domingo, 28 de febrero de 2010

Notas para una aproximación a la poesía de Humberto Díaz Casanueva

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Dennis Páez M. 16/12/09

(…) no escribo para agradar sino para explorar.

La experiencia poética me interesa como un modo

de transparentar la existencia humana (…)”

H.D.C

Abordar uno de los premios nacionales tal vez más poco explorados no es tarea fácil.

Un cúmulo de obras, tachadas de herméticas por una crítica que no se ha logrado hacer cargo de magna reliquia que nos herenció el poeta nacional, dan cuenta de que no es un autor transparente, evidente, fácil, o tal vez claro y comprensible de buenas a primeras. Por el contrario, Díaz-Casanueva, de una envidiable formación en filosofía, entre las cuales se encuentran en su currícula más de unas cuentas clases con el filósofo alemán Martín Heidegger, es un poeta que aun permanece en el sombrío pantano de nuestra literatura nacional. Sombrío pantano del cual nadie ha logrado rescatarlo eficazmente, a excepción sólo de unos cuantos artículos que tal vez no develan detalles propios de su escritura, y que no han logrado atraer a lectores comunes de poesía, fuera de sus fieles seguidores, en su mayoría poetas, que van tras las pistas de códigos encriptados en las páginas de sus variados libros.

Si bien la obra de Díaz-Casanueva empieza a gestarse paralelamente a la decadencia del romanticismo y las tendencias modernistas precedentes, instauradas en la literatura nacional con plumas como la de Pezoa Veliz o Magallanes Moure, también coinciden sus inicios en la escena literaria con la oleada vanguardista que desde la segunda década del siglo XX en adelante no cesará de remecer las letras nacionales, con propuestas que cada vez más irían en búsqueda de una renovación en la tradición, instaurando nuevas formas poéticas que tendrían pleno desarrollo con el Neruda de Residencia, con el Huidobro de Altazor, con el de Rokha de los Gemidos, y más tarde con La Mandrágora y todos sus secuaces, quienes levantarían la bandera de Bretón en estas tierras hasta los extremos del llamado surrealismo negro.

Sin embargo, el poeta pese a encontrarse rodeado por estas tendencias, asume un cariño y un aprecio intenso (e inmenso) hacia los románticos alemanes, y a decir verdad, hacia toda la cultura germánica. Serán autores como Rilke, Hölderlin, Goethe, Trakl y Novalis los que lo cautivarán en todo su esplendor. Además, claro está, de la influencia que poseen en la gestación de su obra las lecturas de Nietzsche y Heidegger, dos pensadores que dejarán una sutil presencia perceptible en algunos textos del basto legado del galardonado con el premio nacional en 1971 y a los que nos remitimos brevemente en las líneas siguientes.

De Nietzsche el poeta nos dirá que su primer gran libro leído comprensivamente, y que lo cautivo por completo, fue El origen de la tragedia. Y es posible rastrear en su obra alguna de las ideas del pensador, como los conceptos de lo Apolíneo y lo Dionisíaco. En la extensión de su poesía, se aprecia una pugna entre estos dos polos, en los que inevitablemente resulta dominante Dionisios, de manifiesto con un lenguaje invadido por lo confuso, la deformidad, el caos, la noche, las pasiones en su máxima revolución, lo instintivo exacerbado, todo ello permeado por lo inconsciente, lo irracional, la negación del logos en general:

“si muevo la mano alrededor de mi alma encuentro una luz ciega

una zanja llena de hojas escritas

costumbres y creencias, muñecas nudosas, esplendores

nocturnos, fundición de ídolos.”

De Heidegger la influencia es distinta. Ya no es una lectura, sino que son clases o seminarios a los que asistió Humberto, y más aun, las clases sobre poesía en las que Heidegger se abocó a filosofar sobre Hölderlin con mayor entusiasmo, y que por estos días llegan por medio del FCE en una edición titulada Arte y Poesía.

En razón de lo anterior, hay ciertos conceptos heideggerianos como el da sein, el llamado ser ahí, el ser para la muerte, o simplemente el ser, en su total desnudez, que se ven de cierto modo involucrados en el entramado textual creado por Casanueva. Dichos conceptos pareciesen despertar sentido en la lectura del poeta si leemos en sus textos insitencias sobre la temática de la existencia. Bástenos leer la pregunta que inicia uno de los poemas del libro La estatua de sal y la afirmación con la que culmina el mismo verso para entender cómo nos lo manifiesta:

Qué soy para vosotros? un moribundo? Yo no sé lo que soy,

Yo os ofrezco un poco de luna desfallecida en el desierto,

Una sal bañada por mis ojos que cae sin cesar

Y un canto callado.

Esta insistencia en la búsqueda del ser, saber quién soy, qué soy, porqué soy, pregunta existencial que pareciese reiterativa, adquiere nuevas dimensiones al interior de los versos del poeta cuando la óptica se configura en razón de una exploración ciega, exploración a obscuras, entre sombras, trampas del lenguaje, prejuicios y vicios del idioma que nos obligan en reiterados momentos a creer o admitir que somos tal o cual ente o ser. En un breve texto titulado Poesía, escrito en Alemania en 1934, el poeta declara:

Es bello y heroico asistir a las batallas del ser, rehuir todo libertinaje y facilidad y aceptar el cilicio.

De este modo, Díaz-Casanueva, evadiendo todo ello, vierte al interior de sus versos el suspenso, posiciona la sospecha de no tener claridad ni plena consciencia de su ser, aunque sí de las acciones que puede lograr realizar tal ser. En el mismo poema, versos más abajo se lee:

Yo desnudo la sombra dentro de vosotros que es tumba

Y os dejo en el cuerpo un incendio lejano.

Al interior del citado poema canto II del libro la estatua de sal, se nos reiteran incesantes los imperativos. El hablante poético manda: aceptad, apartad, dejad, cerrad.

Desde esta óptica, la posición que adquiere el poeta es la de un supremo omnisciente, quien ordena, manda y exige, y al cual jamás percibimos frontalmente, jamás reconocemos quien es, sino que sigue siendo una incógnita, perpetuamente un otro para nosotros.

