lunes, 31 de mayo de 2010

Convocan a Concurso Literario Nacional Andrés Sabella en Ensayo


Convocan a escritores chilenos y extranjeros a participar en la nueva versión del Concurso Literario Nacional Andrés Sabella, Género Ensayo, dirigido a autores mayores de 18 años, quienes podrán presentar solamente un trabajo rigurosamente inédito. El tema será libre y el ensayo tendrá un mínimo de 50 páginas y un máximo de 80.
El certamen, organizado por la Universidad Católica del Norte, invita a los escritores a enviar sus obras en quintuplicado, en ejemplares separados, hojas tamaño carta, debidamente enumeradas, grapadas o encuadernadas. Los textos deberán estar digitados computacionalmente, a doble espacio, letra tipo Arial tamaño 12 e impresos por una sola cara, firmados con seudónimo. Se deberá adjuntar un CD con el trabajo que concursa.
Cada ejemplar deberá tener como portada o tapa, una hoja que indique el nombre de la obra y el seudónimo del autor. Este seudónimo no debe haber sido utilizado en anteriores concursos, cualquiera haya sido la convocatoria.


DATOS DEL AUTOR

Los ejemplares deberán ser enviados en un sobre oficio cerrado. En él se debe adjuntar otro sobre más pequeño, que contenga en su interior: nombre verdadero del autor, RUT, nombre de la obra y su seudónimo, domicilio claramente detallado, número de teléfono de red fija y celular, además de la dirección de correo electrónico, si lo tiene.
El sobre pequeño debe venir cerrado y en la cara exterior se anotará solamente el nombre de la obra y el seudónimo del autor. Éste se abrirá una vez que el jurado haya emitido el fallo correspondiente, debiéndose redactar un Acta Oficial con los resultados del mismo.
Los textos que se presenten con más o menos páginas de las exigidas o vayan firmadas con el nombre del autor, contraviniendo las cláusulas anteriores, quedarán automáticamente fuera del concurso. El envío de la obra que concursa podrá efectuarse mediante Correo Certificado o por cualquier otro medio de transporte, como también podrá entregarse personalmente en la dirección: Universidad Católica del Norte, Dirección de Comunicaciones, Extensión y Admisión; Concurso Literario Nacional Andrés Sabella, dirección Avenida Angamos 0610, Antofagasta. El certificado de Correos o guía respectiva deberá señalar claramente la fecha del envío o el último día de plazo de entrega.
El plazo de entrega de los trabajos que concursan vence impostergablemente el día martes 31 de agosto del 2010 a las 18:00 hrs.

JURADO Y PREMIOS

Integrarán el Jurado dos representantes de la Universidad Católica del Norte y tres representantes de la Academia Chilena de la Lengua.
Los premios de este Concurso Literario son los siguientes:
Primer lugar: $ 2.000.000 y un diploma
Segundo lugar: $ 1.000.000 y un diploma
Tercer lugar: $ 500.000 y un diploma
Si el Jurado lo estima conveniente, podrá otorgarse hasta tres menciones honrosas (diplomas).
Los trabajos recibidos no serán devueltos a sus autores. La sola presentación al concurso supone la plena aceptación por el concursante de las presentes bases.
El Sello Ediciones Universitarias de la Universidad Católica del Norte, publicará una selección de los tres primeros lugares y de las menciones honrosas premiadas. Esta edición estará exenta de pago de derecho de autor. Más antecedentes se encuentran en el sitio web de la UCN, http://www.ucn.cl/



domingo, 30 de mayo de 2010

Nacen para morir [Escribe Carlos Amador Marchant]



