viernes, 6 de mayo de 2011

Oswaldo Reynoso, el best seller clandestino de Perú [por Rodrigo Ramos]

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Oswaldo Reynoso, el best seller clandestino de Perú

Entrevistador: Rodrigo Ramos Bañados.


Una chica, media borracha, con marcado acento español y que repite a cada rato la palabra pepino, insiste en no creerle a Oswaldo Reynoso (Arequipa, abril 1931), a quien la chica no ha leído, que compartió con Roberto Bolaño, cuando el autor de “2666” pasó en alguna ocasión por Lima. Puede afirmarse que la chica tiene una obsesión con Bolaño. En efecto, desarrolla un documental.

A pesar de su borrachera, la chica ata los cabos sueltos y determina que el hombre de pelo de ajo, beatle café y de una edad indeterminada después de los 60 años, que también parece un padrino de alguna mafia perdida de Los Andes, conoció a Bolaño y le pide por favor que le cuente su experiencia para el documental.

Reynoso responde: primero, mira aunque haya tomado cuatro veces con alguien eso no me da derecho a aparecer en un documental sobre él y hablar de éste, menos si está muerto.

Después la chica saca, por quien sabe qué razón de mierda, las inversiones chilenas en Perú. Reynoso tiene claro que los chupasangres no tienen nacionalidad. La chica sigue con Humala. El escritor no quiere repetirle las pestes que nos habló antes de los Fujimori. La chica insiste con Humala v/s Chile. Reynoso, tomando distancia, le dice: no te odio, odio lo que dices.


Oswaldo Reynoso, autor de la novela “Los Inocentes” que puede considerarse como el best seller clandestino de Perú, estuvo en Antofagasta como parte de la primera feria del libro de esta ciudad. Tal vez era el invitado menos conocido entre el grupo de escritores invitados. Sus acciones contrastaron de inmediato con la de los más mediáticos, los célebres. Reynoso, por ejemplo, pidió a los chicos de la nortina editorial Cinosargo, que lo llevaran a alguna cantina. Nos fuimos al centro.

Bebió varias cervezas en la shopería Real y después seguimos por otra shopería. Esta vez los 80 años ni le pesaron. Esta entrevista puede decirse que surgió ahí. Dentro de todo lo que dijo con esa urgencia de dinosaurio conciente de su extinción, me (nos) interesó por esa cola de dragón que conlleva, su cercanía con el origen de Sendero Luminoso y su opinión de lo que el denomina literatura chatarra, donde encaja, por ejemplo, a Jaime Bayly y otros.

La resaca no dio el espacio para una entrevista formal, concertada esa noche.

Willy, editor de Cuadernos del Sur, la editorial de Tacna, insistió con la posibilidad.

Nuevamente nos reunimos. Esta vez en medio de una asado en la casa de Sergio Riquelme, poeta. Todo iba bien hasta que llegó la chica que vivió algunos años en España. Más temprano que tarde, todos nos fuimos mosqueados por la chica.

Una hora antes de su partida a Lima, por fin hundí el REC.

En algún lapso fallaron las pilas de la grabadora, por esto parte de sus respuestas fueron extraídas de mi memoria.

El escritor se recuesta en la cama del Hotel Antofagasta pues le duele la espalda, y contesta de lado. Demasiadas chelas al parecer.


-¿A quién debemos culpar de que su obra no se conozca ni se difunda en Chile, o tal vez sería distinto si usted estuviera dentro del catálogo de una editorial multinacional como Alfaguara, por ejemplo?

-Esto se debe a una actitud ética y estética con la publicación de un libro. Yo escribo una novela o un cuento, cuando veo que más o menos obedecen a ciertos criterios de una autocrítica valorativa. Luego de esto lo doy a una editorial que lo publique.

Una vez publicado el libro a éste le salen patitas. El libro por si solo comienza a cambiar. Si el libro es bueno y tiene recepción de los lectores, éste se impone. No intervengo en nada. Si este libro puede cruzar la frontera, mejor. Y si no cruza la frontera no tengo ningún problema. En cierta forma uno escribe para su gente.


-Después de varios años mi libro en “Octubre no hay milagros” fue editado en Argentina, por Andariego. Su interés surgió después que hallaron el libro en una de las tantas ferias. Recibí el correo de una señora francesa, traductora, que quería editar el libro “Los Inocentes”. Luego recibí otro correo desde Bulgaria, con el mismo tenor.


-Estoy en contra de la política actual que hay sobre el libro, fundamentalmente orientada por las trasnacionales donde lo importante no es el libro, sino la persona. Estas editoriales están creando de la nada, figuras transgénicas y mediáticas. La gente se entusiasma no por el libro, sino por la persona. En la literatura hay que tener seriedad y por esto, tengo mucho cuidado en leer las ediciones de las trasnacionales pues he tenido muchas sorpresas.


-A estos escritores de multinacionales los pasean como la mujer barbuda por todas las ferias del mundo y cuando uno los lee, se produce un desencanto. A estos podríamos llamarlo como la literatura chatarra, la literatura descartable. Algunos críticos le han dado el título de literatura Light, y me parece que es hacerle un gran homenaje. La literatura Light quiere decir ligero. Grandes autores produjeron literatura Light de gran valor literario, como Shakespeare, que con tragedias profundamente humanas trató los problemas fundamentales del ser humano. Lo mismo podemos encontrar en Cervantes.


-Ningún gran escritor ha dejado de incursionar en el terreno de la creación ligera. Lo que tenemos ahora no es una literatura ligera, sino que una literatura chatarra y descartable.