Ahora bien, en su obra el poeta es claro o es oscuro, pero a medias jamás. Así en uno de sus últimos libros publicados, titulado El niño de Robben Island, deja ver con claridad las ideas que pretende desarrollar en el poema, mostrando a la vez toda esa faceta humana que durante tantos años le significó ser embajador, defender los derechos humanos y la segregación racial. En dicho texto, el poeta no encripta el significado, sino por el contrario, manifiesta explícitamente y con claridad expresiva todo lo que pretende decir en relación con la segregación de los niños africanos. Tal vez éste texto pueda ser el único en el que predomina el carácter apolíneo sobre el dionisiaco como se expreso líneas atrás. Por medio de un solo poema extenso, desglosa el origen de la diferencia que se establece entre blancos y negros, pintándonos imágenes que destilan una fría y desinteresada labor de las naciones, las cuales, en intento de imponerse sobre otras en beneficio propio para la obtención de materias primas, arrasan a la vez con una comunidad, con un cúmulo de personas a quienes se les extirpa toda noción de derechos que puedan tener, abusando moralmente de todo sus ser derruido por la imposición de otra cultura.

Para culminar, esperamos que este limitado e inacabado introito sea de utilidad a quienes se interesan por la obra poética del autor nacional. Hemos de esperar de igual forma, que la crítica deje de lado Réquiem, poema archicitado del autor, y comience a indagar en otros textos del poeta, de igual y tal vez mayor calidad poética como aquel. Nosotros nos limitamos en este estrecho texto a referir mínimos aspectos de la obra del poeta, esperando incitar a la aproximación a quienes parecen estar distantes de leer al autor de La hija vertiginosa. A aquellos ya iniciados en su lectura, esperamos estas notas sean una razón más para seguir urgetiando entre símbolos de una poesía que tenemos para bastante tiempo más hasta develar la avasalladora presencia de signos y lenguajes, códigos de una realidad en permanente búsqueda que a lo mismo nos invita: iniciar el recorrido o la búsqueda de la búsqueda iniciada por Díaz-Casanueva en su poesía.

Referencias:

-Díaz-Casanueva, Humberto. El niño de Robben Island. Ediciones Manieristas. Santiago de Chile. 1985.

- Díaz-Casanueva, Humberto Antología poética. Santiago de Chile. Editorial Universitaria. 1970.



viernes, 26 de febrero de 2010

Todo cae por su propio peso: A propósito de ciertas lecturas aberrantes de escritor a escritor.


“Todo cae por su propio peso”. A propósito de ciertas lecturas aberrantes de escritor a escritor.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado originalmente en papel en Revista Vomitiva -La Serena

y en el Archivo Bolaño.


El presente artículo sin ánimo de polemizar o constituirse en una apología de Bolaño y sus obras, de modo más específico 2666, voz y escritura que habla por sí sola, además como diría un amigo -aquí todos somos grandecitos y cada cual puede defenderse solo- nace a raíz de la lectura de un texto publicado por Raúl Zurita allá por enero del 2008 en el periódico literario Carajo en su novena edición.

En el artículo titulado “2666 de Roberto Bolaño. Un asunto irresuelto el autor de Purgatorio lanza unas aventuradas opiniones acerca de la novela mamut del desaparecido escritor, mismas que a la fecha, si consideramos el año de publicación del artículo en cuestión “2008” y todo lo que se ha dicho a esta altura con respecto a la novelística de Bolaño, nos lleva a preguntar ¿Qué acaso no hay temas más pertinentes que tocar? Desde luego, algunos pueden y tienen todo el derecho de pensar que la discusión en torno a aquellas opiniones del premio nacional ya fueron zanjadas por ende es válido considerar la siguiente redacción de mi autoría como fútil e inoficiosa; de cualquier modo a favor de ella y pese al desfase de mi recepción y respuesta ante la lectura invectiva que Zurita hace de 2666 se puede mentar entre otras variables dignas de atender, el que no hayan existido, exceptuando una postdata de Carlos Almonte, respuestas contundentes al respecto y por otra parte, hay que prepararse ante la batahola de artículos como éste de Zurita que surgirán frente a la reciente publicación de otro anticipado título póstumo de Bolaño “el Tercer Reich” que ya fue lanzado en España y que se haya pronto a anexar América a su conquista a través de la conocida cadena editorial Anagrama, misma que ha publicado la mayoría de títulos conocidos de Bolaño y que de seguro se hará cargo de los que quedan por aparecer.

Este peculiar fenómeno e inusual moda, circunstancial a la escritura y su calidad, aunque claro, regularmente va en desmedro de ella pues no es el creador ya quien tiene la última palabra sobre su obra sino los editores y sus intereses, mantiene una importante relación no sólo con el texto de Zurita sino con el estado del arte de la narrativa latinoamericana y chilena y desde luego importa a la situación del libro como objeto dentro de las sociedades actuales y el tratamiento general que estas dan al arte. Recordemos que Bolaño pensó entregar originalmente 2666 como cinco novelas interdependientes, ligadas por vasos comunicantes como Archimboldi, la vida y obra de éste ficticio escritor europeo y claro, Santa Teresa, trasunto de Ciudad Juárez. Interesante hubiese sido ver cuán diferente pudo ser el destino de la obra, su recepción critica, la distribución, el juego de las expectativas, el precio de los libros, su impacto y quizá lo más importante, la interacción de los destinatarios entre cada parte mas allá de la linealidad a la que nos somete el mamotreto preparado por Echevarría. Hoy todo lo expuesto se podría argumentar a cabalidad en torno al Tercer Reich o los textos recientes de Donoso y los que de seguro vendrán de Salinger, pero ese factor no se cuestiona o considera en lo absoluto en el articulo del ex miembro de CADA lo cual es injusto ante una aseveración como la que usa para abrir su comentario acerca de 2666, marcando de inmediato la tónica y talante que desarrollará en extenso a la manera de aquellos emperadores romanos dirimiendo la vida de sus esclavos en una justa de circo: 2666 me intriga, y no porque sea una obra maestra, por el contrario, es una novela convencional que tiene un problema grave y sin solución intermedia: o le sobraron 800 páginas o le faltaron 800 páginas.

