lunes, 21 de marzo de 2011

DAS KAPITAL LANZA NUEVO LIBRO DE JOVEN AUTOR PORTEÑO

invitaci_n_canciones_punk_copia.jpg


Comunicado de Prensa 0/7

Santiago de Chile, 17 de marzo de 2011

DAS KAPITAL LANZA NUEVO LIBRO

DE JOVEN AUTOR PORTEÑO

Música, mujeres, bohemia, abandono, amor y desamor en el ambiente under del puerto de Valparaíso son parte de las historias que se podrán encontrar en este nuevo libro de Daniel Hidalgo, joven escritor que ya el 2007 sorprendiera con su libro Barrio Miseria 221 (Animita Cartonera) con el cual ganó el Premio a la Creación Roberto Bolaño del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes.

Canciones punk para señoritas autodestructivas, del escritor Daniel Hidalgo es el nuevo título que lanzará Das Kapital Ediciones como parte de su colección de narrativas contemporáneas. La actividad se efectuará el próximo viernes 25 de marzo, a las 19:30 hrs. en La Piedra Feliz, Valparaíso (Errázuriz 1054).


La actividad contará con la presentación del escritor Jorge Baradit y el periodista cultural, Felipe Montalva y finalizará con una intervención audiovisual y música en vivo de la banda de porteña “Matilde Calavera”


Daniel Hidalgo (Valparaíso, 1983)

Es escritor y profesor de Castellano. Fue editor de la revista porteña Ciudad Invisible y ha colaborado con diversos medios digitales como Zona.cl, de El Mercurio, Indie, Disorder, El Mostrador y Pániko, sitio del cual es actualmente editor. Fue líder de la banda de rock mestizo Fuerza Chango y actualmente experimenta con la tecnocumbia en Matilde Calavera. En 2007 publicó la novela breve Barrio Miseria 221 (Animita Cartonera) y recibió el Premio a la Creación Literaria Joven Roberto Bolaño, otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Textos suyos pueden encontrarse en algunas antologías, sobresaliendo CHIL3 (Ediciones B, 2010), cuya edición y selección estuvo a cargo de Jorge Baradit, Mike Wilson, Álvaro Bisama y Francisco Ortega.

Canciones punk para señoritas autodestructivas es su primera compilación de relatos. Mantiene el blog “Mi causa perdida” (http://danielhidalgo.blogspot.com) desde 2005.

...


Contraportada:

Diego Zuñiga: “La vida no es más que un candado con las llaves extraviadas”, escribe Daniel Hidalgo en uno de los siete cuentos que componen Canciones punk para señoritas autodestructivas. Y la frase sirve para entender, en parte, qué es lo que mueve a los protagonistas de estos relatos: encontrar esas llaves, ya sea en la música o en la escritura, pero, por sobre todo, en la calle. En los cerros de Valparaíso, en la noche de Playa Ancha, entre cervezas Escudo o un par de líneas de cocaína, en las canciones de The Clash, los Buzzcocks y Los Marsupiales. También en la amistad o en las historias de amor, aunque en este caso siempre serán historias de desamor. Porque Canciones punk para señoritas autodestructivas funciona, perfectamente, como un disco de relaciones rotas, de hombres perdidos y mujeres demasiado bellas y especiales que, sin saber muy bien por qué, un día los abandonaron para irse con otros.

“Ella era una chica indie. Y parecía que nunca me necesitaba (…). De esas mujeres que se compraron de una sola vez el rollo de la posmodernidad literaria de Paul Auster, de la posizquierda con tendencia al neo liberalismo, del feminismo separatista, de la Sheila Jeffreys, y hasta de la Nelly Richard y la huevá. De los vestidos verdes y los aros de plástico eléctrico”, escribe Hidalgo, y nos queda claro que el tono de estas historias es la rabia del abandono, pero también el humor de quien sabe que después de que te rompen el corazón una vez solo queda tomarse las cosas con menos gravedad. Pero ahí siguen las llaves, extraviadas entre el microtráfico y los hospitales colapsados y ese hombre que dice haber estado en una fiesta con Quentin Tarantino. Entre las citas pop y la violencia de la provincia, entre un Valparaíso que no se parece al de las postales institucionales y un Chile demasiado cercano, como fue el de la Concertación de Lagos y Bachelet; entre el odio y la ternura, entre el desenfreno y la resignación de quien sabe que nunca encontrará esas llaves. Aunque pareciera ser que Hidalgo nos incita a que las busquemos en estos cuentos, a pesar de saber que al final todo terminará mal.


Consultas:

http://daskapitalediciones.wordpress.com

daskapitalediciones@gmail.com


domingo, 20 de marzo de 2011

Exitoso lanzamiento de OSCURA PALABRA


El poeta Renard Betancourt, prologuista del libro, al comienzo de la ceremonia inicial y única en Chile.

Tras treinta años de silencio poeta chileno se adueña de nuevo del entorno literario

Con un video enviado desde España, que viene siendo el primer documento que puede ver Chile del autor de “Oscura Palabra”, Oliver Welden, quien tras treinta años de silencio, sin dejar de ser un poeta mayor desde la década de los setenta, se lanzó en las dependencias del Palacio Rivera de Valparaíso este nuevo texto del poeta.
Roberto Bolaños, antes de morir dijo de él: “es uno de los extraordinarios que conocí desde mi etapa de adolescencia”.
Welden, nacido en 1946 y que en la actualidad radica en España y Suecia, simultáneamente, es uno de los expositores poéticos que más atrae a las nuevas generaciones, aquellos que muchas veces se vieron atrapados tras las vanguardias que en ocasiones no grafican entornos literarios.
Una de las atracciones que ha demandado este poeta chileno, es que por más de treinta años se mantuvo en silencio, un silencio que ningún literato hace, salvo quien se siente dueño de sus propias condiciones
Welden ha sido uno de esos casos., mantuvo el silencio de seis lustros y de repente arremete de nuevo en el concierto literario mundial. Ganador del Premio Feria del Libro de Nueva York en el 2007 y reconocido entre sus pares mundiales.
Se trata de un chileno que deja su país en 1975 tras la dictadura militar, sofocado por los entornos negros de esa época.
El lanzamiento del libro editado por Lom con prólogo de Renard Betancourt y otros escritos de Virginia Vidal y Carlos Amador Marchant, se realizó el pasado viernes 18 de marzo en las dependencias del Palacio Rrvera, bajo el patrocinio de ANFUCULTURA, sindicato del Consejo de la Cultura.
Welden en conversaciones con su homólogo Carlos Amador Marchant, autorizó este lanzamiento en Chile, siendo Valparaíso el primer lugar donde se lanza esta obra que encierra un tema de profundidad en cuanto a la dictadura militar, visto por un chileno desde el extranjero.
El encuentro se realizó con una excelente asistencia de público, quienes pudieron ver un video con la imagen exclusiva del poeta chileno, afincado en el extranjero desde hace treinta y seis años.
Welden es autor de los libros: “”Anhista”; “Perro del amor”, “Fábulas Ocultas”” y “Oscura Palabra”. Se le reconoce como uno de los autores más profundos de la Generación Dispersa.