Obra pictórica de Luisa Ayala Pinochet


Nacen para morir
Escribe Carlos Amador Marchant



Mueren los seres a cada momento. Comienzan a morir los que pensaban en la muerte. La vida está instalada a partir de ella. Es posible que los soles algún día se inunden de mares. Es posible.
Estoy pensando y (es posible) que cuando pienso, no pienso en nada.
Esta dualidad se agiganta a veces en mi garganta. Alguien me dijo desde el norte de Chile, que era mejor dejarnos abrazar, amigarnos, porque se nos avecina la muerte. No entiendo qué conflictos hubo. Pero me late que esas palabras surgieron a merced del temor a los últimos años.
Claro, así es la vida, cantamos, bailamos, a veces nos interesa un carajo el sufrimiento del vecino. Otras, nos abrazamos al surgir temores, especialmente cuando se avecina el famoso “patio de los callados”.
Al traer al presente este patio, llegan a la mente poetas que se han entregado a la nueva vida del silencio. Han sido varios. El año pasado en Valparaíso se suicidó una poeta, meses después muere otro que había dejado su legado a los niños. Todos, de alguna manera, insertaron su arte en regiones.
Al repasar las fotos de quienes ya no están, sus voces en algunos videos, creemos, precisamente, en el sueño de la vida (Calderón de la Barca).
Gracias al avance de las comunicaciones, el Internet, la población, los amantes de la palabra, se enteran aun más de los fallecimientos de quienes se consagraron con su verbo en provincias. Antes no era posible, sólo se podía recurrir a los medios de comunicación que no alcanzaban el tiraje nacional, es decir, quedaban en el olvido absoluto.
Pero mueren los seres a cada momento. Esto es cierto, nacemos para morir, o morimos para vivir.
Hay quienes, curiosamente, he logrado conocer casi al final de sus vidas. Es el caso del poeta Eduardo Díaz Espinoza, el “Pelao”, como le decían sus cercanos y sobretodo en la lejana Antofagasta. Amigo de Sabella, de Bahamonde, de Rivera Letelier y de casi todos los que desde ese puerto se movilizan con sus letras.
Por razones de haberme metido al tema gremial desde 2003 hasta el 2007, como presidente de la SECH Valparaíso, tuve que asistir a varios encuentros de filiales en la casona histórica de Almirante Simpson 7 de Santiago.
Es probable que a Eduardo lo haya contactado en la década del 80, pero en ese tiempo andábamos todos en otras cosas, y a veces los nombres van quedando traspapelados. Promotor de generaciones, incansable conversador, “el pelao” se las ingenió para dejar su nombre en el norte. Si bien su obra no fue extensa, era poseedor de conocimientos extraordinarios, herencia, por cierto, de Sabella.
En la vieja casona de los escritores en Santiago, cuando nos encontrábamos con Díaz Espinoza, su voz retumbaba en todas las paredes. Tenía ese sonsonete típico de los antofagastinos, una combinación de aire y tierra.
Por ese tiempo el pelao ya había pasado los 66 años y en su físico se veía venir alguna enfermedad que lo maltrataría hasta el año 2009 (enero) momento en que falleció.
Casi por el 2006 lo recuerdo con una diabetes que lo carcomía. Debía pincharse los dedos de las manos cada ciertas horas para saber su estado de azúcar en la sangre. Esa situación, a veces, me parecía humorística, porque su olvido lo hacía trasladarse al hotel donde hospedábamos en calidad de emergencia.
Entendí, tras varios años asistiendo a encuentros literarios donde estábamos todos los presidentes de filiales que, con “el pelao”, había que ser amigo, nunca contradecirlo, porque poseía un diálogo casi flamígero.
Eduardo Díaz hablaba fuerte y se agarraba la mesa cuando estaba en desacuerdo con alguna postura gremial. También, por cierto, tenía cierto dejo de humildad. Aprendí a conocerlo bien en sus estados de diálogos. Cuando agarraba la metralleta no había quién saliera vivo de la sala.
Me invitó un día a Antofagasta. Esa ciudad siempre me había dejado el recuerdo de un premio nacional de poesía del año 1979, juntos a Alicia Enríquez y Juan Mihovilovic. Acepté el reto y viajé en bus por el desierto. Era el 2004. Allí se realizaba una mini feria del libro en la Casa de la Cultura, donde ya se exponían algunas cosas del fallecido Andrés Sabella: su catre, sus libros, casi todas cosas humildes.
Caminé por las calles de la ciudad junto a Eduardo. Conocí a su familia. Almorcé en su casa. Fueron tres días donde pude recorrer mi pasado. Eduardo Díaz fue gentil conmigo, al margen de su personalidad avasalladora de sus finales.
Después de compartir varios otros encuentros en el hotel España de Santiago, un día cualquiera, Eduardo se encuentra conmigo de nuevo en la capital de Chile y no me da la cara, me gritonea, me descalifica. Nunca supe el motivo. Traté de averiguar. Nada obtuve.
Tres meses antes de morir (octubre de 2008) me llega un mail de él seguramente desde su cama de moribundo: “ Carlos Amador, lamento mi mal proceder para contigo. Tal vez estas líneas nos sirvan de despedida, un abrazo fraterno, el tiempo de mi vida se acorta aceleradamente y lamentablemente ya no lo puedo detener (Eduardo Díaz, 30 de octubre de 2008). Acepté este “perdón” que me trajo un nuevo aire mientras él moría. Me dio a entender que él junto a su familia eran seres valiosos.
Las muertes están en cada espacio. Por eso cuando recorro Santiago voy mirando sus calles y sus hoteles, en cada uno de esos rincones respiran los hombres que ya no están.
Estoy hablando de dirigentes SECH a lo largo del país, en consecuencia, no de sus obras ni de sus talentos.
Dinko Pavlov también murió hace unos días. Como presidente SECH Magallanes lo conocí en un encuentro primero del 2005. En un hotel a pasos de la Casa Gremialista, compartió mi pieza que tenía tres camas. Recuerdo haber entrado a la habitación a eso de las cinco de la tarde. Dejé mis cosas, mis maletas, pero sobre el tercer lecho vi una cantidad de libros. Transcurrieron las horas y, estricto en temas de privacidad, casi al mediar las 12 de la noche me celebré estar solo en esa amplia sala. Precisamente a las 12 y cuarto alguien golpeteó la puerta. Me levanté y abrí. Me encontré con un hombre de casi dos metros, de mirada fantasmal. Me dijo: “Soy Dinko Pavlov y debo dormir aquí..¿quién eres tú?. Le di mis señas y entró. Conversamos quince minutos y una vez que me conoció criticó estar acostado “demasiado temprano”. Lo mismo desembocó en ponerme ropas y seguirlo al bar del hotel. Cinco horas conversamos en medio de vinos y cigarros.
Con Pavlov alternamos en otros varios encuentros de escritores. Siempre en las reuniones se sentaba junto “al pelao” Díaz y ambos hacían de las reuniones un sin fin de controversias.
Estas mismas fueron “empapelando” los mail en la actual tecnología comunicacional.
Recuerdo en uno de los encuentros gremiales haber trasladado las cenizas del poeta Rolando Cárdenas.
La ánfora estuvo en una de las mesas de los salones de la SECH al finalizar el año 2005. La idea era llevar estas cenizas al sur de Chile, lugar donde nació el poeta. La idea, por otra parte, de Pavlov, fue salir con la ánfora hasta la “Unión Chica” lugar de encuentros de artistas y escritores. Hacia allá fuimos todos. Ese momento me pareció terrible. Creí llevar a un difunto por las calles de Santiago, a aquel que habló, recitó, bailó, gritó, y que ahora estaba transformado en cenizas.
En “La Unión Chica” los poetas, en medio de la cara de extrañeza de la gente, recitaron, reían, conversaron. La ánfora estaba sobre la mesa. En esa misma mesa junto a ella, se pusieron vasos de vinos, botellas, comidas y el cadáver del poeta en cenizas estaba junto a los comensales. Todo era natural. Para mí esos momentos fueron de reflexión sobre la vida.
Finalmente, saliendo del lugar de tertulia, alguien sacó fotos del momento. Todos quisieron ponerse para salir elevando la ánfora de Cárdenas.
Pavlov y el “Pelao” Díaz también fueron cremados. Las cenizas de Pavlov, el mismo de la idea de llevar la ánfora a” La Unión Chica”, fueron lanzadas al océano del Estrecho de Magallanes, otra parte a La Serena. No tengo noticias de las del “Pelao” Diaz”.
Estamos hablando de la vida. De los que se fueron. De los que hicieron cosas en provincia, de los que hablaron de ser y no ser, de los que llevaron las cenizas de alguien y que al final también se transformaron en ellas.


miércoles, 26 de mayo de 2010

Primicia: Poemas de la próxima publicación de Maurizio Medo a través de FUGA

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INFLUENZA

Una plaquette que anuncia nuevos giros en la obra del poeta peruano Maurizio Medo


Como un adelanto de la publicación de su segundo libro en la ciudad de Santiago de Chile Transtierros –recordemos que el primero fue Manicomio, considerado como uno de los títulos más emblemáticos de la nueva poesía en lengua castellana-, la Editorial FUGA pondrá en circulación un work in progres de este nuevo título con el título de Influenza. Aquí los poemas, escritos en tiempo real, recogen (de manera testimonial, paródica y crítica) el espíritu de época, una de la que el autor se da la maña para escapar e interrogar al lenguaje, y con ello a la propia identidad, una que, en la obra de Medo, logra, una vez más, reinventarse.

Como una primicia ofrecemos aquí algunos de sus textos.



INFLUENZA

1.


