miércoles, 30 de junio de 2010

El Ministerio de Cultura y los dichos filosofales




El Ministerio de Cultura actual y los dichos filosofales

Escribe Carlos Amador Marchant

(Breve visión de una realidad)


Porque “A veces, el silencio es la peor mentira”, como lo dijo el filósofo español Miguel de Unamuno, nos vamos trasladando por las calles con ese ropaje que alarma.

Después de todas estas semanas donde el fútbol se entremezcló en las poblaciones chilenas, emergimos de nuevo con la realidad que nos deja sentados siempre en el mismo sitio. ¿Somos fetichistas?. Me quedo pensando en esto que nos circunda. ¿Cuánto hemos avanzado en el fútbol?. Mucho. Pero.. ¿Hemos sido capaces de superar a la selección de 1962?. Imposible.

Volviendo a la frase de Unamuno, rescato, busco, como si fuera aguja en el pajar, situaciones que a todos los chilenos nos preocupaban antes de comenzar el Mundial de Fútbol: “el cambio de gobierno y los sorpresivos despidos”. ¿Cuánta gente en este momento quedó sin sus puestos de trabajo?. Y lo peor ¿cuánto silencio se ha interpuesto en medio de esta atrocidad en pleno siglo 21?.

Me preocupa sobremanera, por ejemplo, el Ministerio de Cultura, aquel sitio donde debiera predominar el conocimiento y de donde emergerá la sabiduría de un pueblo, la ayuda real hacia los exponentes del arte y el predominio de la cultura para engrandecer a una nación. Allí, precisamente, casi de inmediato al asumir el actual gobierno, se comenzó a poner en práctica el rastrillo, práctica ya conocida en los tiempos difíciles y que muchos chilenos quieren olvidar. Me preocupa, por otra parte, y permítanme decirlo, el temor de la gente, ese temor que se transforma en silencio (y aquí volvemos a la frase de Unamuno) que nos conduce a pensar que muy poco o nada se avanzó en los últimos veinte años, en el tema de las confianzas, de perder el temor hacia los que se adjudican la chapa de opresor.

“A veces, el silencio es la peor mentira”, claro, porque en los pasillos de esa entidad los rostros despavoridos de los trabajadores, salvo el de sus dirigentes, semejan autómatas.

La sabiduría del gran pensador de Bilbao vuelve a cobrar actualidad. Porque este silencio sinónimo de mentira, no sólo está instalado en la mente de los desprotegidos trabajadores, sino también en las nuevas autoridades que se sentaron a mandar dicho Ministerio. Sabido es que en cada cambio de gobierno (en democracia) los llamados puestos de “extrema confianza” comienzan a ser cambiados. Esto es normal y lícito. Pero no lo es cuando se comienza a rastrillar en trabajadores comunes y hasta en artistas. Más aun, utilizando la “ilegalidad dentro de la legalidad” que involucra los famosos contratos a honorarios, donde cualquier persona puede ser enviada a la casa en el momento que a la empresa o institución se les dé la gana. Lo peor de esto, es que la mayoría de los casos de despidos, fueron ejecutados sin mediar informes o causas del mismo. Más peor aun, cuando se le preguntó a asesores del Ministro Cruz Coke, sobre las verdaderas razones de los atropellos sorpresivos, ellos mirando para todos lados, titubeando, no respondieron nada, incurriendo en mentiras que luego fueron ratificadas por funcionarios que se sintieron aludidos.

Estamos hablando, y esto me preocupa, de un gobierno que recién comienza y que se instaló promoviendo el terror entre los ciudadanos. Que en vez de solucionar problemas, por ejemplo la cesantía, la acrecienta, y deja a su gente, a la gente que votó por él, incluso, en la peor indefensión.
El Ministerio de Cultura cambia su faz, de un estamento donde la gente reía y se saludaba en los pasillos, veo ahora con preocupación, rostros tristes y temerosos.

Me preocupa, por otra parte, la práctica de la mentira y hasta el nepotismo que supuestamente erradicarían, pero que en los primeros meses agigantaron.

Estoy hablando de un Ministro de Cultura que es artista y que como tal debe promover el humanismo. Yo no sé si él sabe o está enterado del accionar de sus asesores y en especial de una de sus asesoras. Espero que no sea así para el bien de su imagen.

Estoy preocupado, y perdonen ustedes, por estas situaciones en un Ministerio que me representa.

¿Será que debemos recurrir a las frases del filósofo griego Aristóteles para graficar estos antecedentes?: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.

Esperemos se recapacite, por el bien de todos los chilenos y de los artistas.


martes, 29 de junio de 2010

POP - Rodrigo Ramos Bañados [Escrito por Eduardo Jeraldo Farías Alderete ]


Cuando Ramos Bañados nos sorprendió con Kalule su proyecto de novela, no previmos a POP, si bien es cierto, nos habíamos acostumbrado a la crítica y a veces cruel realidad encarnada en sus historias y personajes, esta vez nos encontramos de golpe con esta novela corta, dúctil, ágil, llena de ironía y reveses en que la critica a una realidad que nos determina como sociedad contemporánea aflora cada cierto tiempo en una trama abarrotada de hedonistas, donde la moral, fuere cual fuere el eje que la determine, prácticamente se halla ausente.

Sin embargo como un escenario festivo, esas líneas en que se relata los eventos pasados, nos interioriza de una decadencia constante, nos hace parte al cerrar los ojos y abrir las alas de la imaginación de escenas indescriptibles que apelan a los instintos más atávicos de cada uno de nosotros:

“Los goatseanos son una secta de cochinos, exhibicionistas de Fotolog y sádicos sexuales que se van introduciendo porquerías –u objetos de diámetro creciente- por el ano hasta alcanzar una dilatación exagerada. Así, el orificio logra un tono rojizo, de rosón, de donuts de paco gringo (recuerdo la película Fargo) o de molusco chupador de roquerío.”

El lenguaje directo impacta, modela nuestras escenas, las citas se atiborran para demostrar que vivimos en una sociedad en que orbitamos alrededor de una cultura despiadada en ejemplos y paradigmas, en que la imagen lo es todo o la imagen nos determina, ávidos por ver la película de moda o la de “cine independiente” que de igual manera nos subyuga:

“A Tarantino podría gustarle hacer la película de Romo, la biografía, con una serrucho de utilería y una bolsa de sangre y detrás la imagen de Pinochet, con esos lentes negros de carey. Podría rodar la película en los desiertos de México, país del perfumadito Alejandro González Iñarritu, el de “Amores Perros”, que ya no parece mexicano, que ya no parece latino. Engreído, diría la “Gata Salvaje” de la teleserie.”

Y hay mucho más. A la cultura globalizante , envolvente, Ramos Bañados la enfrenta, la contrapone a la realidad variopinta de esta América Latina, logrando contraponerla y superarla, más allá de una operación de dialéctica a la usanza clásica aún más allá de la dialéctica Marxista, esta realidad vence a la visión globalizante, no como algo que viene a rescatarla, sino que sólo viene a exhibir la realidad que nos envuelve y que muchos,de todos los niveles socioculturales tratamos de mayor o en menor medida de huir. Se diría: “América Latina , apesta”. No lo decimos, pero muchas de nuestras actitudes parecen decirlo.