viernes, 18 de marzo de 2011

Pehuén editores presenta Miltín de Juan Emar en edición ilustrada

9789561605107.jpg

Miltín 1934

Juan Emar; ilustraciones: Daniel Blanco P.

ISBN: 9789561605107
20 x 26 cm (tapa dura) / 32 pp


Cuento que narra la historia de Miltín -cacique mapuche- y la derrota de su pueblo a manos de Pedro de Valdivia y sus huestes. A orillas del estero Puangue y en la cumbre del cerro homónimo al cacique, es donde ocurre esta inusitada parodia. El texto, escrito hace más de 70 años, mantiene con asombrosa vigencia su carácter de vanguardista. Juan Emar mezcla y enfrenta con audacia los imaginarios surgidos del encuentro de dos pueblos y de una guerra que se extiende siglo tras siglo hasta el día de hoy, de la cual el pueblo mapuche, al igual como ocurre en el cuento, saca la peor de las partes. Tal vez el desconsolado llanto de Miltín, interpretado por el pueblo cristiano como una señal de clarividencia, no era por causa de las tragedias que a ellos sucederían, sino más bien por las que caerían sobre su propio pueblo: jamás derribado, pero perseguido y vapuleado.

Ver Páginas en PDF

PDF preview


Más información en:

http://www.pehuen.cl
http://pehuen.cl/Catalogo/pinguino.html

http://www.flickr.com/photos/behemot


Para los interesados en la obra de Juan Emar y la relación comic / literatura, o literatura ilustrada, Cinosargo los invita a visitar su proyecto Nómada, Antología gráfica del cuento Chileno en la cual se adaptó el cuento Unicornio, del libro Diez de Juan Emar. Más información en www.cinosargo.com


63549_167214063315466_162387203798152_277942_4319128_n.jpg

15-2-2011_21.2.52_1.jpg

Segunda Muestra de Nómada (Cinosargo 2011) El Unicornio de Juan Emar.

Dibujos de Esteban Morales. (FIDEO)

15-2-2011_21.2.5_2.jpg



miércoles, 16 de marzo de 2011

Valparaíso: Lanzamiento del libro Oscura Palabra de Oliver Welden


La presentación estará a cargo
de Carlos Amador Marchant
Viernes 18 de marzo a las 19 horas
Sala Palacio Rivera
Serrano 543, segundo piso
Valparaíso
Patrocina
ANFUCULTURA





“Oscura palabra”
Poesía (1970-2006)
de Oliver Welden



Por Carlos Amador Marchant


Casi al finalizar el 2010, en consecuencia, ya en los inicios de este nuevo año (2011), “Oscura palabra” es el libro que Oliver Welden nos muestra para repensar a esta sociedad que nos atañe, que nos golpea, que a veces nos asfixia en tanto la recorremos y la observamos.

Habíamos esperado este libro por varios años. Lo habíamos conocido y nos había impactado por la minuciosidad del poeta en la conformación del trabajo, en la estructura, en la edificación de tanto pensamiento.
Ahora que lo tengo en mis manos por segunda vez (editada por LOM), porque la primera fue en una edición personal (confeccionada en forma artesanal), siento la misma emoción inicial, casi como que los poemas se ensamblaran en los rincones de este país llamado Chile, y a la vez nos dieran el alimento recordatorio de fieros momentos acaecidos en la década del 70.

Welden ha escrito, ha parido esa “oscura palabra” que llevaba apretujada cuando salió de este país, que la mantuvo por más de tres décadas y a la vez le produjo, le sedujo acometer un silencio prolongado, prolongadísimo, como quien pide tiempo para reflexionar por tan graves momentos, para al final hacerlos eternos y profundos, sensitivos , traspasando fronteras.

Estoy contento con la aparición de esta nueva obra de Oliver Welden, y no me queda más que abrazarlo desde la distancia, con la emoción y el sentimiento de un amigo.



El poeta por Virginia Vidal



domingo, 13 de marzo de 2011

Twitteratura: concurso de nuevas narrativas en 140 caracteres

twit.JPG


Twitteratura: concurso de nuevas narrativas en 140 caracteres

http://hipermedula.org/wp-content/uploads/2011/03/premio_mamba-536x260.jpg

Hasta el 30 de junio de 2011 PREMIO MAMBA – FUNDACIÓN...



http://hipermedula.org/wp-content/uploads/2011/03/dia_mujer-536x260.jpg

8 de Marzo de 2011 La Red de Centros Culturales se suma al Dia...



http://hipermedula.org/wp-content/uploads/2011/03/notodofilmfest_jurado-536x260.jpg

Ocho cortometrajes latinoamericanos nominados en el Festival...



http://hipermedula.org/wp-content/uploads/2011/02/kosmopolis_33-536x260.jpg

Barcelona. España. Del 24 al 26 de marzo de 2011 Kosmopolis...



Anilla Cultural Latinoamérica-Europa e Hipermedula se unen para impulsar Twitteratura, concurso iberoamericano de micronarraciones en 140 caracteres a través de la red social de Twitter. La premiación se realizará el 26 de marzo en el marco del KOSMOPOLIS 2011, El festival de la literatura amplificada, organizado por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.


