del papel ni a través de soportes digitales o audiovisuales.

3. Cada participante podrá participar en sólo una de las categorías (es decir en cuento o en poesía), las que se denominarán, según la edad del participante, de la siguiente manera:

“Mejor que el vino” – categoría adultos (+ de 30 años)
poesía
cuento

“Hijo de Ladrón” – categoría adultos-jóvenes (de 20 a 30 años)
poesía
cuento

“El vaso de leche” – categoría jóvenes (- de 20 años)
poesía
cuento

4. Los concursantes en CATEGORÍA POESÍA deberán entregar un poema o conjunto de poemas de máximo 5 páginas, en hoja tamaño carta, letra tamaño 12, a doble espacio.

5. Los concursantes en CATEGORÍA CUENTO deberán presentar un relato de máximo 5 páginas, en hoja tamaño carta, letra tamaño 12, a doble espacio.

6. El plazo para recibir obras cierra el VIERNES 4 de Enero del 2013, a las 19:00 hrs. No se recibirán proyectos fuera de plazo.

7. Los postulantes deben enviar sus obras por email (al correo centroculturalmanuelrojas@gmail.com), siguiendo el siguiente formato:

- Asunto: 1er CONCURSO LITERARIO MANUEL ROJAS
- Mensaje: indicar si participa en cuento o en poesía, y detallar los datos personales (nombre, RUT, edad, dirección y teléfono)

- Como documento adjunto: la obra que presenta al concurso


8. Se premiará 1 autor por categoría. Es decir se entregarán 6 premios.

9. El premio consistirá en la entrega de diplomas además de un baúl de libros para cada premiado.

10. Las obras y autores premiados se darán a conocer en el evento a realizarse el 19 y 20 de enero de 2013, en el marco de la Celebración de la "Fiesta del Roto Chileno, Roto Sudaca".

11. Todas las obra en concurso serán publicadas en este mismo blog


domingo, 16 de diciembre de 2012

EL PESO DE LAS NOCHES QUE LLORAMOS




EL PESO DE LAS NOCHES QUE LLORAMOS

Sobre Al Pacino estuvo en Malloco, de Victor Hugo Ortega

Por Mario Guajardo*




La ciudad nos hace daño, pero también nos acaricia. Nos forma y deforma a nosotros, sus habitantes, todos los días. No existe el amor, el cariño, el dolor ni el resentimiento entre nosotros sino dentro de un espacio-tiempo que cobija esas experiencias.

De la continuidad entre los sujetos y la ciudad, Al Pacino estuvo en Malloco nos entrega una serie de ejemplos y una o dos lecciones. El núcleo de este conjunto de relatos se encuentra en “El constante movimiento”.  Su título da cuenta de una filosofía práctica, una “forma de ganar tiempo, espacio y acción” en la ciudad, el rechazo al estatismo de las creencias, de la normalidad. Los personajes formados por la ciudad buscan responder con “una actitud aventurera, que convertía cada momento muerto en un episodio particular”. A nadie se le escapa que justamente esa es la lógica de lo mejor y peor de la modernidad, del capitalismo tardío y sus ciudades construidas para concentrar el trabajo. La publicidad nos hace creer que todo puede revestirse de aventura, que cualquiera de nosotros puede ser un aventurero, que hasta ganarse la vida puede ser una aventura. Los personajes de este relato buscan enfrentarse al mundo llevando al límite esta filosofía de la honestidad. Ya lo dice el prologuista del libro, Marcelo Morales, al hablar de la honestidad de los personajes que transitan los cuentos: “Es la honestidad del perdedor, consciente y orgulloso de serlo”.

