miércoles, 29 de octubre de 2014

SOBRE METALENGUAJE: EL METAL UN MOVIMIENTO ALARMANTE Por René Silva Catalán

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EL METAL: UN MOVIMIENTO ALARMANTE
ANTOLOGÍA METALENGIAJE Co Edición Ajiaco Ediciones – Andesgraund Ediciones, Agosto de 2014, Por René Silva Catalán (Antologador)

“Creo que es por eso que los niños admiran a las bandas de metal. Por lo menos éstas son honestas y sus padres saben quiénes somos. En cambio los políticos se esconden de todos y son ciudadanos deshonestos”
Dee Snider, vocalista de Twister Sister.

El metal como la literatura surge de una voz de intransigencia a las inconformidades y colmos en los tiempos donde les toca nacer. Tal vez el metal tuvo su origen tardío, pero brota en el tiempo justo, por lo tanto, es aquí donde entro y salgo de lo que comúnmente es un comentario a una obra literaria como la Antología poética METALENGUAJE, poesía y narrativa.
Como metalero de toda la vida, puedo decir sensatamente que mi estilo musical es el metal, entendiendo que no es y no lo será, una moda sino más bien un movimiento social y cultural, rebelde en su definición. Irrumpe en los barrios proletarios de Inglaterra, con la bronca existente entre los hijos de mineros, cargadores de puertos y otros, fastidiados con las escasas oportunidades de progreso y desarrollo, en fin, jóvenes que entendían que generar cambios, igualmente los alcanzarían a través de la música. Así también fue en la década de los 80 en Chile, surgen los thrasher en determinados sectores como Gran Avenida, barrio de empleados públicos, obreros y jornales, descontentos y desanimados con la dictadura militar imperante en el país. Debido a estos sucesos históricos el metal under en Chile, se transforma en poco tiempo en una sub-cultura o más bien en el movimiento músico-social, que actúa desde la contracultura, lo mismo sucedió en su tiempo en Europa, cuando los jóvenes buscan generar cambios radicales y necesarios para acabar con la revolución de las flores, corriente que intentaba transformar el mundo empleando armas como la música rock, el arte pop y el amor libre, pero que no logró finalizar sus objetivos, gracias al letargo juvenil en las décadas del 60 y 70, producto de la psicodelia y huir del mundo a través de drogas.
 Los jóvenes de esa época necesitaban un movimiento franco, fundamental y representativo en cualquier metrópoli del mundo, con su propio lenguaje y color de piel; tipos duros sin pelos en la lengua y/o vergüenza a que los bajaran de un escenario, dispuestos a luchar por sus radicalismos extremos, es decir, a sucumbir literalmente por sus convicciones e ideales, tal cual lo harán luego en sus letras, discos, entrevistas, conciertos y en su literatura metalera. Resulta que el metalero promedio, es un tipo docto que no cree en los modismos que duran 3 a 7 años -estadística de tiempo entre una moda y la siguiente-, ya que funcionan como un mecanismo regulador de estereotipos, realizados en función de criterios subjetivos asociados al gusto colectivo, ciclos tan cortos y normalizados por sistemas mercantiles y de marketing, que maniobran a través de intereses políticos, económicos y de mercado, que desaparecen tan pronto como afloran, hábitos no comunes en el mundo del metal, por lo tanto no perder de vista y poner en duda la vigencia por décadas de bandas como Venom, Black Sabbath o Slayer-.