La recepción de los relatos se realizará el lunes 14 de marzo de 2011, de 10 AM a 10 PM hora Argentina (GMT - 3:00).

La interacción entre los creadores y las redes ha dado origen a nuevas formas de micro-narraciones que reposicionan la relación productor/lector. Hipermédula.org, plataforma digital Iberoamericana de comunicación y producción artística, junto a los Centros Culturales de la AECID y a la red Anilla Cultural Latinoamérica – Europa, proponen una acción y una reflexión acerca del potencial de estas nuevas formas de literatura a través del concurso Twitteratura.

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías, y gracias al impacto de las redes sociales, los usuarios de Internet adoptaron, desde hace unos años, hábitos de consumo y producción de contenidos con características específicas de acuerdo a los medios de circulación de mensajes. La brevedad, la inmediatez, lo efímero, parecen condiciones inherentes al tipo de textos que se producen y se leen en espacios como Facebook y Twitter. Desde esa perspectiva, lo vital es lo que se dice en el momento presente, el archivo puede no ser relevante y la fragmentación de las narraciones pone en entredicho el principio tradicional de linealidad.

Desde Hipermédula se apuesta por la posibilidad de que los mensajes, narraciones y construcciones literarias libres que surjan de este concurso, puedan resignificarse, mutar, convertirse en otra cosa, incluso en otro formato, una vez puestos en circulación.

La premiación se realizará el 26 de marzo en el marco del cierre del Festival de literatura amplificada KOSMOPOLIS K112011, ocasión para la cual Anilla Cultural Latinoamérica-Europa ha invitado a destacados escritores, artistas visuales y sonoros de Barcelona, Medellín, Córdoba, Santiago y São Paulo.

Bases y condiciones de Twitteratura:

1 – El concurso Twitteratura es organizado por hipermedula.org en la red social Twitter.com cuya denominación es @hipermedula

2- Podrá participar toda persona individual y física mayor de edad*, de España e Iberoamérica. No se tendrán en consideración usuarios con nombres de instituciones, asociaciones, grupos o cuentas colectivas. No requiere de inscripción previa.

3 - Quedan excluidos de participar toda persona integrante de hipermedula.org y de Anilla Cultural Latinoamérica-Europa, y de los Centros culturales o instituciones que formen parte de la organización.

4 – El ganador deberá acreditar que cumple con los requisitos solicitados antes de ser anunciado públicamente. Para ello, una vez seleccionado como tal la organización le exigirá la documentación pertinente para confirmar que cumple con todos los requisitos.

5 – Cada participante necesita disponer de una cuenta activa en la red social Twitter.com con su respectiva identidad y ser “seguidor / follower”de Hipermédula.org (@hipermedula). Quedarán excluidos aquellos usuarios que presenten cuentas múltiples en el concurso, como así también aquellos que repitan sus tweets según expresa condición de twitter.com

6- El concurso se desarrollará el día 14 de marzo de 2011 desde las 10:00 hs. hasta las 22:00 hs de Argentina (GMT – 3:00) período en el cual los participantes podrán enviar sus tweets incluyendo @hipermedula al final (y no delante) del texto.

7- Cada participante podrá enviar hasta 5 tweets, en idioma español y/o portugués, con sus textos durante la extensión de 12 horas de duración del concurso.

8 – La temática del concurso es libre, debiéndo ser los textos enviados originales e inéditos y que no hayan sido premiados anteriormente.

9 – Los participantes eximen a la organización de cualquier responsabilidad derivada del plagio o cualquier otra trasgresión de la legislación vigente en la que pudieran incurrir los participantes.

10 – Los textos serán evaluados y preseleccionados por un Jurado de Preselección integrado por referentes de la escritura en red en cada uno de los centros que integran la Anilla Cultural Lationamérica-Europa: CCCBarcelona (ESP), CCECórdoba (ARG), CCSP (Centro Cultural São Paulo), (BRA), MAC Chile (CHI), Museo de Antioquia (COL) y el CCE_São Paulo (BRA).

11- Los mejores 100 textos serán puestos a consideración del Jurado de Premiación, quienes serán dados a conocer en los próximos días, para seleccionar un ganador.

12 - De la selección final resultará un ganador al que se le adjudicará como premio un dispositivo electrónico tipo tablet, desarrollado por Apple: iPad. El jurado podrá conceder hasta tres Menciones de Honor que se publicarán en hipermedula.org junto a la selección de los 100 tweets seleccionados.

13- Se dará a conocer el ganador en el acto de premiación a realizarse el día 26 de marzo de 2011 a las 22hs. de Barcelona (GMT + 1:00) en el marco del Festival Kosmopolis de literatura.

14 - El premio será remitido al ganador dentro de los 30 días, a partir de la fecha de premiación.

15 - Los autores de los relatos enviados al concurso ceden gratuitamente sus derechos de reproducción a la organización para que estos sean expuestos en cualquiera de las páginas web de la misma y divulgados a través de sus cuentas de Facebook, Twitter, y cualquier otra red social que consideren conveniente

*(De acuerdo a las reglamentaciones vigentes en el país de origen del participante).
**En caso de mal funcionamiento deTwitter.com se informará como proceder y /o datos sobre la reprogramación.

*** En caso de que el jurado no logre expedirse en favor de un ganador o ante cualquier imprevisto hipermedula.org determinará

los procedimientos y/o modificaciones a realizar.

Plazos:

Lanzamiento de la convocatoria: 20 de enero de 2011
Apertura del concurso: 14 de marzo de 2011, 10 (GMT – 3:00).
Cierre del concurso: 14 de marzo de 2011, 22 hs de Argentina (GMT – 3:00).
Entrega de Premio: 26 de marzo a las 22hs. de Barcelona (GMT + 1:00), en el marco de Kosmópolis.

Enlaces:

http://hipermedula.org/

www.anillacultural.net

http://www.cccb.org/kosmopolis/es/

http://twitter.com/hipermedula


Para más información visitar
o comunicarse directamente con



1300027361851-Dibujo.JPG



jueves, 10 de marzo de 2011

LOS MUERTOS DE LA NOVELA NEGRA ESTÁN FRESCOS [por Juan Podestá B.]

steranko.GIF


LOS MUERTOS DE LA NOVELA NEGRA ESTÁN FRESCOS

Juan Podestá B.