“San Juan de Lurigancho, Lima=Alto Hospicio x 10= ó miles de casas dormitorio sembradas en el desierto, donde las pieles se ponen ásperas y la cabeza pica con el sol por los costrones de tierra y los ácaros gordos que se escabullen como si el cuero cabelludo fuera cuero de perro y los piojos fueran garrapatas y a Luci parece importarle un carajo, como a los niños gitanos de la Plaza Colón de Antofagasta que corren descalzos y a veces desnudos, con las costillas marcadas en sus pieles de terciopelo y las plantas de los pies negras como carbón y sus opacos cabellos rubios, pegoteados como los pelos con pintura seca de un brocha le dan un valor, un precio, según la parvularia (en ese tiempo, esposa del Farolo), porque así, en esa inmundicia, parecen chicos europeos de campo de concentración Nazi de la película de Spielberg, y para mi estos chicos mugrientos pero rubios, ya eran parte del paisaje de la Plaza Colón como los perros, las palomas, los borrachos y son (serán) inmunes a las enfermedades en contraste con los estornudos de los niños que pasan de la manode sus madres y la parvularia, toda solidaria, ya pensaba quitarle los chicos a las gitanas y darlos en adopción a familias europeas para que tengan una mejor vida, decía con tono bondadoso, un mejor futuro, una familia que los cuidados los transforme en criaturas indefensas, pensaba, y estos chicos de San Juan de Lurigancho, como los de las tomas de terreno de Alto Hospicio, mantienen la misma inmunología antimicrobios, de los gitanos, y sus dientes lucen sanos y fuertes, y su mirada es juguetona como la de los perritos pequeños y saltarines que comparten sus juegos y la española me dice que es buen lugar éste pueblo=ciudad campamento con la mayoría de la calles de tierra, con graffiti en las paredes sobre el Che Guevara, equipos de fútbol y otros de influencia…”

A mano firme, a mano descubierta, con incisiva pluma nos va deleitando el autor, pero eso no es todo, hay una historia aparte, interesantísima , hasta el momento sólo me he limitado a describir y citar el escenario, la… se podría decir con cierta insolencia “utilería”. La línea central del relato va afinándose con una serie de flashbacks utilísimos a la hora de perfilar los personajes. Una acción avasalladora, violenta...

Más allá de lo interesante que pudiera ser recorrer esas páginas bien narradas, descansan dos aspectos: creatividad y espíritu crítico del autor y la excelente edición de Cinosargo. Las pruebas están a la vista, busquen esta novela, léanla, desgránenla e intenten luego decir lo contrario a estas líneas, de hecho, a mi humilde entender compartirán la visión expuesta en este comentario.



lunes, 28 de junio de 2010

EVOCACION E IMPRONTA DE GUILLERMO DEISLER

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EVOCACION E IMPRONTA DE GUILLERMO DEISLER

Por Waldo Rojas



Conocí a Guillermo Deisler hacia comienzos de la década de los sesenta. Apenas unos pocos años mayor que yo, adolescente recién egresado de la secundaria, él era ya hombre casado, padre y jefe de hogar, al mismo tiempo que un creador confirmado en lo que irían siendo las orientaciones diversas de su actividad artística. Todo lo cual no iba, pese a todo, sin algo de incongruo comparado con su aspecto exageradamente juvenil, su humor comunicativo y franco, y sobre todo sus maneras llanas de muchacho formal y de reglada cortesía. Como para todos sus amigos, Guillermo Deisler fue siempre para mí, espontáneamente, Willi (pronunciado así, a la alemana: 'Vili'), sin asomo del desenfado condescendiente que a menudo se disimula en los diminutivos, y que en su caso parecía calzar mejor que la aspereza germánica de su apellido con el aire de cordialidad reposada, familiar, que se desprendía de su trato.

No me es fácil ahora el deber agregar al regusto de referirme a su persona y obra en pretérito unas fórmulas que las rutinas del lenguaje ya han gastado y vulnerado en su real substancia. Porque Deisler se identificó, para mí, desde nuestros primeros encuentros, a la encarnación del sentido pleno de una serie de calificativos personales positivos. Largo sería redundar aquí en todos ellos, aunque quizás pueda resumirlos diciendo que había, de hecho, en su apostura y modos de temprana madurez algo de claramente ejemplar. No me sorprendió más adelante comprobar que prácticamente todos quienes lo frecuentaron coincidieran en tal apreciación. No podría concentrar en pocas palabras el sentido que para mí tuvo entonces esta impresión. Willi Deisler era un joven de entusiasmos al mismo tiempo vivaces y razonables, curioso de saberes y de búsquedas, sinceramente interesado en conocer y comprender la labor ajena, dispuesto al trabajo en común por poco que una iniciativa mostrara algunos visos de novedad. Muchas de sus innumerables actividades en la gráfica y la edición, en el teatro o en la literatura, brotaron justamente al calor de esta generosidad jovial que supo guardar por el resto de su vida. Generosidad de su persona y de sus talentos, y hasta de su duramente ganado peculio personal, sacrificado a menudo en aras de tal o cual proyecto aventurado sugerido por algún amigo.

Sin un ápice de complacencia obituaria, quizás sea precisamente este rasgo el que mejor reúna, ahora, muchos de aquellos calificativos. Por lo demás, sus creaciones plásticas y poéticas encuentran en la prodigalidad de espíritu que fue la suya su marca más elocuente.

Los comienzos de la década de los sesenta, como se recordará, no fueron, por cierto, un período fácil de sobrellevar. Si bien la sangre no siempre llegaba al río –o no todavía‑, en la vida ordinaria del país chileno se multiplicaban los síntomas de todas las rupturas y conmociones sucesivas que irían a tomar cuerpo más tarde en crisis morales y materiales, con sus sobresaltos de esperanzas y su carga de decepciones. Sin ser lo que se entiende por un soñador, ‑cosa que las exigencias de la vida cotidiana de un matrimonio precoz difícilmente le hubieran permitido‑, Willi Deisler sabía mostrarse siempre de un optimismo insobornable. Adherente convencido de las opciones políticas de la izquierda de entonces, su visión de las cosas y la gente rehuía las gesticulaciones dogmáticas. Signo tal vez de los tiempos, esa actitud suya no era entonces lo propio de la mayoría de nuestros artistas e intelectuales militantes o próximos de serlo, y Deisler sabía hacer valer en su momento, con humor o con firmeza, su negativa de la rigidez intelectual o política. Por el contrario, lo suyo calzaba más con el análisis y el reconocimiento de la complejidad relativa de toda realidad humana. En este sentido le soy tributario, justamente, de mucho de las motivaciones que más tarde me llevarían a interesarme por el conocimiento de la vida política y, sobre todo artística y cultural del período de la República de Weimar, que Deisler conocía puntualmente, y en las que a menudo me hacía advertir un grande y dramático momento del destino y del genio de occidente.

Hacia 1964 tomaba forma casi espontáneamente el movimiento de los entonces muy jóvenes poetas de los sesenta, cuyo núcleo original germinaría, básicamente, en la periferia universitaria provincial. Por una serie de razones ligadas probablemente a mis propios orígenes provinciales además de mi trabajo en la Universidad junto a Jorge Teillier, me cupo en un primer momento y sin proponérmelo demasiado, fungir un poco de corresponsal y vínculo entre los jóvenes de Valdivia o Concepción y aquellos de la capital. Deisler se interesó de inmediato en nuestros módicos desvelos revisteriles entre otros afanes laboriosos de publicación. De aquellas circunstancias surgió en alguna medida la idea de las Ediciones Mimbre, cuyo nombre, dicho sea de paso, era un homenaje suyo rendido a un artesano popular, Manzanito, quien había hecho por entones un arte mayor del trabajo sobre dicha recatada materia vegetal. Ninguna dificultad arredró a nuestro amigo en su voluntad de sacar adelante esta aventura. Ni los escollos de los poderes culturales del momento, ni los obstáculos materiales. Sustrayendo tiempo y energías a la brega por la subsistencia, Deisler concibió, ejecutó de su mano y hasta financió de sus denarios aquellas primeras ediciones primorosas de sencillez y de notable gusto gráfico, ilustradas con sus grabados e impresas hoja por hoja en una minúscula prensa tarjetera mecánica adquirida de ocasión.