Esa honestidad es una pregunta constante en todos los relatos: ¿Qué une y/o qué separa a las personas? Pregunta que a su vez toma distintas formas. En “La noche” el narrador nos lleva de la mano a preguntarnos sobre por qué alguien con la vida aparentemente resuelta se pasea de trasnoche por las calles. Al igual que ocurre entre cualquier provincia y capital del mundo, los relatos “Rafa Rivera…” e “Hilo marengo” (único relato fantástico, donde no por casualidad Ortega construye un agujero de gusano entre dos basureros de ambas ciudades) preguntan por la distancia entre Malloco (o Valparaíso) y Santiago, y entre ésta y Buenos Aires, o entre la periferia latinoamericana en relación al primer mundo nórdico. Todos somos (o podemos ser) provincianos.

El cuento que da nombre al libro y “El mundo sin Brando” se preguntan por el rol del cine y los medios masivos más allá de lo estrictamente sociológico (el cine como inconsciente colectivo de Occidente, al decir de Tomás Harris) sino en el centro mismo de la vida cotidiana (por ejemplo, “La camiseta del Chila”), donde las narrativas cinematográficas (televisivas, deportivas) se funden y (trans)forman la experiencia de los personajes, devolviéndoles su carácter humano y personal a íconos de los medios masivos, llamando “guataca” a Marlon Brando, o haciendo que Al Pacino opine sobre fútbol.

Todos los cuentos que nos presenta Ortega configuran esa actitud aventurera como una nueva forma de narrar y vivir el contenido ya prescrito de la ciudad. No es la aventura sino la actitud que le da origen: capaz de redimir la distancia entre quien bebe café búlgaro y el sexismo del café con piernas, a las madres prostitutas, a los agujeros inexplicables y los accidentes, la prisa, el resentimiento de quien prefiere el extranjero a las miserias e imposibilidades del país natal; las caricias, en fin, capaces de sacudirnos el peso de todas las noches que lloramos.

Al Pacino estuvo en Malloco

 Autor: Víctor Hugo Ortega C.

 Autoedición

 Páginas: 124

 A la venta a través de: alpacinoestuvoenmalloco@gmail.com

*Mario Guajardo Vergara (1985). Licenciado y Magíster en Literatura por la Universidad de Chile. Se desempeña como profesor de Enseñanza Media en Estación Central y profesor ayudante en el Propedéutico de la Universidad de Santiago. Sus investigaciones se centran en literatura latinoamericana contemporánea, particularmente la obra de Roberto Bolaño.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La poesía y el crítico [por por Alejandro Lavquén]