En su “Diccionario de la novela negra norteamericana”, el especialista Javier Coma define más o menos así a la novela negra: “Tipo de novela donde a través de los procedimientos policiales y criminales de sus personajes, se revelan los mecanismos opresivos del sistema capitalista”.

Estamos, entonces, ante una literatura política, que no deja títere con cabeza, y que se ha encargado de recordarles los que ostentan el poder, durante los últimos cincuenta años, que cualquier día un muerto de hambre sin ambiciones les puede dar un balazo en la cabeza. Sólo porque tenía ganas de hacerlo.

Pero antes que esta definición, algo tendenciosa por cierto, la novela negra es ante todo literatura, buena literatura.

SHERLOCK HOLMES, REVUÉLCATE EN TU TUMBA

Antes que existiera algo llamado novela negra, o literatura criminal, hubo en el siglo diecinueve, y existe hasta el día de hoy, lo que se conoció como literatura policial. Hablo de Arthur Conan Doyle y su personaje Sherlock Holmes, y también, aunque guardando las distancias como escritores, de Edgar Allan Poe y su gran creación, el inspector Auguste Dupin.

Eran detectives de inteligencia superior, capaces de llegar a un criminal sólo viendo el humo de la chimenea de una casa. Usaban la inducción, la deducción y la reflexión cartesiana para resolver casos en los que un mortal común vería exclusivamente confusión y datos inagrupables. Vestían como aristócratas, fumaban pipas y eran refinados. Estaban del lado de la ley, y lejos, muy lejos, del espacio de los criminales. Holmes y Dupin nunca se imaginaron que muchos años después, sus herederos se dejarían barba porque no tenían dinero para cortársela, que conversarían con los violadores de la ley como amigos y que cargarían con más de un muerto a sus espaldas.

Por razones que desbordan este texto, las línea “negra” de la literatura policial tuvo poco desarrollo fuera de las fronteras de Estados Unidos.

“ME GUSTAN LAS CHICAS DURAS Y CARGADAS DE PECADOS”

En las primeras décadas del siglo veinte, circulaban por Estados Unidos unas revistas baratas llamadas “Pulps, pues las hojas se imprimían con una tinta color púrpura. Incluían historias sobre asesinos que eran cazados por la policía, relatos que hablaban sobre cuartuchos chicos y mujeres que bailaban en clubes nocturnos; no eran otra cosa que publicidad para la policía.

En la época de la depresión se vendieron como pan caliente, pues le decían al ciudadano que todavía había esperanza: por lo menos en la justicia, ya que en la economía habían dejado de creer hacía rato.

Fue en este momento que aparecieron los primeros escritores “serios” de novela negra: Dashiell Hammet y Raymond Chandler. Son los maestros. Movieron las cosas a un punto que no volvería atrás. Trastocaron en sus trabajos lo que se entendía por buenos o malos, por policías y criminales.

El primero creó a Sam Spade, un detective de una agencia que tenía una profunda cargar ética, y que protagonizó muchas de las novelas de Hammet. Era bueno, casi un policía sin placa, pero que no trepidaba en bajar a la casa misma de los mafiosos para cogerlos con las manos en la masa, y usar métodos nada de santos para sacarles la confesión. Sin embargo había un tufillo algo conservador en sus métodos y estilo de vida.

Pero el personaje clave de la novela negra es Phillip Marlowe, la magistral creación de Chandler. Marlowe era un detective privado que bebía en exceso, golpeaba a los que perseguía, se enamoraba de las cabareteras a las que llegaba por medio de sus investigaciones, no respetaba a la justicia convencional, sus informantes pertenecían al hampa y muchas veces se tomaba las circunstancias como algo personal. Sólo lo inspiraba un arraigado sentido de la justicia, la lealtad y la moral. Por ello era un solitario en un mundo de sujetos corrompidos, eterno solterón que en el fondo era un santo invertido: mundano, mujeriego e irreverente. Pero santo al fin y al cabo. No cabe ninguna duda que ha sido el modelo para personajes cinematográficos, como el de “Duro de Matar” y “Arma Mortal”. A diferencia de Sam Spade, Marlowe se movía en una línea algo difusa entre lo que se entendía por justicia y lo que se consideraba incorrecto; estaba más maleado.

A propósito de Marlowe, las frases que pronunciaba en las novelas son notables, y hay que consignarlas. Acá va una: “Me gustan las chicas suaves, llamativas, duras y cargadas de pecados”. Otra: “Quienquiera que fuera, lo había hecho por puro interés: los cadáveres pesan más que los corazones destrozados”. Y la última: “La miré sin deseo, estaba desnuda, pero para mí era sólo la estampa de la estupidez. Siempre fue tan sólo una estúpida”. No vean acá rasgos de machismo o misoginia; Marlowe amaba a las mujeres.

A BALAZO LIMPIO

Luego de Chandler y Hammet, apareció un ejército de escritores de novela negra: Horace McCoy, Ross Macdonald, Jim Thompson, Patricia Highsmith, James M. Cain y otros tantos.

De los anteriores, Horace McCoy y Jim Thompson son tan respetados como Chandler o Hammet. Hoy se los lee con devoción y sus novelas se están reeditando como nunca.

Veamos.

McCoy hizo de la novela negra un lugar propicio para una brutal crítica del capitalismo y sus operaciones represoras. La definición que se lee en el principio de este texto está prácticamente hecha para él. En sus trabajos no hay policías, asesinos o persecuciones. Hay dramas soterrados, angustias silenciosas que explotan de maneras impensadas.

En su novela “Acaso no matan a los caballos”, una pareja decide participar en un concurso de baile en la que ganará la que más horas dance sin parar. No hay que ser muy imaginativo para fabular qué puede suceder en un sitio lleno de ambiciones, envidias y sudor; cualquier hecho desatará la rabia contenida por ganar.