La pose de crítico demoledor y antojadizo no escatima en artillería y de modo caprichoso pone en tela de juicio la calidad autoral de Bolaño, sobre todo la de su poesía, tal como demuestra la siguiente cita: Su transacción fue un triunfo personal pero, más que eso, es el triunfo de la economía: era finalmente lo suficientemente bueno como para que tuviera que transar. Tampoco se trataba de que se dedicase a escribir poemas, para eso Bolaño era tan poco dotado como Cortázar, Faulkner y Joyce.

Faltó considerar aquí lo poético que dentro de su prosa es Bolaño, a la manera de Woolf, Rulfo y el mismo Joyce, además fuera de lo discursivo el logro de la obra en juicio y su ambiciosa propuesta está en la solución que da a su trama y 2666 a diferencia de Los Detectives Salvajes, la cual no busca repetir, se construye más que en la polifonía y fragmentación en la unidad transversal que otorga la atmósfera y estética del mal que en un sentido apocalíptico desborda las pesadillas que signan a todos sus hablantes y la memoria universal, mixturando genocidios y conflictos bélicos con actos de violencia a veces aislados y otras tantas veces sólo caprichosos o ideológicos, como es el caso del arte y sus -ismos, Las Panteras Negras representadas por Barry Seaman, el Cine Snuff, una pelea de box arreglada o un pueblo pauperizado lleno de pescadores víctimas de cáncer a la piel, sobrepasando en tal medida cualquier ejercicio de racionalidad y escepticismo, allí reside a fin de cuentas la poesía en su sentido extenso, como creación pura y abarcadora, por tanto insubstancial es la distinción entre lírica, drama y narrativa, manida lucha y separación entre géneros que Zurita arguye de esta forma, El nudo central es que su dilucidación jamás será posible dentro del mercado, o sea, dentro de la novela. (…) ¿Por qué haberle inventado una dudosa trama de novela negra a algo que es artísticamente más fuerte que eso, que es en realidad infinitamente más fuerte que eso? ¿Por qué no haber dejado desnudos los informes clínicos de las muertes? Haberle posiblemente agregado un párrafo de una belleza, de una belleza literaria límite, dura, esplendorosa, al principio o al final. (…) era imposible que lo hiciese porque escribirlo así es algo que le competía a la poesía. Luego remata su texto añadiendo: Un autor o autora de novelas si no es un fabricante de mercancías es simplemente una mala o un mal escritor. Lo demás queridos amigos, es simplemente poesía. De esta manera Zurita precisa que ciertas atmósferas pueden desarrollarse mejor bajo ciertos discursos y diseños, sobre todo cuando no duda en acusar a la novela de ser un nicho de mercado en arriendo, lo cual torna la discusión y los argumentos como un enojoso juego de artificio pues en el mismo sentido vale la pena discutir la poesía hoy en Chile y Latinoamérica, cuna desmedida y edificio ocupa o terreno de invasión para cualquier impúber estilizado que escribe verticalmente en su blog y hace caligramas en un fotolog.

Por ello la crítica no da la talla al señalar el fracaso de la Parte de los crímenes al elegir como recurso la novela negra, la crónica periodística y la descripción forense y en tal sentido no alcanzar la magnitud de lo sublime arruinando la belleza de un tema pues este ya no podrá volver a ser abordado. Si pensamos lo que decía Borges, “siempre estamos condenados a leer y escribir las mismas historias”, como aceptar una opinión tan peregrina como esta de Zurita: (…) era imposible que lo hiciese porque escribirlo así es algo que le competía a la poesía. Pero el problema concreto es que la poesía no lo hizo. Y si lo hiciera ya no podría poner los informes como los puso Bolaño y por lo tanto, ya no lo hizo y no tiene remedio. Esa fue la genialidad y la fuerza de "La parte de los crímenes", los informes y el nombre del basural, y ya no se puede hacer otra vez, y no por un problema de "propiedad intelectual" o de obscenidades de ese tipo, sino porque su poder artístico radica también en su primera vez. Entonces piensen, que sentido tendrían los diálogos y coqueteos que él realizó con la obra de Dante o luego con Kurosawa si ellos ya lo dijeron o si antes, todo lo plasmado por otros “maestros” ya estaba en el Ramayana o El Gilgamesh y luego en Kafka y Proust.

En todo caso, dichos como estos sólo tienen un valor secundario, anecdótico y que solo hay que tocarlos de modo tangencial y cuando sea exclusivamente necesario, vale más priorizar ciertos temas del artículo del autor de Anteparaíso que se pueden rescatar, los que sin embargo, al igual que aquellos que penetran en el ámbito de la opinión personal sobre el valor del escritor y su integridad más que al argumento y critica, se deben aterrizar y pasarlos por un tamiz que los libere y dote del valor de fondo que se proponían y pudieron tener. Algunos de estos apartados desarrollados a medias por Zurita son por ejemplo la ya mencionada disyuntiva realidad ficción y el peso que la primera tiene en relación a un tema no menor e irresoluto como la grotesca ola de femicidios en Ciudad Juárez (leitmotiv en la ficticia Santa Teresa) y como el arte, no digo que este sea el caso, puede tender a trivializar o ser un espejo superficial de lo que se pretende representar. Tal como diría Avelar: El problema para el sujeto testimoniante se complica en tanto que el sólo hecho de incluir lo vivido en una secuencia temporal y narrarlo, supone de por sí una traición a la experiencia. La inconmensurable distancia que media entre ésta y su relato implica una profunda resistencia a la metáfora: la pérdida no puede traducirse en lenguaje y mucho menos cuenta con un auditorio capaz de traducir estas palabras en algo visible y/o tangible. De cualquier modo a riesgo de sonar majadero la banalización de los medios y entre ellos la novela, no excluye a la poesía, dotándola de una sacramentalidad a prueba de fuego.