Así vieron la luz los Personajes de mi Ciudad, de Rolando Cárdenas, Cuerno de Caza, de León Ocqueteaux, y otras tantas publicaciones poéticas y gráficas, entre ellas una "plaquette", Pájaro en Tierra, con un grabado suyo como ilustración de uno de mis poemas, asimismo que la primera edición de mi propio Príncipe de Naipes, de 1966.

Este último fue un obstinado proyecto suyo. Juntos discutimos en su departamento del viejo Santiago histórico, situado en el sector sur de la Alameda, cada uno de los poemas, su orden en el libro, el formato. Férreo en su convicción de que "los poetas escriben y los editores editan", asumió casi todo el coste material del papel, las tintas y la tipografía, a cambio de mi seguramente poco diestra colaboración manual en la confección del impreso, trabajando en ello por las noches, al fin de sus jornada laborales, o durante los fines de semana, en horas restadas a su vida familiar y a su producción plástica. Con este librito, promovido con tesón por el mismo Deisler, debería yo hacer en cierto modo mi entrada oficial en poesía.

Vente años más tarde, en París, por iniciativa de Gustavo Mujica, otro poeta editor animado de muy semejante voluntad, decidimos reeditar este mismo libro en versión bilingüe y evocando el aspecto de aquella primera edición santiaguina. Escribí a Willi Deisler, en su refugio de Alemania. No habíamos vuelto a vernos regularmente desde 1970, instalado como estaba Willi en Antofagasta y yo en Santiago, y después del golpe militar, exilados él en Bulgaria y Alemania y yo inamovible en París. Allá en Chile como en Europa habíamos sostenido, pese a todo, una correspondencia algo espaciada pero regular. Gracias a ella me enteraba del crecimiento en densidad y madurez estética de su trabajo creador en los diversos terrenos de la gráfica, de la escenografía teatral, las ediciones experimentales y de lo que fue sin duda su expresión más original: la poesía visual. Sin demora, Willi aceptó entonces realizar una docena de bellas ilustraciones, sin más retribución que el sentimiento afable de rememorar, entre amigos, una ya antigua aventura común.

No sé si exista en Chile un exponente tan cabal de una obra artística en muchos sentidos excepcional, ligada tan estrechamente a las calidades –y cualidades‑ de la persona real, carnal y, por qué no, cívica, del artista. Ligada también a una labor tan privada de aspavientos como integrada a las circunstancias concretas del contexto histórico e intrahistórico del momento. Una obra al mismo tiempo dispendiosa de sí y concentrada en su propia búsqueda, animada de lo que parece haber sido su nota fundamental, su concepto clave: la comunicación. Valga insistir en que no se trataba ya de la banalidad mediática a la que el sentido de esta palabra ha terminado por reducirse. Aquella a que apunta la obra gráfico-poética de Deisler involucra experiencias muy diversas de lenguajes –literarios, plásticos, cotidianos, socialmente codificados, etc.‑, pero de lenguajes proferidos realmente, propiamente participados y puestos en acto, entre creadores y espectadores, en un flujo de discursos y de objetos que transita por vías ordinarias y sobre soportes corrientes y domésticos: tarjetas postales, afiches, grafittis, publicaciones efímeras o no. El mensaje aquí, una vez consumado su proceso, no fagocita a sus protagonistas ni elimina aquella distancia que genera, justamente, la necesidad o el desafío de la comunicación. De lo que se trata es de una cierta formulación de la experiencia de la distancia; la que separa ciudades o países, pero también culturas y modos de vida, categorías de edad, de condición sexual o social, y que el hecho situado de la comunicación humaniza en un modo de sentimiento y percepción del Otro.

La enfermedad y la muerte arrancaron a Willi Deisler de éste y otros proyectos, que debían agregarse a tantas realizaciones consumadas. Cada uno de ellos lleva, sin duda, el sello de su riqueza interior y de su talante desinteresado. Este último seguramente rindió a aquella un magro servicio a través de su breve vida, pues este artista de ambos hemisferios no persiguió más en Europa que en Chile el reconocimiento a toda costa. Y el que pudo recibir en nuestro país como el que mereció ciertamente fuera de su patria son por eso mismo tanto más significativos. No creo, sin embargo, que hoy por hoy, Deisler solicitaría de nosotros, sus amigos, otra muestra de reconocimiento que la de acercarnos a su obra, ni que nos pidiera celebrarla de otro modo que incorporándola a nuestros hábitos visuales imaginarios, en un esfuerzo por mirar con ojos cada vez distintos el panorama del mundo y las gentes, no más su realidad palmaria que su infinita, inesperada y sorprendente posibilidad de apertura.

W.R.
París, octubre de 1996.



viernes, 25 de junio de 2010

Invitación lanzamiento ALBRICIA de Soledad Fariña

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Invitación lanzamiento ALBRICIA de Soledad Fariña



Presentación del libro "Albricia" de la poeta Soledad Fariña
Cuándo
mié, 30 de junio, 18:30 – 20:00 GMT-04:00
Dónde
Librería Mundo de Papel, Constitución 166, Bellavista



miércoles, 23 de junio de 2010

Dominó por Por Juan Luis Castillo (Fragmento)

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Reencarnación


Cómo me fui haciendo pedazos no lo sé.

O sí lo sé.

Una respuesta cómoda me conforta

como si caminara sobre una gran alameda

de terciopelo rojo donde llegar al clímax

fuese al final ver esa película en blanco y negro

que todos quisieran ver.


Para ser cierto no encuentro nada mejor que saberme

un personaje de ficción, como tantos otros,

que ha reelegido su guión con exactitud

amando al prójimo como se ama a un animal perfecto

y sin fondo específico siendo tan verdadero

como las sombras que ahora invoco.


Al repasar lo que pude ser no me arrepiento

y créanme lloré a mares por la desdicha

de tratar de ser algo o alguien material

en este mundo luminoso que

se me vino encima después

de cien mil velocidades

y de que la historia

se hiciera cargo

de anunciar

mi sitio.





El viaje comenzó y era inexperto.

Habían tirado los dados y no logré apreciar los muertos

que cayeron al azar paseándose en sus motos eléctricas

ni a los vivos que lentamente entraban en los supermercados

y playas de estacionamiento repletas de limpiadores de todo tipo.


¿Cómo no elegir esta hermosa vida? me dije entonces.


Y reconocí el cielo

cuando una lechuza aterradora

anunció con su silencio la primera palabra

descubriendo mi territorio en blanco y negro.


Hay aspectos que me enorgullecen de la hazaña.

Después de mi ausencia platónica tuve la suerte y decencia

de no terminar como un cínico ante las miradas

del pueblo. Me sentí unido por la sangre

donde hemos depositado la belleza,

nada es más bello que decir hermano a tu vecino

al anciano al niño a la mujer al compañero de trabajo

o al indigente que se esfuerza por sacar adelante su frágil sueño.