“Luces de Hollywood” es otro trabajo de McCoy. Es la historia de dos jóvenes que se conocen en las afueras de los estudios de filmación, y que buscan un camino para llegar al estrellato. No tardan en darse cuenta que para lograr ser una estrella de cine, hace falta mucho más que puro talento. Pero ellos están dispuestos a todo para lograrlo.

En “Di adiós al mañana”, su novela más conocida, McCoy relata lo que le sucede a un reo prófugo que se cree genio, y que con su astucia evita que la justicia le eche el guante, y que se da incluso el lujo de chantajear a la policía. Sin embargo, no puede escapar de sus propios tormentos, y uno de ellos es el tabú por antonomasia: el incesto.

A Jim Thompson se le está leyendo mucho. Recientemente apareció una nueva edición de un texto suyo, y se está preparando otra versión cinematográfica de su novela “La huída”, que ya cuenta con dos anteriores.

Thompson fue guionista de Kubrick, estuvo en la lista negra del cine en los años cincuenta por su filiación comunista y tiene una prosa que es tan certera como los balazos de sus personajes. La gracia de Thompson es que además de persecuciones en auto, disparos por millones, sangre por litros, líneas y líneas de garabatos y muertos cada dos párrafos, les da a sus personajes un espesor psicológico contundente, crea argumentos complejos que hacen al lector retroceder páginas y sus finales son de antología.

En “Sólo un asesinato”, un administrador de un cine se las ingenia, con la muerte de su mujer mediante, para quedarse con la plata del seguro de su negocio. Pero las cosas se complican tanto, y tantas veces logra salir libre de polvo y paja, que uno se pregunta cuándo se le acabará la suerte y quién en el fondo es el perseguido. “1280 almas” es la historia de un jefe de policía fracasado, pusilánime e idiota que un día decide cobrarse venganza de todos los que lo han pasado a llevar. No era fracasado, pusilánime ni idiota. Así son las historias de Thompson.

NORTEAMÉRICA PROFUNDA

Hoy en Estados Unidos, la “Tierra de la novela negra”, ésta ha cobrado un auge potentísimo. A autores consagrados como Elmore Leonard, James Ellroy, James Crumley o George V. Higgins, se han sumado otros, como Nick Solenz.

Retratan un Estados Unidos decadente, vicioso, corrompido, y en sus novelas no dudan en meterse con los petroleros, la industria automotriz o el racismo de la policía.

Si se hiciera un mapa con las ciudades de origen de estos novelistas, podríamos ver con sorpresa cómo se abarca gran parte del territorio estadounidense: desde Miami a San Francisco, de Nueva Orleáns al Detroit de Elmore Leonard. Estados Unidos entero está en sus libros.

Son tan beligerantes como los padres fundadores, Hammet y Marlowe, pero sacaron todo el romanticismo de los protagonistas (Phillip Marlowe era, recordemos, un santo invertido), y en cambio han puesto más carne a los detectives, menos heroísmo y más cobardía, menos bondad y mayor vileza e ineptitud.

El argumento de la novela “Brillo” de Elmore Leonard como muestra: un policía a punto del retiro se obsesiona con un despiadado violador, y lo sigue por cielo, mar y tierra para matarlo. No atraparlo, sino matarlo.

Larga vida a la novela negra.



martes, 8 de marzo de 2011

CICLO de Poesía La Piedra Feliz

la_piedra_marzo.jpg


CICLO de Poesía La Piedra Feliz

Miércoles 9

Carlos Canales

Poetas

Marcelo Novoa

&

Eduardo Jeria

TODOS LOS MIÉRCOLES DE MARZO

21.30 hrs.

ENTRADA LIBERADA

Club de Jazz de Valparaíso /// LA PIEDRA FELIZ

Blanco 1067, Valparaíso // Errázuriz 1056

dIFUNDAN /// aSISTAN /// LEAN




viernes, 4 de marzo de 2011

Oscura palabra de Oliver Welden: Memoria desterrada y reescritura

Oliver_Welden.JPG


Oscura palabra de Oliver Welden:

Memoria desterrada y reescritura


Sergio Infante

Universidad de Estocolmo

Oscura palabra (Santiago de Chile: Editorial LOM, 2010)

Foto: Eugenia Concha (Malmö, Suecia, 2006)

La poesía de Oliver Welden (Santiago de Chile, 1946) tarda en dejarse ver pero, cuando aparece, la singularidad y el brillo compensan la espera. Welden empieza a escribir en su época de liceano, y es ya un estudiante universitario al momento de publicar su primer libro, Anhista, en Santiago, el año 1965. Este dato lo sitúa en la promoción de poetas chilenos que se dan a conocer en fechas cercanas a la segunda mitad de los años sesenta: Omar Lara, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, por mencionar a algunos; jóvenes a los que el golpe militar y la dictadura obligarán a cambiar de rumbo, modificar sus proyectos literarios y toda clase de proyectos, pasar a la condición de sobrevivientes, olvidarse un poco del marbete de “la nueva poesía chilena” pues serán reetiquetados por los estudiosos como la generación dispersa o de la diáspora. Conviene recordar, de paso, que antes de que este desbande suceda, la mayoría de estos jóvenes llevaba una vida intensa, llena de actividades culturales y políticas: las reuniones, los mítines, los estudios o el trabajo, la participación en fructíferas jornadas literarias en las ciudades más importantes del país, la escritura. Por esos años nacieron varias revistas que refrescaron la actividad poética: Trilce, en Valdivia, que aún se mantiene en pie, Arúspice, en Concepción, Tebaida, en Antofagasta; de esta última Oliver Welden fue fundador y redactor. En 1970, aparece en Antofagasta, el segundo libro de este poeta, Perro del amor, que gana el premio Luis Tello, otorgado por la Sociedad de Escritores de Chile y que convierte la obra de Welden en uno de los referentes de su generación. Entonces al poco andar llega el 11 de septiembre de 1973, la dictadura militar con su violenta oscuridad; también llega el trazo oscuro, aunque en otro sentido, que dejan las diásporas. El poeta se exilia en los Estados Unidos, la tierra de su padre, pasan muchos los años, la dictadura de Pinochet se termina, las visitas del poeta a Chile son esporádicas. Más tarde, la viudez y un cambio en el destino lo llevarán vivir indistintamente en Suecia y en España. Ningún sitio ha logrado reemplazar el país natal. Este, por lo demás, ya no puede ser el que fue un día, hay un desencuentro del tiempo y la geografía, el país natal solo se acerca a la certeza en la imaginación y la memoria, sostenido por nostalgias cada vez más ambiguas, contradictorias, rituales, siempre imprescindibles. Los exilios prolongados no se acaban con un decreto de amnistía o con la vuelta de la democracia, quedan en la existencia como una marca indeleble. Durante este largo periodo, la poesía de Welden, en cuanto a publicación, fue mínima, limitada a alguna revista, hasta la aparición del libro Fábulas Ocultas (Concepción, 2006), en LAR, editorial que el poeta Omar Lara dirige con notable perseverancia. La espera de Oscura Palabra. Poesía 1970-2006 ha sido menos prolongada, se edita en Santiago en el 2010, bajo el sello de LOM. Invito a leer esta obra.

