jueves, 28 de enero de 2010

Avatar: Cameron, la mineria y las multinacionales

1/28/2010 12:03:00 p. m.

En Avatar los humanos llegan al planeta Pandora, bajo el mando de una multinacional minera y un ejército mercenario. Les interesa un mineral altamente cotizado. Esta codicia por el recurso lleva a destruir los lugares más sagrados de Pandora, planeta habitado por una raza de aborígenes que mantiene una singular conexión con la naturaleza.

En Latinoamérica no sucedió lo de Avatar. Aquí los invasores arrasaron con los aborígenes. Se dispersaron como metástasis en todo el continente por codicia. Camuflaron su actuar en nombre de la humanidad, el rey y la Iglesia. De los indios, más preocupados en la naturaleza que la guerra, quedó poco o nada. Aquel mínimo se transculturizó a través de la Iglesia y un régimen jerárquico donde primó el miedo. Aquellos indios fueron la mano de obra que armó las ciudades, explotó minas gratis, fue a la guerra y agasajó por siglos a los europeos. De la mezcla aborigen y europea, en la mayoría de los casos, surgió el grueso de la población que compone los países andinos con la detestable proporción -en algunos países más marcada que otros-: a mayor sangre europea, mayor riqueza y mayor sangre aborigen, mayor pobreza.

Del rey, la iglesia o personajes como el codicioso tuerto Almagro, y después de mucha agua bajo el puente nuestro continente pasó a transformarse en un importador de materias primas como gas, cobre, soya y petróleo. Esto provocó el arribo de las multinacionales. En nuestro caso, Antofagasta, las multinacionales de cobre.


Minería

En Chile y particularmente en el desierto de Atacama, hemos visto y comprobado los efectos de la minería. Como en toda política tercermundista, el mantenimiento del orden social lo entregan las fuentes de trabajo -importan poco de donde venga y que hagan nuestros recursos- más que que el futuro, la naturaleza ni menos las comunidades andinas, en su mayoría aborígenes. Basta revisar el efecto de las mineras en las contaminadas playas de Tocopilla y Chañaral, por ejemplo, donde incluso Ricardo Lagos, en sus días de presidente, se bañó con la intención de certificar la higiene de aquella playa.

En regiones de Tarapacá o Atacama, por ejemplo, la gran minería secó ríos y dejó a poblados cordilleranos con mínimos recursos hídricos y con el consiguiente éxodo de sus habitantes a la ciudad.

El estado del río Loa es lastimoso y hasta sirve de vertedero para sectores de la minería. Potencialmente no le interesaría demasiado a Codelco arrasar con parte de Calama, si es que debajo hallan cobre. Dirán que sin la minería no existiría ni Calama ni Antofagasta.

En la Caleta Coloso, al sur de Antofagasta, en varias ocasiones se han producido derrames de residuos tóxicos al mar por el puerto de Minera Escondida.

Daños

Históricamente un coletazo directo o indirecto de la minería, tómelo como quiera, afectó a la población.

Antofagasta, por ejemplo, mantiene tasas de cáncer de pulmón 400% más altas que las del resto de Chile. Pero en el grupo que nació entre los años 1958 y 1972, la tasa es 800% más alta, según la doctora Catterina Ferreccio, investigadora de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica. Todo esto surgió a raíz del uso intensivo del agua del Siloli por la industria minera que obligó a buscar nuevas fuentes del recurso hídrico y comenzó a abastecerse a la población con agua del río Toconce, que naturalmente tiene alta presencia de arsénico por la conformación rocosa de la Cordillera.

Antofagasta también presenta problemas por el plomo. El año 2007 el Colegio Médico realizó mediciones de suelo en diferentes sectores y demostró que aún había contaminación. Este estudio fue confirmado por la propia seremi de Salud con otro muestreo realizado en la llamada “ruta del plomo”, donde en promedio la contaminación superaba los 500mgs de plomo por kilo de peso seco (la norma Suiza es de 300mgs por kilo). El plomo es un metal pesado, que es trasportado desde Bolivia a través nuestra región para ser embarcado en el puerto de Antofagasta.

En Antofagasta no es políticamente correcto hablar públicamente de contaminación. Pocos lo hacen en los medios. Una mayoría –que incluye al gobierno y la elite- es condescendiente con la gran minería pues son beneficiarios o esperan el chorreo. Por ende se siguen escribiendo líneas generosas respecto a la labor social de las mineras o de su historia.

Sabemos que para lavar la imagen las mineras, especialmente las de capitales extranjeros, hacen esfuerzos. Mantienen fundaciones como también apuestan por el lado social, cultural y de espectáculos (pan y circo). A manera de retribución.


