martes, 31 de marzo de 2009

Cartas a Viviana

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Cartas a Viviana

por Rodrigo Ramos Bañados.


-Recuerdos para la vivianita que en paz descanse. Roly.

Las animitas pueden describirse como oratorios populares que cumplen como intermediario entre lo terrenal y lo sobrenatural. Entonces el fallecido -casi siempre en terribles circunstancias- y motivo de la animita rogará a los espíritus mayores dónde esté, en este caso en el cielo, por la buenaventura de quien pide. Estas creencias parecen más agudas en contextos de supervivencia o de pobreza. De ahí el culto a los santos o a las animitas en Alto Hospicio.

-Hola Viviana: te quiero decir que me disculpes por dejar este desastre el otro día. Ojalá a ese viejo culiao que te violó y te mató que le hagan lo mismo en la cárcel. Chao.

-Dejo este recuerdo a la Vivi que no conocí, pero te pido un favor CUIDAME EN HOSPICIO. El Puente Juan.

-Hola Viviana, soy yo de nuevo, el Fabián. Vine con unos amigos y vamos a subir el cerro como siempre bueno te pido que nos cuides y que no nos pase nada. Chaooo. Fabián.


En Alto Hospicio llamar a Dios cuesta una osito de peluche o alguna muñeca. Las intermediarias son las chicas asesinadas por el sicópata Julio Pérez Silva –quien cumple reclusión perpetua en la cárcel de Acha, Arica-. En este contexto maniqueo, Pérez Silva es el demonio por el acto de asesinar y violar a una decena de chicas aprovechando el contexto de la pobreza extrema y la soledad desierto como el mesón de la carnicería.

-Hola, somos la Nicole, la Evelyn y el Tata que siempre te vienen a ver. Sabes nos sentimos medios ajenos porque no te conocimos y habría sido un dolor muy grande haberte conocido y yo y mis amigos te deseamos lo mejor estés donde estés y si puedes te vamos a pedir un favor. Nuestras vidas no han estado del todo bien ya que hemos estado un poco solitarios emocionalmente y no hemos sido responsables con nuestros deberes terrenales, queremos poder terminar nuestros estudios y queremos que todo nos salga bien. Bueno, puedo agregar que yo por mi parte no creo en los milagros, pero por si acaso. Sin más palabras, con harto cariño y patudez, nosotros, jajaja

-Hola, nosotros te vinimos a ver desde Santiago, estamos aquí escribiéndote estas líneas, esperando que tu alma esté con nuestro señor, Adiós.


-Hola, que tu alma esté con Dios y espero que así sea. Que Dios te bendiga y protega a mi hijos desde el cielo y a mi familia, que por medio de ti, Dios nos cuide.

Viviana Garay fue una más de las víctimas del sicópata de Alto Hospicio, caso que conmovió a Chile en . Cuando subió al vehículo de Pérez Silva, Viviana Garay, como las otras chicas, estudiaba en el Liceo de Alto Hospicio. La desaparición de Viviana marcó el antes y después en este caso, pues su padre, hoy concejal de Alto Hospicio, realizó intensas gestiones para cambiar la versión de la policía respecto a que las chicas integraban un red de trata de blancas. Posteriormente un confeso Julio Pérez indicó el lugar donde estaba el cuerpo de Viviana. Hoy el lugar está transformado en una animita en medio del desierto. Desde la animita extraje, a modo de préstamo, uno de los cuatro cuadernos donde se pueden leer peticiones e historias.


-Hola Viviana. Aquí estoy con mi esposa y dos de mis 11 nietos, Maykol y Abraham. Ellos hace meses que no vienen a verte porque estaban viviendo en Iquique. Ahora están con sus abuelos aquí en la pampa. Te traigo agua, nos es mucha, pero alcanza para regar las plantas. Ayúdame Viviana en conservar mi trabajo y yo siempre vendré a visitarte hasta el día que Dios nos recoja y deje esta vida. Bueno Vivi debo retirarme y para la próxima traeré más agua.

-Viviana hoy quisiste que conociéremos donde estaban tus restos porque aunque tu cuerpo no esté aquí, tu alma descendió. Dios de perdón a quien te hizo esto porque su alma no está tranquila, pero la tuya sí, porque estas con Jesús-.

Es difícil hallar la animita de Viviana, a pesar de que está ubicada a alrededor de 800 metros del radio urbano –sector La Negra, de Alto Hospicio-. De la nada surge un sofá de los años 80 y después un montículo amorfo, a simple vista, que luego se descompone en 50 o más peluches desteñidos por el sol. Los peluches y los cuadernos –ásperos al tacto- ya adoptaron esa textura de corcho. El barniz amarillo de la soleada está en todos los rincones de este santuario de cartón y a corta distancia, parece un camuflaje que puede hasta desviar la ruta hacia los precipicios que dan hacia la costa. El jardín es de flores amarillas, todas de plástico; luego la tierra deja ver botellas vacías de agua y latas de cerveza. La cruz cierra los ángulos.

-¡Hola Viviana! Al fin llegué con mi esposa, pero ahora no traigo a mis nietos. Te traigo más agua que la vez pasada. Gracias Viviana porque aún sigo con trabajo ¿Sabes? Votaron a cinco serenos que llevaban más de 1 año trabajando y me dejaron a mí que el 13 del presente recién cumplo dos meses ¿Qué tal? Mientras yo esté trabajando siempre vendré a visitarte, y el día que me despidan visitará a tu padre para que me ubique en alguna parte de la municipalidad ¿Qué te parece? Bueno hija, yo ya me estoy retirando y vendré la próxima semana. Chao ¡Acompañame!

-Hola Vivi, recién vine a conocer dónde estás tú en tu grutita. Te pido de corazón que ayudes a mi familia y mis hijos para que se arregle mi situación con mis hijos. Gracias.

-Yo vine a visitarte porque deseaba saber donde te hicieron daño. Te recordamos con mucha tristeza y a la vez que se haga justicia por el daño que te hicieron y cuida a todas las niñas. Con Cariño, Claudia, Valeska, Gabriela, Carmen y María.

La tapa del cuaderno está quemada por el sol. Fue un cuaderno universitario, marca Torre. Lo elegí al azar entre los cuatro de su tipo que había. Todos los escritos redundaban en lo mismo: peticiones y saludos. Lo que sale de lo común en lo escrito, por lo menos, en este cuaderno, es la introducción de una obra de teatro –tipo cuento negro- para posteriormente desembocar en ordenamiento de dramaturgia. Son 30 personajes que viven en la población Santa Amalia, uno es el negro Juan, microtraficante de la zona y los otros dos personajes son el cuchilla, peligroso delincuente acusado de homicidio y el otro personaje es el choro nene, fiel acompañante del cuchilla, tiene cargos por transporte y consumo de droga y el último personaje es Aquiles, reconocido microtraficante del Norte de Chile.

-Hola Vivi, te pedimos que nos cuides de la gente mala de este mundo. Dile a mi padre que siempre lo amaré y cuidaré a mi madre como él lo quería. ¡Tu muerte no fue en vano! Nos veremos en la otra vida. Danos mucha suerte. A mí y tu tía. Maritza Garay y Manuel.


“Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo”, epitafio de Miguel de Unamuno.




lunes, 30 de marzo de 2009

Nota preliminar, por P. L de Al bello aparecer de este lucero.

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Nota preliminar, por P. L de Al bello aparecer de este lucero.

noticia preliminar*


Al bello aparecer de este lucero es, en un cierto sentido, un primer libro de Enrique Lihn. Afirmación desconcertante para sus lectores de Hispanoamérica que han leído muchos otros del autor en sus lugares propios, pero en la que debo insistir porque este libro es el primero en las condiciones actuales: las del ingreso de este poeta en el ámbito hispanoparlante de los Estados Unidos, casi otro país cuyas cercanías y diferencias son sin duda algo más que la suma o laresta de las cercanías y diferencias que hacen posible el diálogo de un espacio y un texto, en un sitio y en un tiempo específicos.


Hay también otras razones para reducir la afirmación inicial. Deja intocada esta evidencia: E. L. es conocido en USA a través de numerosas traducciones en revistas y libros, el último de los cuales y — el más abarcador — es The Dark Room and Other Poems, editado por New Directions en 1978. Pero no es ése el tipo de difusión al que me refiero en el párrafo anterior.


E.L. es uno de los poetas actuales más importantes en lengua española. De esto vienen dando cuenta, desde la década del sesenta, las antologías más exigentes, las revistas especializadas que solicitan y acogen reseñas y ensayos críticos sobre su trabajo, las diversas ediciones que se suceden en Chile, en México, en el Perú, en España. Los premios recibidos y esas otras formas de reconocimiento que son las becas de fundaciones extranjeras indican asimismo un consenso valorativo.


* Por su interés informativo, se reproduce la nota de Pedro Lastra a la primera edición,

publicada en 1983 en Hanover New Hampshire, por Ediciones del Norte (N. del E.)


En 1966, E.L. obtuvo el premio Casa de las Américas por Poesía de paso, un libro escrito cuando era becario de la UNESCO. En un orden parecido de azares favorables, una nueva estadía del poeta de paso en New York como becario de la Guggenheim Foundation coincidió con la edición antológica de New Directions. Ese mismo año escribe A partir de Manhattan, un volumen con el que la Editorial Ganymedes se asoció al año siguiente a la celebración del cincuentenario de E.L. Los testimonios de este suceso del exilio interior fueron recogidos en Derechos de autor (1981), un libro manufacturado de considerables proporciones, simultáneo en su aparición y desaparición (la tirada de ochenta ejemplares estaba destinada a los amigos literarios de E.L.)


En cuanto a las antologías, no es fácil nombrar una que omita la presencia de E.L.: los lectores avisados de la poesía hispanoamericana tendrían un fundado derecho a disentir de tal improbable omisión.


Y entre las compilaciones significativas en otras lenguas debe mencionarse aquí 16 poetas hispanoamericanos, publicada en Atenas por Rigas Kappatos (1980).


Como narrador, el cuentista de Agua de arroz (1964) ha vuelto a la prosa en el pasado decenio con novelas decididamente experimentales, en las que el lenguaje se representa a sí mismo distribuyéndose los roles que la tradición ha asignado a los personajes y a los acontecimientos. Las define bien el título de la última: El arte de la palabra (1980). Como ensayista sobre temas literarios no sólo interesan los artículos y notas que E.L. publica con frecuencia en Hispanoamérica y en USA. Considero legítimo incorporar en este rubro al conversador y remitir a un libro que lo confirma: mis Conversaciones con Enrique Lihn (1980).


La esquemática figuración del quehacer de E.L. que he intentado esbozar para los lectores de Ediciones del Norte debe completarse con otras observaciones. Me las sugiere la disposición misma del diario de poemas que es Al bello aparecer de este lucero. Los días intercambiables que lo conforman me inducen a la anotación marginal, asistemática. Un resumen de la idea motivada por el diario: lectura en movimiento suscitada por un conjunto de textos que en este caso no podrá detener la materialidad del libro que lo contiene. E.L. nos empezó a familiarizar con estos procedimientos desde Poesía de paso, diario de viaje o registro de situaciones, que al verbalizarse como respuestas fragmentarias e inmediatas a los estímulos y provocaciones de lo desconocido abrían el espacio de un paradojal reconocimiento: el que alcanza una mirada oblicua, distanciada y ajena, para la cual la percepción de un lugar produce lamemoria del mismo. Una primera vuelta de tuerca, en la que se revela entonces una diferencia: las fascinaciones del viajero encubren las tentaciones de una instalación imposible fundada en un saber negado de antemano. Porque el poeta de paso no conocerá nunca los lugares de que habla: se limitará a recorrerlos. Sus andanzas "dan cuenta más bien de un cierto desarraigo, que se extiende a la propia existencia sentida como un viaje". (E.L., Conversaciones).


"El viaje es un cambio de escenario que corrobora la persistencia del sujeto que viaja", agrega E.L. Y así lo sentimos en los variados espacios que sus libros parecen escribir, pero en los cuales sorprendemos de pronto a un sujeto que es escrito por ellos, circunstancia insinuada en los títulos al determinar las menciones espaciales con ciertas marcas —ambiguas— de ruptura de la univocidad: Escrito en Cuba (1969); París, situación irregular (1977); A partir de Manhattan (1979); Estación de los Desamparados (1982). Creo que París, situación irregular ilustra con plenitud la eficacia de estos modos escriturales de E.L. y las proyecciones logradas.Carmen Foxley describió en su oportunidad esa escritura en un estudio ejemplar, modestamente titulado "Prólogo", y al que deberá regresar sin tardanza el lector cuidadoso. Porque cambiando lo que hay que cambiar (actitud que esa clase de lector siempre está dispuesto a asumir), advertirá que el diseño del diario de viaje, dibujado con tanta precisión por Carmen Foxley en su lectura de aquel libro, traza también algunas líneas aplicables al diseño de este diario de poemas. Otro dibujo, desde luego, pero de un sujeto igualmente "en situación irregular" con respecto al asunto que genera el discurso de Al bello aparecer de este lucero. Resumo los avatares de la escritura de E.L. en los últimos veinte años, tomando de más atrás la corrida.


La pieza oscura (1963) explora centralmente "la relación entre la memoria y el lenguaje poético, algo así como una misma actividad que se desarrolla en planos homólogos" (E.L. Conversaciones). En particular el poema que da título al libro y los de la serie que se despliega allí como una constelación, manifiestan una imposibilidad del sujeto reminiscente o evocador en busca de un tiempo perdido: la infancia sólo existe gracias a la memoria en un presente que es el texto. Ese viaje es ilusorio: no hay más infancia ni más tiempo pasado que los que produce la memoria en el lenguaje. Comprobación sombría, pero que tiene su contrapartida en el mismo carácter ilusorio del rescate: una forma del deseo, un desquite contra la ominosidad de lo real.


De modo semejante, o mejor, homólogo, se constituye el viajero denodado que discurre por Poesía de paso y los otros libros (escenarios) de ese género. Sus desplazamientos se resuelven como desencuentros que originan un discurso antiutópico, corrosivo, disfórico, crítico de sí mismo y del contorno que registra sin la menor complacencia.