-¿Qué piensa de este visibilidad de ciertos autores peruanos por sobre otros como usted?


-Hace décadas los escritores latinoamericanos teníamos la oportunidad de leer a los grandes autores de cada país a través de editoriales de mucho prestigio, como Losada, entre otras. Uno elegía a Losada, porque no iba a publicar libros sin ningún valor. Me pasaba lo mismo con la imprente Ercilla de Chile.

Antes había más contacto en los escritores.

Hoy, en cambio, las transnacionales se encargan a través de sus redes de difundir en medios importantes sobre la literatura chatarra. Ellos dominan periódicos y canales de televisión. También dominan los grandes premios literarios. Por esta razón un colombiano, por ejemplo, conocerá a ciertos escritores por sobre otros. Al final, no hay un conocimiento de la auténtica literatura que se hace en cada país.


-Otro gran problema es que las trasnacionales en forma directa o indirecta inducen a los nuevos escritores a que sigan esa línea de literatura chatarra. Hay un joven escritor muy talentoso en Perú que envió su editorial a una novela. Ellos le dijeron que cambiara el perfil de algunos personajes, por ejemplo, y la forma de hablar de los personajes.



La grabadora se detiene y Oswaldo también. Aprovecha de llamar a la recepción por unos bultos. El taxi lo vendrá a buscar en 30 minutos.



-¿En su discurso, se entiende que usted no empatiza con la globalización?


- La frase no es mía, pero cuando me pregunta esto respondo: “escribo para que el mundo sepa como vivimos aquí”. Me interesa mi gente.


-¿Qué opinión tiene de Roberto Bolaño, se lo pregunto por la insistencia de la chica?

-He leído varios libros de él. En general, innova la forma de narrar y a la vez emplea mucho léxico popular.


-¿Cómo llegó a Los Inocentes, y a la vez que lo ayudó a armar ese léxico popular que usted habla?

-Llegué a Lima a los 20 años. Para mí fue una verdadera sorpresa encontrar a jóvenes de mi misma edad que eran más avispados, más vivos que hablaban en forma ligera y que a la vez, empleaban una serie de términos que yo desconocía. Eso me impactó bastante. Inmediatamente me integré a estas colleras. De ahí salió el libro. Fue una creación espontánea.

El libro se publicó cuando tenía 30 años, pero lo comencé a escribir cuando tenía 20 años.


-El libro provocó gran impacto en Lima por varias razones. En primer lugar por el uso de este léxico popular peruano porque la gente se había acostumbrado a leer una literatura llena de palabras bonitas, entonces si algún personaje tenía la necesidad dentro de la misma historia de decir puta o mierda, el escritor pudoroso ponía p… o m…

En cambio, yo puse toda la palabra.

Recuerdo que me hicieron un reportaje por televisión y el conductor muy agresivo dijo que el libro que estaba lleno de groserías y que por respeto al público no podía leer esas groserías. Le dije que estaba mintiendo pues en el libro no había ninguna palabra vulgar. El se extrañó. Le aclaré que una palabra grosera era patria en boca de un militar traidor o la palabra justicia en boca de un juez corrupto. En la literatura no hay palabras buenas o malas, sino que palabras bien empleadas o mal empleadas.

Otro razón de porque el libro fue repudiado, es que la sociedad peruana en esa época era muy pacata. Es decir, el cuerpo terminaba en el ombligo y continuaba en las rodillas.

También generó críticas el empleo de técnicas modernas de narración como el modo interior, el rompimiento del tiempo y la presentación de personajes.


-Regreso a la chica ¿Qué opinión tiene de los empresarios chilenos en Perú?

-Para el grupo de los empresarios no existe en patria, lo que existe es el dinero sean peruanos, chilenos o estadounidenses. Ellos no tienen patria.


Golpean. Le cuesta levantarse a Oswaldo Reynoso. Le molesta la espalda. Llega a la puerta como si tuviera una tonelada de plomo en los zapatos. El botón del hotel le trae los bultos y le pide un autógrafo.


-Usted vivió en China ¿Cómo fue vivir de cerca la matanza de Tiananmen?

-Llegué a China un año después de la muerta de Mao. Todavía en esa época se aplicaba la política de la revolución cultural. En los 12 años fui testigo de cómo esta política socialista fue desmontándose gracias y empleo la palabra gracias no en el sentido positivo, sino que negativo. Creo que la solución del ser humano es el socialismo, no el capitalismo que todo corrompe y destruye.

Toda esta convulsión en China estalla en la rebelión de los estudiantes con el fin que todos conocemos.


-¿Cómo fue su vinculación con Sendero Luminoso?

-No es el momento de tocar este tema. Sin embargo la novela que no he terminado de escribir hablo de los orígenes de Sendero Luminoso, cuando hice clases en la Universidad de Huamanga.

(http://puenteareo1.blogspot.com/2006/11/la-guerra-populista.html)

-No soy un escritor que planifica. Escribo por pulsaciones internas.



-¿Actualmente cómo se sostiene en lo económico?

-Soy profesor universitario cesante. Hace 8 años que mi pensión está congelada. Eso no me permite vivir como uno desearía. Los ingresos los adquiero con conferencias y charlas, además de un contrato con la Universidad San Marcos por mis libros.


Por teléfono, le avisan que el taxi llegó.


En estos momentos en el Centro Cultural España de Lima, hay una exposición de instalaciones y videos sobre “Los Inocentes”.

http://www.revistaparaleer.com/noticia/2011/04/06/los-inocentes-de-reynoso



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