domingo, 1 de septiembre de 2013

Metamérika, de Sergio Alfsen-Romussi [por Alberto Moreno]

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Metamérika, de Sergio Alfsen-Romussi
Escritura, contracultura y resistencia.

Por Alberto Moreno


               “Necesitamos de la historia, pero la necesitamos de otra manera a como la necesita el holgazán mimado en los jardines de la historia. Nietzsche, Sobre las ventajas e inconvenientes de la historia”.[1]


Algo equivalente podría decirse hoy de la más acabada de nuestras Bellas Artes, su majestad, la poesía. Llevar a cabo un trabajo serio, sistemático y cuidado, en el arte de la escritura, es también una forma de resistirse a la mediocridad y perversión del mercado, a la seducción de lo mismo, en esa contemplación anodina y cosificante del yo y su eterna conjugación en la primera persona del singular.

La silenciosa instalación del poeta Alfsen con su trilogía, -iniciada en Totémesis pasando por Enteógena, hasta llegar a esta Metamérika-, y que presenta una escritura abigarrada, iconoclasta, profusa en micro y meta lenguajes y traducciones, es en sí un acto de resistencia, de transposición de visiones y creencias, a veces, indescifrables, que disiente, que lleva el signo alterado, pues reinventa la forma tradicional de la comunicación. Este nuevo libro de poesía está lleno de excesos, extrapolaciones limítrofes, caos verbal, materia de sueños, materia de alucinación drogo-léxica, que solo puede seguirse, intuirse...si tú también estás en esa sintonía…y quizá esta sea su mayor dificultad. Y el mayor merito. Alfsen construye mediante el verbo macerado en las plantas de los dioses, por los chamanes, yatiris o machis, un arte barroco en medio de la selva, justo en medio del desierto, o la nada. 

Resonancias de Bataille, sumido en el éxtasis místico, observando los grabados de Las Cuevas de Lascaux, o describiendo con infinito dolor y revulsión estética, la tortura en actos de flagelación en la antigua cultura japonesa.[2]


Fonemas esferas en fosfenos florales

/ alas vitelinas vertidas al mamífero grial contráctil y evaginación de los
                                                                                                             [peyotes

calendarios propagándose psíquica pirámide vítrea de huitziles
                                                                                               [cromotofractos

/fue la efusión de un gong finamente reventado, ganglio vegetal mascándose
                                                                                                                   [profusión

La invitación al viaje revelador de Metamérika; escritura tejida desde los símbolos y lenguajes que refieren constantemente a una forma de vivir, crear y transmitir cosas, artes, sueños y visiones, desde la América Profunda. Es una creación verbal de corte anti moderno, que se desprende del artificio o las florituras del lenguaje a la moda. Su asalto nos remite a ciertas obras de honda belleza, pero aún desconocidas al gran público, como Clarivigilia Primaveral, de Asturias, o La Agonía de Rasu Ñiti, de Arguedas; cantos y metáforas llenos de musicalidad, que revelan las vivencias -y videncias- de la portentosa imaginería de los indígenas  y otros antiguos habitantes del continente.

zuman      una exacta            doasis

/yungas mecanismos de óptica libérrima y zarzarse bajo un cierro azur,

poseer poesía pura.


En esta obra podemos leer y sentir una voz singular,  que se diferencia largamente del actual panorama de poesía escrita en español; los argumentos para verlo/sentirlo así son variados; posee un registro único, -no definido por una escuela, rango generacional ni condición u opción de género-; por sus influencias, recogidas de la otra historia y geografía de América; por el mapa conceptual-cultural que nos describe su periplo (la historia, ciertamente, no empezó ayer), y claro, por la lengua en que narra su viaje cósmico, selvático, de montaña, colmado de ríos profundos, brebajes sagrados, visiones extáticas y sueños primordiales.  