Encima, al poco tiempo de ser nadie,

cuando caminaba por las calles disfrutando

de mi éxito con mi silencio insolente,

la gente se acercaba para saludarme

o preguntar cómo estaba la familia.

Y por supuesto, ustedes deben saberlo:

mi padre es actor de reparto y mi madre

sólo un extra que ha destacado en sus pequeño rol.

Mi esposa es la reconocida actriz Leonora.



Pensamos en hijos pero construir nuevos personajes

es un trabajo arduo y con nuestras carreras en franco ascenso

se hace un tanto difícil.


Con ella vivo y somos felices.


Tengo tres hermanos lejanos.

Hace unos días nos cruzamos en el mall,

colgaban sus hijos de sus brazos como frutas que aún no maduran,

me acerqué para tocarlos, ellos sonrieron tiernamente

haciendo un ademán con sus manos: hola, y un beso al aire.

Pude ser un fantasma cuando me vieron, pero ante

su tierna inoperancia puse las dos manos

sobre mi corazón y les envié mi saludo.


Uno de ellos se entregó a Cristo

y eligió ser alguien en otro mundo.

Busqué lo mismo

sólo que me encuentro en este mundo tratando

de llegar a algo con el único afán de amortajar las avenidas.


Merodeando supe profundamente que la fe es sed

y no sabiendo qué hacer reencontré mi nacimiento

y caminé al lado de los que brillan

asumiendo que soy nada que se agranda al evitarse

y se queja al quedar sola en esta enormidad llena

de imágenes burlonas que reflejan pero no sacian.


¿Hablé de encontrar el amor?

Leonora se vistió para mí, yo me fabriqué por mí, después, para ella,

y al menos lo creí, en blanco y negro.



Cuando por fin

la polvareda de este cambio fundamental

se coló por las fisuras de mis labios,

por alguna razón me di cuenta que habían otros como yo:

nadies entre tantos nadies sin diferencia,

tartamudeé dentro de la amnesia

sin jamás lograr hilar frases ingeniosas,

pero descubrí cómo mentir piadosamente

acumulando en mi nuevo reino un estigma sagrado

que en ningún momento entró en contradicción

con otras religiones.


Así, con un anuncio explosivo y a mis pies,

le di la bienvenida a mi nueva forma.




Leonora


Leonora me mira con su alegría contagiosa.

Lleva seda trasparente, camina por la plaza con sus manos alargadas, quizá no me guste el matiz de sus manos.

Siempre estoy preso de la incomprensible espesura de sus ojos, en pocas palabras: amo el torbellino. De ahí recorro las rocas y el vuelo de su pelo,

la luz que llega de todas partes para que nuestras sombras se abracen,

y por supuesto la ilusión de lo que fue y será, el ahora que nos cuenta la inocencia de un beso.


¿Dejó marcados sus labios en mí? paso mis dedos sobre mi boca para besarla una vez más, y cuando de nuevo la luz roza la línea que dejó, su caricia se desvanece sin encontrar mis ojos.

No color, todos los colores, la irrupción indefinible del

blanco y negro,

y la efectividad sumida en la sonrisa de Leonora que ya es un punto en el horizonte,

como el suspiro enigmático de los pordioseros que recogen las migajas de las palomas en la plaza.




lunes, 21 de junio de 2010

Ventana Abierta [escrito por Christian González Díaz ]


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Ventana Abierta


¿Qué hacer? Caminamos, los que podemos hacerlo. Se arrastran otros. Vuelan los más afortunados. Más a la altura de nuestros ojos siempre se divisa una Ventana Abierta. Encontré primero lo que señala Cristián Gómez O. de The University of South Dakota, sobre la antología de estos veintiocho poetas de la generación que cruza los paralelos; se desfila por ellos desde los E.E.U.U. hasta el sur de la isla de Chiloé en el Chile contemporáneo, lejano y propositivo de lo realizado por las generaciones que siguen a esta, que nos presenta Julián Gutiérrez en Fin de Siglo, nueva poesía chilena de los 80. Gómez dice “que de acuerdo a lo que él mismo (Gutiérrez) señala en el prólogo, pertenecen a la generación del '87, aquella que tendría ciertas coincidencias no sólo etáreas (todos nacieron en la década del sesenta, salvo Isabel Gómez, 1959), sino también, tal como lo plantea el propio Gutiérrez, citando a su vez a Jesús Sepúlveda, una “cierta pertenencia a una visión de mundo, una sensibilidad, un lenguaje y una formación relativamente similares”. Luego leí el aporte que señala la poeta chilena de San Bernardo Anita Montrosis, que nos dice: “que toda antología sin duda es un aporte ineludible para la memoria de las letras. De Armando Roa a Víctor Hugo Díaz, de Isabel Gómez a Leo Lobos, el antologador une a 28 autores de la promoción Post-87, nacidos entre 1959 y 1967, que comienzan a publicar a partir de 1987. Este libro es una muestra poética situada en la posmodernidad”. Anita abarcó otro segmento que aparece en la antología, dando valor a las letras de presentación del libro que ahora navega entre mis horas.

Después de leer lo expuesto y comprender que, de todo, por más lejano que parezca en la retórica, podemos encontrar una ligazón que permita unir lo que en principio se dice no unido. Voy a comenzar por establecer que los comentarios que se vienen, responden a dos arbitrarias conclusiones que se han ido formando entre conversaciones, los paseos por el barrio Lastarria ahí donde se emplaza la sede de la Editorial Ventana Abierta en busca de este libro. La Editorial y el trabajo sistemático de Gutiérrez permite a los lectores, a los amigos interesados en las letras que emergen del Chile literario, formarnos desde este universo a la realidad que percibimos y situarnos en el escenario de los poetas que anteceden la generación a la que pertenezco. La primera conclusión responde a las críticas de Cristián Gómez y Anita Montrosis, que se refieren arbitrariamente, como la antología y en general las conclusiones que uno desarrolla en la vida, a los aspectos que logran encajar de manera cariñosa en el mundo adquirido por las horas de lectura, el recorrido y el encuentro con estos personajes que forman parte de la antología. Ellos, han elegido mencionar a una parte de los poetas, por las razones que a cada uno le corresponden de acuerdo a su experiencia. Yo buscaré, y con ello aparece la segunda conclusión, mencionar la poesía de aquellos que han compartido conmigo el viaje, entregándome un portal al universo que ellos componen y dándome notas claras respecto a la búsqueda y la presencia. Señalo entonces que la razón de esta crítica, busca aumentar la invitación a la lectura de esta obra antológica, y en lo general, potenciar y espaciar de manera armónica la presencia de estos autores en la referencia que poseen las generaciones que siguen laborando en el legislar del universo.