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 Insisto el metal no es una moda, el pelo largo, la cerveza o Satanás en la camiseta, la actitud dura, solo es cincelar su runa en la cara de la sociedad, tal cual lo haría un maestro masón al sugerir a sus discípulos, actuar de la misma forma “afuera”, en el trabajo, con sus amigos, al instruir o enseñar a su familia a vivir en el mundo profano. Pero a la vez el metal, busca consolidarse como un movimiento universal, por lo tanto cultural y social, el individuo metalero empieza a mirar su mundo y su distancia de acuerdo al lugar que le tocó vivir, su cosmogonía local, su mitología, sus luchas sociales, mitos y leyendas, entre otras cosas y motivos. Por lo tanto, el sujeto metalero-escritor personifica tal cual como el músico, llegar a representar en su escritura a su pueblo, a sus ires y venires, con lo más sustancial de sus letras, verso y curva dramática, sus propias vivencias narradas en sus escalas musicales o versos, habitualmente no son desesperanzadoras y amorales, sino más bien como una aguja en el ojo a sus pares fuera de su tribu. El metalero- escritor, le dedica horas a su intelectualidad, se siente superior en todo sentido a quien le roza el hombro en la calle, se convierte entonces asiduo visitante a bibliotecas, a sectas, mítines políticos, crea blogs con crónicas surrealistas y de escritores ocultistas y/ o satánicos, muy comunes relacionados con Alister Crowley o Annie Besant, estudia el arte religioso, arte poética de San Juan de la Cruz, participa en talleres literarios, lee a Jorge Adoum, padre e hijo, el primero gran maestro ocultista y escritor rosacruz; el segundo uno de los más importantes poetas de Latinoamérica o sencillamente toma algunas doctrinas de personajes como Nietzsche y nativos de nuestro país como Miguel Serrano. Entonces este chascón marihuanero y vago, como tilda la sociedad a estas ovejas negras y acá me maravillo en gratitud con los escritores seleccionados para la antología METALENGUAJE, todos hispanohablantes de nuestra América morena, se transforma en un corto periodo, en el movimiento musical formativo e intelectual para las nuevas juventudes, incluso en algunos países como en el nuestro, algunos metaleros llegan a ser elegidos por votación ciudadana, para representar a la comunidad que ya no cree en los “políticos de la vieja escuela”, en el congreso nacional y como personificar a su gran hermandad metalera, que no juzga a sus hermanos por su procedencia social ni estudios o marca de sus jeans desteñidos. Es tanto así que el metal tras su maquillaje y postura desenfrenada, consigue dar una mirada filosófica y humana a los conflictos surgidos en las distintas sociedades, lucha contra los grandes manipuladores de los mercados y las libertades. En USA se crea en la década de los 80, la Parental Advisory: Explicit Content, sigla en inglés para el Centro de Recursos Musicales de Padres o PMRC, comité formado por las esposas de diputados como Tipper Gore, esposa del senador Al Gore, que se convertiría incluso en vicepresidente de ese país, cuya misión era educar a los padres sobre “las modas alarmantes”, asegurando que el metal apoyaba la violencia, el consumo de drogas, el suicidio, las actividades criminales, entre otras cosas, organización que defendía entonces la censura y acabar con todas las bandas que ingresaban en una larga lista negra, vigiladas incluso con agentes encubiertos del FBI. Debido a esto en 1988 Megadeth publicó su tercer álbum de estudio So Far, So Good... So What!, el que incluye la canción Hook In Mouth, que habla en contra de la PMRC y de la censura a la música metal. Otro ejemplo de ataque de la PMRC, sucede el año 1990, cuando acusa a la banda Judas Priest, de la muerte de dos jóvenes, drogadictos y con problemas familiares, que deciden suicidarse después de oír la versión de Better By You, Better Than Me, editada en el álbum Stained Class. El caso tuvo gran repercusión social y mediática, llevando a juicio a la banda, luego que la familia de los jóvenes acusó a Judas de incentivar a sus fans a quitarse la vida. Finalmente y tras demostrar lo absurdo de esta acusación, fueron absueltos de todos los cargos. Sobre esto a manera de ejemplo nacional, de ningún modo la masa media chilena se interesaría en la banda Tierra Negra, agrupación de buen tono vocal y quiebres rítmicos, que busca en su interpretación el rescate de sus raíces mapuches y criollas de nuestro sur, reconquistar su tradición histórica y oral, dialogar musicalmente de su conflicto con el chileno-godo, por la malversación de su lengua y tierras, qué mejor forma de lucha pacífica, a través de letras y música metal. También hay otros que han creado su bandera de lucha a través de sus propias publicaciones como revistas y libros, históricamente, no existe un movimiento musical con tanto material impreso, con tantos estilos y variantes musicales, con el valor agregado por no llamarlo plus, del arte final de discos, poleras, tatuajes y libros, ejecutado 100% por artistas visuales y diseñadores metaleros, es el caso de este libro donde participan entusiasmados  y reconocidos ilustradores nacionales, que dejaron una vara muy alta por su calidad profesional y artística, la que pueden encontrar al interior de ambos libros. Así es también que algunos metaleros nos hemos transformados en editores y antologadores de obras como METALENGUAJE, de la cual siento orgullo a pesar del costo que tuvo en llegar a lo que ustedes tendrán en sus manos y me refiero al costo tiempo-emocional y no monetario, ya que algunos no confiaron o sencillamente no creían en el producto final, no importa, ya no participaron, pero cada escritor seleccionado y a quienes quedaron fuera, no por falta de talento literario sino más bien se alejaban de los objetivos básicos de la antología, lograron que nos colmáramos de asombro y de buena lectura, nos recordaron vivencias callejeras o un recital cualquiera, como un estadio Nacional lleno con la actuación de Iron Maiden o en un barrio del sur de San Bernardo, con mi banda de doom metal Dunguve, tocando para una Teletón en los años 90, ése es el espíritu verdadero del metal y el lenguaje, eso es METALENGUAJE. Por lo tanto, escritores metaleros comprometidos y verdaderos como nosotros, fuera de los esnobismos intelectuales, literarios y artísticos, nos hemos transformado en verdaderos gladiadores del arte, escritores creando novelas y poesía, excelentes artistas visuales y diseñadores gráficos, multimediales y porque no decirlo hasta de vestuarios; fotógrafos en conflictos bélicos, en fin, familias, con hijos que ya van en la tercera generación de metaleros, en sus casas con la trinidad divina, la guitarra, el color negro y grandes autores de la literatura mundial, discos y libros compartiendo lugares en la biblioteca familiar, por lo tanto un estilo de vida y no una moda, solo metal rules. Invito a que descubran Literatura y Escena Metalera Metalenguaje tomo narrativa y/o poesía y ojo no creado como un producto de venta como un libro más circulando, sino como un homenaje desde la literatura hacia la música metal.

René Silva Catalán
Escritor y metalero
Febrero de 2014 

lunes, 27 de octubre de 2014

El poeta como médium; sobre Paralogismos de La Sombra Sin Mundo de Fabián Burgos.

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Efe Be (Fabián Burgos; 1987) Profesor de filosofía y poeta, actualmente cursa el magister de Estudios culturales en Universidad Arcis. Ha integrado los colectivos de poesía "Operaciones Secretas" y "Mal de Ojo". "Paralogismos de la Sombra sin Mundo" es su primera obra publicada. 

El poeta como médium; sobre Paralogismos de La Sombra Sin Mundo de Fabián Burgos.

Paralogismos de la Sombra sin Mundo es un libro que nos desafía. No sólo a pensar, como lo hacen la mayoría de los libros, sino a algo más. Tiene que ver desde mi perspectiva con la memoria histórica, lo cual me parece fundamental para entender - en parte - el sentido del oficio poético.

A mi juicio, la gracia del poeta y de la poesía es ser siempre una voz molestosa que desafíe y joda la paciencia del orden, poniendo en evidencia la injusticia y el egoísmo de quienes han construido el mundo desde un imaginario burgués y consumista, del cual Chile es uno de los ejemplos más evidentes y vulgares del planeta.

El oficio entonces se relaciona desde nuestra mirada, con un compromiso social y artístico con aquellos que no han tenido voz en las páginas de la historia oficial. Con aquellos que no participaron en la construcción de este mundo cuyo ritmo actual de producción de deshechos y radiación nos está llevando directamente al apocalipsis. Y la memoria histórica, como decía al principio, aterrizando ahora el discurso en nuestra aldea, es molesta para el poder precisamente porque ahí encontramos el origen de todos los atropellos a los derechos básicos que ha venido sufriendo el pueblo chileno en pos de la “libertad económica” que la élite enarbola como fin último de la existencia.

En la presentación del libro La Plata Spoon River, antología poética sobre la inundación de la ciudad de La Plata acontecida en abril de 2013 - dejando un saldo de casi 100 fallecidos -, el poeta argentino Julián Axat decía que como en el romanticismo, los poetas suelen convertirse en médiums, es decir, hablan por los muertos que quedan rondando, antes de irse a un más allá. Los poetas traen el mensaje velado hacia el más acá, y susurrando a los vivos tratan de poner ciertas cosas en su lugar. Es en algún punto que los poemas pierden aquello que los diferencia, y no son más que una sola voz.