Cameron

¿Qué hay detrás de la película de la millonaria película de James Cameron? Si aplicamos la teoría de la conspiración, podríamos concluir que el mensaje de Avatar es una manera de incentivar desbordes sociales en el campesinado chino y detener así su crecimiento.

No por nada la película fue prohibida por el régimen chino.
Nestor Restivo en un artículo para el diario Clarín de Argentina, dice que Avatar también es una alusión bastante explícita y remite menos a China que a la más típica explotación británica o estadounidense. Digamos, la de Anglo Persian Oil -hoy BP- en Irán hace un siglo o la estadounidense Standard Oil, madre de varias petroleras actuales, o Halliburton en Irak más recientemente. Con sus respectivos ejércitos y su parafernalia militar delante ¿Tal vez es lo que viene en las multinacionales?

Avatar también puede significar una vendeta de Cameron hacia alguna multinacional por no haberle apoyado una película.

miércoles, 27 de enero de 2010

urdimbre, de Julieta Marchant: un paso afortunado hacia la verdad poética

1/27/2010 04:00:00 p. m.


urdimbre, de Julieta Marchant: un paso afortunado hacia la verdad poética

Bajo nuestra inquietud política –tan distinta en Chile de la responsabilidad, la inteligencia o la voluntad políticas-, se ha hecho signo de los tiempos anteponer una y mil exigencias a los proyectos poéticos, que tienen que ver con deberes ante los otros (el pueblo, los lectores, etc.) absolutamente antepuestos al oficio en sí o a la propia conciencia creadora –desde la sencillota exigencia seudopolítica de los comisarios de turno hasta la complacencia con el despojo y la derrota con el fin de provocar un par de risas de la audiencia. El asunto, obviamente, no es tan simple: el umbral de algún posible otro sólo es alcanzable cuando el sujeto poético logra alcanzar una cierta conciencia de sí –en caso contrario, se trata sencillamente de los otros que define el burócrata de turno o su rival de oficinas. En este sentido, se echa de menos proyectos que impliquen ese sentido tan primigenio y tan cargado de futuro de la poesía: su capacidad de emprender fuertes vías de autoconocimiento, condición necesaria para cualquier otro horizonte.

En este sentido, la opera prima de Julieta Marchant (Santiago, 1985), urdimbrecreadora de nuevas escrituras. No representa casualidad que una imagen perteneciente al ámbito del tejido sea figura marcadora de la creación femenina (desde la tela de Penélope hasta la intensa y reflexiva práctica artística de Cecilia Vicuña), ya que la pregunta por la poesía hecha por la mujer es una de las inquietudes nutrientes del libro de Julieta. Desde el nítido malestar de saberse parte de un territorio cultural otro, eternamente amenazado por la inscripción meramente marginal, pero con un destino claramente colectivo (como toda expresión del ser de la poesía, en que el ser termina siendo ser con otros, y haciéndose ser bajo la experiencia del encuentro y la imbricación con el otro), la poética de urdimbre es capaz de plantearse desafíos amplísimos en el plano de la deconstrucción y reconstrucción de una historia colectiva, pero desde la estricta deconstrucción y reconstrucción de sí mismo como proyecto: en esto radica una de las claves del título. (Valparaíso: Ed. Inubicalistas, 2009) representa el ejemplo de una poética efectiva, intensamente desarrollada desde esa intimidad esencial que es

La urdimbre de un tejido puede ser la disposición previa de los hilos que lo componen, mas no necesariamente representa una característica propia del mismo tejido en su estado completo. La urdimbre se verá antes que la urdidora haga un todo de la conformación de los hilos, y se volverá a ver en el momento en que tal tejido empiece a deshacerse. Este momento crítico de un tejido, aplicado a la conformación del propio ser en cuanto físico, es claramente visible desde el epígrafe de la poeta argentina Ana Becciu –“penetrar un cuerpo es penetrarse y al mismo tiempo sustituirse, perderse”- lo que señala a esta poética un programa provocador y violentador de sí mismo: el darse la posibilidad de abrir entradas hacia una realidad anterior o posible más allá de la conformación del sujeto entendido desde la visión moderna ilustrada. La percepción de sí mismo abre necesariamente un espacio perpetuo de presencias otras.

Esto último marca una de las apuestas formales importantes del libro de Marchant: su conformación como procedimiento de tejido, alternando una cita de otra autora con algún nivel de contemporaneidad, claramente indicada en una página aparte (Alejandra Pizarnik, Verónica Viola Fisher, Soledad Fariña, Anne Sexton, Alejandra Ziebrecht, etc.), una unidad poética propia, y una tercera instancia en que se genera un texto poético breve y apelativo –una segunda persona. Así, se plantea claramente una pluralidad tras la pretensión del sujeto individual, que no lo puede dejar estable y quieto en sí mismo, y lo obliga a una íntima deriva existencial. Desde acá, el espacio geográfico de un mundo que no decide su carácter interior/exterior, se hará la imagen precisa para tal deriva. Pienso en el Poema de Chile, de Gabriela Mistral, en que la crisis del sujeto personal se resuelve exactamente de la misma forma, y entrega la posibilidad de una subjetividad colectiva.