Es así como comprendo, vivo y recuerdo. La voz del poeta transforma direccionalmente las sensaciones hacia un orden, orden en el cual “la Palabra” gobierna al pueblo, y es ella, y no el discurso quien interfiere en el pensamiento humano. Conversas en silencio. Algo fluye desde tus pupilas. Tal vez lo infinito de mi lenguaje. Así comienza el primer recuerdo del tripulante pasajero Francisco Véjar, (1967). Su poesía que es también la palabra, señala desde el comienzo de CAPÍTULO DE NOVELA, su pertenencia, su búsqueda, el conocimiento de un estado no real, el cual no podemos alcanzar para confirmarlo. Pertenezco también a esta ciudad, creo en la ficción que encarna, el sueño de alguien que no se reconoce y se busca incesantemente en los espejos… Pertenezco a esta ciudad, mas algo nos une y separa del abismo – de cuartos vacíos y sombras que se encuentran un instante en lo que está más allá de nosotros. Posee Francisco Véjar, un incalculable archivo de imágenes y experiencias que hacen de su poesía una estación permanente para los lectores que han de encontrarse con su obra. Los lugares son comunes para quienes se encuentran con sus letras, el metro, el autobús, el Austin-Mini, van situando un viaje que nos permite estar presente en su historia. La estación Leopoldo María Panero, nos hace presente el viaje, el poeta que se recuerda en su necesaria reflexión, en sus necesidades, en la cordura y la locura señalada por los espectadores y pasajeros. Aquí dejamos lata de cerveza, colillas que se acumulan en ceniceros, cenizas que se acumulan en cementerios. Observamos el funcionamiento del camión de basura mientras el dipsómano vuelve urgente a la estación a beberse el crepúsculo Nevermore. Es tan bella la ruina, tan profunda que ni siquiera el tiempo nos puede destruir. Niebla en la calle Miguel de Cervantes, niebla en la estación Leopoldo María Panero. Disfruta Véjar del recorrido con sus personajes, les brinda homenaje a los que han de mantenerse distantes de los mercaderes de la inocencia, de la pobreza, de la hipocresía, de la falsa moral, común a todas las culturas tras el silencio de casi toda la humanidad. Mas del silencio rescata la posibilidad de platicar libremente con los vivos y con los muertos que ama.

Del mismo año, quien partió con “Piedras rodantes” en el mil novecientos ochenta y ocho. Malú Urriola (1967) denota en sus textos el placer que le provoca escribir. La realidad se hace lamentable pues estamos asistiendo, ante el silencio del mundo que no lee, a una masacre masiva, estamos siendo cómplices de la colonización del mercado, de la mundialización de los errores, y es la poesía que nace de la palabra de Malú Urriola la que coacciona para que esto se revierta y deje de ser el presente una película a la cual asistimos. Soy un sueño aberrante. Y por cargar este deforme destino he aprendido a desprenderme de las gentes como se desprenden las plumas de los pájaros, las palabras de las palabras y las hojas del viento. En el hablarse a sí misma como primera lectora denota su conciencia sobre lo infinito, su preocupación por los débiles y su mirada sobre lo trágico de su destino. Los gatos chicos a veces mueren apretados en el hocico de una perra y parece que juegan y mueven la colita pero se están muriendo. Hacen globitos con la sangre mientras la lengua arranca y el sol lúdico tironea su sombra.Cierro los ojos y me abandono al batir de sus alas, yo que no tengo, me conformo con escuchar el ruido del vuelo. ¿Escuchas? Son olas. Olas que se alzan para fundirse en un océano infinito, algunas se levantan como cabezas humanas en mitad del horizonte, si cierras los ojos puedes escuchar a una india cantar en mitad del desierto, y sin embargo la pasión bruta del alma enjuaga este aburguesado deseo de nombrar miserablemente hasta las cosas innombrables, el nombre del nombre, y amanece. Fui arrojada del infierno para adorar la belleza. Vibrante participe de la ciudad y de sus recovecos. Malú nos entrega una fotografía certera de lo necesario y apunta deslices sobre lo que no debería preocuparnos.

Punto aparte para referirme al poeta Sergio Rodríguez, (1963), que ha hecho de la pedagogía su campo de aprendizaje; las aulas, los recreos y las reuniones sus escenarios y experiencias. La manifestación de las letras de Rodríguez Saavedra urbaniza la imagen, haciéndola apta para todo público y a disposición de los transeúntes de ambas veredas. El poeta Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura escribió refiriéndose al libro Tractatus y mariposa, sobre la literatura de Sergio Rodriguez Saavedra: “Sencillamente magistral…,renueva la tradición del poema entendido como historia, como crónica, como testimonio, señalando un nuevo rumbo y una nueva mirada”. Decisión, cojo el lápiz como una abeja extraviada de la flor y me pregunto si el aguijón será de tinta o veneno. Sabe bien de ciudad y expresión artística, sabe de espacios y de necesidad, recorre la historia por las calles y pasajes, deja las avenidas para quienes disfruten del ruido, el smog y las multitudes. Reconoce cercana a su piel la indiferencia y restriega sobre su cuerpo la historia para desprenderse. Escribo memoria en este embarcadero cuando sus redes traen más frío del que podemos recordar. Queda solo el tejido de las barcas, el grito de Ulises llamando en vano a este perro ahogado en otro siglo. Rostros que hace tiempo parecen condición del pasado observan sospechando que trafique el vino amargo de los naufragios. De alto sentido y cadencia, Rodríguez Saavedra se muestra ante el espectador de sus letras en calma, desprendido de toda molesta interferencia al sentido, a la razón. Dejándonos conocer sus expectativas, entregándonos silencio en el minuto adecuado para permitirnos viajar con él en su conmovedor transito. Y PREGUNTAS QUIÉN SOY, el mismo que se desviste y descalza cada noche para amarte, que anuncia su llegada con el correo perdido, ese que tiene muchas cicatrices en el cuerpo y algo de sangre en el alma, que enseña a leer y escribir con mensajes de agua, el que solo aprende los rostros que quiere, guardándose los odios para otro día, que gusta del futbol y los libros, la mesa servida para los ausentes, que no te habla mucho porque siempre, quiere escuchar como rompes el silencio, un hombre formal, yo, Rodríguez Saavedra, Sergio.

Mirarse en el espejo y no ver por detrás, presentir que afuera anda libre un túnel que se tragó esta historia. La vieja pared de los conjuros, el tiempo olvidado en la caverna, al revés de esta imagen, como un hueco entre dos sitios. Sergio Ojeda Barías, 1965. Conoce el frío de Puerto Natales. Yo conozco de sus letras “Pedazo de mundo” que aparece en el fin y en el principio, como su primer libro. El valle agradece su nombre propio, no vaya a ser que después le cierren los candados del paraíso y todo sea una mariposa de neblina. Su brillante colaboración en revistas literarias ha sido quizás resultado del encuentro en sus años mozos, entre otros que no recuerdo o aún no conozco, con los poetas Mario García, Sergio Rodríguez, Leo Lobos a principios de los años ’80 en la facultad de humanidades de la Universidad de la Serena. Desde ese centro de estudios de filosofía y educación, Sergio Ojeda nos baña de su poesía, de rock, de su descontento y nos muestra un sinfín de iconos imposibles de confundir. De madrugada las palabras van mordiendo café, se aferran al mundo, son cristales que vuelven al líquido. La historia del hombre trae restos de verdad y llenamos la copa de recuerdo en desuso… En un acto de fe construimos diálogos acerca de todas las cosas y jamás dejamos traer la noche a nuestro dormitorio. Que sería del poeta si no luchara contra el entorno mezquino que lo rodea, que sería de él, si dejase la noche muda de lamentos, sin la música, sin las copas, sin el brillo de la botella vacía. Y más aún, como equilibrar ese mismo grito con el deseo mudo de las noches y en ese equilibrio acarrear multitudes, pedazos de vida que se apegan al cuerpo como una maldición. Sabemos que no existe nada peor que la indiferencia, retomamos una y otra vez las imágenes, las noticias, los colegas que llegan al cuarto piso ahí en la calle Amunátegui en el centro de Santiago de este Chile que acompaña. Sabemos por las letras de Ojeda que la ciudad no duerme, siempre está despierta esperando los oídos, los ojos y el palpitar de nuevos corazones.