De eso se trata la memoria histórica, y en lo personal, la poesía como oficio. El poeta cuando habla, no habla solamente por él, sino por otros. Por una infinidad de otros. Y ahí está uno de los grandes problemas de Chile: ¿quiénes son los otros? El otro es el que me puede robar, el que me puede quitar el trabajo, el que es más exitoso que yo. No es mi amigo, no es mi comunidad, no es mi pueblo que tiene una historia común. No. Nos tenemos más miedo que amor. Nos tenemos más bronca que buena onda.

Paralogismos de la Sombra sin Mundo contiene en su poesía esa carga simbólica, ese clamor por un mundo acechado por sombras, sombras como cuchillas o como fantasmas cuyas intenciones nos resultan sospechosamente conocidas. Un mundo que quiere recuperar las verdades que nos sirven para entender el porqué del hoy, el porqué de esta poesía y el porqué de estas condiciones sociales.

Como señaló el mismo autor en una entrevista publicada en la Revista Cavila: ”Acá Mundo se identifica con la verdad, la verdad que se pide a gritos, una verdad que no sabemos qué es, sin embargo, hay una certeza, una única certeza y es que todo esto es un gran teatro de apariencias, ¿la pugna infinita, no? Algo que nos hace sentir incómodos todo el rato, que nos acorrala, que a algunos los manda a hospitales psiquiátricos, a escribir poesía, al vagabundaje, etc.  Esto es pura sombra, la única certeza. ¿Hay algo más, qué es lo verdadero? No tengo idea, nunca nadie ha tenido idea. Entonces el libro se instala desde esa impotencia, desde esa impotencia que llegó al límite de tener que suplicarle al Mundo porque se muestre, un Mundo del que se sospecha que no es otra cosa que todas las vidas de los seres que han pertenecido a este planeta diluidas las unas con las otras”.

Creo que Paralogismos de la Sombra sin Mundo llega en un momento preciso donde muchos poetas - me incluyo - empezamos a desenterrar las banderas de la épica social americana que pregonaba el tatarabuelo Pablo de Rokha - otro de los ninguneados por la historia oficial -, en cuyos versos se encuentran muchas de las verdades que los pueblos del mundo deben encontrar para empezar a reconocerse a sí mismos, superando el alma de la dominación.

Por eso este libro, junto a otros que están apareciendo en el precioso océano de las editoriales independientes de Chile, está aquí para remecernos; porque, como decía al comienzo, la gracia del poeta no es sólo hacernos pensar, sino también sentir, comprender, dimensionar la magnitud de la historia de la cual tenemos que hacernos cargo, buscando siempre ese poema semi-absoluto que hable de nosotros y nuestras heridas, apuntando a lo colectivo como concepto cargado de pólvora.

Aquí, vuelvo a citar al autor y entrevista con Revista Cavila de Valparaíso: “Quizás en algún momento no existirá la poesía, habrá conciliación (en todo lo que abarca este concepto), no habrá desgarro, todo habrá sido dicho, y se habrá terminado el último poema, el absoluto”.
Mientras llega ese momento, el llamado de libros como “Paralogismos de la Sombra sin Mundo” es a seguir escribiendo, a seguir en guerra frontal contra los privatizadores del universo, a seguir reventando las burbujas neoliberales del país-negocio. A seguir siendo los convidados de piedra de esta fiesta, recitadores delirantes de nuestra propia memoria histórica.

                                                                                    
Absalón Opazo 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Hacia la reconciliación de un mundo deshecho: Asunto de Ojos, de Carlos Decap por Carlos Henrickson



Hacia la reconciliación de un mundo deshecho: Asunto de Ojos, de Carlos Decap

por Carlos Henrickson


Una lectura efectivamente política de la literatura emergente bajo la Dictadura -o acotando más críticamente, de la literatura que emerge determinada por las condiciones que la Dictadura puso- tendría que tomar en cuenta la distancia con respecto al poder en que se sitúa la figura del creador. Así, más allá de las miradas interesadamente simplistas, vemos diversas formas de entender la situación del arte en el juego de voluntades sociales y políticas generado por una época de crisis: perspectivas que, a veces, no resultan tan evidentes para quien busca mensajes directos o claves cifradas o contextuales. Así, la afirmación del arte como espacio de privilegio humano en medio de la ruina material, espiritual o simbólica no podría ser tomada solamente como un gesto de huida o refugio, sino como un gesto de resistencia, desde el instante en que el creador asume el lugar del arte como espacio de comunicación íntima -y hasta secreta- más que escenario de luchas sociales. Más aun en el caso en que ese espacio de privilegio se ve contaminado por el miedo y señalado por el acecho sublimado de la violencia política.
Hago esta introducción para que se entienda bien cuando digo que Asunto de ojos (Viña del Mar: Altazor, 2014) de Carlos Decap (Mulchén, 1958) afirma a través de sus páginas el privilegio profundo del arte como rescate de la posibilidad de lo humano, asumiendo que toda Gran Batalla por estos ideales está perdida de antemano. Lo de Decap es la señal íntima, la comunicación honda y última que es fundamento absoluto de acuerdo al epígrafe (resignificado) de Octavio Paz que parece explicar el título del volumen: Todo consiste en mirar / Y en ser mirado. La poesía se hace una señal de resistencia, una denuncia comprensible para aquel que se logre reconocer en el entorno social crítico en que surge. Por ejemplo, el breve poema “Fantasmas lilas”, del conjunto La ciudad y sus fantasmas, de 1986:

Estoy rodeado de fantasmas
Que habitan esta ciudad
Este montón de palabras rotas
Se les ve petrificados en algún muro de la calle
O redivivos en un sonido como de pasos
Arrastrándose a través del sucio cemento
También los hay que caminan
Tranquilamente por su centro
Inmutables al paso del tiempo.  

