lunes, 29 de diciembre de 2008

Anverso Literario: Hacia una interpretación Lihn-guística de las Sirenas.

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Anverso Literario: Hacia una interpretación Lihn-guística de las Sirenas.por Daniel Rojas Pachas


Este texto no persigue abarcar y menos aún agotar la obra de Enrique Lihn, eso sería sumamente soberbio por no decir imposible, ya que este escritor chileno en vida, deambulo con gran talento por todos los géneros y medios, narrativo, drama, audiovisual, cultivo el happening y la crítica de arte, pero fue en la poesía, ámbito privilegiado de su potencial creativo, que con especial elocuencia por cerca de cuarenta años logró edificar, sostener y trasmitir a través de la palabra un universo de sensibilidad y pensamiento inconmensurable, no en vano ha sido calificado por otros poetas y críticos de todas las lenguas como el más metafísico de nuestros líricos o el más lírico de los poetas metafísicos.

Sin duda Lihn es hoy en día, una de las voces poéticas más importantes de Latinoamérica capaz de conjugar su intelectualidad y dotes de gran lector con una enorme y directa franqueza para interpretar la realidad y el conflicto del hombre en toda su magnitud. Entre verso y verso Lihn teje una compleja red que te atrapa pero no te sofoca, te deja respirar y reflexionar sobre tu situación, la del mundo, y en ello transitan temas tan variados como la memoria y la carne, los sueños de infancia y la infranqueable precariedad del ser.

De manera que leyendo su poesía, el lector puede destornillarse de risa y de pronto sumirse en el patetismo mas hondo al ver reflejado con estilo, nuestra cruenta y absurda condición de monos conscientes que usan pantalones

Hecha esta sencilla introducción (que trata con dificultad de hacer honor a Lihn y su obra cuando el verdadero honor esta en leerlo) declaró que la intención de este escrito titulado “Hacia una interpretación Lihn-guística…”, no lleva el encabezado por mera casualidad, lo que se persigue es plantear sin pretensiones científicas o académicas, una posible lectura, entre muchas, en torno a su poesía, y en esta ocasión en específico, atender al poema “Las Sirenas”.

Busco en gran medida entregar mi apreciación como lector, como receptor empírico del yo poético que establece Lihn, dirigiendo la interpretación desde la más abierta percepción e intuitivismo sin perder de vista las estrategias textuales del chileno y su riqueza estética y sentido pragmático, producto de intervenciones mecánicas y estructurales de la teoría y sus métodos clínicos.

Para el análisis dividiré el poema en tres unidades semánticas como muestra la trascripción

Las Sirenas.

/ Hemos llegado sin saberlo a viejos /

/ Las hermosas mujeres de treinta años
se nos van de las manos, nos conceden
el abrazo y el beso y el oleaje
se retracta, alejando esos ramos marinos
de ojos verdes y azules, que espuman otra orilla
de la rompiente a la que ya no llegamos /

/ Vienen en lugar suyo las sirenas
arrastrándose a hacernos compañía
cuando es la bajamar y derriten la cera
de los oídos en un bar nocturno
y desamarran del palo mayor
a Ulises el anciano
que, cansado de haberlos oído solamente
por fin cede al deseo de ahogarse entre ellas./

Autor: Enrique Lihn (Chile 1929-1988)

El poema parte con una actitud empática y conminativa del hablante lírico que se incluye y compromete como parte activa de su enunciado desde un nivel personal, la primera unidad semántica nos habla desde un “nosotros hemos” esa vejez a la que hace alusión la comparte el yo de la poesía con los otros, con todos los que haciéndose parte de su mensaje sufren la sorpresa de ver enrostrada la impotencia y la magnitud ensombrecedora del agotamiento. Las fuerzas ceden ante el discurrir de los años y el reloj no cesa en su cruzada.

Ese pesar aumenta en la siguiente unidad semántica, Las hermosas mujeres de treinta años se nos van de las manos este verso califica y complementa al primero, podríamos hablar entonces de perdida de la virilidad, de manera que el hablante es un hombre que añora y al cual minan su energía la belleza y juventud de fértiles mujeres que quizá antes pudo tener. Sin embargo hay que destacar que en este fragmento no se hace sólo alusión al sexo y continente carnal, delineando una sencilla muerte de la vida sexual y erotismo del hablante, lo mismo se aplica para todos aquellos que se identifican con su llamado inicial.

La reflexión frente a la mujer se vuelve vital pues la figura de la fémina orbita en torno a la mirada, experiencia fundamental en la comunicación, mediante esta, el otro nos es presente como realidad, conciencia y subjetividad que se nos opone, valora, enjuicia o simplemente determina, de forma que al señalar que esos ramos marinos de ojos verdes y azules se alejan hacia otra orilla, se está aludiendo a una condición metafísica de la relación con la alteridad, algo más intimo, afectivo, definitorio para la consciencia del yo, y los límites que hay para vincularse a otra persona en su totalidad, en este caso a una mujer que el “yo” podría definir, desafiar, extasiar y viceversa. De modo que este ser, que ahora se declara viejo, reconoce con asombro y dolor su cada vez más limitado atractivo para la mirada, debido a la apariencia externa de su alicaída carcaza.

Al buscar otra orilla, otra mirada, otro ser, estas mujeres y su presencia elusiva confinan a los viejos hombres a otro extremo, al hermetismo de la otra costa, desde la cual sólo y voyerista, ignorado el hombre no se puede comunicar. Esta perspectiva se complementa simbólicamente con el ámbito marino que nutre a los versos de esta segunda unidad.