Borde y frontera.
Hay en Metamérika, otro subtexto, liminal, y es sobre las fronteras de la experiencia, y las posibilidades del acto creativo-performático. Digo, hay que cruzar límites poco definidos, fronteras móviles, y descubrir secretos, para acceder a las claves de la obra, pues su juego supone una multiplicidad de escenarios, donde al menos distinguimos: la implementación de un supra lenguaje, con orígenes en la poesía de los antiguos habitantes, el rito religioso de una pluralidad de voces de Los Andes, el Trópico-Caribe y más allá, en Mesoamérica: donde nace y se reproduce esta cosmovisión llena de fuerza, que transforma y sana, curandera ella; superación y vuelo de la otra soterrada Inframérika- la mendiga; todo lo cual soporta el carácter de una extensa experimentación, alucinada y alucinógena.      

Metamérika, supone, en su lengua extrañamente jovial –a pesar de las ineludibles referencias que conectan su ánimus, a lo arcaico-, una invitación a viajar, a conocer/nos fuera del lugar común, más allá del hábitat donde actúa y perdura lo domesticado que hay en el hombre. Por eso seduce y por eso también, es compleja su lectura, porque no te vez ahí, reflejado, de buenas a primeras, porque se requiere paciencia y otros códigos distintos a los usuales, para ingresar en su laberinto espeso, geografía humana abundante en viejos fumadores y comedores de hojas y plantas, tan antiguos como la tierra.

En movimiento.
La vivencia de corte chamánico e iniciático de esta Metamérika, se recrea en el rito, no en los mitos. El rito es movimiento, debe reinventarse a sí mismo para sobrevivir, es adaptativo, se despoja y se corona, una y otra vez, es múltiple y rizomático[3]. Tú haces al rito. En cambio la mitología te envuelve y atrapa en su mantra de prohibiciones y quietismo. Un hombre /una mujer, es quien se lanza al rito de ingerir el brebaje alucinante, para abrir los ojos desde dentro, camino a un más allá, que luego debe re-encontrar, en si mismo. Esto no es evasión, es descubrimiento, es riesgo vital, y- no atreverse, es fatal-. Eso es lo que nos propone esta poesía con su lenguaje de fronteras y experiencias sorprendentes.

 /nazco en nazca

: LOS SUEÑOS ERAN NUBEGLIFOS POR LUNACEPCION Y
SINESTESIA (GEOMETRIA SACRA)

Estar hablando hoy de esto, y pensar una escritura con estos referentes, es muy notable. Te saca, descoloca, pues transgrede el canon y los usos imperantes. Te reinstala en otro universo fónico y verbal. Y para seguirlo, ya no bastan las viejas herramientas de la gramática, ni la academia, o de la producción en masa, con sus símbolos gastados, que se han quedado mudos. Puede hasta irritar su singularidad.


Influencias y divergencias.
Los Beat hicieron del viaje su marca, su estigma. Ellos recorrían América, de costa a costa, (sin salir  de USA), en esos inmensos automóviles que fueron la cima y el signo de la cultura norteamericana de la época. Metamérika va de sur a norte, del desierto a la selva; es multilingüe, multicolor, excesiva, recorre los ejes del continente; indígena, blanco, negro, mestizo; balbucea, ensaya en sus lenguas; suelto, alegre, como chicos recogiendo frutos del campo.
La tentadora provocación de Metamérika es, como en la frase del Barco Ebrio, de Rimbaud;  y vi lo que a veces los hombres creen ver.

/entonces has de ver y vivir la vida, celebrar la ceremonia de las
equivalencias, cantar

el misterio de la existencia, dando gracias y alabanzas al Gran Espíritu.





[1] Citado en: Tesis de filosofía de la historia,  Walter Benjamin, (1940), Traducción  de Jesús Aguirre. Tuarus, Madrid 1973.  
[2] El erotismo, Georges Bataille, Fábula, Tusquets Editores, 2ª edición de 2010.
[3] Deleuze-Guattari, Capitalismo y Esquizofrenia, 1972.    
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