Destapo el abismo bajo la cama, la frialdad entra buscando refugio. Cecilia Palma, (1962). Viaja por la ciudad con documentos, llega a sus lugares y deja su protección sobre la mesa para decirnos que tiene movilidad propia. Sabe de carretas y de la textura del cemento, escribe la tristeza de esta ciudad para propiciar nuestra conciencia. En una esquina deslumbrando a la muerte, observa las figuras que como sombras pasean por calles padeciendo de vida, vida fortuita y cansada, congelada en algún juego de la niñez. Enfrentada al miedo, escapa de los pisotones y de las circunstancias, para abrir un canal de comunicación y una estancia para sus letras. Calla dictador de la mordaza fecundo hacedor de censura, escapo de las paredes a buscar las últimas estrellas que no se rinden al sol, salgo a recuperar la pupila suspendida en el aire, a mi risa perdida en una esquina cualquiera. En su recorrido habla a las gentes, a los que ha conocido y ya partieron, a los que quisiera que estuvieran ahí, junto a ella, junto al manto blanco de la noche. Vendrás este invierno, lo sé, vendrás al final de la noche al acecho, tu obsesión de esa escritura, en esa imperfecta intención mencionada a la hora del té, persistirá, arrancará soberbios recuerdos en la clausura. Su preocupación por la historia, por los personajes que han sido importantes en su vida, clama con fluidez en sus versos, en su prosa, en su investigación, no dejando tiempo para que se apresure la noche. La pérdida es un abismo sobre la conciencia, un girasol que se deja vencer en invierno y la muerta un insondable al acecho de su propia fuga. El hombre sepulta sus escritos a la espera de su última noche.

A pesar de que es fácil encontrar referencias poéticas de Leo Lobos, (1966). me permito dedicarle este párrafo a mi amigo, un artista integral que viaja en la misión de reintegrar a las artes, en un nuevo lenguaje, en una nueva técnica. Constructor de lápiz de tinta, de carbón, de sueños; de pinceles de oleo, acrílico y de sangre; de acordes en mi mayor, en sol y en la. Su presencia no es extraña en esta Antología, tampoco en otras, Leo Lobos no es un extraño para el mundo, sus versos nacen en varias lenguas y su pluma hace los versos de otros en nuestra lengua, para comprender un poco más, para viajar. …mis dedos escriben en el aire hoja tras hoja en el árbol de mi vida, mis dedos escriben un sin nombre en el aire de estos días. Sus letras acampan a la orilla del camino, atentas a los paseantes que se deslizan por la arena y se quedan allí. el automóvil está poseído por la fuerza de los animales que le habitan como un carruaje tirado por caballos, sobre piedras húmedas de un pasado verano, Río de Janeiro aparece de repente como la secreta forma que el atlántico deja ver desde sus colinas de azúcar. Conocedor de la necesidad del nuevo hacer, inventa tiempos para los encuentros, para los resultados. Leo Lobos construye puentes que cruzan los océanos, invierten la tierra, invita a participar de la ronda indispensable. Un idioma a la vez fascinante, a la vez misterioso y conocido, oír e ir en su música, en sus luces y propias y universales sombras, fotografiar, por tan sólo un segundo, fotografiar con su mirada los perfiles de ser posible, flotar dentro de la sala como un pájaro en la tormenta. Referente de las nuevas generaciones por su interés en integrar a los artistas con las artes, a los amigos con los más amigos, a la historia con la verdadera historia para cultivar nuevos sueños y presentarlos en el escenario de la ciudad, de esta ciudad y el resto de las ciudades. Leo Lobos es un acuñador de esfuerzos, de anhelos e inquietudes sobre el futuro de las galaxias. Las palabras son puertas que abren y cierran sus alas, las palabras son múltiples y contradictorias y poseen el ritmo del trote de un caballo en el pastizal. Sonido perpetuo, interminable llamado al infinito que resiste ante la indolencia de una sociedad injusta y se instala pues no dan lo mismo los futuros. Un día viene después de otro día, y para mí, un día nunca es un día cualquiera, son estas las responsabilidades de ser en un paisaje desierto de humanidad.

Antes de terminar esta reseña deseo insinuar a una parte de mi pueblo, la lucha incansable de los tiempos ancestrales, pues está presente en la poesía de Jaime Huenún, (1966). Un baluarte de los tiempos y los espacios más desconocidos, más enriquecidos por la historia y a la vez más abandonados por el mercado y los caprichos. La poesía es lo que escribo, el agua sobre el agua, me dije contemplando el rocío de las hojas. Huenún nos entrega las ceremonias del amor, el fogón encendido, los pasos del purrún, y toda esa desconocida que se hace conocida con sus letras. Como sombras de lluvia hemos pasado por la amarga tierra de los brujos. La luna se enlutó sobre la nieve como sangre de Dios en las alturas. Y nosotros veneramos las alturas, es por eso que subimos a este monte. Cierra su hermano la serie e inicia el despertar de un nuevo espacio, al que están invitados todos ustedes, los lectores de este tiempo. He tenido la oportunidad de conocer a Jaime, he escuchado su protesta contra la barbarie de los gobernantes y sus fuerzas, hemos bebido café frente a la cordillera y hemos vaciado copas en compañía de otros amigos, gracias a la invitación del músico de Killa Antay, Patricio Pizarro que ha dado acordes a sus letras, las ha transformado en una nueva expresión de arte, un disco de poesía musicalizada e interpretada desde la plástica. Allí se encuentran los poetas José María Memet, Sergio Rodríguez Saavedra, Cecilia Palma, Leo Lobos, Jaime Huenún y quien escribe, haciendo al ritmo de este siglo, con la experiencia, sabiduría y tecnología de estos días.

Todas y cada una de las letras vienen marchando para decirnos algo, todas provienen de una misma tierra aunque de lejanas galaxias del inconsciente consciente, contienen su sonido curioso de oídos que las escuchen, me quedo corto y creo también asumiendo el riesgo, que he dejado arbitrariamente fuera a otros con lo que me encontrado, no por astucia ni envidia, sino por el deseo de descubrimiento que viaja en este texto, que pretende dejar abierto el puente que entremezcle a los lectores con el cuerpo total de la visión de Julián Gutiérrez y está Ventana Abierta Editorial que contribuye al mismo fin, que se transforma en principio.


Christian González Díaz. Poeta, narrador y activista.

Más información del autor en: http://christan.gonzalez.googlepages.com/home



domingo, 20 de junio de 2010

LA INDEPENDENCIA DE CHILE EN EL CINE [Por Juan Carlos García Araya]

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LA INDEPENDENCIA DE CHILE EN EL CINE

Por Juan Carlos García Araya

En pocas semanas más Chile celebrará su segundo centenario desde la formación de su primer gobierno y posterior independencia. Así como en otros aspectos, esta es una buena ocasión para recordar y realizar un balance acerca de los hechos de nuestra independencia llevados a la pantalla grande en la cinematografía nacional o extranjera.

El inicio de la mayoría de las cinematografías nacionales a sido a través del género histórico. En Francia, en 1897 Georges Hatot filmó por encargo de los hermanos Lumière las primeras reconsti-tuciones históricas, "Robespierre", "Marat" y "Charles XII" entre otras. En 1898 Georges Meliès realizó "El proceso Dreyfus". En 1914, en Italia se rodó "Cabiria" dirigida por Giovanni Pastrone. En los Estados Unidos David Wark Griffith filmó "El Nacimiento de una Nación" y en 1916 "Intolerancia". Mas adelante y con el correr de los años estos y otros países continuarían utilizando SUS hechos históricos como elementos dramáticos, según la visión de cada director, para sus realizaciones.