Los riesgos que corre un escritor de alguna manera son sus virtudes, la apuesta se consigue plenamente cuando se logra crear no solamente un texto distinto sino que también un nuevo tipo de lector. Los riesgos que se advierten a primera vista en Oscura palabra son dos. El primero tiene que ver con la elección del tema, en este caso la memoria reciente de Chile y los chilenos, según la mirada del poeta desterrado o de su hablante que lo representa en el texto, que percibe, vive y revive unos hechos transcurridos entre los años 1970 y 2006, tal lo señala el subtítulo del libro; este lapso es la poesía y lo vivido. Época marcada por una serie de acontecimientos que, siguiendo Oscura palabra, podrían resumirse de la manera siguiente: a) Triunfo de la Unidad Popular y gobierno de Salvador Allende, los sueños esperanzados y la sedición reaccionaria; b) golpe de Estado y dictadura de Pinochet, represión, resistencia, exilio; c) la vida con posterioridad a la dictadura, los regresos. Cabe agregar que todo lo anterior, al evocarse, ocurre en un escenario que se ha vuelto fantasmagórico. También debe decirse que, a primera vista, la novedad del poemario no se encuentra precisamente en el tema, este es más que recurrente en nuestra literatura de las últimas décadas. ¿Cómo decir algo nuevo de algo tan profusamente tratado? Oliver Welden es muy consciente de que los temas, en literatura, jamás se agotan, por muy copiosa que sea su presencia en un periodo determinado. Los temas no se agotan, lo que de algún modo caduca, por uso y desgaste, son las formas de expresarlos, el lenguaje. Por eso el poeta se atreve a volver a contar y cantar sobre cosas en el fondo ya sabidas pero no dichas como él las dirá y ese decir distinto es que las hará únicas e irrepetibles; entra, así, en el segundo riesgo, el de la renovación formal.

Welden se juega el todo por el todo en el tratamiento de la forma, en hallar el lenguaje, lo que además tiene una incidencia en la adscripción genérica, a la cual me referiré más adelante. La obra se ha ido diseñando con una propuesta poética muy clara, planteada en el poema dedicatoria “Para Jonathan, mi hijo” donde podemos leer: “Esta oscura palabra hacia el final de mi vida escrita/ con el pecado original del idioma y de la memoria mía/y la de tantos otros voraces y desterrados. / […] Oscura palabra de la cual me hablaron tantas voces, tantos años. / […] Oscura palabra que en silencio apuntaba el andamio del pasado/ y la arquitectura fantasma de todo lo vivido” (s/n). El título de la obra aparece aquí anafóricamente y se indica lo que el lector después podrá inferir a lo largo del libro como el conjuro y la coherencia de una voluntad poética que se expresa en unos versos realizados con paciencia de buen artesano. Paciencia que es análoga a la que se exige del lector, porque si simplemente se hojea el libro desconcertará encontrar, en un texto que por convención el destinatario supondrá lírico, una presencia hiperbólica de la palabra ajena: Un prólogo de Renard Betancourt, una presentación Virginia Vidal, un epílogo de Carlos Amador Marchant, trece epígrafes para la totalidad del libro, además de los tantos otros epígrafes que encabezan la mayoría de los poemas, en varios casos más de uno por poema. El horizonte de expectativas del lector habitual de poesía empieza a ser cuestionado, surge la pregunta: ¿No quedará eclipsada la voz del yo lírico al ser intervenida por tantas otras voces? Una pregunta totalmente legítima a la que el texto sabe responder: “Yo soy el narrador ficticio y lírico hablante y por ende digo/ que el autor buscó lo que era suyo por herencia” (36). Ser narrador ficticio y hablante lírico a la vez implica la no pureza del género. La presencia de lo épico entremezclada con lo lírico viene marcada con fuerza, ya que los dos primeros epígrafes están tomados del Cantar de mío Cid y de La Araucana, dos poemas épicos de nuestra lengua, además, en este caso, indicadores temáticos: el destierro y el país perdido, pero también, de algún modo, el enunciado y la enunciación. En este sentido, conviene subrayar que en el título Oscura palabra no opera un calificativo que se pueda oponer a una palabra clara, el adjetivo antepuesto oscura señala una condición inherente a la palabra y en este caso acentuada por sus condiciones de enunciación: el destierro y las deshoras. Una palabra en la que, como se aprecia en la cita del poema al hijo, la memoria tiene una importancia crucial.

