martes, 21 de julio de 2009

EL DANDY DE LA MISERIA O LA LEYENDA VERDADERA


EL DANDY DE LA MISERIA O LA LEYENDA VERDADERA



“Yo amo solamente a los que

saben vivir como extinguiéndose,

porque ésos son los que pasan al otro lado”.

FRIEDRICH NIETZSCHE


Esta voz que hoy atenderé, está insertada hace mucho años dentro de la escena literaria chilena, eso lo sabemos. No sé si actualmente su voz se ha visto levantada, si ha sido descubierto por jóvenes lectores de literatura chilena. Teófilo Cid (1914 – 1964) no es la cara buena ni mala del Surrealismo chileno, sino un rostro sumergido entre los límites de lo sagrado, su intelectualidad más pura en la Generación del 38, aún en el derrumbe, en su bohemia e indigencia, perpetuó una huella y un camino para convertirse en leyenda de la poesía chilena como pocos lo han hecho. Su figura de poeta negro, y su aura enigmática lograron traspasar límites y tangentes, no tan sólo su poesía interesa hoy en día sino su biografía, su destino y camino, su consagración, sus aportes, hasta que finalmente su decadencia y deceso. Después de ello pasó a formar parte de la lista negra de la poesía chilena, murió joven, indigente y solo. Junto a otros poetas esta situado dentro de esa lista negra de poetas muertos a temprana edad, nombres como Carlos Pezoa Véliz ( 1879 – 1908), José Domingo Gómez Rojas (1896 – 1920), Alberto Rojas Jiménez (1900 – 1934), Joaquín Cifuentes Sepúlveda ( 1900- 1929), Omar Cáceres ( 1904 – 1943), Oscar Castro (1910- 1947), Gustavo Osorio (1912- 1949), Luis Oyarzún (1920- 1972), Carlos de Rokha (1920- 1962), Jorge Cáceres ( 1923- 1949), Boris Calderón (1934- 1962), Rodrigo Lira (1949-1981), Armando Rubio Huidobro (1955- 1980), Rolando Cárdenas (1933-1992), y otros. Teófilo Cid nació el 27 de Septiembre de 1914 en la ciudad de Cautín, novena Región. Su padre era funcionario de ferrocarriles del estado y por actividades relacionadas con su trabajo, la familia Cid Valenzuela recorrió ciudades del sur como Valdivia, Osorno, Talca, Concepción, además de su terruño Temuco. Durante su niñez y adolescencia estudia en el liceo de Concepción y de Talca. Vive en Cautín, Concepción, Talca, Osorno y Valdivia. El poeta Gonzalo Rojas que conoció a Teófilo dice en una entrevista inédita acerca del poeta surrealista:”Era flojo, perezoso, grueso como esos gatos viejos que se dan vueltas todo el tiempo. Fue compañero de liceo en Concepción de mi hermano Jacinto Rojas, en la época que lo dirigía Enrique Molina. Jacinto me lo describió como demasiado perezoso pero muy gracioso. Si mi hermano podría ser visto como una suerte de precocidad, Cid era la lentitud, no le importaba nada. Entonces no era raro que repitiera todos los cursos, no hubo curso que no repitiera. Siempre se quedaba pegado pero de flojo de tonto… Qué simpático el gordo con ese pitillo de voz, era tan musicante, lo veo descalzo en una casa de putas de Concepción. Como era señorito y sus padres lo querían tanto que le daban plata.” A los 18 años Cid gana el primer de los Juegos Florales celebrados en Talca, con el poema “ LA FIESTA QUE NO TENDREMOS”. En 1932 conoce a Braulio Arenas y Enrique Gómez Correa, estudiantes de liceo de Talca. En 1934 viaja en tren a Santiago a estudiar Derecho y Pedagogía en Castellano en la Universidad de Chile, carreras que nunca termina. En ese año muere su madre, hecho doloroso y que lo marcará durante toda su vida. En 1938 Teófilo Cid funda a Braulio Arenas, Enrique Gómez Correa el grupo poético surrealista “la Mandrágora”, al que después se sumaran Jorge Cáceres, Eduardo Anguita, Fernando Onfray, Enrique Rosenblate y Gonzalo Rojas, principalmente. En ese mismo año Miguel Serrano lo incluye con un cuento llamado LOS DESPOJOS en la Antología del verdadero cuento en Chile, donde aparecen relatos de PEDRO CARILLO, ADRIÁN JIMENEZ, JUAN TEJEDA, EDUARDO ANGUITA, JUAN EMAR, CARLOS DROGUETT, ANUAL SERRANO, HECTOR BARRETO y el propio antólogo.