Una imagen une, para mí, la figura de ese viajero con la del personaje que habla en La musiquilla de las pobres esferas (1969): la muerte de los coribantes y el eco —ahora sólo un ruido— de la música a cuyo son realizaban sus movimientos "descompuestos y extraordinarios". Ese ruido es el sonsonete vacuo, la lira envilecida que Waldo Rojas sintió fluir por la única y desvencijada ventana que acaso persiste de la luminosa caverna de Blake ("Nota preliminar" a La musiquilla...).


Al bello aparecer de este lucero puede leerse como un entramado de las varias direcciones recorridas por E.L. hasta llegar a este punto. Pero como un entramado no es una suma, se trata aquí de una resultante singular y extrema respecto de algunos procedimientos puestos en práctica en los libros mencionados, y no sólo de poesía (téngase presente una vez más El arte de la palabra). Recurrencias y resonancias de diversos lenguajes —prestigiosos y llanos— sustentan la escritura de un emisor supuestamente instalado en una seguridad. Este hablante cree o simula creer mientras escribe su pasión que eso y no otra cosa es la literatura. Doble seducción: la de un referente (posible) que lo atrae hasta el borde de un vacío que desearía llenar, y la de un distanciamiento que lo niega mediante el reenvío irónico a la literatura. De ahí el juego de intertextualidades (el título del libro procede de un poema de Fernando de Herrera), al que no es ajeno la obra anterior de E.L.: como un eco del verso "una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies" (de La musiquilla...) surge esta anotación en un poema presente: "esa misma muchacha a quien amé / en silencio hace cosa de cien años".


De manera parecida: "Un gran amor, la perla de su barrio / le roba el corazón alegremente /para jugar con él a la pelota" (de La pieza oscura) prefigura o recuerda prospectivamente estos versos actuales: "El corazón partido en dos por un mordisco / palpitaba melancólicamente por ti y alegre...". Intertextualidades reflejas. A lo largo del libro, el sujeto que describe este cortejo erótico compara su experiencia con la de otros sujetos textuales (desde la poesía medieval a Neruda, pasando por Sade y Masoch), sin advertir que esos sujetos, anacrónicamente, también podrían reconocer la suya en Al bello aparecer de este lucero. En el círculo (descentrado) que es el acto literario escenificado en este libro, el hablante distancia la experiencia propia remitiéndola a textos ajenos que lo devuelven a ella y lo inscriben en la dilatada escritura de la poesía amorosa. El lector descubre que —como ocurre a menudo en este género— esa comunicación privada con una destinataria única solapada en el artificio de las atribuciones, citas y referencias que se trenzan a veces con el improperio, es en última instancia la coartada consustancial al arte de la palabra:


"Todo está hecho de palabras

no te asustes: son tropos: pavoneos de nada.

Por ti y no de ti está hecho el poema".

P.L.

Santiago de Chile, julio de 1983.




domingo, 29 de marzo de 2009

Hacia una interpretación Lihn-güística de La realidad no es verbal

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Lihn y el descreimiento de la realidad verbal

En el poema “La realidad no es verbal” publicado en el libro “Al bello aparecer de este lucero” , desde el título de la pieza, Enrique Lihn nos plantea el dilema de la incomunicación, la trampa que el lenguaje constituye para el ser y lo agotador de este mecanismo abismal. Hablar cansa (…)(cansa el cansancio de decir esto mismo)

La redundancia en este fragmento transcrito expone gráficamente la inutilidad y spleen que el poeta siente hacia su propia labor y hacia el proceso lingüístico y comunicativo en general. El comprender todo por medio de la palabra, el tener que definir y asir sus sentimientos de abulia bajo el término abulia, implica subsumir su realidad interna y los efectos con el medio a algo tan reduccionista como un concepto, una acepción.

La hiperconsciencia que le permite reconocerse precario presa de un juego infinito, lo sume en un derrotero asumido como: Las víctimas de una falsa ciencia / los practicantes de una superstición

El poeta remata la idea, dirigiendo su arpón de obseso Ahab a la gran ballena fantasmal – la ciencia del lenguaje – el verbo, los adjetivos, adverbios y complementos (siempre se habla de nada) arguye el autor para concluir siguiendo la idea de la semiótica como una teoría de la mentira

el verbo ir y como complemento
un lugar que no hay — aunque se diga — (…)
— lo dice la gramática — la dirección del movimiento
reducido, también, a un simulacro.


En otras palabras, este texto, paradigmático de la poética del descreimiento y la desmitificación de Lihn, nos remite a los escépticos clásicos a Gorgias (Oriundo de Leontini (Sicilia), se estableció en Atenas hacia el año 427) y sus postulados expresados con toda firmeza en su escrito Sobre el no ser o De la Naturaleza, en sus tres célebres principios:

«Nada existe.»
«Si algo existiera, no lo podríamos conocer.»
«Y, si lo pudiésemos conocer, no lo podríamos comunicar.»

Por ello, sometido el problema a una retórica de la reducción del lenguaje podemos, poner como ejemplo simple, el árbol, la realidad que conocemos y llamamos árbol, no es tal. Arbitrariamente la hemos nominado así con morfemas y fonemas, reduciendo lo concreto a un mero consenso y categorías relacionales, campos semánticos y aires e familia que se oponen o complementan.

La utilidad del decir, es por tanto una urgencia fenomenológicas que como especie hemos propiciado para captarnos y captar al otro desde lo racional lingüístico, topándonos con una maquinaria de acuerdos que es anterior a nuestra consciencia, se origine esta como parte del delirio de masas, la automatización del saber, la transmisión genética o la imposición de una realidad en términos de Kristeva y Lacan, simbólica. Normalización que mutila el contenido semiótico privilegiando un continente seguro y específico que nos permite como instrumento condicionar y aprehender la existencia y sus posibilidades tornándolas certezas.

De las palabras se retira el ser
como de la crecida inminente del río
los animales que, realmente, lo saben
a diferencia de los orilleros humanos


Estos versos del texto, exponen la urgencia de nuestra lógica, humana muy humana que procura ordenar, escindir y objetivar todo cuanto nos rodea y sorprende, compone, afecta y desconcierta, sometiendo el caos de lo tangible y con mayor razón lo abstraído y sensorial con discursos, conceptos, normas y mitos virtuales.

“ficciones y textos que uniforman al sujeto”

El siguiente verso, complementa la idea del lenguaje como río y ahogamiento

como el famoso camarón nos dormimos
virtualmente ahogados en la nada torrencial
Incapaces, incluso, de saber qué corriente
y hacia dónde nos lleva


Esto podemos verlo a los ojos de uno de los grandes descreídos y nihilistas del pensamiento occidental, filósofo de aforismos abierto a la heterogeneidad y derrumbe de ideas fuertes y gregarias. Nietzsche en de Aurora plantea:

LAS PALABRAS NOS OBSTACULIZAN EL CAMINO. Siempre que los hombres de las primeras épocas introducían una palabra creían haber realizado un descubrimiento, haber resuelto un problema. ¡Qué error el suyo! Lo que habían hecho era plantear un problema y levantar un obstáculo que dificultaba su solución. Ahora, para llegar al conocimiento, hay que ir tropezando con palabras que se han hecho duras y eternas como piedras, hasta el punto de que es más difícil que nos rompamos una pierna al tropezar con ellas que romper una palabra.