Pero no excluyamos por ello un tema de interés y que pudo aprovechar Zurita en su artículo y que sutilmente llego a rozar, se trata de la critica a las editoriales y su manipulación, sobre todo en el tema difusión y la creación de una imagen, esa tarea que inunda las micros con pancartas, genera artículos en las revistas de las aerolíneas y ampara la creación de consabidos slogans que tienden a agrupar autores por temáticas, droga, sexo, contracultura y reducirlos a una colección colorida para lectores adolescentes o trasnochados admiradores de las vanguardias y su rupturismo, así en la estantería de Herralde podemos ver casi en una mismo nivel El Almuerzo Desnudo y alguna obra de Bayly, a Navokov junto a Cueto entre otros pares inimaginables, y como obviar las citas de afiche hollywoodense “la mejor obra de los últimos 30 años” o “un carpetazo a…”, esos cuestionamientos Zurita apenas los atisba, uno debe intuirlos o sacarlos a sablazos del artículo pues se pierde en una diatriba política que apunta a las multinacionales lo cual recuerda los ilustrados discursos que Chávez dirigía a Mr Danger cito textual: El costo también fue alto: el de ser el "mejor novelista de su generación". Qué duda cabe, pero todo aquello que es "lo mejor de su generación" contiene algo siniestro, en realidad es la forma más grosera del menosprecio (¿fue Dante el mejor poeta de su generación?), y cuando el merchandising califica así a un creador recuerda el típico trato de los patrones de fundo a sus peones favoritos.

Sin embargo hay unos puntos altos en la reseña, creo que el poeta busco dar en el clavo al criticar a los lectores promedio de Bolaño y en general de toda la llamada mafia amarilla, caricaturizándolos del siguiente modo: Roberto Bolaño al optar por la novela optó por una transacción. Es decir: optó por no llevar las cosas a sus límites, por autolimitarse como artista, pero, a cambio, pudo decirles al menos algo a los lectores que decidió no perder. Se trata de un tipo de lector registrado en los manuales básicos de los estudios de mercado: literatoso, intelectualoso, eterno aspirante frustrado a ser Arthur Rimbaud. Lo trágico es que termina por echarse no sólo al bolsillo a los lectores de Bolaño sino a los de Auster, Sada, Fadanelli, Pauls, Piglia, Pedro Juan Gutiérrez, Rey Rosa, Puig, Bukowski, Faulkner y a los mismos autores que no tienen al final la culpa de quienes operan o lucran con el destino de sus obras o más aún, quienes las actualizan, ya sea en concordancia a lo que se proponía el texto o acorde al uso aberrante que cada cual puede dar a una obra al interpretarla, sobre todo si lo mismo dicho más arriba sobre la distinción de géneros opera aquí, si optamos por caricaturizar al lector de poesía como Zambra lo hace magistralmente en un texto titulado “Contra los Poetas”, pensemos sino en todos los huérfanos suicidas arroja versos que deliran buscando en Pizarnik a su madre-amante y en el transgresor de turno a un gurú a seguir, a su progenitor dispuesto a escribirle un prólogo que le abra el Olimpo.

Como cierre atiendo lo más importante a lo que nos puede llevar a reflexionar el texto original de Zurita, la técnica narrativa del autor y no tanto por presencia y detalle en el artículo sino porque la escamotea por completo a través de una abusiva y reduccionista comparación con Finnegans Wake, cito: pero ¿el más "revolucionario" autor de los últimos tiempos? ¿Y un lector de Joyce? ¿Y que conocía bien el Finnegans Wake? ¿Y en una novela de la ambición artística de 2666? No, allí hubo un problema económico; es evidente que si la obra hubiese sido construida en base a una lengua que incorporara el alemán, inglés, mexicano y ruso, concreta, materialmente, como tal vez lo habría hecho un artista radical, habría significado mínimos lectores o, en el peor de los casos, pasar a la categoría de "demente" Pasando por alto ese parangón innecesario se hace importante no eludir la debida mención a la ironía intertextual la metatextualidad, el doble código y el diseño del narrador y voces que se entrecruzan y que Bolaño detenta pues ahí está su herencia, no en una alucinada y mal entendida pretensión del autor de Los Detectives Salvajes por romper la literatura y la comunicación creando una antinovela o el experimento último de la narrativa latinoamericana, esa es una responsabilidad que el mismo creador jamás se puso encima y que en todo caso ya lo han intentado otros como Calvino, Perec, Beckett y muchos más. Bolaño sin negar la admiración a estos proyectos edifica su propuesta al menos en 2666 y en muchos otros de sus textos conforme a fines distintos, a favor de la novela buscando ser hiperbólico y dialogante, aglutina información y hace que el lector se disperse en una búsqueda incesante de fuentes como si se paseara por una hiper-biblioteca o fuese absorbido por el Aleph.

En lugar de tender a la mudez, busca la sobrecarga y eso se aprecia además en su poesía, en un paseo por la literatura o los neochilenos, no va contra la literatura y sus bordes y si eso se busca en el autor, quizá el proyecto más cercano a tal intención sea Amberes, una de las más alucinadas de sus prosas y que podría con esfuerzo entrar a cuestionarse bajo ese prisma mientras que 2666 y las otras obras buscan ampliar la idea de el escritor-lector con un soporte semiótico en el contenido y cuestionando en lo posible los simulacros de esta hiperrealidad llena de espectros y máscaras, y que otros como Zambra en Bonsái o recientemente Zuñiga en Camanchaca están explotando conscientes, agregando a su lectura de la realidad, maneras de los sistemas de masa, la inmediatez y fugacidad de la comunicación y la potencia que para algunos tiene una frase en el Twitter, un mensaje de texto, post de blog o estado de facebook en relación a la memoria personal y colectiva y la percepción de lo verosímil, lo cual Bolaño puso en el tapete de la narrativa acercando un público lector y escritor a los abismos de la cotidianeidad, siendo accesible en su quehacer pero no ingenuo o fácil al punto de ser calificado de espíritu decimonónico, pues bajo la superficie subyacen los rasgos de una postmodernidad tan cara a la literatura de hoy (incluida la llamada neo-vanguardia) que ha buscado y seguirá construyendo desde las ruinas de la sobreexplotación y el maniqueísmo, sus estrategias, mismas que no podemos medir como profesor de liceo a la luz del Quijote, La Divina Comedia o el mero siglo de Oro u otros proyectos que son parte de nuestra propia obsesión y autocomplacencia, sino epocalmente, e ahí su aporte y el de aquellos que apuntan a una cuarta dimensión pero sin atarse al retoricismo abstracto de esferas opacas pues como dijo el mismo Bolaño en su discurso de Viena a propósito del artefacto de Parra referido a los poetas de Chile, todo cae por su propio peso, no sé si se entenderá el término caer por su propio peso, imaginaos una estatua hecha de mierda que se hunde lentamente en el desierto, bueno, eso es caer por su propio peso. Lo demás queridos amigos, es simplemente literatura.



jueves, 25 de febrero de 2010

Presentación del libro: quién va a podar los ciruelos cuando me vaya... de John Landry

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click en la imagen para agrandar


John Landry nació en New Bedford, Massacchusetts y ha pasado la mayor parte de su vida en la península de las cinco millas, en la bahía de Sconticut.