Mas Marchant no habita el mundo civilizado de la Mistral, sino la ácida y jabonosa post-cultura del siglo XXI. Su geografía no se abre a la noche natural y a-medias-conocida del espectro mistraliano, sino a lugares de violenta, dolorosa y concisa percepción que lucha por la lucidez:

cuál será el gesto preciso o de dónde vendrán los jardines

quién será capaz alguna vez

la primera piedra fue lanzada por alguien que ya nadie recuerda

la imagen de los árboles quemándose la otra corriendo

el fuego de los márgenes y lo oblicuo haciéndose curvo

correr es devolverse dice una voz que buscarse entre la maleza

dice los gestos vacíos no hay espacio dice acá no

Así, la fuerza que genera el texto es una presión por lucidez, que no puede dejar de moverse en la dolorosa deriva existencial y afectiva. Las imágenes son índices permanentes de esa deriva, pero con la concisión que da esa pretensión imposible de lucidez: por ejemplo, los bosques ardiendo o el jardín desolado, que aparecerán a lo largo del texto permanentemente, y dibujados de forma seca y clara, sin dejar caer este delirio ni a la deriva surrealista ni al argot académico, dos caminos trabajados hasta la saciedad por la poesía contemporánea escrita por mujeres. Marchant, en este sentido, se distingue por esta cuidada lucidez en el oficio poético, dando en esta arena dos pasos más adelante que las poetas de su generación y las inmediatamente anteriores.

Lo que trae de original Marchant es precisamente una pretensión imposible, mas operativamente fértil: el programa de llamar la visión hacia un hecho claro y definido –legible objetivamente desde la literatura-, desde una subjetividad des-hilachada en que se llega a ver la urdimbre de su conformación. En el plano de la eroticidad del libro –uno de los claros índices de este contraste-, la ilusión de la entrega amorosa –plena y despojada-, se contrapone permanentemente a la necesidad de conservación y conformación de sí misma, lo cual genera la escena de una entrega trágica, análoga a la del texto con su lector. Cualquier clase de afectividad implica acá con-fusión, como lo señalan esos límites vagos, líquidos o terrosos, entre los seres presentes en la escritura, lo cual no le da a la voz del hablante el consuelo de la potencia creadora, sino la mera presencia espacial –pienso en esa voz que te da vueltas huellándote los bordes, esa modesta función de la poeta en un mundo de cuya propiedad reniega.

La poesía, entonces, se hace pura imagen del deseo, encontrando en lo presente la negación permanente de un sí mismo concebible:

la que soy es esa que está llamándome allá

las otras me contienen o al menos hacen señas en medio del viento giran

el centro desgobernado los cuerpos oblicuos se traspasan

en mi espalda hay alguien que me camina

en su espalda hay alguien que la camina

quién será la otra si acaso hay luz quién

Sólo desde este cuerpo imposible (lo único que tengo es este cuerpo que padece otros cuerpos) es que se podrá plantear una posibilidad de historia colectiva, cuya verdad poética se dé en la representación de este paisaje interior, que represente la urdimbre real que reposa sobre el discurso formal sobre el ser colectivo: en la poética de Marchant, este ser es el sujeto americano, cuya identidad no deja de mostrar los hilos dispersos, y la materialidad vacía y sin sentido de ellos. Si bien no es el objetivo o el tema de la investigación poética de Marchant, esta determinación es inseparable del texto como un todo, lo que multiplica las dimensiones de lectura del libro.

Un libro con tales búsquedas poéticas ya se echaba de menos, y resulta algo impresionante que sea el primer libro de la autora. La apuesta de Ediciones Inubicalistas resulta saldada por una opera prima cuyo reconocimiento en la justa medida no puede sino plantearlo como expresión de una de las voces femeninas más importantes en la poesía chilena contemporánea.

¿Habrá que lamentar que Inubicalitas tenga tan poco tiraje de edición? Creo que al menos no, en lo que implica nuestro actual entorno crítico nacional. Es difícil que éste se logre alzar más allá de la mediocridad que ya ha asumido y que parece bastarle. urdimbre está llamado a traspasar las fronteras de nuestros simulacros de crítica literaria, y Ediciones Inubicalistas, a dejar ya una huella definida en la producción escritural de principios de este siglo.