Al final la preocupación y desasosiego esencial del poema “La realidad no es verbal” confronta la crisis de la razón, de la mecanización y automatización de las ideas a través de los códigos lingüísticos y sus teorías y desde luego lo con ellos se compone, los grandes discursos de occidente en nuestro caso la filosofía, religión, ciencias y política, que dejan al sujeto en quiebre, fragmentado y conquistable. Una subjetividad hundida en el torrente léxico y sintáctico direccionable ante el poder, ante la verdad, si cabe hablar de ella.

Lihn plantea el problema más antiguo y señala desde un pensamiento postmoderno como decadencia o modernismo tardío lo siguiente: esta corriente / hacia dónde nos lleva / si todavía cabe pensar en un sujeto

En cuanto al remate del texto Tú y yo hablamos del amor. Abierto y anticlimático, este nos presenta otra de las esencias de la poética Lihniana, el amor o más bien el desamor; estableciendo un potente vaso comunicante con la crisis del hombre para lograr una real comunión entre sujetos. Entrometido el lenguaje si entendemos el amor de forma consciente e inconsciente como un concepto, como una realidad creada en el mero decir, todos los barcos están quemados posicionando al hablante en una soledad ontológica y hermetismo de desesperación en que el verbo hablar Tú y yo hablamos del amor. Remite a todo lo expuesto, el spleen, el escepticismo, el derrotero e incapacidad de una realidad simbólica en que un beso gramaticalmente entendido como beso. (Del lat. basĭum, voz de or. celta).

1. m. Acción y efecto de besar.
2. m. Ademán simbólico de besar.

O una caricia definida fuera del gesto, de las posibilidades semióticas ambiguas e inciertas de una sensibilidad no coaccionada perfila el amor como una suma taxonómica de la RAE: limpia, fija y da esplendor

La realidad no es verbal

Hablar cansa: es indecible lo que es
Como se sabe: la realidad no es verbal
(cansa el cansancio de decir esto mismo)
De las palabras se retira el ser
como de la crecida inminente del río
los animales que, realmente, lo saben
a diferencia de los orilleros humanos
Somos las víctimas de una falsa ciencia
los practicantes de una superstición:
la palabra: este río a cuya orilla
como el famoso camarón nos dormimos
virtualmente ahogados en la nada torrencial
Incapaces, incluso, de saber qué corriente
y hacia dónde nos lleva
si todavía cabe pensar en un sujeto
el verbo ir y como complemento
un lugar que no hay — aunque se diga —
en el adverbio donde y el hacia qué denota
en el hablar de nada (siempre se habla de nada)
— lo dice la gramática — la dirección del movimiento
reducido, también, a un simulacro.
Tú y yo hablamos del amor.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Poeta Enrique Lihn


sábado, 28 de marzo de 2009

Ediciones de Cinosargo a la fecha (Revista Cinosargo, La Santísima, Especiales de poesía)

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REVISTA CINOSARGO

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Décimo número de Revista de Febrero del 2009

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CINOSARGO EDICIÓN DE ENERO DEL 2009 NÚMERO VIII LEER o DESCARGAR


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CINOSARGO EDICIÓN DE DICIEMBRE DEL 2008 NÚMERO VII LEER o DESCARGAR.

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CINOSARGO EDICIÓN DE NOVIEMBRE DEL 2008 NÚMERO VI LEER O DESCARGAR

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CINOSARGO EDICIÓN DE OCTUBRE DEL 2008 NÚMERO V. LEER O DESCARGAR

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CINOSARGO EDICIÓN DE SEPTIEMBRE DEL 2008 NÚMERO IV. LEER O DESCARGAR

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CINOSARGO EDICIÓN DE AGOSTO DEL 2008 NÚMERO III. LEER O DESCARGAR

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CINOSARGO EDICIÓN DE JUNIO 2008 NÚMERO II. LEER O DESCARGAR

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CINOSARGO EDICIÓN DE JUNIO 2008 NÚMERO I. LEER O DESCARGAR

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CINOSARGO EDICIÓN MAYO 2008 NÚMERO 0. LEER O DESCARGAR.


ESPECIALES DE POESÍA.

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Tercera edición especial de poesía de Revista Cinosargo Febrero del 2009 Año I Leer o descargar

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Segunda edición especial de poesía de Revista Cinosargo Enero del 2009 Año I Leer o descargar

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Ediciones especiales de Revista Cinosargo, Poesía publicada en Diciembre del 2008

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LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE LAS CUATRO ESQUINAS

12-3-2009 10.3.55 1.jpg

Tercera edición de La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.

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Segunda edición de La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.

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Estrenamos la primera edición de La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.

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LIBROS DIGITALES.

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Intromisiones, radiogramas y telegramas de Wilfredo Carrizales - Antología de poesía y fotografía. (leer)



jueves, 26 de marzo de 2009

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA DE NICANOR PARRA


INTRODUCCIÓN A LA POESÍA DE NICANOR PARRA por Enrique Lihn

(En la revista Anales de la Universidad de Chile,
año CIX, números 83-84, 1951)

El autor de este estudio limita su trabajo a la última etapa de la poesía de Nicanor Parra, representada en la selección por poemas como "Soliloquio del individuo", "Los vicios del mundo moderno", "La víbora". Sus puntos de vista no son válidos para los restantes poemas sino en la medida en que éstos constituyen la expresión de una personalidad excepcionalmente no contaminada por escuelas literarias. En la selección adjunta han sido incluidos con el objeto de que el lector tenga una visión lo más completa posible de la personalidad aquí parcialmente soslayada.

Un poeta es un ser que vive pensamientos y piensa vida. Lo asume todo pasivamente y lo expresa todo a través de la actitud propia del creador. Su vocación es, pues, en algún grado, trágica: experimenta en carne propia lo que el común de los mortales se limita a enunciar como mera consecuencia de una proposición dada, toda disminución o aumento de su patrimonio humano.

El hombre no se distingue radicalmente de las demás especies vivas sino en virtud de su libre albedrío. Sin libertad no hay moralidad. Ambos conceptos son correlativos, reconocer la validez de uno en detrimento del otro, signfica negarles toda realidad. Al elegir, el hombre se sitúa matemáticamente, quiéralo o no, en el lugar que le corresponde como tal. Se transforma en un ser moral. Pasa de objeto a sujeto, de determinado a determinante. No importa lo que haya elegido. Basta que haya elegido. Puede, por ejemplo, decidirse por la negación de la libertad, vale decir por el escepticismo respeto a toda norma de validez universal, por la inmoralidad, etc.