Basta de trepar a los aviones que emprenden vuelo en la deshora

Basta de caer desde tu beso sobre los tremos de su honda turbulencia

Basta de deshablar en trances celulares alelado ante mi ruido

Basta enjundia de súbitas querellas por quítame estas pajas

Basta de volver a marcar poseso digital tu código de acceso

Basta de flyers posts emails…

Basta de fingirse natural meditando la vida conyugal en una jaula

Basta de ver por ahí al poema y susurrarle albur-azar por serendipia


Arribo del transtierro (libre ya de alquilarme
abyecto ganapán por unos óbolos)

Judas de mis cristos ábrome paso por el psicosocial temiendo sorprender
en mi lugar a un doppelganger

Temo que mi propia ausencia del poema
me constriña Pájaro a la jaula
Albur--azar –albur –azar

Temo que al verme el perro ladre no a mí sino a esa ausencia


Ábrome paso Cincuentonas con máscaras antigases Otras cholas
esputan sus pañuelos Por el altavoces canta el locutor

384, 485, 586,687…

Y rueda la bolilla de la súper
A(H1N1)

Nuestro guión: toser y toser a pura cepa Sin vacuna infestando
cerdos pollos reses (los diarios nos dirán cómo a los peces)
ilusionados con algún report de la CNN

Arribo del transtierro Desde otra órbita Fuera de mí
Con el pavor por tener que descifrar

las claves de mi propia partitura
En ella a mi amor exponencial y cárdeno
La tierna parva de achiperres acechando el manzano
& la bravura de mi perro apiojada

Por ello señor- dije al chofer

- Sí Probablemente esta gripe sea
una puta manipulación química
con qué distraer la veleidad musulmana

Pero en mí la única aflicción que quepa ahora es dar la talla

Y cuando llegué el viejo Medo bramó:

-¡Aquí mi Judas¡

Mientras reías
(y reías)

Pavana


2.

De nariz va para encender la obscura luz de su secreto lupercal

Va zafio el cabrón Estornudan 796 víctimas de A(H1N1)

-¿Tío qué cosa es mu-sul-mán?

¡1000¡. Otra vez oye la voz del chofer
puta manipulación
vibrando en la escarcha que hiela rúbea en su piel
Pero ni el frío ni su vapor neumonal
En la radio A(H1N1) como un hit musical

Volver implica siempre recomenzar
Ahora más bien como ingente hacedor
donde apenas ácaros y dendritas de polvo
Fuera de toda descripción Objetivista y neutral

Va sólo como un modo de comprender la realidad
cuando ya son 1001 víctimas
y la A(H1N1) vibra
Alf layla wa-layla La dulce voz de Sheherazade
(como una puta manipulación
con qué cebar al cameramen)

No me corro yo
(Medo es otra puta manipulación)
Hablemos de cómo escarcha el ande
(lejos de la voz del locutor
sin rating)


3.


Pero de que he vuelto no quepan dudas
ve el beso rabiar sobre los labios de mi amor

El resto es una puta manipulación

La voz del fercho me hace escribir aún contra mí

Y vuelto ¿eh? es decir al principio - wu-wei
hasta calzar el poema Exangüe glosolálico
y por serendipia pura

Aún dudo si escribir contra mí constituya una praxis política
o una estrategia musical
Pero funciona En cuanto nombra la realidad
con nuevos sustantivos

He vuelto de ver face to face lo que de ayer temía:
otra puta manipulación La rutina: sus días repitiéndose pesados como los pasos en un waltz

De comprender que ayer

La idealización banal de lo que ya…
(lo cual convierte vida en un sema bisilábico efímero y brutal)

¿Qué pensaría el fercho por puta manipulación eh?
Tampoco lo sé

Fue proverbial

Hay algo sabio en la oralidad algo que es cierto se tizna
con las nuevas posibilidades de escritura y subjetividad
(chats, MUDs posts flames spams)
Todas con ese matiz tan verne que habría Y sólo
por un momento considerar a toda voz
como la nota de un pentagrama panfónico
Y ya no escribir
Sólo callar
Escuchando toda la bulla atroz como a un poema

Sobre esto nada dice el locutor

-¡Gripe pituca¡- exclamó al ver la bolilla de la A(H1N1) rodando
por la casilla 2008 Casi a tiro de año
Siempre tan cool tan tamiflu tan made in isla caribeña.
Implicaba a un status

Nunca he visto
- escribió Aurora Bravo- en Nueva York, Suiza o Ámsterdam
que la gente se muera por el friaje,
aunque los inviernos registren temperaturas más bajas

Hay una semejanza liminal entre helar el pulmón
a -18 grados centígrados
Y escribir poesía

Aunque esta sea cascajo para el orden social

Una utopía



ATAVISMO


¿
ves borroso en los bordes?
y si destrozas la obra cromática aquélla de tus padres ¿reconocerías los colores?

¿el dolor elegido en las piezas en los pedazos por decir? azul cielo
blanco piedra transparente

¿arrancarás la imprecisión la verdad que une ésta y aquélla intercesor
mediador de la defensa de los hombres?

Alejandro Tarrab

Pero el escriba aquél sufre de autismo.
Ante las puertas ¿un poema las tiene?
susurra de paporreta pasimí pasemá.

Uno penetra al lugar según lo conceptúa

Mi Judas abomina la quimera urbana
del poema como casa (blanca y con jardines)
Con una métrica antípoda de infancia

Anhela más bien volver a él como a un estroma
Y si no estroma como lengua a beso
O adjetivo a cosa
Una libre de arbitrios y tasas de interés

Porque la crisis, mi amor porque la crisis
(sin partituras y a ritmo de balada)
política comunicacional jurídica social…
(Cantan los trotskos)

- ¿Cómo se escribe caviar viejo esturión del Volga?-preguntó Judas

Eso es un prejuicio burgués De derecha –replicó el coro
de poetas indigentes en Manhattan

Y cuando ya no sabía qué era ser andino o tropical
el Judas dijo: no me jodas Medo
Occidente es otra mar

Porque la crisis mi amor porque la crisis.

Loncos y aimaras me miraron como a prosciutto di Carpena.
El paramédico cual presunto portador de la porcina y
la dulce Rita preguntó: ¿Hello, bonjour
السلام عليكم?
qillaysapa ¿Entender ud. el español?

Yo sólo quería volver

Pero entre el poema y esto –costa yunga duro altiplano
había más que un simple soroche

- Qillaysapa ¿Entender ud?

Rita rió rata pícara de mi acento
Occidental según los esturiones

Repetí Volver como a un estroma Pues salvo en tu cuerpo
no tengo patria ni noción

Occidente es apenas una excusa para
malmirarnos Sombra de Caín

Volver al poema…

Sin que el ADN genere todas estas cosas



INSTANCIA


Somewhere someone is traveling furiously toward you,
At incredible speed, traveling day and night,
Through blizzards and desert heat,
Across torrents, through narrow passes.
But will he know where to find you,
Recognize you when he sees you,
Give you the thing he has for you?