El mar representa, por un lado vida, liquido amniótico, oxigeno, pero en la medida que aquí nos referimos a un abandonado, a un naufrago, vemos la contraparte, la nada, la muerte inmensa en esos fondos inciertos y abisales, un horizonte monocorde y vacío que atrapa a los hombres en su vejez solitaria sin mayor posibilidad de comunicación que el solipsismo integro del desfallecer consciente, tal como señala el primer verso, en el cual el hablante declara cada vez, sentirse arrojado con mayor violencia a la nada de su ser y es que por mucho que vaya en nado a contracorriente en este océano del olvido, las fuerzas de antaño ya no están.

Lihn hasta este punto, presenta la crisis del hombre maduro enfrentado a la soledad y al devorador sentimiento de decrepitud e impotencia, el poeta no nos saca del ámbito mundano, la poesía sigue moviéndose en el terreno del día a día, de algo que todos tendremos que experimentar en algún momento. Pero el poema, en crescendo en cuanto a su significación no culmina encerrándose en los bordes de un dilema físico con connotaciones metafísicas, Lihn introduce en la siguiente y última unidad el mito y uno de los temas recurrentes de su poesía el viaje.

Y aunque en la primera parte atestiguamos el fin del viaje existencial que a todos nos espera, aquí el autor hace de manera explicita primar el tópico literario que asociamos a Dante y muchos más, la inteligencia de Lihn como lector introduce el conocido fragmento de la Odisea de Homero en que Ulises para escapar del canto de las sirenas se ata a un mástil y echa cera en su oídos. Este pasaje ha sido tratado de forma intertextual y deformado por otros autores con fines múltiples, desde Kafka hasta Denevi en sus Falsificaciones, Lihn no se queda atrás y se apropia de lo dado culturalmente por el genio griego y asocia a las sirenas con su primer tema mundano, aquí estas mujeres de la fantasía mítica representan la imagen quimérica, la utopía del viejo, podemos decir que se trata de una mujer universal, una imagen ligada a la memoria y el delirio que viene a reemplazar a la mujer física como una necesidad mental de recurrir a un paliativo a un oasis de belleza en el desespero por compañía y comunicación que este naufrago solitario y desfalleciente reclama, sin embargo eso sería muy sencillo y Lihn no se queda en el simulacro de mujer, pues aunque ya nos saco medianamente del campo meramente humano al introducir lo mítico y literario, usa de anclaje hacia sus primeros versos la siguiente construcción: y derriten la cera de los oídos en un bar nocturno

Apropiándose del mito reconstruye este para asentar lo universal y sus criaturas en lo mundanal, de forma que las sirenas con su canto no son sólo un paliativo sensorial y soñado producto de la necesidad del hablante solitario, estamos ante otro tipo de mujer una real, carnal que se entrega física en su plenitud y que libera al yo de la incomunicación, de esa soledad nocturna que se ha vuelto permanente y endémica para el naufrago. La esporádica y generosa compañía se produce en un bar, elementos todos que conjugados permiten extender el campo semántico a fin de que cada lector rellene con su enciclopedia el poema a partir de aquel fragmento breve y subrepticio, la fabula del “yo” termina fuera de la pieza lírica y en la mente de cada receptor, gracias a un verso ancla que es a la vez puente a otra historia inconclusa e igual de perpetua que la soledad del yo envejecido. La del mundo bohemio, de las damas de compañía, los noctámbulos y aquellos que compran amor y una caricia o comparten una charla perdida y aletargada pero fugaz en algún hueco perdido.

Sin embargo el poema no concluye hasta que Lihn retoma por completo la figura de Ulises. De vuelta al mito el poeta trabaja el sentido del intertexto y el héroe de Ática aparece en su voz anciano, igual que su hablante y todos aquellos que fueron conminados al principio. Ulises como estos hallará en las sirenas refugio a su viaje, a su odisea existencial la cual estuvo plagada de mujeres fértiles, Circe, Penélope, Calipso y Nausica, sólo que de pronto cansado y harto, la versión del creador de Gerardo de Pompier nos revela a este arquetipo universal de la aventura y astucia humana, capacitado originalmente para sortear el peligro en las fauces de Escila y Caribidis, descender al inframundo y derrotar a Polifemo desafiando a los dioses, con las características de un mortal común, amilanando y ubicado en la otra orilla, lejos de la mirada de todas estas mujeres hermosas y sabias que cruzaron su recorrido. Incomunicado el poeta nos lleva a pensar que si el prototipo de héroe cae, qué queda para nosotros, viajeros menos ilustres, pero viajeros al fin y al cabo.

Ulises cede en su odisea ante la materialidad o la ilusión de estas perfectas criaturas y el poder de su canto, mismo que un momento, potente, soberbio y febril, Ulises rehusó, pero que ahora deja que lo envuelva, que lo ahogue, colmándolo. Así termina el mito, este nuevamente se une con la realidad primera y descarnada que nos muestra como el rumor del canto de estas fieras marinas nos enseña cuan lejos un Ulises, el yo inicial y todos los que con él se identifican, están con respecto al hombre que fueron; lo que en una ultima instancia hace de las sirenas, no sólo una ilusión quimérica o memoria requerida, o quizá esa mujer esporádica que suple precariamente la necesidad física e inmediata como dama de compañía. Ellas se revelan por sobre todo como emisarias de la muerte, mensajeras del fin, de ese vacío insondable que es la nada marina e incierta. Lihn demuestra así en este poema la magnitud de su lirismo, de su genio poético que transita entre lo mítico universal y lo mundano del día a día, la experiencia mas intima y el terror mas común se une en sus páginas en un sublime maridaje con la condición finita del ser y el plano metafísico de la reflexión y el delirio.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado el 11/12/08 originalmente en:
Cinosargo


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