Esta tabla de posibilidades y valores es menos elástica cuando quien elige es un poeta. "La poesía, anota Tristan Tzara, es, ante todo, antes de llegar a ser un poema, un sentimiento, una cualidad de las cosas, una condición de la existencia". La realidad interior y exterior se necesitan para sintetizarse en la palabra creadora para constituirse en una realidad de verdad. La una, desprendida de la otra, no es sino un fantasma frente a otro fantasma. El poeta elige, pues, el más difícil de los caminos. Debe romper el círculo de la conciencia, usar de la libertad para perderla, e intentar a todo trance, a través de la expriencia inmediata, recuperar el mundo objetivo. Quiere, en su pura idealidad y materialidad, que su espíritu, como dice Scheller proponiendo una definición de este concepto, sea determinado por las cosas mismas. Su suerte es la de un hombre que regresa a su más hondo bien, impreciso y lejano.

En este regreso inserto yo la poesía de Parra. Su actitud es la de un hombre que recupera trabajosamente un mundo al cual se siente íntimamente unido y desgarrado. Ha dejado tras sí el reino de sus propios fines, pero no está seguro de llegar a ninguna parte. De aquí sus freceuentes recaídas en un escepticismo que se deleita triste y morbosamente consigo mismo. Es el humor negro, una suerte de empequeñecimiento que linda con lo ridículo, que hace reír mientras más se ensaña con lo que toca. Es curioso observar cómo este poeta se acerca a la realidad. De pronto parece situarse en ella de lleno, aceptarla y comprenderla en toda su extensión. Describe el mundo y lo ordena de acuerdo a una rigurosa concepción moral. Lo fustiga con el latigo de su elocuencia. Lo pone frente a su propia imagen para que se averguence de sí mismo. Todo esto parece muy claro en "Los vicios del mundo moderno". Sólo que, en mi intención de mostrarles a ustedes el aspecto problematico de la posición de Parra: su intento de recuperar un conocimiento objetivo de las cosas, un orden que no provenga únicamente de sí mismo, me he remitido por varias razones al "Soliloquio del individuo", poema que analizaré más adelante.

Por de pronto, "Los vicios del mundo moderno" es la obra más madura de Nicanor Parra. Con ella culmina un proceso que, por razones de claridad, resulta preferible presenciar durante su desarrollo, allí donde se muestre menos irreductible. "Los vicios del mundo moderno", es una vasta tela en que se manifiestan todos los recursos de su autor. Nicanor Parra sustenta una estética que lo coloca al margen de nuestra tradición literaria. "La función del idioma, ha dicho, es para mí la de un simple vehículo y la materia con que opero la encuentro en la vida diaria". Reivindica así una adecuación rigurosa entre la experiencia y la expresión. Pero la experiencia para él consiste en una toma de contacto con el mundo objetivo y no la mera constatación de sus estados íntimos. Relativiza el sujeto a la luz del objeto e intenta superar su antagonismo situándose, por momentos, en un plano sobreindividual. Desde allí se siente capaz de juzgar a los hombres, a partir de una imagen de lo que es el hombre, de lo que debe ser. Suspende la necesaria relatividad de todo juicio, relatividad a que nos ha llevado nuestra caída en la existencialidad, en la libertad y gratuidad de nuestra conciencia, para remitirnos a un tribunal en que el bien y el mal son categorías inamovibles de una conciencia trascendente. El se siente invadido por esta conciencia que le traspasa parte de su dignidad. Pero duda en todo moemento de ser infalible. Moraliza sin convicción ninguna, y cuando hace una pintura crítica del mundo moderno, introduce en ella elementos destinados a restarle toda seriedad. Lo mismo sucede cuando, de súbito, aparentemente sin solución de continuidad, empieza a enumerar los vicios que han llevado al mundo a su descalabro. En esta numeración se pierde el tono ético, sobrio y riguroso con la intromisión de elementos desconcertantes. Entre la primera y la tercera parte del poema, la lista de los vicios -que implican virtudes- es como una torre de Babel; no llega al cielo porque la unidad de su proyecto se descompone en la multiplicidad. Todo esto es, naturalmente, de una gran calidad poética. Pero, ¿se proponía el autor nada más que conseguir esa calidad para su obra? Valéry afirmaba que la poesía era para él un medio de transformarse. No escribía por el mero placer de hacerlo. Tampoco Parra profesa un culto exagerado por la creación que se basta a sí misma. El arte por el arte lo deja, más que a todos nosotros que ya hemos superado esa posición absurda, completamente frío. Les propongo a ustedes una respuesta. El poeta de "Los vicios del mundo moderno" aspiraba verdaderamente a juzgar este mundo en que nos debatimos. Era una empresa descabellada y terminó por reírse de ella a falta de otra salida. El ser del hombre se le desvaneció tan pronto como creyera revelarlo. Había venido a profetizar el advenimiento de un orden trascendente; alrededor suyo se reunieron los ciudadanos del mundo y él quiso hablar como lo hicieron sus grandes predecesores. Homero, Arquíloco, Jenófanes, no sólo eran poetas. Legislaban, imponían un orden y profetizaban, llegado el caso, el advenimiento de un orden superior. Pero Nicanor Parra es un poeta contemporáneo. Cambió su proyecto (acaso este cambio y el proyecto constituyan una sola cosa) para entregarse a un juego, por lo demás muy necesario. Pintar el mundo tal cual es, y no como debiera ser.

Nicanor Parra rehuye a todo trance el tono profético. Un profeta es un hombre de orden. Viene al mundo a sustituir el caos por la forma y la estructura de todas las formas posibles. Cree en el hombre y en su posibilidad de alcanzar un fin sin el tono profético, pero no puede dejar de sentirse invadido por él algunas veces. Su sentido de la realidad le inserta un tono ético a su obra, un velado carácter de auténtica solidaridad con cierta poesía normativa, propia de los grandes poetas griegos, por ejemplo, y en general, de todos aquellos que asisten al nacimiento de su pueblo, en medio de la alegria, de la juventud y el trabajo constructivo. No en vano fue influido, según palabras suyas, por Walt Whitman, en el amanecer de su poesía. Se vio obigado a desechar esa influencia obedeciendo el más grande de los imperativos que todavía conserva su frescura inicial: conociéndose a sí mismo, descubrió la dirección en que debía proseguir su obra. Pero la profecía, la certeza y el anhelo de un orden permanente, no sometido a los vaivenes del capricho y del azar, duermen en ella y despiertan transmutados por una ironía cruel, melancólica.

Hay poemas de Nicanor Parra que parecen la sátira de su propio proyecto, en el cual se hubiesen formulado apreciaciones claras y distintas sobre el significado y el destino del hombre. A mayor universalidad menor veracidad, parece haberse dicho en último instante. No se puede hablar en general: es peligroso y falso. Hay que atenerse al mínimun, a uno mismo, a lo que nos sucede día a día en nuestra búsqueda incansable de cualquier asidero.

Recordemos a este respecto el "Soliloquio del individuo", poema en el que se ponen de manifiesto muchas de las virtudes y vicios formales, de cuyo riguroso equilibrio han surgido las mejores obras del autor.