John Ashbery

Y mientras más en el borde Y más…
La crisis ya es algo entrañable Y tanto
que en la vuelta sus límites franquean
los del poema Es la salida
La otra a la trastienda Cieno
Ahí quedan
los reports de la CNN
Ácaros dendritas
Las ahora 3000 víctimas
El fercho
Un cuarto de hora en el reality
Mi capisci Rita mi capisci?

Vuelvo solo e instintivo (Tú siempre estás en el poema
Sus aguas preciosas te reflejan susurrando
¿lo ves mi amor?)


Ya cerca arribo trapo
pero no a morar ahí

El poema es una instancia

Lo vivo está en el viaje



lunes, 24 de mayo de 2010

Whitechapel, de Camilo Brodsky: Una lectura poética/política. La soberanía del mal por Thomas Harris



Creo leer, en la página 12 de Whitechapel, de Camilo Brodsky, un doble sesgo enunciativo: la pregunta Where are they —título de un poema y de un nódulo textual en el que basaré mi lectura—, algo así como “Dónde están ellos?”, tiene una significante doble lectura: elegíaco y policial: policial en el sentido de “dónde diablos se han metido, dónde los encontraremos”. “Ellos”, son, creo, en un primer aproximamiento al pronombre plural en tercera persona, los que están fuera del Yo, del Self, o para ser más exactos en el número, fuera del ‘nosotros’, los inubicables al fin, en una distanciación de aparente otredad ubicua, que no comparece con ‘ellos’ al necesario contrato social.

La lectura elegíaca se me aparece, en un primer vistazo al texto que antecede este título inquietante y ambivalente: cito: “se ven tristes las calles de Whitechapel con el/ fin de los suplicios/ como si la euforia ya esfumada de los crímenes/ se hubiera llevado la vida de este barrio/ de obreros, putas y parteras.” Pues bien, el locus Whitechapel, como todo lector informado sobre crónicas policíacas o seguidor de las Vidas Ejemplares de los santos asesinos, sabe bien que es el locus siniestro —un Unheimlich freudiano situado en las calles londineneses— donde Jack The Ripper sacrificó a su antojo y ganas —Deseo— una docena de prostitutas y el enigma quedó sin solución. Pero, ¿cómo podría instituirse, en el texto, una elegía del crimen? Creo que la cosa va por el status urbano. Sin Jack The Ripper, Whitechapel no tendría imaginario, sería un pobre, miserable y olvidado barrio de una urbe industrial sin mayor pedegree. Con el fin de la matanza —de los asesinatos— el barrio vuelve a su anonimia, la “tristeza” de las calles vuelve a esa miseria sin el regusto de lo sublime, sin el pathos del horror, sin —lo que es peor— ser parte de las primeras planas de los pasquines ingleses. Sin suplicio no hay euforia, nos dice el texto, cuando se ha esfumado la huella de los crímenes —la muerte sobre la vida, impunemente— también, y paradójicamente, la vida se esfuma, se hace humo del barrio malhadado y mísero —de obreros, putas y parteras— que regresan —sin pena ni gloria— al olvido de la explotación y el anonimato de la Gran Bretaña en su era postindustrial. La sangre le dio brillo a estas calles, un brillo cruel, sádico, deplorable, pero sublime, romántico, a fin de cuentas, y las adentró desde la crónica roja a la ficción y, desde la ficción al mito moderno… es decir, por unos meses, la atención se fijó en la escoria del Reino: putas, parteras, obreros. Entonces, ¿por qué no apelar a una suerte de ubi sunt criminal y cruel, al qué se fizieron sangriento, que nos extrajo a ‘nosotros’, innominada ralea —en el sentido zolaniano— del anonimato y el olvido?

Pero el ‘They’, al dar un paso más sobre estas adoquinadas y hemoglobínicas calles de los dominios de la reina Victoria, nos enfrenta al otro sentido del ‘ellos’: y aquí cabe esa pregunta de carácter tanto policial como sociológico: el dónde están ‘ellos’ nos sitúa ante varios enigmas: el primero: ¿Jack The Ripper fue solo uno, o unos, un hombre que acometió con los luctuosos crímenes de las rameras victorianas o varios —en un sentido más metafórico que textual, más metonímico que denotativo—, unos innumerables ‘ellos’ que dieron y vieron un momento y un lugar para ejecutar el deseo oculto, la fiebre de sus compulsiones burguesas o aristocráticas, los resabios de unos Gilles de Rais urbanos, pero con la nostalgia de la ‘soberanía’ como concepto y práctica, creada por la imaginación de Sade, comprobada por la Historia, y ejecutada por el Yo obliterado en Ello, según Bataille?

Ellos. El enigma da otro paso más: ¿dónde se ocultan? Puede ser que una esquina umbría y saturada de contaminación, esa bruma tóxica del Londres del siglo XIX, o bien, en el más inexcrutable de los escondrijos: lo difuso de un poder sin locus establecido —situado—, pero que opera, sin pacto social, o asocial en este caso, como una suerte de imponderable Sociedad de Amigos del Crimen sadeana, que, a la primera víctima, sigilosamente, se despliega con la bruma para dar, por fin, dentro de tanta parsimonia, al afán atávico. Si es así, ‘ellos’ quedan fuera de toda pesquisa, y ni un Dupin ni un Holmes podría dar con ‘ellos’, ya que ‘ellos’ —según el poemario de Brodsky— no es un exterior, es un interior, no son unas manos blandiendo el escalpelo, sino un corazón tenebroso, el corazón de las tinieblas conradiano, pero sin el despliegue de lo exótico, sino en las calles, hasta el día anterior del primer asesinato, aunque paupérrimas y tristes, para sus habitantes habituales, familiares, heimlich, de la civilizada Inglaterra

Creo, y al decir creo, planteo más bien una “suposición lectora” que una tesis: que lo que nos enuncia y propone el sujeto lírico de Whitechapel es esta insólita y original acepción del poeta o la voz del poeta “moderno” y, a la vez, postmoderno: una suerte de detective aristocrático y decimonónico, dado al ocio de la escritura y la indagación, como el Dupin de Poe, tal como lo plantea Ricardo Piglia en El último lector: “la lucidez del detective depende de su lugar social: es marginal, es extravagante (…). Porque es libre y está excluido, el detective puede ver la perturbación social, detectar el mal y lanzarse a actuar. Cierta extravagancia, cierta indiferencia, insiste siempre en la definición de estos sujetos extraordinarios que se asocian con el caso de Dupin, con la figura del hombre de letras, del artista raro y bohemio”. Pero sin olvidarnos que Dupin es un “gran lector”.