Ha sido parte de la actividad literaria local desde 1970. Dirige la colección de los libros de la editorial Patmos Press y ha editado la revista Collision en los periodos 1994-1997. Participó en el comité de New College Review de San Francisco y en el de la versión del aniversario 50 de la antología Beatitude.

Enseñó poesía y escritura, y dictó una serie de cursos sobre las figuras de Black Mountain College en la Universidad de Massachusetts, en donde organizó La Serie de Lecturas Internacionales. También dictó un seminario sobre la relación Bauhaus-Black Mountain en la universidad de Fulda, en Alemania.

Además ha sido obrero de fábrica, bibliotecario,

mariscador, profesor de cultura e historias nativas de Norteamérica en Plimoth, auxiliar médico en la Whitman- Walker en Washington DC. Vivio en Washington donde trabajo, además, en la Comunidad Creativa para la No Violencia, en el movimiento anti guerra de Vietnam y como activista junto a sus amigos Daniel Berrigan, Allen Ginsberg, Rob­ert Lax, Denise Levertov, Robert Creeley, and Jack Hirschman.

Trabajó con Allen Ginsberg en la Jack Kerouac School of Disembodied Poetics in 1977 y fue asistente bibliográfico de la obra de Robert Creeley en Brown University in 2004.

Ha sido traducido al mandarín, vietnamita, húngaro y español. Sus archivos pertenecen a la Friedsam Library de St. Bonaventure University en Olean, NY.

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miércoles, 24 de febrero de 2010

De la tradición de Oliver Welden

De la tradición de Oliver Welden

Rolando Gabrielli




El poeta Oliver Welden, desde Màlaga, cumple con su ritual para estas fechas en que febrero, es natalicio y el esplendor del verano tropicical. Desde Màlaga, su tercera patria en estos exilios de dos siglos, Welden me convierte por unos instantes en poeta bilingue y traducido a la lengua del singular y enigmàtico Shakespeare, rey de los poetas y dramaturgos britànicos.
Llega su misiva electrònica, amical, lacònica, precisa, en la simple tradiciòn de la amistad y las palabras. Amistad, un viejo ejercicio que practicàbamos por allà en los años sesenta en la antigua capitanìa de Chile, la fèrtil provincia que se nos escurriò como sal entre los dedos, de Norte a Sur y en toda la cardinalidad de sus puntos.
Gracias Oliver, las fechas, son las fechas, para llegar y partir. Brindemos por uno màs, en el azar de los tiempos, por esta vieja amistad a prueba de olvidos. Salud a tu poesìa, a tus dìas españoles, màs bien andaluces. Y que el tiempo nos siga agarrando confesados, ya confesos en la poesìa.
Mis mejores deseos,
Rolando
DOS POEMAS DE ROLANDO GABRIELLI
EN TRADUCCIÓN DE OLIVER WELDEN


Un cisne

Un cisne
aun después de muerto
siempre
será un cisne


A Swan

A swan
even after death
will always
remain a swan


Frutos del mar

Frutos del mar,
frutos de la tierra,
tú y yo,
somos
peces de un mismo barro.


Fruits of the Ocean

Fruits of the ocean,
fruits of the earth,
you and I,
are
fishes of the same mire.

Mi Querido Rolando: Parece que esto se hace tradición. Aquí van dos traducciones de tus poemas para tu cumpleaños. Apio verde tu llu (un día antes). Oliver.

http://rolandogabrielli.blogspot.com/



martes, 23 de febrero de 2010

Poemas de Denn Ray Páez

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*Regresé


Y regresé

pase la estúpida prueba

de la vida

crucé la avenida

del tiempo

juegué a ser hombre

a sentir

a vivir

a morir

y hoy con los parpados

tiznados de óxido

con las amígdalas convertidas

al credo del silencio

pronuncio en voz baja en una plana

la nadería que soy

el hallazgo

yo

otro que confiesa

experimenta en escritura

la memoria de desaparecer

de entumecerse

en la silueta de los verbos

que ametrallaron mi tránsito

a un resumido signario

jamás cifrado

el hallazgo

yo

otro que escapa

efimero aturdido

al espacio nublado

de aquel austero devenir















*Pertenencias


Tengo el ego rokhiano

hundido hasta la tripa

tengo la palabra atascada

en la médula

tengo la soledad entrampada

en la letra

el paladar ácido

amargo

decolorado.

tengo la página en cielo

la escritura desvelada transitando

sonámbula el parque desértico

de mi pena

tengo mis días contados

mis horas sumadas

mis minutos marcados

tengo, ésta ausencia que me invade

estas palabras a medio andar

que me combaten y me apedrean

me aman me alaban y me derrocan

tengo estos signos que

se persignan cuando los enuncio

tengo esa memoria

que olvide se desmemoria

esta escritura que va

de canto dulce

a amarga euforia

tengo el deseo

el silencio el tiempo las cosas

las palabras los libros

las prosas los versos

pero me falta perderme

a ver si encuentro

forma de-tenerme










*testimonio


la escritura en mi siempre fue desgarro.

heridas empusadas desporandose volcánicas

a la página que las soporta

la escritura en mi siempre fue presión.

desbordes de prisiones, expurgar el caos

en mil modos de expresiones

la escritura en mi siempre fue búsqueda.

