lunes, 26 de octubre de 2009

Cachorro va a la filsa

Cachorro (nombre sacado de un cuento del escritor Marcelo Lillo) se autodefine como escritor, pero no ha publicado ningún libro. Mejor, espera que alguien lo descubra ¿Una editorial? Claro, quiere que una editorial lo venga a buscar a su casa y lo convenza de publicar pues a su juicio sus cuentos valen dinero -dice a sus amigos mientras le echa ketchup a la pizza-, total es el trabajo de una vida. Son 20 años escribiendo en tiempos muertos. Tiempos muertos: los fines se semana, los domingo, los feriados o cuando la tele está fome. Cachorro es lo que llaman un escritor de domingo. Cachorro cree que sus cuentos y una que otra poesía es lo mejor que se hace acá, por esto no le dio mucha importancia a la invitación para la Feria del Libro de Santiago (Filsa). Total era algo por venir y claro, tenía amigos en la mesa. Antofagasta era la región invitada a la Filsa y por esto se había formado una comisión.

Gran dilema el de la mesa ¿Cómo dejar conforme, a un sector que nunca queda conforme? Nadie más ególatra que los artistas. Alguien nombró a Cachorro en la discusión. No puede faltar, dijo ese alguien que tenía jineta. Dio razones por Cachorro: que era políticamente correcto; que el 2001 ganó tal concurso de cuentos; que aborda temas regionales en sus cuentos, como la pampa salitrera y que era antofagastino.
A quienes no nombraron en la mesa o descartaron por razones como “políticamente no correcto” entre otras, rieron cuando le dijeron que Cachorro era el abanderado y lanzaron: que la representación de Antofagasta parecía circo, que se había chacreado, que mejor no ir, que daba vergüenza, que mucho viejo crack, que mucho cagüin. Para Cachorro, envidia y chaqueteo. La envidia para Cachorro era todo un tema. Como muchos de sus pares artistas no aceptaba críticas. Se amurraba si se las hacían en su cara, de frente. La que más le dolió fue una de quién creía que era su amigo en las letras. Su amigo le dijo que tuviera paciencia, y que al final todo cae por su propio peso. Que perseverara, además. De esa vez, Cachorro trató a su amigo de fracasado. Su amigo tenía 55 años, había publicado un par de libros, pero ninguno merecedor de sus elogios. Para su amigo lo más importante era su familia. Para Cachorro, lo más importante –aunque no lo reconociera públicamente- era la literatura y la fama rápida. Ya se veía tomando café en la peatonal Prat firmando libros al lado del escritor consagrado. Ya se veía en París o Buenos Aires presentando sus libros. Pero como dije, Cachorro se autodefinía como escritor, pero no tenía ningún libro publicado.

Tomado de: Hepatítico

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