La ciudad, está claro, no puede ser otra que Concepción, la “ciudad lila”, color frío que simboliza tradicionalmente a Concepción en lo deportivo, y que resulta muy cercano a ese color morado que Daniel Belmar asoció a la ciudad en su novela; el azul del agua lejos de su connotación de mar para ser la mancha de humedad o el tinte del vino. El poema retrata con intensidad no tan sólo la desaparición física por la represión -de hecho, esa sería desde ya una lectura simplista-, sino en general el desvanecimiento del Otro, el fin del sentimiento de lo colectivo, fruto de una era de sospecha y clausura de la comunidad. Esta conciencia sitúa ya a la poesía en Decap como espacio de resistencia personal que no asume como su deber la denuncia obvia, sino que está forzado a apuntar a la crisis profunda de deshumanización de la que las tragedias políticas y sociales visibles son síntoma, siendo en este sentido notoria la relación de su poética con la de Jorge Teillier. Precisamente, vemos el mismo desencanto radical y el privilegio del patrimonio cultural común (sin distinguir necesariamente entre la literatura, el cine, la música docta y la popular) como recordatorio cómplice de una comunidad, que por otro lado es capaz de recrear perspectivas: el hablante se hace capaz de verse de lejos y entregarse a interpretar su situación, a partir de ese imaginario que se despliega como Libro de Libros, en el mismo rol de referencia ética y metafísica que la Biblia o el Corán tienen para los pueblos consagrados bajo su ley. Tan sólo así, con la mirada afectivamente intensa de la comunicación poética como redención reconciliada de un pasado, se podría superar el profundo trauma social y se lograría una mínima habitabilidad para las ruinas de un mundo ya deshecho.
Esto último, sin embargo, en el seno de poéticas que asumen la desaparición de modos de sentir y hacer (de vivir, en un sentido pleno), no puede sino desembocar a la concepción de esa cultura común como confirmaciones de la obsolescencia de su imaginario. En el caso de Decap, vemos la visita continua de este mundo habitable que pasa desde el cine de Fellini hasta la balada de radio, siempre contrapuesta a la situación pasmada del hablante, cuyo ánimo está preso por un ser ausente o por su propia escritura como actividad íntima. Esto lleva a que la realidad se asocie más a la evanescencia de la obra artística ya hecha que al entorno mismo del hablante. Por ejemplo, en el poema “Página de la realidad”, del conjunto Los territorios encantados, de 1985:

Joe Turner da vueltas por la casa
Su voz lo penetra todo
La trompeta de Gillespie
Pero no puede con el tecleo de la máquina de escribir
La niebla afuera y un poco a lo lejos
Aquí Joe y yo estamos salvados del frío
La realidad se serpentea en la página
Aunque nada me dice de ti
Tampoco nada dice de lo que hay tras la niebla
De lo que cae cada día en alguna parte del día
Pero el día se abre
La niebla se disipa
Justo cuando la voz de Joe
Apaga el tocadiscos.

Este carácter problemático de la realidad parece llevar al hablante, paradojalmente, a un nivel pleno de experiencia en instancias posteriores, como lo muestran los textos de la sección Poemas del cable, del libro Golpes de vista, de 2005, en que el viaje y el encuentro –reales o virtuales- del creador por los territorios señalados por la cultura moderna logran entregar a su “registro” una dimensión en que lo vivido y lo creado coexisten en una sola instancia, que bien se podría considerar una redención tanto de un mundo desaparecido como de la conciencia creadora. El texto es particularmente notable, desde el momento en que dentro de la fértil generación a la que pertenece Decap, el carácter problemático de la realidad tiende a no reconciliarse y a una visión irónica (en el sentido de negación intencionada) de un posible más allá de la experiencia escindida.

Esta escritura, desde el pesadillesco escenario de los primeros textos hasta la afirmación de la experiencia plena de los últimos, se ve siempre impregnada de una fe profunda en la posible reconciliación del mundo desde la voluntad creadora. La vocación humanista profunda que anima estos textos -y la poderosa empatía que despiertan- pone a Decap en ese difícil lugar de guardián del fuego que Rimbaud asumía como deber del poeta, y lo sitúan con ello en la situación inclasificable que distingue al creador que sabe hacer bien su oficio: más allá de escuelas, generaciones o “mapas”. 

martes, 23 de septiembre de 2014

Primer Taller Literario Dos Disparos‏



Taller Literario de revista Dos Disparos

Taller de cuento y novela breve de octubre a enero

A contar de Octubre daremos inicio al primer taller literario Dos Disparos, a cargo del profesor José Bodhi-Shavout, doctor en literatura de la Universidad de Leipzig.  Es un taller de cuento y novela breve abierto a todas las edades. Se llevará a cabo en Merced 22, frente al Parque Forestal, a pasos de Plaza Italia. El taller se realizará durante cuatro meses y tendrá un valor de 30 mil pesos mensuales. Los textos serán publicados en una sección especial de la revista.
Podrán participar personas de todas las edades, con nivel básico e intermedio de escritura de ficción.
Los integrantes del taller publicarán sus textos en revista dosdisparos.com, en una sección especialmente diseñada para ello.
Enviar un texto de ficción (2 planas, Arial 12, interlineado 1,5) ainfo@dosdisparos.com óeshebucrim@gmail.com.
El taller tiene un valor mensual de $30.000 pesos para el público general y $25.000 para estudiantes.
Se llevará a cabo todos los jueves de octubre a enero (4 meses) de 19.00 a 21.30 horas, en Merced 22, Plaza Italia, Metro Baquedano.
José Bodhi-Shavuot es Doctor en Literatura de la Universidad de Leipzig, Alemania, y la Pontificia Universidad Católica. 
Ha publicado las novelas Siete Judas (2008, Premio Novela Inédita Mago Editores y Premio Escritor Emergente Consejo del Libro y la Lectura), Bio/grafía de una adopción(2011), La conjura contra Spiniak (2012), La Liberación (2013) y el libro de cuentos  Ansia, Fiebre y Tabú (2013).

martes, 26 de agosto de 2014

Lanzamiento ANTOLOGÍA METALENGUAJE, Miércoles 27‏


La Antología METALENGUAJE, tiene por objetivo reunir a una gama de escritores que con o sin trayectoria literaria, evidencien que en la lengua hispana existe un fuerte campo de producción que se sitúa bajo este contexto, la música Metal o la vida del metalero como paradigma de escritura.


Presenta Guido Flores Santander, periodista, ex bajista de Darkness hoy en la banda Siquiátrico.