¿Tal el poeta, hoy por hoy, para Brodsky?


Sí y no. Sí porque en el sujeto lírico de Whitechapel pervive esa actitud decimonónica del poeta como detective un tanto dandy, pero que hace uno y otro giro a esta trama: “transformando el mundo de espectros y terrores nocturnos en un mundo de amenazas y crímenes (…) pone en dimensión interpretativa y racional la serie de hechos extraordinarios y asombrosos que son material del gótico”.

Y el otro giro: Brodsky hace del poema un filme, con banda sonora (el jazz, Coltrane, entre otros), locaciones, actores, afectos especiales, guión, conciencia de la representación, datos empíricos y guiños a una serie representativa, que más que con un Chandler lo relaciona intertextualmente con un Tobe Hooper (Chain saw) o un Wes Craven (The Last House on The Left). Pero sin olvidar el origen de estos giros en la economía tanto criminal como punitiva: como expone Michel Foucault en Los anormales y muy aplicable a la “galería de asesinos” de Brodsky: “Esto, estas figuras, fueron los puntos de organización de toda la medicina legal: figuras, por lo tanto, de la monstruosidad, de la monstruosidad sexual y antropófaga (…)”. Su monstruo humano (el de Whitechapel): “Es Vacher en Francia, es el Vampiro de Dusseldorff en Alemania; es sobre todo, Jack el Destripador en Inglaterra, que presentaba la ventaja, no sólo de destripar prostitutas, sino de estar probablemente vinculado por un parentesco muy directo con la reina Victoria: por eso, la monstruosidad del pueblo y la monstruosidad del rey se reunían en su turbia figura”.

Podemos, ahora, cambiar los nombres, las investiduras y la sanción social y ver que la propuesta de Brodsky tiene muy mucho de lo planteado por Foucault: a fin de cuentas, acaso, ¿el monstruo humano no es un individuo a quien el dinero o la reflexión o el poder político brindan la posibilidad de volverse contra la naturaleza? De modo que el monstruo de Sade, por ese exceso de poder, la naturaleza vuelve contra sí misma y termina por anular su racionalidad natural, para no ser más que una especie de furor monstruoso que se encarniza no sólo contra los otros, sino contra sí mismo.

Ya sea en la Francia del antiguo régimen, en la Inglaterra victoriana, en Putamérica pre y post dictaduras de fines del siglo pasado, en las urbes y pueblos perdidos de los EEUU, y, claro, hoy por hoy, en el Whitechapel de Chile.

Uno de los mejores y más lúcidos libros de poesía del último año, Whitechapel merece ser celebrado y reconocido por sus alcances, factura, lucidez, belleza estética y valentía política. Si no se reconoce en él el talento desplegado por Camilo Brodsky a la hora de quién está siendo quién en la chilena poesía, es que también los nuestros —¿críticos?— han perdido la capacidad de hacer una lectura bien hecha e imparcial.

Fuente: Das Kapital Ediciones


martes, 18 de mayo de 2010

Mutaciones por la basura


Nadie tiene muy claro el génesis de los orcos. Pero desde que se multiplicaron, algunos silenciosos como reptiles de sangre fría, el sarro tapó las calles y las playas. Ni la lluvia de cloro que lanzó un viejo y ruidoso D-3 que sirvió a Aeronor recuperó a la ciudad. La suerte estaba echada. Desde el cielo una mancha oscura, un hoyo o un tubérculo podrido. En el mapa sólo un anuncio de ciudad prohibida y la imagen de un calavera. No fue la Bomba H, sino el efecto de la basura y la contaminación.

Los avechuchos mutaron a jotes, luego a murciélagos y terminaron en terodáctilos cuyas sombras taparon las que fueron avenidas verdes. Los perros se transformaron en hienas, los ratones en coipos con dientes de jabalí y los gatos mutaron a chupacabras. A los lobos marinos le salieron patas y a los pelícanos, manos. Algo, tal vez algún metal pesado, provocó una rápida mutación de las especies y la aparición de otras nuevas, monstruos cucarachos y porcinos, asquerosos a la vista y al olfato desde el pelo a las pezuñas.

Fueron los orcos, homo sapiens ulcerosos y de estrechez mental, quienes tras estacionar en la penumbra madrugadora sus vehículos cromados y ruidosos –frutos de la bonanza-vaciaron sin piedad en las playas sus cantimploras rotas con una mezcla de destilado, ron, y bebida energética. Esto como antesala para brincar en la bacanal reggaetonera de las chillonas discotecas.

Las cantimploras de lata y vidrio, se mezclaron en la arena y en el asfalto con preservativos usados, plomo, arsénico, toallas higiénicas y otras cochinadas inclasificables. Gracias al riego de pisco con bebida energética, cerveza, orín y otras hierbas alucinógenas del mundo de Alicia, brotaron, en las playas y en las calles, callampas pegajosas o espinillas de tierra. En su interior cobijaron las larvas de la nueva especie inmune al Tanax, la mutación genética que esclavizó y reemplazó a los orcos.

Por suerte la naturaleza puso orden. Un tsunami se tragó a este panal de bicharracos epidémicos y a su pantanal de basura. Después regresó el color.

Autor: Rodrigo Ramos Bañados.

domingo, 16 de mayo de 2010

Camilo Brodsky: yo sólo soy la sombra del obús que cayó sobre celan [borrador y fragmento]

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yo sólo soy la sombra del obús que cayó sobre celan [borrador y fragmento]


I remember when this whole thing began:

no talk of God then, we called you a man.

(...) All your followers are blind,

too much heaven on their minds


Judas en Jesus Christ Superstar

Es demasiado tarde. No podemos ganar. Se han hecho demasiado poderosos


Abbie Hoffman en su nota suicida


Es cierto: yo también quisiera

escribir poemas de amor de vez en cuando

dejar que el cuerpo siga la deriva de los versos

mostrar la cara tierna del Rimbaud iracundo que debiera

llevar oculto yo también en un doblez de la camisa. Es cierto,

quisiera ir omitiendo en ocasiones las estelas de aire y los

remolinos apenas perceptibles de las balas, las trayectorias

que atraviesan el puente en el que estoy parado ahora

cubriendo mi cabeza de la lluvia y los peñascos

mientras se derrumban tras de mí las catedrales

tomadas por los campesinos;