Exploración a ciegas,

pasos en pantanos sombríos

intransitados

vértigo puro,

caída al hondo terruño de la pasión

la escritura en mi siempre fue vivir

entre verso y verso sentir en imágenes transcurrir

entre coma y punto oír la orquesta del partir







Reseña del autor:

Denn Ray Páez (Rancagua, 1986-) escritor radicado hace buen tiempo en la ciudad de La Serena. En la actualidad se encuentra concluyendo sus estudios de pregrado en lengua castellana y filosofía en la Universidad de La Serena. Ha publicado algunos textos en revistas literarias del país, destacando los aportes realizados de poesía visual. Ha participado y organizado diversos encuentros de poesía, como también ha asistido a los últimos congresos de literatura en calidad de expositor. Sus principales intereses escriturales van desde la poesía hermética a la poesía visual. En la actualidad trabaja dirigiendo la revista de literatura y artes visuales “Vomitiva”,(www.vomitiva.blogspot.com) y se encuentra en proceso de edición de las que serán sus dos primeras obras: antología prematura y preámbulo al óxido.




domingo, 21 de febrero de 2010

Poemas de Camilo Brodsky

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Frankenhausen, 1525


Hay una ronda de ácaros en mi garganta

esperando el fuego

Su ritual de paso es la hoguera;

otros prefieren las decapitaciones o los

empalamientos. Cualquier cosa que tranquilice

la bilis de los señores agitada,

indignación por la revuelta

absurda de sus pobres

Hay una ronda de ácaros en mi garganta

Silos donde el grano se comienza a corromper y las azadas

vuelven al lugar oscuro desde el que vinieron a estos campos.



El zelota piensa en la muerte y sus repercusiones inmediatas


Acaso moriré hoy —piensa el zelota

en medio de la renuncia que el fogonazo

podría convertir en heroismo.

Se toma el estómago. El dolor en el

costado casi lo dobla sobre sí.

Podría morir hoy —repite como un mantra.

El cansancio no le nubla el pensamiento.

Se ve el zelota, sin embargo, ejecutando

danza de lobos en el Friuli

cuidando las cosechas de unos campos que aún ignora

coloreados como cuadros de Van Gogh por el estío, y no percibe

ningún cuerpo dando un golpe seco

contra el suelo y la arena

roja.

Morir —piensa el zelota muy adentro de su

propio silencio— no es lo que quiero para mí en este día

jalonado por el viento en Galilea.




Julius y Ethel Rosenberg duermen sobre pálidas banderas


El cuello subido de ese abrigo que le

queda grande a todas luces

no impide que se cuele el viento frío que debiera

estar corriendo junto al Hudson ese día en vez

de escurrirse cuello abajo, desde la nuca

hasta la altura del riñón derecho. Julius

quisiera que esto solo fuera

otro malentendido, un embrollo más de

judíos perseguidos

por el sino kafkiano de la diáspora —los

lentes sin enderezar sobre el puente

de la nariz tienden a profundizar la

sensación de desamparo que transmiten las

fotografías de los diarios, mientras

unas manos demasiado

pequeñas para ese, su cuerpo de paso

desaparecen absorbidas por las mangas del

abrigo—. Julius espera aún cierta respuesta

lógica de parte del sistema y sus peregrinos

engranajes, aunque él y su bigote asisten

hace meses a la farsa de los tribunales y el

silencio de sus propios compañeros. Ethel,

por su parte, enfrenta con los ojos sumergidos en

silencio esta pública penitencia —su boca

pequeña de botón fruncida en un mohín

captado por la prensa amarillista, reja de

por medio entre su propia condena y la de

Julius, siempre más cercano a la corrección del

niño que no entiende su castigo, una cierta forma de

reproche que se basa en la inocencia sorprendida

por la dura mano adulta que le cae encima.

Ethel quieta saca con un leve movimiento el cielo

que amenaza con caer rompiendo el

límpido binomio de sus ojos; Tesla no creemos haya

nunca imaginado a la corriente alterna

expresarse con espasmos en el cuerpo de una

joven comunista en Nueva York, menos

aún la resistencia que la pequeña humanidad

ofreció al ingenio tecnológico con que La

Muerte se buscó lucir esa mañana.

—fueron tres las

descargas necesarias

para acallar el silencio

eléctrico de Ethel. A Julius

lo han freído unos minutos antes y el

penetrante aroma del amoniaco que

se cuela en cada espacio de la sala busca

atenuar el olor acre de las

heces y la orina que

escurrieron desde el cuerpo

tras la descarga y el temblor—

Ahora Julius va perdido sobre su mirada y Ethel

recoge el dobladillo del vestido verde que se ha puesto,

cubriendo el cuerpo humeante tras la ejecución. Sonríen

sobre el cielo del país que acorraló sus cuerpos y la

noche neoyorquina va esparciendo por el Bronx

cenizas de libros quemados echadas al viento.



Ulrike mira con los ojos entornados al zelota


Atrás queda el Deutsche Herbst con su

ruido de hojarasca a punto de descomponerse y los

MP5 traqueteando por las calles alemanas.

Ulrike mira con los ojos entornados al zelota, y este

se pregunta en su delirio de centurias si la fiebre

lo ha llevado demasiado lejos esta vez. Las

puertas de la cárcel de Stammheim los separan del

tráfago de ruido y acerrín sobre los vómitos y el tiempo.

Es todo una película que corre en blanco y negro

Mareado con las voces que lo sitian en germánico el

zelota ya no entiende las complejas filiaciones que lo

unen para siempre con la Baader-Meinhof y su suerte.

Entiende, sí,

de la sangre el mecanismo que la

multiplica por las calles

en Berlín en Galilea, o a la

vuelta de una esquina en los ‘70

en Santiago o Buenos Aires.

El zelota sabe de esa fuerza

que ha perdido toda dimensión:

es el salto y el terror al salto, el juicio

sobre el salto motivado por el miedo a darlo y la

inmovilidad de la cabeza que después

asiste al vuelo por los aires de fragmentos

craneanos y un montón de camas sin hacer

voluntades disparadas al espacio en un

revoltijo de neuronas y clichés teóricos chocando

contras las paredes de la pieza azul del hospital.