Lectura poetas y narradores:

Álvaro Cordero
Andre Meyer
Virginia Wood
David Aniñir
Egon Álvarez
Aldo Biglia
Pablo Carvajal
Javier Peralta
Mariano Maeso
Fabian Burgos
Michael Rivera
Felipe Orellana 


Poemas musicalizados de Francisco Peñaloza

Acompaña con guitarra las lecturas Pedro de Piedra destacado guitarrista del medio Metalero

Música con la banda Abisal
del escritor Javier Peralta

Espacio Centro Cultural Estravagario, Fernando Márquez de la Plata 0190, Providencia, 19:00 horas.


martes, 12 de agosto de 2014

A propósito de Feral, de Marcelo Ramos López [por Juan José Podestá]



A propósito de Feral, de Marcelo Ramos López
Juan José Podestá
¿Qué significa feral?
Vamos viendo. Feral (palabra de origen latino) significa fiera, animal salvaje, pero también significa crueldad, ferocidad, algo sangriento, letal. También se llama feral al animal que pasa del estado doméstico al salvaje (o nunca ha sido domesticado), y también se usa para denominar a los niños que han sido abandonados y fueron criados por bestias. Y también, hay que recordarlo, es el seudónimo de un desconocido editor anarquista que aún publica sus artículos en Europa.
Todo ello significa feral. Y todo ello confluye en el texto de Marcelo Ramos López.
Y hay que decirlo, Feral es como el combo de un amigo: duele, pero tiene sus razones. Y vaya que este libro las tiene. Estas razones tienen que ver con unos versos brutos, bellamente desprolijos, bárbaros en su factura. Es como si los hubiese escrito un hombre salvaje, un mono de poto colorado asilvestrado y en celo: un feral, a fin de cuentas. Y qué duda cabe que Marcelo escribe como una bestia de Tasmania dentro de una joyería (o un elefante, si nos atenemos al lugar común): nada queda en su sitio, como cuando dice “El trago terminará por matarte, la risa y algo parecido al cariño / Una llamada por teléfono en la frontera de un país extranjero / Un poco de diversión, la trata de blancas, la blanca […]”.
El libro de Ramos opera por destrucción, con esquirlas incluidas, como esas bombas que los viejos anarcos lanzaban a los sitios del poder, y que una vez detonadas dejaban hermosas plazas europeas convertidas en un carrusel de sesos, miembros y sangre: “Y con la suerte perra que tenemos / no será la última detonación: / A pocos segundos /comenzarán otras peores. / Una tras otra. / Se ve venir. / Detonación. / Detonación. / Detonación tras detonación […]”.

Libro para ser leído en interminables  y bestiales viajes al Perú o Bolivia, en lugares extraños y peligrosos, Feral contiene todo aquello que desprecian los guardianes de la poesía correcta, e incluso aquellos que diciendo que no hay que pontificar, pontifican sobre cómo no debe escribirse, y cómo sí hay que hacerlo.


jueves, 19 de junio de 2014

La excelencia trágica de Erosión, de Víctor López Zumelzu Por Carlos Henrickson

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La excelencia trágica de Erosión, de Víctor López Zumelzu
Por Carlos Henrickson

Hace años ya, comentando Guía para perderse en la ciudad (Santiago: Ripio, 2010), apuntaba a que el modo elegíaco que aparecía allí no respondía sólo al reflejo de una anécdota, sino a una conciencia profunda sobre la desaparición de la posibilidad del mismo decir. Esto se producía por la postulación urgente y dolida de una dimensión interior del poema, que sabía dejar pendiente –en el espíritu auroral de la poesía clásica- la pregunta sobre la existencia al trastocar el estatuto de lo real. Lo real sabía presentarse a sí mismo como lenguaje, mas intentando todavía retratar una realidad intocada e inefable que sólo podía habitar la memoria.

Erosión (Santiago: Alquimia, 2014), de Víctor López Zumelzu (Curacaví, 1982), cumple un papel en relación a Guía… que revela la contemporaneidad profunda de ambos libros que ya plantea el autor en el Prólogo. Profunda, porque Erosión logra quebrar el cerco de lo inefable –una marca patente en la obra anterior-, hacia una poética más abierta e indefensa.

La indefensión abierta de la poética tras Erosión se fundamenta en el mismo baluarte de la cerrazón que guardaba en Guía… su anécdota como un secreto revelado a medias –como el luto cubre el dolor-; ambas obras se sostienen en la postulación de lo literario como una realidad segunda, virtual y que aspira a la trascendencia por encima de una cotidianeidad llana y vacía. La expresión Afuera la ciudad dibuja otra ciudad en la mente, reiterada e incluso tácita en algunos trechos de Erosión, llama precisamente a esta paradojal suspensión del juicio, en que las categorías de lo natural y lo creado, lo real y lo imaginado, se acaban resolviendo sólo en términos de lenguaje. Este carácter es común en ambas obras.

La indefensión del último libro constituye la variación, análoga a la superación del luto inclusive en la inevitable pulsión de muerte: en Erosión se hace presente un más acá de lo literario que no puede sustraerse, que –más aun- entra en relación erosiva con él, constituyéndose la potencia oscura de lo ausente en un trance intermedio entre lo decible y lo inefable. Esto se expresa no sólo por el privilegio de imágenes marcadas por lo transitorio y pasajero, sino a través del paso dolorosamente necesario tras la puesta en juicio de la “realidad”: el asumir que la palabra sólo podrá tocar una percepción netamente transitiva, externa, en su investigación, las formas, como lo señalan los mismos títulos de los poemas. El desplazamiento de sentido sabe derivar sin forzar una definición imposible: como decía antes, lo único que marca presencia es inefable y se aloja en la memoria, es, paradojalmente, lo ausente. Entre varias posibles artes poéticas –en un conjunto que acude compulsivamente a la justificación del propio discurso-, me parece que destaca por su sencillez “Sobre la forma del musgo”:

Musgo pequeño
            adherido frágilmente
a las rocas
            mirando el abismo

pronto desaparecerás
            por eso es necesario
que te describa

El pensamiento es la cama
            donde nos tendremos
& de a poco
            muy de a poco
el ruido metálico del “ser”
            se detiene,
los engranajes se desaceleran
            & sólo existes tú
suspendido en el aire
            conforme llega el frío

Entonces, el trance del sentido termina en el mismo desaparecer del objeto afectivo; en consecuencia, la pulsión de muerte adquiere carácter de fuerza constructiva en la poética. “Sobre la forma de beber agua”, que hace aparecer una serie de imágenes en torno a lo fluido, no puede sino tomar al fin la figura de la sangre:

Después de llorar las pupilas se dilatan
la sangre baja por la nariz,
la sangre está llena de palabras,
de dibujos, de hojas quemadas por la tarde,
de cosas que cortan
con su frío, con su piel,
a la orilla de un estacionamiento
donde alguien nos abre sus manos
& nos invita a probar
lo dulce, lo cruel, que reparte como una tenue luz su filo,
donde las sirenas de las ambulancias nunca arriban.