Tlatelolco brilla como un sol azteca sobre Europa y el Mapocho

nunca fue cruzado por los tanques de la Wehrmacht. En su sitio

se elevan los cercos erizados de los campos

rodeando mis deseos de salir a respirar el aire de la costa mientras fumo

marihuana o me dejo

llevar por los impulsos primarios que me inspira la ciudad —correr

a los gritos por Mac Iver: ¡son todos unos locos culiaos! ¡son todos unos

locos culiaos!—. Es cierto,

también quisiera declarar mi libertad por medio de un gemido, pero asisto

al asedio de las fortalezas que iluminan los perfiles de sus edificios con el

brillo intermitente de millones de pantallas transmitiendo porno soft y

farándula, llenando los intersticios de mi cabeza agujereada, goteante,

vaciada de los contenidos políticos que gatillaron mis

sinapsis durante años. Yo tampoco

he salido del Horroroso

ni de las mazmorras que con cariñoso afán fui construyendo en torno

de los sitios eriazos que dejaban los muertos y la muerte del

propio asombro ante los titulares de los diarios, ladrillos de la urbe

amurallada de mi mente donde los pensamientos van dejando

volutas que se repiten

maelstrom hasta el infinito sin dejarme

salir, mi cabeza es a veces un disco

rayado y algún día quedaré adentro adentro adentro adentro mientras

el paisaje gira alrededor y aumenta la velocidad de sus revoluciones

hasta convertir en manchas de color informe lo que hasta solo un rato atrás

podía bien ser un árbol, el collar de un perro el perro mismo, no una mancha

no una mancha que gira en torno a uno y se disgrega

en partículas cromáticas

si algo como eso existe o es al menos comprobable

para la física. Es cierto,

que me embarga el cansancio de manera permanente, sobre todo el cansancio

del pasado, masticar por mucho tiempo un mismo y triste, reseco

pedazo de carne correosa, ya desabrida; pero uno es incapaz de soltar presa

sin pensar el hambre que vendrá después, cuando no quede nada entre los

dientes, cuando ningún jirón los separe, tensionándolos, incrustándose en los bordes

enrojecidos de las encías en retirada, doliéndose por anticipado

por esa carne ausente, esa única carne que hemos conocido y que nos cuesta

tanto escupir sin más y seguir camino, buscando otros pedazos

de carne, quizás

incluso alguna fruta

que suelte el jugo en nuestra boca

un sabor desconocido, que bien puede ser también veneno

cinabrio, alguna oscura y pesada sustancia narcótica que duerma

tus sentidos para siempre, barbitúricos botando al cuerpo

sobre piedras lisas de una lápida que anhela en

pesadillas sepia

ese pedazo correoso de carne seca, desabrida y muerta ya hace tiempo entre tus

quijadas y el calambre que las coje desde atrás por la

mecánica acción de la mascada —ahora espero

que se seque el liquid paper

sobre la hoja que descansa a mi lado y miro

de reojo el escote

de la flaca que ingresó al Archivo,

la pendiente descendente de sus tetas,

ya cubierta por el grueso

chaquetón de tweed que se ha puesto

tras llenar un par de fichas donde consta

su interés por algún ignorado

manuscrito de autor chileno

cuya tumba yace, sin lugar a dudas,

cubierta por más polvo que el acumulado

sobre las bobinas de microfilms donde el Estado

guarda las secretas notas de su obra, las

cartas a su madre que evidencian el Edipo

que lo atormentaba dolorosamente en sus

últimos días o solo

las anotaciones fragmentarias de aquella

novela experimental que anunciaba,

adelantándose a Joyce, un nuevo

paradigma narrativo que nunca,

sin embargo,

llegaría a puerto. Es cierto que escribo

desde el ocio y el whisky. Mis manos

tienden a pender desde el centro hacia la nada, mis ojos

van perdiendo, de manera inevitable

el punto de fuga de un horizonte en ciernes. Ya no hay himnos ni

cantos luctuosos de metralla en mi futuro, la vejez

con filodendros se construye cada día en las fronteras

de esta silla y esta pieza rebosante

de libros que no leo; no me matan

este fracaso elíptico y la forma en que mi vida

ha pulido mi presente en esta roca blanda

como el talco. Duele

a veces el seguir estando,

pétreo y sin dinámica en los miembros, pero

tengo un sol para mis días y una estrella en torno

de la cual girar. Un nombre propio desgajado

de mi propia carne, y sin embargo, ya lo dije,

yo me canso mucho en este esfuerzo de la tierra,

me canso a cada instante —quizá debiera

dejar por un momento la sinapsis y los golpes,

dejarme estar echado sobre el banco de madera del Salón

Loisitschek y ahí esperar el cucharón de sopa vitalicia que el doctor

Hulbert endosó a los miembros de su Batalllón en Praga;

escurrirme como un líquido viscoso por los

bordes, los dinteles, los umbrales de las puertas, las

ventanas sobre aquellos patios ciegos en que el ghetto

alcanza en parte su total realización de cerco,

su fraseo marginal pendiendo

en la altura de postigos ya maltrechos

listo a caer sobre los cuerpos y escribir

sobre su piel cetrina la condena de colonia

penitenciaria al aire libre —las torretas de

vigilancia no pasan del

nivel del suelo en este caso: prejuicios

sobre la miseria que se arrastran

como niebla tóxica del centro a la

periferia de nuestras ciudades se

mantienen alertas ante el mínimo

gemido exhalado desde las

chabolas y cités, las villas

amontonadas en los cerros o esas casas

de fachada irregular entre las calles

húmedas y oscuras de la Europa novecentista. Es cierto, tiendo

a perderme en los meandros de mi texto —no puedo,

a ratos, seguirme ni yo mismo el paso; se acelera el

ritmo del poema, su ejercicio muscular aumenta y los

espasmos cardio-respiratorios llevan a la sangre fuera

de sus torrentes habituales: sudo entonces tinta roja mientras canto y los

tejados de arcilla crujen y se quiebran bajo el peso de la noche —el

Mitternachtsschütze, fundido en la sombra de un alero colonial,

siente el fresco aroma de la menta y el olor a pino joven del romero —disgresiones:

de su materia están hechos los senderos y bifurcaciones de la vida, en sus

vibraciones profundas se estremecen los recuerdos y la fibra de los sueños

se tensa como el cuero

de un tambor o la cuerda

en las manos del arquero —el alma

es también una tensión, una flecha o el dolor

de un miembro fantasma perdido

tiempo atrás en un terrible

accidente; tal vez el choque de la vida

con la realidad, un naufragio

sin sobrevivientes en cubierta, solo tú, que flotas

como Ismael después de Moby Dick en torno a las astillas

del bote en que una vez Ahab subió junto a su pierna sana

al tiempo que el espacio de la pierna ausente

se va llenando con el cachalote blanco, su presencia inmensa,

absoluta en las células y fluidos del obseso

que comanda el Barco del Infierno.



[Un respiro. El espacio

necesario para retomar el discurso...


El silencio después

del arrebato de ira...


El Fin del Poema, su


no-palabra —Gezinkt der Zufall,

unzerweht die Zeichen. Es cierto]



Es cierto, cierto, cierto. La ciudad

ralentiza su marcha y los flaneurs

despliegan sus cachañas por la calle.