La poesía y el crítico
por Alejandro Lavquén
Artículo publicado el 05/10/2009

Ignacio Valente, sacerdote, poeta y crítico literario de El Mercurio, aprovechando el comentario que hace del libro Canciones oficiales (Ediciones U. Diego Portales) del poeta José Ángel Cuevas, cuela la siguiente frase: “Cuevas es uno de los pocos poetas chilenos que, después de Zurita, Hahn y Maquieira, pueden ser leídos con interés (consuelo de tontos: la escasez de vates nuevos desde 1960 o 70 en adelante es un fenómeno casi mundial; no estamos en ningún siglo de oro)”.
Afirmaciones como éstas son las que pervierten, en el público lector, cualquier imaginario sobre la poesía chilena actual, incluso sobre poesía de otras naciones, pues Valente universaliza su razonamiento acerca de “la escasez de vates nuevos”, entiéndase mayores, que es “casi mundial”. Antes de continuar, valga una aclaración: nuestra intención, en este artículo, no es centrarnos en el libro de Pepe Cuevas, sino que en Valente, el crítico literario.
Ignacio Valente, tras el golpe militar de 1973, hegemonizó la crítica literaria a través de El Mercurio, el diario de mayor circulación e influencia en Chile. Lo mismo había hecho el crítico literario Alone, durante décadas, en La Nación y posteriormente en El Mercurio. Esto significó que dictaran e impusieran un canon literario a su amaño, desde donde levantaban o dejaban caer a los escritores. Y aunque debemos reconocer que toda crítica de arte no es neutral, no por eso tenemos que dejar de exigir que sea verdadera. Entendiendo por verdadero la no distorsión antojadiza de cuestiones concretas y demostrables, en este caso respecto a publicaciones literarias de calidad, sostenidas o desarrolladas en el tiempo y que para Valente no existen. Salvo dos o tres cosas donde seguramente ha percibido que mete la cola el espíritu santo o cree descubrir algún indicio de novedad ontológica evangelizadora.
El juicio de Valente, que citamos al comienzo, es sin duda un sofisma, una sentencia artificiosa y ajena a la realidad. En Chile y en el mundo, durante los años referidos por él como estériles de genio, sí se han escrito libros con excelentes poemas. No es culpa nuestra que Valente los desconozca en su inmensa mayoría. Y si bien podría usarse como excusa la falta de difusión de los libros de poemas, lo más probable es que a Valente no le interese -y nunca le haya interesado- indagar prolijamente en qué se ha escrito “desde 1960 o 70 en adelante” y qué se escribe hoy.
Preguntas: ¿Cuál es la ideología desde donde ejerce la crítica Ignacio Valente? ¿A quiénes van dirigidos sus comentarios? Respuestas: Valente realiza sus críticas desde la ideología del poder, con conceptos metafísicos y estéticos que pretenden elevar a la categoría de evangelios ciertas obras literarias que seguramente considera de interés académico y buen gusto social. Por otro lado, no escapa al síndrome de la comparación aldeana: “no estamos en ningún siglo de oro”, refiriéndose obviamente al Siglo de Oro español. Afirmación colonial y pelucona ¿Por qué tener que comparar siempre con los acontecimientos, literarios en este caso, de los países conquistadores? ¿Acaso la poesía llegó a América con Colón? Por supuesto que no, existe una poesía precolombina, desde Alaska a Tierra del Fuego, riquísima en imágenes y valores, así como existió y existe en los pueblos africanos, árabes, de Asia y Oceanía. Estas poéticas jamás serán tomadas como referencia por críticos como Valente, pues sus expresiones van dirigidas a las clases dominantes: oligárquicas, siúticas y esnobistas que se deslumbran cuando oyen hablar a críticos y académicos de los poetas elegidos de los dioses. Lamentablemente, otro tanto ocurre en la comunidad literaria, donde muchísimos de los poetas más recientes se tragan los voladores de luces, en su forma de estereotipos poéticos, como si fueran hamburguesas del MacDonald’s.
En el caso del libro de Cuevas, Valente lo alaba y lo golpea, pero más lo golpea, pues reconociendo méritos en el autor su ideología reaccionaria lo incita a golpearlo, comparándolo tácitamente con próceres literario anteriores, a los que Cuevas nunca podría alcanzar y menos superar. Es ése el mensaje subliminal de Valente. Pero tales próceres literarios han sido erigidos como próceres sólo gracias a la manipulación académica que dicta los cánones, obviamente con la complicidad de críticos del estilo de Ignacio Valente o Harold Blum (entre los extranjeros). No me cabe duda que en Chile tenemos, actualmente, poetas tan significativos como los próceres. La mala poesía que existe, porque es cierto que la hay, se debe justamente a las patrañas que han divulgado críticos como Valente y Blum, pues cantidad de poetas no inteligentes y educados en la desmemoria y vanidad, sólo ansían parecerse, aunque sea en un poro, a los vates impuestos por la crítica, sobre todo europeos. Es decir, parecerse en la manera de escribir a poetas pertenecientes a la cultura de los países conquistadores. Pero el producto final sólo resulta un pastiche burdo.
En el caso de Chile, la crítica ha tratado de imponer como referentes canónigos a Neruda, Parra, Rojas, Martínez, Lira, Teillier y Lihn, principalmente. Pues bien, podría nombrar una docena de poetas nacidos después del cincuenta y cinco que no les van en zaga a éstos. Ni en Chile, ni en el mundo, existen los poetas canónigos, sólo existen los buenos o los malos poetas. Y los nombres recién citados son eso: buenos poetas, tal como los tantos que hoy existen, sobre el planeta Tierra, sin necesidad de estar encasillados en Siglos de Oro, Generaciones Pop o Pap, Novisisísimas y tantos inventos más que andan circulando por ahí como una religión de la cual todos –lectores y escritores- deben ser acólitos.

martes, 4 de diciembre de 2012

La escritura como cine B o como ese voyeur justificado.