Lo primero que se pone de manifieto en este poema es su tono, por decirlo así, elegíaco. No encuentro otras palabras para expresar cabalmente lo que quiero. Pero tengo entendido que la elegía es una forma poética nacida en y para la comunidad, sea cual sea el mensaje de que es vehículo. El poeta va a hablarnos, no de su intimidad ni de su enfrentamiento con un poder que nos sobrepase y al que le sea posible encararse por un privlegio exclusivo. Adopta la primera persona, pero en ella debemos sentirnos proyectados y revelados a nosotros mismos por una conciencia que, si no es diferente a la nuestra por su contenido, lo es en cambio por su mayor lucidez receptiva y expresiva. El tono arcaico, pedregoso del poema, sus repeticiones continuas destinadas a fijarse en nuestra memoria, la repetición de ciertas palabras, que dan así la impresión de ser recién creadas, las vacilaciones y, en fin, el tema tratado, todo ello nos indica que nos encontramos frente a una manifestación de tipo colectivo, que se nos va a hablar de lo que a todos nos atañe por parejo.

Es, como dije, la primera impresión. Pronto advertimos que el poeta nos la ha provocado deliberadamente para luego irla reduciendo a su contraria y lograr mediante este juego una de sus composiciones más características. Podría decirse que en ella se narra la historia de la humanidad. Pero el requisito indispensable para que haya historia es el de que la iniciativa, la acción particular, nazcan del seno de una comunidad dispuesta a hacerla suya; una comunidad, es decir, un grupo de individuos unidos por intereses, valores y fines comunes y objetivos.

Ahora bien, esta unión sólo se logra y se mantiene mientras los valores que la sustentan pertenezcan a una esfera sobrehumana. Al hombre le es negado el usufructo de la infabilidad. Nada de lo que siente, piensa y produce, una vez sometido a la revisión de la crítica y del tiempo, parece destinado a sobrevivirle.Y como es incapaz de ello, resulta insuficiente para aunar el esfuerzo de generaciones sucesivas. Si los valores, si los fines que sirven de acicate a la acción, se tornan vulnerables, la historia pierde su carácter de tal. A ella le es indispensable cierta continuidad. Es, antes que nada, un desarrollo, la ordenación progresiva de todos los medios hacia un fin. De aquí que, sin el apoyo de una creencia que se sobreponga a su temporalidad, de un destino impuesto desde fuera, la historia amenace en convertirse en una serie de tentativas más o menos parciales condenadas, por ello, a la derrota y al olvido.

Es lo que sucede a lo largo del "Soliloquio del individuo". En apariencia la soledad que de éste se desprende es la soledad involuntaria, accidental, y al mismo tiempo profundamente necesaria de la vida intrauterina. Su receso señalará el principio de una integración con el mundo, integración que se hará consciente de sí desde que el individuo sorprenda la inutilidad de sus esfuerzos individuales.

Después traté de cambiarme a otra roca
Allí también grabé figuras
Grabé un río, búfalos
Grabé una serpiente
(1)
Yo soy el individuo
Pero no, me aburrí de las cosas que hacía
El fuego me molestaba
Quería ver más.

"A esta certeza negativa, me aburrí de las cosas que hacía", opone otra, aún no formulada expresamente. El Individuo manifiesta un deseo: "Quería ver más". En su realización desciende a "un valle regado por un río", y "Allí encontré lo que necesitaba". "Encontré un pueblo salvaje", "Una tribu". Encuentra, en una palabra, a sus semejantes. Descubre entre los actos de éstos y los suyos cierta correlatividad. "Vi que allí se hacían algunas cosas". "Figuras grabadas en las rocas". "Hacían fuego, TAMBIEN hacían fuego". De ahí en adelante puede sentirse corroborando y comprometido a una aventura común: la historia. Sus semejantes lo rodean. Están deseosos de incorporarle a esa aventura sobreindividual. Deben cerciorarse de que su origen no es diferente al del extranjero. "Me preguntaron que de dónde venía". Pero el Individuo vacila. "Contesté que sí, que no tenía planes determinados". "Contesté que no, que de ahí en adelante". Demasiado consciente de su gratuidad, se niega el deseo y el derecho a contraer un vínculo que lo colocaría al margen de sí mismo. La asociación nacida en y para la historia necesita, se apoya en ese vínculo. Empezamos a comprender que la soledad, la libertad del hombre para "inventar sus propios fines", tiene la irreductibilidad de lo cualitativo que, en este caso, no es posible reducirla, a partir de un mero deseo de objetividad. De ahí que el individuo persista en mantenerla no obstante esta persistencia le sea dolorosa.

Tomé un trozo de piedra que encontré en un río
Y empecé a trabajar con ella
Empecé a pulirla
De ella hice una parte de mi propia vida.
Yo soy el Individuo.

El contenido de este concepto pierde de aquí en adelante su universalidad. Todo carácter humanístico le es sucesivamente arrebatado. Al Individuo que ahora habla sin ser un pequeño Dios ni un profeta, tampoco se le puede encasillar como perteneciente a una especie. Tampoco es un hombre en el sentido que los humanistas le dan a esta palabra. Los problemas que se plantea son "falsos problemas": "Preguntas estúpidas se me venían a la cabeza".

Pero si ha aceptado el yugo de una existencia solitaria, de un destino atrozmente personal, no puede dejar de lamentarlo.

Aquí vengo yo, dije entonces:
¿Habéis visto por aquí una tribu
Un pueblo salvaje que hace fuego?

Su obsesión de integrarse a la sociedad y a la historia es continua. A cada paso siente la necesidad de elevarse a un plano sobreindividual, inaccesible a su conciencia, desde el cual se propongan al hombre valores y fines incorruptibles.

De este modo me desplacé hacia el Oeste
Acompañado por otros seres
O más bien solo.

El no quiere "inventar" esos valores y esos fines. Si ha de contraer una alianza con los demás, ella debe sellarse a base de objetivos reales, necesarios. Sobre las ruinas del reino de Dios el hombre no puede construir su propio reino. Quiere ver para creer. Se diferencia en esto de sus semejantes. "Para ver hay que creer, me decían". Ser determinado por la "verdad" y no determinarla. Conocer lo absouto a través de una relaión inmediata, no mediatizarlo, situándolo en su conciencia, entregándolo a sus mecanismos cognoscitivos. O todo o nada. O el absoluto o la relativiad más absoluta. O el hombre o los hombres. O la historia o las historias.

Así, él es el peregrino en la tierra.

Crucé las fronteras
Y permanecí fijo en una especie de nicho.
En una barca que navegó cuarenta días
Cuarenta noches.

Hay aquí una alusión a cierta escena bíblica que todos conocemos. Fracasado su intento de situarse en el mundo, de comprenderlo y comprenderse en realación a él, éste es olvidado por el Individuo. Pierde su discontinuidad en la continuidad de las aguas que lo esfuman. Pero el Individuo se salva de este diluvios a cambio de permanecer en "una especie de nicho". De él se salva sólo lo más transitorio, lo que la muerte hace suyo a cada instante: su destino individual, su soledad y su libertad efímeras e injustificables.

El resto del poema nos habla de nuevos y fracasados intentos de integración con el mundo y la historia. Ellas se repiten a manera de ciclos cada vez más amplios y complejos.

Debía producir
Produje ciencias, verdades inmutables.

(Todas estas verdades, como se ve más adelante, son todo menos inmutables).

Instituciones religiosas pasaban de moda.