Carlos Henrickson

http://henricksonbajofuego.blogspot.com/



lunes, 25 de enero de 2010

Programa Descentralización Poética Puerto Varas

1/25/2010 01:57:00 p. m.




Programa Descentralización Poética Puerto Varas


Jueves 28 Enero 2010:

09:00 hrs Recepción de poetas

10:00 hrs Talle de poesía “Acercamiento Poesía Moderna” Guiado por Oscar Saavedra.

11:00 hrs Conferencia de prensa en Biblioteca Municipal Paul Harris y Lecturas, presentación de libros, música, Lectura entre dos Países Del Salvador – Chile (online) en Biblioteca Municipal Paul Harris

Charla sobre Antropología Poética del Sur de Chile por Clemente Riedemann.

Presentación del libro “Palabras de lluvia y Sol en el Aula” por Mario Garcia Alvarez.

Llecturas de Yeny Díaz Wentén, Alejandra del Río, Milton Leiva, Felipe Becerra.

video Cortometraje “Panoptiko” por Esteban Santana

Presentación del libro de Egor Mardones por Clemente Riedemann

Lecturas de Boris Cárdenas, Elsa Pérez, Leila Campos, Jorge Velásquez

15:00 hrs almuerzo

16:00 hrs Muestra de fotografía, Pinturas, Batucada y lectura en plaza de Puerto Varas

Eduardo Fernández, Milton Leiva, María José Corcine, Felipe Becerra, Priscila Cajales, Cecilia Perez, Manuel Vallejos

19:00 Biblioteca Matias Yurasek

Presentación del Libro de Jorge Velásquez

Presentación del libro de Juan Eduardo Díaz

Performance de Samuel Ibarra

Lectura: Bernardo Colipan, Juan Manuel Silva Barandica, Ana Rosa Bustamante

23:00 Lectura Nocturna en Pub Urbano

Presentación Pinturas

Lecturas de Poli Roa, Roxana Miranda, Mauricio Torres, Alejandra Contreras, Manuel Vallejos, Marcos Leiva, Cristian Saldivia, Alejandra Contreras Fernández, Cecilia Pérez.

Música en vivo

Viernes 29 de Enero 2010:

10:00 hrs Desayuno

11:00 hrs Taller de poesía “Acercamiento Poesía Moderna”

12:00 hrs Conferencias, lecturas, presentación de libros y muestra de documentales, Galería de Arte Bosque Nativo.

Charla de Arte Poético de Provincia por Eduardo Fernández

Charla “Poesía Chilena Actual” por Juan Manuel Silva Barandica

Charla de cine por Claudio Sapiain

14:00 hrs Almuerzo

16:00 hrs Conferencias, lecturas, presentación de libros y muestra de

documentales, Biblioteca Pública, Llanquihue

Charla Proyecto “CIMARRA” por Ana María Baeza Carvallo

Charla con Alejandra del Río

Presentación libro de Manuel Moraga con Performance

Performance de Samuel Ibarra

Videos Poema

Presentación libro de Alejandra Contreras

Lecturas de Melissa Castillo, Felipe Becerra, Egor Mardones, Ana Rosa Bustamente, Poli Roa, Marcos Leiva, Cristian Saldivia, Mauricio Torres Paredes, Roxana Miranda.

21:00 hrs Lectura Nocturna en Pub Garage

Lecturas de Nicolas Said, Milton Leiva, Manuel Vallejos, Lency Rebhein, Leandro Vidal, Yeny Diaz Wentén, Marcos Leiva


Sábado 30 de Enero 2010

10:00 hrs Desayuno

11:00 hrs Taller de poesía “Acercamiento Poesía Moderna”

12:00 hrs Ensenada

13:00 hrs Creación de videos personales y colectivos con los poetas invitados.

19:00 hrs Finaliza Jornada.



domingo, 24 de enero de 2010

Entrevista a Marcelo Lillo

1/24/2010 03:27:00 p. m.
Marcelo Lillo Fuente: revista ñ

La recuperación del año pasado en Chile: el escritor chileno Marcelo Lillo. La fama de conflictivo, de haber quemado todos sus libros, de tener una pistola bajo la almohada por si un día todo sale mal (como aquella frase posera de Ray Loriga que cantó su blonda ex esposa) de haber perdido todos su barcos, le dio un barniz especial. Tengo un libro suyo, lo leeré esta semana. Para lo demás, existe la sertralina. En fin, ¿Marketing? ¿Autodestrucción? ¿Angustia existencial? ¿McCarthy chileno?Vive en un pequeño pueblo, Niebla city lo llama, como un personaje de comic. La repercusión que tuvo en Chile ha llegado a Argentina, donde lo edita Mondadori. Van dos libros de cuentos. Un raro. Dice la nota en Ñ:

-¿Cómo es su vida en un pueblito del sur de Chile?
-Niebla (o Niebla City como le digo yo) es menos que un pueblito: es una caleta de 2.000 personas, en su mayoría pescadores cuyo mayor pasatiempo es emborracharse los domingos. Como leo hasta la madrugada, me levanto al mediodía; almuerzo liviano y luego salimos a caminar con mi mujer. A las seis me siento a escribir y lo hago hasta las ocho, nada más. Dos carillas diarias lo que es poco pero también mucho porque lo hago todos los días. Setecientas carillas al año, no está nada mal.