La escritura como cine B o como ese voyeur justificado.

Sobre Cero Glamour de Markos Quisbert

(La liga de la justicia ediciones, 2011).



Por Pablo Lacroix



Escribir sobre lo no escrito, lo que no está dicho o lo que simplemente a nadie le importa. Representar escenas obscenas, morbosas, mundos fálicamente asquerosos, estilos de vida que succionan con rabia la teta deforme y arenosa de lo cotidiano. Escribir sobre lo no importante, escribir simplemente, para que importe cuando esté escrito. Al parecer faltaba una pluma norteña que triturara el papel con aquellos ecosistemas cuyo líquido amniótico es el tedio, biósferas que siempre han existido, pero que no existían como libro.

Markos Quisbert en Cero Glamour le da existencia a estos mundos con un manejo poético interesante, planteando en este libro los conflictos más obscuros y flemáticos de la sociedad actual, utilizando una lengua que ni tan poética ni tan retórica, cae a ratos en la prosa y el microcuento, dando a personajes como el mendigo, el borracho, el juvenil pornofílico, la vieja del barrio, el travesti, roles protagónicos en la conformación de un contexto cuya esencia, lo precario, se intensifica hasta sopesar los planos del hastío.

Dos tipos se reúnen en una ex estación de ferrocarril, ansiosos, después del trabajo. Le agarra su pene con desesperación y se lo chupa, lo chupa “con lágrimas en los anteojos” (pág. 60). En muchas ocasiones la voz asume cualidades omniscientes, como si fuese un narrador en vez de una voz poética. En muchas ocasiones, el trabajo de Quisbert parece una narrativa fragmentada, una episódica secuencia abrupta, cuyo hilo conductor sería la tónica patética, casi un slpeen Baudeleriano, una bilis negra que recorre y une cada página, una cámara silenciosa que trabaja para el cine B. Markos representa en este libro una fase y condición de la gama social chilena que no es siempre representada y la pregunta es por qué. Por qué un sujeto como Markos Quisbert, un ariqueño de 32 años decide representar y apreciar la vida del mendigo o del homosexual que observa porno. Por qué decide trabajar el amor y el desamor desde el asco, por qué incrustar palabras en inglés en sus titulares, por qué hablar de la webcam y el morbo-voyeur. La pregunta es por qué,  o más bien la pregunta es ¿por qué no?

Todos somos una piedra mohosa en el prostíbulo que ilumina con sus tubos de neón la palabra vida. Todos somos lame vergas de la condición social. Eso es los que nos dice al oído, levemente, la obra de Markos Quisbert. Porque eso es lo que somos, unos voyeristas de la vida ajena, unos faroles (que se juran Atalayas) que iluminan lo pueril del otro, lo lascivo, lo desagradable, lo bizarro. Lo iluminan, sí, lo iluminan por el simple morbo y porque simplemente nos gusta incursionar la otra vida ¿Por qué escribir sobre esto entonces? Porque habla concretamente de nuestra condición y nos dice, con una patada bien fuerte en el culo, lo desagradable que somos. Nos dice, con la punta del zapato metida en el trasero, que somos parte de una película típica del Cine B, película que por lógica, es cero glamour.


Uno de ellos se masturba,

El otro come papas fritas y pollo:

Ambos son hombres solitarios,

Sin trabajo, mujer o hijos,

Sin padres ni tribus urbana;

 Admiran a Ron Jeremy, a Jhon Holmes,

Charlas, se pajean,

Analizan las actuaciones de los actores.

Corrigen las escenas de sus propios cuerpos (Pág. 26).
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