Maurice Halbwachs, antes de ser deportado y muerto en el campo de concentración de Buchenwald, en 1945, dejó unos apuntes sobre el proceso de la memoria que prácticamente han venido a convertirse en la base para el estudio moderno de la materia. Descubiertos en 1950, esos escritos plantean que la memoria es un proceso que va siempre de lo colectivo a lo individual, siempre recordamos con los otros. Sería lato detenerse en explicar esta idea, baste decir que un planteamiento muy semejante subyace en el proceso constructivo de la memoria desterrada, que, por añadidura, es el eje temático que atraviesa Oscura palabra. Eje al cual se subordinan todos los otros temas, tan recurrentes en la literatura producida por chilenos en las últimas décadas. Eje que justamente permite una mirada renovadora sobre estos temas tan visitados. El exceso en el uso de los epígrafes, algo muy consciente y propio de una voluntad constructiva, marca la presencia de la memoria colectiva que permitirá el recuerdo individual. Estos epígrafes si bien son mayoritariamente literarios, también tienen su origen en otro tipo de discursos y de registros; más de una frase cruel y chabacana del tirano Pinochet puede encontrarse entre ellos. Lo interesante es que muchas veces no se limitan a su función epigráfica sino que penetran el poema mediante una técnica que combina el collage con la puesta en abismo, como puede apreciarse con mucha claridad en el poema “Mosaico y escombro: los pálidos muros del palacio” (26-28) donde las mismas voces de los epígrafes, de Salvador Allende, Patricio Manns, Violeta Parra y Pablo Neruda, se refractan y fragmentan en el cuerpo del poema, mezclándose además con el lema del escudo nacional, con un verso del Cantar de mío Cid, con otro de La canción de Yungay, con un informe inglés que detalla el armamento y las fuerzas utilizadas en el ataque a la Moneda, etc. En los poemas estas voces del otro no necesariamente se captan desde textos escritos, a lo leído antes de escrito o reescrito se suma con mucha vehemencia lo escuchado: “esta será la últim oportunid en que me pued dirigir/ a ustedes la fuerz aére ha bombardead las torres/ de radi Por ales y radio Corpora ción llegó volando/ el cuervo sobre mi suelo soldados de chile miren/ cómo nos hablan de libertad […] (27).

Desde mi experiencia de exiliado, me atrevo a decir que se han escogido textos escuchados innumerables veces a lo largo de muchos años, oídos como si hicieran parte de un ritual insoslayable, del conjuro que despierta la memoria y la lleva a una tierra de espectros, fantasmal ella misma: “Producto soy de la memoria de mi tierra natal” (69). Y cuando el desterrado, en los regresos reales, pisa esa tierra, la memoria se encarga de llenarla de almas en pena, de dolorosos recuerdos, como si en ese país el trauma colectivo, lo no resuelto, impidiera que tiempo y espacio se volvieran a reencontrar: “y el fondo de la tierra es un jardín de muertos/ y en ella la muerte multiplica su olvido” (64). No en vano el libro se publica “En homenaje a/ Ariel Dantón Santibáñez Estay (1948), /poeta de Chile, /secuestrado en 1973 y 1974,/torturado en Villa Grimaldi, /desaparecido en 1974/ asesinado” (s/n).

El texto avanza, poema a poema, configurando un discurso sobre nuestra memoria reciente que va de la experiencia compartida a una ya más personal, esto se nota porque el tema del desterrado va cobrando importancia y porque la técnica del collage se atenúa y hasta desaparece, lo que en ningún caso significa que se agote el diálogo intertextual, simplemente se muestra menos en la superficie del poema. Si se mira Oscura palabra con una visión de conjunto o como si fuera un único y extenso poema, cuestión perfectamente posible debido a la gran coherencia discursiva que atraviesa el libro, se advierte que a medida que nos vamos acercando al final la presencia del hablante y de su condición de desterrado se intensifica, hay una lucha por hacer del país fantasmagórico un cuerpo tangible, como puede verse en el poema “Las entrañas de un lugar de nacimiento” ahí encontramos: “entre la quinta y sexta costillas –o quinto espacio intercostal–,/ es decir, los espacios marítimos de las islas australes y el estrecho de Magallanes,/ en una línea con el punto medio de la clavícula izquierda” (77-78). ¿Se consuma esta unión, tan cercana a la unión mística, entre el desterrado y el país? Seguramente por instantes: “Oh país, la sombra larga, el fin del mundo, / como la mujer que amas y que no te ama:/faro apagado de súbito” (75). Lo que si está claro es que el poeta lo intenta hasta el final, es lo que le da sentido a su vida.

Como es natural, lo lírico ocupa un lugar destacado cuando la voz del hablante se vuelve hacia su circunstancia personal y toca aspectos más íntimos. Sin embargo, la cuestión del género de esta obra es más compleja. Como una gran parte de las obras que se escriben actualmente, los géneros se entremezclan y sus límites se hacen borrosos. Aquí lo lírico se entrelaza con lo épico; comulgamos con la emoción del instante, pero también, y con mucha fuerza, advertimos que transcurre aquí el relato de una historia colectiva e individual, un devenir. Una historia que, por lo cercana, debe más a la memoria reciente que a la historiografía, de manera que el género memorialístico entra en el juego. Se recuerda y se construye el recuerdo batallando contra el olvido, condición necesaria a la hora de los balances que se hacen y deben hacerse: “con el perdón de la culpa nada queda/y así todo forma parte natural del olvido” (74).

No es ajena a todo lo que aquí se ha dicho la posibilidad de inferir en Oscura palabra no solo una poética, sino que también una ética para la vida, nacida de una vida entre el destierro y lo perdido. Quizá en el fondo esto sea lo que permite que, al volver sobre temas tan recurrentes, se pueda lograr aquello que planteara Octavio Paz, que las cosas se dijeran como si se nombraran por primera vez; es decir, la poesía.

Estocolmo, Marzo 2011



jueves, 3 de marzo de 2011

Cuando los fantasmas corren por los pasillos



Cuando los fantasmas corren por los pasillos
Escribe Carlos Amador Marchant


Me encontré, sorpresivo, con el poeta José Ángel Cuevas. Fue en el Palacio Rivera de Valparaíso casi al finalizar febrero de 2011 a raíz de una exposición pictórica. Presentí que era él; le reconocí su rostro. Sin embargo, de comienzo no nos saludamos. Ninguno pareció tomar la iniciativa. Motivo: escasos contactos en vivo.

Andaba con su familia observando algunas actividades de arte, y como esa casa ha llamado la atención de mucha gente, optó por entrar.

Noté que había quedado impresionado. Me lo dio a entender con sus palabras. El palacio, para él, ese palacio en desmedro por el paso de los años, le hizo abrir los ojos.

Le expliqué que se trataba de una mansión levantada en 1885, construida con el dinero de Guillermo Rivera Cotapos, su dueño original, en esos tiempos de las glorias del salitre y del dinero que corría como ríos por los bolsillos de los acaudalados.