Reflexión sobre el perro muerto en cada uno


Escueto el ejercicio de la vida y sus

manecillas. Hay un perro muerto en

cada uno, pero ahora solo puedo

pensar en el que estaba hasta hace un rato

boqueando apenas bajo un árbol de la Villa,

la Villa Galilea, a pasos de los

estacionamientos vacíos y los juegos

infantiles, al costado de la multicancha donde

juegan los volados con sus perros

muertos en la espalda y trotan las

familias con sus perros muertos escondidos

bajo el buzo y corren

nuestros hijos con sus perros

pequeños pero muertos de igual forma

entre sus baldes y pelotas

de polietileno azul.



Cabaret Voltaire


El compañero Presidente mira las adoquinadas

calles de Zurich desde la ventanita izquierda del

Cabaret Voltaire, como a la espera de que Lenin

pase por la vereda del frente, tome asiento y continúe

la partida de ajedrez dejada abierta ayer nada más

por petición de Hugo Ball, que fue corriendo a apagar la

cafetera prendida al interior del local. El compañero

Presidente parece ido, transportado sobre la mirada

que echa así como al descuido sobre el exterior manchado

por la nieve y los charcos de barro que los primeros autos

van dejando entre los adoquines. Allende —el compañero

Presidente, sí, el mismísimo— quizás pregunta al silencio

invernal de Zurich si su propia vida no fue acaso una intervención urbana, un

montaje dadaísta sito en La Moneda, con inesperados

vórtices caníbales arrastrando campesinos obreros y estudiantes —¡Adelante!

en la algarabía decontruccionista de la performance ejecutada con

delicioso gusto y fatales consecuencias. En este punto es quizás posible

que el compañero Presidente visualice el rol

duchampiano que cumplieron los exégetas

de la profecía autocumplida del fascismo y la revolución —por un lado

enunciando la inevitabilidad histórica de su propio aniquilamiento y haciendo

de este modo posible su concreción; por otro,

connotando y designando los procesos solo

nominalmente y esperando con esto cristalizar

—demiurgos del materialismo histórico encerrados

en su propio Gran Vidrio— el proceso en sí,

haciendo de la política gesto y ya no

acción. Es posible también que el compañero

Presidente —Allende o “Chicho” para la izquierda

confianzuda— simplemente deje que se vaya el tiempo

entre las cucharadas de azúcar cayendo en su taza, o que prefiera revisar el bolso

de mano que cuelga de la silla en busca de cigarros ­—un vicio que

lo acompaña desde poco antes de esta forma extraña de vivir la propia muerte,

pero que le complace en lo más íntimo de su dicotomía de doctor y revolucionario

que mira el devenir de un mundo. No el suyo, necesariamente; sólo un mundo

cualquiera, que va pasando ante sus ojos de mártir sin pasta para serlo, que se

desarrolla de manera previa a su muerte digna de luchador social y compañero, que no

adivina todavía su futuro de estampita religiosa, su perfil serigráfico en alto contraste

/adornando todas

y cada una de las marchas a los cementerios de su patria —procesiones en

sentido inverso al recorrido del poder: de los nichos empotrados en los

muros de la necrópolis no se marcha hacia las Alamedas, sino desde estas a las tumbas,

devenidas en hogar natural de las ideas del compañero Presidente, que insistimos,

puede estar tan solo echando un ojo —casi de jubilado, podríamos decir—

sobre la pelusa de nieve que comienza

a caer en torno al Cabaret Voltaire.



Camilo N. Brodsky B. (Santiago de Chile, 1974) Licenciado en Estética e Historia del Arte por la Universidad Católica de Chile, con estudios en Literatura y Lingüística Hipánicas en la misma universidad y de Magíster en Historia y Ciencias Sociales en la Universidad Arcis.

Ha colaborado con diversos medios escritos, como el diario La Nación y las revistas Patrimonio Cultural y Mapocho. Sus textos han aparecido en publicaciones impresas y electrónicas tanto en Chile como en el extranjero, aunque ninguno ha tenido mayor repercusión, para ser sinceros. Trabajó como investigador y redactor de las secciones de literatura, filosofía, artes e historia del sitio www.memoriachilena.cl, dependiente de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM).

Fue redactor, subdirector y director de revista Surda, además de ser editor del suplemento cultural de dicha publicación, Párrafo Izquierdo. En 2005 obtuvo la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y en 2006 Editorial Cuarto Propio publica su libro Las puntas de las cosas, siendo actualmente director de la colección de poesía de dicha editorial chilena.



sábado, 20 de febrero de 2010

La Lengua tiene Congreso en Valparaíso











Valparaìso, el legendario puerto chileno, una de las principales entradas a Amèrica latina por el ocèano Pacífico, serà sede del V Congreso Internacional de la Lengua, del 2 al 5 de marzo pròximo.

Organizado por el Instituto Cervantes, la Real Academia Española y la Asociaciòn de Academias de la Lengua Española, el Congreso serà marco del lanzamiento del Diccionario de Americanismos, la versiòn abreviada de la Nueva Gramàtica de la Lengua Española y sendas ediciones conmemorativas de los dos Premios Nobeles de Chile: Gabriela Mistral Pablo Neruda. Asimismo, se editarà una antologìa de la poesìa hispanoamericana de autores entre 35 y 50 años.
Tres personajes vinculados con la cultura de Chile seràn los homenajeados, en un evento que destacarà tambièn el Bicentenario de independencia de España de algunas repùblicas latinoamericanas. Estos protagonistas destacados son: el venezolano Andrès Bello, quien creò la Universidad de Chile en 1842, el Còdigo Civil, una Gramàtica del idioma castellano, entre otras obras, y los poetas Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, ambos vivos y que juntos representan casi dos siglos de poesìa.

Valparaìso, fue una de las puertas de Amèrica latina hasta la puesta en marcha del Canal de Panamà en 1914, y por ahì ingresò Rubèn Darìo, padre del modernismo y allì editò en 1888 Azul, libro con el cual iniciò la revoluciòn poètica en el idioma español. Pablo Neruda, quien le da un nuevo aire a la palabra poètica despuès de Darìo, escogiò entre sus lugares favoritos para vivir, a Valparaìso y allì fundò una de sus casas emblemàticas: La Sebastiana. Esta nota, la preside una fotografìa del escritorio de Neruda en La Sebastiana, cuyo ventanal mira la bahìa y guarda los secretos del vate de Isla Negra.

