jueves, 2 de julio de 2009

Marcelo Lillo: Debo tener muchos enemigos en este país de envidiosos

"El mundo es de los vivos, si no eres vivo te escupen la cara, te patean el culo y no existes, y si no existes estás muerto ¿Quieres estar muerto cabrito?- dijimos a coro". (Marcelo Lillo, en "Gente que baila sola")


De un día para otro los textos de Marcelo Lillo saltaron desde el anonimato de la ciudad de Niebla, a pocos kilómetros de Valdivia a España, sin pasar por Santiago. La vara mágica fue de Ignacio Echevarría, el editor de Roberto Bolaño.
Todo comenzó cuando un cuento de Lillo -que éste envió al concurso de la revista Paula- gustó a Echevarría. De ahí, éste se contactó con el escritor de 50 años, realizó un comentario generoso para Lillo en su columna de Artes y Letras de El Mercurio de Santiago y comenzó la historia.
Hoy Lillo ya publicó el libro de cuentos "El Fumador y otros relatos" que congregó buenas críticas e incluso comparaciones con el mítico cuentista estadounidense Raymond Carver. Ahora lo hace con otra entrega de cuentos denominada "Gente que baila Sola".

-¿Cómo enfrentaste la exposición mediática después de "El Fumador"?
-A 840 kilómetros de Santiago me siento como antes de salir en El Mercurio, y estoy como antes, de verdad: escribiendo, con un pisco sour al mediodía y la pistola bien cargada, por si acaso.

-¿Qué podemos esperar los lectores de "Gente que baila sola"? ¿Y en este sentido te interesa más la opinión de los lectores o la de los críticos?
-La única crítica que me interesa es la de un crítico que ya no ejerce la crítica: Ignacio Echevarría.
Lo demás es de los lectores. ¡Todo! "Gente que baila sola" tiene otro tono que "El Fumador", o eso pienso yo, aunque mi palabra no importa.

-¿Después de "Gente que baila sola" viene la novela?
-Sí o sí. Ya está aprobada por Random House, esperando en Barcelona, bien guardada.
provincia

-¿Por el hecho de vivir en provincia, alguna vez te sentiste un marginal?
-Siempre me siento un marginal, especialmente cuando voy a Santiago (estuve presentando el libro, dando como 18 entrevistas). Siempre voy a serlo porque nací marginal. La provincia (¡qué palabra más fea!) no tiene nada que ver.

-¿A tu juicio, qué engrandece a un debate literario?
-Los debates literarios no deberían existir, salvo si son desarrollados por los lectores, los únicos capaces de hablar de un libro. Los lectores son como el escritor cuando comenzó a escribir.

--¿Cuáles son tus libros de cabecera (imagino a Raymond Carver) y qué escritor nos recomendarías a los provincianos?
-Carver, Cheever y Chejov (CCC); DeLillo, Roth, Coetzee, Flannery O’Connor, el viejo Joyce y el viejo Beckett; Capote, off course, Kosinsky...
Recomiendo a Elfriede Jelinek, a todos los provincianos (¡otra vez!) y capitalinos.

-¿En este sentido consideras que has cosechado a enemigos en materias literarias y si los has cosechado, te interesa?
-Mis enemigos están dentro de mí y me interesan cuando hago salud por ellos. Los de afuera (debo tener muchos en este país envidioso, especialmente en mi querida Valdivia; envidiosos y al mismo tiempo fracasados y sin talento) se los dejo al resto. Aunque no sería malo efectuar un par de combates de boxeo con varios, ¡estoy dispuesto a desempolvar mis viejos guantes!

-¿A tu juicio cuando hay innovación en lo literario?
-Cuando impones tu estilo.


De Rodrigo Ramos Bañados.

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