EL CINE Y NUESTRA INDEPENDENCIA

En nuestro país una evidencia salta a la vista: existen muy pocas películas inspiradas en hechos históricos nacionales y sólo TRES basadas en el período de nuestra Independencia y todas tienen como personaje central la figura de Manuel Rodríguez, el legendario guerrillero.

El primer film titulado "Manuel Rodríguez" se realizó en 1910 y fue dirigido por el conocido profesor de declamación y veterano de la Guerra del Pacífico, don Adolfo Urzúa Rosas (1864-1937), por encargo de la Compañía Cinematográfica del Pacífico. Fue, además, la primera película argumental chilena. Poco se sabe de esta producción, basada en la obra "Durante la Reconquista" de Alberto Blest Gana, y que fue estrenada el 10 de septiembre de 1910 en el Teatro Unión Central de la capital. Según una crónica de Antonio Acevedo Hernández, autor teatral y también director del cine chileno, la cinta tuvo como protagonista a Nicanor de la Sotta en el rol de Manuel Rodríguez, acompañándole en los papeles secundarios, actores como Francisco A. Ramírez, Filomena Flores y Carlos Prats. La prensa de la época asegura que tuvo "mucho éxito", pero no agrega nada mas.

"Manuel Rodríguez", la segunda producción, se rodó en 1920 y fue dirigida por el actor y director argentino Arturo Mario. Se estrenó en Santiago el 18 de mayo de 1920 en el Teatro Alhambra y también tuvo una buena acogida de parte del público nacional. Estaba protagonizada por el conocido actor y poeta Pedro Sienna. En los roles secundarios participaron María Padin, Isidora Reyé, Aurora Salas, Clara Pérez, Arturo Mario, Nicanor de la Sotta y Juan Pérez Berrocal, como el bandido Neira.

El relato constaba de 8 episodios en 1.900 metros de película. Entre ellos se destacan el fusilamiento del Capitán San Bruno, algunas anécdotas del popular guerrillero chileno y la actuación del bandido Neira. Los titulos intercalados entre las escenas fueron escritos en versos por Pedro Sienna.

Su realización requirió una gran labor de contenido histórico, los uniformes militares y armamentos fueron confeccionados a partir de los modelos proporcionados por el Museo Histórico Nacional y los trajes civiles fueron tomados del Album Geográfico de Chile del sabio francés Claudio de Gay. Además, por primera vez, se construyó un decorado real que representaba la fachada de la antigua Catedral de Santiago.

Pero sin duda la versión que tuvo mayor éxito fue "El Húsar de la Muerte" de 1925, la tercera película sobre Manuel Rodríguez. Realizada y protagonizada por Pedro Sienna en el rol del guerrillero, hoy pertenece a los clásicos del cine chileno y es catalogada como una de las obras fílmicas más interesante e importante de nuestra cinematografía. Se estrenó el 24 de noviembre de 1925 en los teatros Brasil, Septiembre, Esmeralda y O'Higgins.

La trama gira en torno a las conocidas y populares correrías y episodios vividas por el guerrillero patriota durante el período más difícil de la lucha por nuestra independencia, la Reconquista. Cinematográficamente, la cinta es de una vigencia desconcertante, a pesar de su mudez y de su antigüedad. El lenguaje audiovisual utilizado por Sienna es de una calidad y de una expresión visual tan moderna que en ningún caso desmerece a los ojos del espectador del siglo XXI.

De una hora aproximada de duración, las secuencias se alternan mezclando la acción, con lo cómico y lo trágico.

Esta película es la única del período mudo del cine chileno que aún puede verse gracias a un gran trabajo de conservación patrimonial que se hizo al restaurarla en 1963 en el Departamento de Cine Experimental de la Universidad de Chile bajo la dirección del cineasta Sergio Bravo. Mas tarde, la Cinemateca de la misma casa de estudios, le incorporó música incidental concebida especialmente por el compositor Sergio Ortega. En 1996 se realizó un nuevo trabajo de restauración por encargo del Ministerio de Educación y se musicalizó con la obra compuesta por el músico Horacio Salinas.

Fue declarada “Monumento Histórico” por Decreto N° 742 del Ministerio de Educación de 13 de julio de 1998.

EN ARGENTINA

Algunos de nuestros episodios históricos de la Independencia de Chile sirvieron de inspiración a la cinematografía de la república argentina, cuya historia está íntimamente ligada a la nuestra. En 1913 el director italiano Mario Gallo (1878-1945) realizó "La Batalla de Maipú" con la actuacion estelar de Enrique de Rosas.

El director Leopoldo Torre-Nilsson realizó en 1969 el film "El Santo de la Espada" que narra una parte de la vida militar del prócer José de San Martín abordando su importante actuación en el proceso de liberación de nuestro país. En esta obra actúan Alfredo Alcón como San Martín y Lautaro Murúa, actor chileno avencindado en Argentina, como Bernardo O'Higgins.

PROYECTOS ABANDONADOS

Muchas producciones de ficción de corte histórico se prepararon para ser rodadas en nuestro país y quedaron, desgraciadamente en etapa de proyecto, abandonados por distintas razones, principalmente económicas.

En los años 50 un proyecto de realización cinematográfica sobre la Independencia, tenía a Humphrey Bogart como intérprete de Bernardo O'Higgins. Algunos censores se alzaron contra la idea de que el Padre de la Patria fuera encarnado por un extranjero, se quiso supervisar el guión para cuidar la imágen del Libertador por lo que la idea fue abandonada. Jorge Délano, "Coke" habría aprobado la idea manifestado que Humprhey Bogart era "el único gringo de Hollywood que no tenía cara de gringo".

En 1967, la revista "Ecrán" anunciaba un proyecto fílmico sobre la vida de Manuel Rodríguez que sería protagonizado por el cantante Antonio Prieto. Algunos años más tarde "Chile Films", bajo la dirección de Miguel Littin en 1972 tenía en carpeta el rodaje de dos cintas históricas: "Balmaceda” y un "Manuel Rodríguez" cuya realización estaría a cargo de Patrico Guzmán, y que sería interpretada por Alejandro Cohen, pero la falta de medios obligó a cancelar esos proyectos.

En 1972, nuevamente se intentó llevar a cabo el propósito cinematográfico dedicado al popular guerillero. Esta vez fue Alvaro Covacevic quién lo encabezaba, se titulaba "Manuel Rodríguez, el guerrillero". El rol principal estaría a cargo del actor Marcelo Romo, acompañado por Nelson Villagra como el bandido Neira, Tennynson Ferrada encarnaría a Bernardo O'Higgins, Fernando Bordeau a Marcó del Pont, más Mireya Kulczewski en el papel del amor imposible del guerrilero Rodríguez.

CONCLUSION

Muchos personajes de renombre y talento han sido dejado de lado por el Séptimo Arte chileno, así como sucesos importantes acaecidos en nuestro país. Nuestra historia y la vida política y social chilena son verdaderas minas a explotar. Aunque la película histórica es una empresa ardua, porque recrear una realidad pasada es más difícil que reflejar la realidad que tenemos delante, es siempre importante para un pueblo darle vuelta a la Historia y a su propia historia para encontrar una enseñanza social o política que podemos aplicar a nuestro tiempo. Nuestros cineastas deberían tenerlo en cuenta.