Y en esta fiesta de la lengua, la palabra la tiene la poesìa: Nicanor Parra, vuelve a torcer el cuello al cisne y su anti-Poesìa que es màs poesìa que anti, le da un tercer aire a la poètica en idioma español.

Valparaìso es uno de los grandes poemas de Chile, puerto enmarañado de calles y cerros, donde el color es parte de la metafìsica de sus cerros que ignoran los abismos que sus casas crean e invitan a volar. El puerto es tierra firme, rodeado de mar, pero en sus cerros y geografìa quebrada, en su mundo de escaleras, es el aire el que pesa en el paisaje y sostiene a las personas suspendidas en sus sueños y realidades. Hay quienes califican a Valparaìso de disparate urbano, guiño a la mescolanza de estilos, escalera al màs allà, digo, pasos que escucho en mi otra infancia. Valparaìso es mi piso barroco/ojo de viento rojo azul negro/no tiene norte ni sur el puerto/sus vocales viajan de boca en boca/agua que cae al mar/escaleras a lomo de mula/palabras sin brùjula/dragones de un mismo fuego.

___________________

Epilogo

La Agenda del V Congreso Internacional de la Lengua, ha tenido un cambio sustancial en el marco de los discursos inaugurales del evento a solo dos semanas de iniciarse el evento. Las autoridades chilenas, eliminaron de la lista de participantes a los escritores Mario Vargas Llosa y a Jorge Edwards. Las malas lenguas culpan al apoyo de ambos escritores a la candidatura del actual presidente electo de Chile, Sebastian Piñera. El 2 de marzo solo hablaran la Presidenta Michelle Bachelet, el Rey de Espana, Juan Carlos y la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel Las autoridades chilenas han dicho que el cambio se debe al factor tiempo. No mencionan al poeta Oscar Hahn, quien en principio figura como el orador que clausurarà el evento. Chile, paìs de poetas.

Del doble Epilogar

Las autoridades culturales oficiales chilenas, a travès de la ministra Paulina Urrutia, han reiterado que el programa del V Congreso se desarrollarà tal y como se acordò desde un principio con la participaciòn inaugural del autor de La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa y Persona Non Grata, Jorge Edwards.

Autor: Rolando Gabrielli
http://rolandogabrielli.blogspot.com/

viernes, 19 de febrero de 2010

Revista de poesía Antítesis: Fuga de lo presente como gesto de actualidad.

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Revista de poesía Antítesis: Fuga de lo presente como gesto de actualidad.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Revista de poesía Antítesis número cinco, es la última entrega de un proyecto dirigido por Gonzalo Gálvez que constituye dentro del atiborrado panorama de publicaciones nacionales tanto en papel como digital, una propuesta innovadora en la medida que manifiesta dos intereses divergentes a lo que nos tienen acostumbrados durante el último tiempo, los medios de difusión y diálogo en el país; la mercantilización de la publicación y sus actores y por otra parte, la excesiva preocupación de la coyuntura, una atención desmedida a lo inmediato y fugaz, sustentado más en el slogan y escándalo que en el ejercicio mismo de escritura.

Por ello desde el 2006 el esfuerzo de Antítesis tanto en la constitución de la revista como en la publicación de plaquettes, cuadernos de poesía editados bajo el mismo sello y que incluye a voces como las de Luis Andrés Figueroa con “Una forma de huella en la arena”, Sergio Madrid con “El Esplendor” e Ismael Gavilán con “Raíz del Aire” persigue tal como señalan en la editorial de esta edición de primavera del 2009, proyectarse desde Valparaíso pero no en un sentido regionalista o con localismos chauvinistas sino como una manera de aproximarse desde un lugar/territorio (real o ficticio) como plantea Rodrigo Arroyo en su artículo dedicado a la poética de Eduardo Correa.

Este último es parte de los poetas revisitados por Antítesis y que junto a otras voces como las de Ennio Moltedo, Rubén Jacob, Renán Ponce, Virgilio Rodríguez y Alfonso Alcalde, Juan Luis Martínez o Waldo Rojas, constituyen discursos y voces de interés que han contribuido a crear un corpus pero con un trazo más largo y cito textual del prólogo de esta edición: “Antítesis no milita en las acaloradas discusiones de la coyuntura” por ello la fuga de lo presente la reconocen como su gesto más actual, de allí el nombre: “antítesis como contrariedad a la alta exposición que tiene hoy lo más inmediato y visible de lo que se está escribiendo, así como la que se da a las reacciones apasionadas de sus comentaristas”

Sin duda Antítesis en esos cinco números que llegó a entregar, nos ha permitido revisar el panorama no sólo de la quinta región sino observar desde ese territorio de ecos y no de voces como dice Correa en su entrevista titulada “Muerte y delirio en el Valparaíso de Correa”, las resonancias nacionales ajenas al ruido y las luces artificiales que distraen de lo que importa, la literatura.

En definitiva como lectores se agradece el esfuerzo y el brío de la publicación por no apostar a las masas y a la facilista inmediatez, sino que instando en todo momento a la reflexión en las líneas profundas de la creación, así lo demuestra esta edición que nos entrega una completa entrevista, lectura y selección de poemas de Eduardo Correa a cargo de Arroyo Castro y Rioseco Aragón, un dossier de Alfonso Alcalde a cargo de Cristian Geisse Navarro, que en el último tiempo se dedicara febrilmente a entregar una completa recopilación del llamado primer beatnik chileno. En poesía podemos revisar textos inéditos de Waldo Rojas “Círculo de Boj” y una carta a J.L Martínez escrita por Rubén Jacob y en traducción a Margherita Guidacci entre otros artículos de interés, que nos llevan a esperar la aparición de otros medios que al igual que Antítesis permitan como dice Gálvez: “un punto de encuentro entre creadores y lectores, un punto medio entre palabra creadora y reflexión, un halito por nadie, un viento”



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