-¿Cómo decidió dedicarse de lleno a la escritura?
-Trabajaba como director de un colegio y un día me dije: gano un millón de pesos (2.000 dólares más o menos, lo que es mucho en Valdivia, donde vivía entonces, a media hora de Niebla), tengo casa, auto y un buen pasar, pero cuando sea un viejo de mierda me voy a estar preguntando a cada rato qué habría pasado si hubiera tirado todo para dedicarme a la escritura, porque para mí (o para ese virtual viejo) la literatura es algo excluyente y exclusivo. No lo pensé mucho y al día siguiente renuncié. A la semana vendimos casa, auto y muebles y nos fuimos primero a un lugar llamado Mehuín (¡una desolación como pocas, con tormentas de arena!) y seis meses después, a Niebla.

-Escribió dos libros de cuentos, y se dice que ya terminó o está terminando una novela. ¿Qué problemas específicos se le presentaron al pasar de las formas breves al relato de largo aliento?
-Ningún problema. Una es una historia corta y la otra una historia larga. (¿Por qué los escritores se complican tanto para explicar lo que es tan simple?) Lo otro depende de tu talento.

-¿Qué piensa de la recepción que tuvieron sus libros en Chile? Pareciera que las críticas fueron muy elogiosas o muy duras, pero que no hubo puntos medios.

-La opinión más unánime de sus libros dice que trabajan con la tradición del mejor relato norteamericano: Cheever, Carver, Salinger, etc... ¿Qué lectura hizo de los narradores norteamericanos y qué recursos le parece que ellos pueden aportarle a la literatura chilena?
-Los leí en su momento –Cheever, Carver, Salinger, Capote, Salter, Moore, Baxter, etc.– y me gustaron todos y me sentí identificado con ellos. Si eso se llama influencia, bienvenida, claro que entonces yo ni pensaba en publicar, creía que iba a morir inédito con un balazo en la boca. A la literatura chilena le tengo tan poca fe que no me atrevo a decir cómo ellos pueden influir a los chilenitos que están escribiendo. Esperemos una sorpresa, encomendémonos a todos los santos.

-¿Cuál es su relación emocional y profesional con la literatura chilena? Arrojo dos nombres al azar, o no tanto; un clásico y el nuevo fervor: Neruda y Bolaño.
-Neruda está jubilado; Bolaño... ¿quién dijo que era chileno?

-Ahora que su obra se va haciendo más vasta, a medida que sus libros se van publicando. ¿Cuáles diría que son sus obsesiones centrales, aquello que siempre vuelve a aparecer en su literatura?
-Aquí va mi lista de fantasmitas adorados: la miseria, la muerte, la vejez, las enfermedades, los violadores, la vida feliz y hedionda al mismo tiempo. Merezco un aplauso por eso. ¿O no?

-Por último, quisiera preguntarle por esa famosa historia del revólver que compró para usar si su literatura no funcionaba.
-El revólver sigue estando cargado, colgado de la pared de la cocina. No fracasé, o todavía no fracaso, pero si pasa, ahí está, esperándonos (es un pacto que tenemos con mi mujer). Y si triunfo, lo usaré cuando me sienta viejo. No soy un obsceno, ¡jamás lo he sido!, y para mí, la vejez es obscena. Está preparado para cuando me atrape el cáncer, la lepra o la tuberculosis. Tengo 52 y ya me están dando miedo.


sábado, 23 de enero de 2010

OTRA VUELTA DE TUERCA: LA MUSIQUILLA DE LAS POBRES ESFERAS de Enrique Lihn

1/23/2010 11:42:00 a. m.



OTRA VUELTA DE TUERCA: LA MUSIQUILLA DE LAS POBRES ESFERAS de Enrique Lihn, Editorial Universitaria, Santiago, 2008

Por Ismael Gavilán

En la estela de los veinte años del fallecimiento de Enrique Lihn, las reediciones de Poesía de paso –Ediciones Universidad Diego Portales- y La musiquilla de las pobres esferas –Editorial Universitaria-, como asimismo la tan esperada y necesaria publicación de Textos sobre arte –Ediciones Universidad Diego Portales: recopilación, edición y anotaciones de Adriana Valdés y Ana María Risco- que reúne los ensayos, artículos y notas del poeta en torno y sobre artistas y artes visuales, muestran que el interés por la obra de este autor sigue incólume y persistente, a contrapelo de cualquier moda u orden del día en la a veces difusa escena poética nacional.

