sábado, 12 de diciembre de 2009

Whitechapel: La parte de los crímenes



Whitechapel: La parte de los crímenes

Por Daniel Hidalgo
(aparecido en www.pániko.cl)

Camilo Brodsky Bertoni es un tipo que tiene literatura en los genes y las venas. Miembro de la familia que une a Roberto Brodsky y Claudio Bertoni, nos sorprende con su segunda publicación: Whitechapel. Un poemario lleno de crímenes, sangre y horror.

La Unión Soviética debe haber creado más monstruos que Hollywood. Más y peores, porque hablamos de seres de carne y hueso que hacen parecer a Freddy, Hannibal o Jason apenas coleccionistas aficionados de huesitos de pollo. Uno de los peores fue Andrei Chikatilo, “El carnicero de Rostov”, un profesor y militante activo del partido comunista cuyo odio a sus alumnos lo llevó a filetear 53 niños, la mayoría entre los 8 y 12 años y de las formas más gore posible: centenares de cuchilladas, extirpación de ojos, y violaciones, por lo bajo. Las metáforas no fallan, Chikatilo sólo pudo ser capturado, enjuiciado y condenado a un disparo en la nuca, un año después de la caída del muro de Berlín, tras doce años de impunidad, amparado bajo la moral militante que no era capaz de concebir un serial killer entre sus filas.

Chikatilo es una de las figuras centrales de Whitechapel (Das Kapital Ediciones, 2009), nuevo poemario de Camilo Brodsky (1974), publicación que, sin duda, debe encontrarse entre las mejores obras de poesía de este año. En Whitechapel la idea de la violencia y los asesinatos se transforman en la metáfora perfecta de cómo se forman nuestras sociedades tan posmo y contemporáneas: crímenes y silencio. Sangre y dolor: “matar / es tener la llave de una puerta”, nos dice en uno de sus poemas. A lo largo de sus versos, Brodsky, nos inserta en la figura del serial killer rojo, a través de su biografía, de citas, pero también reconstruyendo sus crímenes y deconstruyendo los trozos de sus víctimas.

Hay más. El poeta aprovecha los crímenes para evidenciarnos ciertas obsesiones: el cine de Sam Peckinpah, los guiños a Jack el destripador, a Melville, a Bolaño, a la música jazz y, además, profundiza, como ya lo había hecho en su poemario anterior (Las puntas de las cosas) en el fracaso y la imposibilidad revolucionaria, esta vez mediante la historia: la UP y el Holocausto nazi.

Brodsky escribe de forma directa, clara, su poesía es más de imágenes que de piruetas fx. Se agradece el tono, el tedio, la anti-épica y la cita pop y culta que evidencia el poeta, logrando una tensión importante, una poesía que dialoga con la narrativa y el suspenso cinematográfico: “Mi casa no es, como pudieran / imaginar, una sucesión de / charcos de sangre ni pellejos / colgando en las paredes”.

De eso va Whitechapel. La historia del fracaso occidental. Del terror y el crimen como herramienta política y de subyugación. Cada imperio necesita de sus triunfadores y de sus derrotados, de sus dictadores y sus mártires, pero no se debe olvidar, sus mercenarios y sus monstruos, quizá el mejor reflejo de las culturas y los estados en que se producen. El horror como espejo.



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