Es el temblor

natural del cuerpo la brisa

que te anida el alma. Ay!

como corroe

las fibras los

músculos

bronquios

ligamentos. El alba

de la especie aniquilada —Ay!


que se esparce por la tierra baldía.

¡Mamuts! El oro prohibido

la paz del hogar los

retoños adorados la

mierda en el jardín. Las pulsiones

asesinas bajo la piel —un

rosario de artículos la

fama la fortuna los

dioses a tu favor la

fama nuevamente.


Este ocaso la vida su perspectiva única.


Los ajos cuelgan de nuestros

dinteles —se camina más lento entre las ruinas

los vampiros ­—¡ay, Harris!—

ya no vuelan como antes, solo cuelgan

del vitreaux que no se cae

la rejilla

que sostiene al vitreaux

esa faramalla gótica por Batman más que por

las novelitas dark que nunca entraron

a la Biblioteca Nacional, los metros

de la nuestra impasibilidad, los nuestros

metros­—, las ventanas

con postigos reforzados para no

caer por las aristas de madera blanca el aire

marino de Concón el viento beat los eucaliptos.


Todo se reduce a esta habitación, el daño

sobre el cuerpo el alma-espíritu los cuervos

los cantos de sirena los tsunamis; las lecturas

improbables de papiros que iluminen nuestra ronda.



martes, 11 de mayo de 2010

Señales de Ruta del poeta Juan Luís Martínez en la Patagonia.

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Señales de Ruta del poeta Juan Luís Martínez

en la Patagonia.

Ácrata y Aczión Kultural, invitan a toda la comunidad a una actividad pedagógica sobre la figura del poeta Juan Luís Martínez, denominada “Señales de Ruta del poeta Juan Luís Martínez en la Patagonia”.

Durante el encuentro, se estrenará la nueva versión del documental de cineasta chileno Tevo Díaz, “Señales de ruta sobre el poeta Juan Luís Martínez”, una edición especial del director, que incorpora fotografías, obra visual, poemas inéditos, ensayos, juegos ópticos y piezas de colección literaria, para luego abrir un debate entre los asistentes.

A partir de esta propuesta, Víctor Hernández, Pavel Oyarzún, Pedro Guichapany y Niki Kuscevic analizarán el dialogo que surge entre el trabajo literario “Señales de Ruta de Juan Luís Martínez” de Enrique Lihn y Pedro Lastra (1987), y la obra audiovisual “Señales de Ruta sobre el poeta Juan Luís Martínez” de Tevo Díaz, (2000), explorando sus resonancias históricas, estéticas y audiovisuales, y su impacto en la realidad austral.

Todo se desarrollará el día viernes 14 de mayo, a las 16:00 horas, en el Salón Pacífico de la Corporación Municipal, ubicado en calle José Menéndez N° 741.

Basada en una idea del poeta Ricardo Cárcamo Livacic, esta actividad se gesta como resonancia del estreno del mismo documental ocurrido hace una década, el 14 de octubre de 2000, en la Biblioteca del Patrimonio Austral de Punta Arenas, oportunidad durante la cual se hizo una introducción a la obra literaria de Juan Luís Martínez, apoyándose en sus trabajos más importantes: “La Nueva Novela” (1977) y “La Poesía Chilena” (1978).

***

Bio:

Tevo Díaz, Director / Cinematógrafo, oriundo de la soleada Viña del Mar, Chile, Estudió Comunicación Audiovisual en el Instituto Arcos. Durante ese tiempo, dirigió varios documentales y películas experimentales.

En 1994, Tevo lanzó una serie de eventos multimedia llamados “El Barco Ebrio” actuando como una fuerza conductora de un colectivo de artistas que incluyó a Pedro Lemebel y La Floripondio. Luego de recibir el apoyo de Fondart del gobierno chileno, Tevo realizó el galardonado documental “Señales de Ruta” (2000). La película ganó Mejor Documental Extranjero en el “Independent New York Film Festival” (2000); Mejor Montaje, Festival de Cine de Valdivia (Chile, 2000) y Mejor Documental en el IV Festival Internacional de Documentales (Chile, 2000).

En 1998 dirigió el corto, “Delenda est Cártago” antes de residir en Miami, EE.UU. Allí dirigió “El Cabello de Revolver Rojo” (1999). En el verano del 2001, se mudó a Nueva York donde vive y trabaja como director y cinematógrafo.

(Del sitio de la Asociación de Documentalistas de Chile)

***

Acracia Austral:

Archivo y Publicaciones de Ácrata:

http://akracia.wordpress.com/



domingo, 9 de mayo de 2010

COLOQUIO DE ESTUDIANTES DE LITERATURA DE PREGRADO - LITERATURA CHILENA: TRADICIÓN Y RUPTURA


Envío de las ponencias:

• a. Los trabajos se deben enviar el e-mail: coloquioliteraturachilena@gmail.com
• b. antes de enviar la ponencia completa, se deberá enviar una página antes del día 31 de mayo que contenga únicamente y en este orden lo que sigue: título de la ponencia, nombre del autor (máximo dos autores), universidad de procedencia, correo electrónico, abstract o resumen, fecha de envío del trabajo.

• c. La fecha límite para el envío de los trabajos íntegros es el 4 de junio de 2010.
• d. La fecha en que se anunciará las ponencias seleccionadas será el día 7 de junio del 2010.

Más información en:
http://coloquiodeliteraturachilena.blogspot.com/



sábado, 8 de mayo de 2010

EL TIEMPO JUNTO A LA QUEBRADA



Escribe: Carlos Amador Marchant


Hoy o hace unos días viajé a un lugar inimaginable. Caminé entre ese polvo, frente a las casas, las verdaderas casas del campo. Pensé si ahí, en el sitio, en esos sitios, cuando nunca antes carreteras asfaltadas, caballos y burros y jinetes, imaginarían llegar casi intactos a este siglo 21.

El polvo, en cambio, sigue siendo el mismo, me dije. Este espacio, es Quebrada Alvarado, me dijeron.

Al paso de minutos creí ver a los hombres antiguos de esta tierra, a los silenciosos.

Yo estuve esa tarde, ese sábado sin sol, degustando la tierra.

Quebrada Alvarado es un sitio donde llegó el turismo galopando a cien por hora. Sus montañas y las casas son merecedoras de esta turba por lo hermoso de sus rincones. Aquí parece que cada morador, cada campesino han puesto su mano de artista, los colores, los adornos, el silencio de sus calles de tierra, las cumbres cubiertas de vegetación.