En esta ocasión estas líneas se aproximan a La musiquilla de las pobres esferas. Publicado originalmente en 1969, este volumen ha recibido desde su aparición, los comentarios lúcidos y celebratorios de lectores tan distintos como José Miguel Ibáñez, Waldo Rojas, Carmen Foxley y Pedro Lastra, por mencionar un puñado de nombres que son claves en la densa y variada bibliografía lihneana. Con los matices propios de grupo tan diverso, las opiniones convergen en considerar los poemas de La musiquilla..., magistrales en todo nivel: formal, temática y estilísticamente. Como nunca, Enrique Lihn da muestra en esta obra de una constante profundización y variación de su propia escritura, convirtiendo en motivo central de la misma las reflexiones que suscita la posibilidad de su realización. Poesía que se plantea acerca de la pertinencia de la poesía, autoconciencia escritural llevada a uno de sus límites más lucidos y productivos.

Las declaraciones que abren el libro –tituladas A modo de prólogo y que en la edición original iban en la contraportada- son aclaratorias y orientan sin duda su recepción, pero en ningún caso se convierten en unilaterales “señas de ruta” que coarten la discrepancia de eventuales comentarios como lo indica en una temprana reseña de 1969 José Miguel Ibáñez. Entre otras cosas ahí se manifiesta lo siguiente: “(…) he terminado por hacer poesía contra la poesía; una poesía, como dijera Huidobro, escéptica de sí misma (…) El valor de las palabras y el cuidado por integrarlas en un conjunto significativo han sido lo suficientemente abandonados aquí como para constituirse –aquella devaluación y esta negligencia- en los signos de un desaliento más profundo (…) A falta de otra salida, creo que me he propuesto, una y otra vez, poner de relieve, por medio de las palabras –sin concederle a ninguna de ellas un privilegio especial- ese silencio que amenaza a todo discurso desde dentro”. Estas palabras marcan una pauta, un seguimiento detenido y virtuoso de la decrepitud, de lo que se denominaría el “desaliento” ante la imposibilidad de la poesía como una instancia asible de lo real; crisis de la necesidad histórica a la que la poesía chilena -e hispanoamericana en general- se veía expuesta dado el contexto socio-político de la época. Por ello no deja de ser sintomático la aparente e intensa contradicción entre momento histórico y discurso poético: como queriendo disculparse por parecer demasiado escéptico de las circunstancias políticas que hacían furor a fines de los 60 y principios de los 70, la escritura de Lihn aparece evidenciando no el supuesto entusiasmo y entrega a “los procesos históricos” que la hora pedía, sino más bien el desencanto y distanciamiento propio de toda escritura crítica. Ese desencanto se trasvasija, ciertamente, en la duda de ver en la poesía una instancia emancipadora concreta de la realidad, duda que se extiende hasta poner en cuestión su validez misma como discurso. Poemas tan notables y, hoy por hoy, clásicos de la bibliografía lihneana como “Mester de juglaría”, “Revolución”, “De un intelectual a una muchacha del pueblo”, “Seis soledades” y “La musiquilla de las pobres esferas” que otorga el título al libro, son constataciones fehacientes de ello, pero al mismo tiempo, se muestran como consumados poemas de una factura impecable, donde paradojalmente, Lihn logra un límite expresivo con el lenguaje como rara vez se ha llevado a cabo en la poesía contemporánea de la lengua y que lo hacen ser el poeta que es.