Después de una breve lucha con ese poder que le es imposible descifrar, con ese absoluto inaccesible a su conciencia, lucha durante la cual el Individuo se entrega a una producción sin objeto, para contrarrestar la producción divina cuya finalidad se le escapa, sobreviene la crisis final:

Alguien segregaba planetas
Arboles segregaba
Pero yo segregaba herramientas
Muebles, útiles de escritorio.

Es el primer momento de la crisis. Y luego:

Después me dediqué mejor a viajar
A practicar idiomas
A practicar a practicar idiomas
Idiomas.

Nicanor Parra no hace mucho regresó de Inglaterra. Lo llevó allá la necesidad de completar sus estudios. El objeto de su viaje, pudo haber sido todo lo importante que se quiera. Pero hay veces en que la dificultad de los medios hace que se pierdan de vista los fines. Entonces los medios se convierten en fines y somos absorbidos por un problema insignificante: practicar idiomas. Esta pequeña obsesión, acaso sufrida personalmente, ha sido utilizada por el poeta para simbolizar el estancamiento de su personaje. Este ha claudicado en su afán de escapar a su destino unipersonal.

Luego manifiesta un deseo impracticable: "Mejor es, tal vez, que vuelva a ese valle", "A esa roca que me sirvió de hogar", "Y empiece a grabar denuevo", "De atrás para adelante, grabar", "El mundo al revés", "Pero no, la vida no tiene sentido".

Se insinúa aquí y se rechaza simultáneamente, la necesidad de reivindicar el pasado del hombre. Pero es imposible volver al punto de partida por dos razones. Primero. Porque la historia no puede ser considerada como un conjunto de cristalizaciones, independienes entre sí. Mas que condicionarse, se desprenden unas de otras, en una suerte de proceso genético-causal. De ahí que el presente, como una nueva céula, conserva del pasado justamente lo que de éste puede sobrevivir. Y en segundo lugar, porque si fuese posible retrotraer la historia a su origen, nos veríamos obigados a revivirla, punto por punto; es decir, a aceptar de nuevo lo que nos hemos visto obligado a rechazar.

"Si el hombre, dice Parra, llega a tener éxito en su afán de destruir el Universo, lo más probable es que Dios vuelva a crearlo de nuevo".

Si la vida no tiene sentido actualmente ello significa que nunca lo ha tenido, que nunca podrá tenerlo. De ello es consciente el poeta cuando se niega a rehacer su vida de atrás para adelante y adoptar una actitud romántica, de nostalgia por el pasado.

Cabe aquí hacer una aclaración. Más arriba hemos dicho que el poeta en general, y en particular Nicanor Parra, se propone, como medio de obtener un saber objetivo del mundo, una suerte de regreso a la realidad. Ello no significa que nieguen al conocimiento su raíz fenoménica, que intenten revalidar puntos de vida históricamente separados.

Se ve aquí el peligro de establecer paralelos entre dos disciplinas tan diferentes como son la filosofía y la poesía. El poeta, en la actualidad, no desconoce los resultados a que han llegado los modernos investigadores para revalidar, desde más certeros puntos de vista, el realismo crítico. Su misión, sin embargo, no es la de sustentar una posibilidad o una certeza mediante un juego de razonamientos más o menos válidos. Dijimos que él vive sus pensamientos. Con ello quisimos significar hasta qué punto en él se entrelazan la acción y la contemplación. Si postula un regreso a la realidad, lo hace en el terreno de la realidad. Lo posible y lo necesario son para él uno y lo mismo. Piensa dogmáticamente y vive críticamente la caída o la exaltación de sus dogmas. De ahí que él no intente demostar una intuición, sino expresarla; siempre que ella sea lo suficientemente significativa como para rechazar todo atisbo de duda. Con la duda empieza la filosofía y muere la poesía.

"Soliloquio del individuo" pertenece a una especie de composiciones que apenas se mantiene en equilibrio entre el abismo del pensamiento y el de la creación poética. Hay en ella demasiadas preguntas no contestadas y apenas formuladas, pero cuya acción corrosiva se insinúa en su organismo. La he citado antes como una de aquellas obras de Parra en que se manifiesta el elemento contradictoro del autor. Es un documento de su tragedia consistente en ir a la realidad y en volver de ella con las manos vacías. Un fracaso así no puede repetirse muchas veces. Al cabo el poeta se tornaría reflexivo, postergando indefinidamente el impulso creador que es, en esencia, afirmación.

Ello no sucede gracias a que este impulso es en Parra demasiado fuerte. Su autonomía respecto al mundo, su libertad para hacer de él una interpretación personal y crear sus dioses y sus fines sin la participación de nada ni de nadie no ha extirpado en él la esperanza de que esos dioses y esos fines sean el patrimonio de todos los hombres, algo más que meras posibilidades. Asi, pasea por el mundo, pregunta, contesta, solicita. El amor, que es el móvil de la poesía, pues, participa e influye en su doble carácter: acción y contemplación, aparecen en la obra de Nicanor Parra revestidos de un tono metafísico. Salvo raras excepciones, en que es suscitado por un ser determinado -ningún poeta, a veces desgraciadamente, puede rehuir cierto tipo de sentimiento accidental-, salvo raras excepciones, repito, la mujer en la obra de Parra y el impulso afectivo de que es causante, son como salidas que se abren hacia lo absoluto por una parte y hacia una realidad ordenada a partir de lo absoluto, por la otra. El poeta se niega a reconocerlo y presenta sus trabajos como la más fiel expresión de experiencias insignificantes. Leyéndolos no se puede sino recordar a Kafka, el gran encubridor, el gran maestro.

(1): En el volumen de Nascimento los versos de este poema tienen otro régimen de puntuación. Además, cabe indicar, este verso no aparece en la primera edición del libro. (Germán Marín)


El circo en llamas: una crítica de la vida. Enrique Lihn
Edición de Germán Marín
Santiago. Lom

lunes, 23 de marzo de 2009

Chile, el éxito de la nostalgia


Chile, el éxito de la nostalgia


Por Carlos Franz
Letras Libres, Febrero de 2006
En este crónica, Carlos Franz usa de metáfora un restaurante de Santiago para contar los cambios en su país, el único en América Latina que se acerca a los parámetros de un país desarrollado, desde un gobierno de izquierda moderna, alejado del populismo de otros países de la región.



El Liguria es un restaurante de Santiago. Aunque podría estar en Miami, en el año 2010. No porque sea futurista, sino porque si en el 2010 Chile llega a ser el país desarrollado que ha prometido el presidente Lagos esta sería una franchise más de la marca Chile. En este caso, la de una cadena gastronómica nacida de reproducir un restaurante típico del puerto de Valparaíso decorándolo con la cita de sus nostalgias: banderines de clubes de tango desaparecidos, policromías de viejos boxeadores (que casi fueron campeones, en la más pura tradición chilena). Todo presidido por el retrato del capitán Prat derrotado y hundido con su
buque hace más de un siglo. Sólo falta la evocación del otro gran fracasado de nuestra historia: Allende. Pero quizá los decoradores intuyeron que sería una ridiculez evocar esa tragedia en un lugar tan exitoso. Cuando todo Chile parece un largo barco porta-contenedores, ya nadie espera que un capitán se hunda con este buque mercante. Y en realidad —como fue con el Titanic— ni siquiera se concibe que el buque pueda naufragar.