Esa mañana había estado releyendo a García Márquez, a Tim O´Brien, a Greene. Y en medio de mis ojos lejanos tras la lectura, esta fortuita invitación de la familia a dejar la ciudad, la turbulencia de noticias, el terremoto en el sur de Chile y sus consecuencias, la llegada del Primero de Mayo y sus celebraciones y controversias, hicieron entregar una respuesta inmediata y afirmativa.

Sometido ya a ese territorio más allá de Olmué, a esa quebrada donde muchos han dejado su historia y pasos, fue como volver al pasado atrapado en muchos libros de campos. Salir abruptamente de la costa y sumergirse ahora en la espesura de la tierra, fue como un soplo repentino que golpeó el rostro.

Ese silencio de sus calles en donde los moradores parecen estar ausentes, es como si la historia se escondiera tras las paredes de una vida que nunca ha desaparecido, que más bien se mantiene agazapada.

Casi siempre cuando transito en bus por esos lugares comento respecto a retroceder en el tiempo, a ver todas esas casas, esas haciendas, esos pueblos escarpados y sumergidos en medio del silencio, sólo a huellas de carretas, sólo trasladándose a caballo. Y cuando observo a lo lejos viviendas que se mantienen aun más allá de un siglo, imagino a sus habitantes, las miles de vidas dejadas en la tierra, en las piedras.

Pero al paso de los años, más allá del siglo 20, la selva de cemento se ha adueñado de la vegetación, y las carreteras y los puentes relucen y brillan en cada espacio del territorio. Entonces, para instalarse de nuevo en lo natural de la vida, la misma dejada por nuestros antepasados, quedan las fotos, los libros apretujados en los rincones de la biblioteca, aquéllos que muchas veces parecen escondidos esperando un nuevo turno.

Aunque estoy hablando de la Quinta Región, Quebrada Alvarado me trajo las escrituras de Luis Vulliamy, los recónditos parajes entrelazados con aventuras de pueblos, de tierras y agresiones más al sur de Chile. El olor a frutas en los costados de todas las paredes de pueblos, y las andanzas también de un sin fin de aventureros de los comienzos del siglo 20 en nuestra patria. O Luis Durand almacenando episodios en su “Frontera”, con un estilo distinto al de Vulliamy, trasluciendo el primero ese siempre “Paraíso de los Malos”.

Pero no es esto lo que me convoca con Quebrada Alvarado, sino más bien traer el olor a la tierra, a sus animales, a los árboles, a las comidas.

Sin ser un sibarita junto a la familia nos adentramos en uno de los restaurantes más tradicionales del lugar. El sitio en cuestión, con todos los manjares campesinos, con la tradición impregnada en las paredes, con ese lujo campestre en donde ni un detalle escapa, ni siquiera el piso de tierra, me trajo la imagen de De Rokha.

Por los inmensos ventanales podíamos observar paltos, uvas, aceitunas. Y en medio de centenares de turistas ya parapetados y ubicados en sus mesas, los garzones buscando y trayendo un cuanto hay en comidas campestres:

“Y, ¿qué me dicen ustedes de un costillar de chancho con ajo, picantísimo, asado en el asador de maqui, en junio, a las riberas del peumo o la patagua o el boldo que resumen la atmósfera dramática del atardecer lluvioso….”. “Los pavos cebados, que huelen a verano y son otoños de nogal o de castaño casi humano, los como en todo el país, y en Santiago os beso, como a las tinajas en donde suspira la chicha como la niña más linda de Curicó levantándose los vestidos debajo del manzano parroquial………”(Pablo De Rokha, Epopeya de las Comidas y las Bebidas de Chile).

En medio de la mesa larga, me pareció que este hombre de Licantén, este Carlos Díaz Loyola, este vendedor de libros, este poeta incansable que fue De Rokha, estaba sentado al lado de nosotros.

Entiendo que por esta razón, mientras el resto prefirió el lomo, lengua, el pastel de choclos, entrañas y filetes, yo me incliné por degustar un conejo de la zona.

Creo que todos miraban el plato, ese conejo de patas abiertas sobre la vajilla. Entonces opté por explicarles que mi padre fue un criador de este mamífero en el norte de Chile. Mi ahora anciano progenitor los crió al aire libre sobre el patio de la casa. Hacían cuevas interminables, se paseaban de un lado a otro. Eran negros, blancos, mestizos y de todos los tamaños. Y fue tal la proliferación, fueron tantas las cuevas, que la casa estuvo al borde del derrumbe. Ese fue el final de la crianza, la misma que nos había abastecido de alimento por largos años.

Pues bien, en Quebrada Alvarado, sentí el retorno de un pasado que debo tener impregnado como el mar. ¿De dónde soy?, me pregunté. Y en medio de caballos y campesinos que comenzaban a deambular a la hora de un término de día, me di cuenta que la vida que llevamos está llena de fantasmas, los mismo que se nos suben a la espalda en las horas de sueños.

Curiosamente, a lo lejos, sentí el patio de mi casa del norte de Chile. Y en medio, en los alrededores de un riachuelo casi seco, la familia recordaba haber estado allí hace tres lustros, reconociendo que ya no eran los mismos. Quebrada Alvarado se alejaba ya de nosotros. Y nos dimos cuenta que Pablo De Rokha, seguía sentado en una de las mesas del restaurant.


viernes, 7 de mayo de 2010

Madrid + Pinos + Paredes + Urtaza en LDDS (viernes 7)‏




Queridos amigos:
Después de una corta ausencia volvemos este viernes 07 de mayo con la segunda temporada del proyecto de lecturas LDDS en el bar estación Terminal, a las 21 horas. A partir de este segundo ciclo las lecturas se realizarán una vez por mes, coordinados con el proyecto de nuestros amigos de Antología en Movimiento que van dos veces al mes los viernes en La Chascona, para ir potenciando propuestas de poesía, literatura, y editoriales independientes en el centro de Santiago de Chile.

en esta oportunidad abrimos con los poetas:
Sergio Madrid
Pablo Paredes
Jaime Pinos
Juan Carlos Urtaza

y en la música nos acompañan el grupo Cachivache


Como siempre la reunión es en el BAR ESTACIÓN TERMNAL que queda en las calles: Ramón Carnicer con Tomás Andrews, Parque Bustamante, Metro parque Bustamante.

La entrada es liberada y la cerveza a $1500 por litro.

los esperamos!!

( ( ( Ayúdennos a difundir esta información ) ) )

MAS:

el viernes siguiente estaremos con nuestros amigos de ANTOLOGIA EN MOVIMIENTO
en el conversatorio acerca de:
Relatos de lo social:
¿por qué, cómo, para qué representar esa realidad?
con la participación de:
DANIEL RIVEROS (GEPE)
MAORI PEREZ
y
MARCELA SALDAÑO
a las 19 horas en La Chascona
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