viernes, 25 de mayo de 2012

Hugo Correa y la literatura fantástica en Chile [por Aldo Astete]

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Hugo Correa y la literatura fantástica en Chile
Una breve aproximación a los problemas del campo literario fantástico.

Hace un año encontré en Valdivia, en la librería de viejo “Donceles Cafetelibros” un libro que cambiaría mis derroteros en la literatura, especialmente en la Literatura Chilena. Dicho libro me llevaría a escribir un artículo sobre “La mirada distópica de Hernán Varela en “Los Altísimos” de Hugo Correa” y posteriormente a centrar mis esfuerzos para realizar mi tesis de Magíster en su obra.
Gracias a este descubrimiento, comencé por contactarme con quienes estuvieran involucrados con la Ciencia Ficción en Chile: si bien, mi búsqueda fue poco ortodoxa, al utilizar lo que estaba más cercano a alguien que está del otro lado de la nada, Facebook fue el medio y rindió frutos. Ingresé al grupo de colaboradores de Cinosargo y tuve la posibilidad de conocer a su editor Daniel Rojas Pachas, quien me contactó con Pablo Espinoza Bardi y sus “Necrospectivas”. Más tarde, conocí a Emiliano Navarrete y su grupo, Chilenia Ucrónicas de La República. Luego apareció en este indagar Sergio Alejandro Amira y su “Identidad Suspendida”. Poco a poco fui descubriendo sitios de difusión de la nueva literatura de fantasía en Chile como: Puerto de Escape, Spira Mirabilis, Chile del Terror, Fantasía Austral, Erizo, Poliedro y ahora último, a Carlos Lloró y Kounboum de la serie “Inferno”. Pero esta es otra historia que aún está en desarrollo y que se la debo a Hugo Correa y a su obra “Los Altísimos”.
Curiosamente un día, en el terminal de buses de Puerto Montt encontré otra obra de Correa, “Los Ojos del Diablo” a un precio irrisorio, 1000 pesos. Me llamó bastante la atención y comencé a leerla enseguida. Esta novela, ambientada en el campo chileno, seguramente en la sexta o séptima región, tenía cierta similitud a un tipo de novela que en Chile gozó de bastante reconocimiento, pero que hoy, parece algo anticuada en su estética y temática. Sin embargo, al continuar su lectura descubrí un mundo perfectamente creado por el autor, en que la figura del diablo es una especie de personaje omnipresente, que mantiene al lector en una nebulosa, pues nunca aparece de manera física en el relato, manteniendo el suspenso opresivo en la lectura y en el desarrollo de las acciones de la obra.
Es lamentable que Hugo Correa haya sido uno de esos escritores ignorados por los campos de poder literario, que encumbrar a otros que no pasarán de ser un boom momentáneo, amparándose en la contingencia. No obstante, la buena literatura perdura y se mantiene actual y completamente contemporánea, pese a estar escrita en otra época. La obra “Los ojos del diablo”, fue escrita en 1972 y nótese que Ediciones Universitarias de Valparaíso se atrevió a editar 5.000 ejemplares, una cantidad casi inalcanzable para sus continuadores hoy en día. Surge la pregunta ¿Qué hace que una editorial se embarque en semejante edición para una novela y escritor que no logró pasar a la posteridad masiva de nuestra literatura, cómo es que suceden estas cosas?
Por otro lado, “Los Altísimos” es una novela publicada en su primera edición en 1951 y que ocho años más tarde, corregida y ampliada alcanzó la misma cantidad de ejemplares que “Los ojos del diablo” siendo considerada por Cedomil Goic una de las mejores novelas escritas en nuestro país, un país de grandes poetas.
Aventurándome a una hipótesis, que creo, es compartida por algunos escritores que se desenvuelven en el mundo de la literatura fantástica nacional, me atrevo a decir que se debe al desprecio editorial, político-literario y canónico que existe en nuestro país hacia una literatura de “evasión y poco seria” como le llaman algunos.
Lamentablemente, hablar de las pellejerías del hombre, e intentar dar consejos revestidos de sabiduría, es mejor visto para las editoriales y para el público en general, que tiene y puede adquirir libros nuevos en Chile; que imaginar mundos posibles donde en el peor de los casos, resulta ser el mundo en el que estamos viviendo y del cual muy pocos logran dar cuenta.
También se sabe que los contactos políticos, familiares, de poder y editoriales, hacen una gran diferencia a la hora de salir al mercado. Digo mercado, pues todos pretenden lucrar con un arte que debiera ser popular, democrático y accesible a la diversidad de lectores. Es verdad que el impuesto al libro es de una usura sin contrapeso en el resto de América, pero, a pesar de eso, hay un afán mercantilista en algunas de las editoriales independientes (que debieran ir en contra de lo establecido) que ofende al arte y a los artistas que terminan realizando autoediciones por medio de editoriales independientes que sólo buscan generar recursos para autoeditarse o editar a las amistades, jugando con el sueño de la opera prima. Creo, fehacientemente, que este mercado está enfermo, y que nos afecta a todos, pero particularmente a quienes pretendemos publicar y a los que ya han publicado, a quienes ya no están con nosotros, a los escritores de culto, a los buenos y escasos escritores nacionales.
Para mí, Hugo Correa se ha convertido en un estandarte que me impulsa a descubrir este mundo fantástico del que muchos reniegan como si se tratara de una enfermedad contagiosa, de la cual, es mejor estar a cierta distancia. No claudicaré en mi empeño hasta que se borren las sonrisas irónicas de quienes componen el mundo académico conservador que se solazan al oír a un estudiante de Literatura pretender orientar sus esfuerzos hacia una literatura de fantasía (terror, gore, ciencia ficción, alta fantasía, ucronía, distopía, etc., etc.) y dejen de mirar con extrañeza a quien decida seguir un camino distinto a los estudios culturales, de género, oralitura, o etnoliteratura que, en este momento, parecen ser las tendencias investigativas con mayor desarrollo en nuestro país.
No puedo creer que escritores tan valiosos como Hugo Correa y novelas tan bien escritas como “Los Altísimos” o “Los ojos del diablo” no gocen de un espacio destacado en nuestra literatura. ¿Tendremos que continuar esperando que desde fuera se reconozca su mérito, que la Dra. Valeria Wagner, académica de la Universidad de Ginebra, dicte una conferencia en Chile sobre “Los Altísimos de Hugo Correa y las ciudades del porvenir” o que más atrás en el tiempo, el propio Ray Bradbury reconociera el talento y la importancia de este escritor invitándolo a Estados Unidos a realizar conferencias y a publicar en medios de aquel país. Hugo Correa es considerado el más importante escritor de Ciencia Ficción en Latinoamérica y en Chile nos damos el gusto de desconocerlo o mirar de reojo y con desconfianza a quien opta por rescatar y analizar su obra.
Finalmente, quisiera señalar que las literaturas fantásticas en Chile tienen mucha fuerza y que su salud es muy buena. Sólo falta que usted se atreva a leerla, tanto las narrativas de otro tiempo, como las que hoy en día se producen y distribuyen alternativamente en nuestro país. Pero por sobre todo, grábese bien el nombre del escritor que da origen a este artículo y si encuentra en librerías de viejo alguno de sus libros como “Alguien mora en el viento”, “El que merodea en la lluvia”, “Nido de furias”, etc. no dude en adquirirlo, le aseguro que tendrá mucho en qué pensar durante y después de sus lecturas, no será un tiempo perdido, de ninguna manera.

Aldo Astete Cuadra
Profesor E.G. B.
Magíster en Literatura Hispanoamericana Contemporánea
http://sinotragico.bolgspot.com
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