La fluidez de la sangre que se va –que señala una expectativa fatal- termina siendo el soporte de la poética misma, y su escena ideal de comunicación es un traspaso individual y afectivo que sugiere la fragilidad de lo eventual, de la anécdota. Ante la inminencia de la muerte como silencio –o al menos como lenguaje absolutamente injustificable, desierto de sentido-, la dialéctica entre el pensamiento y el dolor que aparece en “Sobre la forma del cielo” se resuelve sólo en una trascendencia imposible: la poética se hace lengua llana y la compleja voluntad del texto en el anhelo afectivo que reúne a lo presente con lo ausente:

El dolor es una alfombra de flores –dice el padre: por eso he cavado una fosa en el pensamiento para que te recuestes alrededor de mí para siempre.

El cúmulo de tensiones que constituye la poética de Erosión exige un manejo formal de lenguaje que López es capaz de ejecutar sin dudas y asumiendo los riesgos que supone una escritura fundada en la deriva de imágenes. Esta capacidad de manejar la extrema ductilidad de imágenes poéticas capaces de metamorfosis esenciales, sin exagerar efectos expresivos y sin decaer en la intensidad de tono, hace de López uno de nuestros autores más sobresalientes de nuestra nueva poesía chilena, y precisamente en cuerdas que en nuestro país no han sido muy tocadas y apreciadas. Gabriela Mistral ya advertía, refiriéndose a Requiem de Humberto Díaz Casanueva, en 1953: Había en nuestra literatura latinoamericana un hondón extraño, una lamentable ausencia, la del asunto y el tono trágicos. Esto nos creaba un vacío y denunciaba en nosotros cierta banalidad, pobreza e incapacidad para la zona enrarecida de un género que reclama la mayor excelencia espiritual.

Y muy probablemente, Erosión es uno de los pocos libros que nos pueden dar permiso ahora para usar palabras tan grandes y poco escuchadas en nuestra actualidad literaria.




jueves, 12 de junio de 2014

Finis térrea: apuntes de carretera, de Alexis Figueroa; un salto al vacío. [Por Carlos Henrickson]



Finis térrea: apuntes de carretera, de Alexis Figueroa; un salto al vacío.

Por Carlos Henrickson


Las constantes manifestaciones de la crisis que afecta a la literatura -y al lugar de las artes en el sistema social en general, en plena calamidad- han dado ya hace tiempo pie a respuestas de nervios destrozados. No es disminuir el calibre de la crisis el reconocer que la mayor parte de la producción en torno a la llamada transvanguardia se fundamenta cada vez más en el gesto de pasmo -tensionado hasta llegar a un histrionismo un tanto patético, lo cual no cuesta trabajo alguno- que en respuestas propiamente literarias. Y es que se olvida quizás que ésta no es la única instancia en la historia en que vuelcos históricos violentos han forzado cambios radicales en la forma de entender la creación artística.
Por suerte, a nuestro país no le han faltado poetas que efectivamente supiesen elaborar su resistencia ante las amenazas que se ciernen sobre los últimos restos del humanismo –casi ruinas que soportan aún el relativo prestigio de la creación artística-, haciendo resonar dentro de la misma escritura el crujido de la crisis. Inevitable es mencionar históricamente a Juan Luis Martínez y Gonzalo Millán como baluartes de una obra netamente crítica. La dictadura y el vértigo reordenador impulsado por los grupos que aspiraban a hacerse del poder político hizo que los referentes posibles de esta voluntad jamás pudieran ser entendidos orgánicamente, pudiendo recién venirse a leer con calma después que el campo literario tuvo sus posiciones de privilegio ya ocupadas en forma segura. Recién hoy se puede apreciar en perspectiva desde los 80 hasta ahora nombres que -sin el aparataje publicitario que tuvieron autores ligados a la Escena de Avanzada y a camarillas universitarias, y a menudo desde la provincia- supieron y han sabido mantener en alto una obra de genuina resistencia.   
Al referirme a Alexis Figueroa (Concepción, 1956), resulta inevitable reconocerlo como uno de los poetas más conscientemente críticos de los últimos treinta años en Chile. Desde Vírgenes del Sol Inn Cabaret (1986, Premio Casa de las Américas) hasta su último libro Finis térrea: apuntes de carretera (notas de un sobreviviente a la poesía personal) (Santiago: LOM, 2014), Figueroa ha construido una obra personalísima, que no evita las violentas tensiones que desde la (post-)cultura dominante se ejercen sobre la creación literaria -en su libro de 1986 ya asimilaba con extremo dramatismo la figura de la representación degradada del espectáculo para presentar un retrato fantasmal del nihilismo posmoderno desde el margen geográfico, simbólico y cultural que constituye Latinoamérica. En Finis térrea -en lo que podríamos llamar un gradual repliegue a través de los libros que median entre ambos- se ha desplazado hacia lo propiamente literario como sistema cerrado.
La conciencia de la gravitación del nihilismo sobre la creación continúa, eso sí, intacta, pasando al centro mismo de la atención. Para ello, Figueroa utiliza la referencia permanente al tópico del fin de la civilización, tal como lo ha realizado la literatura de anticipación científica -en una actualización radical del tópico clásico de la ruina. Así, la crisis se entiende no en su desarrollo, sino desde su día después; la figura del creador será inevitablemente marcada por la soledad, el despojo y el destiempo (que puede transcribirse como vejez o demencia). Mas paradojalmente tendrá el privilegio de una conciencia acabada con respecto al transcurso de la crisis, conciencia que lo convertirá, más acá de las víctimas, en investigador y contemplador de la virtual catástrofe, y, en último término, en el pensador que reflexiona sobre ella. La paradoja mayor -lo innecesario y vacío de tal conocimiento en un escenario sin el mínimo tejido social en que se lleve a cabo una comunidad, en que se pueda comunicar- termina pasando la interrogante al plano de la necesidad de la misma creación o, dicho de otra forma, la noción de poesía, arte o autor en cuanto tales.
Esto último se aviene bien con la escritura en que Figueroa se mueve más naturalmente, que pudiésemos llamar neobarroca más allá de la adscripción a canon alguno relacionado con tal concepto. Figueroa parte de una lírica elegíaca de construcción en general cuidadosa, que resalta la superficie sonora del lenguaje a través de una densidad medida de la imagen poética. Esto genera estructuras de imagen poética de apariencia directa que alcanzan a medias a cubrir una latencia crítica de creación de sentido:

Fueron labios pálidos.
Fue la forma del sonido.
Fue en la estación de invierno.
Fue con la primera luna.
Fue cuando la pupila se abrió en el teatro de la luz.

