martes, 12 de agosto de 2014

A propósito de Feral, de Marcelo Ramos López [por Juan José Podestá]



A propósito de Feral, de Marcelo Ramos López
Juan José Podestá
¿Qué significa feral?
Vamos viendo. Feral (palabra de origen latino) significa fiera, animal salvaje, pero también significa crueldad, ferocidad, algo sangriento, letal. También se llama feral al animal que pasa del estado doméstico al salvaje (o nunca ha sido domesticado), y también se usa para denominar a los niños que han sido abandonados y fueron criados por bestias. Y también, hay que recordarlo, es el seudónimo de un desconocido editor anarquista que aún publica sus artículos en Europa.
Todo ello significa feral. Y todo ello confluye en el texto de Marcelo Ramos López.
Y hay que decirlo, Feral es como el combo de un amigo: duele, pero tiene sus razones. Y vaya que este libro las tiene. Estas razones tienen que ver con unos versos brutos, bellamente desprolijos, bárbaros en su factura. Es como si los hubiese escrito un hombre salvaje, un mono de poto colorado asilvestrado y en celo: un feral, a fin de cuentas. Y qué duda cabe que Marcelo escribe como una bestia de Tasmania dentro de una joyería (o un elefante, si nos atenemos al lugar común): nada queda en su sitio, como cuando dice “El trago terminará por matarte, la risa y algo parecido al cariño / Una llamada por teléfono en la frontera de un país extranjero / Un poco de diversión, la trata de blancas, la blanca […]”.
El libro de Ramos opera por destrucción, con esquirlas incluidas, como esas bombas que los viejos anarcos lanzaban a los sitios del poder, y que una vez detonadas dejaban hermosas plazas europeas convertidas en un carrusel de sesos, miembros y sangre: “Y con la suerte perra que tenemos / no será la última detonación: / A pocos segundos /comenzarán otras peores. / Una tras otra. / Se ve venir. / Detonación. / Detonación. / Detonación tras detonación […]”.

Libro para ser leído en interminables  y bestiales viajes al Perú o Bolivia, en lugares extraños y peligrosos, Feral contiene todo aquello que desprecian los guardianes de la poesía correcta, e incluso aquellos que diciendo que no hay que pontificar, pontifican sobre cómo no debe escribirse, y cómo sí hay que hacerlo.


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