Por supuesto que toda poética es tributaria de su contexto, pero ¿clausura eso su entendimiento, su sentido? Aventurando una opinión, la reedición de este libro, deviene la necesidad de crear su propia recepción en el contexto que significan los veinte años de la muerte de Lihn como asimismo los casi cuarenta de su primera edición y que lo vuelven, qué duda cabe, una de las apariciones más notables, en lo que a ediciones de libros de poesía se refiere, que acontecieron en 2008. No tanto, quizás, para fijarse en el cúmulo de erratas inexplicables e imperdonables que mancillan el texto, sino para algo que se transforma en perentorio al ser formulado como pregunta: ¿cuál es la pertinencia de una poética como ésta en nuestra actual sociabilidad literaria? Porque la escritura de La musiquilla… no es en absoluto acomodaticia, plana o tranquilizadora. Difícilmente podría ser neutralizada con el rótulo de “clásico”, si es que entendemos esa palabra como algo sin vida ni movilidad, como algo fijo per sécula y sin estimulantes provocaciones: “Un mundo nuevo se levanta sin ninguno de nosotros/ y envejece, como es natural, más confiado en sus fuerzas que en sus/ himnos” Estos versos, tomados casi al azar del poema “Mester de juglaría”, son un recordatorio para entender la precariedad de las pretensiones irracionales de cualquier trasnochado redentorismo que intente fundarse sin asumir la contradicción de su discurso como algo “nuevo”, “original”, “tierno” o “único” y que trasluce su propia violencia fundante que no una asunción crítica de su estado. Versos como los del poema recién citado, son dardos venidos desde lejos –casi cuarenta años- hacia una actualidad poética a veces ebria de sí misma en un ejercicio que mutila su propia memoria. Pero también implica aceptar que la poesía es una trama difícil que acompaña la historia y que por ello ha tenido que renunciar a su orientación y tal vez a su esclarecimiento, volviéndose hacia la más modesta, pero no menos relevante tarea de verse convertida en lúcida conciencia de su contradicción.

* * *

Reseña publicada en Analecta: revista de humanidades, n° 3, Centro de Estudios Humanísticos Integrados, Universidad Viña del Mar, segundo semestre de 2009.


viernes, 22 de enero de 2010

(Ayer de Juan Emar se lanza el 28 de enero a las 19:30 en la Feria del Libro del Parque Forestal)

1/22/2010 11:54:00 a. m.
(Ayer de Juan Emar se lanza el 28 de enero a las 19:30 en la Feria del Libro del Parque Forestal)

Ayer, hoy

Por Cristián Warnken
Enero 2010

La Odisea del Ulises chilensis Rudecindo Malleco —personaje de Ayer de Juan Emar— se abre con una sensación: la de estar frente a un «proceso» kafkiano, pero vivido en lo más pesadillesco del «pueblo chico, infierno grande» que —para un cosmopolita librepensador como Emar— debe haber sido Chile en la década del 30. Emar, según Neruda fue nuestro Kafka. Sí, un Kafka para destornillarse de la risa, como aseguran fuera el misma escritor praguense —según testimonio de sus contemporáneos—.

Emar demuestra aquí como «entre risa y risa la verdad asoma». Con una deliciosa y bien ganada libertad de escritura —de espaldas a su tiempo y a lo que escribían sus contemporáneos en Chile— Emar invita al lector a un singular viaje, a una «odisea» por San Agustín de Tango (Macondo del Chile profundo) que no tiene nada que envidiarle al viaje en un solo día y en las calles de una sola ciudad (Dublín) del Ulises de Joyce. Ayer es en formato más leve y con más gracia, pero no menos hondura filosófica, nuestro propio Adán Buenos Aires (la novela-viaje de Leopoldo Marechal).

La soltura de cuerpo y pluma únicas del estilo emariano debió desconcertar a los lectores y críticos de entonces, aferrados a cánones, incluso cánones vanguardistas (¡vaya contradicción!, pero en la vanguardia también hubo beaterías). Ello explica el desafortunado y poco generoso comentario atribuido a Vicente Huidobro: «Pilo (Pilo Yáñez/Juan Emar) escribe con las patas». Emar escribe y crea desde una libertad y soledad interiores radicales.

Su lector parece estar en el futuro o en otro «mundo». Por eso, la sensación de extrañeza que se apodera de nosotros en muchos pasajes de la obra de Emar. Por lo desopilante de su humor, por su ironía feroz que late en episodios hilarantes, por su crítica social y mental de Chile, pienso que Emar podría ser nuestro Kurt Vonnegut de la década del 30.

El episodio inicial del espectáculo de la ejecución de Rudecindo Malleco por un «crimen mental» en que se describe la decapitación con una minúscula guillotina, mezcla en dosis iguales lo cruel, lo ridículo, lo trágico y lo cómico. Nos sentimos dentro de un sainete, un sainete chileno. Emar apunta con lucidez implacable, pero al mismo tiempo a veces con impasibilidad a la pesadilla de nuestro «erial remoto y presuntuoso» (Chile), una pesadilla que no da para tragedia shakesperiana, sino que siempre deriva en comedia, pero que no deja de ser asfixiante y feroz.