Cuevas me miraba y parece que mis palabras fueron entrando. En cambio, sólo atinaba a decir “es impresionante”. Le hablé del diplomático Rivera, del abogado constitucionalista, del hombre que había estado como secretario privado del Presidente Balmaceda antes de la Guerra Civil de 1891, de su accionar como diputado y senador liberal por Valparaíso, de los logros en bien de la zona, que el tipo, después de la hecatombe del 91, un año más tarde había hecho una de las más brillantes defensas de los marinos chilenos comprometidos en la riña del Baltimore, la misma que hizo, en la época, un verdadero trastorno diplomático y que casi origina un terrible conflicto armado con Estados Unidos. Y casi asfixiado terminé diciéndole que el hombre luego de tanta barbarie ocasionada por el dinero del salitre y las grandes empresas, y que comprometió, por otra parte, la muerte de miles de chilenos en la guerra civil y el posterior suicidio de Balmaceda, se había retirado a su despacho de Valparaíso sumiéndose en su labor exclusiva de abogado.

“Que impresionante el palacio”, me repitió él. Y entonces entendí que estaba más interesado en esas paredes carcomidas, en los frescos del techo de la gran vivienda, en los fierrajes, en las puertas, en la entrada de ónix que muchos siguen confundiendo con mármol.

José Ángel Cuevas había atravesado la calle Serrano, otrora donde vivía la aristocracia del puerto y que hoy trata de levantarse tras haber sido por largas décadas un lugar de bohemia salvaje. Había subido al segundo piso con su familia para observar lo que queda del palacio y que tanto llama la atención a las visitas extranjeras.

En medio de muchas palabras cambió de tema y comenzó a preguntarme, sin saber hasta ese momento mi nombre, sobre algunos poetas de Valparaíso. Ese fue el momento en que relacioné su rostro con la poesía y le pregunté: ¿cómo te llamas?. José Ángel Cuevas, me respondió. Entonces, dije para mis adentros. “Mierda, lo presentía, su cara no podía ser la de otro”.

Una vez que me presenté, quedó impresionado, no pensó verme en Valparaíso, me imaginaba en el norte de Chile: ¿No te habías ido al norte, hombre?, gatilló. Yo le dije que no, que del puerto no me he movido desde hace quince años, que ya era como una ciudad que he adoptado como la tercera de Chile, y que he querido de verdad.

Nos dimos la mano, nos abrazamos. Lo ví igual que hace siete u ocho años cuando me lo encontré de sorpresa también por la sexta región del país.
De estos encuentros fortuitos he hecho varios recuerdos en mis crónicas. Y es que siempre me han parecido como si estuviesen programados por el destino.

El año 2000, luego de una visita que realicé a la ciudad de La Calera para participar en una muestra pictórica, dialogando con uno de los encargados de cultura de ese municipio, me comentaba que Cuevas había estado la semana anterior dando a conocer uno de sus poemarios junto a la presencia de jóvenes universitarios. Cuatro años más tarde viajé a Talca. En la oportunidad se hacía un encuentro de féminas adictas a la palabra escrita. Eran más de 15 poetas y sólo dos hombres los que participarían en esa reunión que logró llenar la sala. Me tocó recitar en el penúltimo lugar. La finalización le correspondió a José Ángel Cuevas. Más tarde participamos de una tertulia en un restaurant campestre en donde de noche se escuchaba el pasar, rápido, de aguas fluviales. Hubo risas, cantos, vino tinto y mucha comida. Ahí estuvo también la anfitriona, la poeta Silvia Rodríguez. Luego de eso le perdí la pista a Cuevas hasta que regresé a Valparaíso.

El poeta en cuestión, además de profesor de filosofía, profesión que ejerció poco porque luego fue exonerado en el tiempo de la dictadura, es un hombre de una creación urbana que entra profundamente a los sentidos. Es un creador que no se le escapa nada de este mundo en el que estamos viviendo. Su validez está precisamente en eso, en esta sociedad decadente, de los desamparados, de las presiones que impone la nueva economía mundial, las mentiras por donde transita el ser humano de esta era. Hace, José Ángel Cuevas, abrir los ojos, centra a los hombres, los dibuja sobre este mapa de atrocidades.

Me gustaría, y lo digo de verdad, que todos, al leer la poesía de Cuevas, se levantaran del letargo y salieran a la calle a gritar para que culmine el desamparo en donde nos tienen sometidos. No es una poesía panfletaria ni política, es una poesía real. Y cada vez que lo leo veo el peregrinar de mi propia vida y la de muchos, de miles, que sufren esta sociedad de ahora.

Y me lo encuentro de nuevo en forma súbita en este Palacio Rivera, en donde sólo parecía interesado por esas paredes viejas, por esas puertas que aún están paradas más allá de siglo y medio, de los ventanales, de los fantasmas lejanos que anduvieron por esos peldaños, de los que aún andan sin que los veamos, de aquellas legendarias mujeres que transitaban por esos corredores con vestidos amplios y perfumados.



La persona de tu hijo que duerme y duerme


Madre mía que estás en los Estados Unidos
de Norteamérica
en compañía de mi hermana Lili
cerca del Golfo de Méjico y el Desierto de Texas Gulf Oil al infinito
y yo en el Paradero 42 de Puente Alto Chile
doblando por el camino a San José
acostado en medio de la noche
la lluvia cae
mi mente corre, hacia tí
Me voy por el espinazo de América cruzo
el Gran Despoblado de Atacama por las líneas ardientes
del camino del Inca, mi corazón va más allá del Mar Caribe
en dirección a Houston mirando las nubes
porque los Estados Unidos son fuertes
allí en medio del imperialismo yanqui la maquinaria que suena y truena
estás ahí oh madre
sentada te veo
tomar una taza de té puro cargado
con 1 hoja de canela
a 40 mil kilómetros
de la persona de tu hijo
que duerme y duerme
plácidamente aquí en su pieza
Paradero 42 de Puente Alto Chile
doblando
camino
a San José.


(Poema de José Ángel Cuevas (Santiago-1944)



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...