sábado, 13 de febrero de 2010

Dios bendijo a la aristocracia chilena

Con Bachelet pensé que mi hija podía soñar alguna vez con ser Presidenta de la República. Mi hija de seis años y sabe quien es Bachelet, pero no le interesa. Prefiere jugar con unos perros de plástico del tamaño de un damasco. Por esto llaman la infancia la etapa más bonita de la vida. Disfruto su espontaneidad y verla jugar.

Armaba un rompecabezas con ella, cuando por la televisión apareció Piñera y entregó los nombres de su gabinete ministerial. De inmediato recordé mi paso por el colegio más caro de Antofagasta. Fueron dos años donde conocí la manera de relacionarse de la proto aristocracia antofagastina. Sus competencias. También de confusión. Nunca antes participé de un grupo tan clasista como aquel. Empecé a ver las cosas de otro modo. También me transformé en clasista. Deseé que alguna vez me vinieran a buscar en un Mercedes Benz. Mi realidad era distinta. Si no vivías en los Jardines del Sur, entonces pocos iban a tus cumpleaños. Fueron dos años en que mandaron mi infancia a la UCI.

Revivía aquellos años cuando Piñera nombró a sus ministros. Todos de apellidos rimbombantes o de vinos. Después confirmo por la prensa que aquellos son los dueños de medio de Chile. Era obvio. Pensé que Piñera sería más astuto, es decir nombraría a un par de personajes con nombres más cercanos a la gente, profesionales de la clase media, pero no. Se mantuvo el orden jerárquico. Sabido es que la clase alta en Chile, la aristocracia, mantiene el status quo. Hay que nacer ahí, de lo contrario no se es. No se entra. Varias cosas de ellos me llaman la atención, en particular una: su peculiar manera de percibir a Dios. Sabido es que Dios es un comodín. Ellos son agradecidos de Dios por nacir ahí y por esa posibilidad de mandar. También son agradecidos de Dios por la gente buena que los sirve tanto en su casa y sus empresas. Dirán que Dios es sabio, pues ubicó a la gente en lugar que le corresponde o merce. Los pobres no dejarán de ser pobres, pero con Dios serán pobres buenos. La clase media no subirá a más a pesar de las ínfulas aspiracionales de un gran porcentaje, pues ellos, la aristocracia sabrá contener a quien se pase de la raya. Exclusivos.

Hablando sobre el gabinete con un amigo, me contaba que años atrás tuvo una experiencia decidora con la nombrada ministra del trabajo, Camila Merino. Ella se desempañaba como jefa de Recursos Humanos de la empresa SQM. A mi amigo, escritor, le tocó revisar unos cuentos para un concurso que organizó la empresa. Dijo que ella ni siquiera lo miró cuando se la presentaron. Resumo: lo hizo sentir como una rata. Lo peor que otras personas relacionadas con SQM concuerdan en el perfil clasista de Camila Merino. Al final ella, me dijo mi amigo, le interesa saber quien eres y de dónde eres para entablar algún tipo de relación. La de mi amigo también puede ser una apreciación demasiado personal, sin embargo cuando se suman otras opiniones sobre lo mismo entonces el asunto cambia. La imaginó negociando con impulsivos dirigentes de trabajadores. La imaginó pronunciado: que quieren estos hombrecitos.

No deja de tener razón Jorge González, cuando canta si tu apellido no es González ni Tapia. Con este gabinete quedó claro que con Piñera las cosas se mantendrán igual que siempre aunque esta vez con la clase dominante, los dueños de Chile, restregando al resto que Dios los bendijo con la gerencia del país.

Mejor termino de armar el rompecabezas.

Escritores desde el límite.



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