El retorno a Chile de Vicente Huidobro en 1933 trajo consigo todo ese bagaje surrealista desde Francia, tomando como experiencia su amistad con Guillaume Apollinaire y André Breton, cimenta en Chile su pensamiento y amistad con diversos escritores del ámbito literario y en especial con Teófilo Cid. Por esta razón apodaron a Teófilo como “el Cid campeador”. Cid durante esos años trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Además desempeñó labores protocolares y diplomáticos en la chancillería llegando a ocupar el cargo de subjefe de protocolo. También trabajó el periodismo radial entre 1949 y 1951, cumplió labores de charlista y conferencista en las audiciones de CRUZ DEL SUR, revista hablada, que se transmitió por espacio de un año y medio en Radio Sociedad de Minería. Aparte su trabajo como cronista en los diarios la HORA y LA NACIÓN entre 1952 y 1958. En la parte literaria fue intelectual, poeta, cronista, ensayista y narrador. En 1942 publicó por ediciones Mandrágora su libro de relatos BOULDROUD, libro que se acentuó en la cuerda floja recibiendo buena crítica y otra despiadada por parte del crítico literario Ricardo Latcham. En 1952 por ediciones cruz del sur publicó su novela corta EL TIEMPO DE LA SOSPECHA, además escribió junto Armando Menedín una obra dramática titulada ALICIA YA NO SUEÑA, obra que ganó en 1961 el primer premio de los juegos literarios municipales Gabriela Mistral de Santiago. Libro que fue publicado póstumamente por la municipalidad de Santiago en 1964. Su obra poética se encuentra registrada en folletos y revistas literarias como LA MANDRAGORA, TOTAL, CLIO, MULTITUD Y CANTARO. En 1954 Cid vuelca su poesía hacia las pendientes de lar y las raíces de su infancia, amalgamando su surrealismo creativo e imágenes visionarias en su libro CAMINO DEL ÑIELOL editados por el viento en la llama. Luego un año después ediciones espadaña edita su libro NIÑOS EN EL RÍO, trata de un poema homenaje a unos niños muertos en el río mapocho, noticia que impactó profundamente a teófilo, dando un llamado de alerta a sus amigos escritores que la situación de pobreza que se vivía en santiago era gigante y sin nadie que se preocupara de la situación. En 1962 por colección de el viento en la llama su libro NOSTALGICAS MANSIONES donde resurge su surrealismo más impactante y explosivo. Además tradujo al castellano un libro de Vicente Huidobro de poesía llamado OTOÑO REGULAR, además de una obra dramática llamada GILLES DE RAIZ del mismo autor. Sabemos Teófilo Cid fue un poeta singular, uno de mayores intelectuales de su generación, porque realizó todas las manifestaciones de la escritura ensayo, crónica, poesía, narraciones y obras dramáticas. Su figura fue activa, dentro de los años 40 y 50, mantuviendo un nivel de poesía y de pensamiento expresado tanto en sus ensayos como en crónicas. Fue un poeta maldito, vivió errante, sin trabajo durante muchos años, solo vivía de sus cronicas en los diarios, bohemio, de carácter fuerte y autonomo, en sus peores condiciones de salud sus amigos lo ayudaban, lo bañaban para quitarles los piojos, lo alimentaban y vestian. pero luego al tiempo de esto volvía a sus andanzas, a su alcoholismo, a su indigencia más pura. Solo creo que todo esto lo hacia para mantenerse al margen como poeta, como ser humano, no sé en verdad las razones de su indigencia absoluta, qué lo habrá llevado a la autodestrucción, al perpetuo camino que gira entorno a su leyenda. En sus últimos días un amigo poeta lo iba a visitar a teófilo al hospital, un poeta que ironicamente murió en las misma condiciones que Cid, solo, alcohólico y pobre. Para los aficionados dejo para finalizar un escrito de Teófilo que resume en breve su pensamiento de poeta maldito.

Cuando Baudelaire se refería, en su célebre prefacio a la obra de Poe, a esos seres marcados por la suerte, que llevan en la frente la aureola del destino y de lo aciago, quería referirse esencialmente al horrible destino de los poetas condenados a vagar como autonomas desdichados en un mundo preparado para el palcer y el entusiasmo. La naturaleza de sus impulsos, la interioridad perpetuamente extravertida de sus sueños, los conduce, en una especie de tobogán cortical, hacia las más insospechadas aventuras en lo osano, hacia los más abismales descendimientos. La incomprensión, la baja intriga, el desaliento unanime de las familias en concurso, acompañan sus voces, cuando una sinfonía de aullidos que muchas veces ampara la voz creadora, la intercepta o la disgrega.

Es difícil mantenerse poeta dentro de un mundo que vive ansioso del señuelo.

Teófilo Cid, “la queja de la Mandrágora”.
La Nación. Santiago, 23 de Octubre de 1949.

AUTOR: Rodrigo Rojas Terán.


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