Quizás por eso, en el Liguria, la nostalgia de aquel Chile pobre y derrotista, pero también austero e idealista, parece un lujo más. Una melancolía suntuaria —muy bien restaurada— para la clientela de izquierda acomodada que evoca su pasado, y goza su supervivencia, refrescándose con el acojonante aire acondicionado. La naciente cadena del Liguria es como Chile. Cada vez más una D.O., una "denominación de origen", en lugar de una patria, en el sentido cívico y trágico que conocimos. Una clientela en lugar de una ciudadanía.


La clientela de la nostalgia

Todo esto lo pienso mientras busco a mi anfitrión en los diferentes comedores. Brindando en sus mesas está la mitad del comando de campaña de Michelle Bachelet, la candidata presidencial de la Concertación de partidos que ha gobernado Chile por los últimos 16 años, desde la recuperación de la democracia en 1990. El ambiente es "exultante" (palabrita que se ha colado quién sabe cómo en el léxico paupérrimo de la prensa chilena actual). Anoche fue el debate televisivo final entre la candidata y su rival de la derecha, el empresario Sebastián Piñera. El comando de Bachelet —que funciona a la vuelta de la esquina— almuerza celebrando que su candidata no perdió en el debate —aunque tampoco ganó—, lo que augura que mantendrá su ventaja y nos dará el cuarto gobierno consecutivo de la Concertación. Y de yapa, el más que probable quinto gobierno, cuando en el 2009 Ricardo Lagos (cuya popularidad tras seis años se mantiene en el 70%) se repostule. En total, si Lagos es reelecto en tres años más, la alianza de centro izquierda llegará a completar la friolera de 24 años en el poder.

Y no será cualquier cuarto de siglo. En lo que va de él el ingreso per cápita de los chilenos se ha más que duplicado (unos 7,500 dólares, el segundo en Latinoamérica, después de Argentina); la pobreza se ha reducido a menos de la mitad (hoy anda en 18%); los tratados de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea, China, Corea, etc, convierten a Chile en una de las economías más abiertas del mundo. De prueba un jamón. El primer ibérico "legítimo" fabricado fuera de España se produce en San Francisco de Mostazal, al pie de los Andes. No para el consumo local, claro, sino para mandarlo a Estados Unidos y China desde la "plataforma" de este país porta-contenedores.

No es raro, entonces, que el Liguria trepide de entusiasmo. Las bandejas con las botellas de blanco transpirando hielo, las fuentes de mariscos de nuestro mar frío, aterrizan sobre las mesas de los candidatos a ministros, a secretarios..., a jefe de gabinete del Director General de Prisiones. En fin, acá brindan por su perpetuación los jefes del millar de cargos públicos pendientes de que la coalición de centro izquierda siga en el poder. Cifra ínfima en Latinoamérica, gracias a la reforma neoliberal del Estado. Pero a los que hay que agregar miles de asesores, subcontratados, licitados y prebendarios —en la más pura tradición sudamericana— cuya suma el gobierno se ha esmerado en no hacer. Con razón, Patricio Navia, el cientista político más influyente del Chile actual, un joven evangélico nacido en Temuco pero educado en los Estados Unidos, que comparte cátedras entre la NYU y una universidad privada de Santiago, ha descrito así el intríngulis en el que se encuentran quienes lucharon contra Pinochet y hoy han igualado —por medios democráticos— su duración en el poder: "Va a costar más separar a la Concertación del Estado, de lo que costó separar a la Iglesia del Estado, hace 120 años".

Y esto se respira en el Liguria, donde la confianza en la victoria traiciona una familiaridad con el poder que ya parece eterna. Este síntoma de "priisación" no extraña en una coalición que ha durado más de tres lustros en él. Lo singular es que la fuente de esta vocación de gobierno no provenga enteramente de esa convicción de superioridad moral que suele caracterizar a las izquierdas latinoamericanas —sustentada en su imbatible récord de buenas intenciones y pésimas administraciones— sino que por el contrario se basa en el legítimo orgullo del éxito. Lo que hasta hace una década fue el orgullo de haber recuperado la democracia —derrotando democráticamente al dictador— hoy se ha transformado en el orgullo del éxito económico que financia cada vez más políticas sociales. Un crecimiento material que posibilita lujos morales. Como se siente acá en el Liguria: la posibilidad de sentirse a la vez ricos y buenos.

La propia elección entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera es un lujo que se da Chile, rodeado por las miserias democráticas que vive la región. Piñera, un doctor en economía de Harvard que estuvo contra Pinochet y que se ha hecho a sí mismo —más unos 1,200 millones de dólares en veinte años— representa el "sueño chileno": la promesa de prosperidad que tantos pequeños empresarios y aspirantes a ello quisieran emular. Bachelet, por su parte, una doctora en medicina que viene del ala dura del socialismo y que es feminista por más señas, representa los enormes avances políticos y sociales que hemos hecho en el mismo período. Como lo será ahora el lujo —para un país en desarrollo— de tener la primera presidenta de nuestra historia y con ella poner en el centro de la agenda pública la igualdad de la mujer.

Elección que refutará otro de nuestros clichés: el machismo. En Chile mucho más que el machismo lo que manda es el pragmatismo. El éxito de administrar una economía neoliberal poniéndola en manos de jóvenes tecnócratas hijos de revolucionarios socialistas que hoy brindan juntos y muy a gusto en el Liguria, con los bolsillos llenos y las conciencias limpias. Pinochet no actuó de manera muy distinta —salvo en su violencia explícita—. Sus economistas, los "Chicago boys" que liberalizaron a ultranza nuestra economía, actuaban bajo el mandato de esos estatistas irredentos que son los militares. Todo eso delata la cara oscura de la nostalgia de Chile. Un sitio donde los héroes acaban mal —hundidos o suicidados—. Por lo mismo, un mal lugar para el arte y la literatura, hay que decirlo. Pero un sitio ideal para los adaptables, para los supervivientes, para los que hacen un éxito comercial de la nostalgia nacional.

El Liguria es como ese Chile. La alienación a nuestra manera. Contra lo que predican tantos sociólogos de la antiglobalización, la libertad y la riqueza no nos están enajenando simplemente por extranjerización, sino también por la idealización comercial de nuestro pasado. Los horarios estelares de la televisión chilena hace rato que fueron copados por teleseries de temas locales —algunos históricos, todos sentimentales—. Un zap y caemos en un talk show donde el humor grueso, procaz hasta la injuria, constituye una sátira inconsciente de la más antigua de nuestras costumbres: la fealdad. Una fealdad feroz; pero nuestra (y acá también estoy citando una nostalgia: ese jerarca de Allende que protestaba: "este gobierno será una mierda, pero es nuestro gobierno").
A mí todo esto —en mi importancia de cliente y mi irrelevancia como ciudadano— me repugna y me gusta. Como me repugna y me gusta un buen plato de picorocos en el Liguria, con sus cabecitas de alien boqueando todavía en los huecos de la roca marina donde los han hervido. -
— Santiago de Chile, 9 de enero de 2006


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