* * *

Londres, 15 de Junio de 2010



miércoles, 16 de junio de 2010

Lanzamiento del libro ChAgAs de la poeta Ivonne Coñuecar.

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Editorial FUGA! y su ciclo de lecturas Los Desconocidos De

siempre presenta:

Lanzamiento del libro ChAgAs de la poeta Ivonne Coñuecar.


La presentación estará a cargo de Alejandra del Río junto con una performance de Samuel Ibarra.

En esta oportunidad realizaremos una edición especial del ciclo de lecturas LDDS este viernes 18 de junio a las 21:00 horas en el bar Estación Terminal.

Los esperamos en: Tomás Andrews [esq] Ramón Carnicer, metro Parque Bustamante.

un abrazo a todos y sigan en Fuga!


lunes, 14 de junio de 2010

En torno a NIMBO, de Valentina Osses

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En torno a NIMBO, de Valentina Osses


El acto de publicar poesía posee una complejidad que quienes ya llevan varias entregas acostumbran pasar por alto –y el pasar por alto problemáticas inquietantes como ésta es uno de los signos de la madura estagnación del creador en su persona, su carácter, su estilo. La conquista de éste termina llevando en sí los rastros de esos fértiles enigmas, que aparecen de cuando en cuando, como recuerdos de la niñez.

Encarar de frente qué sucede con uno mismo al convertir los signos escritos o las vibraciones del aire en algo que se ofrece a un espectador/lector que está en va uno a saber qué más allá puede llevar a la duda más desoladora sobre el mismo rol de sí mismo como creador -¿y quién ha dicho que uno es capaz de crear? Me parece que el riesgo de caer en esta duda como en un abismo es una de las fuerzas que hacen a Nimbo (Valparaíso: Ed. Inubicalistas, 2010) de Valentina Osses un poemario desafiante, en el que no se cede en ningún instante a la tentación de dar una solución –y menos entregar una al lector- a tales inquietudes fundamentales.

La fuente de inquietud del poemario se refiere precisamente a ese nimbo, tan sólo indicado en el título. Para dar pasos seguros dentro del poemario, este signo de la presencia del más allá en una representación –usado para emperadores y deidades- se debe leer en analogía al aura que Walter Benjamin consideraba la seña de autenticidad, del empalme de la obra en el ámbito de la tradición, su carácter original, su aquí y ahora (en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, 1936). Es esta señal la que Valentina se encarga de problematizar en su poética, asumiendo que su creación está confinada a un más acá marcado por el despojo de esa aura y la duda en la propia capacidad de creación original:


La imagen del objeto tiene un solo uso;

trasladar el socavamiento del autor.

Remover su origen a la par de una temperatura melódica;

así también la sangre, nada nos inquieta.

El hecho poético es relegado con esto a la esfera de los gestos, espacio en que resulta imposible asumir cualidad trascendente alguna. Desde esta perspectiva, la obra resulta determinada por la patología, desde el instante en que el movimiento creador es una entrada en yo que reafirma sin cesar una alienación radical del hablante –un descenso del ojo. Para acceder a una posible comprensión de sí mismo, hay una entera dimensión corporal que se resistirá a cualquier sublimación artística:


El brillo del placer hiere cada palabra,

otros dicen que un mismo orden de observación

es un operar salvaje que saca pedazos del cuerpo;

los pedazos útiles.

De hecho, esa dimensión corporal ni siquiera puede acceder por completo a la unidad metafísica que implicaría una conciencia. El hablante está como forzado a la contemplación, estudio y manipulación de las partes que lo conforman en lo que aparece como una débil cohesión, cuyo carácter mecánico no deja de acentuarse.


Evidencia, insinuación, reescritura, condensan el lugar donde se aglutina un quiebre,

eligiendo los cuerpos hacia dentro;

las carencias, las articulaciones gastadas,

hinchados con brazos y piernas encogidos.

Los textos, entonces, entregados a su puro valor exhibitivo, parecen entregarse a la tensión de escogerse como un objeto bello –que circularía como mercancía dentro de un sistema de circulación e intercambio- o una suerte de material autojustificativo, de carácter patológico. En el primer caso, queda excluido absolutamente de un posible mercado de objetos de arte: la sustancia de esta mercancía es aire, su producción y circulación es gratuita. Esto implica que su carácter místico de valor de cambio también cae destruido, sin posibilidad de romper una cadena de producción que funciona en una inercia circular. En vez del golpe de dadosgolpe de monedas, que termina asfixiando el intercambio: la ausencia de aire (medio en el que aquél se podría dar) enmudece a la voz. La condición inicial –física- de la relación entre creador y receptor de poesía deja de existir: el epígrafe que abre Nimbo se revela como programa fracasado, dada su propia desmitificación: mallarmeano, la resistencia del sujeto creador es un


Toda posesión tiene una figura de placer,

incluso el aire, mercancía en una mano,

pertenece a ese esquema dominante.

Por otro lado, el texto puede ganar su validez dando cuenta de una investigación del autor sobre sí mismo, no en cuanto creador, sino en cuanto entidad física y psíquica. Toda relación consigo mismo se asume desde una materialidad que excluye cualquier posibilidad de lejanía –consecuencia natural del despojo de toda aura. Esta dimensión se vuelve al fin patológica, ante la dolorosa conciencia de una absoluta imposibilidad. El ojo fuera de su cavidad, el oído y su cavidad inflamada se hacen objetos tan ajenos que resulta inevitable asumir a este sujeto creador como una anomalía del texto poético, y la valoración del mundo como un acto artificial al que esta conciencia extrema y sin lugar ya no puede aspirar:


En definitiva, hemos vuelto al objeto cualquiera,

generalizable, categoría flotante,

una analogía, una sustitución, un cuerpo por otro.

Contiene en su interior el mecanismo de metáforas,

pero nadie sabrá de qué está hecho plenamente.

Toda posibilidad de asumir este sujeto creador como algo más que esa anomalía se ahoga ante un mundo que hace volver todo registro a una indeterminación mecánica. El recuerdo ya no tiene dimensión emocional, tan sólo se recibe pasivamente como un dolor y se hace presente como un dato de registro del cual cualquier valoración sería absurda:


Una diferencia más entre origen y estructura,

una diferencia más entre grasa pura y costra vieja;

y la diferencia entre esas dos diferencias lanza una línea de fuego

que prende de vez en cuando para mi desesperación.

La percepción se hace, entonces, traumática en la misma medida en que se vuelve inefable. Las referencias al fuego y la luz parecen apuntar a esta evidencia, señal de una extrema alienación, pero muestra de la supervivencia del contemplador, que se rescata a sí mismo en la medida en que ve:


El sol refleja un acto vacío.

La advertencia de la luz,

igual que los ojos hundidos.

La extrema conciencia escritural de Valentina Oses llega a despojar de estructura el poemario mismo. Asumido el carácter fragmentario de la plaquette, esto no alcanza a constituir un defecto, poniendo un desafío patente a la autora de desarrollar las intuiciones presentes en Nimbo en una unidad mayor. Apuesta extrema que llega a instantes de legítima belleza expresiva, el breve poemario llama a enfocar la atención a inquietudes que han estado ausentes durante mucho tiempo del horizonte literario chileno. Un nuevo aporte de Inubicalistas que, al menos en el caso del entorno de Valparaíso, confirma a esta editorial como una de las iniciativas más importantes por su capacidad de tomar riesgos en discursos poéticos que se escapan de nichos fáciles de mercado.

Autor: Carlos Henrickson

http://henricksonbajofuego.blogspot.com/


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