empieza el extenso poema Los nombres del mar, el que está construido casi íntegramente con la anáfora marcada por el pasado perfecto. La extrema confusión, lo inabarcable de lo contemplado –su pura continuidad-, no puede sino dar, paradojalmente, al hablante un estatus omnisciente y lúcido para intentar el salto al vacío hacia la imposible definición, remarcando su voluntad lírica. El aparece, por cierto, pero su indefinición llega hasta a sugerir un mero eco reflejo -Fue la voz, tu voz- entre imágenes que parecen asumir una efectiva deriva de referentes que lleva su movimiento directamente a una tabula rasa. En otros textos del libro -como en el poema en cursivas que se inicia (Así como la perla..., que parece ocupar el centro del volumen, la voluntad barroca de esta lírica llega a un significativo exceso, constituyéndose la figura de la perla en un símbolo complejo que no da un desarrollo bien cerrado, sólo dejando entrever posibilidades de desplazamiento al margen para una escritura que pareciera no ser ya capaz de definir una voluntad efectiva de representación. En este sentido, el fracaso de esta voluntad logra constituirse como triunfo en el esquema general del libro, desde el panorama del nihilismo radical de su escena ideal -postcivilizatoria, postsocial-, por más que en ocasiones se revele como un sofisticado y elaborado procedimiento gratuito.
Más allá del horizonte de un estilo particular, Finis térrea logra su efecto de volumen gracias a trascender toda estilística acotada. Resulta clave en ese sentido la proliferación de referencias y citas, desde las tácitas y extensas hasta las entremezcladas en el tejido textual: Figueroa sabe cómo presentar un sujeto poético en crisis;

¿Quién?
Quien antes crecía ahora está muerto.
¿Quién?
Quien antes reía y se gozaba ahora mide la ceniza.
¿Quién?
Quien antes fecundó ahora está seco.

empieza el primer texto titulado Más preguntas, interrogaciones cuya aparente indefinición apunta falazmente hacia un escenario tácitamente postcatastrófico en el segundo poema homónimo; falazmente, ya que la catástrofe que ha desplazado al sujeto-autor sólo ve el cataclismo social como reflejo. El cataclismo no puede ser sino un cataclismo personal: la soledad no es simplemente quedarse solo, sino algo más radical, acaso definido en Hielo -entre otros textos- como la muerte -suspensión, parálisis, o como sea, imposible enajenación- del objeto lírico. No es la destrucción, sino la enajenación de la sociedad postmoderna lo que late tras Finis térrea: tanto el Creador como el creador pierden toda necesidad, y el libro termina apareciendo como una elaboración fría de lenguaje.
El extremo oficio de Alexis Figueroa está precisamente en la paradoja como procedimiento de construcción de toda su obra: tras ese aparecer frío desde una máquina productora de sentidos -ya desde los coros electrónicos de Vírgenes del Sol Inn Cabaret-, somos testigos de una muestra -extrema en cuanto absurda- de fe en el poder redentor de lo humano tras la palabra poética. La obra de Figueroa sigue siendo, como toda empresa literaria realmente adelantada, un salto al vacío. 




miércoles, 4 de junio de 2014

De la Pantalla al papel: Chile del Terror, una antología ilustrada


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De la Pantalla al papel: “Chile del Terror, una antología ilustrada”

Introducción

        Chile del Terror, es un colectivo dedicado a la difusión de la literatura de terror en Chile. Llevan haciéndolo varios años, teniendo su base de operaciones en su sitio WEB: http://chiledelterror.blogspot.com y el 2014 saltan de la pantalla y concretan su primera antología de cuentos; tomando del blog los 10 mejores relatos publicados hasta ahora, un cuerpo seleccionado y editado por Aldo Astete Cuadra.
En términos generales, Chile del Terror, una antología ilustrada, es de tapa a contratapa una edición sólida, aglomerada, que llama la atención sobre todo por la calidad de los textos y lo adecuado de su portada.
Lo peor y lo mejor
        Los puntos débiles de esta antología son en primer lugar, las ilustraciones interiores, las cuales no siempre reflejan la calidad de los relatos, ni aportan atmósfera, ni constituyen un patrón conductor. En segundo lugar están las reseñas de las biografías de los autores después del título de los cuentos y antes que el texto. Lo cual nos predispone a leer de cierta forma; nos dan pistas de los temas, los finales, los giros, las inspiraciones; lo cual en mi opinión va en desmedro del impacto que el texto causa por sin esta información. Recomiendo ignorar las biografías y atacar el texto sin dilación cuando lo tengan entre sus manos, esto les permitirá saborear de manera prístina las historias antologadas.
Y por último, hay un solo relato, que a mi juicio, desentona del resto: El Trato de Argahan es confuso e inconsistente de principio a fin, no logra interesar y el giro final no es sorpresivo. Clásico del relato que es parte de un corpus más grande y necesita ser contextualizado, lo que lo convierte finalmente en un cuento que no se entiende.
Cabe mencionar que, no existen en este compilado de cuentos problemas de redacción, ni ortográficos, ni situaciones estúpidas o inverosímiles. Existe aquí, a pesar de lo anterior, un profesionalismo editorial que se agradece.
Lo mejor de la antología es:
          Su portada mate, elegante, con una extraordinaria ilustración, una impecable diagramación y composición que deja perfectamente clara la naturaleza de los textos interiores.
El tamaño de bolsillo es perfecto para llevarlo a cualquier parte sin que estorbe.
El prólogo es fluido, se pasea por la historia de la literatura de terror de nuestro país y se convierte en el contexto teórico necesario para una antología con estilos tan variados, Este texto es la argamasa conceptual que mantiene unida esta antología.
Y por último, los textos, de los cuales los mejores en orden de aparición son los siguientes:
Tricofobia
Un joven llega a un pueblo para pasar la noche y termina durmiendo en una escalofriante residencial.
Quid Pro Quo
El relato de una violación en un mundo post apocalipsis zombi.
Plan Ciego
Un estudiante con resaca intenta recobrar la memoria de la noche anterior, mientras trata de salir de un cuarto completamente oscuro.
Todos de excelente factura, dinámicos con buenos giros y atmósferas bien logradas.
 