Y el capítulo termina con el «¡Vamos!» del narrador, una elegante manera de «irse» o evadirse de esa realidad, un recurso típicamente emariano para transitar de un episodio a otro, de una dimensión a otra. Tal vez esta sea —también— una estrategia de la escritura emariana para enfrentar la censura y la pacatería de la época. Ayer es de hecho un libro que parte con una censura mental, una aplicación literal del viejo «si tu mano derecha fuera ocasión de caer, córtatela». La lectura del mundo de Emar —llena de distintos niveles de lectura— enfrenta a la lectura plana, «realista», ingenua, que tiene sus correlatos en la literatura (el criollismo, por ejemplo, que Emar tanto parodió) y en la moral imperante en Chile, cuya asfixia Emar explicita en el recurso de exacerbar la costumbre chilena de bautizar lugares públicos con nombres de santos. El mapa de San Agustín de Tango está repleto de «Avenida Benedicto», Calle de la Casulla y otros…

Junto con la certera ironía emariana, aparece también el desenfrenado onirismo poético de alguno de sus episodios. Emar en sus cuentos, relatos y novelas, nos fue acostumbrando a su ilimitada capacidad de asombrarnos con observaciones inesperadas de la realidad. Como si la mirada de un niño atravesara las cosas habituales y develara dimensiones ocultas tras el velo de la costumbre. El episodio de la visita del narrador con su mujer al zoológico es un ejemplo de este juego tan emariano, único en nuestra literatura. La simple observación de los movimientos de los leones va deviniendo en el descubrimiento de un resorte oculto que unifica esos movimientos y que termina en el peligro de la sobreexposición a las miradas simultáneas de los animales.

«¡Vamos, vamos! —díjele a mi mujer—. Si seguimos así, van a quedarnos en la sangre circulando, varias pedazos de sangre, circulando, varios pedazos de miradas de leonas y ello no es posible, pues aún tenemos, mitad mía, muchas cosas que hacer en esta vida…».

La obra de Emar abunda en momentos como éste, en que una simple observación de un hecho físico, o la experimentación de la temperatura o de un color, son el primer paso de viajes alucinantorios a realidades interiores, a paisajes interiores de sueño o a reflexiones metafísicas inauditas. El único referente que más se acerca —desde mi mirada— a ese estilo de «visiones», serían talvez las pinturas de Leonora Carrington y de otros pintores surrealistas. No hay que olvidar fue un crítico de arte de «La Nación» y un testigo privilegiado del intenso movimiento artístico y vital que sucedía en París en los años 30.

Uno de los momentos más altos de Ayer es la visita del narrador y su mujer al taller del pintor Rubén de Loa, en la Calle de la Inmaculada Concepción. Yo pienso que es un episodio axial de este viaje mítico por San Agustín de Tango. Las reflexiones sobre los colores, la ironía sobre el arquetipo del «artista», sobre la observación, la visión de la autonomía de la obra de arte frente a la realidad entregan indicios valiosísimos —y siempre con humor, sin gravedad— sobre la poética de Emar, elaborada en el silencio de tantos años en que el autor escribió de espaldas a su «rugosa» cotidianeidad.

Creo que es aquí —en estas escenas «vivas» y muy visuales— donde el arte de Emar brilla con absoluta originalidad. Es a través de esos episodios-visiones en los que el autor va construyendo un mundo absolutamente propio, en el que uno respira un aire único y pisa un suelo móvil, lleno de pasadizos interiores que conectan el microcosmos del autor y los personajes del autor con el macrocosmos, lo exterior con lo interior, lo físico con lo metafísico. Junto con ser un conocedor de la gran literatura de su tiempo, Emar leyó ávidamente autores esotéricos.
Muchas de esas lecturas son parodiadas en su obra y es posible encontrar referencias teosóficas revisitadas desde el humor. Sería interesante algún día buscar los «vasos comunicantes» (para usar la expresión de André Breton) entre esas lecturas esotéricas y las creencias y búsquedas interiores de Emar.

Es en ese mundo propio donde finalmente Emar se refugió y evadió, y se autoexilió de su realidad más directa, de ese Chile donde se decapitaba y se sigue decapitando —aunque sea más sutilmente— a los que sueñan, fantasean y desean. A aquellos genios que como Emar se asoman por encima de la línea media de reverberación para mostrar un horizonte que no cabe en los límites estrecho de una «naturaleza muerta».

Releer Ayer después de más de 20 años —cuando hice mi tesis sobre Emar para optar al título de Profesor de Estado en Castellano— me ha devuelto a placeres y fruiciones lectoras indescriptibles. Y he recordado con nostalgia las conversaciones que sostuviera —cuando apenas era un niño— con Eduardo Anguita, un pionero en el rescate de este «ave raris» de la fauna literaria local. Todavía lo veo paseándose como un bailarín por el living de mi casa contándome con entusiasmo algún episodio indescriptible de algún libro de Emar, que me hacía volar, y salir flotando por encima de mi barrio, mis estrechas calles y la cordillera hacia fronteras impensadas, donde pensar y reír son lo mismo.

Eso fue ayer… y Ayer sigue siendo hoy…