martes, 18 de agosto de 2009

Vagón de metro

Vagón de metro

¿Hasta qué punto el sistema nos acorraló y no nos dejó sostener nuestras vidas? ¿Qué motivación hay para sobrellevar una vida de espectador y no de protagonista? ¿Cuándo romperemos el plástico?

Después de las 19 horas, los vagones del Metro de Santiago, en especial la línea que conduce a La Florida y Puente Alto, permanecen repletos. En la estación Baquedano es necesario hacer fila para abordarlos. Con un pie dentro del vagón el cuerpo de manera espontánea adopta la forma necesaria para ensartarse en los huecos que deja el puzzle humano. Olvídate si andas cargado. Dentro del vagón los rostros van cabizbajos, y las miradas revelan indiferencia y cansancio. No hay risas, no hay humor. Mañana será lo mismo y así sucesivamente hasta el viernes.

La mayoría, los del vagón, hacemos trabajos parasitarios. Por un sueldo -que sube poco- hacemos lo mismo. Al principio nos costó, pero después cuando le tomamos el pulso, cuando nos acostumbramos, cuando nos mediocrizamos –si se me permite aquella expresión- nos sentimos útiles. Por fin nos ubicamos dentro del mundo laboral. Por fin podríamos optar a los créditos. Por fin el sistema nos iba amarrar.
Entonces de acuerdo al cálculo del vendedor de crédito, que va con cara de espectro en el mismo vagón del metro, puedes con tranquilidad seguir haciéndole las marquitas verdes a las tasas que fabrica la empresa donde trabajas. Tú eres un obrero especializado en pintar tazas. Puedes hacer lo mismo toda la vida, y claro la vida se extiende con los créditos.

“Al cabo de un par de meses produciendo esas tazas yo me di cuenta que mi felicidad era artificial. Me sentí feliz porque veía a los otros felices y porque sabía que tenía que sentirme feliz, pero no era feliz” (Pag 72, 2666, Roberto Bolaño).

La calidad de vida es igual a sacrificio. El tipo se sacrifica por su familia. Sacrificio. Por esto cuando llega a su casa en Puente Alto, quiere estar tranquilo sin embargo siempre hay imprevistos. Aquello lo descontrola. Entre muchas cosas también descontrola no poder satisfacerle los gustos de quien ama. Siempre exigen. Exigen lo que sale en la tele.

“El bombardeo de información ligado al tema del consumo, a que nos digan qué necesitamos para estar bien, tener mejor calidad de vida, o ser correctos. Ahí aparece el formateo de los medios. Uno termina siendo pensado por los medios, cuando les creés como palabra autorizada. Ya no es la cura de la iglesia, ahora es el comunicador, la publicidad, el marketing. Terminan formateándote no sólo lo que pensás, sino también las emociones” (Pág 6, revista MU, Buenos Aires http://www.lavaca.org/).

Como dice el pensador italiano, Mauricio Lazzarato, “el capitalismo no es un modo de producción, sino una producción de modos de vivir, de ser y de pensar. Los medios crean un mundo cerrado, hecho y el sujeto ya no forma parte tanto de la sociedad, la clase o la población, sino del público o los públicos. Como si el modelo actual fuese una gran fábrica de espectadores. Incluso la máquina mediática puede proponer que uno sea protagonista a través de la fama, facebook o cosas que en realidad funcionan con retroalimentación del modelo,y como instrumento de captura y control de facultades de la persona ¿Qué facultades? Dice Lazzarato: la memoria, la atención y su capacidad de relacionarse con otros. Las muevas sociedades “modelan los cerebros y constituyen hábitos, principalmente en la memoria espiritual”. Las empresas más que productos, fabrican mundos. Por eso sus mayores inversiones no son en la producción, sino en el marketing y la publicidad, en la captura del público”.
De lunes a viernes, el despertador a las 6 de la madrugada. Luego lo mismo de siempre.
Si claro, soy víctima de este sistema. Lo asumo. Es imposible salir. Te aprieta la máquina. El trabajo es algo necesario. Eso de dignificar es un mal chiste. El trabajo como está dado acá, en Chile, no te dignifica. Te tecnifica. En trabajar debo ocupar una mínima parte de mi cerebro. Las cosas están dadas así. Nadie discute en el trabajo respecto a porqué las cosas están dadas así. Esto es por miedo. Por miedo al desempleo. El desempleo es el peor escenario ¿Qué le diré a mi familia si me echan?


Por Rodrigo Ramos.


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