Conclusiones
         La compilación es al menos una muestra geográfica de lo que se está haciendo en Chile en el género del terror, variedad literaria más bien despreciada por la academia, los medios oficiales y el mainstream, y sin embargo, el placer culpable de muchos adolescentes y adultos.
Si pensamos que compramos bien, cuando obtenemos la mejor calidad al menor precio. Chile del Terror, una antología ilustrada, es un producto que los dejará satisfechos, porque propone un piso cualitativo interesante a un precio marginal. El papel sin duda es un valor agregado para la lectura de estos textos.
Austrobórea Editores es una editorial que demuestra que viene a abrir un nicho y a ocuparlo de manera profesional, con un equipo preocupado de cada detalle del producto, del objeto que llamamos libro. Asunto no menor en un escenario en que la gran industria editorial agoniza, (se publican menos títulos en papel cada año). Una agonía que obedece al cambio de paradigma: en un mundo donde la producción masiva era la norma, las impresoras 3D y la Internet nos permiten personalizar los contenidos que queremos ver y leer, y muy pronto, personalizar todos los productos que deseemos comprar. Se generan los espacios que están ocupando las pequeñas y medianas editoriales, más ágiles económicamente hablando, y más en contacto con los lectores que las grandes casas. Estos pequeños espacios son solo el comienzo, el producto del caos de la tormenta del cambio en el mundo editorial, en donde hoy por hoy cualquiera que tenga los contactos o la cantidad de dinero necesaria puede publicar, llenando el mercado de libros nacionales mediocres o malos.
Cuando este cambio de paradigma productivo y comunicacional se complete, y el poder se asiente en la opinión de los consumidores individuales, y la comunicación de masas desaparezca. Quienes aseguren un estándar de calidad alto, y hayan identificado y explotado su nicho, saldrán airosos y empoderados de la crisis. Este es el momento de las editoriales independientes.
Finalmente, Chile del terror, una antología ilustrada, es un producto que se gesta en base al nuevo paradigma; con escritores de diferentes zonas de nuestro país, unidos en la Internet, con un producto que se masifica primero en las redes sociales y depurado por el filtro editorial, salta de la pantalla al papel, germinando en este libro que reúne las tres B: bueno bonito y barato.
Martín Muñoz Kaiser.
El Martillo de PillánWBK Warm Blooded Killers [Asesinos]Evento Z

viernes, 16 de mayo de 2014

Sobre Magenta, de Fernando Ortega [por Carlos Henrickson]

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Sobre Magenta, de Fernando Ortega

Para los pocos que pudimos conocer Cian (autoed., 2012) de Fernando Ortega (Viña del Mar, 1983), la aparición de Magenta (Santiago: Libros del Pez Espiral, 2014) es una buena noticia, tanto al situar una escritura llena de riesgos en un circuito de lectura más expuesto, como porque, de algún modo, esta nueva unidad obligaba a ampliar los desarrollos del primer poemario. Allí ya se veía una voluntad abierta a desnaturalizar poéticamente la experiencia de la percepción, poniendo en una difícil estacada no sólo al arte como posibilidad de representación, sino al mismo autor como “demiurgo” de algo ya indefinible. Remito al interesado a mi presentación: http://henricksonbajofuego.blogspot.com/2012/11/la-molesta-percepcion-presentacion-de.html.
Magenta entrega la muestra amplia de registros poéticos que, siendo distintos, confluyen en su voluntad de síntesis y en la situación de radical despojo de la poesía como posibilidad de belleza. El libro se inicia con poemas de transparente evocación personal, en que Ortega parece hacer genealogía de la especial distancia que debe expresar con la realidad. La fría decisión del funcionario del cementerio y la búsqueda del hablante en los videos de Arrau de youtube, respectivamente, en los textos iniciales, tienen en común el especial trato con la muerte que puede abrir un enfrentamiento seco con la realidad, en plena conciencia de que la aparición o desaparición de entes en el mundo deja de ser algo personal para pasar a ser un tema de observación investigativa. El ajuste de cuentas con la poesía lírica difícilmente se puede expresar de modo más nítido.
Ver la experiencia propia con este desasimiento entrega pronto las señas de un nihilismo que bien aspectado técnicamente puede ser poderoso y sugerente:

Intento agarrarlas
como quien se saca una espina de tuna
pero en mi torpeza
las mato.

Pronto, otras hormigas ocupan
el lugar de las muertas
caminan lento entre mis dedos.

No importa qué tan fuerte las mire.

Sin embargo, varios textos de carácter experiencial parecen caer en una excesiva sequedad que los neutraliza, dejándolos sin efecto estético alguno. La habilidad de Ortega para síntesis poéticas breves y efectivas puede llegar a excesos en este plano que no parecen corresponder a lo mejor del libro.
Tal como en Cian, el punto fuerte de este libro es la crítica poética a la realidad aparente. Heredero, en este sentido, de Juan Luis Martínez, Ortega entrega textos de real poder inquietante, como Límites de migración específica Tao, ya presentes en el libro anterior. El último de los textos nombrados sabe revelarse como una suerte de umbral de arte poética, asumiendo el riesgo de despojo que supone la permanente y asumida duda sobre lo percibido:

Los poetas chinos podían hablar de la nieve
con la propiedad de un habitante de la nieve.
Solían cantar en ella; imponerle colores.

Cómo llegar a la nieve
            desde mi cómoda habitación
si acaso pensar sirve, si el blanco sirve
y entonces cae el sendero.

Piedras que bordean el arroyo,
el sopor intimidado por su ruido fresco.

-Pero de qué nieve estamos hablando-
me dice un chino, tendido sobre un peñasco
y vemos el pasar del agua un día entero.

Piensa en un cuadrado blanco.

No es exageración, en este sentido, asumir una pulsión mística en la mejor escritura de Ortega, tal como se desprende de poéticas con análogos saltos al vacío estético -piénsese en Gonzalo Millán, por ejemplo. Desde esta pulsión resultan naturales ciertos rasgos de ironía que el autor sabe manejar con propiedad, sin caer en el ingenio de estirpe parriana, ya tan aprendido por el oído educado literariamente en nuestro país que hasta asombra verlo aparecer impunemente.
Si sumamos el manejo de tonos precisos y sin impostación, se puede plantear a Ortega como uno de los autores jóvenes de más proyección en un escenario poético nacional que parece a la espera de alguna sorpresa trascendente e imposible -como un adicto en fase terminal ya casi incapaz de reconocer escrituras realizadas. Con mayor motivo, además, corresponde felicitar a Libros del Pez Espiral, que en poco tiempo ha ido armando uno de los catálogos más desafiantes en el universo de las editoriales independientes.     
        

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